a
globalización económica y la internacionalización
de los mercados, está permitiendo a las empresas (sobre todo
a las grandes y a las multinacionales) moverse por todo el planeta
sin restricciones en busca de las legislaciones laborales y medioambientales
más favorables a sus intereses (y donde no hay legislaciones
favorables se está intentando a través de los centros
de opinión de poder y de conformación de valores que
se modifiquen para que establezcan nuevas legislaciones), lo que
está provocando graves efectos sobre el empleo, o sobre los
derechos laborales y sobre el respeto a los recursos naturales.
El incremento de las desigualdades sociales y territoriales, la
sobreexplotación del medio ambiente, la represión
de la actividad sindical en pequeñas o medianas empresas
y sobre todo en nuevos sectores de la economía, la marginación
laboral y social -sufrida sobre todo por las mujeres y los jóvenes-
la explotación laboral de niños y niñas...
son algunos de los efectos perversos de la globalización.
Los sindicatos
españoles, afirman que en el seno de la CIOSL, en un reciente
estudio, se señalaba el peligro de que, si no se regulan
e imponen los derechos laborales a escala mundial, el mercado de
trabajo se convierta en una especie de sección de "saldos
y rebajas" sin otra ley que la reducción de costes.
En una economía
de dimensiones mundiales, la ausencia de regulaciones laborales,
según los parámetros y derechos de la OIT, (o la solicitud
creciente de las patronales y las organizaciones mundiales como
la OMC o la OCDE de desregulación o desreglamentación,
también laborales y no sólo financieras) sólo
beneficiará a los que más tienen, y a los empleadores,
perpetuándose la pobreza, o la explotación de los
trabajadores y trabajadoras en el Tercer Mundo o en los "submundos"
del Norte. Los trabajadores se encuentran cada vez más desprotegidos
ante el "dumping social", verdadero "chantaje"
de las multinacionales para rebajar (o incumplir) cualquier derecho
laboral o cualquier garantía.
Trataremos en
este documento sólo algún aspecto significativo de
las relaciones laborales que se están dando en nuestro país
crecientemente y lo que ello puede estar significando para los nuevos
colectivos de parados y de jóvenes que buscan su primer empleo
o que ya lo han conseguido. Pretendemos suscitar un debate en los
colectivos minoritarios que aún subsisten en el empeño
de elaborar un pensamiento crítico, alternativo al "pensamiento
único", y que ojalá, aunque lo dudo, llegara
al seno de las grandes organizaciones sindicales o políticas
del mundo de la izquierda, para que tomaran partido ante los nuevos
hechos concretos laborales que están creándose por
la acción del neoliberalismo.
Además
de la globalización financiera, ¿qué se globaliza
en materia de relaciones laborales o de sus consecuencias?:
- Las legislaciones
laborales (lo que se demanda por la CEOE aquí no es distinto
de lo que pide el FMI o la OCDE o la UE)
- La falta de respeto a los derechos laborales y sindicales que
se han legislado para todos las personas asalariadas (no hay más
que darse una vuelta por el "mercado laboral" para ver
las ofertas que existen, y los contratos que se pretenden establecer,
que bajo apariencia de legalidad esconden jornadas superiores a
las 40 horas y sueldos de menos de 100 mil pesetas al mes, con absoluta
precariedad)
- Los nuevos valores: culturales, económicos, empresariales,
laborales, que abundan sobre la legitimación social de las
nuevas reglas del juego del capitalismo empresarial.
- Los comportamientos empresariales: con similares herramientas
de gestión: externalizaciones, desreglamentaciones, sistemas
o métodos de trabajo, etc.
