Presentamos el resumen de la Conferencia,
en que se abordan los temas mundialización y globalización. La mundialización
atrapada y al servicio de los neoliberales en función de la globalización,
estrategia orientada a la hegemonía capitalista que se opone a los
procesos de integración de América Latina y pretende convertir a
nuestras naciones en un supermercado hemisférico.
Para
lo que expondremos en esta conferencia titulada "Mundialización,
Globalización y la Patria Grande Latinoamericana", es indispensable
definir y esclarecer los conceptos y los términos de "mundialización"
y de "globalización" que se usan indistintamente y a veces como
procesos distintos que se superponen y se confunden. Estos dos términos
son los más usados y abusados. Los estudiosos afirman que puede
haber no menos de cien lecturas e interpretaciones distintas de
los fenómenos que tratan de proyectar estos dos términos. Se ha
creado inclusive una verdadera mistificación, sobre todo en torno
del término "globalización".
El término "mundialización" se elaboró
en los países latinos inicialmente con un significado más bien geográfico,
mientras que el término "globalización" se creó en los países anglosajones
con una carga ideológica disfrazada.
La mundialización es la "aldea planetaria"
provocada por el acercamiento de los hombres y de los lugares a
causa de la abolición de las distancias y por la información generalizada.
Es la fase superior de la internacionalización de la vida humana,
económica social, política, cultural y de la interdependencia entre
los países y los continentes.
La globalización que ahora rige el
proceso de mundialización es un fenómeno de índole ideológica, que
se inspira en determinadas ideas y políticas y se mueve por determinados
actores e intereses geoeconómicos y geopolíticos que apunta a imponer
un nuevo orden al proceso de la mundialización.
Las naciones, los pueblos y los trabajadores
de América Latina y del Caribe, estamos obligados a definir y decidir
nuestra colocación, inserción y participación en el proceso de la
mundialización y a responder al proceso de la globalización, conscientes
de que ya nadie puede vivir en una isla y que ninguna nación, por
sí sola, puede responder eficazmente a la actual globalización.
El fenómeno de la mundialización no
es nuevo. Es el proceso continuo de internacionalización y de interdependencia
cada vez más estrechas e inseparables entre las gentes, los pueblos,
las naciones, los continentes; que en la historia de la humanidad
ha conocido distintas fases. Ahora estamos en la fase superior de
la internacionalización y de la interdependencia. Este fenómeno
se da en medio de una crisis muy profunda y muy compleja, que sacude
todos los aspectos de la vida de las personas, de los pueblos, de
las naciones, de las instituciones, crisis de valores, crisis de
civilización y de cultura, en medio de un mundo donde ahora todo
es posible pero todo es incierto y donde se producen cambios radicales
y ultrarápidos que anuncian inclusive el inicio de una nueva era
de la humanidad.
Hay expertos que plantean que el primer
orden económico mundial, abarca los años 1500 y 1800 y se inicia
con los viajes de Cristóbal Colón y Vasco Da Gama y se cierra en
las vísperas de la difusión de la revolución industrial. La mundialización
se ha acelerado increíblemente en los últimos cincuenta años de
este siglo a causa de los grandes cambios operados por las telecomunicaciones,
los transportes y la información; es muy gráfico el término de "aldea
planetaria", en que se ha convenido el mundo.
Hoy en día cada vez más seres humanos
están en contacto como nunca anteriormente lo habían estado. Muchas
barreras están cayendo y seguirán cayendo; es progresiva la toma
de conciencia de valores comunes, por ejemplo, los derechos humanos
o la democracia; se habla de la necesidad de una ética mundial;
se habla de un patrimonio común de la humanidad, aquí está el tema
de la ecología, por ejemplo. La mundialización conduce a tomar en
cuenta por primera vez el conjunto planetario que produce simultáneamente
su espacio y historia, el espacio y la historia de toda la humanidad.
Es el intercambio generalizado entre las diferentes partes del planeta,
es el espacio mundial donde se realizan ahora y se realizarán en
el futuro todas las transacciones de la humanidad.
