"La guerra es un asunto de importancia
vital para el Estado, es la provincia de la vida y de la muerte,
el camino que lleva a la supervivencia o a la aniquilación. Es indispensable
estudiarla a fondo ''.
El Arte de la Guerra. Sun Tzu.
La
globalización moderna, el neoliberalismo como sistema mundial, debe
entenderse como una nueva guerra de conquista de territorios. El
fin de la III Guerra Mundial o "Guerra Fría" no significa que el
mundo haya superado la bipolaridad y se encuentre estable bajo la
hegemonía del biunfador. Al terminar esta guerra hubo, sin lugar
a dudas, un vencido (el campo socialista), pero es dificil decir
quién fue el vencedor. ¿Europe Occidental? ¿Estados Unidos? ¿Japón?
¿Todos ellos? El caso es que la derrota del "imperio del mal" (Reagan
y Thatcher dixit) significó la apertura de nuevos mercados sin dueño.
Correspondía, por tanto, luchar para tomar posesión de ellos, conquistarlos.
No sólo eso; el fin de la "Guerra Fría"
trajo consigo un nuevo marco de relaciones internacionales en el
que la lucha nueva por esos nuevos mercados y territorios produjo
una nueva guerra mundial, la IV. Esto obligó, como en todas las
guerras, a una redefinición de los Estados nacionales. Y más allá
de la redefinición de los Estados nacionales, el orden mundial volvió
a las viejas épocas de las conquistas de América, Africa y Oceanía.
Extraña modernidad esta que avanza hacia atrás; el atardecer del
siglo XX tiene más semejanzas con sus brutales centurias antecesoras
que con el plácido y racional futuro de algunas novelas de ciencia-ficción.
En el mundo de la Posguerra Fría vastos territorios, riquezas, y
sobre todo, fuerza de trabajo calificada, esperaban un nuevo amo...
Pero uno es el puesto de dueño del mundo, y varios son los aspirantes
a serlo. Y para lograrlo se desata otra guerra, pero ahora entre
aquellos que se autodenominaron el "imperio del bien".
Si la III Guerra Mundial fue entre
el capitalismo y el socialismo (liderados por los Estados Unidos
y la URSS respectivamente), con escenarios alternos y diferentes
grados de intensidad, la IV Guerra Mundial se realiza ahora entre
los grandes centros financieros, con escenarios totales y con una
intensidad aguda y constante. Desde el fin de la II Guerra Mundial
hasta 1992, se han librado 149 guerras en todo el mundo. El resultado,
23 millones de muertos, no deja dudas de la intensidad de este III
Guerra Mundial (datos de UNICEF).
Desde las catacumbas del espionaje
internacional hasta el espacio sideral de la llamada Iniciativa
de Defensa Estratégica (la "Guerra de las Galaxias" del cowboy Ronald
Reagan); desde las arenas de Playa Girón, en Cuba, hasta el Delta
del Mekóng, en Vietnám; desde la desenfrenada carrera armamentista
nuclear hasta los salvajes golpes de Estado en la dolorosa América
Latina; desde las ominosas maniobras de los ejércitos de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte hasta los agentes de la CIA en la
Bolivia del asesinato del Ché Guevara; la mal llamada "Guerra Fría"
alcanzó alfas temperaturas que, a pesar del continuo cambio de escenario
y el incesante sube-y-baja de la crisis nuclear (o precisamente
por eso), acabaron por fundir al campo socialiste como sistema mundial,
y lo diluyeron como altemativa social.
La III Guerra Mundial mostró las bondades
de la "guerra total" (en todas partes y en todas las formas) para
el triunfador: el capitalismo. Pero el escenario de posguerra quedó
perfilado, de hecho, como un nuevo teatro de operaciones mundial:
grandes extensiones de "tierra de nadie" (por el desfonde político,
económico y social de Europa del Este y de la URSS), potencias en
expansión (Estados Unidos, Europa Occidental y el Japón), crisis
económica mundial, y una nueva revolución tecnológica: la informática.
"De la misma forma que la revolución industrial había permitido
el reemplazo del músculo por la máquina, la actual revolución informática
apunta al reemplazo del cerebro (al menos de un número cada vez
más importante de sus funciones) por la computadora. Esta "cerebralización
general" de los medios de producción (lo mismo en la industria que
en los servicios) es acelerada por la explosión de nuevas investigaciones
en las telecomunicaciones y por la proliferación de los cybermundos"
(Ignacio Ramonet. "Geopolítica del caos". Le Monde Diplomatique,
edicción española, marzo, 1997).
El rey supremo del capital, el financiero,
empezó enfonces a desarrollar su estrategia guerrara sobre el nuevo
mundo y sobre lo que quedaba en pie del viejo. De la mano de la
revolución tecnológica que ponía al mundo entero, por medio de una
computadora, en sus escritorios y a su arbitrio, los mercados financieros
impusieron sus leyes y preceptos a todo el planeta. La "mundialización"
de la nueva guerra no es más que la mundialización de las lógicas
de los mercados financieros. De rectores de la economía,
los Estados nacionales (y sus gobernantes) pasaron a ser regidos,
más bien teledirigidos, por el fundamento del poder financiero:
el librecambio comercial. Y no sólo eso; la lógica del mercado aprovechó
la "porosidad" que, en todo el espectro social del mundo, provocó
el desarrollo de las telecomunicaciones, y penetró y se apropió
todos los aspectos de la actividad social. ¡Por fin una guerra mundial
totalmente total! Una de las primeras bajas de este nueva guerra
es el mercado nacional. Como una bala disparada dentro de un cuarto
blindado, la guerra iniciada por el neoliberalismo rebota de uno
a otro lado y hiere a quien la disparó. Una de las bases fundamentales
del poder del Estado capitalista moderno, el mercado nacional, es
liquidada por el cañonazo de la nueva era de la economía financiera
global. El capitalismo internacional cobra algunas de sus víctimas
caducando los capitalismos nacionales y adelgazando, hasta la inanición,
los poderes públicos. El golpe ha sido tan brutal y definitivo que
los Estados nacionales no disponen de la fuerza necesaria para oponerse
a la acción de los mercados internacionales que transgrede los intereses
de ciudadanos y gobiernos.
El cuidado y ordenado escaparate que
se suponía heredaba el fin de la "Guerra Fría", el "nuevo orden
mundial", pronto se ve hecho añicos por la explosión neoliberal.
