énova
es un nombre asociado
con la aparición del capitalismo en Europa hace seis siglos. Ahora, Génova
puede convertirse en símbolo de la crisis de la globalización
corporativa
El asedio que miles de manifestantes
están planificando realizar alrededor de la cumbre anual del Grupo de
los Ocho (G8) que tendrá lugar en esa histórica ciudad durante
la tercera semana de julio, se ha vuelto emblemático del estado de asedio
global que ahora rodea a las instituciones claves de la economía y de
la política global.
El contexto histórico de la
reunión es que en menos de una década, el sistema global capitalista
ha pasado del triunfo a la crisis. En momentos en que el mundo se encuentra
al borde de una recesión profunda, nos convendría analizar algunas
de las dimensiones claves de esta transición histórica, es decir
las múltiples crisis que sacuden el proyecto globalista.
La última década del
siglo veinte empezó con el colapso resonante de las economías
socialistas de Europa del Este y mucha bulla triunfalista sobre el génesis
de una economía global impulsada por el mercado que dejaría obsoletas
a las fronteras y que rodaría gracias a los avances en la tecnología
informática. Los agentes claves de la nueva economía global fueron
las empresas transnacionales, que se presentaron como la encarnación
de la libertad del mercado debido a su mayor capacidad para lograr la más
eficiente combinación de: tierra, mano de obra, capital y tecnología.
A mediados de la década nació
la Organización Mundial del Comercio (OMC) que fue pintada por los militantes
de la globalización como la manera de proveer el andamiaje legal
e institucional de la nueva economía global. Al crear un sistema global
que radicaba en las reglas basadas en el principio primordial de un comercio
más libre, la OMC serviría como el catalizador de un proceso económico
que rendiría el mayor beneficio para el mayor número de gente.
Fue el tercer pilar de una Santa Trinidad, que serviría como guardián
de un nuevo orden económico, en conjunto con los otros dos, el Fondo
Monetario Internacional que promovería un flujo de capitales cada vez
más libre, y el Banco Mundial que supervisaría la transformación
de los países en desarrollo según la receta de libre mercado,
y manejaría su integración en la nueva economía mundial.
La Crisis del Multilateralismo
Sin embargo, aún cuando los
profetas de la globalización hablaron de una creciente caducidad de los
estados nacionales y la irrelevancia cada vez mayor de los intereses nacionales,
el beneficiario principal del orden global Post Guerra Fría fue EE.UU.
Aunque supuestamente fue un mecanismo de libre comercio, los acuerdos principales
de la OMC promovieron un monopolio para las empresas estadounidenses: El Acuerdo
sobre Los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio consolidó
el dominio de las empresas de EE.UU tales como Intel y Microsoft sobre las innovaciones
de alta tecnología, mientras el Acuerdo sobre Agricultura institucionalizó
un sistema de competencia monopólica por los mercados de terceros países,
entre los intereses agro-industriales de EE.UU. y la Unión Europea.
Cuando la crisis financiera asiática
hundió a países vistos por muchos miembros de las élites
políticas y empresariales de EE.UU. como los competidores más
formidables de EE.UU, Washington no intentó salvar a las economías
asiáticas con la promoción de políticas de expansión.
Más bien, utilizó al FMI para que desmantele las estructuras de
un capitalismo asiático asistido por el estado, lo que era considerado
como barrera importante a la entrada de bienes e inversiones de las transnacionales
estadounidenses que por años clamaron ferozmente por su pedazo del "Milagro
Asiático". Fue menos un asunto de creer en la repartición
de los supuestos beneficios del libre comercio, que maximizar las ventajas geo-económica
y geo-estratégica, la verdadera razón d el apoyo de EE.UU a las
políticas del FMI, Banco Mundial y la OMC. Como señaló
Chalmers Johnson, no es difícil creer que el comportamiento oportunista
de Washington durante la crisis financiera asiática reflejó el
hecho de que "al haber derrotado a los fascistas y a los comunistas, EE.UU
ahora busca derrotar a sus últimos rivales para el dominio global: las
naciones del Este de Asia, que aprovecharon de las condiciones de la guerra
fría para enriquecerse"
La estrategia preferida de EE. UU.
