INTRODUCCIÓN
Mientras los ideólogos y los intelectuales de la izquierda del capital
navegan a la deriva, sin rumbo, incapaces de achicar tanta agua que la
tempestad ha introducido en las viejas bodegas de sus organizaciones
jacobinas y endogámicas, sin querer ni poder comprender absolutamente
nada de lo que ocurre en un mar embravecido... los ideólogos e
intelectuales de la derecha del capital parecen entender mucho mejor lo
que está pasando. Es tanto así, que algunos de ellos se prestan
cínicamente a intervenir y a participar en las reuniones y conferencias
de la autodenominada izquierda progresista para explicarles como pueden
salvarse del naufragio.
Unos y otros de la mano se unen para apuntalar la diosa "economía del
mercado".
Este es el caso de Guillermo de la Dehesa, presidente del CEPR, el
"Centre for Economic Policy Reasearch", (recientemente propuesto por
Emilio Botín como consejero independiente del banco SCH). Su asistencia a
la Cumbre de Porto Alegre es una buena muestra de ello.
En realidad me preocupa muy poco el naufragio de la izquierda del
capital. Puede el señor Mendiluce y compañía estar muy tranquilos y
continuar su inútil esfuerzo en la reconstrucción de esta izquierda
cadavérica.
Tampoco me preocupa en demasía lo que la derecha del capital pueda
aportar de novedoso (¿novedoso?) en su esfuerzo de poner a flote una
zozobrada barcaza repleta de piratas. Su hundimiento es inevitable.
Simplemente el análisis y crítica de su discurso es, para este
ciudadano, un motivo de reflexión en el camino de la búsqueda de
respuestas (respuestas para la acción).
(Puede leerse el artículo "La educación y la formación lo son casi
todo" de Guillermo de la Dehesa en el diario EL PAIS, sábado 25 de mayo
de 2002. OPINIÓN/pág.11. Sobre él basaré mi escrito. )
EL CRECIMIENTO ECONOMICO
Dice Guillermo de la Dehesa:
"El título de este artículo ("La educación y la formación lo son casi
todo") no es una exageración, sino la mera constatación de la realidad
de las sociedades y de las economías actuales. No sólo son ambas los
elementos fundamentales para conseguir ampliar la igualdad de
oportunidades, para aumentar la movilidad creciente interclasista, así
como para determinar los distintos niveles de salarios en el mercado de
trabajo, sino que también son, sobre todo, junto con la investigación y
el desarrollo, que dependen también de ellos, los factores clave del
crecimiento económico.
La gran mayoría de los estudios empíricos que se han llevado a cabo
sobre los factores que determinan, en mayor medida, las tasas de
crecimiento económico de un país, tanto utilizando los modelos
neoclásicos como los nuevos modelos de crecimiento endógeno, muestran
una consistente evidencia de la importancia de la educación y la
formación, es decir, del capital humano, como elementos clave, tanto
para alcanzar una mayor productividad por hora trabajada o persona
empleada como para generar y adoptar nuevas tecnologías.
Es más, a diferencia del capital físico, el capital humano, a través
del conocimiento, tiende a tener rendimientos crecientes, ya que puede
conservarse, aumentarse y transmitirse y puede ser utilizado
simultáneamente por muchas personas sin que la utilización por unos
excluya la de otros."(...)
Si de alguna manera podríamos llamar a la nueva sociedad emergente
sería como la SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO. La podríamos llamar así para
diferenciarla con claridad de la vieja sociedad moribunda: la sociedad
del trabajo forzado.
Pero esta definición, que tiene una gran validez explicativa del
proceso histórico en el que estamos inmersos, necesita una profunda
reflexión para comprenderla.
El conocimiento humano siempre ha sido la primera fuerza creadora que
ha acompañado a nuestra fuerza física. Son dos fuerzas inseparables que
nunca han estado en contradicción. La primera es el producto de nuestra
capacidad neuronal (que no ha variado un milímetro desde los primeros
Homo Sapiens que conocemos). La segunda es producto también de una
estructura corporal o fisiológica que heredamos genéticamente y que
tampoco ha sufrido variaciones perceptibles desde hace cientos de miles
de años. Así, mientras nuestra potencialidad corporal no ha cambiado,
nuestra capacidad neuronal (la inteligencia) nos ha permitido avanzar en
el conocimiento, aumentarlo, transmitirlo y acumularlo. La inteligencia
es nuestro instrumento más preciado y los conocimientos alcanzados son
nuestro mayor Patrimonio.
