n
este trabajo me propongo analizar
el caso de una palabra, "globalización", así como
de las palabras que a partir de ella se han formado, bien por
derivación, bien por composición. Se da el caso
de que, para muchos, su uso en la lengua española
responde a un calco de la voz "globalization" del
inglés. Es obvio que la palabra "globalización"
resulta familiar al hablante de español, lengua
románica, que desde el siglo XV conoce el uso de
"globo", el término latino equivalente a "bola", y el
del adjetivo "global". Por lo tanto, a diferencia de lo que
ocurre en francés, cuyos hablantes han adoptado la voz
"mundialización" y no la de "globalisation", el
español parece preferir esta última.
Mi análisis se centra en textos
de la prensa española, o barcelonesa - mejor - (La
Vanguardia, El Periódico, El País, ABC), a
veces en sus versiones digitales, aparte de en otra
documentación localizada en Internet en ese mismo
periodo de nueve meses, es decir, desde febrero a octubre del
año 2000. Es fácil advertir que en los casos en
los que hay entrevistas a personajes que hablaban en
francés, y cuyas intervenciones se han traducido al
español, las dos voces alternan, como ocurre en el
diálogo mantenido entre José Luis Barbería
y Martine Aubry, Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de
Empleo y Solidaridad de Francia, reproducido en La
Vanguardia del 30 de julio: "El proceso de
globalización va camino de atentar contra el principio
mismo del mercado (...) Hoy, la mundialización busca la
concentración, la fijación de monopolios y, en
consecuencia, atenta contra la competencia". Lo mismo ocurre
cuando se informa de hechos ocurridos en Francia. En agosto de
1999, el campesino francés José Bové fue
acusado de ser el responsable de la destrucción del
local de McDonald en Millau. Bové, autor del libro El
mundo no es una mercancía (título de la
traducción al español), fue tema preferente en la
prensa del día primero de julio (La Vanguardia).
De esa publicación extraemos estas frases: "el personaje
que mejor encarna la lucha contra la globalización", "la
defensa aportó quince testigos llegados del mundo entero
para explicar los efectos perniciosos de la
mundialización", "los militantes contra la
globalización intentarán transformar el juicio en
proceso simbólico a las empresas multinacionales", y
también el titular correspondiente: "Campesinos contra
la mundialización". Puede parecer casual, pero esa
alternancia de los dos términos no se da cuando el
entrevistado, o el tema, o el suceso, se han producido en el
ámbito de la lengua inglesa. Dispongo de un buen
ejemplo. Rosa Montero entrevistó a Muhamad Yunus,
llamado "el banquero de los pobres" (El País Semanal,
núm. 1243, 23 de julio de 2000). Sólo vemos
un término, "globalización":
- RM: "Usted suele decir que la
globalización es como la subida de la marea; y que
uno puede escoger entre ahogarse o nadar. Me interesa mucho
ese punto de vista, porque detesto esa corriente de
opinión que insiste en demonizar la
globalización como si fuera una
catástrofe".
- MY: "No, no, no es una
catástrofe en absoluto, en absoluto. Yo creo que la
globalización es algo grandioso para la gente pobre,
porque, por primera vez, el aislamiento de los menesterosos
ha sido borrado, ha desaparecido. Ahora son ciudadanos del
mundo y tienen más opciones (...) la
globalización no es una conspiración
diseñada por determinada gente en determinado lugar.
Es simplemente la manera en que el mundo se mueve, las cosas
son así y nadie puede pararlas".
La frecuencia con la que aparece en la
prensa o en Internet el término "globalización" y
los que se asocian a él por compartir la raíz ha
proporcionado un sinfín de titulares, que - como sabemos
- buscan la concentración de la información en
construcciones breves y, a la vez, pretenden impresionar al
lector para atraer su atención. Veamos una lista
seleccionada, que permite ver estructuras nominales,
estructuras de frase o estructuras que recuerdan frases
previas:
- "Moderno hombre global" (ABC,
10.4.2000) 1
Cándido, humorista.
- "Humanidad y globalización"
(LV, 18.2.2000); Higini Clotas, político del
PSC.
- "La revuelta global" (LV,
23.4.2000).
- "Trampas y globalización"
(LV, 30.7.2000); Pedro Nuno.