para alcanzar sus intereses durante la mayoría del período Post
Guerra Fría fue actuar bajo una capa multilateral, ya sean las instituciones
Bretton Woods, las Naciones Unidas, o el Grupo de los Ocho, quienes le proveyeron
el marco para el "liderazgo hegemónico". No obstante, cuando
estas instituciones obstaculizaron los intereses de EE.UU éste no vaciló
en actuar de forma unilateral. Así fue, y cada vez con más frecuencia,
durante los años 90, al eliminarse los incentivos para el comportamiento
multilateral por la competencia Soviética.
En lo que tuvo que ver con la ONU,
quedó de manifiesto el uso instrumental de las agencias multilaterales.
Mientras utilizó a la ONU para cubrir su política de aislamiento
a Iraq, al mismo tiempo Washington negó a la ONU el pago de sus cuotas
por no haberse sometido plenamente a la política estadounidense. Y cuando
no pudo lograr un mandato a través de la ONU, simplemente la ignoró
y empezó a trabajar a través de instituciones más flexibles,
por ejemplo cuando utilizó la cobertura de la OTAN para realizar el bombardeo
a Yugoslavia durante el conflicto en Kosovo.
El G8 (entonces G7, sin Rusia) surgió
en la década de los setenta para proveer un mecanismo de toma de decisiones
más multilateral entre los países capitalistas más avanzados,
en particular en materia económica. Pero, especialmente bajo la administración
actual de George W. Bush Washington ha tomado un rumbo unilateralista que ha
acarreado agudos conflictos con otros miembros sobre los aspectos candentes
de Cambio Climático, la Defensa Anti Misiles, y la reconciliación
entre los dos Coreas. El brusco abandono de un acuerdo negociado con mucha dificultad,
el Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático, señala un histórico
punto bajo en el comportamiento unilateral, y no se puede subestimar su contribución
a erosionar la alianza entre EE.UU y la Unión Europea que ha servido
como base de la hegemonía occidental durante los últimos cincuenta
años.
La Crisis de Legitimidad
Una creciente dependencia del unilateralismo
por parte de EE.UU y su manipulación descarada de los mecanismos multilaterales
para lograr la hegemonía, fue una fuente clave de la crisis de legitimidad
que empezó a afectar al orden global a finales de los noventa. Pero,
tan importante como esta erosión del multilateralismo como fuente de
deslegitimación, es la comprensión generalizada de que
el sistema no pudo cumplir con su promesa. Y que el sistema no haya dado prosperidad
a todos, sino apenas la ilusión, fue algo conocido desde hace tiempo
por algunos observadores. Sin embargo, la realidad de la creciente pobreza y
desigualdad global fue neutralizada por las altas tasas de crecimiento y prosperidad
en unos pocos enclaves de la economía mundial. Por ejemplo, el Este de
Asia durante los años 80, donde las tasas fueron tomadas (equivocadamente)
como parangones del desarrollo alineado con el mercado. No obstante, cuando
colapsaron esas economías, en 1997, salieron a la luz del día
las locuras de la economía neoliberal. Todas las explicaciones de que
esa crisis fue el resultado de un capitalismo clientelar, no pudieron encubrir
el hecho de que fue la liberalización de los capitales especulativos
de las restricciones regulatorias, en mayor parte debido a la presión
del FMI, la que provocó el colapso asiático. El FMI también
fue examinado severamente por haber impuesto programas draconianos sobre las
economías asiáticas luego de las políticas de crisis que
sólo aceleraron la contracción económica, salvaron a la
banca y a los inversionistas especuladores extranjeros, y reestructuraron las
economías según el "patrón americano".
