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Tribuna de Oradores

El Banco Mundial reconoce errores

por Dani Rodrik   /   publicado en La Nación

A primera vista, el último informe del Banco Mundial sobre la globalización contiene pocas sorpresas. Repite el mantra de que los países que más avanzaron por la senda de la globalización fueron los que lograron mayor éxito en crecimiento económico y reducción de la pobreza. Sin embargo, entre las páginas del informe se esconde una admisión sorprendente: los países que más pronto se integraron a la economía mundial no fueron necesariamente los que adoptaron las políticas más comercialistas.

Pensemos qué significa esto. Por primera vez el Banco Mundial reconoce que la liberalización del comercio no siempre es un instrumento eficaz, no sólo para estimular el crecimiento, sino incluso para integrarse a los mercados mundiales. Es un reconocimiento solapado de la ausencia de nexos directos entre sus reiteradas afirmaciones sobre los beneficios de la globalización y cómo deberían conducir su política comercial los países en desarrollo.

En otras palabras, el Banco Mundial comienza a encarar una realidad obvia para quienquiera que observe con imparcialidad el registro empírico. La rápida integración a los mercados globales no es una consecuencia de la liberalización del comercio o la aceptación de las exigencias de la Organización Mundial del Comercio por sí solas, sino de estrategias de crecimiento logradas que, a menudo, presentan características idiosincrásicas.

Tomemos por caso a China e India, los dos milagros de crecimiento de los últimos veinte años y paradigmas de lo que el Banco Mundial ha dado en llamar "globalizadores". En ambos países, las principales reformas comerciales tuvieron lugar unos diez años después de iniciado el auge. Además, sus restricciones al comercio siguen figurando entre las mayores del mundo.

China aceleró su crecimiento a fines de los años 70, al implantar el sistema de responsabilidad familiar en la agricultura y de un precio fijo para la producción mínima y otro unitario para el excedente ( two-tier pricing ). El gobierno chino no se embarcó en una liberalización intensa de las importaciones hasta mucho después (segunda mitad de la década del 80 y década siguiente).

En cuanto a la India, acrecentó considerablemente su índice de crecimiento (un 3 por ciento) a comienzos de los años 80, pero sólo emprendió su reforma comercial en serio en 1991-1993. Los gobiernos de ambos países concentraron sus escasos recursos administrativos y su capital político en otras áreas.

Según el criterio del Banco Mundial, India y China son naciones globalizadoras porque incrementaron su comercio en forma sustancial. Pero su experiencia (y la de Corea del Sur, Taiwan, Vietnam y tantos otros países) revela que la liberalización profunda del comercio casi nunca coadyuva a fomentar tempranamente un mayor crecimiento y una expansión comercial. Es bueno que el Banco Mundial se percate de esta simple realidad.

Extravagancias comprensibles
Por desgracia, todavía hay bastantes subterfugios en el informe. Para advertir cuánto terreno ha cedido el Banco, hay que calar muy hondo en el documento y ver cómo presenta las pruebas. Y hasta en esas honduras encontraremos un residuo de la torpeza intelectual con que el banco solía abordar el tema.

Por ejemplo, un cuadro indica que su muestra de países "más globalizados" efectuó mayores recortes arancelarios que los "menos globalizados". La inferencia tácita (aunque se espera que el lector la extraiga) es que las reducciones arancelarias fueron un factor determinante de la integración global y, por tanto, del crecimiento. Por supuesto, de haber existido pruebas directas de la correlación entre estos recortes arancelarios y el crecimiento (no las hay), podemos estar seguros de que el Banco Mundial las habría presentado.

De hecho, unos renglones más abajo, niega que esto sea tan siquiera relevante: "La cuestión no es si hay un nexo casual entre la apertura comercial y la subsiguiente aceleración del crecimiento". ¿Por qué no lo es? Si no es importante, ¿por qué el Banco Mundial invirtió tanto capital intelectual en establecer el nexo entre la apertura comercial y el crecimiento?

Quizá cabía esperar estas extravagancias de una institución que se ve forzada a retroceder desde una posición hoy insostenible, desde la doble perspectiva analítica y empírica. Simplemente, deberíamos alegrarnos de que vuelva a tratar la globalización con cierto grado de realismo.

El punto fundamental es éste: los países que lograron acelerar su crecimiento y reducir la pobreza también tendieron a integrarse cada vez más en la economía mundial. La cuestión es qué conclusión, en cuanto a políticas, debemos extraer de esta observación empírica. Antes, el Banco Mundial quería convencernos de que una liberalización significativa del régimen comercial es un elemento clave para desencadenar todas esas cosas buenas. Hoy ya no está tan seguro. Tampoco deberíamos estarlo nosotros.

© Project Syndicate

Traducción de Zoraida J. Valcárcel
Dani Rodrik es profesor de economía política en la John F. Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard.

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