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Mundialización, Globalización y la Patria Grande Latinoamericana

por Emilio Máspero    /   publicado en Universidad de los Trabajadores de América Latina    

Presentamos el resumen de la Conferencia, en que se abordan los temas mundialización y globalización. La mundialización atrapada y al servicio de los neoliberales en función de la globalización, estrategia orientada a la hegemonía capitalista que se opone a los procesos de integración de América Latina y pretende convertir a nuestras naciones en un supermercado hemisférico.

Para lo que expondremos en esta conferencia titulada "Mundialización, Globalización y la Patria Grande Latinoamericana", es indispensable definir y esclarecer los conceptos y los términos de "mundialización" y de "globalización" que se usan indistintamente y a veces como procesos distintos que se superponen y se confunden. Estos dos términos son los más usados y abusados. Los estudiosos afirman que puede haber no menos de cien lecturas e interpretaciones distintas de los fenómenos que tratan de proyectar estos dos términos. Se ha creado inclusive una verdadera mistificación, sobre todo en torno del término "globalización".

El término "mundialización" se elaboró en los países latinos inicialmente con un significado más bien geográfico, mientras que el término "globalización" se creó en los países anglosajones con una carga ideológica disfrazada.

La mundialización es la "aldea planetaria" provocada por el acercamiento de los hombres y de los lugares a causa de la abolición de las distancias y por la información generalizada. Es la fase superior de la internacionalización de la vida humana, económica social, política, cultural y de la interdependencia entre los países y los continentes.

La globalización que ahora rige el proceso de mundialización es un fenómeno de índole ideológica, que se inspira en determinadas ideas y políticas y se mueve por determinados actores e intereses geoeconómicos y geopolíticos que apunta a imponer un nuevo orden al proceso de la mundialización.

Las naciones, los pueblos y los trabajadores de América Latina y del Caribe, estamos obligados a definir y decidir nuestra colocación, inserción y participación en el proceso de la mundialización y a responder al proceso de la globalización, conscientes de que ya nadie puede vivir en una isla y que ninguna nación, por sí sola, puede responder eficazmente a la actual globalización.

El fenómeno de la mundialización no es nuevo. Es el proceso continuo de internacionalización y de interdependencia cada vez más estrechas e inseparables entre las gentes, los pueblos, las naciones, los continentes; que en la historia de la humanidad ha conocido distintas fases. Ahora estamos en la fase superior de la internacionalización y de la interdependencia. Este fenómeno se da en medio de una crisis muy profunda y muy compleja, que sacude todos los aspectos de la vida de las personas, de los pueblos, de las naciones, de las instituciones, crisis de valores, crisis de civilización y de cultura, en medio de un mundo donde ahora todo es posible pero todo es incierto y donde se producen cambios radicales y ultrarápidos que anuncian inclusive el inicio de una nueva era de la humanidad.

Hay expertos que plantean que el primer orden económico mundial, abarca los años 1500 y 1800 y se inicia con los viajes de Cristóbal Colón y Vasco Da Gama y se cierra en las vísperas de la difusión de la revolución industrial. La mundialización se ha acelerado increíblemente en los últimos cincuenta años de este siglo a causa de los grandes cambios operados por las telecomunicaciones, los transportes y la información; es muy gráfico el término de "aldea planetaria", en que se ha convenido el mundo.

Hoy en día cada vez más seres humanos están en contacto como nunca anteriormente lo habían estado. Muchas barreras están cayendo y seguirán cayendo; es progresiva la toma de conciencia de valores comunes, por ejemplo, los derechos humanos o la democracia; se habla de la necesidad de una ética mundial; se habla de un patrimonio común de la humanidad, aquí está el tema de la ecología, por ejemplo. La mundialización conduce a tomar en cuenta por primera vez el conjunto planetario que produce simultáneamente su espacio y historia, el espacio y la historia de toda la humanidad. Es el intercambio generalizado entre las diferentes partes del planeta, es el espacio mundial donde se realizan ahora y se realizarán en el futuro todas las transacciones de la humanidad.

El fenómeno de la mundialización es inevitable y bien orientado puede llevar a crear un nuevo orden mundial más libre más democrático, más humano, más justo y solidario en el marco extraordinario de la efectiva unidad de la familia humana como tantas veces ha proclamado el Papa Juan Pablo II, en la construcción del bien común de todos los seres humanos. Pero avanzamos a situaciones completamente antagónicas ahora porque es el fenómeno de la globalización quien orienta, rige y conduce el fenómeno de la mundialización.