El papel del FMI en el Este de Asia
provocó un nuevo análisis de su rol en imponer los programas de
Ajuste Estructural en muchas partes de Africa, el Sur de Asia, y América
Latina durante los años 80, y el hecho de que, como en Asia, estos programas
exacerbaron el estancamiento, ampliaron la desigualdad, profundizaron la pobreza.
Tanto así, que el FMI, en un esfuerzo desesperado por limpiar
su historia, cambió el nombre de la Facilidad del Fondo de Ajuste Estructural
Extendido (ESAF en inglés) por la Facilidad para el Crecimiento y la
Reducción de la Pobreza, antes de la reunión anual Banco Mundial/FMI
en Washington en septiembre de 1999.
La crisis financiera asiática
provocó la desintegración de la legitimidad del FMI. En el caso
de la OMC, la situación se tornó más dramática aún.
En los últimos cinco años de la década, cada vez más
gente y comunidades se dieron cuenta de que al adherirse a la OMC, firmaron
una especie de carta de dominio empresarial que veneraba lo que el conocido
activista de los consumidores, Ralph Nader, llamó el principio de "comercio
uber alles", o comercio corporativo por encima de la equidad, la
justicia, el medio ambiente, y casi cualquier cosa importante para nosotros.
Muchos países en desarrollo descubrieron que al unirse a la OMC cedieron
sus derechos al desarrollo. Las muchas corrientes de descontento y oposición
se juntaron en las calles de Seattle, y las salas de reunión del Centro
de Convenciones de Seattle, en diciembre de 1999, para rebatir la Tercera Reunión
Ministerial y desencadenar una severa crisis institucional que todavía
mantiene en vilo a la organización.
El Banco Mundial, bajo el liderazgo
del australiano transformado en estadounidense, James Wolfenshon, pareció
tomar un rumbo que le permitiría escapar de los daños sufridos
por sus instituciones hermanas, hasta que ésta también se encontró
bajo fuego a principios del 2000 por parte de una fuente inesperada: la Comisión
Meltzer. Desde que asumió el manejo de la organización a mediados
de los años 90, Wolfensohn logró relativizar las críticas
a través de un trabajo de relaciones públicas muy eficiente y
la cooptación a Organizaciones No Gubernamentales. Pero cuando las críticas
de gente de izquierda fueron repetidas por una comisión creada dentro
del Congreso de EE.UU., el juego terminó. La Comisión, encabezada
por el académico conservador Alan Meltzer, concluyó que en cuanto
a su objetivo declarado de eliminar la pobreza a nivel mundial, la actuación
del Banco fue miserable y que sería mejor encargar la tarea a cuerpos
regionales.
No debe sorprender que ante las críticas
de la izquierda y de la derecha, haya una retórica sobre la reforma del
sistema mutlilateral en las agencias multilaterales y los gobiernos del G8,
que son sus auspiciantes más poderosos. La cancelación de la deuda,
una nueva arquitectura financiera global, y la reforma de la estructura de toma
de decisiones en la OMC y en los gemelos Bretton Woods, constan entre los aspectos
de alto perfil que crearon expectativas de cambio.
En la mayoría, estas iniciativas
han resultado decepcionantes, con poca acción concreta. La más
prominente iniciativa de reforma, el plan del G8 de aliviar el servicio de la
deuda externa de los 41 países pobres altamente endeudados (los HIPC),
en realidad sólo rindió una reducción de mil millones desde
que empezó en 1996 – es decir una reducción en el servicio de
su deuda de sólo 3% en cinco años!
En lo que tiene que ver con la arquitectura
financiera internacional, se ha evitado una discusión seria sobre los
controles al capital especulativo, como es el impuesto Tobin. Un FMI no reformado
sigue al centro del "sistema de apagar incendios". Una línea
de crédito preventiva del Fondo (que ningún país quiere
utilizar), y un Foro de Estabilidad Financiera sin dientes – en el cual hay
poca participación de los países en desarrollo – parecen las únicas
"innovaciones" que emergieron de las crisis asiática, brasileña,
y rusa, de los últimos tres años.