- Son las grandes empresas (intentándose lo mismo con las
administraciones públicas) las que cada vez más aplican
el "outsourcing" (contratar cediendo la gestión
de ciertos servicios a otras empresas externas, filiales o no) lo
que les evita contratar a trabajadores, pues ellas contratan sólo
los servicios en su conjunto de otras empresas que a su vez contratan
(o malcontratan) a los trabajadores directamente o a través
a su vez de otras empresas especializadas en contratar a personas
paradas que buscan empleo (por ejemplo las ETT´s)
- La oferta de trabajo de los sectores financieros o de la llamada
"nueva economía" se está generalizando casi
en exclusividad a jóvenes licenciados (casi todos) desocupados
en busca de su primer empleo, lo cual es evidente en algunas grandes
empresas ligadas al sector financiero (banca y seguros) cuando contratando
servicios con otras empresas especializadas se dotan de teleoperadores
que impersonalmente son los que "dan la cara" por el Banco
o la Compañía de Seguros, evitándose con ello
incluso el contacto con el cliente; de modo que el conflicto se
evade (se expulsa) de la gran empresa: se deriva hacia una pequeña
empresa (o mediana) que siendo una, y otra, y otra, contratan (subcontratan)
a trabajadores sin ligazón entre sí, que muchas veces
no saben si quien les contrata es una u otra empresa, pues hasta
el contrato laboral se les hurta.
- La precariedad laboral se generaliza
- La generalización de las ETT reproduce los valores de las
grandes empresas, so pretexto de ayudar a las personas a insertarse
en el mercado laboral
- Se generalizan las jornadas descontroladas; los sueldos mínimos;
la ausencia de pagas extras; los contratos de formación que
violan las normas existentes; los turnos a gusto de la empresa que,
al no permitir una planificación de la jornada de trabajo
del individuo, derivan en neurosis o patologías laborales
que se reproducen en la vida personal del asalariado
- Se generaliza la mediación laboral o sindical sólo
de las organizaciones instituidas, es decir de los sindicatos mayoritarios,
que aunque (como máximo) denuncien la precariedad laboral,
sin embargo pactan los convenios (o su mal menor, dicen, si son
malos) en nombre de trabajadores a los que ni conocen (ni tienen
representación en las empresas que los aplican o lo sufren)
- Como quiera que los sindicatos defienden a sus sindicados, que
son en su mayor parte asalariados de grandes corporaciones, y nunca
a los parados (si no tienen voz ¿cómo van a tener
voto, en el sentido de influencia?) los jóvenes desconfían
de los sindicatos y no se afilian y alimentan el círculo
de aislarse y preocuparse solo de su problema al que, lógicamente,
de forma individual no pueden dar solución.
- Se generaliza la conclusión de que a colectivos enteros
asalariados de sectores emergentes de empleadores (empresas externalizadas
de servicios de atención a clientes, nueva economía,
venta por teléfono o internet, etc.) nadie los defiende;
y sólo quien lo hace, cuando así se produce, suelen
ser sindicatos "mal vistos" por la sociedad "biempensante",
algunos de ellos libertarios o anarquistas (que no tienen cabida
en los marcos de relaciones laborales instituidos por las grandes
organizaciones sindicales)
- Todo ello ocasiona: desarme ideológico y sindical, miedo,
temor al despido, competitividad interna entre trabajadores, ausencia
de acción sindical, aumento del incumplimiento de los derechos
de los asalariados y de las normas laborales.
- La generalización de los valores de la empresa, a la chita
callando, van penetrando en los trabajadores jóvenes que
tienen la "suerte" de encontrar un trabajo precario, que
cada vez más se despreocuparán de otros y solo se
preocuparán (mínimamente) de lo suyo, siendo lo "suyo"
mantenerse en el puesto adquirido y aspirar, eso sí, a que
algún día te hagan "fijo".
- Se está generalizando el individualismo, el corporativismo,
y la ausencia de luchas laborales en muchas empresas, pequeñas
y aisladas entre sí, donde sus trabajadores ni se conocen
entre sí.
La globalización de la economía extiende una similar
relación capitalista en el interior de las empresas, operando
en el conjunto de las relaciones sociales, y no solo en la esfera
productiva.
No hay un espacio
de explotación, el espacio productivo, y un espacio democrático,
el espacio social. En éste ya ni se discute sobre aquél.
La lógica del beneficio privado, del productivismo, de la
loca carrera hacia la acumulación y la llamada "buena
vida", está colonizando la economía, la política,
las relaciones sociales y la conciencia de toda la población.
