a
Historia es terriblemente tozuda. Pueden construir grandes muros y
oponer grandes obstáculos para detenerla, pero será inútilmente. Tarde o
temprano los muros se resquebrajarán y los obstáculos no podrán obstruir
su camino.
En los periodos en los que los muros parecen infranqueables estamos
tentados a volver al pasado. Nos queremos ilusionar en que la barbarie
del pasado no era tanta barbarie como la del presente o quizás que
volviendo al pasado rectificaríamos el camino que recorrimos.
El pasado lo conocemos. El camino detrás del muro que franquea nuestro
futuro está por hacer.
Algunos librepensadores ya nos hablaron del miedo a la libertad.
DICEN:
"(...) Este sistema conlleva un drama cotidiano, donde millones de
mujeres, niños y ancianos mueren por hambre, falta de atención médica y
enfermedades prevenibles. Familias enteras son obligadas a abandonar sus
hogares a consecuencia de guerras, de los impactos provocados por la
imposición de modelos de desarrollo modernizadores, la pérdida de sus
tierras agrícolas, los desastres ambientales, el desempleo, el
debilitamiento de los servicios públicos y la destrucción de la
solidaridad comunitaria. Tanto en el Sur como en el Norte luchas
combativas y resistencias reivindican la dignidad de la vida" (párrafo
de la declaración final del Foro Social de Porto Alegre).
He subrayado una frase de este párrafo de la declaración porque, a mi
entender, es la más significativa y representativa de todo el pretendido
movimiento alternativo que se desarrolla a partir de Porto Alegre bajo
el lema de "Otro Mundo Es Posible".
Otro Mundo Es Posible, dicen, pero nos proponen volver al pasado.
En el año 1800 más de 800.000 personas trabajaban en los telares de
Inglaterra. Treinta años más tarde solamente trabajaban 200.000. A pesar
de que en el año 1784 un clérigo inglés llamado Cartwright ya había
inventado el primer telar mecánico, en 1813 en Inglaterra solamente
había 2.300 telares mecánicos frente a más de 200.000 telares manuales.
Pero en las dos décadas posteriores el desarrollo de los telares
mecánicos fue espectacular.
En el año 1700 una hiladora y un tejedor fabricaban una pieza al día.
En el año 1733 se necesitaban 4 hiladores por cada tejedor que trabajaba
en un telar con lanzadera volante. En el año 1764 un solo hilador
gracias al "spinning jenny" podía dar trabajo a 8 tejedores. En 1785
solamente un hilador y un tejedor al frente de un telar mecánico
accionado por vapor multiplicaba por 70 la producción del año 1700.
Es innegable que los modelos modernizadores se impusieron. La Humanidad
debería estar orgullosa y esperanzada. Nuestra capacidad de avanzar
constantemente en el dominio de la técnica para hacer más fácil nuestra
vida y menos pesado nuestro trabajo por la supervivencia, nunca ha
podido detenerse. Las sociedades anquilosadas y estáticas siempre han
terminado derrumbándose. Solamente un gran aislamiento o una gran
organización superestructural represiva y esclerotizante ha logrado que
durante largos periodos de tiempo este proceso imparable se detuviera.
Un larguísimo periodo feudal es una buena muestra de ello.
Los seres humanos, pero, no hemos logrado aún que estos avances
repercutieran positivamente en el conjunto de nuestra sociedad. Que con
rapidez se generalizaran. Nuevas sociedades de explotación han tomado el
relevo a viejas sociedades de explotación. Nuevas formas de propiedad
han tomado el relevo de antiguas formas de propiedad.
Pero ha pesar de todo ello, hemos seguido avanzando y las condiciones
que van haciendo posible romper definitivamente con las sociedades de
explotación del hombre por el hombre, empujan cada día más
favorablemente.
Nos sentimos cada vez más ciudadanos del mundo y lo que nos une aflora
con mucha más fuerza que lo que nos separa. Lo que nos separa se va
derrumbando con inusitada rapidez, como un castillo de naipes.
Una nueva gran revolución tecnológica fruto de un inmenso conocimiento
humano que podemos aplicar positivamente a favor de nuestras vidas
vuelve a empujar con fuerza imparable. La sociedad del Capital no podrá
detenerla. La vuelta al pasado también es impensable.