El capitalismo mundial sacrifica sin misericordia alguna a quien
le dio futuro y proyecto histórico: el capitalismo nacional. Empresas
y Estados se derrumban en minutos, pero no por las tormentas de
las revoluciones proletarias, sino por los embates de los huracanes
financieros. El hijo (el neoliberalismo) devora al padre (el capitalismo
nacional), y de paso destruye todas las falacias discursivas de
la ideología capitalista: en el nuevo orden mundial no hay ni democracia,
ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad.
En el escenario mundial producto del
fin de la "Guerra Fría" sólo se percibe un nuevo campo de batalla
y en éste, como en todo campo de batalla, reina el caos. A finales
de la "Guerra Fría", el capitalismo crea un nuevo horror bélico:
la bomba de neutrones. La "virtud" de este arma es que sólo destruye
la vida y respeta las construcciones. Ya se podían destruir cindades
enteras (es decir, sus habitantes) sin que fuera necesario reconstruirlas
(y pagar por ello). La industria armamentista se felicitó a sí misma,
la "irracionalidad" de las bombas nucleares era suplantada por la
nueva "racionalidad" de la bomba de neutrones. Pero una nueva "maravilla"
bélica será descubierta a la par del nacimiento de la IV Guerra
Mundial: la bomba financiera.
Porque la nueva bomba neoliberal, a
diferencia de su antecesora atómica en Hiroshima y Nagasaki, no
sólo destruye la polis (la Nación en este caso) e impone la muerte,
el terror y la miseria a quienes la habitan; o, a diferencia de
la bomba de neutrones, no sólo destruye "selectivamente". La neoliberal,
además, reorganiza y reordena lo que ataca y lo retrace como una
pieza dentro del rompecabezas de la globalización económica. Después
de su efecto destructor, el resultado no es un montón de ruinas
humeantes, o decenas de miles de vidas inertes sino una barriada
que se suma a algunas de las megápolis comerciales del nuevo hipermercado
mundial y una fuerza de trabajo reacomodada en el nuevo mercado
de trabajo mundial.
La Unión Europea, una de las megápolis
producto del neoliberalismo, es un resultado de la presente IV Guerra
Mundial. Aquí, la globalización económica logró borrar las
fronteras entre Estados rivales, enemigos entre sí desde hace mucho
tiempo, y les obligó a converger y plantearse la unión política.
De los Estados nacionales a la federación europea, el camino economicista
de la guerra neoliberal en el llamado "viejo continente" estará
lleno de destrucción y de ruinas, una de ellas será la civilización
europea.
Las megápolis se reproducen en todo
el planeta. Las zonas comerciales integradas son el terreno donde
se erigen. Así ocurre en América del Norte, donde el Tratado de
Libre Comercio para América del Norte ("NAFTA" por sus sigles en
inglés) entre Canadá, los Estados Unidos y México no es más que
el preludio del cumplimiento de una vieja aspiración de conquista
estadounidense: "América para los americanos" . En América del Sur
se camina en igual sentido con el Mercosur entre Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay. En Africa del Norte, con la Unión del Magreb
árabe (UMA) entre Marruecos Argelia, Túnez, Libia y Mauritania;
en Africa del Sur, en el Cercano Oriente, en el Mar Negro, en Asia
Pacífico, etc., en todo el planeta explotan las bombas financieras
y se reconquistan territorios. ¿Las megápolis sustituyen a las naciones?
No, o no solo. También las incluyen y les reasignan funciones, límites
y posibilidades. Países enteros se convierten en departamentos de
la megaempresa neoliberal. El neoliberalismo opera así la DESTRUCCION/
DESPOBLAMIENTO por un lado, y la RECONSTRUCCION/ REORDENAMIENTO
por el otro, de regiones y de naciones para abrir nuevos mercados
y modernizar los existentes.
Si las bombas nucleares tenían un carácter
disuasivo, intimidatorio y coercitivo en la III Guerra Mundial,
en la IV conflagración mundial no ocurre lo mismo con las hiperbombas
financieras. Estas armas sirven para atacar territorios (Estados
Nacionales) destruyendo las bases materiales de su soberanía nacional
(obstáculo ético, jurídico, político, cultural e histórico
contra la globalización económica) y produciendo un despoblamiento
cualitativo en sus territorios. Este despoblamiento consiste en
prescindir de todos aquellos que son inútiles para la nueva economía
de mercado (por ejemplo, los indígenas).
Pero, además, los centros financieros
operan, simultáneamente, une reconstrucción de los Estados nacionales
y los reordenan según la nueva lógica del mercado mundial (los modelos
económicos desarrollados se imponen sobre relaciones sociales débiles
o inexistantes). La IV Guerra Mundial en el terreno rural, por ejemplo,
presenta este efecto. La modernización rural, que exigen los mercados
financieros, trata de incrementar la productividad agrícola, pero
lo que consigue es destruir las relaciones sociales y económicas
tradicionales. Resultado: éxodo masivo del campo a las ciudades.
Sí, como en uma guerra. Mientras tanto, en las zonas urbanas
se satura el mercado de trabajo y la distribución desigual del ingreso
es la "justicia" que espera a quienes buscan mejores condiciones
de vida. De ejemplos que ilustran esta estrategia está lleno el
mundo indígena: Ian Chambers, director de la Oficina para Centroamérica
de la OIT (de las Naciones Unidas), declaró que la población indígena
mundial, calculada en 300 millones, vive en zonas que tienen el
60% de los recursos naturales del planeta. Así que "no sorprenden
los múltiples conflictos por el uso y destino de sus tierras alrededor
de los intereses de gobiernos y empresas (...). La explotación de
recursos naturales (petroleo y minería) y el turismo son
las principales industrias que amenazan los territorios indígenas
en América" (entrevista de Martha García en "La Jornada",
28 de mayo de 1997). Detrás de los proyectos de inversión vienen
la polución, la prostitución y las drogas. Es decir, se complementan
destrucción/ despoblamiento y reconstrucción/ reordenamiento de
la zona.
En esta nueva guerra mundial, la política
moderna como organizadora del Estado nacional no existe más. Ahora
la política es sólo un organizador económico y los políticos
son modernos administradores de empresas. Los nuevos dueños del
mundo no son gobiernos, no necesitan serlo. Los gobiernos "nacionales"
se encargan de administrar los negocios en las diferentes regiones
del mundo. Este es el "nuevo orden mundial", la unificación del
mundo entero en un solo mercado. Las naciones son tiendas de departamentos
con gerentes a manera de gobiernos, y las nuevas alianzas regionales,
económicas y políticas, se acercan más al modelo de un moderno "mall"
comercial que a une federación politica. La "unificación" que produce
el neoliberalismo es económica, es la unificación de mercados para
facilitar la circulación de dinero y mercancías. En el gigantesco
hipermercado mundial circulan libremente las mercancías, no las
personas.