El actual proceso denominado "globalización" no es fruto de la casualidad ni tampoco de determinadas leyes naturales invisibles e inevitables. La globalización actual es el resultado de ideas predominantes, de actores claves, de poderosos intereses geoeconómicos y geopolíticos, de decisiones políticas y económicas tomadas en los actuales centros de poder mundial y en las grandes instituciones financieras y comerciales. No es un fenómeno neutro; tiene un claro contenido ideológico y apunta a un determinado ordenamiento del mundo y a darle determinados contenidos y formas al fenómeno de la mundialización. Es un fenómeno altamente sofisticado, más bien altamente mitificado. Y se impone la necesidad de desmitificarlo para conocerlo en todos sus componentes y consecuencias y para poder responder y proponer otras alternativas para orientar y regir el actual proceso de la mundialización.

La calificación central que cabe darle al actual proceso de globalización es que se trata de una globalización del capitalismo, monitoreado por la ideología neoliberal y que da como resultado un capitalismo radical y salvaje, como lo ha definido en múltiples ocasiones la CLAT y muchas personalidades, entre ellas el propio Juan Pablo II. Una de las revistas más relevantes del templo de la escolástica capitalista mundial: Newsweek, en su número del 26 de febrero 1996 llegó a calificar este capitalismo como "Killer Capitalism", un capitalismo asesino.

La globalización es un proceso de índole estructural que expresa la fase planetaria del capitalismo triunfante, hegemónico sin oposición alguna en todo el planeta. Es la dictadura del mercado global como lógica inevitable de la historia, erigido como árbitro absoluto de la vida de todos los seres humanos, conducida esta dictadura por un real imperialismo financiero dedicado en gran parte a la especulación y a la depredación de los pueblos y naciones y a la degradación imparable del ser humano.

No es verdad eso de la muerte definitiva de las ideologías y de las utopías. Ahora es el turno del predominio de las ideas neoliberales. Hay centros muy bien financiados y altamente especializados que actualizan y refuerzan esta ideología dominante. Uno de estos centros es Davos. Cada año desde 1970, en medio del invierno, los principales responsables del planeta Jefes de Estado, banqueros, financieros, patronos de las grandes empresas transnacionales, intelectuales se encuentran en Davos, pequeña ciudad suiza, para hacer el balance y trazar las perspectivas de la economía de mercado, libre de cambio y de la desregulación. Cita obligada de los nuevos amos del mundo, Davos se ha convertido incontestablemente en el centro de ultraneoliberalismo, la capital de la globalización y el laboratorio principal del pensamiento único.

En el encuentro de 1996 se expresaron criterios y dictados que muestran que la globalización no es un fenómeno neutro sino bien ideológico. La competitividad es aquí la única fuerza motriz del progreso: "Se trata de un individuo, de una empresa, de un país, lo importante para sobrevivir en este mundo es ser más competitivo que su vecino", lo dijo Helmut Maucher, patrón de la Nestlé. Y desgraciado el gobierno que no siga este dictado, "Los mercados los sancionarán inmediatamente -advirtió Han Tietmeyer, presidente del Bundesbank- porqué los hombres políticos están de ahora en adelante bajo el control de los mercados financieros".

Para tener el cuadro completo, también en Davos se escuchan voces pesimistas y atemorizadas por el destino incierto del capitalismo. Una de estas voces fue la de George Soros, uno de los 358 individuos más ricos del mundo y genial especulador de las finanzas. Dijo que el "capitalismo es igual al comunismo y que ambos son un peligro para la democracia"; expresó además que "con el correr del tiempo, la propia ciencia comenzó a admitir que el mundo está hecho también de elementos de incertidumbre y de caos, lo que nos obliga a reconocer que todo también puede fallar y que la constatación que la intervención gubernamental probó ser ineficiente no es razón para acreditar que los mercados son perfectos y también fallan".

¿Qué significa globalizar en el actual proceso de globalización? Lo primero que se puede pensar que se trata de construir un todo homogéneo donde no habrá ganadores ni perdedores, sino que todos seremos ganadores. Así mismo los presentan en términos triunfalistas lo ideólogos neoliberales, asegurando que es la única vía para el progreso y la prosperidad de todos, amenazando inclusive con que el que no se monta al carro de esta globalización quedará irremediablemente fuera de la modernidad y de la historia y pasará a formar parte del contingente de seres humanos y de naciones desechables y prescindibles.

El neoliberalismo que está en la base doctrinal de esta globalización ha demostrado con creces que tiene una dinámica perversa, ya que su aplicación práctica inevitablemente concentra y excluye generando una especie de darwinismo social implacable y que ahora impacta a toda la humanidad. Una muestra de la hiperconcentración de la riqueza y de las finanzas la hizo conocer el informe del PNUD del año pasado cuando demostró que unos 358 individuos poseían ellos solos un paquete financiero equivalente al que necesita el 45% de la humanidad para vivir; unos centenares de individuos disponen de más recursos que casi la mitad de la población del mundo.

