1. INTRODUCCIÓN
Señores, “responsables de las decisiones”. Como ustedes afirman,
asistimos al fortalecimiento del planeta y a la mundialización
de una economía en plena mutación (...).[1] Sin embargo, no
ocupamos el mismo lugar que ustedes en este mundo que a pesar de
que éste nos pertenece tanto a nosotras como a ustedes. De hecho
somos las que hemos pagado más caro la mundialización actual y las
que sufrimos las consecuencias de sus políticas. Desde luego, nosotras
no somos expertas del FMI y del BM pero somos, por otro lado, de
Este a Oeste y de Norte a Sur, expertas del “mal desarrollo”, “científicas”
del antónimo del crecimiento y de una mundialización que nos golpea
y que hace que tanto nosotras, como nuestros hijos, nuestras familias,
nuestras comunidades y el planeta entero padezcan de sus choques
y sus efectos perversos, de aquello que en resumen se llama y el
“sufrimiento agregado”.
Les hemos solicitado este encuentro
directo y sin intermediarios para precisamente denunciar esta realidad,
para comunicarles nuestras reivindicaciones y declarar con claridad
nuestra determinación de hacer cambiar las cosas mediante la fuerza
de nuestra movilización. Además, ¡no estamos solas! Desde hace algunos
años, un vasto movimiento de mujeres ha ido cobrando forma a través
del mundo junto a movimientos sociales, sindicatos, ONG y asociaciones
de la sociedad civil. Juntos impugnan el actual desorden del mundo,
se niegan a vivir en sociedades dominadas por la ley absoluta de
la “supremacía de los mercados”, así como por otra ley de igual
importancia para las mujeres, la del patriarcado, y proponen acciones
y medidas concretas para que la humanidad pueda vivir en paz, justicia
y solidaridad.
1.1 ¿Quiénes somos?
Somos mujeres de la base, de todos orígenes y nacionalidades, de
todas orientaciones (políticas, culturales, sexuales, etc.) que
compartimos dos condiciones por igual: la pobreza y la violencia,
dos plagas que avergüenzan a todas las civilizaciones, culturas,
regímenes políticos así como al sistema económico dominante en este
principio del nuevo milenio. Constituimos la Marcha Mundial de las
Mujeres 2000, un movimiento autónomo de mujeres formado por grupos
de mujeres, de sindicatos y de movimientos sociales sin lazos gubernamentales.
Esta Marcha es una iniciativa de la Fédération des femmes du Québec
(Federación de Mujeres de Québec) que rápidamente ha obtenido la
adhesión y ha suscitado la movilización de millares de mujeres en
el mundo entero. En este momento, mientras estamos reunidas con
ustedes, más de 6.000 grupos en 159 países y territorios están participando
a la vez, en su país, en su región e internacionalmente.
La Marcha Mundial es una acción ciudadana de millones de mujeres
que:
* denuncian la pobreza y todas las manifestaciones de violencia
contra las mujeres;
* exigen cambios verdaderos: la riqueza compartida por igual,
el respeto a la integridad física y mental de las mujeres, y la
igualdad entre mujeres y hombres;
* interpelan los políticos a todos los niveles para obtener,
¡ahora!, acciones concretas en lugar de “palabras bonitas”.
1.2. Hay que actuar
sobre las causas estructurales de la pobreza y las violencias
Está bien que denunciemos la pobreza y las violencias contra las
mujeres, su amplitud, sus consecuencias humanas, políticas y económicas.
Pero, sobre todo, hemos tomado la determinación de actuar sobre
las causas estructurales, macropolíticas y macroeconómicas de esos
fenómenos. Para la Marcha, el mundo de hoy y la situación de las
mujeres en particular se explican por la fuerza conjugada de dos
fenómenos globales:
-
la dominación de un sistema económico único que abarca todo
el orbe: el capitalismo neoliberal, ese sistema único, dominante,
que se rige por la competencia absoluta y se orienta en todas
las direcciones sobre la privatización, la liberalización, la
desreglamentación; sometido sólo a la ley de “la supremacía de
los mercados”, donde el disfrute pleno de los derechos humanos
fundamentales está subordinado a la libertad económica que provoca
exclusiones intolerables para las personas y peligros para la
paz en el mundo y para el futuro del planeta.
la perpetuación de un sistema social, político y económico
dominante contra las mujeres: el sistema patriarcal, un sistema
que, desde luego, no data del siglo XX sino que se ha venido consolidando
desde hace milenios según una intensidad variable y culturas diferentes.