DECIAN:
(...)" Lo que quieren los hiladores es que las máquinas selfactinas que
ahorran trabajo del obrero, desapareciesen. Ellas hacen ganar más del
90% al fabricante y lanzan a la miseria a los padres de familia (...)
Habrían de desaparecer como escarmiento de todos aquellos que para
engrandecer sus fortunas no dudan en valerse de engaños (...) de todos
aquellos que piden al Gobierno una rebaja de un 25% de los derechos de
entrada de estas nuevas máquinas selfactinas (...) de todos aquellos que
sustituyen la maquinaria manual en donde el trabajador se ganaba su pan
y el de su familia por máquinas selfactinas en las que también les han
excluido del trabajo y ha puesto en su lugar a mujeres y niños que pagan
con sueldos irrisorios, y que llegando a la mayoría de edad también
serán despedidos y reemplazados... (Manifiesto de los hiladores de
Sallent, 1854).
Así fue como la gran Revolución Industrial dio lugar a un extenso
movimiento, surgido en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, destinado a
impedir, por medio de la violencia, la introducción de las nuevas
máquinas en la industria porque consideraban que éstas sustituirían el
trabajo humano y originarían situaciones de desempleo y penuria a
amplias capas de la población. Fueron numerosísimas las destrucciones de
fábricas y de maquinaria durante los años 1811-12 y especialmente en
1816. El ludismo, tal como se conoce este movimiento, proviene del
obrero inglés Ned Lud que en 1779 destruyó un taller mecánico.
En Catalunya tuvo gran resonancia la quema de la fábrica Bonaplata
(1835) y la destrucción de las máquinas selfactinas en numerosas
fábricas de hiladuras (1854) en pleno trienio progresista. En Barcelona
y en otras ciudades industriales de Cataluña el movimiento alcanzó
grandes proporciones hasta el punto que el capitán general ordenó, en
vano, a los fabricantes que transformasen las selfactinas en máquinas
más rudimentarias del tipo mule-jenny. En vano: la nueva maquinaria
funcionaba ya en Inglaterra desde 1779 gracias a un invento de Samuel
Cromton.
Podríamos escribir largamente sobre el tremendo impacto que representó
la revolución industrial en las sociedades europeas. Las
transformaciones en la agricultura (la arada Totherham, la trilladora
Meikle, la segadora Mac Cormick, las máquinas de cosechar, etc), en el
sistema fabril, en la siderurgia (las técnicas de pudelación y laminado,
el convertidor de Bessemer, etc), en las comunicaciones (redes fluviales
y el ferrocarril) permitieron multiplicar la eficacia y la productividad
del trabajo humano y desarrollar como nunca antes fue posible los
intercambios comerciales. Los 580 kilómetros de vía férrea que tenía
Alemania en 1840 se convirtieron en casi 20.000 kilómetros en 1870. El
comercio mundial que en el año 1800 no alcanzaba apenas los 300 millones
de libras esterlinas alcanzó los 5.000 millones en el año 1900.
Del trabajo artesano, individual y aislado del siervo de la gleba
pasamos al trabajo social, organizado en cooperación.
Nadie puede negar el inmenso avance de la Humanidad cuando tras un
largo y costoso proceso (desde prácticamente el siglo XV) logró
identificar su progreso con el progreso científico. Los fenómenos de la
Naturaleza dejaban de ser imperecederos y dirigidos por el capricho de
los dioses, de los agentes espirituales, de las fuerzas misteriosas, del
alma o de los elegidos por los dioses. El interés por la Ciencia se
popularizó, se fundaron escuelas, laboratorios, sociedades y
publicaciones científicas por doquier. El afán de nuevos conocimientos
impregnó la nueva sociedad nacida del derrumbe del Antiguo Régimen.
Nuestro actual conocimiento científico, hasta el más avanzado, el
estudio del genoma humano, tiene sus raíces en aquellos años de ruptura
con el mundo feudal: A finales del siglo XVIII ya se habían elaborado
métodos que estudiaban los elementos hereditarios y su transmisión
cruzando diferentes variedades vegetales, antes de que el sacerdote
agustino Gregorio Mendel descubriera en 1856 las leyes básicas que
gobiernan la herencia en los organismos vivos. Mendel incorporó a su
trabajo sencillos tratamientos algebraicos y estadísticos que ya
anticiparon la compleja maquinaria informática con la que trabajan en la
actualidad grupos investigadores como los de Celera Genomics
Corporation.
