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En el Punto de Mira

- La rebeldía también es contagiosa -

INTRODUCCION
Iré al grano: La caducidad de cualquier sistema social, se constata cuando éste emprende un camino de parálisis y destrucción extraordinarias. Cuando no es capaz de mantener la legitimidad y la vigencia de sus propias leyes y ordenamientos jurídicos. Cuando es simplemente la fuerza represiva descarnada y brutal la que impone la sumisión y el vasallaje de sus súbditos. Cuando ya no existe ninguna posibilidad de organizar la producción y la distribución de las riquezas entre los vasallos y solamente se procede al saqueo y al pillaje para la distribución de la riqueza en el interior de los sectores dominantes. Cuando el PODER solo está pertrechado por una única forma de propiedad que le otorga la AUTORIDAD para SOMETER al mundo. Esta propiedad no es el dinero, ni los recursos naturales, ni los grandes conglomerados industriales o financieros, etc. es la propiedad sobre los medios militares, las tecnologías armamentistas y los conocimientos de la guerra: Son las legiones.

Ninguna teoría económica ni política puede explicar el proceso de destrucción y de empobrecimiento del mundo que estamos viviendo. Nada ni nadie puede explicar la terrible crisis en la mayoría de los países asiáticos, el hundimiento de África ni el camino sin retorno de las economías del cono sur americano. Nada ni nadie puede dar explicación del paro y la pérdida progresiva de los derechos laborales de los trabajadores de los países llamados desarrollados. Nada ni nadie puede detener el éxodo de millones de seres humanos. Todas las soluciones para enderezar este proceso de destrucción son un fracaso: ni se detiene la quiebra de las industrias, ni el aumento del hambre y las enfermedades, ni la falta de recursos tan esenciales como el agua, ni la desescolarización, ni la carencia de los servicios asistenciales o sanitarios más perentorios, ni el aumento del paro, ni la desvalorización de los salarios. Las respuestas siempre son: promesas incumplidas, fracasos imprevisibles, desajustes pasajeros, errores en la gestión o un problema de personajillos ladrones o vividores. Centenares de Congresos, Reuniones Internacionales, Forums, Cumbres, etc. no son más que un gran teatro de palabras vacías y de papel mojado. El proceso de destrucción continúa imparable. No solo no lo consiguen detener, sino que sus participantes, altos dignatarios de la sociedad del Capital, han llegado a las mas altas cotas de inhumanidad y vileza: una competición deportiva es más importante que discutir sobre cómo evitar la muerte de millones de seres humanos. (Silvio Berlusconi en el Congreso de la FAO).

Su cuota de inhumanidad es tan alta como la nuestra de sumisión y vasallaje. No lo podemos seguir permitiendo.

Ante este deterioro que se acelera yo emplazo a nuestros ilustres intelectuales y a nuestros grandes analistas políticos para que dejen de hablarnos de la crisis y de la decadencia del sistema. Yo les emplazo para que propongan a los ciudadanos argentinos, peruanos, brasileños, mejicanos,... a los ciudadanos del mundo entero qué hacer, hoy y ahora para salir de esta situación.

No es tiempo de filosofar. Es tiempo de empezar a actuar en un sentido determinado porque la vida de millones de seres humanos está en serio peligro y el tiempo apremia.

EL PESAME A LA BURGUESIA
Ante esta situación podemos dar ya el pésame a una burguesía cuyos precursores se enfrentaron a los Oranges, a Carlos I de Inglaterra, a los Borbones o a los Habsburgo y los vencieron. Probablemente los volverán a ver en la cúspide con todo su antiguo esplendor y boato, organizadas aún en viejas órdenes oscurantistas, enriquecidas por la especulación, acaparadoras de palacios, de obras de arte y de joyas, derrochadoras y malbaratadoras... mientras ellos han de cerrar o vender a precio de saldo sus empresas, o han de ver quebrados sus negocios. No hay dinero para producir dicen los Bancos... ¡Ha pasado tanto tiempo de aquel primer Banco de Ámsterdam de 1609 que fue un eficaz instrumento para el depósito, el cambio y el préstamo que permitió a la burguesía holandesa expandir sus negocios hasta las Indias Orientales!... pero pueden guardar su dinero en una cueva segura, pueden invertir en bolsa, pueden comprar acciones del Banco de Bilbao, es un Banco seguro en donde tiene acciones el mayor traficante de armas, Menser al-Kassar, el general Duba, el dictador Sirio Afees-al-Assad, y su hermano, y uno de los reyes de la heroína, Rifaat-al-Assad... (según un informe dado a conocer por la Oficina Federal del Crimen de Alemania Occidental en 1986) ¡Pobre burguesía emprendedora!