Podemos decir, que los seres humanos hemos andado un largo camino en
donde nuestra actividad fundamental ?nuestra supervivencia, el goce de
la vida, y nuestra continuidad como especie- la hemos podido resolver de
una manera cada vez más eficientemente gracias a los conocimientos que
hemos ido adquiriendo. Nos dio destreza, primero, para utilizar nuestras
manos para aprovechar y transformar los recursos de la naturaleza; nos
dio, luego, el ingenio para usar herramientas cada vez más precisas; y
luego para construir máquinas y más tarde, para construir complejos
artilugios robotizados. A los robots les hemos incorporado nuestra
destreza hasta el punto de que pueden realizar con rapidez, repetición y
precisión las actividades que anteriormente nosotros hacíamos con
esfuerzos agotadores en largos periodos de tiempo. Además hemos logrado
que ellos mismos corrijan errores y añadan nuevas posibilidades. Nuestra
interacción con estos ingenios que hemos construido nos ha abierto un
mundo apasionante de creación hasta ahora solamente al alcance de unos
pocos soñadores.
(Un inciso: Este proceso innegable que nos ha conducido a los seres humanos desde
la edad de la piedra hasta la era de la biotecnología no se ha
desarrollado fuera o al margen de un hecho determinante: Lo hemos
realizado en el seno de unos sistemas sociales concretos.
Antes de la división del trabajo, en sociedades tribales recolectoras y
cazadoras, los conocimientos y su aplicación eran totalmente patrimonio
común de la colectividad. Todo el mundo era cazador, pescador, recolector o
realizar otras de las actividades comunes (en colaboración) sin
diferenciación. Entonces, el conocimiento, su posesión, conservación y
transmisión era común para todos los miembros.
A partir de la apropiación privada, han sido los grupos en el poder los
que realmente han poseído y utilizado los conocimientos para su propio
beneficio. Si el conocimiento es realmente propiedad de quien lo posee y
utiliza, podemos decir que el proceso de pérdida de este Patrimonio
común se ha ido agudizando a la par que las sociedades hemos ido
avanzando.
El siervo no estaba totalmente desposeído de sus útiles de labranza ni
mucho menos de sus conocimientos sobre su trabajo. El artesano fabricaba
y mejoraba sus propias herramientas y sumaba destreza y habilidad en el
oficio.
Fue en las primeras etapas del desarrollo capitalista cuando el
trabajador empezó a verse separado de los instrumentos de trabajo y
alejado de los conocimientos que los hicieron posible. Desposeído de
éstos, se entiende perfectamente los primeros temores y rechazos a
aquellas innovaciones tecnológicas de las que no era propietario y que
por tanto solo serían utilizadas para aumentar su explotación o para
desvalorizar su fuerza de trabajo.
En la medida que el sistema capitalista avanzó, más el trabajador se
convirtió en un apéndice de una máquina -cada vez más desconocida- y de
un proceso productivo que también mas ignoraba en su conjunto.
Así hemos llegado al punto en donde podemos decir que la mayor parte de
la sociedad está ya absolutamente desposeída del conocimiento. Es cada
vez menos patrimonio común y cada vez más propiedad de unos
especialistas (médicos, ingenieros, biólogos, etc.) quienes lo utilizan
y desarrollan al servicio del poder.
Expoliados de los medios y de los conocimientos, los seres humanos ya
ni podemos ni sabemos fabricar la mayoría de los objetos que usamos. El
Capital nos ha convertido en desposeídos e ignorantes.
Esto respondería a una pregunta sencilla que nos hacemos los
ciudadanos: ¿Cómo es posible que una gran parte de las poblaciones del
Planeta no utilicen la gran cantidad de soluciones tecnológicas que el
mundo occidental hace muchos siglos que utilizamos?
Suerte que ante la magnitud del problema aparece el señor John Zerzan
con la solución milagrosa: ¡volvamos pues, nos dice, a la sociedad
primitiva recolectora y cazadora!).