"No soy ni vivo ni pienso como los ricos porque no puedo, porque
si pudiera lo haría y me olvidaría de quién
soy", sería el lema subliminal a introducir en las conciencias,
lo que significa, a sensu contrario, "Deseo preocuparme solo
por lo mío, por tener más, por consumir más,
por enriquecerme más, y me importa un pito los derechos de
los demás siempre que a mí me dejen tranquilo y no
me quiten lo que tengo hoy". Con ello, se convierte en objetivo
prioritario y casi único de la persona que tiene empleo,
el mantenerse lo mejor posible, "no vaya a ser que me echen
y me quede sin nada", con lo cual "que reclamen otros
que yo ni me muevo". El miedo se generaliza; el temor a la
desocupación lo inunda todo; las condiciones de explotación
laboral se ignoran, pues ello no es lo importante, sino que no le
quiten a una persona su "puesto de trabajo" que tanto
le cuesta mantener con su empleador (envuelto cada vez más
en un clima de "despido libre" y "desreglamentación"
pedida a gritos por las patronales del mundo).
La mayoría
del sindicalismo opera sólo en el ámbito productivo
obviando toda la envolvente político y social. No se debate
ya (o no se genera opinión como antes) sobre lo que está
significando socialmente el cambio de las reglas del juego productivo,
y por ello son pocos los que todavía comprenden lo que es
la globalización para su bolsillo o su vida cotidiana. ¡¡Si
los que tienen que hacer pedagogía política no la
hacen, ¿quién lo hará?¡¡
Esta aparente
despolitización implica, en el sindicalismo mayoritario español,
la importación (siquiera inconsciente) de todos los valores
de la economía globalizada (crecimiento, estabilidad, competitividad,
globalización, gobernabilidad), o su no cuestionamiento si
nos atenemos a los hechos cotidianos de su acción sindical
(por temor, quizás, a que se les margine institucionalmente
o simplemente que se les llame "comunistas retrógrados
o anclados en el pasado"), convirtiéndose esos valores
(con la inhibición del discurso sindical) en una condición
para la satisfacción del deseo consumista de los asalariados
estables (que no tienen precariedad ni están en las pequeñas
empresas ni son jóvenes).
La autodenominada
izquierda española, es decir la institucional, y mediática
al menos, (que vive en parte, a veces en mucha medida, de los Presupuestos
del Estado, por una u otra vía, y si no que se lo pregunten
a las personas que "viven o trabajan" en los partidos
políticos cuyo sueldo en parte les viene de los votos obtenidos,
directa o indirectamente, o de los "puestos de trabajo"
derivados de su condición de "representantes" de
colectivos ciudadanos - del ámbito local, autonómico,
o estatal- o que le pregunten a los sindicatos, cuyos presupuestos
les vienen fundamentalmente de los fondos que reciben de las administraciones
públicas: formación, liberados, consejos, etc.) piensa
que contra el capitalismo (perdón, contra los males del capitalismo)
se lucha en la esfera de la producción, y son los trabajadores
los que deben exigir salarios altos, revisión de salarios
por la inflación devenida, protección social y condiciones
de trabajo dignas. No está mal. Pero aquella izquierda se
desentiende de un "momento crucial" para el despliegue
del capitalismo, o de unas nuevas reglas del capitalismo, que están
procurando la consolidación absoluta de sistemas (políticos)
que se plieguen a los intereses de los capitalistas. Ese "momento"
es el de la globalización de la economía y por tanto
de las reglas del juego de las relaciones capital y trabajo. Así
se une inequívocamente el progreso social y económico
con un único tipo de pensamiento, y ¡¡ay de aquél¡¡
que no lo diga así de claro, que "el mejor sistema es
el democrático (occidental y capitalista) que además
es el único que respeta la economía de mercado".
¿O no es así?. Y ya sabemos que la economía
de mercado está hoy en manos del pensamiento neoliberal,
¿es así?