Como toda iniciativa empresarial (y
de guerra), este globalización económica va acompañada de un modelo
general de pensamiento. Sin embargo, entre tantas cosas nuevas,
el modelo ideológico que acompaña al neoliberalismo en su conquista
del planeta tiene mucho de viejo y mohoso. El "american way of life"
que acompañó a las tropas norteamericanas en la Europa de la II
Guerra Mundial, en el Vietnam de los 60's y, más recientemente,
en la Guerra del Golfo Pérsico, ahora va de la mano (o más bien
de las computadoras) de los mercados financieros. No se trata sólo
de une destrucción material de las bases materiales de los Estados
nacionales, también (y de manera tan importante como poco estudiada)
se trata de una destrucción histórica y cultural. El digno pasado
indígena de los países del continente americano, la brillante civilización
europea, la sabia historia de las naciones asiáticas, y la poderosa
y rica antigüedad de Africa y Oceanía, todas las culturas y las
historias que forjaron naciones son atacadas por el modo de vida
norteamericano. El neoliberalismo impone así une guerra total: la
destrucción de naciones y grupos de naciones para homologarlas con
el modelo capitalista norteamericano.
Una guerra pues, una guerra mundial,
la IV. La peor y la más cruel. La que el neoliberalismo libra en
todas partes y por todos los medios en contra de la humanidad. Pero,
como en toda guerra, hay combates, hay vencedores y vencidos, y
hay pedazos rotos de esa realidad destruida. Para intentar armar
el absurdo rompecabezas del mundo neoliberal hacen falta muchas
piezas. Algunas se pueden encontrar entre las ruinas que este guerra
mundial ha dejado ya sobre la superficie planetaria. Cuando menos
siete de esas piezas pueden reconstruirse y alentar la esperanza
de que este conflicto mundial no termine con el rival más débil:
la humanidad.
PIEZA 1: La
concentración de la riqueza y la distribución de la pobreza (se
construye dibujando un signo monetario)
En la historia de la humanidad, distintos modelos sociales se han
disputado el enarbolar el absurdo como distintivo del orden mundial.
Seguramente el neoliberalismo tendrá un lugar privilegiado a la
hora de los premios, porque su "reparto" de la riqueza social no
hace más que distribuir un doble absurdo de acumulación: la acumulación
de riquezas en manos de unos cuantos, y la acumulación de pobreza
en millones de seres humanos.
En el mundo actual, la injusticia y
la desigualdad son los signos distintivos. El planeta Tierra, tercero
del sistema planetario solar, tiene 5 mil millones de seres humanos.
En él, sólo 500 millones de personas viven con comodidades mientras
4 mil 500 millones padecen pobreza y tratan de sobrevivir.
Un doble absurdo es el balance entre
ricos y pobres: los ricos son pocos y los pobres son muchos. La
diferencia cuantitativa es criminal, pero el balance entre los extremos
se consigue con la riqueza: los ricos suplen su minoría numérica
con miles de millones de dólares. La fortuna de las 358 personas
más ricas del mundo (miles de millones de dólares) es superior al
ingreso anual del 45% de los habitantes más pobres, algo así como
2 mil 600 millones de personas.
Las leontinas de oro de los relojes
financieros se convierten en une pesada cadena para millones de
seres. Mientras que la "...cifra de negocios de la General Motors
es más elevada que el Producto Nacional Bruto (PNB) de Dinamarca,
la de la Ford es más importante que el PNB de Africa del Sur, y
la de Toyota sobrepasa al PNB de Noruega" (Ignacio Ramonet,
en Le Monde diplomatique, edición española, enero 1997), para todos
los trabajadores los salarios reales han caído, además de que deben
sortear los cortes de personal en las empresas, el cierre de fábricas
y la reubicación de sus centros laborales. En las llamadas "economías
capitalistas avanzadas" el número de desempleados llega ya a los
41 millones de trabajadores.
En forma paulatina, la concentración
de la riqueza en pocas manos y la distribución de la pobreza en
muchas, va delineando el signo de la sociedad mundial moderna: el
frágil equilibrio de absurdas desigualdades. La decadencia del sistema
económico neoliberal es un escándalo: "La deuda mundial (comprendiendo
las de las empresas, los gobiernos y las administraciones) ha sobrepasado
los 33,100 miles de millones de dólares, es decir, 130% del Producto
Interno Bruto (PIB) mundial, y crece a una tasa del 6% al 8% por
año, más de 4 veces el crecimiento del PIB mundial" (Frédéric
F. Clairmont, "Las doscientas sociedades que controlan el mundo",
Le Monde diplomatique, edición española, abril, 1997). El progreso
de las grandes transnacionales no implica el avance de las naciones
desarrolladas. Al contrario; mientras más ganan los gigantes financieros,
más se agudiza la pobreza en los llamados "países ricos".
La diferencia a eliminar entre ricos
y pobres es brutal y no parece haber ninguna tendencia por ese rumbo,
antes al contrario. Lejos de atenuarse, ya no digamos de eliminarse,
la desigualdad social se acentúa, sobre todo en las naciones capitalistas
desarrolladas: en Estados Unidos, el 1% de los nortearnericanos
más ricos ha obtenido el 61,6% del conjunto de la riqueza nacional
del país entre 1983 y 1989. El 80% de los norteamericanos más pobres
no se han repartido más que el 1,2%. En la Gran Bretaña el número
de los sin techo se ha duplicado; el número de niños que viven sólo
de la ayuda social ha pasado del 7% en 1979 al 26% en 1994; el número
de británicos que vive en la pobreza (definida como menos de la
mitad del salario mínimo) ha pasado de 5 millones a 13.700.000;
el 10% de los mas pobres han perdido el 13% de su poder adquisitivo,
mientras que el 10% de los más ricos han ganado el 65% y desde hace
cinco años se ha doblado el número de millonarios (datos de LMD,
IV/97).
A inicios de la década de los 90's
"...unas 37.000 firmas transnacionales encerraban, con sus 170.000
filiales, la economia internacional en sus tentáculos. Sin embargo,
el centro del poder se sitúa en el circulo más restringido de las
200 primeras: desde los inicios de los años 80, ellas han tenido
una expansión ininterrumpida por via de las fusiones y las compras
"de rescate" de empresas. De este modo, la parte del capital transnacional
en el PIB mundial ha pasado de 17% a mitad de los años 60 a 24%
en 1982 y a más del 30% en 1995. Las 200 primeras son conglomerados
cayas actividades planetarias cubren sin distinción los sectores
primario, secundario y terciario. grandes explotaciones agricolas,
producción manufacturera, servicios financieros, comercio, etc.
geográficamente ellas se reparten entre 10 paises : Japón (62),
Estados Unidos (53), Alemania (23), Francia (19), Reino Unido (II),
Suiza (8), Corea del Sur (6), Italia (5) y Paises Bajos (4) ".
