La
comunidad científica se encuentra en el debate de cómo y donde implementar
los esfuerzos necesarios para evitar el calentamiento global. Algunos
apuntan a la reducción exclusiva del dióxido de carbono (CO2), principal
gas de efecto invernadero, mientras que otros proponen la reducción
de gases menos comunes pero más fuertes en su acción como el Metano
(CH4) producido por la descomposición de las heces del ganado, residuos,
producción de petróleo y algunos cultivos; El Ozono (CFC) producido
por aerosoles, refrigerantes, fundiciones de aluminio, etc.; Oxido
Nitroso (N2O) producido por fertilizantes, heces de ganado, uso
de combustibles fósiles, etc.
Quienes abogan por reducir estos últimos,
se basan en la idea de que es más simple combatirlos mediante el
uso de tecnologías modernas, mientras que el CO2 sólo puede reducirse
variando su consumo. Esta última posición es defendida por grupos
industriales que están en desacuerdo con la reducción del CO2. Los
grupos ecologistas critican esta postura y argumentan que la reducción
de estos gases aún no ha sido estudiada debidamente, y que de aplicarse,
no estarían claras que tipo de alteraciones se producirían en la
interacción química de la atmósfera. Sostienen que deben reducirse
todos los gases, con prioridad el CO2.
Los científicos declaran que más de
una decena de gases de efecto invernadero y algunos tipos de partículas
producidas por la industria y la combustión afectan el flujo de
energía desde y hacia el planeta. En la mayoría de los casos, las
partículas normales reflejan la luz solar, protegiendo y enfriando
la superficie terrestre. El carbono, en cambio, absorbe la energía
y se calienta, en consecuencia, cuanto más carbono se encuentra
en la atmósfera, más energía y calor quedarán concentrados en la
misma.
Debido a la urgencia de la situación,
la ONU realiza desde hace tiempo convenciones y conferencias con
el objetivo de lograr soluciones. Como ejemplo puede citarse el
Protocolo de Kioto (1997) en el cual se acuerda una reducción del
5% para el 2010 en la emisión de gases de efecto invernadero. El
mismo debió ratificarse en La conferencia del cambio climático realizada
en La Haya en noviembre de 2000. Sin embargo, las negociaciones
fracasaron. El problema principal se centra en el método a implementar
para la reducción. Existen dos bloques opuestos EE.UU. y la Unión
Europea. Los primeros proponen la creación de un Trading de gases
(Mercado de emisiones de gases) a nivel mundial, en el cual cada
país y empresa posee un cupo que puede ser adquirido o vendido por
otras. También propone la utilización de Bosques (sumideros) como
pozos de carbono, que de tenerse en cuenta, permitirían una menor
reducción en la actividad industrial. La UE no está de acuerdo y
ve en esto una evasiva por parte de los EE.UU. La UE pretende que
la reducción del 5% se concrete completa e internamente en cada
país.
No debe olvidarse que todo es negocio,
y que las sumas de las que se trata en el ámbito mundial son multimillonarias.
En los EE.UU. (productor del 25% de las emisiones) los lobbies empresariales
ya no conforman un bloque de lucha contra la reducción. La posibilidad
de hacer negocios con el cuidado del planeta ha interesado a varios.
La posesión de tecnología "más limpia" y su exportación a países
en desarrollo, sumados a los nuevos mercados (Ej: autos, forestación,
etc.) que esto crearía y a los instrumentos financieros (Bono de
carbono internacional), abren una brecha hacia el futuro.
Existe una fuerte presión por parte
de las empresas agrícolas y forestales para la utilización de bosques
dentro del esquema ideado por EE.UU. Sin embargo, estudios realizados
recientemente, alteraron la proyección del aumento de unos 4ºC en
la temperatura terrestre hacia futuro a unos 5.5ºC. Con esta proyección,
los bosques que hoy son considerados sumideros (absorben más carbono
que el que despiden), para el 2050, con el aumento de la temperatura,
se degradarán y convertirán en emisores netos de carbono.
Sumado a toda la problemática expuesta,
se encuentra el hecho de que para entrar en vigencia, el Protocolo
debe ser ratificado por al menos 40 países (en su mayoría en desarrollo),
los cuales no se pronunciarán hasta ver como lo hace EE.UU.
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