Parece "demodée"
afirmar, y sin duda ya no es "políticamente correcto"
decirlo (si alguien lo afirmara se le mirará no ya con asombro
sino con la sensación de que se trata de un loco, iluminado
o marginal, o que "juega a hacer su revolución"),
que estamos en una sociedad en la que consumimos mucho más
de lo que necesitamos (lo cual obviamente es interés de las
empresas capitalistas cuyo fin único es producir, producir,
y producir, para ganar, ganar, ganar, a cambio de que haya consumidores
que solo compren, compren, compren, por lo que interesa cada vez
más que callen, callen y callen, y que no se debata nada,
nada, nada, en los medios de comunicación sobre ello) y que,
por salud o higiene mental y por sentido común, deberíamos
ser más austeros en el consumo para "repartir"
mejor, y conformarnos colectivamente (y por supuesto reivindicarlo
a través de las luchas cuando así no se produzca)
con asegurar que el bienestar de vida lo sea para todos y todas,
lo cual no sería poco ni una mala opción de izquierdas,
(por ejemplo reclamando y exigiendo que el bienestar colectivo pase
por generalizar el "Estado de bienestar" a toda la ciudadanía
sin exclusiones) y, una vez conseguida la seguridad física
en la vida, o la percepción de rentas dignas y suficientes
para el conjunto de la población, es decir asegurado nuestro
bienestar mínimo colectivo, disfrutar e ir consiguiendo que
se generalice el acceso al mundo de la cultura, o del ocio que gratifica
y enriquece a la persona, o desarrolla el bienestar familiar y social.
El corporativismo
político, y sindical, (puede que inconscientemente, siendo
moderados en nuestra afirmación) nos conduce a sólo
asegurar valores donde primen el bienestar individual, derivado
del cual está el consumismo irracional (eso sí, el
libre acceso al consumo, con libertad de horarios si es posible
para que siempre y en cada lugar podamos consumir), pero no a que
todos y todas tengamos rentas básicas que nos aseguren bienestar
mímimo y solidario para el conjunto de la ciudadanía.
Luchar contra
los males del capitalismo globalizador, si es eso lo que deseamos,
es luchar contra los males de la economía en cada país
como base de las relaciones sociales. Por eso tenemos que hacer
política, cuando desde los movimientos que denunciamos los
efectos perversos de la globalización financiera, reivindicamos
que la política debemos rescatarla del creciente secuestro
que de ella se hace por la economía, o por las grandes corporaciones
financieras o económicas que "mandan" en el mundo:
FMI, OCDE, BM, OMC. La democracia, las decisiones de los pueblos,
el poder soberano de los ciudadanos, no se ejerce ni se desarrolla,
y queda secuestrada por lo que deciden organizaciones que no son
democráticas y que no representan los intereses de los pueblos,
de las mayorías (que producen y consumen precisamente para
que otros vivan muy bien, y crecientemente más bien). ¿No
les parece mentira que los partidos políticos no se den cuenta
de que están secuestrados en sus decisiones por otros que
no se representan más que a sí mismos?
Nos dicen los
apologetas de la globalización: "La globalización
solo traerá cosas buenas para toda la humanidad ¿cómo
puede haber gente que no lo vea?". Sin embargo, nosotros creemos
que una vida buena para toda la humanidad (una "mejor vida"
es lo que les espera a algunos pueblos que sufren las consecuencias
de los efectos perversos de la globalización, y si no, que
se lo pregunten a los que acuden desde el Sur -por ejemplo en pateras-
a la llamada de "lo bien" que se vive en el Norte -bienestar,
democracia, ocio y placeres- reproducida por los medios -que tienen
acceso desde el Norte a todos los países, pues para eso se
desarrolló e implantó hace más de 15 años,
eso sí "libre y democráticamente", el "free
flow of information" -libre flujo de la información-
) sólo será posible cuando en cada Estado se construya
una "vida buena" para sus habitantes.
¿Es coherente
denunciar que hay explotación en otros países si no
denunciamos la explotación que conozcamos en nuestro país?.
Seamos coherentes y no hablemos, a veces, de abstracciones retóricas,
por muy bien intencionadas que estén, sino de concreciones
reales que conozcamos en nuestro país, para que, al menos,
las pongamos en igual plano que las denuncias que hagamos sobre
otros países.
Por eso entendemos
que desde lo local, aunque no sea exclusivamente desde ese ámbito,
es donde tenemos que denunciar con hechos concretos, con ejemplos
conocidos por la población que nos rodea y a quien nos dirigimos
con nuestras denuncias y con nuestras propuestas, los efectos perversos
que está trayendo la globalización de la economía.