(Fréderic F. Clairmont, Op.Cit.).
PIEZA 2: La
globalización de la explotación (se construye dibujando un triángulo)
Una de las falacias neoliberales consiste en decir que el crecimiento
económico de las empresas trae aparejados un mejor reparto de la
riqueza y un crecimiento del empleo. Pero no es así. De la misma
forma que el crecimiento del poder político de un rey no trae como
consecuencia un crecimiento del poder politico de los súbditos (antes
al contrario), el absolutismo del capital financiero no mejora la
distribución de la riqueza ni provoca mayor trabajo para la sociedad
. Pobreza, desempleo y precariedad en el trabajo son sus consecuencias
estructurales.
En los años de las décadas de 1960
y 1970, la población considerada pobre (con menos de un dólar diario
de ingreso para resolver sus necesidades elementales, según el Banco
Mundial) era de unos 200 millones de personas. Para el inicio de
la década de los 90's sumaba ya 2.000 millones de seres humanos.
Además el "...montante de las 200 empresas más importantes del
planeta representa más de un cuarto de la actividad económica mundial;
y sin embargo, esas 200 firmas emplean sólo a 18,8 millones de asalariados,
o sea, menos del 0, 75% de la mano de obra del planeta" (Ignacio
Ramonet en LMD, enero, 1997).
Más seres humanos pobres y más empobrecidos,
menos personas ricas y más enriquecidas; estes son las lecciones
del trazo de la pieza del rompecabezas neoliberal. Para lograr este
absurdo, el sistema capitalista mundial "moderniza" la producción,
la circulación y el consumo de las mercancías. La nueva revolución
tecnológica (la informática) y la nueva revolución política (las
megápolis emergentes sobre las ruinas de los Estados nacionales)
producen una nueva "revolución" social. Esta "revolución" social
no consiste más que en un reacomodo, un reordenamiento de las fuerzas
sociales, principalmente de la fuerza de trabajo. La Población Económicamente
Activa (PEA) pasó de 1.376 millones en 1960 a 2.374 millones de
trabajadores en 1990. Más seres humanos con capacidad de trabajo,
es decir, de generar riquezas.
Pero el "nuevo orden mundial" no sólo
acomoda a este nueva fuerza de trabajo en espacios geográficos y
productivos, además reordena su lugar (o su no-lugar, como en el
caso de desempleados y subempleados) en el plan globalizador de
la economía. La Población Mundial Empleada por Actividad (PMEA)
se modificó substancialmente en los últimos 20 años. La PMEA en
el sector agrícola y pesquero pasó del 22% en 1970 al 12%
en 1990; en la manufactura del 25% en 1970 al 22% en 1990; mientras
que en el sector terciario (comercio, transporte, banca y servicios)
creció del 42% en 1970 al 56% en 1990. En el caso de los países
subdesarrollados, el sector terciario creció del 40% en 1970 al
57% en 1990; mientras que su población empleada en el sector agrícola
y pesquero cayó del 30% en 1970 al 15% en 1990. (Datos de "Mercado
Mundial de Fuerza de Trabajo en el Capitalismo Contemporáneo". Ochoa
Chi, Juanita del Pilar. UNAM. Economía. México, 1997).
Esto significa que caca vez más trabajadores
son canalizados hacia las actividades necesarias para incrementar
la productividad o para acelerar la realización de mercancías. El
sistema neoliberal opera así como un megapatrón, concibiendo al
mercado mundial como una empresa unitaria, administrada con criterios
"modernizadores".
Pero la "modernidad" neoliberal parece
más cercana al bestial nacimiento del capitalismo como sistema mundial,
que a la "racionalidad" utópica. La "moderna" producción capitalista
sigue basada en el trabajo de niños, mujeres y trabajadores inmigrantes.
De los 1.148 millones de niños en el mundo, por lo menos 100 millones
viven literalmente en la calle y 200 millones trabajan, y se prevé
que serán 400 millones para el año 2.000. Se dice además, que 146
millones de niños asiáticos laboran en la producción de autopartes,
juguetería, comida, herrería y química. Pero
este explotación del trabajo infantil no sólo se da en los países
subdesarrollados: 40% de los niños ingleses y 20% de los niños franceses
trabajan para completar el gasto familiar o para sobrevivir. También
en la "industria" del placer hay lugar para los infantes. La ONU
calcula que, cada año, un millón de niños entra en el comercio sexual
(datos en Ochoa Chi, J. Op.Cit). La bestia neoliberal invade el
todo social mundial homogeneizando hasta las pautas de alimentación.
"En términos globales si bien observamos que hay particularidades
en el consumo alimenticio de cada región, (y a su interior), no
por ello deja de ser evidente el proceso de homogeneización que
se está imponiendo, incluso sobre las diferencias fisiológico-culturales
de las diversas zonas" ("Mercado mundial de medios de subsistencia.
1960-1990". Ocampo Figueroa, Nashelly, y Flores Mondragón, Gonzalo.
UNAM. Economia 1994).
Esta bestia le impone a la humanidad
una pesada carga. El desempleo y la precariedad de millones de trabajadores
en todo el mundo es una aguda realidad que no tiene visos ni siquiera
de atenuarse. El desempleo en los países de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) pasó del 3,8%
en 1966 al 6,3% en 1990. Tan sólo en Europa pasó del 2,2% en 1966
al 6,4% en 1990. La imposición de las leyes del mercado en todo
el mundo, el mercado globalizado, no ha hecho sino destruir las
pequeñas y medianas empresas. Al desaparecer los mercados locales
y regionales, los pequeños y medianos productores se ven a sí
mismos sin protecciones y sin posibilidad alguna de competir contra
losgigantes transnacionales.
Resultado: quiebra masiva de empresas.
Consecuencia: millones de trabajadores al desempleo. El absurdo
neoliberal reiterado: el crecimiento de la producción no genera
empleo, al contrario, lo destruye. La Organización de las Naciones
Unidas (ONU) nombre a este etapa como "crecimiento sin empleo".