El fenómeno de la mundialización es
inevitable y bien orientado puede llevar a crear un nuevo orden
mundial más libre más democrático, más humano, más justo y solidario
en el marco extraordinario de la efectiva unidad de la familia humana
como tantas veces ha proclamado el Papa Juan Pablo II, en la construcción
del bien común de todos los seres humanos. Pero avanzamos a situaciones
completamente antagónicas ahora porque es el fenómeno de la globalización
quien orienta, rige y conduce el fenómeno de la mundialización.
El actual proceso denominado "globalización"
no es fruto de la casualidad ni tampoco de determinadas leyes naturales
invisibles e inevitables. La globalización actual es el resultado
de ideas predominantes, de actores claves, de poderosos intereses
geoeconómicos y geopolíticos, de decisiones políticas y económicas
tomadas en los actuales centros de poder mundial y en las grandes
instituciones financieras y comerciales. No es un fenómeno neutro;
tiene un claro contenido ideológico y apunta a un determinado ordenamiento
del mundo y a darle determinados contenidos y formas al fenómeno
de la mundialización. Es un fenómeno altamente sofisticado, más
bien altamente mitificado. Y se impone la necesidad de desmitificarlo
para conocerlo en todos sus componentes y consecuencias y para poder
responder y proponer otras alternativas para orientar y regir el
actual proceso de la mundialización.
La calificación central que cabe darle
al actual proceso de globalización es que se trata de una globalización
del capitalismo, monitoreado por la ideología neoliberal y que da
como resultado un capitalismo radical y salvaje, como lo ha definido
en múltiples ocasiones la CLAT y muchas personalidades, entre ellas
el propio Juan Pablo II. Una de las revistas más relevantes del
templo de la escolástica capitalista mundial: Newsweek, en su número
del 26 de febrero 1996 llegó a calificar este capitalismo como "Killer
Capitalism", un capitalismo asesino.
La globalización es un proceso de
índole estructural que expresa la fase planetaria del capitalismo
triunfante, hegemónico sin oposición alguna en todo el planeta.
Es la dictadura del mercado global como lógica inevitable de la
historia, erigido como árbitro absoluto de la vida de todos los
seres humanos, conducida esta dictadura por un real imperialismo
financiero dedicado en gran parte a la especulación y a la depredación
de los pueblos y naciones y a la degradación imparable del ser humano.
No es verdad eso de la muerte definitiva
de las ideologías y de las utopías. Ahora es el turno del predominio
de las ideas neoliberales. Hay centros muy bien financiados y altamente
especializados que actualizan y refuerzan esta ideología dominante.
Uno de estos centros es Davos. Cada año desde 1970, en medio del
invierno, los principales responsables del planeta Jefes de Estado,
banqueros, financieros, patronos de las grandes empresas transnacionales,
intelectuales se encuentran en Davos, pequeña ciudad suiza, para
hacer el balance y trazar las perspectivas de la economía de mercado,
libre de cambio y de la desregulación. Cita obligada de los nuevos
amos del mundo, Davos se ha convertido incontestablemente en el
centro de ultraneoliberalismo, la capital de la globalización y
el laboratorio principal del pensamiento único.
En el encuentro de 1996 se expresaron
criterios y dictados que muestran que la globalización no es un
fenómeno neutro sino bien ideológico. La competitividad es aquí
la única fuerza motriz del progreso: "Se trata de un individuo,
de una empresa, de un país, lo importante para sobrevivir en este
mundo es ser más competitivo que su vecino", lo dijo Helmut Maucher,
patrón de la Nestlé. Y desgraciado el gobierno que no siga este
dictado, "Los mercados los sancionarán inmediatamente -advirtió
Han Tietmeyer, presidente del Bundesbank- porqué los hombres políticos
están de ahora en adelante bajo el control de los mercados financieros".