Triste final de una burguesía, como la vasca, propietaria de grandes fortunas que llegó a dominar buena parte de la política española desde su emporium industrial: Altos Hornos, los Astilleros de la Naval de Sestao, Babcock Wilcox, etc. Prácticamente 14 kilómetros ininterrumpidos de fábricas y acerías a un lado de la ría bilbaína, en donde explotaron sin piedad a cientos de miles de trabajadores, han sido desmantelados desde los años 70. Los Lezama Leguizamon, Ybarra, Arriluce, Ampuero, Zubirías, Delclaux... y otras grandes familias de barones, condes y marqueses siderúrgicos se han visto reducidos a meros especuladores de bolsa, a simples gestores y asesores de las multinacionales de los seguros, de los grupos de comunicaciones o del sector inmobiliario. Obsesionados por no perder su poder no dudan en seguir enarbolando su vieja bandera del nacionalismo patriótico, apoyándose en el partido pagado, intentando no perder las riendas de los grupos bancarios en donde centralizan el saqueo de los siervos de un territorio que creen de su propiedad y financiando al terrorismo de ETA en donde sus propios hijos, nacidos en el barrio de Neguri y estudiantes de la Comercial de Deuston son sacrificados inútilmente en la lucha contra otra burguesía nacionalista y patriota.

Nuestros conciudadanos sudamericanos nos podrían explicar muy bien cuál ha sido el proceso de extinción de aquella joven burguesía criolla, vinculada a las sociedades secretas y a los jesuitas, que lideró su independencia.

Seguiremos dando el pésame a una burguesía que fue capaz de dirigir una gran revolución intelectual y científica, al vencer el gran dominio religioso y oscurantista que encadenó a la humanidad en la ignorancia durante todo un largo medioevo. Pésame a la burguesía que abrió la caja de los truenos que posibilitó el desarrollo de la medicina, de las ciencias naturales, de la química, de la astronomía, de las matemáticas, de la filosofía y del pensamiento humano. ¡Pobre burguesía! ahora vuelve a ver, como en el medioevo, obispos, patriarcas, imanes y mil brujos más de nuevas religiones, a la derecha del Poder, entronizando a los nuevos déspotas y dictadores, a los nuevos zares que claman a la guerra en nombre de Dios.

Pobre burguesía que de rodearse de pensadores , científicos e investigadores en el pasado para poder aumentar su dinero, ha de cercar hoy a hombres mediocres, generales asesinos, traficantes de drogas, ladrones de cuello duro, salteadores mafiosos... para no verse alejada de la cúspide del Poder.

Que en paz descanse aquella burguesía codiciosa de dinero con el que compró a la Democracia, a los partidos, a los sindicatos, a la justicia o a la ley. Que se enriqueció a la par que aumentaban sus empresas, sus comercios, sus explotados. Que disputó con otras burguesías codiciosas nuevos territorios y nuevos mercados que creía florecientes para vaciar sus almacenes repletos de mercancías.

Todo esto terminó. Quien no pudo subirse a la barcaza de los saqueadores sucumbió.

NI UNA PIZCA DE ESPERANZA PARA LOS ASALARIADOS O EXCLUIDOS.
El proceso de acumulación capitalista ya no puede mantenerse con las leyes económicas y jurídicas del pasado. La imperiosa necesidad de aumentar los beneficios a partir de una constante innovación tecnológica ha abierto un proceso de desvalorización constante de la fuerza de trabajo humana y con ello la imposibilidad de seguir el circuito de la reproducción del capital.

Por esto se opta por el saqueo y la exclusión.

Mientras los remeros forzados eran necesarios para hacer navegar la barcaza, se los alimentaba, cuidaba y ofrecía un descanso reparador. Así se enriqueció igualmente la burguesía que cedió ante las luchas obreras derechos sociales y laborales: sanidad, educación, jubilación, etc.

Cuando el motor de explosión pudo suplir a los remeros, su desvalorización fue inmediata. A pesar de sus gemidos fueron echados por la borda.

Algunos piensan que habríamos de regresar a la sociedad de los remeros para poder ser alimentados, cuidados y valorados. Pero la Historia no puede detenerse. Quien no entienda que el problema no está en el motor de explosión sino en la apropiación para el beneficio privado del motor de explosión no comprenderá nada de lo que ocurre.

Ni una pizca de esperanza para los asalariados y excluidos. El sistema está agotado y no puede ofrecer nada.