Todo esto que es un gran Patrimonio común que posibilitaría satisfacer
nuestras necesidades con poco esfuerzo físico y en poco tiempo, el mundo
del dinero lo ha convertido solamente en "capital humano" disponible
para "alcanzar una mayor productividad por hora trabajada o persona
empleada" o para "determinar los distintos niveles de salarios en el
mercado de trabajo"...¡qué absurdidad!
Sin embargo no escapa a la comprensión de cualquier ciudadano que toda
esta gran revolución tecnológica, en la que se transforma el
conocimiento, traducida en términos de la economía simple significaría:
Primero, estaríamos capacitados para producir mucho más, disminuyendo
progresivamente los costes de producción tanto por la simplificación y
eficiencia de los procesos, como por las técnicas empleadas, como por el
aprovechamiento mucho mejor de los materiales empleados, como por la
disminución del tiempo y del esfuerzo humano necesarios para
producirlos. Por lo tanto estaríamos abaratiendo constantemente los
productos que fabricamos. En cualquier rama de la producción esta
constatación es incuestionable.
Segundo, estaríamos priorizando progresivamente el trabajo creador,
experimentador, analista, en definitiva científico, por encima del
trabajo físico, fatigante, repetitivo y enajenante. Nuestra fuerza
cerebral es inmensamente más eficaz que nuestra fuerza física.
Tercero, ganarímos tiempo libre. Con toda seguridad habríamos que medir
solo con el tiempo libre alcanzado por los miembros de la sociedad, como
el factor más importante del verdadero progreso económico.
Es en el tiempo libre en donde se pueden desarrollar las actividades
humanas más placenteras para gozar de la vida en su mayor extensión y
plenitud.
¡Fíjese bien, lo enfrentadas que están nuestras barricadas, señor
Guillermo de la Dehesa! Mientras el crecimiento económico debe medirse y
conducir a un mayor bienestar y TIEMPO LIBRE para el conjunto de los
ciudadanos, su crecimiento económico se mide y conduce, inevitablemente,
a un enriquecimiento gansteril de las élites del poder (cada día más
concentradas, poderosas y enfermas) y el empobrecimiento, paro, hambre y
miseria para cada vez un mayor número de habitantes del Planeta. Las
cifras que este ciudadano le podría añadir para demostrar este proceso
de empobrecimiento son apabullantes e indiscutibles. Las cifras de las
hambruras son tan escalofriantes, como la cifra de desescolarización de
los niños, así como la cifra de los salarios inferiores a los 2 dólares
diarios, así como la cifra de los centenares de millones de seres
humanos que carecen de acceso al agua potable o a los servicios de
salud, así como el rebrote y la generalización de enfermedades
endémicas, así como el aumento del paro, así como el aumento de
verdaderas oleadas de éxodos e inmigraciones (inmigraciones interiores
de las que no hablan los medios de comunicación pero que son mucho más
numerosas y graves de las que asustan hoy a los ciudadanos europeos),
así como la destrucción irreversible de las economías de los países
pobres y no tan pobres, así como el deterioramiento del Planeta hasta
alcanzar límites de destrucción impensables, etc. Si usted lee el último
informe de la Agencia Española para la Cooperación (AECI), por ejemplo,
tendrá que reconocer que la situación de una gran parte de la población
del mundo es límite.
No hace falta, pero, ver la situación del mundo empobrecido para darse
cuenta de la realidad. Ojee usted el deterioramiento de las condiciones
de vida de los ciudadanos en los países europeos en estas últimas
décadas. Lea los índices de paro, las bolsas de pobreza, la
desvalorización de los salarios y la creciente pérdida de los derechos
laborales. Lea el último informe "Pisa" de la OCDE sobre el estado de
esclerosis en el que se encuentra el sistema educativo, etc.
Explique usted a los trabajadores de Nissan el porqué la dirección
quiere contratarlos con un sueldo inferior entre un 20 a un 25% inferior
en relación con el de los actuales trabajadores.
Pregunte usted a los trabajadores de la Fiat de Mirafiori por el
progreso económico obtenido tras el despido de casi 100.000 empleados
entre los años 80 y el 95.