Supuestamente el G8 iba a liderar
la reforma de las estructuras de toma de decisiones de las instituciones multilaterales
que establecen las reglas y manejan el capitalismo contemporáneo. Sin
embargo, la discusión sobre cómo democratizar la OMC se desvaneció,
y según el Director General, Mike Moore, el poco transparente sistema
de "consenso" que desencadenó la revuelta de los países
en desarrollo, en Seattle en diciembre 1999, es "no-negociable" Y
en cuanto al FMI y el Banco Mundial, ya no existe discusión sobre la
posibilidad de quitarles el poder de voto a EE.UU y la Unión Europea
para favorecer a los países en desarrollo, menos aún eliminar
la práctica medieval de siempre de seleccionar un europeo para encabezar
el Fondo, y un estadounidense para liderar el Banco.
La Corporación bajo la lupa
A finales de la última década
del siglo veinte, se evaporó el triunfalismo que caracterizó a
los inicios de la década, lo que dio paso a una profunda crisis de legitimidad
del orden multilateral. Esta crisis, además, se tradujo en una creciente
incomodidad global respeto al principal actor de la globalización: la
corporación multilateral.
En los años 90 varios factores
se juntaron para enfocar la atención del público en la corporación
– los más extraordinarios de estos fueron: las prácticas depredadoras
de Microsoft; las depredaciones ambientales de Shell; la irresponsabilidad de
Montsanto y Novartis en promover los organismos genéticamente modificados
(transgénicos); la explotación sistemática de la mano de
obra sumamente barata por parte de Nike; y el encubrimiento por parte de Ford
, Firestone y Mitsubishi, de defectos serios en sus productos. El sentido de
emergencia ambiental también se difundía a inicios del siglo 21,
y para un creciente número de gente, fue posible ver la causa del rápido
deshielo de las capas polares en las políticas de las grandes empresas
petroleras, en la promoción continua de una inestable civilización
petrolera por parte de las grandes empresas de autos y, en un sentido más
general, en el proceso de crecimiento descontrolado impulsado por las corporaciones
transnacionales.
Irónicamente, en EE.UU fue
durante el apogeo de la Nueva Economía cuando la desconfianza en la corporación
alcanzó su nivel más alto en décadas. Según una
encuesta realizada por Business Week, "72 por ciento de estadounidenses
dicen que las empresas ejercen demasiado poder sobre su vida" . La revista
advirtió "América Corporativa, ignora estas tendencias a
su riesgo".
Algunos de los miembros más
iluminados de la élite global tomaron estas advertencias en serio, y
su reunión anual en Davos, Suiza, se convirtió en el espacio para
elaborar una respuesta que iría más allá de la fracasada
estrategia de negar que la globalización corporativa creará problemas
tremendos, y para promover una visión de la "globalización
con compasión". No obstante, la tarea fue descomunal, porque se
volvió cada vez más evidente que en un mercado global sin regulación,
fue cada vez más difícil reconciliar las demandas de responsabilidad
social con las demandas de rentabilidad. Lo mejor que una "globalización
con conciencia" podría ofrecer es, como admitió el conocido
promotor de la globalización, C. Fred Bergsten, un sistema de "redes
tradicionales de seguridad ... para ayudar a ajustar el trastorno" y "habilitar
a la gente para que aproveche del fenómeno (de la globalización)
y vaya con él en vez de oponerse a él"
El Nexo Estratégico
El poder de las corporaciones es
una dimensión del poder global. Pero existe un poder estratégico
de iguales consecuencias, que más que el poder corporativo, se concentra
en EE.UU. No se puede presumir, como en el marxismo ortodoxo, que el poder estratégico
esté determinado por la dinámica del control corporativo. No se
puede presumir que el estado de EE.UU sea un simple sirviente de los intereses
de las corporaciones de ese país. Efectivamente, en Asia el motivo principal
de la política de EE.UU ha sido la extensión estratégica
antes que el expansionismo corporativo, por lo menos hasta mediados de los ochenta.