De la misma manera que el método científico impregnó los mecanismos de
producción, en la biología, en la física en la medicina, en la
farmacología, etc también lo hizo en la política o en las Ciencias
sociales. Europa fue un hervidero del pensamiento humano que tuvo su
punto culminante en la Revolución Francesa y en la Declaración de los
Derechos del Hombre. Sus secuelas de luchas, conflictos, y revoluciones
se remontan hasta la mitad del siglo XX.
Fue un hervidero del pensamiento humano porque desde el principio de
las sociedades industriales toda la esperanza de progreso y bienestar
que tan rápidamente se pensó realizable (el movimiento ludista pronto se
desvaneció) se turnó en miseria y desesperación.
Un inciso:
Sustituimos una vieja sociedad de explotación por una nueva sociedad de
explotación. Pasamos de siervos a trabajadores asalariados pero no
salimos de la CASTA de los explotados. Cambiamos solamente de amos. Los
nuevos amos, a los que ayudamos a vencer a los antiguos amos, seguían
perteneciendo a la CASTA de los privilegiados. Como toda estratificación
social, el sistema de castas es bastante endogámica. Un individuo nace
en una determinada casta a la que pertenece toda la vida y generalmente
no puede cambiarla. En ciertas circunstancias pueden mejorar o empeorar
las condiciones de vida de la casta de los explotados, pero siempre sus
obligaciones y su inferioridad permanecen.
La endogamia en los grupos sociales que pertenecen a la casta de los
privilegiados (banqueros, políticos, grandes empresarios, etc.) es
bastante evidente. Como en todos los grupos cerrados, formar parte de
estos grupos privilegiados está muy lejos de realizarse de forma
democrática: se realiza por COOPTACION.
La cooptación está bien descrita en el diccionario: Sistema de elección
de nuevos miembros de una junta, comunidad, asamblea, etc., por
designación de los miembros que ya forman parte de ella.
En los momentos actuales de decadencia del sistema democrático, los
ciudadanos nos percatamos perfectamente como el sistema de cooptación
rige cada día con más fuerza tanto en los partidos políticos, como en
los organismos que deciden sobre nuestras vidas, desde ayuntamientos
hasta instancias europeas. La parafernalia electoral no es capaz de
enmascarar la realidad: los actores de turno que nos dan a elegir ya
están de antemano elegidos.
Podríamos decir que las sociedades humanas han estado sometidas y
dirigidas, desde hace mucho tiempo, por grupos de poder cerrados,
endogámicos y prácticamente secretos (actualmente se vuelve a hablar
descaradamente de gobiernos secretos). Repasando la barbarie que han
provocado y siguen provocando, incomprensible desde la razón humana,
podemos afirmar que hemos estado sometidos y dirigidos por poderes
irracionales, enfermizos e inhumanos que han entorpecido inmensamente el
desarrollo humano. El lento proceso del desarrollo humano ha caminado y
sigue caminando por otros senderos: el trabajo, la mejor eficacia en
nuestro trabajo, la búsqueda de respuestas de cuanto acontece, la
conducta cooperante y solidaria, la satisfacción de nuestras necesidades
de supervivencia, el goce de la vida, la crianza de nuestros hijos y la
continuidad de nuestra especie.
Esta andadura pertinaz, constante e imparable de los seres humanos ha
estado constantemente entorpecida.
En el capitalismo mientras la endogamia en los sectores privilegiados
se ha fortalecido (por la transmisión de la propiedad) y ha aumentado
(por la concentración de la propiedad), en los sectores explotados se
vislumbró un periodo en donde parecía que era posible por méritos
propios o por la fuerza colectiva mejorar las condiciones de vida, tener
derechos a la par que obligaciones, y hasta poder acceder a los
privilegios de una casta superior. Hablamos entonces de clases sociales
(pequeña burguesía, trabajador asalariado, autónomo, clase media, etc)
en competencia por el reparto en la distribución de la riqueza. Hablamos
entonces de partidos y de organizaciones sociales que defendían los
intereses de estas clases.