- "Globalizados por McDonald's" (EP,
25.7.2000); Jordi Porta, que se refiere al francés
Bové y a la hamburguesería de Millau, en
Francia.
- "Antiliberalismo y
globalización: dos visiones opuestas" (LV,
6.10.2000).
- "Globalizar no es fácil"
Editorial núm. 200, de en.red.ando, el 1.2.2000; Luis
Ángel Fernández Hermana.
- "La globalización no es el
malo de la película" (LV, s.f.); Maria Livanos
Cattaui, Secretaria General de la Cámara de Comercio
Internacional.
- "¡Globalizados del mundo,
uníos!" (LV, 28.5.2000); entrevista a Jean-Marie
Lustiger, Cardenal Arzobispo de París.
- "¿Y si pincha la
globalización?" (LV, 20.2.2000); Xavier
Batalla.
Aparte de en los titulares, la palabra
"globalización" y los términos a ella asociados
aparecen en los textos. Las opiniones, las afirmaciones, las
preguntas, se expresan mediante frases que las contienen. Al
recogerlas, agruparlas y revisarlas, he llegado a la
conclusión de que su uso está de moda; su uso
parece prestigiar el mensaje, aunque el contenido informativo
sea trivial, o se refiera a otra cosa. Veamos algunas de estas
construcciones:
- "La publicidad global debe ser
local" (LV, s.f.); el ideológo de las campañas
publicitarias de Pepsi Cola, de paso por
España.
- "Lo local vence a lo global" (LV,
6.10.2000); los locales típicos (tascas, bodegas, o
bares populares atraen más al público que los
locales del tipo de Fashion Café...).
Los organismos públicos se
apresuran a manejar ese concepto. Por ejemplo, la Universitat
de Barcelona ha instituido el "Observatori de la
Globalització" en el Parc Científic i
Tecnològic de Catalunya. En el folleto informativo
correspondiente se describe cuál es su meta: "(...)
estudia los instrumentos multilaterales que intervienen en la
gestión del proceso de
globalización".
Sin embargo, el propósito
fundamental de este artículo es reflexionar e invitar al
lector a futuras reflexiones. Al decir "globalización",
¿decimos algo nuevo? ¿No vienen a ser
sinónimos "globalización" y
"mundialización", dado que en francés se ha
adoptado la segunda palabra por evitar el regusto inglés
de la primera?
Dos economistas (Borja, Castells: 1997), nos brindan una
respuesta contundente: "No es lo mismo una economía
'global' que una economía 'mundial'". A pesar de su
afirmación, "globalización" e
"universalización" también parecen
sinónimos. Y lo mismo podríamos aventurar
respecto de la pareja "globalización" e
"internacionalización", o de la pareja
"globalización"/"generalización". El mismo
experto nos apoya: "Hay un contexto internacionalizado y
globalizado". Si esas voces tuvieran un contenido equivalente,
cabría hablar de redundancia enfática en frases
del tipo de las siguientes: "la globalización del orden
mundial" (Ferrer: 1996), o "orden mundial de alcance
planetario" (Ferrer: 1996), o incluso "mundo global" (Ferrer:
1996). Claro que del adjetivo "sinónimo" puede hacerse
un uso libre, como demuestra esta frase:
"¿Globalización y neoliberalismo son o deben ser
necesariamente sinónimos?" (LV, 18.9.2000; Daniel
Ortiz). Las equivalencias no terminarían aquí,
porque de la lectura de los ejemplos contextualizados de
"globalización" de los que partimos para la
elaboración de este trabajo se deducen otras
equivalencias: "globalización" /
"homogeneización", "globalización" /
"uniformización" y "globalización" /
"unificación".
Parece aconsejable acudir a un
diccionario etimológico y hacer unas pesquisas. Estos
son los resultados: la palabra "mundo" es antigua en
español, del s. XII, y de ella derivan los adjetivos
"mundanal" (s. XIV), "mundial" (s. XV) y "mundano" (s. XV). La
palabra "planeta" data del s. XIII. Procede del griego, da
lugar al adjetivo "planetario", y su sentido etimológico
responde a la noción de "vagabundear". Del "planeta
tierra" cabe decir que "tierra" es una voz patrimonial del s.
X, con numerosos derivados que ordeno cronológicamente:
"terrenal", "terrestre", "terráqueo" y
"terrícola". La voz "galaxia", del griego, data del s.
