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En el Punto de Mira

- La Gran Capital -

Poco a poco la basura se fue acumulando en las calles. La huelga de los recolectores municipales, transmunicipales y transnacionales y la solidaridad de los no registrados duró más de lo esperado. La estrategia Triple R (reduce, recicla, reutiliza) jamás se implementó. Latas, botellas, papeles, cajas, neumáticos, cabello, vidrio, objetos de metal, bolsas, pedazos de tela, restos de alimento, cuerpos, juguetes, diarios, en fin, lo que antes se depositaba en las barrancas, en los llanos, en los bosques, en los ríos, en los mares, así como en grandes extensiones de arena o hielo, se amontonó en las calles sin importar la actividad cultural, comercial, delictiva o política de la avenida, boulevard o callejón. En todos los barrios se abrieron senderos entre los cerros de basura para permitir el movimiento. Es obvio decir que el uso de cualquier medio de transporte era imposible; algunos desarmaron sus vehículos y aventaron las piezas oxidadas a los montones en señal de protesta, otros ofrecieron sus servicios (sus hombros) a los que no querían pisar los coloridos y diversos productos de origen intestinal -en poco tiempo estuvieron a la venta zapatos especiales para caminar ágilmente entre la inmundicia-. Se multiplicaron las empresas que ofrecían despejar, al menos momentáneamente, las entradas de edificios, negocios, cuarteles, escuelas, templos y diversos lugares públicos, privados y privativos -aunque algunos ya estaban rodeados de su propia porquería años antes de la huelga-. Cuando llovía demasiado o el viento era muy fuerte todos se alegraban: la lluvia compactaba la basura y el viento la esparcía, ambos fenómenos reducían el tamaño de los montones, así se renovaba la oportunidad de seguir tirando lo inservible. El olor de la ciudad no era uniforme: en los barrios altos era cosmopolita, snob, mezcla high-tech con rancias fragancias exóticas, fetidez chic, very nice, típicamente posmoderna. En los barrios bajos evidenciaba la tradicional hediondez. Miles improvisaron sus viviendas adentro de los montones más endebles. Según las encuestas, la mayoría se cansó de ver ratas, cucarachas y otros bichos apareándose por todas partes -quizá porque se cansaron de ignorar los cadáveres- por lo que se construyó sobre los montones más consolidados un zoológico. Un grupo de fotogénicos arquitectos inspirados en los escritos de los filósofos de la pospulcritud desarrolló un revolucionario estilo al que denominaron Justgarbage (sucedido por el Postjustgarbage, el Neojustgarbage, el Garbageagain, el Garbagejust, el G y el J; cada corriente editó libros y revistas, otorgó premios y dictó conferencias en universidades y academias; las maquetas pasadas de moda se donaban a basurales marginados), plasmado magistralmente en la imagen de las zonas virtuales; la máxima creación de esta tendencia, coinciden los críticos, fue la Casa Inhabitable. Pero no hay paraíso eterno: la huelga terminó. Era tanta la basura que fue económica, política, urbanística, paisajística y ecológicamente conveniente hacer otra ciudad. La vieja urbe es sitio protegido, patrimonio de la humanidad. Se construye sobre ella una bóveda para conservarla tal y como lucía en sus días de máximo esplendor, de esta manera, gente de todo el mundo y las futuras generaciones podrán recorrer los senderos de lo que fue la joya de la civilización desechable, cenit de la evolución consumista: la metrópoli del moco plástico, de la triple D (depredación, derroche, desperdicio), la Gran Capital.


Comercio informal
La gente se arremolina alrededor de un puesto del mercado ambulante, me abro paso, el vendedor coloca sobre la mesa otro frasco, imposible ver su contenido. ¿Qué vende?, le pregunto a una mujer. Almas, responde, vende almas...

Compré dos.


Gratificación
Se gratificará a las personas (o seres similares) que proporcionen información sobre un montón de cosas que olvidamos o perdimos o nos quitaron en alguna parte y que ahora, por las actuales circunstancias, no sabemos por dónde buscar. Si alguien ha visto, escuchado, olfateado, probado, tocado o percibido de alguna manera algo del montón de cosas, por favor, eche un grito. Lo agradeceremos.


Agua
La lluvia me invitó a caminar por las calles hasta tarde. Con la lluvia en mi rostro pude percibir otra dimensión de lo que ocurre, llueve, llueve de muchas maneras: lágrimas, sonrisas, gritos, esperanza, preguntas... llueve. ¿Incertidumbre? ¿Confusión? ¿Desencanto? Inhumanidad, humanidad... discurro. Llueve en esta esterilidad de formas impuestas. Llueve en esta porción de desperdicio disfrazada de placer. Llueve en esta rutina sorda, insensible, suicida. Llueve en este aire saturado de palabras e imágenes vanas. Llueve en esta nata de instituciones muertas, los pesados cadáveres inmovilizan. Llueve ahora que me mojo. ¿Cuántas gotas caen? ¿Cuántas gotas se necesitan para hacer un gran charco? Caminé libremente por las calles durante horas observando los múltiples rostros de la ciudad... y es que cada ser es un rostro. Caminar es la única manera de dejar atrás los cadáveres. Escurro. Me detuve en un parque, fui uno más con los árboles. En algo nos parecemos a ellos: nuestros espíritus necesitan agua. Llueve.

Por Armando Páez - aaopz@yahoo.com
Todos los relatos fueron tomados de: Escritos breves (desde el borde), Autoedición, 2000.

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