Este sistema de valores, de reglamentos, de normas, de políticas,
se basa en la pretensión de que existe una inferioridad natural
de las mujeres como seres humanos y en la jerarquización de los
roles que se atribuye en nuestras sociedades a las mujeres y a
los hombres. Este sistema consagra el poder masculino, engendra
violencias y exclusiones e imprime a la mundialización actual
un sesgo netamente sexista.
Estas dos fuerzas históricas se alimentan
recíprocamente y se fortalecen mutuamente para mantener a la gran
mayoría de mujeres en una situación de inferioridad cultural, de
desvalorización social, de marginalidad económica, de falta de "visibilidad"
de su existencia y su trabajo, de mercantilización de sus cuerpos.
Todas estas situaciones se asemejan a las de un verdadero "apartheid".[2]
Estas dos fuerzas alimentan los integrismos, los fundamentalismos,
los conservatismos de toda especie.
1.3. Una sola carta
para sus dos instituciones
Hemos decidido dirigirnos a sus dos instituciones a la vez y con
el mismo mensaje. No ignoramos los diferentes objetivos, funciones
y estructuras del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Pero pensamos que se trata de dos instituciones, gemelas de nacimiento,
orientaciones y estructuras de decisión; son como una vieja pareja
en la que los cónyuges tienen sus diferencias pero siempre han marchado
de la mano.
Ustedes operan en un vacío, fuera del
alcance de la vista y la crítica de las ciudadanas y los ciudadanos,
y pertenecen a un mismo universo político, económico y cultural,
el universo del capitalismo neoliberal “puro y duro”. Ustedes están
en las manos mismas de los gobiernos y dirigentes de las naciones
más ricas del planeta: su modo operativo basado sobre el sistema
de cuotas lo demuestra. Ustedes se consultan regularmente antes
de conceder los préstamos. Su “nueva orientación” el Marco estratégico
de lucha contra la pobreza exige una asociación aún más sostenida
entre sus dos instituciones. Ustedes representan dos instituciones
con la misma orientación política y económica.
1.4. El propósito
de nuestro encuentro
Hablemos más específicamente de:
-
las bases de sus principales orientaciones políticas y económicas
que, según nuestra opinión, contribuyen al desorden actual del
mundo y constituyen obstáculos que frenan el completo desarrollo
de las mujeres y el ejercicio de sus derechos fundamentales. En
particular nos sorprende la obsesión con la que ustedes presionan
a los países para que se integren a la economía de mercado, capitalista,
neoliberal y sexista, sin dejar lugar para ninguna diversidad
ni pluralismo en los modelos de crecimiento y desarrollo;
La Marcha Mundial impugna la validez
de cada uno de estos puntos y propone cambios importantes de rumbo.
Estas proposiciones constituyen la última parte de nuestra carta,
sobre la cual haremos hincapié a todo lo largo de nuestro encuentro.
2. LAS PRINCIPALES ORIENTACIONES POLÍTICAS
Y ECONÓMICAS DE SUS INSTITUCIONES: FUENTES DEL DESORDEN MUNDIAL
Y DE LOS OBSTÁCULOS PARA LAS MUJERES
2.1. La inquietante deriva de los
sistemas internacionales llamados de “protección”
Después de la segunda guerra mundial, después de los campos de concentración,
después de los procesos de descolonización y del derrumbe del Muro
de Berlín, tuvimos la esperanza fugaz que había llegado el momento
para que, por medio de la ONU, la comunidad internacional diera
fin definitivamente a la guerra, la ocupación, la tortura y a toda
forma de violencia contra las mujeres. Después de las múltiples
crisis financieras del pasado siglo, de la gran depresión de los
años 20 hasta la crisis asiática, pasando por las de México y Brasil,
por mencionar sólo algunas, muchas veces hemos soñado que se pondría
fin a la rapacidad globalizada de aquellos que reinan con la impunidad
de los dictadores. ¡Sufrimos un desengaño!
