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Sostenibilidad del sistema energético y las fuentes renovables

por Xavier Ortega   /   publicado en La Vanguardia

Sabido es que la utilización de las distintas formas de la energía ha estado estrechamente ligada al desarrollo de las sociedades industriales y a la historia de la humanidad. Muchos acontecimientos pasados y presentes son difícilmente comprensibles si se ignora la influencia determinante que tienen en ellos aspectos tales como recursos energéticos, precios energéticos, disponibilidad, transporte de productos energéticos, combustibles fósiles, agua, carbón, petróleo, gas, electricidad, vapor, energía nuclear, almacenamiento de materias energéticas. En los últimos tiempos otros conceptos han ido apareciendo con fuerza en nuestras sociedades industriales. Como muestra de ellos podemos apuntar: desarrollo sostenible y sostenibilidad energética, globalización, desregulación del sistema eléctrico, seguridad de suministros, conservación del medio ambiente, externalidades, cambio climático, protocolo de Kioto, fuentes renovables, kilovatio verde, eficiencia energética, ahorro energético, residuos nucleares, lluvia ácida, gases de efecto invernadero, CO2.

Ante tamaño puzzle conceptual es fácil imaginar que las grandes decisiones de futuro en el campo energético sean difíciles de tomar por la complejidad y trascendencia de éstas. Nunca en la historia de la humanidad el debate sobre el futuro energético había tenido tanta intensidad, extensión, transparencia y trascendencia, ni se disponía de tanta información sobre las complejas interacciones existentes entre los diversos aspectos técnicos, económicos y sociales aludidos anteriormente. También puede afirmarse que en ningún momento de la historia se disponía de tantos medios técnicos para responder a las incógnitas del futuro.

En relación con la preservación del medio ambiente, los efectos sobre el cambio climático por la emisión de gases de combustión, como el CO2, constituyen hoy una de las preocupaciones mayores a escala global. Los compromisos de Kioto significan para la Unión Europea la reducción de dichas emisiones en un 8% en el horizonte del 2010, lo que limita la utilización de combustibles fósiles, tales como el carbón, los derivados del petróleo y en menor grado el gas natural.

La energía nuclear, si bien no es productora de gases de efecto invernadero, goza de un cierto rechazo público por la percepción existente sobre el riesgo de accidentes y la gestión de los residuos radiactivos. La energía hidroeléctrica convencional tiene un desarrollo limitado y bien consolidado.

Las energías renovables -solar térmica y fotovoltaica, biomasa, minihidráulica, geotérmica y eólica- son energías más limpias pero están poco implantadas. Las mejoras tecnológicas sobre la eficiencia energética y algunas medidas de tipo económico y de fomento del ahorro energético han permitido frenar el crecimiento del consumo.

Por otra parte, en el caso de los países de la Unión Europea, otro elemento que considerar es la seguridad de los suministros energéticos. En efecto, cerca del 50% de los productos energéticos consumidos provienen de la importación, con un alto porcentaje de inseguridad en los precios y en los aprovisionamientos. En relación con la diversificación de fuentes de energía en Europa, todavía dominada por los combustibles fósiles, era a finales de los años 90 la siguiente: utilización del petróleo, 41%; gas, 22%; carbón, 16%; energía electronuclear 15%, y fuentes renovables, 6% (de las cuales el 2,3% corresponde a hidráulica convencional). En cuanto a la tasa de crecimiento de la energía en los países de la Unión Europea, ha estado en los últimos años entre el 1 y el 2% anual, menos de la mitad de la tasa mundial.

¿Cuáles son las perspectivas del futuro del sector energético? Diversos análisis prospectivos coinciden en señalar que, de mantenerse las actuales tendencias, el sistema energético no sería sostenible. En efecto, en el año 2030 la Unión Europea continuaría siendo dominada por los combustibles fósiles: 39% petróleo, 29% gas, 19% carbón, 8% renovables y 6% nuclear. Más del 75% sería energía importada a unos precios incontrolados y con escasas posibilidades de incidir significativamente sobre el control de las emisiones atmosféricas. Debe tenerse en cuenta, así mismo, que esos porcentajes deben aplicarse a consumos energéticos incrementados en más del 1% por año y en más del 2% anual en el consumo eléctrico. En esas cifras se han tenido en cuenta las tendencias actuales marcadas por la disminución progresiva del uso del carbón, el incremento en el consumo de gas en centrales de ciclo combinado, los usos más restringidos del petróleo, la progresiva disminución de la energía nuclear por rechazo social y la introducción progresiva de las energías renovables.