Para tener el cuadro completo, también
en Davos se escuchan voces pesimistas y atemorizadas por el destino
incierto del capitalismo. Una de estas voces fue la de George Soros,
uno de los 358 individuos más ricos del mundo y genial especulador
de las finanzas. Dijo que el "capitalismo es igual al comunismo
y que ambos son un peligro para la democracia"; expresó además que
"con el correr del tiempo, la propia ciencia comenzó a admitir que
el mundo está hecho también de elementos de incertidumbre y de caos,
lo que nos obliga a reconocer que todo también puede fallar y que
la constatación que la intervención gubernamental probó ser ineficiente
no es razón para acreditar que los mercados son perfectos y también
fallan".
¿Qué significa globalizar en el actual
proceso de globalización? Lo primero que se puede pensar que se
trata de construir un todo homogéneo donde no habrá ganadores ni
perdedores, sino que todos seremos ganadores. Así mismo los presentan
en términos triunfalistas lo ideólogos neoliberales, asegurando
que es la única vía para el progreso y la prosperidad de todos,
amenazando inclusive con que el que no se monta al carro de esta
globalización quedará irremediablemente fuera de la modernidad y
de la historia y pasará a formar parte del contingente de seres
humanos y de naciones desechables y prescindibles.
El neoliberalismo que está en la base
doctrinal de esta globalización ha demostrado con creces que tiene
una dinámica perversa, ya que su aplicación práctica inevitablemente
concentra y excluye generando una especie de darwinismo social implacable
y que ahora impacta a toda la humanidad. Una muestra de la hiperconcentración
de la riqueza y de las finanzas la hizo conocer el informe del PNUD
del año pasado cuando demostró que unos 358 individuos poseían ellos
solos un paquete financiero equivalente al que necesita el 45% de
la humanidad para vivir; unos centenares de individuos disponen
de más recursos que casi la mitad de la población del mundo.
Otra muestra fue la declaración del
Secretario General de la ONU, al inaugurar la Cumbre Mundial para
el Desarrollo Social en Dinamarca hace pocos años. Aquí enfatizó
delante de todos los Jefes de Estado del mundo que estábamos sentados
sobre una bomba social lista a explotar al Norte, al Sur, al Este
y al Oeste del planeta. No hay ninguna posibilidad de homogenización,
sino que se profundizará cada vez más la dualización de la sociedad
mundial y desde ya se ve con suma claridad quiénes son los ganadores
y quiénes son los perdedores, sobre todo los trabajadores y los
más pobres, que son mayoría, pero también muchas naciones y pueblos,
muchos empresarios pequeños, medianos y nacionales.
Hay seis mandamientos que rigen la
globalización, tres son imperativos fundamentales y tres son medios
necesarios:
* El primero es que la globalización
actual es inevitable e irreversible. Nadie ni nada puede modificar
el actual proceso de globalización. Imposible pensar que hay otras
formas distintas de mundialización de la economía, lo que lleva
a algunos resignadamente a tratar, por lo menos, de "humanizar o
democratizar" el actual proceso de globalización. No hay esclavitud
mayor que aquella que nos priva de la posibilidad de pensar, de
crear, de audacia con libertad. No hay dominación mayor que el estar
sujeto a un modo de ver y de conocer que se impone de modo incontestable
e inevitable. Es la dictadura del pensamiento único. Ya está en
marcha un proceso de rechazo y de rebeldía contra esto que se hará
más radical en el futuro inmediato.
* El segundo mandamiento es controlar,
confiscar, poner al servicio de la globalización capitalista las
revoluciones científicas y tecnológicas. En realidad nunca la tecnología
es neutra, siempre es funcional al sistema dominante. Las nuevas
tecnologías sirven hoy a la profundización y consolidación de la
globalización capitalista y neoliberal, sobre todo en las áreas
de la información y de los conocimientos.
* El tercer mandamiento es el de la
competitividad sin límites, la competitividad salvaje: el que gana
sobrevive, el que pierde desaparece.