No nos queda más remedio que constatar
que a pesar de sus programas de ayuda y desarrollo que han permitido
evitar catástrofes, lo cual es apreciable, la ONU se ha visto impedida
hasta la fecha de ejercer plenamente su mandato de prevenir y solucionar
conflictos, de proteger los derechos humanos fundamentales y por
lo tanto de contribuir a detener y a eliminar la disparidad creciente
entre los países y entre ciudadanas y ciudadanos, entre ricos y
pobres, entre mujeres y hombres.[3] Mientras tanto, los poderes
económicos liberados de obligaciones se comportan como verdaderos
“señores de la guerra”, como si el mundo fuera su traspatio privado.
¿Y qué hacen sus instituciones? En
el plano internacional, desempeñan un papel primordial en la dirección
actual del mundo y al disponer en el campo económico de un poder
mayor al de la propia ONU instauran por doquier políticas neoliberales,
que son las principales causas del aumento de las disparidades.[4]
Lejos de oponerse a la máquina aplanadora de la salvaje mundialización
actual, sus instituciones se hacen cómplices y le sirven de estandarte,
y contribuyen a la vez al empobrecimiento de los más débiles y particularmente
de las mujeres.
Nos permitirán pues expresar aquí
una duda crónica, profunda y sistemática hacia un “nuevo” discurso
cada vez más “politically correct ” contradicho regularmente con
políticas “economically incorrect”.
2.2. La fe en el capitalismo neoliberal
En las orientaciones fundamentales del FMI y del BM predomina la
creencia casi religiosa en la superioridad del capitalismo y del
mercado neoliberal o del libre comercio como la única vía posible
de crecimiento y desarrollo, y como la única dirección hacia la
mundialización.[5] (George et Sabelli, 1994) Sus políticas se orientan
y se fundamentan exclusivamente a partir de estos postulados: liberalización
sin restricciones, privatización y desreglamentación sistemática.
Según esta idea ustedes afirman que el libre mercado genera automáticamente
democracia y oportunidades para todas las personas, lo cual retoma
el pronóstico del último director de GATT (Acuerdo General sobre
Aranceles Aduaneros y Comercio) de abril de 1994 en Marrakech según
el cual, en el proceso de mundialización (...) no habrá ganadores
ni perdedores.
Sin embargo, como saben ustedes, el
capitalismo neoliberal está lejos de cumplir con sus “promesas”.
Copenhague+5 nos recuerda que los compromisos de los Estados y de
la comunidad internacional para reducir la pobreza tampoco han sido
cumplidos: la abrumadora mayoría de la humanidad vive todavía en
la pobreza, sobre todo las mujeres y los niños; y para las mujeres,
las diferencias todavía son más grandes: mientras las mujeres son
la mitad de la población mundial y realizan 2/3 de las horas de
trabajo, ellas sólo reciben 1/10 de la renta mundial y poseen menos
de 1/100 de la fortuna del mundo.[6] (Durrer,1995)
2.3. La conservación del poder político
de los más ricos
El sistema económico dominante descansa sobre un sistema político
igualmente dominante: la “democracia liberal” afianza, en el ámbito
internacional, la concentración del poder político en las manos
de un pequeño grupo de países ricos, y en el ámbito nacional, en
manos de una minoría acaudalada. Dicha “democracia” no sólo tolera
sino que genera numerosas cisiones (de clase, étnicas, sociales,
etc.) que ponen en peligro a la comunidad internacional. Esta “democracia”
se caracteriza también por su exclusión masiva de las mujeres de
los centros de poder.
Sus instituciones reposan sobre este
poder político hegemónico de los más ricos y sus políticas de intervención
las calificamos de antidemocráticas por imponer condiciones unilaterales
a los países en desarrollo, ingerirse en sus políticas interiores,
establecer alianzas con gobiernos corruptos, aprovecharse de las
debilidades estructurales de los Estados para imponerles la lógica
del mercado neoliberal y por la renuencia que muestran a afianzar
financieramente la sociedad civil contrariamente a lo que predican
en sus discursos.
Tal “modelo” democrático entra en
contradicción con los ideales de la democracia que nos guían y que
están basados sobre la participación, el respeto de los derechos
humanos fundamentales, la distribución equitativa de las riquezas
de la humanidad y la igualdad entre mujeres y hombres.