Y en el caso de China, el deseo del capital estadounidense de explotar el mercado
chino ha discrepado con cada vez mayor frecuencia con el Pentágono, que
ve en China un enemigo a ser interceptado en vez de asistido por capitales occidentales
que lo convertirán en una verdadera amenaza. De hecho, en muchas instancias
puede ser que el poder corporativo y el poder estatal no están sincronizados.
Dicho esto, un objetivo primordial
del estado militar estadounidense transnacional muy bien instalado en Asia del
Este, en Oriente Medio, y Europa, y que proyecta su poder sobre el resto del
planeta, es el mantenimiento de un orden global que asegure la primacía
de los intereses económicos de EE.UU. Puede ser que el columnista del
New York Times, Thomas Friedman, se equivoque sobre los impactos benéficos
de la globalización, sin embargo, tiene toda la razón cuando asevera
que:
La mano invisible del mercado
nunca funcionará sin un guante escondido. McDonalds no puede prosperar
sin McDonell Douglas, el diseñador del avión F-15 de la Fuerza
Aérea de EE.UU. Y el guante invisible que mantiene a salvo el mundo
para el florecimiento de las tecnologías de Valle Silicona se llama
el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, y el Cuerpo de Marines
de EE.UU.
Con la creciente ilegitimidad de
la globalización corporativa, y la brecha cada vez más grande
entre la minoría próspera y una mayoría cada vez más
marginada, la intervención militar para mantener el estatus global se
convertirá en un aspecto constante de las relaciones internacionales,
sea que ésta se justifique en base a la lucha contra el narcotráfico
o el terrorismo, la contención de los estados "peligrosos",
la oposición al "fundamentalismo islámico" o la
contención a China.
No obstante, no es posible decir
que la estructura militar hegemónica de EE.UU padece de una crisis de
legitimidad tan profunda como la que afecta a los procesos y a las instituciones
de la globalización corporativa. La estructura militar estadounidense
permanece sólidamente enraizada en Europa y Asia, por una razón
ideológica: el profundo temor de las élites europeas y asiáticas
de que, sin la actuación de EE.UU como "hegemón benévolo",
ellas solas no pueden generar órdenes regionales que garanticen la paz
entre sí.
De todas maneras, este sentimiento
no es tan fuerte como antes. El colapso del poder soviético creó
la condición para que los aliados de Washington re-evalúen el
rol del poder de EE.UU. Han aumentado las dudas ante la insistencia del Pentágono
de construir un sistema de defensa anti misiles - más contra enemigos
potenciales que reales- mientras prepara una nueva cruzada de guerra fría
contra China. Efectivamente, estos acontecimientos abrieron los ojos de muchos
aliados de Washington sobre el hecho de que la mayor amenaza para la seguridad
de ellos ahora puede ser Washington mismo.
La Degeneración Democrática
Sin embargo, no es el poder militar
o corporativo la mayor fuerza de EE.UU sino, siguiendo el pensamiento del italiano
Antonio Gramsci, el poder ideológico – su "poder suave"
Estados Unidos es una democracia
Lockeana, y su habilidad de proyectar su misión como la extensión
de sistemas centrados en elecciones libres para escoger gobiernos cuyo objetivo
es la promoción de los derechos y libertades liberales, sigue siendo
una importante fuente de legitimidad en muchas partes del mundo. La tendencia
en el Tercer Mundo de abandonar los regímenes autoritarios a cambio de
democracias formales resultó a pesar de EE.UU., antes que por su causa.
Pero, en particular bajo la administración de Clinton, Washington aprovechó
exitosamente los vientos democráticos, y en el proceso proyectó
la imagen de opositor a las dictaduras en vez de partidario de los regímenes
represivos.
