uizá
estalle la primera guerra atómica. Primera porque las bombas de
Nagasaki y de Hiroshima no fueron una acción de guerra.
Japón estaba vencido, pero la bomba necesitaba probarse en ciudades
habitadas para conocer su efecto, y para advertir a la URSS de que se
tenía el "arma absoluta", y evitar que interviniese en la paz de Japón.
Cosas políticas. Como las de ahora: Pakistán, India y Cachemira son
invenciones de la descolonización británica para dejar dividido y roto
el país que abandonaba.
No es una idea luminosa, sino un sistema de descolonización. La
colonización separó etnias, fronteras naturales, idiomas y culturas,
pequeñas economías, según los intereses y las repugnancias entre los
europeos; la descolonización realizó una nueva separación cortando en
dos o en tres tribus, intereses, salidas al mar, ríos, idiomas. Se llevó
la técnica know-how. Así se muere África.
Hay mas intervenciones de Occidente en estos casos, que se han ido
animando desde el 11 de septiembre y responden a una plan largamente
preparado. Pakistán es el sector musulmán del imperio indio, y su
dictador se apresuró en colaborar con Estados Unidos contra Afganistán.
De otro modo habría caído no ya en la misma acción, sino que India se
hubiese aprestado a la guerra por Cachemira, que, qué desastre, es de
mayoría musulmana. Cuando la India comienza a denunciar que hay
terroristas musulmanes de Cachemira y de Pakistán corre a alistarse en
la guerra antiterrorista proclamada por Bush para estar en el buen lado
de la "libertad infinita" y pronunciarse contra "el eje del mal".
En el fondo está el deseo de destruir Pakistán y, si puede, liberar a
los iraquíes buenos dominados por el eje del mal. Y así hay en este
momento un millón de soldados, tan inocentes como todos los soldados
-que no son más que civiles disfrazados con uniformes por sus gobiernos-,
a un lado y otro de las fronteras; y se ensayan los misiles de cabezas
atómicas.
Mi instinto, o mi buena voluntad, me hace creer que la primera guerra
atómica no sucederá. Pero todo depende del interés de Estados Unidos y
su idea de la libertad infinita. ("La primera guerra atómica" Eduardo
Haro Tecglen. Visto/Oído. EL PAIS)".
Como mi amigo Eduardo, quiero creer que la primera guerra atómica no
sucederá. Como siervos de las castas inferiores hemos sido educados en
la obediencia, el respeto, la sumisión y toda una serie de principios
morales y éticos que nos incapacitan a pensar y a actuar con una
violencia destructora tan antihumana. La especie humana, como todos los
seres vivos queremos vivir, gozar de la vida y cuidar de nuestra
descendencia. Nuestros instintos son contrarios a la destrucción y a la
guerra. ¡Para nosotros una guerra atómica es impensable!
Como soldados forzados necesitamos de las enfervorizadas arengas de
nuestros generales o de las eternas recompensas de nuestros obispos para
lanzarnos al combate. Los suicidas palestinos necesitan un
convencimiento absoluto del paraíso de Alá para hacer explotar la
dinamita de su cintura.
Necesitamos de las provocaciones de los enemigos, que tan sutilmente han
organizado nuestros propios generales amigos, para ir cegados a la
guerra. Han de mermar considerablemente nuestro raciocinio para podernos
arrastrar a la barbarie. En las guerras modernas nos han de empujar con
extrañas pócimas
manipuladoras de la conducta (prohibidas a la sociedad civil) para que
participemos sin excesivos problemas mentales. Difícilmente ya no nos
puede salpicar la sangre de los cuerpos que hemos destrozado desde las
alturas de las que nos hacen lanzar sus mortíferas bombas. Pero los
resultados del horror y la destrucción no pueden esconderse.
Por esto, después de las guerras cibernéticas, los soldados regresan tan
traumatizados y enloquecidos como regresaban de aquellas guerras
medievales de 100 años de duración. No les es tan fácil hacernos apretar
el botón.