2.4 La prosecución de dos objetivos
contradictorios a la vez
Ustedes pretenden luchar contra la pobreza y a la vez favorecer
la economía de mercado capitalista y neoliberal. Existe efectivamente
una propuesta de enmendar los estatutos del FMI para hacer que
la promoción de la liberalización de los movimientos de capital
sea uno de sus objetivos y darle competencia en la materia.[7]
(Discroll, 2000) El Banco Mundial [8] por su parte afirma que el
sector privado es el motor que impulsa el crecimiento a largo plazo,
que quiere ayudar a los países a crear un clima propicio para las
empresas y que “estimula la eficacia y la competencia”, que “atrae
a los capitales privados extranjeros”: por eso, hacen falta
políticas fuertes orientadas, entre otras cosas, hacia la reabsorción
de los déficit presupuestarios, la privatización de las empresas
públicas, la protección de los derechos de propiedad, etc. Estas
políticas, se supone, permiten el fortalecimiento de la capacidad
del Estado para asegurar servicios de calidad y... ¡eficaces!
(BM, sitio Web).
Afirmamos que estos objetivos son
incompatibles con la realidad y desmentidos por ella misma. No se
puede hacer como si el sistema económico que ustedes preconizan
no tuviera fallas, de las cuales la principal consiste en el hecho
que, hoy día, se es cada vez más pobre en ¡sociedades cada vez más
ricas! No podemos hacer como si el mercado, entregado a sí mismo,
fuera a producir automáticamente igualdad y solidaridad.
Es más, sus instituciones encaran serias
dificultades ante su propia incapacidad de prever los sobresaltos
y los movimientos de ese mercado, contrarios a la teoría clásica
del liberalismo.
Las críticas de las políticas del
FMI han sido virulentas y provienen también de su propia institución
por vía de su ex vicepresidente (Stiglitz, 2000): malas prescripciones
macroeconómicas en particular en la crisis asiática, promoción en
todas direcciones de la liberalización de los movimientos de capitales
que callan su papel (la especulación y los movimientos incontrolados
de estos capitales en particular) en las crisis brasileña y rusa
entre otras[9] (BFW, 2000) y en la mundialización de la pobreza[10]
(Chossudovsky, 1997).
Es necesario confrontar el carácter
sagrado del mercado libre con la brutalidad de los hechos. Por ejemplo
(...) Los informes de la UNTAD (incluyendo aquel que se refiere
al África subsahariana) demuestran que los países africanos no obtienen
ningún provecho de más de diez años de ajustes: retroceso del consumo
en el hogar, disminución de la producción de los productores locales
para el mercado interior, aumento de la dependencia alimentaria,
aceleración de la caída del valor de los productos exportados por
África en el mercado mundial, y aumento de los impuestos fiscales
que recaen sobre las poblaciones con menores ingresos. [11](CADMT)
2. 5. Los programas de “concentración”orientados
específicamente hacia las mujeres: version secular de la caridad
Ustedes admiten que esta terapia de choque tiene consecuencias.
El BM (sitio Web) en particular dice velar por atenuar los choques
a los que se exponen un centenar de países en desarrollo y en transición
al entrar de lleno en la economía mundial. Ustedes reconocen
que las reformas económicas exigidas e impuestas podrían golpear
de frente a los pobres y a los más vulnerables y que es importante
introducir programas para proteger a los pobres o impedir que
los más vulnerables se hundan en la pobreza. Ustedes mismos
están dispuestos a reconocer la necesaria intervención del Estado,
pero únicamente para sufragar las fallas del mercado.
Sus políticas no sólo afectan, por
supuesto, a los más pobres, sin embargo, ellos se han vuelto el
objeto de toda su atención permitiéndoles a ustedes sustraerse a
una reflexión que ponga en duda los fundamentos de sus orientaciones
políticas y económicas. Puesto que la economía liberal produce a
pesar de todo algunos “efectos indeseables”, ¡produzcamos programas
para los más vulnerables! ¡Esta es la versión secular de la caridad!
De ahí las políticas de “concentración” sobre los más pobres. De
ahí los innumerables programas del BM los cuales serían muy difíciles
de rechazar en particular por parte de las mujeres pobres. Estos
programas siguen estando sometidos a su lógica económica [12] (Joanny,
1998) que prohíbe en adelante cualquier medida social de vocación
universal; estos programas refuerzan además, si fuera necesario,
la privatización de todos los servicios (salud, educación, agua,
electricidad, vivienda, transporte, etc.) y la exclusión y el arrinconamiento
de miles de millones de personas, en su mayoría mujeres, al margen
de la sociedad.