XVI, y "galáctico" es el adjetivo derivado, de uso
frecuente hoy en día, si bien nada evoca el contenido de
"leche", "lácteo" de su étimo. Del latín
procede el "universo" (s. XV) y su derivado "universal", que
alude a todas las cosas existentes. El "cosmos" tiene
étimo en el griego, es una voz culta formada en el s.
XIX, con posterioridad a la formación de su adjetivo
correspondiente "cósmico". Por extraña que les
resulte a muchos la relación con "cosmética",
ahí está, patente, el contenido
etimológico, ya que con "cosmos" se hacía
referencia al orden, la estructura, y al adorno. Quedan otros
tres sustantivos: "esfera" (s. XIII), "globo" (s. XV) y "orbe"
(s. XV). Los dos primeros contenidos aluden a algo como "bola"
o "pelota". "Orbe" retrotrae a "rueda". Su derivado "orbital"
es del XVIII.
Nos detendremos un poco más en
el conjunto de palabras que me interesan. Por una parte,
"globo", presente en denominaciones estables como "globo
ocular", "globo terráqueo" o "globo sonda", que, aparte
de designar un aparato usado en mediciones para la
meteorología, conoce una aplicación
metafórica. En cuanto a "global", estamos acostumbrados
a oír y a utilizar sintagmas como "visión global"
o "cantidad global" o "precio global".
En el entorno de la actualidad
económica y política, la productividad de las
palabras asociadas a "globo" se ha visto enriquecida. Aportamos
las estructuras que hemos hallado en los textos analizados.
Para el adjetivo "global": "una economía global", "una
ciudad global", "el capitalismo global", "el libre mercado
global" y "el neoliberalismo global". Para el verbo
"globalizar": "globalizar la cultura", "globalizar la
economía". Para el participio "globalizado": "un mundo
globalizado", "medios de comunicación globalizados",
"economía de mercado globalizada". Para el adjetivo
"globalizador": "tendencia globalizadora", "capitalismo
globalizador". Para la voz más común, la
"globalización": "la globalización
tecnológica", "la globalización
económica", "la globalización
tecno-económica".
A partir del momento en el que se ha
dado una postura contraria a ese proceso de
globalización, se ha visto en la prensa la palabra
"antiglobalización": "movimiento
antiglobalización", "manifestantes
antiglobalización". Otro nuevo sustantivo ha entrado: el
"globalismo": "el globalismo mercantil".
Cuando una palabra se pone de moda, se
produce su normalización en sentido
lingüístico; con "normalización" me refiero
a que se oye en boca de muchos, no siempre llena de contenido,
o llena del contenido que se supone que tiene. Surgen las
"frases tópicas", las primeras que se le vienen a uno a
la boca en determinadas circunstancias o a la hora de comentar
determinados hechos de la vida financiera, económica,
laboral o política del mundo actual. Los periodistas no
son excepción, como a veces ni siquiera lo son los
autores especializados. Hay frases así:
- "estamos en la era de la
globalización"
- "vivimos una cultura de la
globalización"
- "la globalización supone una
apertura mundial"
- "la globalización redunda en
un mundo interdependiente"
muy neutras, que no implican juicio
valorativo por parte del que las emite. Casi iguales, pero algo
más complejan son:
- "la imparable globalización
del mundo"
- "la ola inmensa de la
globalización" (Muns: 1999)
- "las reglas de la
globalización"
- "los efectos de la
globalización"
- "globalización y derechos
humanos"
Ahora bien, ya en esta frase, "los
retos de la globalización" preludia la posibilidad de
que los efectos no sean "buenos", o, en todo caso, "buenos para
todos". El margen de nueve meses en los que hemos seguido la
presencia de esta voz en la prensa nos ha permitido
experimentar el giro de una visión y el crecimiento de
la otra perspectiva, de la opuesta, expresada de modo oscuro o
irónico, siempre metafórico:
- "la euforia globalizadora de los
años 80" (García Canclini: 1999
- "los apóstoles de la
globalización"
- "el concepto poliédrico de
la globalización" (Fernández
Hermana)
- "los efectos negativos de la
globalización"
- "la cara oscura de la
globalización" (Muns: 1999)
a la que ya siguen, abiertamente,
posturas de enfrentamiento:
"la lucha contra la
globalización"
"la batalla contra la
globalización"
"el movimiento mundial contra la
globalización"
"el ojo del huracán de la
oposición a la globalización"
(en.red.ando)
"ralentizar la
globalización"
"estrangular la
globalización"
Una prueba patente de esta
evolución en la valoración que el mundo hace de
este "imparable" proceso la aporta el titular que preside la
noticia de la intervención en el III Congreso
Internacional de Derechos Humanos celebrado en Cádiz del
ex Director General de la UNESCO: "Mayor Zaragoza lamenta que
sólo estén globalizadas la miseria y la
marginación" (LV, 14.10.2000).