Pero la pesadilla no termina ahí. Además
de la amenaza del desempleo, los trabajadores deben enfrentar condiciones
precarias de ocupación. mayor inestabilidad del empleo, prolongación
de las jornadas de trabajo y desventaja salarial, son consecuencias
de la globalización en general y de la "terciarización" de la economia
(el crecimiento del sector "servicios") en particular. "En los
países dominados, la mano de obra sufre una precariedad multiforme:
extremada movilidad, empleos sin contrato, salarios irregulares
y generalmente inferiores al mínimo vital y regímenes de jubilación
éticos, actividades independientes no declaradas, con ingresos aleatorios,
es decir, servidumbre o realización de un trabajo forzoso por parte
de sectores, supuestamente protegidos, como los niños" (Alain
Morice. "Los trabajadores extranjeros, avanzadilla de la precariedad".
Le Monde Diplomatique, edición española. Enero1997).
Las consecuencias de todo esto se traducen
en un verdadero desfonde social globalizado. El reordenamiento de
los procesos de producción y circulación de mercancías y el reacomodo
de las fuerzas productivas, producen un excedente peculiar: seres
humanos que sobran, que no producen, que no consumen, que no son
sujetos de crédito, en suma, que son desechables.
PIEZA 3: Migración,
la pesadilla errante (se construye dibujando un círculo)
Hablamos antes de la existencia de nuevos territorios, al final
de la III Guerra Mundial, que esperaban ser conquistados (los antiguos
países socialistas), y de otros que debían ser reconquistados por
el "nuevo orden mundial". Para lograrlo, los centros financieros
llevan adelante una triple estrategia criminel y brutal: proliferan
las "guerras regionales" y los "conflictos internos", los capitales
siguen rutas de acumulación atípica, y se movilizan grandes masas
de trabajadores.
El resultado de este guerra mundial
de conquista es una gran rueda de millones de emigrantes en todo
el mundo. "Extranjeros" en el mundo "sin fronteras" que prometieron
los vencedores de la III Guerra Mundial, millones de personas padecen
la persecución xenófoba, la precarización laboral, la pérdida de
identidad cultural, la represión policiaca, el hambre, la cárcel
y la muerte.
"Del Rio Grande americano al espacio
Schengen "europeo", se confirma una doble tendencia contradictoria:
por un lado, las fronteras se cierran oficialmente a las migraciones
de trabajo; por otro, ramas enteras de la economia oscilan entre
la inestabilidad y laflexibilidad, que son los medios más seguros
para a traer la mano de obra extranjera" (Alain Morice, "Los
trabajadores extranjeros, avanzadilla de la precariedad". Le Monde
diplomatique, edición española, enero, 1997.). Con nombres distintos,
bajo una diferenciación jurídica, compartiendo una igualdad miserable,
los migrantes o refugiados o desplazados de todo el mundo son "extranjeros"
tolerados o rechazados. La pesadilla de la migración, cualquiera
que sea la causa que la provoque, sigue rodando y creciendo sobre
la superficie planetaria. El número de personas que estarian en
el ámbito de competencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los refùgiados (ACNUR) ha crecido desproporcionadamente de
algo más de 2 millones en 1975, a mas de 27 millones en 1995.
Destruidas las fronteras nacionales
(para las mercancías), el mercado globalizado organiza la
economía mundial: la investigación y el diseño de bienes
y servicios, así como su circulación y consumo, son pensados
en términos intercontinentales. Para cada parte del proceso capitalista,
el "nuevo orden mundial" organiza el flujo de fuerza de trabajo,
especializada y no, hacia donde lo necesita. Lejos de sujetarse
a la "libre concurrencia" tan cacareada por el neoliberalismo, los
mercados de empleo están cada vez mas determinados por los flujos
migratorios. Tratándose de trabajadores especializados, aunque
poco en comparación con la migracion mundial, este "traspaso de
cerebros" representa mucho en términos de poder económico y de conocimientos.
Pero, sea de fuerza de trabajo calificada, sea de simple mano de
obra, la politica migratoria del neoliberalismo está más orientada
a desestabilizar el mercado mundial de trabajo que a frenar la inmigración.
La IV Guerra Mundial, con su proceso
de destrucción/ despoblamiento y reconstrucción/ reordenamiento,
provoca el desplazamiento de millones de personas. Su destino será
el seguir errantes, con su pesadilla a cuestas, y ofrecer a los
trabajadores con empleo en las distintas naciones una amenaza a
su estabilidad laboral, un enemigo para suplir la imagen del patrón,
y un pretexto para darle sentido a la sinrazón racista que el neoliberalismo
promueve.
PIEZA 4: Mundialización
financiera y globalización de la corrupción y el crimen (se construye
dibujando un rectángulo)
Los medios masivos de comunicación nos regalan una imagen de los
dirigentes de la delincuencia mundial: hombres y mujeres, vestidos
estrafalariamente, viviendo en mansiones ridículas o tras
los barrotes de una cárcel. Pero esa imagen oculta más de lo que
muestra: ni los verdaderos jefes de las mafias modernas, ni su organización,
ni sus influencias reales en los terrenos económico y político,
son divulgados públicamente.
Si usted piensa que el mundo de la
delincuencia es sinónimo de ultratumba y oscuridad, está equivocado.
Durante el período de la llamada "guerra fría", el crimen organizado
fue adquiriendo una imagen más respetable y no sólo empezó a funcionar
como cualquier empresa moderna, también fue penetrando profundamente
en los sistemas políticos y económicos de los Estados nacionales.
Con el inicio de la IV Guerra Mundial, la implantación del "nuevo
orden mundial", y su consiguiente apertura de mercados, privatizaciones,
la desregulación del comercio y las finanzas internacionales, el
crimen organizado "globalizó" sus actividades.
"Según la ONU, los ingresos mundiales
anuales de las organizaciones criminales transnacionales (OCT) son
del orden de 1000 miles de millones de dólares, un monto equivalente
al PNB combinado de países de ingreso débil (según la categorización
de la banca mundial) y de sus 3 mil millones de habitantes. Esta
estimación toma en cuenta tanto el producto del tráfico de droga,
las ventas ilícitas de armas, el contrabando de materiales
nucleares, etc., y las ganancias de las actividades controladas
por las mafias (prostitución, juego, mercado negro de divisas...).
En cambio, no mide la importancia de las inversiones continuamente
realizadas por las organizaciones criminales dentro de la esfera
de control de negocios legítimos, ni tampoco la dominación que ellas
ejercen sobre los medios de producción dentro de numerosos sectores
de la economía legal" (Michel Chossudovsky, "La corruption mondialisée"
en Géopolitique du Chaos. Op.cit.).
Las organizaciones criminales de los
5 continentes han hecho suyo el "espíritu de cooperación mundial"
y, asociadas, participan en la conquista y reordenamiento de los
nuevos mercados. Pero no sólo en actividades criminales, también
participan en negocios legales. El crimen organizado invierte en
negocios legítimos no sólo para "blanquear" el dinero sucio,
también para hacerse con capital para sus actividades ilegales.