¡Hable usted con los ciudadanos argentinos de su progreso económico...!
Su crecimiento económico debería ser declarado fuera de la ley por
atentar contra la vida y la dignidad de las personas. Y así espero que
algún día lo decidamos los ciudadanos del mundo.
Su crecimiento económico es una farsa.
En términos de la economía sencilla de los ciudadanos que intentamos
observar y analizar lo que está pasando podríamos decir que nos
encontramos en una gran ETAPA DESTRUCTORA. Una enorme cantidad de
capitales provinente del saqueo de los pueblos es apartado de cualquier
actividad productiva.
Una parte de este capital se convierte en tesoro. En términos vulgares
lo podríamos comparar al camino que seguían las riquezas, el oro y las
joyas saqueadas por la piratería: ¡al cofre y bien guardado en la cueva!
Otra parte de este capital es sencillamente dilapidado, destruido o
malbaratado solamente en el interés de perpetuar el PODER: en ejércitos,
en armamento, en guerras, en el mantenimiento de cientos de miles de
funcionarios incapaces, en gastos suntuarios, en cortes, cortesanos y
capataces inútiles , en reuniones y celebraciones estrafalarias y
derrochadoras... en despilfarro y boato.
No es ninguna novedad. Son las trompetas que siempre han anunciado la
decadencia de los sistemas sociales.
LA EDUCACIÓN Y LA FORMACION
Estamos en condiciones de trabajar de otra manera. Es decir, hemos
alcanzado los conocimientos que nos podrían permitir poder trabajar de
una nueva manera.
Pero no es solamente esta la cuestión. La aplicación y el desarrollo de
estos conocimientos nos obliga necesariamente a trabajar de otra manera.
Me refiero a lo que Marx definía como otras relaciones de producción.
Estamos dejando en la prehistoria el hecho de que el trabajo físico o
muscular fuera la principal cualidad de la fuerza de trabajo. Es
historia pasada también que un cierto aprendizaje, formación, destreza,
etc. sumara una mayor cualidad a esta fuerza de trabajo para realizar
una actividad repetitiva, mecánica, monótona...
Hoy el trabajo cerebral se ha convertido en la primera fuerza
productiva, en la principal cualidad de la fuerza de trabajo. Significa
que el estudio, la información, la investigación, la comunicación, etc
que produce y desarrolla el conocimiento son los instrumentos más
eficaces que poseemos.
Pero el conocimiento habría que ser y existen las condiciones para que
vuelva a ser de carácter COLECTIVO.
Los conocimientos no son fruto del azar ni el producto de unas élites
científicas iluminadas. Quien no entienda que ha sido el fruto del
TRABAJO de los seres humanos, de un gran esfuerzo colectivo constante e
imparable durante miles de años y quien no entienda que éste largo
camino lo hemos realizado a pesar y en contra de los grupos que han
detentado el poder y nos querría aún seguir teniéndonos esclavos
construyendo pirámides no puede comprender ni de lejos la inmensa
esclerosis de la sociedad del capital ni tampoco lo que realmente está
empujando los profundos cambios que se avecinan.
Quien no entienda la inmensa explosión de bienestar y de progreso que
representará cuando la Humanidad recupere el carácter colectivo de los
conocimientos, haciendo reversible el proceso contrario actual, no
entiende nada.
Los grupos detentadores del poder se han enriquecido con nuestro
trabajo pero nunca antes del capitalismo han impulsado ningún avance
tecnológico cualitativo salvo el que les podía suponer un reforzamiento
de su poder (fundamentalmente militar y represivo). Su verdadero
interés: someter, conquistar e imponer el vasallaje a las poblaciones,
lo conseguían perfectamente manteniendo a las sociedades esclerotizadas
e inmóviles durante siglos.
El gran salto se produjo cuando la burguesía abrió la caja de los
truenos. Para existir y continuar acumulando capital ha de revolucionar
constantemente los medios de producción.
El gran problema aparece cuando ella no es capaz de dominar los poderes
infernales que destapó.