Al margen de las valoraciones,
está el deseo de juego. Y del mismo modo que todos vimos
"La guerra de las galaxias" años después de que
se hubiera escrito "La galaxia Gutemberg", y a nadie le cuesta
decir de un amigo distraído que "anda en otra galaxia",
o de un amigo algo excéntrico que "es de otro planeta",
en los textos estudiados aparecen "la ciudad planetaria", "el
mercado planetario", "la aldea global" y otras formas
lúdicas: el sustantivo "globofobia" (LV, 17.9.2000;
Xavier Sala Martín, profesor de la UPF de Barcelona) y
el adjetivo "glocal", cuyo contenido queda claro en las dos
citas siguientes: "neologismo proliferante ante la necesidad de
designar la interdependencia o interpenetración de lo
global y lo local" (García Canclini: 1999), "la
articulación de lo global y lo local" (Borja, Castells:
1997). Recomendamos, a quien pueda leerlo en catalán, el
artículo "Periodisme Glocal: usant les eines de la
globalitat per a la informació de proximitat", de Vicent
Partal.
Esta forma híbrida no debe
extrañar a nadie, pues la combinación entre una
sílaba inicial y otra final de dos adjetivos en
apariencia opuestos no hace sino responder a su presencia
simultánea en multitud de textos:
"el capital es global pero el
trabajo es siempre local" (Borja, Castells:
1997)
"en la sociedad de la
información lo global condiciona lo local" (Borja,
Castells: 1997)
"en un mundo globalizado todos
somos minoritarios"
"asistimos a la
globalización tecno-económica y a la
especificidad creciente de las identidades" (Borja,
Castells: 1997)
"los nacionalismos abiertos
reafirman lo local para participar en el gran foro mundial,
no para aislarse" (Bill Clinton en Aquisgrán, durante
su gira europea de principios de junio de 2000).
"Pensar globalmente y actuar
localmente" (el ideólogo de las campañas
publicitarias de Pepsi Cola, de visita a
Europa).
Como es de suponer, a la
política nacionalista de las autonomías
españolas este discurso del contraste global/local le
viene como anillo al dedo. Oigamos a Jordi Pujol, Presidente de
la Generalitat de Catalunya, en el acto de su investidura como
Doctor Honoris Causa en la universidad húngara de
Eötvös Lóránd (LV, 5.6.2000): "Si
queremos evitar que la globalización desemboque en una
masificación uniforme conviene que sea preservado el
equilibrio humano entre el yo personal y colectivo y la
apertura y la proyección exterior". Un mes
después, Artur Mas i Gavarró, Miembro del
Secretariat Permanent de CDC, el partido al que pertenece J.
Pujol, hizo estas declaraciones:
"(...) personalismo, nacionalismo y
globalización no son conceptos antagónicos; al
contrario, son profunda y necesariamente complementarios.
Por eso hablamos del concepto de 'globalización
sensible' (...) Con el fin de que la globalización
sea sensible, será necesario que cada vez más
la gente que 'navegue' por las redes tenga un 'punto de
anclaje' sólido que le permita avanzar en este mundo
emergente y nuevo sin perder su personalidad y sus
raíces." (LV, 1.7.2000).
Dos meses después, el
Secretario del mismo partido, Daniel Ortiz Llargués,
manifiesta la misma preocupación y la misma voluntad:
"Para evitar que la globalización se convierta en un
huracán que nos arrase debemos tomar precauciones, como
proteger y reforzar nuestras comunidades nacionales y culminar
la construcción de la UE" (LV, 18.9.2000).