Otra muestra fue la declaración del Secretario General de la ONU, al inaugurar la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social en Dinamarca hace pocos años. Aquí enfatizó delante de todos los Jefes de Estado del mundo que estábamos sentados sobre una bomba social lista a explotar al Norte, al Sur, al Este y al Oeste del planeta. No hay ninguna posibilidad de homogenización, sino que se profundizará cada vez más la dualización de la sociedad mundial y desde ya se ve con suma claridad quiénes son los ganadores y quiénes son los perdedores, sobre todo los trabajadores y los más pobres, que son mayoría, pero también muchas naciones y pueblos, muchos empresarios pequeños, medianos y nacionales.

Hay seis mandamientos que rigen la globalización, tres son imperativos fundamentales y tres son medios necesarios:

* El primero es que la globalización actual es inevitable e irreversible. Nadie ni nada puede modificar el actual proceso de globalización. Imposible pensar que hay otras formas distintas de mundialización de la economía, lo que lleva a algunos resignadamente a tratar, por lo menos, de "humanizar o democratizar" el actual proceso de globalización. No hay esclavitud mayor que aquella que nos priva de la posibilidad de pensar, de crear, de audacia con libertad. No hay dominación mayor que el estar sujeto a un modo de ver y de conocer que se impone de modo incontestable e inevitable. Es la dictadura del pensamiento único. Ya está en marcha un proceso de rechazo y de rebeldía contra esto que se hará más radical en el futuro inmediato.

* El segundo mandamiento es controlar, confiscar, poner al servicio de la globalización capitalista las revoluciones científicas y tecnológicas. En realidad nunca la tecnología es neutra, siempre es funcional al sistema dominante. Las nuevas tecnologías sirven hoy a la profundización y consolidación de la globalización capitalista y neoliberal, sobre todo en las áreas de la información y de los conocimientos.

* El tercer mandamiento es el de la competitividad sin límites, la competitividad salvaje: el que gana sobrevive, el que pierde desaparece.

* El cuarto mandamiento es la liberación total de los mercados nacionales para constituir un mercado único global. Desaparecen los intereses de la sociedad y la voluntad popular soberana.

* El quinto mandamiento es la desregulación de los mecanismos de dirección y de orientación de la economía y dejar esto a la mano invisible del mercado. El Estado, los ciudadanos, los trabajadores, la sociedad política y la sociedad civil quedan completamente excluidos de la orientación y conducción de la vida económica de sus países.

* El sexto mandamiento, conclusión lógica de los anteriores y que los corona, es la privatización de toda la economía: transportes urbanos, ferrocarriles, transporte aéreo, salud, hospitales, educación seguridad social, bancos cultura, distribución del agua, de la electricidad, del gas, de los servicios administrativos, etc. El actor privado como actor clave de la globalización y el protagonismo aplastante de un centenar de gigantes corporaciones privadas, que tienen un poder económico y político superior a los Estados, las Naciones y que operan sin ningún control político ni social.

La actual globalización genera una tremenda dinámica centrífuga que impacta a fondo a nuestras naciones, pueblos y personas. Tiene una virtud maléfica de desintegración y de descomposición en todos los aspectos de la vida. El mundo se hace cada vez más pequeño, pero no se está uniendo. Los mercados, las economías, las finanzas se globalizan, se unifican, pero las naciones, los Estados, las ciudades, los barrios, los tejidos sociales, las gentes, se están desintegrando.

La globalización de la economía está provocando la desintegración nacional, política, social, ética, cultural y espiritual. Los lazos familiares se rompen, la autoridad establecida se debilita, los actores sociales y políticos se desarticulan, los vínculos de la comunidad local y de las personas se tensan y se rompen. Y no digamos nada del mundo del trabajo, que sufre impactos y modificaciones de toda índole en la dirección de imponer agresivamente la primacía y la hegemonía del dinero, del capital, de la especulación, de los negocios por encima del trabajo y de los trabajadores. La actual globalización está imponiendo una sociedad completamente deshumanizada, sin piedad y sin misericordia para el ser humano, donde finalmente las cosas terminan valiendo más que las personas.

La mundialización, según la hemos definido, está cargada de promesas y de potencialidades creativas y esperanzadoras para un mundo mejor. La actual globalización capitalista y neoliberal está globalizando un tremendo desorden a nivel del planeta y puede terminar en el caos total. Por esto mismo no es aceptable, no se le puede considerar como inevitable e irreversible. Hay otras posibilidades ciertas para orientar el proceso de mundialización, teniendo como eje central el bien común de todos los seres humanos.