En este periodo de lucha entre clases sociales, no se puso en cuestión
(hasta Marx) la consecución de una sociedad humana sin clases. Toda la
lucha política y sindical de los explotados, hasta la actualidad, ha
permanecido anclada en la lucha por la mejora de las propias condiciones
de vasallaje: ¡trabajo para todos, siguen implorando los sindicatos!
¡vivir con dignidad!
¡Qué barbaridad! No se han enterado aún que el capitalismo ya no puede
ofrecer trabajo para todos. No se han enterado aún que solamente nos
pueden ofrecer sobrevivir sin dignidad: cerrando los ojos y negándonos a
reconocer la terrible barbarie que están provocando.
La sociedad que Rouseau y otros pensadores ya nos habían propuesto
antes de la caída del Antiguo Régimen, no aceptaba con resignación que
todo el progreso palpable de las sociedades industriales se convirtiera
en paro, miseria y desesperación para amplios sectores de la población.
Se abrió, entonces, un hervidero de discusiones, de propuestas, y de
alternativas. Todo el siglo XIX hasta principios del XX fue de grandes
confrontaciones sociales.
La tempranas crisis que convulsionaron las primeras sociedades
industriales, que vieron los almacenes repletos y las poblaciones
empobrecidas, tuvieron sus salidas en grandes migraciones (25 millones
de europeos se marcharon a los EEUU), en grandes expansiones coloniales
(Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Canadá, etc), en un gran aumento
de los ejércitos y de las industrias militares, en grandes proyectos
colonialistas e imperialistas (en las que ya se produjo entonces una
gran destrucción de las economías autóctonas) y en grandes o pequeñas
guerras entre las naciones por la disputa del saqueo del mundo que
terminaron en las dos guerras mundiales.
Los movimientos sociales de aquel periodo estuvieron impregnados y en
cierta manera ahogados por los grandes movimientos políticos que se
desarrollaron. Movimientos políticos revolucionarios y reformistas. Los
revolucionarios, surgidos de las luchas de resistencia, encontraron su
sentido y se unificaron tras el "Manifiesto Comunista". Los reformistas,
nacidos en torno a los partidos socialistas (fundamentalmente del
Partido Socialdemócrata Alemán) no creían en la posibilidad de un cambio
social y proponían la lenta transformación de la sociedad en un Estado
democrático.
Pasado más de un siglo de aquellas controversias sería muy importante
retomar la lectura de las tesis reformistas de Kaustsky o de Bernstein,
mucho más radicales, por cierto, que la de nuestros actuales reformistas
del Foro Social de Porto Alegre.
(...)"El agravamiento de la situación económica no ha tenido lugar como
el Manifiesto había previsto (...) el número de poseedores no ha
disminuido, sino que ha aumentado. Las clases medias han modificado su
carácter pero no han desaparecido de la escala social (...) Hemos de
considerar a los obreros tal como son. No han caído en el pauperismo de
manera tan general como preveía el Manifiesto, ni están tan exentos de
perjuicios y de defectos como querrían creer sus admiradores.
La concentración de la producción no se efectúa en todos los lugares
con la misma fuerza y rapidez. En el dominio político, poco a poco van
desapareciendo los privilegios de la burguesía capitalista frente al
progreso de las instituciones democráticas. Frente a la influencia de
estas instituciones y la presión del movimiento obrero, ha comenzado
una gran avance social contra las tendencias explotadoras del capital.
Estoy absolutamente convencido (...) que el deber actual de los
socialdemócratas es de luchar por los derechos políticos y económicos de
los obreros y por todas las reformas del Estado que permitan elevar a la
clase obrera y transformar la institución del Estado en un sentido
democrático". (discurso de E. Bernstein en el Congreso de Stuttgart del
PSDA, el 1898).
En 1898 éste era su discurso. Más tarde arrastraron a los obreros a la
Gran Guerra defendiendo la ola nacionalista que necesitaba su burguesía
en confrontación con otras burguesías. Luego, cuando llegó la gran
crisis económica del 19 fueron los verdugos del movimiento
revolucionario. Siguieron gobernando, luego, para finalmente, ceder en
bandeja el poder al nazismo. Tras la Segunda Guerra, destruida Alemania
(arrasada materialmente por los bombardeos norteamericanos durante los
últimos meses de la guerra) volvieron a gobernar. Hoy, tras largos años
de recuperación siguen gobernando y como la historia sigue siendo
tremendamente tozuda vuelven a soñar con una gran Alemania en expansión
motor de una Europa Unida. Pero el paro y la recesión económica han
vuelto a aparecer.