Por su parte, las mujeres indias han
criticado y denunciado enérgicamente estos programas de “concentración”,
así como la falta de fiabilidad de las estadísticas para determinar
la renta y el umbral de pobreza; los ingresos son irregulares, imprevisibles,
flexibles y fluctuantes de una a otra jornada, pues provienen principalmente
del sector informal; la situación es también difícil y precaria
económicamente para las personas que se encuentran un poco por encima
del umbral de pobreza; la arbitrariedad burocrática y la corrupción
en la clasificación de “los más pobres”, etc.[13] (Women Speak,
2000), todo esto sin contar el estigma social que acompaña a toda
política selectiva y que mata al igual que el hambre.
Lo que nosotras exigimos es el revés
de la “concentración”, es decir la aplicación de los derechos universales
(políticos, económicos, sociales y culturales) via legislaciones
y políticas que beneficien a todos y a todas.
2.5. Nuevos discursos,
vieja práctica
Desde luego, ustedes reconocen sus errores. “Creo que nuestros
errores provienen del hecho de que hemos localizado demasiado nuestros
análisis y nuestras anticipaciones de crisis sobre los criterios
financieros. Hace falta tener en cuenta la situación social de un
país, el nivel de protección social, por ejemplo, que permita amortiguar
los choques. Hasta ahora, los debates han quedado limitados a los
ministros de finanzas y a las instituciones financieras”[14]
(Wolfensohn, 1999). ¿Pero quién está pagando el precio de sus “errores”
de concepción y de estrategia? ¿Quién padece las consecuencias?
¿No es tan importante tomar en cuenta el impacto de sus políticas
sobre los seres humanos como tomar en cuenta los impactos sobre
el medio ambiente?
Es cierto que en el transcurso de los
últimos años, han surgido nuevas orientaciones y nuevos lenguajes,
en particular en lo que se refiere a la lucha contra la pobreza,
eje principal de sus intervenciones, hermanado con el desarrollo
sustentable, el buen gobierno y la participación de la sociedad
civil.[15](WB, 2000) Los estudios del BM sobre la pobreza son impresionantes[16]
(WB, 2000) y las intenciones no menos loables. La voz de los pobres,
en efecto, presiona al presidente del BM para que incite a las instituciones
a repensar sus estrategias y a ayudar a los pobres, o más exactamente
a “los más pobres”, con sus propios esfuerzos. ¡Se pudiera creer
que se trata una ONG para la defensa de los derechos! La reciente
Cumbre de Copenhague+5 dio la oportunidad a sus instituciones, de
común acuerdo con la ONU y la OCDE, para reafirmar que (...) la
pobreza en todas sus formas es el desafío más importante que tiene
que enfrentar la comunidad internacional. [17](ONU, BM, FMI,OCDE,
2000).
Nos permitirán por lo tanto manifestar
un firme escepticismo frente a este nuevo discurso, ya que las políticas
de ajuste estructural, ahora rebautizadas “Marco estratégico
de lucha contra la pobreza”, siguen siendo las mismas.
2.6. Una nueva forma
de colonialismo
Nosotras afirmamos que las políticas del FMI/BM perpetúan, al modernizarlas
y fortalecerlas, las antiguas políticas coloniales e imperialistas.
¡Consternadas y con rabia percibimos un ambiente que ya conocemos!
Así, de la misma forma que el imperio británico aniquiló la industria
textil nacional en la India y en los países que forman parte del
“Dominium”, así mismo sus políticas continúan aplastando a todas
las industrias locales que no encajan en la liberalización de los
mercados. Se sabe que la mayor parte de la mano de obra barata propia
de esta industria está compuesta por las mujeres. No asombraría
que sus instituciones fueran percibidas como los “nuevos colonizadores”
del siglo XXI ni que produjeran una resistencia tan feroz como la
de los movimientos anticolonialistas de la época.
Nosotras sabemos también que sus instituciones
aplican la “ley del embudo” al prohibir los subsidios a los productos
agrícolas o alimentarios a los sectores pobres de la población,
mientras que, sin embargo, los toleran para los países ricos. Incluso
en el seno de la propia ideología de apertura ilimitada a los mercados
que defiende el BM, unos son considerados más iguales que otros.