* El cuarto mandamiento es la liberación
total de los mercados nacionales para constituir un mercado único
global. Desaparecen los intereses de la sociedad y la voluntad popular
soberana.
* El quinto mandamiento es la desregulación
de los mecanismos de dirección y de orientación de la economía y
dejar esto a la mano invisible del mercado. El Estado, los ciudadanos,
los trabajadores, la sociedad política y la sociedad civil quedan
completamente excluidos de la orientación y conducción de la vida
económica de sus países.
* El sexto mandamiento, conclusión
lógica de los anteriores y que los corona, es la privatización de
toda la economía: transportes urbanos, ferrocarriles, transporte
aéreo, salud, hospitales, educación seguridad social, bancos cultura,
distribución del agua, de la electricidad, del gas, de los servicios
administrativos, etc. El actor privado como actor clave de la globalización
y el protagonismo aplastante de un centenar de gigantes corporaciones
privadas, que tienen un poder económico y político superior a los
Estados, las Naciones y que operan sin ningún control político ni
social.
La actual globalización genera una
tremenda dinámica centrífuga que impacta a fondo a nuestras naciones,
pueblos y personas. Tiene una virtud maléfica de desintegración
y de descomposición en todos los aspectos de la vida. El mundo se
hace cada vez más pequeño, pero no se está uniendo. Los mercados,
las economías, las finanzas se globalizan, se unifican, pero las
naciones, los Estados, las ciudades, los barrios, los tejidos sociales,
las gentes, se están desintegrando.
La globalización de la economía está
provocando la desintegración nacional, política, social, ética,
cultural y espiritual. Los lazos familiares se rompen, la autoridad
establecida se debilita, los actores sociales y políticos se desarticulan,
los vínculos de la comunidad local y de las personas se tensan y
se rompen. Y no digamos nada del mundo del trabajo, que sufre impactos
y modificaciones de toda índole en la dirección de imponer agresivamente
la primacía y la hegemonía del dinero, del capital, de la especulación,
de los negocios por encima del trabajo y de los trabajadores. La
actual globalización está imponiendo una sociedad completamente
deshumanizada, sin piedad y sin misericordia para el ser humano,
donde finalmente las cosas terminan valiendo más que las personas.
La mundialización, según la hemos
definido, está cargada de promesas y de potencialidades creativas
y esperanzadoras para un mundo mejor. La actual globalización capitalista
y neoliberal está globalizando un tremendo desorden a nivel del
planeta y puede terminar en el caos total. Por esto mismo no es
aceptable, no se le puede considerar como inevitable e irreversible.
Hay otras posibilidades ciertas para orientar el proceso de mundialización,
teniendo como eje central el bien común de todos los seres humanos.
Sin embargo, es necesario aceptar que
estamos condenados, nadie sabe por cuánto tiempo, a vivir y sobrevivir
dentro del actual proceso de globalización. No hay por ahora relación
de fuerzas y de poder para modificar la orientación y el curso de
la misma, ni hay proyectos alternativos bien estructurados y sustentados.
Estamos obligados a diseñar políticas, estrategias y acciones para
representar y defender a los trabajadores, a nuestros pueblos y
naciones, sin renunciar a ser portadores de proyectos alternativos
para un nuevo orden mundial post-neoliberal y post-capitalista.
Recuerdo que ya el 23 Congreso de la CMT debatió y aprobó un documento,
que contiene la visión y las propuestas del mundo de los trabajadores
en relación con un nuevo orden mundial que no tiene que ver con
la actual globalización.
Debemos partir de una constatación
clave: ningún país, ninguna nación, pequeña, mediana o grande, puede
hacerle frente con efectividad al actual proceso de globalización.
Solos o aislados o librados a las propias fuerzas y recursos serán
atropellados, aplastados, barridos por el actual proceso de globalización.