¿Cuándo y cómo
empezó la globalización? Así lo ve
García Canclini: "Esta conjunción de cambios
tecnológicos y mercantiles sólo adopta formas
globales cuando se establecen mercados planetarios de las
comunicaciones y del dinero, y se consolida al desaparecer la
Unión Soviética y agotarse la división
bipolar del mundo". Para Borja y Castells: "El macroproceso
comprende la globalización, la
informacionalización y la difusión urbana
generalizada". De modo que el proceso en el que nos hallamos
inmersos requiere el auge de las telecomunicaciones; hay
acuerdo sobre ello en muchos de los enunciados analizados: "El
rasgo central de la globalización es la
intensificación de las interconexiones entre las
sociedades", "hablar de medios de comunicación
globalizados es hablar de un hipertexto de la
comunicación", "el máximo exponente de la
globalización es la Internet", "la Sociedad de la
Información se desarrolla en un entorno globalizado. Es
efecto y causa de los procesos económicos de
globalización del sistema".
También es unánime o, al
menos, lo parecía la confianza en la bondad de las
repercusiones de la globalización: "La
globalización es una gran fuerza creadora de libertad
económica y política a nivel mundial".
Mucho más próxima es la frase que
pronunció el presidente Bill Clinton ante el Parlamento
ruso el 5 de junio de 2000: "La prosperidad ya no es posible en
un solo país, sino que debe ser global".
Un peligro de esta uniformidad "la
globalización supone la unificación y la
homogeneización de las sociedades" - resulta del dilema
"¿hay que globalizar la cultura?, ¿hay que fabricar
una cultura global?". Porque "hay tensiones entre la
globalización y la interculturalidad". Lo mismo se ha
dicho de modo más lúdico: "la
globalización sin la interculturalidad es un OCNI, un
objeto cultural no identificado" (García Canclini:
1999).
Sin embargo, este peligro es
irrelevante frente al que de modo progresivo alimenta las
protestas: la distribución de la riqueza en el mundo y
el imparable aumento de la distancia entre ricos y
pobres.
El Fondo de Naciones Unidas para el
Desarrollo de la Mujer se reunió en Pequín. El
titular rezaba así: "la globalización favorece a
las mujeres ocidentales y perjudica a las más pobres".
En 1998, en Tailandia, tuvo lugar la Marcha Global contra el
trabajo infantil.
En diciembre de 1999 se reunió en Seattle la
Organización Mundial del Comercio (OMC). Arreciaron las
protestas. Según el periódico, la reunión,
sus deliberaciones, y sus acuerdos, eran: "manifestaciones de
la fuerza del capitalismo global". El Fondo Monetario
Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) celebraron nuevas
reuniones en Washington en abril de 2000. Y entonces
surgió a la luz una "revuelta global" (LV, 23.4.2000).
Hubo movilizaciones por una "Justicia Global", pero
movilizaciones organizadas. Por ejemplo, la existencia de
Global Exchange, una de las organizaciones más activas
del movimiento "antiglobalización"
responde a la importancia de la oposición.
En el mes de junio las declaraciones
se acumulan. La palabra "globalización" está en
boca de muchos, y todos la usan para orientar la acción
al cumplimiento de sus fines. El 3 de junio se reúnen en
Berlín catorce Jefes de Estado, catorce líderes
progresistas. El comentario de prensa reza: "La
globalización no debería llevar a la uniformidad,
sino al enriquecimiento de la gente y la apertura de las
culturas". En el mismo encuentro dice Lionel Jospin: "La
globalización significa también responsabilidad
global". Bill Clinton, en Aquisgrán y durante su gira
por Europa a primeros de junio, expone, en la misma
línea: "Los nacionalismos abiertos reafirman lo local
para participar en el gran foro mundial, no para aislarse".
Otra perspectiva ofrece las manifestaciones de Johannes Rau,
Presidente federal de Alemania: "La unidad política de
Europa es un medio para recuperar soberanía que nos
quita la globalización" (LV, 2.10.2000).
El 26 de junio están convocados
en París los miembros de la Organización de
Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que
representan los 29 países más ricos del mundo. El
Secretario General, Donald J. Johston pasó por
Barcelona, camino de París. Estas fueron sus palabras,
recogidas en la prensa: "Necesitamos reglas para que la
globalización sea justa y eficaz", y "A los radicales y
anarquistas no les convenceremos nunca de que la
globalización económica es un proceso
positivo".