Sin embargo, durante los últimos
años las democracias estilo Washington o Westminster – o como William
Robinson las llamó "poliarquías" – con su enfoque en
los derechos y elecciones formales y su sesgo contra la equidad económica
lograda a través de medidas como la redistribución de recursos
e ingresos – degeneraron en sistemas políticos cada vez más estancados
y polarizados como los de Filipinas, Brasil, y Pakistán. El Banco Mundial
y el Banco Asiático de Desarrollo hablan continuamente de la plaga de
la corrupción en los países en desarrollo. No obstante, la corrupción
más profunda es la que está empotrada en las estructuras políticas
y económicas que sólo son superficialmente democráticas
pues son pervertidas por las realidades de la inequidad económica, que
es la mayor preocupación de la vasta mayoría de gente del Sur.
El estancamiento de los sistemas
democráticos liberales del Tercer Mundo sucedió al mismo tiempo
que un número cada vez mayor de estadounidenses comprendió que
su democracia liberal está tan corrompida por la política del
dinero de las corporaciones que merece ser designada como una plutocracia. De
hecho, señala William Pfaff, "en ninguna parte existe algo de la
escala del sistema Americano de gastos e influencia políticos" El
hecho de que el candidato más favorecido por las Grandes Corporaciones
perdiera el voto – y según algunos estudios el voto electoral también
– y aún así logró la presidencia de la democracia liberal
más poderosa del mundo no ayudó a apuntalar la legitimidad del
sistema político de un país que muchos observadores han descrito
como ya metido en "una guerra civil cultural"
También existe una creciente
crisis relacionada con el gobierno democrático en Europa, en parte debido
a que los partidos políticos son cada vez más cautivos de los
intereses del dinero, como demostró el caso de Helmut Kohl y el partido
Demócrata Cristiano de Alemania. Pero existe otra causa, que es el proceso
poco transparente utilizado por las élites tenocráticas aliadas
con las élites corporativas en nombre de la integración y recionalización
europea, para erosionar el principio de subsidiaridad. Esto lo hacen canalizando
el poder efectivo de la toma de decisiones hacia las estructuras tecnocráticas
que permanecen fuera del control de los votantes, y en cuya cumbre se encuentra
la Comisión Europea.
La Crisis de Sobreproduccción.
Desde el punto de vista de las élites
del Norte, lo que hace tan volátil a la crisis de legitimidad de la instituciones
claves del sistema económico y político global, es la manera en
que ésta se cruza con la profunda crisis estructural de la economía
global.
Nació el G8 para coordinar
las políticas macro económicas de los países ricos y navegarlas
entre la Scylla de la inflación y el Caribdis del estancamiento. Sin
embargo en los últimos años resultó difícil sincronizar
las iniciativas fiscales y monetarias, y la poca cooperación que se alcanzó
no logró sacar a Japón de su recesión de una década,
o evitar el inicio de una nueva recesión global.
La razón de por qué
la recesión parece inmune a los mecanismos ortodoxos y monetarios, aún
cuando estos se coordinan internacionalmente, es que los desequilibrios están
creciendo desde hace tiempo. El auge a inicios y mediados de los noventa provocó
una explosión de actividad de inversión a nivel global que a su
vez conllevó a una tremenda sobre capacidad en todas partes. Los indicadores
son claros. La capacidad de la industria de computadoras de EE.UU estaba creciendo
en un 40% por año, muy por arriba de los proyectados incrementos de la
demanda. La industria automotriz global ahora vende sólo 74% de los 70,1
millones de carros fabricados cada año. Hubo tal cantidad de inversión
en la infraestructura global de comunicaciones que informan que el tráfico
llevado por las redes de fibra óptica alcanza sólo 2,5% de la
capacidad instalada.
Visto en retrospectiva, las ganancias
del sector corporativo de EE.UU dejaron de crecer después de 1997, lo
que llevo a una oleada de fusiones, con el propósito principal de eliminar
competencia. Las más prominentes fueron la unión entre Daimler
Benz - Chrysler – Mitsubishi, la compra de Nissan por Renault, las fusiones
entre Mobil – Exxon, y entre BP – Amoco – Arco, y la gigantesca "Alianza
Estrella" dentro de la industria aeronáutica.
