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diversidad geográfica de la riqueza planetaria tiene causas climáticas. Los economistas empiezan a abordarlo, y los avances biológicos serán una herramienta esencial para los países no desarrollados
Dos economistas norteamericanos, Masters y McMillan, de las universidades de Purdue y Tufts, han desvelado razones que ayudan a entender por qué unos países son ricos y otros pobres. En un artículo publicado en Journal of Economic Growth intentan explicar observaciones que se extienden a lo largo de la historia. Desde Aristóteles a Adam Smith se ha venido especulando acerca de las razones sobre las que se asienta la diversidad geográfica de la riqueza.
Hay áreas del mundo, en general lejos de los trópicos, donde se acumula la riqueza del planeta, y otras zonas, esencialmente en los trópicos, donde se sufre la pobreza. Masters reconoce que hay, como en todo, excepciones. Corea del Norte y Mongolia son países pobres de zonas templadas, pero están aislados comercial y políticamente al estar dirigidos por gobiernos totalitarios. Singapur y Hong Kong son países del área tropical con buen nivel de desarrollo, aunque basado en su carácter de nudo comercial que no depende de los recursos propios.
Masters y McMillan han aprovechado la creciente y rica información disponible en los sistemas de datos globales sobre el clima para aplicar datos biofísicos en los modelos económicos al uso. Esta nueva aproximación ha permitido poner de relieve posibles influencias del clima y la geografía en los resultados económicos.
Para su propia sorpresa, los autores han descubierto que no sólo las instituciones son importantes para dar cuenta de las diferencias en el quehacer económico de los países ricos y pobres, un argumento en el que ha venido insistiendo toda una pléyade de economistas. El clima frío, dentro de la moderación, ejerce dos efectos principales sobre la actividad económica: se sufren menos enfermedades de carácter "debilitante" y se dispone de mejor agricultura gracias a la capacidad para aprovechar los ciclos estacionales.
Estos ciclos regulan la vida de insectos y pestes mucho mejor que cualquier otro tratamiento, con lo que es más fácil controlar y erradicar las enfermedades causadas por ellos. La malaria me parece un indicador muy apropiado de las diferencias sanitarias entre países ricos y pobres. Esta enfermedad ha estado presente en la mayoría de los países hoy desarrollados, pero su erradicación ha sido más fácil por razones climáticas y de salud pública.
La correlación entre climas fríos y agricultura no es sencilla. La razón principal reside en la disponibilidad, en las regiones templadas, de un manto de suelo más rico y fértil que en las regiones tropicales. En éstas, la propia biodiversidad puede ejercer un efecto negativo, en contra de las creencias populares, ya que la gran variedad de microbios e insectos aumenta la degradación de la materia orgánica, y reduce así la fertilidad del suelo. Una vez degradado el material orgánico, vegetales principalmente, los nutrientes básicos --carbono y nitrógeno-- se evaporan rápidamente o son arrastrados por las lluvias de régimen irregular. La gestión del otro gran recurso, el agua, va igualmente a favor de los climas moderados. Las estaciones favorecen el control de la humedad del suelo, lo que ha facilitado el desarrollo de la agricultura, que ha contribuido a la generación y acumulación de capital en las sociedades desarrolladas, aunque hoy renieguen de sus raíces agrícolas.
Este trabajo trae una serie de puntos para la reflexión. Debemos dejar de lado toda idea de determinismo económico y aprender que no es posible aplicar las mismas recetas para todos. El avance de los países en desarrollo no depende sólo del comercio, sino de mejorar las condiciones de salud pública y de la agricultura con el aprovechamiento de los avances en biología. El capital especulativo nunca lo hará. Por eso es necesaria la inversión pública. Ésta es una apuesta de política y de solidaridad.
Emilio Muñoz es Profesor de Investigación del CSIC.
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