Es más, éste proceso de apropiación privada ha llegado hasta su máxima concentración, se extiende hasta el rincón más recóndito del Planeta y llega hasta el más pequeño recurso natural (una semilla, una planta con propiedades curativas, un curso de agua, una fuente energética, los bosques, los mares y océanos, los cielos...). Todo se privatiza y en la medida que este proceso avanza se desposee a una inmensa mayoría de la Humanidad de los medios para su supervivencia.

Los ideólogos, grandes charlatanes del sistema, nos hablan de la sociedad de los propietarios y del conocimiento. Yo digo que estamos frente a una sociedad de desposeídos e ignorantes. Nunca la Humanidad ha estado tan alejada como ahora de poder asegurar su supervivencia cuando paradójicamente tenemos tantos medios y poseemos tantos conocimientos científicos.

Ningún engaño por más tiempo: la sociedad del Capital ya no puede ofrecer ninguna esperanza. Su continuidad será sinónimo de guerras, destrucción y miseria.

LA REBELDÍA CONTAGIOSA
Que nadie tenga la más mínima esperanza. El sistema capitalista está agotado. Se vuelven a repetir las condiciones que Pierre Bonnassie ya escribió cuando el sistema feudal se derrumbó: "Se ha convertido en un régimen social basado en la confiscación, a menudo brutal, de los beneficios del trabajo de los campesinos, y que garantizaba por medio de un sistema mas o menos complejo de redes de dependencia (vasallaje) y de gratificaciones (feudos) su distribución en el interior de la clase dominante".

Sólo pueden saquear e ir aumentando constantemente el grado de sumisión y de desesperanza para sus súbditos.

Hasta ahora nos sometieron arrebatándonos el trigo que nunca supieron sembrar y tuvimos que pedirles pan. Ahora nos quieren someter quemando nuestras cosechas.

Nuestra rebeldía es la única posibilidad.

Se ha terminado la lucha política. Hoy solo queda la lucha por la vida: POR LA PAZ, EL PAN, LA SALUD Y LA EDUCACIÓN.

Si perdemos seremos encadenados y exterminados, porque solamente de esta manera los poderosos pueden conservar su poder.

LA RECUPERACIÓN DEL PATRIMONIO
El dinero se fue. Los piratas y saqueadores se lo llevaron. Pero no se pudieron llevar, las tierras, las fábricas, la maquinaria, los pozos de petróleo, las minas, los ríos, el ganado....

Nosotros sabemos que hacer de todo esto, con nuestro trabajo, riqueza a favor de nuestra vida. Hemos de recuperarlo.

Una sola bandera ha de enarbolarse: "Recuperar todo este Patrimonio en beneficio de toda la Humanidad".

Esta debe ser ahora nuestra acción mas importante: Ni un pedazo de tierra sin sembrar, ni una fábrica parada, ni una sola máquina sin funcionar, ni una sola cabeza de ganado sin alimentar, ni una solo recurso sin ser utilizado... Asegurar los suministros y la distribución. Hemos de llenar a rebosar los supermercados, no saquearlos.

Se han terminado definitivamente los tiempos de implorar pan: NO NOS LO DARAN. Nosotros sembraremos el trigo y nos haremos el pan.

Ni un solo enfermo sin ser atendido. Ni un solo niño sin escolarizar.

Ni el pan, ni la salud ni la educación pueden convertirse en mercancía de cambio, por que estas son las necesidades de primera categoría que debemos garantizar para toda la colectividad.

Los ciudadanos hemos de saber defender con uñas y dientes el Patrimonio recuperado e impedir que ningún individuo, grupo, o sociedad vuelva a darle un carácter privado. Pero sería infantil y desastroso intentar defender por la fuerza y con violencia nuestras recuperaciones. La fuerza y la violencia de sus ejércitos son infinitamente superiores. Sin embargo sus fuerzas pueden verse diezmadas por nuestra voluntad decidida y masiva, por nuestra resistencia civil pacífica. Es hora de la desobediencia a las leyes del Capital. Si nos echan volveremos uno y otro día con tozudez y obstinación. El grito de Paz, pan, salud y educación hará doblegar sus fusiles.

La extensión y la generalización de la recuperación es la mejor manera. Hemos de hacer terriblemente CONTAGIOSA, por el mundo entero, nuestra rebeldía.

Los ciudadanos hemos de pedir a las organizaciones políticas y sindicales (hasta las que se llaman "revolucionarias") que terminen sus inútiles luchas políticas que siempre terminan con pactos con el poder y en donde los ciudadanos solo somos moneda de cambio. Hemos de pedir que disuelvan sus asociaciones pagadas, endogámicas, ineficaces, burocráticas, salvadoras y jacobinas y hemos de llamar a sus miembros para que se sumen a una gran organización: la organización de todos los ciudadanos.