Las empresas preferidas para esto son las inmobiliarias de lujo,
la industria del ocio, los medios de comunicación, la industria,
la agricultura, los servicios públicos y... ¡la banca!
¿Ali Babá y los 40 banqueros? No, algo
peor. El dinero sucio del crimen organizado es utilizado por los
bancos comerciales para sus actividades: préstamos, inversiones
en los mercados financieros, compra de bonos de deuda externa, compra
y venta de oro y divisas. "En muchos países, las organizaciones
criminales se han convertido en los acreedores del Estado y ejercen,
por su acción sobre los mercados, una influencia sobre la política
macroeconómica de los gobiernos. Sobre las bolsas de valores, ellas
invierten igualmente en los mercados especulativos de productos
derivados y de materias primas" (M. Chossudovsky, Op.cit.). Por
si fuera poco, el crimen organizado cuenta con los llamados paraisos
fiscales. En todo el mundo hay, cuando menos, 55 paraisos fiscales
(uno de ellos, en las Islas Caimán, tiene el quinto lugar mundial
como centro bancario y tiene más bancos y sociedades registradas
que habitantes). Las Bahamas, las islas Virgenes británicas, las
Bermudas, San Martin, Vanuatu, las Islas Cook, Isla Mauricio, Luxemburgo,
Suiza, las Islas Anglo-Normandas, Dublín, Mónaco, Gibraltar, Malta,
son buenos lugares para que el crimen organizado se relacione con
las grandes firmas financieras del mundo.
Además de "blanqueo" de dinero sucio,
los paraisos fiscales son usados para evadir impuestos, de aquí
que sean un punto de contacto entre gobernantes, empresarios y capos
del crimen organizado. La alta tecnología, aplicada a las
finanzas, permite la circulación rápida del dinero y la desaparición
de ganancias ilegales. "Los negocios legales o ilegales están
cada vez más imbricados, introducen un cambio fundamental en las
estructuras del capitalismo de posguerra. Las mafias invierten en
negocios legales e, inversamente, canalizan recursos financieros
hacia la economia criminal, a través del control de bancos o empresas
comerciales implicadas en el blanqueo de dinero sucio o que tienen
relaciones con las organizaciones criminales. Los bancos pretenden
que las transacciones son efectuadas de buen fe y que sus dirigentes
ignoran el origen de los fondos depositados. La consigna de no preguntar
nada, el secreto bancario y el anonimato de las transacciones, todo
está garantizando los intereses del crimen organizado, protegen
a la institución bancaria de investigaciones públicas y de inculpaciones
. No solamente los grandes bancos aceptan blanquear dinero, en vista
de sus pesadas comisiones, sino que también conceden créditos a
tasas de interés elevadas a las mafias, en detrimento de las inversiones
productivas industriales o agricolas" (M. Chossudovsky, Op.
Cit. ).
La crisis de la deuda mundial, en los
años 80, provocó que el precio de las materias primas se fuera para
abajo. Esto hizo que los paises subdesarrollados vieran reducidos
drásticamente sus ingresos. Las medidas económicas dictadas por
el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, supuestamente
para "recuperar" las economías de estos países, sólo agudizaron
las crisis de los negocios legales. En consecuencia, la economía
ilegal se ha desarrollado para llenar el vacio dejado por la caida
de los mercados nacionales. De acuerdo con un informe de las Naciones
Unidas, "la intrusión de los sindicatos del crimen ha sido facilitada
por los programas de ajuste estructural que los paises endeudados
han sido obligados a aceptar para tener acceso a los préstamos del
Fondo Monetario Internacional" (Naciones Unidas, "La globalización
del crimen", Nueva York 1995).
Así que aquí tiene usted
el espejo rectangular donde legalidad e ilegalidad intercambian
reflejos. ¿De qué lado del espejo está el criminal? ¿de cuál el
que lo persigue?
PIEZA 5: ¿La legítima violencia de
un poder ilegítimo? (se construye dibujando un pentágono)
El Estado, en el neoliberalismo, tiende a contraerse al "minimo
indispensable". El llamado "Estado Benefactor" no sólo se convierte
en obsoleto; se desprende de todo lo que lo constituía en tal y
queda desnudo.
En el cabaret de la globalización,
tenemos el "show" del Estado sobre una "table dance" que se despoja
de todo hasta quedar con su prenda mínima indispensable: la fuerza
represiva. Destruida su base material, anuladas sus posibilidades
de soberanía e independencia, desdibujadas sus clases políticas,
los Estados nacionales se convierten, más o menos rápido, en un
mero aparato de "seguridad" de las megaempresas que el neoliberalismo
va erigiendo en el desarrollo de este IV Guerra Mundial. En lugar
de que la inversión pública la orienten al gasto social, los Estados
nacionales prefieren mejorar su equipo, armamento y preparación
para cumplir con eficacia la labor que la politica dejó de cumplir
hace años: el control de la sociedad.
Los "profesionales de la violencia
legítima" se llaman a sí mismos los aparatos represivos
de los Estados modernos. Pero ¿qué hacer si la violencia está ya
bajo las leyes del mercado? ¿Dónde está la violencia legitima y
dónde la ilegítima? ¿Qué monopolio de la violencia pueden pretender
los maltrechos Estados nacionales si el libre juego de la oferta
y la demanda desafia ese monopolio? ¿No demostró la pieza 4 que
el crimen organizado, los gobiernos y los centros financieros están
más que bien relacionados? ¿No es palpable que el crimen organizado
cuenta con verdaderos ejércitos sin más frontera que el poder de
fuego del rival? Así que el "monopolio de la violencia" no pertenece
ya a los Estados nacionales. El mercado moderno lo puso a venta...
Viene a cuento esto porque, debajo de la polémica entre violencia
legítima e ilegítima, también está la disputa (falsa,
pienso) entre violencia "racional" e "irracional".