Un inciso:
Se ha cerrado un pequeño paréntesis en la Historia (de apenas 50 años)
en donde las tesis reformadoras del sistema parecían vislumbrarse aún
posibles. En realidad solamente fue el Plan Marshall quien las hizo
posible.
El Plan consistió en una ayuda en préstamos y donaciones por valor de
12.000 millones de dólares a Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia.
El Imperio vencedor de la Segunda Guerra diseñó un respiro de 50 años
para una Europa destrozada por la guerra y fronteriza con una nueva Gran
Rusia que había extendido su dominio mas allá del imperio zarista y que
era una potencia nuclear.
No tiene nada de extraño que el Plan fuera formulado por un gran
estratega militar, George Catiett Marshall, el que más tarde siendo
secretario de Defensa (1950) diseñó otro plan: la guerra de Corea.
En la Europa destrozada y agotada por la guerra contra el nazismo, la
fuerza de su reconstrucción estaba en manos de los miles de ciudadanos
que habían luchado en la resistencia, partisanos, guerrilleros, maquis
etc. y en manos de organizaciones obreras, sindicales y políticas muy
numerosas y activas. Su fuerza en Francia, en Grecia, en los suburbios
industriales de Milán... era enorme. A la derecha política del Capital
se le otorgó el poder para manejar los millones de dólares del Plan
Marshall. A la izquierda política del Capital se le otorgaron los
Sindicatos. A los ciudadanos europeos nos prometieron el Estado del
Bienestar.
Los 50 años de respiro han terminado. Terminaron con el derrumbamiento
de la URSS.
El plan de George Catiett Marshall se desarrolló meticulosamente.
Ahora, las ayudas y prebendas a las provincias que servían de muro de
contención al imperio enemigo se terminaron: el Imperio enemigo se
derrumbó).
A principios del siglo XXI cuando vuelve a desencadenarse un gran
proceso de barbarie y de desolación y cuando siguen fracasando de facto,
desde varias décadas, todos los llamamientos de buenas intenciones en
contra el hambre, en contra las desigualdades, en contra el deterioro
de las condiciones sanitarias y educacionales, en contra la guerra y los
genocidios, en contra dictaduras y dictadores, en contra la destrucción
de cualquier intento de emprender un proceso de progreso económico...
que demuestran una y otra vez la agudización de la decadencia de un
sistema agotado, vuelven a surgir voces proponiendo reformas.
Como los antiguos reformistas de 1898 nos vuelven a hablar de la
reforma del Estado, de los derechos políticos y económicos de los
trabajadores, del control de los privilegios (y de los capitales) de la
burguesía capitalista por las instituciones democráticas, de la paz...
Nos siguen hablando y proponiendo un discurso que fracasó. Fracasó tan
estrepitosamente como los discursos de los movimientos políticos
revolucionarios del siglo XX.
El problema no está solamente en el desconocimiento de la historia
pasada. El problema es que el mundo a cambiar no tiene absolutamente
nada que ver con el del siglo XIX.
El proceso de concentración del poder ha sido tan extraordinario que
han invalidado todas las instituciones y organizaciones políticas en las
que se apoyaron las sociedades de los siglos anteriores. Ha invalidado
las leyes económicas, los tratados y las organizaciones internacionales,
el libre comercio, etc. Ha dejado sin sentido, las elecciones
democráticas y los Parlamentos. Ha convertido en papel mojado
declaraciones, resoluciones y protocolos de cualquier instancia
internacional. Todo aquel poder que emergía de dominar todo un proceso
de desarrollo económico, de su expansión, del control de nuevas vías de
comunicación, de la constante innovación tecnológica, de la absorción de
la competencia, de la conquista de nuevos mercados, etc (aún a costa de
guerras y de saqueos) ha cambiado totalmente.
La ley del beneficio privado ya no puede continuar por este camino. Es
un camino agotado.