Los ciudadanos necesitamos que todo el mundo exponga y proponga con total libertad sus opiniones y propuestas. Necesitamos también que todos nos sometamos a los acuerdos que decidamos mayoritariamente. Si nos equivocamos, rectificaremos.

La organización de los ciudadanos ha de ser una gran obra democrática y ASAMBLEARIA.

Los ciudadanos hemos de sumar en la tarea constructora a toda la sociedad. A todas las clases y sectores sociales, hasta los antiguos propietarios. Nadie tendría que negarse a participar, en idénticas condiciones, a una gran empresa constructora a favor de la vida y del bienestar común. A ningún sector social (salvo a los que navegan en la barca de los piratas) puede el sistema, en su decadencia, dar la más mínima seguridad. Todos somos ya parte de su botín.

Participar activamente en esta gran tarea colectiva dará sentido a la vida de cientos de miles de hombres y mujeres que ahora realizan un trabajo sombrío, ineficaz, estéril y absolutamente alienante. Debemos poner fin de una vez por todas a un sistema que es un gran fabricante de hombres desilusionados, desesperanzados, ignorantes, desposeídos y en cierta manera inservibles. ¡La mayor y la única fuerza creadora ya está considerada por el Capital como una fuerza sobrante e inservible!

Los ciudadanos hemos de echar a todos los cargos del gobierno y de la administración sea cual sea su pelaje, sea cual fuere su escalafón de capataz. Ellos han de rendir cuentas de sus ladronicios y de sus crímenes ante el pueblo soberano. El pueblo ha de respetar sin ningún tipo de excepción ni titubeo SU VIDA y la seguridad de sus familias. El derecho a la vida ha de ser el primer mandato irrenunciable. Si el pueblo los condena pagarán y restituirán con su trabajo lo enajenado.

Primero responderán por nuestros nietos, luego por nuestro dinero.

Los ciudadanos hemos de actuar con el corazón y la inteligencia. Hemos de impedir las provocaciones y los enfrentamientos directos con las fuerzas del poder.

Nosotros proponemos la garantía de la vida frente al caos y la destrucción. Nosotros queremos que los ejércitos del Capital se queden solos, diezmados, divididos, aislados frente a una ciudadanía absolutamente mayoritaria, unida, y decidida a hacer prevalecer la verdadera democracia, la justicia y el progreso.

Ninguna población aislada, ninguna comunicación interrumpida, ningún mercado desabastecido, ningún maestro sin asistir a la escuela, ningún hospital paralizado... ningún joven con un coctail Molotov en las manos.

Los ciudadanos hemos de inutilizar el manual con el que los poderosos han derrotado siempre, de idéntica manera, una y otra vez en la Historia, a los pueblos. Tienen más de 4.000 años de experiencia: Provocar el caos para luego con sus ejércitos imponer la paz y el orden. Aunque su paz sea la de los cementerios y aunque su orden sea el de las galeras.

Sus ejércitos no podrán abarcar todo el territorio si hacemos que la recuperación de nuestro Patrimonio se contagie en extensión y rapidez. Probablemente una parte de su ejercito defenderá codo a codo con el pueblo nuestras ocupaciones, nuestros sembrados, nuestras escuelas. No en balde sus soldados pertenecen al pueblo donde se hicieron hombres.

Los ciudadanos no podemos asustarnos por la gran cantidad de interrogantes y dificultades que abrirá este proceso. No existe ninguna experiencia al respecto. Tímidamente podemos recordar algunos momentos fugaces en otras épocas que fueron derrotados. No existen recetas ni soluciones de antemano. Habrá que azuzar el ingenio, la iniciativa creadora, habrá que proponer y discutir mil caminos y mil formas de llevar adelante la tarea, habrá que superar errores y contratiempos. Pero no hay otra solución ante la barbarie presente.

Un solo parámetro ha de guiar el camino: el poder del pueblo ha de impedir el retroceso a la privatización del Patrimonio Colectivo.

¡Manos a la obra! ¡Los ciudadanos del mundo necesitamos y podemos cambiar el rumbo de la Historia!

Es sencillamente todo esto lo que yo desearía proponer a mis conciudadanos y especialmente a los del cono Sur americano que viven momentos de una gran angustia y desesperación.

Por Jorge Sánchez Rodríguez - ciudadanojosep@hotmail.com

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