Los latinoamericanos y caribeños necesitamos
realizar un proyecto propio que genere una arrolladora dinámica
centrípeta es decir, que viabilice la máxima concentración de nuestras
fuerzas recursos para diseñar y poner en práctica una respuesta
y propuesta creativa que nos permitan hacer frente a la actual globalización
y nos proyecte como protagonistas determinantes en la promoción
y construcción de un nuevo orden mundial distinto al que trata de
imponer hoy la globalización capitalista y neoliberal.
Y esta respuesta y propuesta ya está
en marcha y es una realidad. Ya tiene un nombre y un emblema: es
la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones. Es el sueño
de Bolívar que se hace realidad en la Patria Grande Latinoamericana.
No cabe ya la menor duda de que en
los procesos de integración que están en marcha en América Latina
y en el Caribe, se confrontan dos proyectos muy distintos y prácticamente
incompatibles. Hay un proyecto puramente economicista y que culminará
en el año 2005 con el supermercado hemisférico desde Alaska a Tierra
del Fuego en el marco de los objetivos, de la estrategia geoeconómica
y geopolítica y de los tremendos intereses corporativos contenidos
en la Iniciativa para las Américas del Presidente Bush, y mejor
explicitados en la Cumbre de Miami. Es la nueva versión "moderna"
pero más sofisticada y tentadora del panamericanismo, de la Doctrina
Monroe, actualizada para la postguerra fría. Es la integración hegemonizada
por el capital, más especialmente por el imperio de las finanzas,
de los negocios, del mercantilismo, de la competitividad salvaje,
del economicismo materialista, de las empresas globales que ya están
emergiendo y serán las dominantes en el futuro inmediato.
Es el proyecto que consolidará la
primacía de las cosas sobre las gentes, sin ninguna sensibilidad
humana ni social. Es el proyecto de una minoría altamente satisfecha
pero excluyente de la mayoría de los latinoamericanos y caribeños
que en número creciente están siendo hundidos en la pobreza, en
la injusticia social, en el basurero de la sociedad. Es un proyecto
totalmente desfavorable para los hombres y las mujeres que necesitan
trabajar para vivir, para el mundo del trabajo y de los trabajadores,
para sus organizaciones representativas. En la práctica, es la sumatoria
mecánica de lo que el neoliberalismo ya está imponiendo en todos
los países de la región. Es el proyecto regulado totalitariamente
por las leyes ciegas e irracionales del mercado girando en el vacío,
que es cuando produce sus mayores perversidades y aberraciones.
Es el proyecto que más se acomoda a
la integración pasiva y sumisa de la tan mentada "globalización"
(proyecto neoliberal de una nueva civilización y orden mundial),
aún cuando desintegre en sus raíces más vitales a nuestros pueblos
a nuestras naciones y nuestras personas. Es el proyecto que convertirá
en el siglo XXI a América Latina y al Caribe en meras referencias
geográficas. en una especie de magma deforme sin identidad, sin
alma y sin historia. algo así como "el planeta de los simios".
El otro proyecto es de índole y alcances
comunitarios, que no se agota en la mera eliminación de aranceles
ó de trabas aduanales. Su objetivo es constituir una comunidad de
naciones relacionadas y unidas por lazos geográficos, históricos,
religiosos y por un mismo destino y que deben integrarse sólidamente
en el ámbito económico, social, político, cultural, ético y espiritual.
Su raíz está en el sueño de Bolívar
y de los principales paladines de la independencia; política del
siglo pasado. Es el proyecto de la segunda independencia de América
Latina y del Caribe que completa, profundiza y culmina la independencia
política como una nueva forma de independencia nacional, social
y cultural, no cerrada sobre la geografía de la región sino la abierta
a todo el mundo. Es la mejor respuesta y propuesta para una inserción
activa, creativa con nuestra propia identidad y determinante dentro
de un inevitable proceso de interdependencia globalizante, pero
apostando a un orden mundial distinto, no sólo más libre y democrático,
sino más justo, más solidario, que culmine la unidad de la familia
humana en un ambiente de confraternidad y amor. América Latina constituida
en la Patria Grande, tiene mucho que aportar para este nuevo mundo.
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