Otra avenida tomada para evitar la
caída de rentabilidad industrial fue canalizar la inversión hacia
la actividad especulativa, sobre todo en la bolsa y el sector de bienes inmuebles,
lo que acarreó el auge y colapso espectacular en el Este de Asia en los
años noventa. Fue esta misma fiebre especulativa la que durante los años
noventa sostuvo al complejo Wall Street Silicon Valley que a su vez impulsó
a la economía de EE.UU. como a la global. Durante algún tiempo
esta "Nueva Economía" parecía negar las leyes económicas,
mientras estrellas del Internet como Amazon.com, registraron una explosiva y
aparentemente continua subida en el valor de sus acciones aún cuando
seguían operando a pérdida.
Pero todo el discurso sobre la aparición
de una nueva economía se desvaneció cuando la ley de la gravedad
alcanzó al sector especulador a fines de los noventa, con el resultado
de la pérdida de U.S.$4,600,000,000,000 del dinero de los inversionistas
en la Bolsa de Wall Street, una suma que, como señaló Business
Week, equivalió a la mitad del PIB de EE.UU, y cuatro veces a la riqueza
borrada en el crac de 1987.
En resumen, son cada vez más
claros dos aspectos de esta crisis estructural: ya no tiene que ver con un colapso
"rutinario" y viene en un momento extraordinario de gran desafecto
popular con el proyecto globalista y sus instituciones claves.
El Movimiento Global de Protesta
Visto así, y con la crisis
de legitimidad cada vez más profunda de las instituciones principales
del sistema global a finales de los años noventa, Seattle fue un cataclismo
que se venía. La fuerza de la reprimida ira global siguió expresándose
en Washington durante las reuniones del Banco Mundial/FMI en la primavera del
2000; en Chiang Mai Tailandia, durante la reunión anual del Banco Asiático
de Desarrollo en mayo de 2000, en Melbourne durante el Foro Económico
Global, a inicios de septiembre 2000, y en Praga durante la reunión del
Banco Mundial /FMI a finales de septiembre 2000.
Mientras la élite global se
reunía en Davos, Suiza, a finales de enero del 2001 para analizar el
significado del creciente "movimiento anti globalización" unos
12,000 representantes de las organizaciones de la sociedad civil y movimientos
políticos se reunieron en Porto Alegre, Brasil, para aseverar que "es
posible otro mundo". El Foro Económico Mundial encontró su
némesis ideológica y política en el Foro Mundial Social.
Un aspecto de Porto Alegre fue la celebración del poder del movimiento,
otro fue el cobrar fuerza para el próximo paso. Ese paso tuvo como objetivo
la Cumbre de las Américas en la Ciudad de Quebec, a finales de abril
del 2001. Un propósito importante de la Cumbre era avanzar el Área
de Libre Comercio de las Américas (ALCA), proyecto clave de la élite
corporativa de EE.UU. A pesar del esfuerzo de los medios de comunicación
establecidos de pintar a los manifestantes como desinformados o anarquistas,
la confrontación de Quebec, como la de Seattle, fue un contratiempo grande,
en cuanto a legitimidad, para el sistema de globalización corporativa.
De igual manera, el enfrentamiento de 20,000 manifestantes ocupó el centro
del escenario durante la Cumbre de la Unión Europea en Gotenburgo, en
Junio.
Génova es la próxima
parada del expreso anti globalización
Para contener las tropas anti globalización
que ahora se encaminan hacia Génova, las autoridades italianas están
desplegando nerviosamente 20,000 policías y soldados, respaldados por
15 helicópteros, cuatro aviones, y siete naves. Una muestra del pánico
es el anuncio del gobierno de que cerrará el aeropuerto de Génova
entre el 18 y el 22 de Julio y acordonará un "área roja"
en el centro de la ciudad, que estará libre de manifestantes.
Impávidos, los organizadores
de la protesta dicen que traerán a Génova 200.000 personas y que
definitivamente sí entrarán al área roja. A lo mejor, los
manifestantes convertirán a Génova en el ejemplo más dramático
del "retiro de consentimiento" masivo que está sacudiendo el
corazón del sistema capitalista global.
