Estados Unidos pide al mundo respaldo para
su guerra contra el terrorismo, pero da la espalda a la comunidad
internacional en asuntos ambientales clave como el recalentamiento
global, una actitud que puede tener altos costos en 2002 y en el
futuro próximo.
Después de los hechos del 11 de septiembre, si Estados Unidos
tiene motivos para pedir una posición colectiva a la comunidad
internacional, debe buscar también un enfoque común para enfrentar
el problema del cambio climático", dijo el ministro de Ambiente de
Holanda, Jan Pronk.
Pronk realizó su declaración en respuesta a la actitud
prescindente de Estados Unidos ante las conversaciones sobre el
Protocolo de Kyoto mantenidas del 29 de octubre y al 9 de
noviembre en Marrakesh, Marruecos.
El protocolo internacional de 1997, que lleva el nombre de la
ciudad japonesa donde fue aprobado, obliga a los países
industrializados signatarios a reducir antes de 2012 la emisión de
gases de efecto invernadero cinco por ciento por debajo de los
volúmenes de 1990.
La mayoría de los científicos creen que el dióxido de carbono y
otros gases producidos por la actividad humana causan el
recalentamiento del planeta que, a su vez, produce profundas
alteraciones climáticas.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo que la
economía de su país se perjudicaría con la reducción del uso de
combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón, fuentes de gases
invernadero.
También objetó la circunstancia de que el Protocolo de Kyoto no
obliga a grandes países en desarrollo como China e India a asumir
metas de reducción de sus propias emisiones.
La participación de Estados Unidos en el protocolo es
considerada clave ya que, aunque sólo tiene 4,6 por ciento de la
población mundial, emite casi 25 por ciento de los gases causantes
del efecto invernadero.
Tras dar la espalda al protocolo y concitar la desaprobación de
la comunidad internacional, el gobierno de Bush prometió presentar
una alternativa al Protocolo de Kyoto. Pero desde el 11 de
septiembre, fecha de los atentados contra Nueva York y Washington,
no volvió a hablar de su plan.
No es posible que la admuinistración de Bush ignore problemas
que preocupan al resto del mundo, como el recalentamiento del
planeta, y aguarde a la vez un amplio resplado para asuntos como
la guerra contra el terrorismo, señaló Phillip Clapp, presidente
de la organización National Environmental Trust, de Washington.
A pesar del boicot de Estados Unidos al Protocolo, unos 180
países decidieron apoyarlo. Para convertirse en ley internacional,
el Protocolo debe ser ratificado por 55 países que en conjunto
sean responsables de 55 por ciento del dióxido de carbono emitido.
Si la Unión Europea, Rusia y Japón cumplen su palabra, el
acuerdo de Kyoto será ley el año próximo.
Organizaciones civiles advirtieron que las autoridades
estadounidenses continúan su campaña por desmantelar las
disposiciones nacionales para la protección del ambiente, entre
ellas algunas normas sobre la minería y la tala de bosques.
Bush afirmó que la extracción de petróleo en la Reserva
Nacional de Vida Silvestre del Artico, en Alaska, es importante
para la seguridad nacional, pues reducirá la dependencia de
Estados Unidos del crudo de Medio Oriente.
Pero quienes se oponen a la perforación en esa reserva de
Alaska destacaron que, según estimaciones del propio gobierno, no
podrá disponerse del petróleo de ese lugar hasta dentro de siete
años, y la producción sólo cubrirá las necesidades de Estados
Unidos durante 140 días.
Los activistas también temen que los esfuerzos de la industria
petrolera por lograr apoyo federal para aumentar las medidas de
seguridad en varias de sus instalaciones causen el abandono de
disposiciones esenciales para la protección ambiental.
A fines de octubre, Bracewell y Patterson, una empresa de
Washington que representa a varias compañías de energía, presentó
un informe sobre centrales de energía y oleoductos a la Oficina de
Seguridad Interna de la Casa Blanca.
Además de recomendar rebajas impositivas y otras medidas
financieras para mejorar la seguridad de la industria, el informe
sugirió la creación de "disposiciones de impacto sobre la
seguridad" que pasarían por encima de regulaciones sobre impacto
ambiental.
Las normas de impacto ambiental suelen imponer controles sobre
diversos tipos de contaminación y otras medidas para mitigar daños
a la naturaleza.
Debbie Boger, de la organización Sierra Club, calificó de
"escandalosa" la recomendación de Bracewell y Patterson. "La
industria petrolera saca ventaja de esta tragedia (los atentados
de septiembre) para atacar leyes ambientales a las que siempre se
opuso", agregó.
Los ambientalistas proponen pasar de los combustibles fósiles y
la energía nuclear a una economía basada en diversas formas de
energía renovable, como la eólica, la solar y la biomasa.
Además de reducir la dependencia de Estados Unidos del petróleo
importado, las plantas de energía renovable no entrañan los
riesgos de un oleoducto o una central nuclear en caso de ataque
terrorista, destacó Boger.
Los activistas esperan que la ecología vuelva a ser centro de
atención con la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable, que
se realizará el año próximo en Sudáfrica.
La cumbre, también llamada "Río +10", pues se celebrará una
década después de la Cumbre de la Tierra, de Río de Janeiro,
reunirá a 135 jefes de estado, organizaciones civiles, agencias de
la Organización de las Naciones Unidas e instituciones financieras
multilaterales.
Pero muchos activistas advierten que las conferencias mundiales
no han aportado soluciones, debido a la falta de voluntad política
para dar prioridad al ambiente.
Gary Gardener, director de investigaciones del Worldwatch
Institute, de Washington, afirmó que no hubo mejoras sustantivas
tras la Cumbre de la Tierra de 1992, formalmente llamada
Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo.
Los bosques del mundo continúan desapareciendo, los suelos
están más erosionados, las fuentes de agua siguen en disminución,
y arrecifes de coral y numerosas especies desaparecieron en los
últimos 10 años a una velocidad sin precedentes, señaló el
Worldwatch Institute.
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