La obsesión de cualquier ciudadano que haya colaborado en una guerra es
que sus hijos se libren de participar en ninguna de ellas.
Pero, amigo Eduardo, nosotros olvidamos o no queremos aceptar que
nuestras castas superiores han sido educadas (para perpetuar su
supervivencia) con otro tipo de criterios morales y éticos diferentes a
los nuestros. Ellos no parpadean, no dudan, no tienen ningún tipo de
escrúpulos. No tienen remordimientos de conciencia. Ellos aprietan el
botón y luego son capaces de sonreír con la más absoluta mezquindad y
declarar ante la prensa: ¡Hemos sido elegidos por Dios para salvar a la
Humanidad! ¡Hoy es un día histórico!
Ellos no tuvieron la más mínima piedad para avisar a los pobladores de
Hiroshima y de Nagasaky, a sus miles de hombres, mujeres, ancianos y
niños que se lanzaría una bomba atómica sobre sus ciudades. Ellos, los
vencedores (como nos lo ha recordado a los europeos el Cesar Bush en su
visita a Normandía) no han sido juzgados aún por ningún tribunal
internacional por los bombardeos de Dresde, ni por el napal lanzado en
Vietnam, ni por los bombardeos indiscriminados sobre Yugoslavia, ni
sobre el Irak, ni sobre Afganistán, etc.
La violencia, el uso indiscriminado de la fuerza de destrucción siempre
ha sido monopolio del poder. A las castas inferiores nos está prohibido
su ejercicio. Dicen que el pueblo enloqueció cuando levantó las
guillotinas en las ciudades de Francia. Nos quieren sumisos y pacíficos.
Nosotros, amigo Eduardo, olvidamos o no queremos aceptar que la
propiedad sobre los medios militares, las técnicas de armamento y los
conocimientos científicos puestos al servicio de la maquinaria de guerra
es el contenido universal del poder del que emana toda autoridad.
Autoridad sobre el mundo y sumisión del mundo: los dos elementos
antagónicos de una contradicción.
Esta propiedad no puede ser compartida. Ha de monopolizarse. Así lo ha
dicho claramente Bush en su discurso belicista en la academia militar de
West Point: (...)"Cuando se extiendan las armas nucleares, químicas y
biológicas junto con nuevas tecnologías de misiles, cuando eso ocurra,
incluso estados débiles y grupos pequeños pueden lograr un poder
catastrófico para atacar a grandes países"(...) "Tenemos que combatir al
enemigo, destrozar sus planes y enfrentarnos a las peores amenazas antes
de que surjan".
En 1990, el actual vicepresidente Cheney ya preconizaba que los EEUU
"debían configurar el mundo a su manera y no debía dejar que le surgiera
ningún competidor en esta tarea".
A los ciudadanos nos puede horrorizar la "ética del poder", pero no
podemos cerrar los ojos ante ella. No nos puede tampoco sorprender: es
más antigua que Matusalén.
(...)"Hoy no podemos eludir las responsabilidades que nos incumben en
las Hawai, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. No podemos mantenernos
aislados en el interior de nuestras fronteras y aceptar que no somos más
que un conjunto de revendedores que no tenemos ningún interés por lo que
ocurre fuera (...) Si queremos tener un lugar en la lucha por la
supremacía naval y comercial hemos de hacer valer nuestro poder fuera de
nuestras fronteras (...) Esto desde un punto de vista comercial. Desde
el punto de vista del honor, el argumento es aún más fuerte: Los cañones
que tronaron sobre Manila o sobre Santiago nos han dado éxitos y
glorias..." ("La vida intensa" T. Roosevelt 1899).
Sin duda que encontraríamos textos parecidos en los escritos de Julio
Cesar ("La guerra de las Galias").
Esta es la ética del poder, de los hombres miserables, asesinos,
enfermos mentales, que hoy dirigen el mundo.