Sin embargo, es necesario aceptar que estamos condenados, nadie sabe por cuánto tiempo, a vivir y sobrevivir dentro del actual proceso de globalización. No hay por ahora relación de fuerzas y de poder para modificar la orientación y el curso de la misma, ni hay proyectos alternativos bien estructurados y sustentados. Estamos obligados a diseñar políticas, estrategias y acciones para representar y defender a los trabajadores, a nuestros pueblos y naciones, sin renunciar a ser portadores de proyectos alternativos para un nuevo orden mundial post-neoliberal y post-capitalista. Recuerdo que ya el 23 Congreso de la CMT debatió y aprobó un documento, que contiene la visión y las propuestas del mundo de los trabajadores en relación con un nuevo orden mundial que no tiene que ver con la actual globalización.

Debemos partir de una constatación clave: ningún país, ninguna nación, pequeña, mediana o grande, puede hacerle frente con efectividad al actual proceso de globalización. Solos o aislados o librados a las propias fuerzas y recursos serán atropellados, aplastados, barridos por el actual proceso de globalización.

Los latinoamericanos y caribeños necesitamos realizar un proyecto propio que genere una arrolladora dinámica centrípeta es decir, que viabilice la máxima concentración de nuestras fuerzas recursos para diseñar y poner en práctica una respuesta y propuesta creativa que nos permitan hacer frente a la actual globalización y nos proyecte como protagonistas determinantes en la promoción y construcción de un nuevo orden mundial distinto al que trata de imponer hoy la globalización capitalista y neoliberal.

Y esta respuesta y propuesta ya está en marcha y es una realidad. Ya tiene un nombre y un emblema: es la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones. Es el sueño de Bolívar que se hace realidad en la Patria Grande Latinoamericana.

No cabe ya la menor duda de que en los procesos de integración que están en marcha en América Latina y en el Caribe, se confrontan dos proyectos muy distintos y prácticamente incompatibles. Hay un proyecto puramente economicista y que culminará en el año 2005 con el supermercado hemisférico desde Alaska a Tierra del Fuego en el marco de los objetivos, de la estrategia geoeconómica y geopolítica y de los tremendos intereses corporativos contenidos en la Iniciativa para las Américas del Presidente Bush, y mejor explicitados en la Cumbre de Miami. Es la nueva versión "moderna" pero más sofisticada y tentadora del panamericanismo, de la Doctrina Monroe, actualizada para la postguerra fría. Es la integración hegemonizada por el capital, más especialmente por el imperio de las finanzas, de los negocios, del mercantilismo, de la competitividad salvaje, del economicismo materialista, de las empresas globales que ya están emergiendo y serán las dominantes en el futuro inmediato.

Es el proyecto que consolidará la primacía de las cosas sobre las gentes, sin ninguna sensibilidad humana ni social. Es el proyecto de una minoría altamente satisfecha pero excluyente de la mayoría de los latinoamericanos y caribeños que en número creciente están siendo hundidos en la pobreza, en la injusticia social, en el basurero de la sociedad. Es un proyecto totalmente desfavorable para los hombres y las mujeres que necesitan trabajar para vivir, para el mundo del trabajo y de los trabajadores, para sus organizaciones representativas. En la práctica, es la sumatoria mecánica de lo que el neoliberalismo ya está imponiendo en todos los países de la región. Es el proyecto regulado totalitariamente por las leyes ciegas e irracionales del mercado girando en el vacío, que es cuando produce sus mayores perversidades y aberraciones.

Es el proyecto que más se acomoda a la integración pasiva y sumisa de la tan mentada "globalización" (proyecto neoliberal de una nueva civilización y orden mundial), aún cuando desintegre en sus raíces más vitales a nuestros pueblos a nuestras naciones y nuestras personas. Es el proyecto que convertirá en el siglo XXI a América Latina y al Caribe en meras referencias geográficas. en una especie de magma deforme sin identidad, sin alma y sin historia. algo así como "el planeta de los simios".

El otro proyecto es de índole y alcances comunitarios, que no se agota en la mera eliminación de aranceles ó de trabas aduanales. Su objetivo es constituir una comunidad de naciones relacionadas y unidas por lazos geográficos, históricos, religiosos y por un mismo destino y que deben integrarse sólidamente en el ámbito económico, social, político, cultural, ético y espiritual.

Su raíz está en el sueño de Bolívar y de los principales paladines de la independencia; política del siglo pasado. Es el proyecto de la segunda independencia de América Latina y del Caribe que completa, profundiza y culmina la independencia política como una nueva forma de independencia nacional, social y cultural, no cerrada sobre la geografía de la región sino la abierta a todo el mundo. Es la mejor respuesta y propuesta para una inserción activa, creativa con nuestra propia identidad y determinante dentro de un inevitable proceso de interdependencia globalizante, pero apostando a un orden mundial distinto, no sólo más libre y democrático, sino más justo, más solidario, que culmine la unidad de la familia humana en un ambiente de confraternidad y amor. América Latina constituida en la Patria Grande, tiene mucho que aportar para este nuevo mundo.

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