El peso de los países más ricos todavía recae como una forma de
colonialismo. Sus instituciones financieras tratan a los “colonizados”
con la buena conciencia de los antiguos colonizadores y la rectitud
de las damas protectoras.
3. LAS MUJERES SERÁN LAS GRANDES “GANADORAS”
DE LA MUNDIALIZACIÓN...
Ustedes nos dicen que las mujeres son las grandes "ganadoras" de
la mundialización, que ellas tienen acceso a más empleos, que los
salarios mejoraron, que las diferencias entre mujeres y hombres
han mermado, que ellas tienen acceso a la autonomía financiera y
a una mejor repartición de las responsabilidades domésticas.
Sin embargo, la expériencia de miles
de mujeres implicadas en la Marcha Mundial y numerosos análisis
de feministas testimonian des sexismo particularmente virulentode
la mundialización actual y del impacto específico sobre las mujeres
de las políticas macroeconómicas practicadas por las multinacionales
y los mercados financieros, estimuladas por los Estados nacionales
y sostenidas por vuestras instituciones ( MMF 2000; CADTM1999; WEDO
1995; UNIFEM 1999; Alternatives Sud 1999, etc.).
Sin embargo, la mundialización es
un proceso paradójico: las empresas florecientes hacen despidos
masivos, las mujeres tienen acceso a los empleos pero en condiciones
que nos hacen recordar el comienzo de la industrialización en el
siglo XIX. Muchas veces, cuando la situación de las mujeres parece
mejorar, es porque la de los hombres se deterioró. Las Naciones
Unidas han subrayado en su balance de 1995 que el crecimiento
económico es, por cierto, “una condición necesaria, pero no suficiente,
para mejorar la situación de las mujeres y para eliminar la pobreza.
Gracias a la mundialización y a la integración al mercado mundial
las “mujeres han podido alcanzar más empleos que los hombres, pero
pierden en el plano de la igualdad salarial y en cuanto a la calidad
del empleo.”[18](UN, 1995).
* la tendencia general de los Estados
a reducir sus déficit y gastos gubernamentales bajo la presión directa
de los mercados financieros, de las transnacionales, de sus instituciones
mediante los programas de ajuste estructural y de la Organización
Mundial de Comercio (OMC) provoca despidos masivos en el sector
público
* salud y educación, donde las condiciones
de trabajo son generalmente más equitativas que en el sector privado
y donde... las mujeres son mayoría;
* la privatización sistemática de sectores
tan sensibles como la educación y la salud hace que recaiga sobre
las mujeres, sobre su trabajo invisible y no pagado, las tareas
antiguamente asumidas por el Estado para la colectividad. Además
de la privación de derechos tan fundamentales como son el acceso
a la salud y a la educación, reconocidos en las convenciones internacionales,
estamos frente a una verdadera reubicación de los papeles y responsabilidades
del Estado hacia el sector privado y hacia las mujeres. Esta sustitución
de roles se traduce en lo que podríamos denominar una crisis de
sobrecarga de trabajo para las mujeres. De ese modo, hemos estimado
que en América Latina desde la instauración de los programas de
ajuste estructural en los años 80, las mujeres trabajan un promedio
de una hora más por día, el equivalente de una jornada a la semana,
¡lo que es enorme!;[19] (Madorin,2000)
* sabemos también que los dos tercios
de los niños que no asisten a la escuela en el mundo son niñas;
las familias dan preferencia a los niños cuando no disponen de medios
financieros para la educación de todos. Y si la diferencia de
escolarización primaria y secundaria entre los sexos disminuye,
la progresión no es bastante rápida para que esta diferencia se
elimine completamente de aquí al 2005;[20](ONU, OCDE, BM, FMI,
2000)
* la mundialización exacerba la crisis
del trabajo no remunerado de las mujeres, cuando ya están de por
sí sobrecargadas. Desde luego, este tipo de trabajo siempre ha existido,
pero según algunas feministas (Madorin, 2000) ahora también son
las instituciones internacionales, como el Banco Mundial, por medio
de sus proyectos de “ayuda mutua” y de ayuda alimenticia, las que
organizan el trabajo no remunerado de las mujeres y ya no sólo los
esposos, padres, empleadores o gobiernos.[21]
* en los países del Sur, la liberalización
de la economía en todas direcciones, a raíz de la apertura obligada
e incondicional de las fronteras a los productos de importación
procedentes de países industrializados (los cuales, por su parte,
continúan practicando distintas formas de proteccionismo), ha literalmente
matado la agricultura alimentaria practicada en su mayoría por mujeres.