Actuar desde lo local, (como, por citar un ejemplo concreto, lo
están haciendo en Valencia el "collectiu pa amb tomaca",
denunciando "globalización mundial" y "los
aspectos concretos de su realidad cotidiana local"), nos permitiría
hacernos entender y conseguir que, cuando hablemos de nuestras propuestas,
mucha gente (sobre todo gente joven) nos comprenda, y es ahí
donde desde el pensamiento crítico debemos ser un aldabonazo
en las conciencias adormecidas o instaladas o desinformadas.
Tenemos que
denunciar que los llamados aumentos de productividad, en manos del
capital no redundan en un menor tiempo de trabajo, y por tanto en
un reparto de trabajo y bienestar para toda la población,
sino en un paro estructural e irreversible (o un empleo tan precario
y tan mal retribuido que no deja margen para discernir si se gana
más con ese salario o con el subsidio o con el paro).
Ahora se nos dice por los partidos políticos (parece ser
el nuevo "pensamiento políticamente correcto")
que tienen como objetivo el pleno empleo. Bien está. ¡¡Claro¡¡...pero...¿qué
tipo de empleo?. En realidad, me temo, que se trata de hacernos
ver que todos (o casi todos) tendremos o debemos tener "pleno
empleo", pero no se nos dice nada de su "cualidad",
de si será o no precario, ni de las consiguientes especificaciones
que ese empleo tendrá en el mundo capitalista, ni, por tanto,
de lo que el mundo capitalista atribuye a ese tipo de empleo. ¿Qué
tipo de relación, por cierto, habrá de ese pleno empleo
con el ocio? ¿y con el subempleo o con el empleo sumergido?
¿y con el trabajo -empleo legal o ilegal- de los emigrantes
para los trabajos más ingratos?. ¿Porqué no
debatir públicamente sobre esto?
Las relaciones
laborales son un aspecto central en la vida de las personas. Y sin
embargo cada vez más éstas se desentienden de ellas,
en sentido colectivo, en la medida que se entiende de forma generalizada
que solo compete hablar o defender esas relaciones laborales a "los
que saben", a los "entendidos", a los que culturalmente
la sociedad llama los "informados", es decir a los partidos
o a los sindicatos, es decir, a las institucions en definitiva que
viven del propio sistema, que a la postre manejan casi en su totalidad
una única forma de interpretar el mundo.
El despliegue
del capitalismo globalizado es cada vez más el despliegue
de las reglas de juego del trabajo asalariado precario en las que
la principal regla es que no haya reglas o que no haya muchas reglas
para impedir la contratación (al precio que sea) o el despido
de un trabajador o trabajadora cuando el empresario quiera y desee,
sin que el Estado "le llame la atención" (pues
ya se sabe, el Estado debe dar libertad a la sociedad y no inmiscuirse
donde solo debe diálogo entre patronos y asalariados, o como
mucho sindicatos).
La nueva y emergente
tipología del trabajo asalariado, su escasez, su calidad,
su degradación, sólo se explican por la trama de relaciones
sociales en las que se inscribe y que (aunque sea indirectamente)
lo legitima socialmente como un pensamiento "políticamente
correcto". El modo actual de producción capitalista,
que se está internacionalizando a través de los organismos
que precisamente se encargan de ello, está produciendo una
escisión entre la persona que trabaja respecto a los medios
de trabajo, los recursos para subsistir, el producto producido y
los fines de la actividad laboral.
Se nos está
haciendo que comulguemos con dogmas tales como que "los puestos
de trabajo son propiedad privada de los empresarios a los que mejor
por el país no cabrear pues para eso crean riqueza",
empleadores que, se nos trata de convencer, que deben dar o quitar
el trabajo en base a su legítimo (y pretendidamente) exclusivo
interés, y que además son los que "enriquecen
a todo un país y por tanto les debemos considerar benefactores
sociales pues gracias a ellos todos tenemos bienestar, progreso
y riqueza".
Pero sigue habiendo muchos problemas con los hombres y mujeres del
mundo, y en nuestro país obviamente los hay con los excluidos,
con los desocupados, con los que no tienen rentas, o con los que
viven con una renta por debajo del umbral de la pobreza, y también
con los asalariados (o con los nuevos asalariados) o con los que
buscan empleo. Los problemas, es verdad, existen para unos más
que para otros. Y tendremos que discriminar nuestro objeto de reflexión
y denuncia, y priorizar por tanto.