Si el interés del Imperio Bush pasa por la destrucción de la India o del
Pakistán (dos potencias nucleares) nada detendrá la guerra.
Fallarán nuevamente nuestros instintos, serán inútiles nuestras buenas
voluntades. Sucederá aquello que puede parecer impensable, imposible,
irrealizable desde el cerebro de cualquier ser humano. ¿Acaso no están
sucediendo en el mundo cosas impensables?
¿Acaso no estamos asistiendo a un deterioro irreversible de las * partes
del mundo que están provocando miles de situaciones de barbarie
impensables?
¿Acaso puede el sistema sobrevivir sin mantener un saqueo sistemático
del mundo, sin obligar a retroceder a regiones enteras a situaciones
preindustriales para apropiarse enteramente de sus riquezas naturales?
Esta guerra (u otra) no solamente son posibles en esta fase del
desarrollo capitalista sino que son sus únicas alternativas para la
consolidación del Imperio. Ningún competidor en el dominio del mundo.
Pero algunos piensan que el problema son solamente ciertos desajustes de
una política neoliberal. Frente a los terribles acontecimientos que se
están desarrollando la mayoría de los intelectuales europeos (de la
izquierda del capital) siguen sin quererse percatar de la realidad del
mundo y continúan preocupados por "rescatar la radicalidad democrática y
socialista del movimiento obrero de los años 70". Continúan intentando,
ilusoriamente, jugar un papel destacado en el salvamento del naufrago...
"Es verdad que el capitalismo actual está sometido a continuas crisis;
que el neoliberalismo que la sostiene hace aguas por todas partes; que
las declaraciones sobre la plena autonomía de los mercados están
contradecidas por las intervenciones públicas cada vez que los Estados
así lo deciden; que los escándalos y quiebras superabundan ?Enron,
Arthur Andersen,
Merill Linch, más de 40.000 suspensiones de pagos previstas este año en
Alemania, etc- ; que los paraísos fiscales parecen inamovibles; que las
exclusiones dentro de cada Estado y las desigualdades entre países son
cada vez más insoportables; que la economía criminal es cada día más
potente y peligrosa; que no se resuelve el paro y que se generaliza la
precariedad en el empleo con la consiguiente inseguridad personal y
familiar, y que la desprotección social que ha generado es absolutamente
dramática (...)" (José Vidal-Beneyto ¿Cabe ser hoy socialista en Europa? EL PAIS 31/05/2002).
Yo me gustaría preguntarle al señor Jose Vidal-Beneyto ¿cómo cree que el
capitalismo actual puede imponer las condiciones que usted mismo
describe? (Condiciones, además, inscritas en los sectores del mundo que
hasta ahora hemos considerado industrializados -las provincias ricas del
Imperio-, porque para el mundo poco desarrollado ya hace mucho tiempo
que no podemos hablar de crisis, desprotección social, desigualdades, o
economías en dificultad... sino de absoluta miseria). ¿Me puede explicar
usted una sola ley económica que hoy esté realmente vigente en esta
economía criminal (por usar sus mismas palabras)?
Le responderé. La única ley que funciona es la ley de la fuerza.
Olvídese usted del libre mercado, de la libre competencia entre las
naciones, de la ley del valor, de los tratados internacionales, del
comercio justo, de las Naciones Unidas, de la radicalidad democrática
etc. etc. La socialdemocracia terminó su andadura. Está escrito que
terminaría su andadura en la última fase de concentración capitalista.
Mi pésame, señor Vidal Beneyto.
Este peligro de guerra atómica entre la India y el Pakistán viene
determinada por toda una estrategia ("la larga guerra contra el
terrorismo") diseñada por los EEUU y puesta en marcha después del 11 de
septiembre. Nada de lo que pueda ocurrir se distanciará un milímetro de
los planes minuciosamente diseñados desde Washington. Si la India y el
Pakistán están al borde de la guerra es porque los EEUU han empujado a
los dos países hasta el borde de la guerra.