En la misma medida que aumentará el desarrollo económico en los centros
del Imperio y en los mercados en los que sea posible la obtención del
beneficio, disminuirá (o se destruirá) progresivamente el desarrollo en
otras partes del mundo. Es por esto que el PODER se impondrá por la
fuerza de los hechos consumados, por el saqueo y la destrucción. Ninguna
ley económica determinará este proceso. Lo hará la ley de la fuerza.
LAS LEYES DE LA ECONOMIA POLÍTICA CON LAS QUE FUNCIONO EL CAPITALISMO
YA NO FUNCIONAN. FUNCIONAN LAS LEYES DE LA FUERZA.
Mientras LOS HECHOS EVIDENCIAN el camino emprendido por el Imperio,
ustedes, los nuevos reformistas, nos hablan de mala gestión, de errores
del FMI, de estafadores, de paz ...
Ustedes no tienen ni idea de la realidad del mundo que quieren cambiar.
¿DE QUIEN ES EL CAPITAL?
En este momento de confusión en donde siguen dominando las pócimas de
vudú de economistas, intelectuales y políticos (cada día más
ininteligibles para los ciudadanos) deberíamos ser mucho más rigurosos
cuando intentamos analizar los problemas de la economía. Mucho más
rigurosos y sencillos.
La lucha contra el Capital es un término que usamos muy a menudo pero
que es absolutamente confuso.
El Capital parece el peor de todos los demonios.
El Capital son medios, recursos, materias primas, técnicas,
conocimientos, etc. Este Capital es Patrimonio de la Humanidad.
Para realizar cualquier tarea necesitamos Capital.
El carpintero, por ejemplo, para construir una mesa sabe que necesita
madera, lija, puntas, cola, herramientas de corte, una sierra de cinta
etc. Ha de conocer también ciertas técnicas y poseer ciertos
conocimientos sobre el trabajo de la madera para empezar su tarea.
Cuando el hombre con su trabajo sabe aprovechar este capital disponible
es capaz de crear, transformar y producir. Aquel tablón se ha convertido
en una mesa, unas sillas, un pequeño armario y una estantería.
Una parte de este capital es limitado (la fuente energética que
alimenta su sierra de cinta), otra parte es renovable (el árbol maderero
del que ha serrado su tablón) y otra está en continua evolución (las
técnicas y los conocimientos).
La suma de todo este resultante del trabajo humano, que en el
transcurrir de los tiempos ha aumentado en eficacia y en productividad,
añade mucho mas capital a este primer capital inicial disponible.
Nuestro carpintero con un pequeño programa informático conectado a una
nueva sierra robotizada cortará con tal precisión y aprovechamiento
aquel tabón que lo convertirá en una mesa más robusta, muchas mas
sillas, un buen armario y una larga estantería.
Podríamos decir que hoy la Humanidad está en condiciones
excepcionales de ACUMULAR CAPITAL y por tanto podría estar en
condiciones de determinar también en qué dirección USA O INVIERTE este
Capital. La Humanidad siempre ha creado Capital.
Una compañera desde Argentina me decía: "Somos 36 millones de
habitantes, tenemos 60 millones de cabezas de ganado y una cosecha anual
de 70 millones de toneladas de cereales... sin embargo hay gente que no
come lo suficiente (...) No podéis imaginaros como estamos sufriendo,
viendo enfermos sin medicinas, escuelas sin recursos, empresas
quebradas, comercios cerrados, compatriotas que se van del país, es como
una pesadilla que se repite y aumenta cada día".
Los ciudadanos argentinos no pueden disponer de este inmenso capital.
El problema surge cuando los hombres emprendimos el camino de la
apropiación privada del Patrimonio común, de nuestro Capital disponible.
Lo emprendimos en contra de nuestra voluntad: por la fuerza de los
hechos consumados. Desde entonces, los apropiadores nos han repetido una
y mil veces que el mar, la tierra, los recursos de la tierra, las
herramientas de trabajo, los conocimientos adquiridos por un gran
esfuerzo colectivo, nuestro trabajo, los frutos de nuestro trabajo no
nos pertenecen. Pertenecen al jefe de la tribu, al emperador, al señor
feudal, al capitalista o al Imperio. Ellos disponen de nuestro Capital
para su beneficio privado. A cambio vigilan por nuestra felicidad y nos
ofrecen su paz y su orden.