Ni el trabajo forzado (en su forma esclavista, servil o asalariada) ha
podido impedir que los seres humanos sigamos avanzando. Los
conocimientos técnicos que hemos ido adquiriendo han determinado que
nuestra manera de trabajar cambiara, pero no hemos conseguido que
repercutiera favorablemente en beneficio de nuestras vidas porque una
gran parte de los resultados de éste se ha quemado, destruido o
malbaratado en tesoros o despilfarro de los poderosos.
Así ha sido y sigue siendo por la sancrosanta ley por la que los
recursos de la naturaleza, los medios para producir o los conocimientos
dejaron de ser Patrimonio Común y se convirtieron en propiedad privada.
Esta actividad humana necesaria para poder vivir la seguiremos llamando
TRABAJAR, aunque el trabajo se convierta en una actividad placentera y
creadora.
Al respecto podríamos añadir que mientras la fuerza física tiene un
carácter fundamentalmente individual (es un gasto de energía que se
consume cuando se usa) y sigue teniéndolo aún cuando la organización del
trabajo tenga un carácter colectivo, la fuerza intelectual de cada
individuo solo puede tener naturaleza colectiva: la desarrollamos a
partir de anteriores conocimientos transmitidos, la compartimos, la
aumentamos, y la sumamos al Patrimonio común de la colectividad. Ningún
conocimiento humano ha podido mantenerse largamente en el secretismo.
Tampoco ningún conocimiento humano ha surgido de una sola mente
iluminada: cuando una sociedad ha alcanzado un nivel de conocimiento
determinado es capaz de hacer surgir diferentes y múltiples
aplicaciones, y tras ellos nuevos conocimientos.
Podríamos añadir también que mientras la fuerza física puede ser usada,
comprada o vendida individualmente, la fuerza intelectual (el
conocimiento) no puede ser convertido en mercancía. ¿Puede acaso
comprarse o venderse el conocimiento de la rueda, de la polea, de la
brújula, del alto horno, del microscopio, de la penicilina, etc?
Solamente puede prohibirse su aplicación. O dicho de otra manera solo
puede convertirse en propiedad privada por el sometimiento por la
fuerza.
La primera condición para "que los conocimientos puedan conservarse,
aumentarse, transmitirse y ser utilizados simultáneamente por muchas
personas sin que la utilización por unos excluya la de otros" es la
recuperación de su carácter de Patrimonio común y por tanto la negación
como propiedad privada (pilar fundamental de la sociedad del Capital).
Patentes, secretos industriales, propiedades intelectuales, copyright
etc son un terrible obstáculo para el desarrollo del conocimiento
humano.
Entre otras cuestiones por la simple razón que una de las cualidades
del ser humano es la de COPIAR constantemente hechos, situaciones,
fenómenos,... experimentar y aprender en su tentativa de ponerlos en
práctica. La chispa que se produjo cuando dos piedras chocaron por azar
indujo a los hombres a emprender un largo camino que les llevó hasta el
dominio del fuego. Felizmente intentaron COPIAR.
En definitiva, señor Guillermo la Dehesa, estamos enfrentados
radicalmente y yo le auguro una terrible derrota.
Frente a su economía de la ganancia privada que nos arrastra a un
callejón sin salida, los ciudadanos nos decidiremos por una economía en
donde el TIEMPO LIBRE SEA LA MEDIDA UNIVERSAL DE LA RIQUEZA.
Y no tenga la menor duda que lo será cuando los ciudadanos recuperemos
nuestro Patrimonio Común y seamos capaces de aplicar los conocimientos
adquiridos a favor de un modelo de progreso favorable a nuestra vida,
generalizable a todos los pobladores de la Tierra y transmitible a las
generaciones venideras.
Tiemble usted señor Guillermo de la Dehesa porque así como los
ciudadanos desposeídos e ignorantes de Arequipa (Perú) -la turba como
así la han llamado siempre los poderosos- lo han comprendido muy bien,
los ciudadanos del mundo también lo entenderemos así.
Nuestra sencilla economía deberá vencer a su astuta política, y
seguramente habremos de pasar de decirles a todos ustedes que "se vayan
todos", a echarlos definitivamente fuera de nuestras sociedades... ¡porque ustedes son un
verdadero peligro social!
Por Jorge Sánchez Rodríguez - ciudadanojosep@hotmail.com
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