La Unión Europea, que está condicionada por el gran déficit de combustibles fósiles y que debe satisfacer las exigencias económicas, ambientales, sociales y las derivadas de una próxima ampliación, tiene ante sí un reto de proporciones enormes.

En este contexto, ¿qué papel pueden desempeñar las energías re-novables (hidráulica, solar, eólica, bioenergía, geotérmica, mareas, hidrógeno, etcétera)? La UE en su reciente directiva de fomento de las energías renovables propone que su participación en la estructura energética consumida debería pasar, en el año 2010, del 13,9% (3,2% sin hidráulica convencional) al 22,1% (12,5% sin hidráulica convencional). En el caso de España, del 20% (3,6% sin hidráulica convencional) al 29,4% (17,5% sin hidráulica convencional). Estas previsiones difícilmente podrán cumplirse en la situación y perspectivas actuales.

¿Cuál es esa situación y por qué las energías renovables no llegan a alcanzar los niveles deseables? Las ventajas de su utilización son múltiples: son fuentes que tienen escasa incidencia sobre el medio ambiente -especialmente en referencia a las emisiones de gases a la atmósfera-, posibilitan la diversidad de aprovisionamiento y liberan parte de la dependencia exterior, permiten la generación eléctrica descentralizada, contribuyen a la sostenibilidad del sistema energético, gozan, en general, de una buena aceptación social, tienen en algunos países protección económica y fiscal, contribuyen al desarrollo regional y a la creación de empleo, pueden ser económicamente rentables en condiciones especiales. Las desventajas o inconvenientes que limitan su implantación son principalmente debidas al hecho de que los precios de la energía eléctrica tienden a disminuir por los bajos precios de los combustibles fósiles, que no interiorizan los efectos negativos que ocasiona su utilización (externalidades), los costes de algunas energías renovables son aún altos, hay dificultades de almacenamiento, escasa dimensión de los mercados y de las correspondientes empresas energéticas, insuficientes ayudas a la investigación y al lanzamiento de las mismas y dificultad de implantación de las energías renovables en un mercado dominado por las energías fósiles.

El caso de la generación de electricidad mediante la energía eólica es un buen ejemplo del camino recorrido. Producción centralizada, tecnología fiable, precios competitivos, son algunos de los elementos que han hecho que su implantación haya sido espectacular (más del 2.000% de crecimiento en Europa en diez años) y que tenga futuro. El aprovechamiento de la energía solar, en su variedad de baja, media y alta temperatura y fotovoltaica ha crecido en ese periodo un 135% y el aprovechamiento de la biomasa sólo en un 35%. Teniendo en cuenta el bajo nivel de partida, puede deducirse que queda un largo camino por recorrer que necesitará mayores esfuerzos normativos y económicos por parte de los organismos responsables de las políticas energéticas, si se pretende que las energías renovables alcancen a cubrir algo más que los incrementos de consumo previstos.

¿Qué pasará con las energías de sustitución de los combustibles fósiles? ¿Podrá prescindirse de la energía nuclear? ¿Será necesario un mayor impulso a las políticas de ahorro y de eficiencia energética? ¿Podrá Europa satisfacer los compromisos de Kioto? ¿Debería propiciarse precios energéticos que tengan en cuenta las externalidades? ¿Qué repercusiones económicas tendrán las decisiones que se adopten? ¿Serán asumibles por la población? ¿Es necesaria una política común europea? ¿Cómo influirá la incorporación de nuevos miembros de la Unión? ¿Cómo impulsar decididamente las energías renovables?

Cuestiones para un debate que ha abierto el libro verde sobre la energía, editado por la Comisión Europea, con respuestas que ganarán en intensidad e interés en los próximos meses y que obligarán a replantear más de algún aspecto de las políticas y de las tendencias actuales en el campo energético.

Xavier Ortega, director del Instituto de Técnicas Energéticas. Universitat Politècnica de Catalunya.

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