Durante
los últimos 50 años hemos estado asistiendo a un proceso que, iniciado
tras la Segunda Guerra Mundial, llega hasta nuestros días, y es
que la riqueza económica mundial ha ido aumentando espectacularmente
aunque no ha sido objeto de una distribución equitativa, si no que
se ha ido concentrando en una pequeña parte de la población en detrimento
de una mayoría empobrecida que componen tanto el Tercer Mundo como
el Cuarto Mundo.
Pero este fenómeno a todas luces injusto,
no sólo no retrocede si no que se ve relanzado y reforzado
con la eclosión de ese gran "fenómeno económico" que se ha dado
en llamar globalización económica, que no implica otra cosa que
el enriquecimiento económico y la acumulación de poder por parte
de un grupo de presión interesado en expandir mundialmente la estructura
económica del capitalismo, únicamente en su propio beneficio, las
empresas multinacionales y sus asociados.
Esta expansión, esta incardinación,
ha sido posible debido a que los promotores de este fenómeno, ínsitos
en las estructuras de poder, han logrado presentar al mismo no como
una imposición si no como producto de un "acuerdo" entre los detentadores
del poder económico y la sociedad civil, bajo la promesa, la apariencia
de que la libertad de empresa, comercio, inversión y consumo, suponen
un refuerzo del Estado del Bienestar y de las libertades, en definitiva:
presentan la globalización económica bajo el siempre atractivo envoltorio
de la Globalización Social y Política. Nada más lejos de la realidad.
El acuerdo actual, de una minoría de
ricos para asegurar en secreto la continuidad de una distribución
de poder y de recursos de forma desigual es un hecho, una realidad
que ha de ser contrastada y, por ende, precisa ser cambiada.Y esta
afirmación no es un producto demencial de mentes obsesionadas con
la "teoría de la conspiración", si no una verdad económica fácilmente
constatable y que se resume claramente en los denominados" peligros
de la globalización", los cuales, lejos de constituir una fantasía,
son evidentes y comprobables. El más terrible de todos quizá, el
que es causa de todos los demás: la deshumanización.
Teorías como el laissez faire-laissez
passer, el capitalismo neoliberal... dentro de una sociedad abierta
que, como tal, se basa en la libertad, la democracia, el estado
de derecho y del bienestar, desvirtúan ésta hasta tal punto que
convierten a la persona en individuos cuyo comportamiento se basa
exclusivamente en valores monetarios que sustituyen los valores
humanitarios, con el consiguiente y lamentable deterioro social
que ello conlleva.
Esta situación puede arrastrarnos
a crear un marco social donde la solidaridad y la justicia social
lleguen a brillar por su ausencia, donde los intereses individuales
se superpongan a los colectivos, donde, en definitiva, una minoría
de ricos determine el destino de una mayoría de pobres, contando
con la complicidad de una desinformada (o mal informada) mass-media,
mass-media que tampoco resulta beneficiada de este proceso de globalización;
muy al contrario, la exacerbada protección a la economía directa
y especulativa opera en detrimento de las economías domésticas,
que quedan al margen de cualquier tipo de control sobre toda la
serie de "decisiones" de los lobbys económicos respecto de sus empresas
y marcas. De acuerdo que este fenómeno fue derrotado en la Organización
para la Cooperación Económica (gracias fundamentalmente a la presión
de las ONG,s), pero de nuevo intenta llevarse a cabo, esta vez en
la O.M.C.
Por ello, la oposición a la globalización
económica debe ser un posicionamiento firme y contundente por parte
de las sociedades civiles en tanto en cuanto no implique una Globalización
Social y Polítca real, debido a la desigualdad económica y al deterioro
social y humanístico que genera.
Esperanza Muñoz de la Espada.
Abogada. Técnico de la Asociación Efectos Vulnerables.
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