Cuando su paz y su orden devienen el caos y la barbarie, entonces, nos
mandan a sus legiones.
Nos lo han repetido tantas veces que esta es la única ley intocable que
sigue imperando en nuestras sociedades. La Ley de la propiedad privada
es tan intocable y ha calado tan profundamente en el pensamiento y en la
conducta de los seres humanos que en los albores del siglo XXI los
movimientos que se llaman progresistas solo se atreven a pedir una
pequeña tasa sobre el Capital.
¿Pueden preguntarse ustedes, señores de ATTAC, de quién es el Capital?
La Historia es terriblemente tozuda. El camino emprendido por los seres
humanos es imparable.
La eficacia y la productividad del trabajo del hombre ha alcanzado
niveles tan altos, es tan grande, que solamente una pequeñísima parte
del Capital acumulado está actualmente invertido en los sectores
productivos. Apenas hace un siglo el 95% de las transacciones de Capital
correspondían a intercambios comerciales de productos manufacturados o
de materias primeras. Hoy el 95% de las transacciones son especulativas
absolutamente foráneas de cualquier actividad comercial o productiva.
La eficacia y la productividad del trabajo del hombre es tan grande que
la mayor parte del Capital acumulado se convierte una parte en
despilfarro y ostentación de los privilegiados, otra parte se esconde en
paraísos fiscales a la espera de alguna operación especulativa , otra
parte es transformada en Tesoros (palacios, templos, joyas, obras de
arte, etc) y tan solo una pequeñísima parte está destinada a la
producción. Marx ya diferenció los conceptos de Capital y Tesoros. Los
palacios y las iglesias de todo el mundo están llenas de Tesoros que no
son más que el resultado de un gran saqueo, durante siglos, de capitales
producidos por los seres humanos. Estos grandes capitales-tesoro nunca
ha sido invertidos para mejorar las condiciones de vida de los que los
crearon: Se han acumulado solo para el boato de reyes, santones y
brujos. Han sido, y son el saqueo del PODER.
Cuando el capital se convierte en TESORO deja de ser capital.
Cuando el capital SE DESTRUYE (devastaciones, guerras, armamento,
malbaratamiento de recursos, etc.) deja también de ser capital. En la
actualidad estamos asistiendo a una gran destrucción de capitales como
el síntoma más evidente de la decadencia del sistema.
Por esto, el problema no es el Capital. El problema está en la
propiedad del Capital.
(Nota. Me refiero siempre al Capital y no al dinero-moneda. Es posible
que desde un punto de vista académico usar a veces un término por otro
sea confuso. Escribo siempre Capital porque el dinero ya ha dejado de
ser una MEDIDA de intercambio. Esta separada absolutamente de la
actividad productiva real en la que seguimos moviéndonos los seres
humanos que necesitamos trabajar, usar materias primeras, alimentarnos o
curar nuestras enfermedades, etc. El dinero se ha convertido en sí mismo
en una mercancía más separada de cualquier actividad tanto en la
producción como en la distribución de las riqueza.
Así observamos paradójicamente que caen en picado los precios de las
materias primeras, de los productos agrícolas y minerales, de los
salarios, etc. y suben astronómicamente los de los productos elaborados,
alimentos, medicinas, etc. aún cuando la eficiencia y la productividad
en su fabricación siga aumentando enormemente. La ley de la oferta y la
demanda es una farsa. La ley de la libre competencia es otra gran
fantasmada).
En Argentina, por ejemplo, el capital dinero-moneda ha huido. Pero el
capital real: las cabezas de ganado, las tierras, las toneladas de
cereales, los recursos minerales, las máquinas y los hombres preparados
y necesitados para usar todo este inmenso patrimonio no huyeron. Es
cuestión de ponernos manos a la obra.
Y cuando nos pongamos todos manos a la obra no volveremos al trabajo
individual y aislado, al artesanado, a la yunta de bueyes, al trueque, a
los mercadillos medievales, a la maquinaria mecánica, a la economía
autárquica, a la energía del carbón, a la parcelación territorial, etc
Aplicaremos los métodos mas modernizadores y avanzados que dispongamos.
La Historia es terriblemente tozuda. No lo olviden ustedes.
Por Jorge Sánchez Rodríguez
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