En la India, por ejemplo, esta situación junto a la inflación de
los precios de los alimentos básicos y al desmantelamiento del sistema
público y subvencionado de distribución de alimentos pone en peligro
la seguridad alimentaria de millones de personas. Como son las mujeres
quienes administran el presupuesto familiar y preparan los alimentos,
ellas comen menos porque comen lo que queda, teniendo en cuenta
la distribución de los roles en el seno de la familia. Si añadimos
el aumento de los gastos por medicamentos y servicios de salud,
que han llegado a ser inaccesibles para una mayoría de personas,
se puede afirmar que el estado de la salud de las mujeres indias
se ha deteriorado en el transcurso de la última década.
En varios países del Sur igualmente,
( MOGHE 2000; GUILLEN, MARTINEZ, MM 2000) una mayoría de mujeres
trabajan en las zonas francas donde los salarios y las condiciones
de trabajo se asemejan a las de una verdadera esclavitud. En
República Dominicana, los médicos han señalado que las mujeres trabajadoras
de las zonas francas de producción sufren dos veces más abortos
naturales que las trabajadoras de otras actividades, que los niños
y niñas manifiestan dos veces más insuficiencia ponderal y padecen
tres veces más malformaciones.[22] (Wichterich, 1999:55) La
tendencia general a la desreglamentación, lo que en realidad significa
sencillamente una regulación a favor de las empresas transnacionales,
permite entrever que pronto serán países enteros los que se transformarán
en zonas francas;
* la mundialización provoca transformaciones
profundas a nivel del trabajo de las mujeres de dos modos: por un
lado, debido al aumento constante del sector informal donde las
mujeres representan la mayoría, un sector sin derechos y sin voz
donde incluso las reivindicaciones relativas a la aplicación de
las normas sociales no llegan a las mujeres que atañen. Por el otro,
debido a la introducción en el sector formal de prácticas habitualmente
ligadas al sector informal y calificadas de “modelo femenino” susceptibles
de hacer aumentar la competitividad de las empresas: flexibilidad
total, trabajo atípico, a tiempo muy parcial y fragmentado, de sustitución,
a domicilio, por subcontratatación, independiente ocasional, clandestino,
etc. (Olagné y Zafari, 2000) Según la OCDE, las mujeres son netamente
mayoría en este tipo de empleos. Y si una minoría de mujeres tienen
acceso a los empleos en los sectores de punta mejor remunerados,
la inmensa mayoría de las mujeres continúan siendo criadas domésticas,
costureras, vendedoras, trabajadoras agrícolas de estación, etc.
¡El “modelo” del Sur totalmente desreglamentado se reproduce cada
vez más en los países ricos del Norte! ;
* si las violencias contra las mujeres
existen desde luego antes de la mundialización y muestran la persistencia
de la relación de dominación de los hombres sobre las mujeres, las
condiciones económicas precarias agravan la vulnerabilidad de las
mujeres con todas las formas de violencias. En particular, esta
es una mundialización de tráfico de mujeres y de prostitución debido
al aumento de la pobreza y del turismo sexual, a la expansión de
la industria mundial del sexo, sin llegar a hablar de la violencia
sistémica en tiempos de guerra (violaciones, agresiones sexuales,
etc.). De acuerdo al relator especial de las Naciones Unidas sobre
la violencia contra las mujeres[23] la explotación del cuerpo
es una industria internacional. (...) Engañadas, forzadas, seducidas
o vendidas, las mujeres se encuentran en situaciones análogas a
las de la esclavitud, ya sean prostitutas, empleadas domésticas,
obreras en sweatshops o simples esposas. (Coomaraswamy,
1997) Esta es una cara de la mundialización que particularmente
repugna y que sus políticas no tienen en cuenta. El camino de este
tráfico es el mismo camino del reembolso de la deuda: desde el Sur
hasta el Norte y de Este a Oeste.
4. ¿TENER EN CUENTA LA DIMENSIÓN DE
“GÉNERO”?
Ustedes nos dicen que tienen en cuenta la dimensión de género en
sus políticas. Es un hecho, sobre todo para el Banco Mundial, que
se han realizado esfuerzos importantes en esta dirección [24] (WB,
2000. Ustedes hacen ver que las discriminaciones contra las mujeres
en todos los sectores de la vida representan obstáculos mayores
al desarrollo. ¡Sea!