Hacia finales de junio, el 27, se
reúnen en Ginebra los representantes de 31 países
en una "cumbre alternativa". El eslógan es:
"Mundialicemos la resistencia". Con mayor contundencia se
expresa Starhawk, en una entrevista concedida a la prensa en
Barcelona, camino de Suiza: "La globalización es
perversa. Se basa en considerar que todo el mundo es un mercado
único. Se extraen recursos de unos lugares,
básicamente del Tercer Mundo, para beneficiar a otros, a
corporaciones privadas de países ricos. Es injusto e
insostenible". (LV, 25.6.2000). La fuerza, a la protesta, se la
da el alcance de la información que distribuye, maneja y
organiza: "Internet es el arma global que nos ayuda a luchar
contra la globalización"/"para luchar contra la
globalización hay que usar armas globales, como
Internet" (LV, 25.6.2000).
A finales de setiembre, en Praga,
tiene lugar una nueva reunión del Banco Mundial y del
Fondo Monetario Internacional, la 55 cumbre anual. El
número de heridos, el papel jugado por la policía
checa, el alcance de la protesta, la efectividad de la
movilización antiglobalización, todo ello ha
quedado reflejado en la prensa.
James Wolfensohn, Presidente del Banco Mundial, declara: "No
podemos dar marcha atrás en la globalización. El
desafío es convertirla en un instrumento de
inclusión y de oportunidad, no de inseguridad y miedo"
(El País Digital, 27.9.2000).
Llegados a este punto, iniciaré
la exposición de mis impresiones.
En primer lugar, tras nueve meses de
perseguir un grupo de palabras, tengo la sensación de
que todo es susceptible de ser "global", de que la
"globalización" es tanto lo universal como lo general,
como lo común compartido. Dicho en otras palabras, si es
que hubo un concepto nuevo, fruto de unas circunstancias
políticas, de una coyuntura económica y de una
explosión del alcance y la velocidad de
transmisión de la información, se ha visto
desvirtuado por un uso abusivo e indiscriminado.
En segundo lugar, creo que la postura
practicada en los lugares de habla francesa de emplear
"mondialisation" y de evitar "globalisation" hubiera podido
adoptarse por parte de los hablantes de español. Sin
embargo, pienso que una encuesta mostraría - como lo
muestran varias citas de las que he recogido - que le
atribuimos a "globalización" algo de lo que carece
"mundialización": una dimensión temporal y,
además, el factor de la conexión
informativa.
En tercer lugar, me parece evidente
que de una euforia inicial sobre la bondad del rendimiento de
tal concepto, "globalización" -evidente en el contenido
de los adjetivos y los verbos con los que se combina en
construcciones y enunciados- se ha pasado a la
inseguridad ante las consecuencia de la "globalización".
Este cambio en la percepción muestra a las claras que
sí se trata de un nuevo concepto, y no de una nueva
denominación para un concepto ya existente. El mundo,
generalizando, no dice de la "globalización" lo mismo
ahora que a principios del año 2000.
En cuarto lugar, el alcance de la
"globalización" ha sido de tal virulencia que ya se la
está combatiendo con sus mismas armas. La
economía global, los mercados globales y la cultura
global han derribado barreras y han anulado aislamientos. Sin
embargo, ya se la combate desde la defensa de la
anarquía, de los derechos de los menesterosos y de la
voluntad de acción individual y local. Pero se trata de
un enfrentamiento, a su vez, global. El que acudió a
Seattle ha acudido a Praga, y no dejará de acudir a cada
nueva reunión del FMI.
En quinto lugar, ha quedado claro que
el juego tiene en las palabras un buen aliado. Si no son buenos
ni lo muy global ni lo muy local, pues que se dé lo
"glocal". Con los procedimientos de derivación y de
composición, con las asociaciones metafóricas, no
dejamos de jugar a la vez que matizamos nuestra
expresión de acuerdo con lo que pretendemos. Como lo
hacemos con la imagen.
En sexto y último lugar, la
revisión de todos esos textos y de sus enunciados me ha
permitido calibrar el peso de las palabras. He visto
cómo su contenido tiene un reducto básico que no
varía con el uso, pero que conoce unas aplicaciones
cambiantes. Como cambiantes son los valores que los hablantes
les atribuyen. El que tiene más poder, utiliza,
además, el poder de la palabra. Pero esa misma palabra
puede quemarle en las manos.