Y entre los
que más problemas tienen están las mujeres que buscan
un empleo desesperadamente, y no hallan más que ofertas explotadoras,
cuando las encuentran, y están sobre todo los jóvenes,
chicos y chicas, recién licenciados o graduados, o con sólo
los estudios primarios, que también quieren acceder a su
primer empleo, y no lo encuentran, o lo encuentran con unas reglas
de juego laborales de las que nadie o casi nadie se está
preocupando por denunciarlas o corregirlas o impedir que existan
simplemente.
La lógica
del capitalismo globalizado, o lo que es lo mismo y también,
la lógica del trabajo asalariado, está agravando los
problemas de las relaciones laborales, y crecientemente de una todavía
minoría, pero cada vez será más mayoría,
cual es la de los jóvenes que sufren en silencio (ante la
ausencia de organizaciones que los protejan, amparen, orienten,
ayuden, o abanderen su causa) su explotación laboral, a cambio
de mantener el empleo tan ansiadamente buscado.
Las condiciones laborales de muchas mujeres, y sobre todo de hombres
y mujeres jóvenes, son de auténtica explotación:
incumplimiento del Estatuto de los Trabajadores, ausencia de "comités
de empresa" en la empresa donde trabajan, realización
de contratos ilegales o alegales, violación de la legislación
laboral, retribución con sueldos mínimos, jornadas
laborales con horarios de locos que no se conocen hasta el día
anterior donde se les fija el turno que les corresponderá
al día siguiente, entrada y salida de la empresa a criterio
del empleador, es decir alta y baja o despido sin garantías
de cumplimiento de la legalidad establecida, régimen interno
donde más que en una organización estimuladora o motivadora
parece que se está en una cárcel donde no se puede
ni levantar una persona de su asiento sin dar cuenta a su supervisor
de lo que va a hacer levantado cuando lo que sólo existe
es cansancio o agotamiento, ausencia de la libertad de expresión,
supuestamente consagrada en la Constitución para todos y
todas, imposibilidad de hablar con alguien para manifestar tu queja
o sugerencia de modificación de las condiciones organizativas
del trabajo, etc. etc.
Las cifras
oficiales cantan: en España había en 1985 cuatro millones
de parados y de eventuales. En el 2000, tenemos seis millones en
total. ¿Son muchos? ¿Son pocos?: son personas a las
que debemos ayudar desde las organizaciones que denunciamos los
efectos perversos de la globalización económica.
Según
la EPA (encuesta de población activa) del 2º trimestre
del 2000, de los 11,5 millones de asalariados, hay 7,7 millones
de trabajo con contrato indefinido y 3,7 de contrato temporal (de
los que 500 mil son "a tiempo parcial", siendo en 1990
sólo de 200 mil).
De los 2,3 millones
de parados (ver la EPA, 2º trimestre de 2000) casi 700 mil
son jóvenes entre 16 y 25 años, casi 300 mil son chicos
y casi 400 mil son chicas (186 mil son jóvenes de 16 a 20
años, y 444 mil son jóvenes de 20 a 24 años),
existiendo 1,5 millones de personas paradas entre 25 a 54 años.
No olvidemos
que oficialmente, para el INEM, son parados los que están
inscritos en las oficinas de empleo. Con ello quedan fuera de las
estadísticas laborales las personas que ya han renunciado
a conseguir un trabajo a través de la vía oficial.
Con todo lo
anterior, nos ratificamos en que la denuncia de los efectos perversos
de la economía globalizada, como la lógica dominante
del fin del siglo XX, no sólo nos exige una mirada sobre
las dinámicas continentales y planetarias, sino que creemos
que es imprecindible mirar (mirarnos hacia adentro) hacia las dinámicas
particulares (hacia los "submundos" del mundo supuestamente
desarrollado y paradigma del bienestar social, político y
económico) como la realidad más inmediata que tenemos
en nuestro país, si no queremos incurrir en una grave contradicción
con lo que denunciamos del exterior.
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