Sin embargo, uno no debe sobre estimar
el impacto de las manifestaciones hasta la fecha, ni hacerse de la vista gorda
sobre sus debilidades en cuanto a una agenda compartida o la toma de decisiones.
Sin embargo tampoco hay que subestimar sus consecuencias. Uno de los promotores
más fervientes del Consenso de Washington, C. Fred Bergsten, ahora admite
que "las fuerzas anti globalización están en el ascenso".
Bergsten está obsesionado por un temor "gramsciano": las estructuras
del sistema todavía lucen sólidas, pero cuando desaparece el consenso
o legitimidad, puede ser sólo un asunto de tiempo antes de que las mismas
estructuras se desintegren, en particular cuando se toma en cuenta la crisis
de sobre producción arriba mencionada, junto con la recesión,
desempleo, e incrementos de la pobreza e inequidad que ésta conlleva.
El Futuro en Juego
Sin embargo, la crisis del sistema
no necesariamente resultará en otro sistema, más benigno, de relaciones
internacionales. Como mencionó visionariamente Rosa Luxemburgo, en la
primera parte del siglo veinte, antes de la aparición del fascismo en
una Europa plagada de crisis, que el desenlace puede ser la "barbarie",
en la cual los ideales y los temas de la oposición progresista son apropiadas
por fuerzas demagógicas, hostiles a la libertad, equidad y democracia.
Razón por la cual es tan crítica la articulación de las
alternativas o la alternativa. El gran reto de los opositores de la globalización
corporativa sigue siendo la creación de estas visiones y programas alternativos
centrados en un proceso participativo para crear las instituciones que de nuevo
subordinarán el mercado a la sociedad, promoverían la genuina
equidad entre géneros y colores, y entre y dentro de los países,
y establecerán una relación benigna entre la comunidad humana
y la biósfera.
Del éxito de esta tarea depende
el futuro que hoy pende de la balanza.
Walden Bello es el Director Ejecutivo
de Focus on the Global South, con sede en Bangkok, Tailandia, y profesor de
Administración Pública en la Universidad de Filipinas
1. Chalmers Johnson, Blowback:
The Costs and Consequences of American Empire (New York: Henry Holt and
Company, 2000), pág. 206.
2. Michael Moore Discurso ante la
UNCTAD X, Bangkok, 15 de Febrero, 2000
3. " Too Much Corporate Power"
Business Week, Sept 11, 2000, pág 53
4. "New Economy, New Social
Contract", Business Week, 11 de sept,2000, pág 80.
5. C. Fred Bergsten, "The Backlash
against Globalization," discurso ante la reunión de la Comisión
Trilateral, Tokyo, abril 2000 (Bajado del Internet).
6. Thomas Friedman, The Lexus
and the Olive Tree (New York: Farrar, Straus Giroux, 1999), pág.
50.
7. Ver William Robinson, Promoting
Polyarchy: Globalization, US Intervention, and Hegemony (Cambridge: Cambridge
University Press, 1996).
8. William Pfaff, "Money Politics
is Winning the American Election," International Herald Tribune, 11-12
de marzo, 2000, pág. 8
9. Ver entre otros análises,
Robert Brenner, "The Economics of Global Turbulence," New Left
Review 229 (may-junio 1998) y A. Gary Shilling, Deflation (Short
Hills, NJ: Lakeview Publishing Co., 1998).
10. "Too Much of Everything,"
Business Week, 9 de abril, 2001, pág. 74-76.
11. John Plender, "Falling from
Grace," Financial Times, 27 de marzo, 2001, pág. 14.
12. Ravi Arvind Palat, "Miracles
of the Day Before?: The Great Asian Meltdown and the Changing World-Economy,"
Development and Society, Vol. 28, No. 1 (junio 1999), pág. 40.
13. "When the Wealth is Blown Away,"
Business World, March 26, 2001, pág.33.
14. Bergsten,
"The Backlash against Globalization."