Cierto sector de la intelectualidad
mundial (insisto en que su quehacer es más complejo que el simple
ser "de derecha o de izquierda", "progubernamental o de oposición",
"etcétera bueno o etcétera malo") pretende que la violencia se puede
ejercer de modo "racional", administrer de forma selectiva (hay
quien, incluso, adelanta algo así como la "mercadotecnia de la violencia")
y aplicar con habilidad "de cirujano" en contra de los males de
la sociedad. Algo asi inspiró la pasada etapa armamentista en la
Unión Americana: armas "quirúrgicas", precisas, y operaciones militares
como bisturí del "nuevo orden mundial". Asi nacieron las "smart
bombe" (que, según me platicó un reportero que cubrió "La tormenta
del Desierto", no son tan "inteligentes" y batallan para distinguir
entre un hospital y un depósito de misiles, en la duda las "smart
bombe" no se abstienen, destruyen. En fin, el Golfo Pérsico, como
decían los compañeros de los pueblos zapatistas, está más allá de
la capital estatal de Chiapas (aunque la situación de los kurdos
tenga semejanzas espeluznantes con los indígenas de un pais que
se precia de ser "democrático" y "libre"), asi que no insistamos
en "aquella" guerra cuando tenemos la "nuestra".
Bien, la pugna entre violencia "racional"
e "irracional" abre una vía de discusión interesante y, lamentablemente,
no es inútil en los tiempos actuales. Podíamos tomar, por ejemplo,
qué se entiende por"racional". Si se responde que es la "razón del
Estado" (suponiendo que eso existiera y, sobre todo, que se le pudiera
reconocer alguna razón al actuel Estado neoliberal), entonces cabe
preguntarse si esa "razón de Estado" se corresponde a la "razón
de la sociedad" (siempre suponiendo que la soc iedad de hoy retiene
algo de racionalidad) y, más todavia, si la violencia "racional"
del Estado es "racional" también a la sociedad. Aqui no hay mucho
que discurrir (como no sea ociosamente), la "razón de Estado" en
la modernidad no es otra que "la razón de los mercados financieros".
Pero ¿cómo administra su "violencia
racional" el Estado moderno? Y, ojo a la historia, ¿cuánto tiempo
dura esa racionalidad? ¿El tiempo que va desde una a otra elección
o golpe de Estado (según el caso)? ¿Cuántas violencias de Estado,
que fueron aplaudidas como "racionales" en su tiempo, son ahora
"irracionales"?
Lady Margareth Thatcher, de "grata"
memoria para el pueblo británico, se tomó la molestia de prologar
el libro "The Next War", de Caspar Weinberger and Peter Schweizer
(Regnery Publishing, Inc. Washington, D. C. 1996). En este texto,
la señora Thatcher, adelanta algunas reflexiones sobre las 3 similitudes
entre el mundo de la Guerra Fria y el de la Pos Guerra Fria. La
primera de ellas es que el "mundo libre" nunca carecerá de agresores
potenciales. La segunda es la necesidad de una superioridad militer
de los "Estados democráticos" sobre los posibles agresores. La tercera
similitud es que tel superioridad militar debe ser, sobre todo,
tecnológica. Para terminer su prólogo, la llamada "dama de hierro"
define la "racionalidad violenta" de los Estados modernos al señalar:
"Una guerra puede ocurrir de muchas maneras diferentes. Pero
la peor usualmente pasa porque un poder cree que puede alcanzar
sus objetivos sin una guerra o al menos con una guerra limitada
que puede ser ganada rápidamente -y, en consecuencia, fallan los
cálculos".
Para los señores Weinberger y Schweizer
los escenarios de las "Guerras Futuras" son: Corea del Norte y China
(abril, 6 de 1998), Irán (abril, 4 de 1999), México (marzo, 7 del
2003) Rusia (febrero, 7 del 2006) y Japón (agosto 19, de 2007).
No hay, pues, duda de quiénes serian los posibles agresores: asiáticos,
árabes, latinos y europeos.. ¡Casi la totalidad del mundo
es considerado "posible agresor" de la "democracia" moderna!
Lógico (cuando menos en la lógica liberal):
en la modernidad, el poder (es decir, el poder financiero) sabe
que sólo puede "alcanzar sus objetivos" con una guerra, y no con
una "guerra limitada que puede ser ganada rápidamente", sino con
una guerra totalmente total, mundial en todos los sentidos. Y, si
le creemos a la nueva Secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine
Albright, cuando dice: "Uno de los objetivos prioritarios de
nuestro gobierno es el de asegurar que los intereses económicos
de Estados Unidos puedan extenderse a escala planetaria" (The
Wall Street Journal, 21/1/1997), entonces debemos entender que todo
el mundo (y quiero decir "todo todo") es el teatro de operaciones
de esta guerra.
Es de entender, entonces, que si la
disputa por el "monopolio de la violencia" no se da de acuerdo a
las leyes del mercado, sino que es desafiado desde abajo, el poder
mundial "descubra" en ese reto a un "posible agresor". Este es uno
de los desafios (de los menos estudiados y más "condenados", entre
los muchos que representa) lanzado por los indígenas en armas y
en rebeldía del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
en contra del neoliberalismo y por la humanidad...
PIEZA 6: La Megapolítica y los
enanos (se construye dibujando un garabato)
Antes dijimos que los Estados nacionales son atacados por los centros
financieros y "obligados" a disolverse dentro de las megápolis.
Pero el neoliberalismo no sólo opera su guerra "uniendo" naciones
y regiones. Su estrategia de DESTRUCCION/ DESPOBLAMIENTO y RECONSTRUCCION/
REORDENAMIENTO produce una o varias fracturas en los Estados nacionales.
Esta es la paradoja de la IV Guerra Mundial: hecha para eliminar
fronteras y "unir" naciones, lo que va dejando tras de sí es una
multiplicación de las fronteras y una pulverización de las naciones
que perecen en sus garras. Más allá de los pretextos, ideologías
o banderas, la actuel dinámica MUNDIAL de quiebra de la unidad de
los Estados nacionales responde a una politica, igualmente mundial,
que sabe que puede ejercer mejor su poder, y crear las condiciones
óptimas para su reproducción, sobre las ruinas de los Estados nacionales.
Si alguien tuviera alguna duda sobre
este caracterizar al proceso de globalización como una guerra mundial,
debería desecharla al hacer cuentas de los conflictos que provocaron
y han sido provocados por los colapsos de algunos Estados nacionales.
Checoslovaquia, Yugoslavia, la URSS, son muestras de la profundidad
de estes crisis que dejan hechos añicos no sólo los fundamentos
politicos y económicos de los Estados nacionales, también las estructuras
sociales. Eslovenia, Croacia y Bosnia, además de la presente guerra
dentro de la Federación Rusa con Chechenia de escenario, no sólo
marcan el destino de la trágica caída del campo socialista en los
fatídicos brazos del "mundo libre", en todo el mundo este proceso
de fragmentación nacional se repite en escale e intensidad variables
Hay tendencias separatistas en el Estado español (Pais Vasco, Cataluña
y Galicia), en Italia (Padania), en Bélgica (Flandes), en Francia
(Córcega), en el Reino Unido (Escocia y el País de Gales)
y en Canadá (Quebec) Y hay más ejemplos en el resto del mundo. Ya
nos referimos al proceso de construcción de las megápolis; ahora
hablamos de la fragmentación de países. Ambos procesos se dan sobre
la destrucción de los Estados nacionales. ¿Se trata de dos procesos
paralelos, independientes? ¿Dos facetas del proceso de globalización?
