a
compañía biotecnológica Epicyte
(San Diego, Estados Unidos), socio corporativo de la multinacional Dow
Chemicals, está experimentando con la producción de anticuerpos
humanos en maíz transgénico. Uno de estos experimentos es
la producción de maíz espermicida, para usarlo como anticonceptivo.
El presidente de Epicyte, Mitch Hein, declaró al
diario inglés The Observer (9/9/01): "Tenemos un invernáculo
lleno de plantas de maíz que están produciendo anticuerpos
espermicidas. También creamos otros maíces que producen anticuerpos
contra el virus del herpes, y pronto estaremos en condiciones de producir
en plantas un gel espermicida que no sólo es anticonceptivo, sino
que además bloqueará enfermedades transmitidas sexualmente".
Epicyte considera que la producción de anticuerpos
humanos en maíz es mucho más efectiva que la que hacen otros
científicos, por ejemplo, con bacterias, porque las plantas de maíz
tienen una estructura celular mucho más parecida a la de los humanos,
por lo que se hace más fácil manipularla.
El maíz anticonceptivo está basado en la
investigación de una condición femenina poco frecuente -infertilidad
inmunólogica- en la cual, la mujer fabrica anticuerpos que atacan
a los espermatozoides. Este método anticonceptivo ha sido anteriormente
cuestionado por varios científicos debido los riesgos potenciales
para la mujer.
Epicyte asegura que no van a plantar estos maíces
cerca de ningún otro cultivo con el que se pudieran cruzar. Lo mismo
afirman los gigantes genéticos Dow y Dupont, que están desarrollando
maíz para producir plásticos, y la empresa ProdiGene, que
está desarrollando maíz que produce enzimas para la industria
de los adhesivos, maíz que produce proteínas superdulces
para elaborar edulcorantes de bajas calorías y maíz con una
vacuna comestible contra el sida.
Al contrario de lo que afirman estas y las demás
empresas del ramo, la industria biotecnológica no ha podido contener
sus transgenes, y está contaminando con el polen de sus plantas
transgénicas a miles de agricultores canadienses y estadunidenses
que no lo querían ni lo sabían, y ahora también al
maíz nativo mexicano. Contaminación que fue comprobada en
algunos lugares de México, pero probablemente presente en muchísimos
más.
Según el informe que hizo público la Conabio-INE
el pasado 23 de enero en el seminario En defensa del maíz,
celebrado en México DF, 37 por ciento de las muestras de maíz
de Diconsa en Oaxaca tenían secuencias transgénicas, y aún
más alarmante en las muestras tomadas de los municipios oaxaqueños
de Ixtepej, Tlalistac, Nochixtlán y Santa María Ecatepec
donde se encontró entre 20 y 60 por ciento de contaminación
transgénica.
En México plantar o hacer ensayos experimentales
de maíz transgénico es ilegal. El maíz transgénico
liberado comercialmente en Estados Unidos ?seguramente la fuente de contaminación?
hasta ahora es tolerante a herbicidas o es maíz insecticida a través
de la inserción de la toxina de la bacteria Bacillus Thuringiensis.
Estas dos características, además de que implican la inserción
de genes de virus y bacterias en el maíz nativo, conlleva riesgos
potenciales para la biodiversidad del maíz, el ambiente, los campesinos,
los consumidores y en general para México, al devaluar uno de los
mayores recursos económicos y culturales del país.
Sin embargo, cualquier escenario actual, de por sí
negativo, palidece ante la posible contaminación con maíz
espermicida ?que actuaría como anticonceptivo- o de maíces
que producen vacunas, anticuerpos o plásticos, que podrían
cruzarse en campo y ser consumidos sin saberlo por miles de personas.
El hecho de que la contaminación transgénica
que ya se comprobó en Oaxaca, Puebla y el Valle de Tehuacán
pasó desapercibida para los campesinos que trabajan con el maíz
todo el tiempo, muestra que la detección es difícil. El potencial
del maíz espermicida como arma biológica es altísimo,
ya que es de fácil cruza con otros maíces, pasa inadvertido
y se podría insertar en el corazón mismo de las culturas
indígenas y campesinas. Ya nos ha tocado presenciar cómo
se han usado repetidamente campañas de esterilización contra
indígenas. Este método sería ciertamente mucho más
difícil de detectar.
Como solución al problema de su incontinencia genética,
la industria biotecnológica está proponiendo aplicar la tecnología
Terminator, que hace que las semillas de los cultivos sean estériles.
Esto es, como si todos tuvieran que usar condón porque la industria
tiene una enfermedad de trasmisión sexual. No sólo no es
una solución, sino que sería la difusión de otra tecnología
peligrosa y creada para producir mayor dependencia de los agricultores
con las empresas de semillas.
Al parecer, las "industria de la vida" como gustan denominarse
las empresas de la biotecnología, se dedican a métodos para
producir la esterilidad en semillas y la infertilidad de seres humanos.
Si pensamos que son las mismas empresas que nos legaron armas biológicas
como "el agente naranja" y decenas de contaminantes químicos, cuyos
derrames y uso han producido la enfermedad y muerte de decenas de miles
de personas, sería más adecuado llamarlas "las industrias
de la muerte".
La autora es investigadora de Grupo ETC.
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