Estudios sistemáticos de los programas
del BM realizados en diez países de América Latina[25] (WEWB, 2000)
arriban a sorprendentes pruebas en cuanto a tres indicadores específicos:
la adecuación entre el discurso y la práctica, la equidad y la participación
de la sociedad civil, en particular la de las mujeres:
* hay un gran abismo entre el discurso
del Banco Mundial y su práctica en el terreno, abismo que es el
resultado de la ausencia de un marco conceptual adecuado relativo
a las cuestiones de género y a una falta de recursos humanos y financieros.
La falta de cumplimiento con los compromisos tomados en Beijing
también responde a una actitud laxista por parte del BM ante los
gobiernos que no quieren respetar las recomendaciones relativas
al género, sin embargo éste es más preceptivo cuando se trata de
las condiciones para el sector financiero o para los procesos de
privatización.
* el BM realiza esfuerzos para promover
la equidad socioeconómica en los servicios de salud y de educación
pero la equidad de género no forma parte de ellos. Más aun, las
orientaciones de algunos proyectos hacen que las mujeres estén confinadas
a desempeñar su papel tradicional de madres sin que nada les permita
tener acceso, entre otros, a la esfera pública, a los estudios y
al trabajo. Dichas políticas refuerzan los roles tradicionales y
mantienen las desigualdades entre mujeres y hombres. En educación,
los proyectos se contentan con acordar una atención a la accesibilidad
a la escuela de las jóvenes, sin preocuparse de los resultados;
de ese modo, no es una sorpresa encontrar a las mujeres en los peores
empleos, constatar que ellas ganan menos que los hombres por realizar
un mismo trabajo y que se concentran en el sector informal de donde
se obtiene como resultado la feminización de la pobreza;
* por último, a pesar de las tentativas
del BM para establecer procesos participativos, el nivel y la calidad
de la participación siguen siendo muy problemáticos, alejados de
un verdadero “empoderamiento” de las mujeres que logre modificar
las políticas del BM y orientarlas a sus necesidades e intereses.
Tales resultados nos vuelven escépticas
frente a un discurso que pretende tener en cuenta los intereses
de las mujeres.
La toma en cuenta de la dimensión
“genero”, sin la inclusión de políticas que permitirían una verdadera
erradicación de la pobreza, es concretamente un engaño.
El PNUD recuerda por su parte que
la indiferencia hacia la especificidad de los géneros, que caracteriza
la mayor parte de los programas de lucha contra la pobreza, refleja
la debilidad de los lazos teóricos y prácticos entre la problemática
hombres-mujeres y la pobreza –debido a los problemas en ambos campos.
Los programas de lucha contra la pobreza no han incorporado habitualmente
la identidad sexual como una dimensión importante y los programas
a favor de la igualdad entre los sexos apenas se interesan en la
pobreza. [26](PNUD, 2000:96)
Es más, sólo se tiene en cuenta la
dimensión de “género” en proyectos específicos y no en políticas
macro-económicas tales como los programas de ajuste estructural.
¡Para ustedes, la macroeconomía no tiene género! Sin embargo, el
movimiento de las mujeres ha criticado fuertemente esta visión reducida
y tradicional de la economía. Numerosas son las feministas que están
exigiendo desde hace tiempo que se tenga en cuenta el trabajo no
remunerado de las mujeres y que se le considere como uno de los
principales componentes de la producción de riquezas y bienestar;
ellas piden también que se tomen en cuenta los lazos económicos
existentes entre los sectores remunerados y los sin remuneración
y se ponga en duda la segregación vertical y horizontal entre hombres
y mujeres en el mercado laboral así como que se impugne la distribución
y las relaciones de poder en el sistema económico dominante. (Madörin,
2000)
En fin, sabemos que la toma en cuenta
de la dimensión genero puede “acomodarse” muy bien al sistema económico
dominante y mantenerlo; algunas mujeres progresan hacia la igualdad
con los hombres mientras persisten las políticas capitalistas neoliberales.
Las mujeres de la Marcha Mundial no vamos a dejarnos engañar con
esta lógica y afirmamos la necesidad ineludible de luchar simultáneamente
contra el capitalismo actual y el patriarcado.
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