Mientras los EEUU sostienen a Musharraf, pertrechan a su ejército,
controlan su espacio aéreo, disponen de importantes instalaciones y
bases militares, y canalizan las operaciones de inteligencia a través
del ISI (Servicios de inteligencia paquistaníes) hasta el punto de haber
impulsado la creación de grupos radicales islámicos que actúan en la
Cachemira india, mantienen al mismo tiempo un tratado de cooperación
militar con la India en competencia con Rusia y Francia. Si bien la
tecnología militar india en mísiles balísticos y nucleares ha sido
transferida por las multinacionales francesas (que a su vez participan
en la construcción de submarinos para la armada paquistaní) podemos
decir que los EEUU controlan los sistemas tecnológicos militares tanto
de la India como del Pakistán.
Todo lo que pueda hacer tanto Pervez Musharraf como Behari Vajpayee
necesita del consentimiento de Washington. Si los dos mandatarios
arrastran a sus poblaciones a la guerra saben de antemano los resultados
de la confrontación: aniquilación de millones de seres humanos, éxodos
inimaginables, miseria, destrucción, hambruna y un inmenso salto hacia
un mundo absolutamente empobrecido.
¿Acaso el empobrecimiento del mundo, la vuelta al pasado preindustrial,
la carencia de cualquier capacidad tecnológica y su imposibilidad de
alcanzarla no es la mejor estrategia para librar al Imperio de los
peligros de enemigos potenciales de desarrollar guerras químicas,
biológicas o nucleares?
Pues ésta es la cruzada contra el terrorismo.
Pero esta cruzada fracasará porque el mundo que necesitamos construir
los humanos necesita que el conocimiento circule sin fronteras, necesita
de miles de laboratorios y centros farmacéuticos para la fabricación de
vacunas y medicamentos, necesita que miles de estudiantes inunden los
centros de enseñanza, necesita de nuevas técnicas y nuevos materiales
para poder hacer generalizable una vida digna para todos, necesita más
biólogos, más químicos, más científicos, necesita terminar con el
sistema de patentes, necesita de un software libre... necesita de una
sociedad libre, colaboradora y pacífica.
¿Cómo lo van ha impedir? ¿Bloqueando las redes informáticas,
bombardeando a todos los laboratorios que posean "equipos de
fermentación" para producir vacunas (como en el caso del laboratorio de
Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana), ilegalizando a las
comunidades científicas e impidiendo que puedan asistir a las reuniones
internacionales, despidiendo de las universidades a los estudiantes que
no sean rubios con ojos azules, escondiendo los estudios de Einstein,
declarando un peligro social a las matemáticas, los logaritmos, los
pentagramas, etc. etc.? ¿Haciéndonos volver a la prehistoria?
Su batalla está perdida de antemano.
(Un inciso: Esta vuelta de la Humanidad a la prehistoria tiene
curiosamente otro gran defensor en el anarquista norteamericano Zerzan y
en diferentes grupos antiglobalizadores y conservacionistas. El problema
sigue siendo también que para volver a una sociedad recolectora y
cazadora sobramos unos cuantos miles de millones de seres humanos.)
Sólo la indiferencia de la Humanidad ante la destrucción del mundo y la
aniquilación de los seres humanos pueden darles la victoria. Solo con la
ayuda de todos aquellos que quieren quitar el hierro de la fragua, que
anuncian que los tambores de la guerra suenan lejanos y que nunca
llegarán a nuestras ciudades... lo conseguirán.
Yo no colaboraré y seguiré haciendo sonar las alarmas. La más mínima
posibilidad de una guerra entre la India y el Pakistán debería poner en
pie de guerra a todos los ciudadanos del mundo.
Por Jorge Sánchez Rodríguez - ciudadanojosep@hotmail.com
Opina sobre este artículo
Arriba