¿Son sintomas de una megacrisis aún por estallar? ¿Meros hechos
aislados?
Pensamos que se trata de una contradicción
inherente al proceso de globalización, una de las esencias del modelo
neoliberal. La eliminación de fronteras comerciales, la universalidad
de las telecomunicaciones, las superautopistas de la información,
la omnipresencia de los centros financieros, los acuerdos internacionales
de unidad económica, en fin, el proceso de globalización en su conjunto
produce, al liquider los Estados nacionales, una pulverización de
los mercados internos. Estos no desaparecen o se diluyen en los
mercados internacionales, sino que consolidan su fragmentación y
se multiplican.
Sonará contradictorio, pero la globalización
produce un mundo fragmentado, lleno de pedazos aislados unos de
otros (y no pocas veces enfrentados entre sí). Un mundo lleno de
compartimentos estancos, comunicados apenas por frágiles puentes
económicos (en todo caso, tan constantes como la veleta de viento
que es el capital financiero). Un mundo de espejos rotos, reflejando
la inútil unidad mundial del rompecabezas neoliberal.
Pero el neoliberalismo no sólo fragmenta
el mundo que supone unir, también produce el centro politico-económico
que dirige este guerra. Y si, como señalamos antes, los centros
financieros imponen su ley (la del mercado) a naciones y a grupos
de naciones, entonces deberiamos redefinir los límites y alcances
de este política, es decir, del quehacer político. Conviene
entonces hablar de la megapolítica, en ésta sería
donde se decidiría el "orden mundial".
Y cuando decimos "megapolítica"
no nos referimos al número de quienes en ella se mueven. Son pocos,
muy pocos, los que se encuentran en este "megaesfera". La megapolítica
globaliza las políticas nacionales, es decir, las sujeta
a una dirección que tiene intereses mundiales (que por lo regular
son contradictorios a los intereses nacionales) y cuya lógica es
la del mercado, es decir, la de la ganancia económica.
Con este criterio economicista (y criminal)
se decide sobre guerras, créditos, compra y venta de mercancías,
reconocimientos diplomáticos, bloqueos comerciales, apoyos políticos,
leyes de migración, golpes de Estado, represiones, elecciones, unidades
políticas internacionales, rupturas políticas intranacionales,
inversiones, es decir, la supervivencia de naciones enteras.
El poder mundial de los centros financieros
es tan grande que pueden prescindir de la preocupación por el signo
político de quien detente el poder en una nación, si es que se garantiza
que el programa económico (es decir, la parte que corresponde al
megaprograma económico mundial) no se altera. Las disciplinas financieras
se imponen a los distintos colores del espectro político
mundial en cuanto se llega al gobierno de una nación.
El gran poder mundial puede tolerar
un gobierno de izquierda en cualquier parte del mundo, siempre y
cuando ese gobierno no tome medidas que vayan en contra de las disposiciones
de los centros financieros mundiales. Pero de ninguna manera tolerará
que una alternativa de organización económica, política y
social, se consolide. Para la megapolítica, las políticas nacionales
son hechas por enanos que deben plegarse a los dictados del gigante
financiero. Así será, hasta que los enanos se rebelen...
PIEZA 7: Las bolsas de resistencia
(se construye dibujando una bolsa)
"Para empezar, te ruego no confundir la Resistencia con la oposición
política. La oposición no se opone al poder sino a un gobierno,
y su forma lograda y completa es la de un partido de oposición;
mientras que la resistencia, por definición (ahora, sí),
no puede ser un partido: no está hecha para gobernar a su vez, sino
para ... resistir". Tomás Segovia, "Alegatorio", México, 1996.
La aparente infalibilidad de la globalización
choca con la terca desobediencia de la realidad. Al mismo tiempo
que el neoliberalismo lleva adelante su guerra mundial, en todo
el planeta se van formando grupos de inconformes, núcleos de rebeldes.
El imperio de las bolsas financieras enfrenta la rebeldía de las
bolsas de resistencia. Sí, bolsas. De todos los tamaños, de diferentes
colores, de las formas más variadas. Su única semejanza es su resistirse
al "nuevo orden mundial" y al crimen contra la humanidad que conlleva
la guerra neoliberal.
Al tratar de imponer su modelo económico,
político, social y cultural, el neoliberalismo pretende subyugar
a millones de seres, y deshacerse de todos aquellos que no tienen
luger en su nuevo reparto del mundo. Pero resulta que estos "prescindibles"
se rebelan y resisten contra el poder que quiere eliminarlos. Mujeres,
niños, ancianos, jóvenes, indígenas ecologistas, homosexuales,
lesbianas, seropositivos, trabajadores y todos aquellos y aquellas
que no sólo "sobran", sino que también "molestan" al orden y el
progreso mundiales, se rebelan, se organizan y luchan. Sabiéndose
iguales y diferentes, los excluidos de la "modernidad" empiezan
a tejer las resistencias en contra del proceso de destrucción/ despoblamiento
y reconstrucción/ reordenamiento que lleva adelante, como guerra
mundial, el neoliberalismo.
En México, por poner un ejemplo, el
llamado "programa de desarrollo integral del Istmo de Tehuantepec"
pretende construir un moderno centro internacional de distribución
y montaje de mercancías. La zona de desarrollo abarca un
complejo industrial en el que se refina la tercera parte del crudo
mexicano y se elabora el 88% de los productos petroquímicos.
Las vías de tránsito interoceánico consistirán en carreteras,
una ruta fluvial aprovechando el tendido natural de la zona (río
Coatzacoalcos) y, como eje articulador, la línea del ferrocarril
transístmico (a cargo de 5 empresas, 4 de EE.UU. y 1 de Canadá).
El proyecto sería zona ensambladora bajo el régimen de maquiladoras.
Dos millones de pobladores del lugar pasarían a ser estibadores,
controladores de paso o maquiladores (Ane Esther Cecena, "El Istmo
de Tehuantepec; frontera de la soberania nacional", "La jornada
del Campo", 28 de mayo, 1997). También en el sureste mexicano, en
la selva Lacandona, se echa a andar el "Programa de Desarrollo Regional
Sustentable para la Selva Lacandona". Su objetivo real es poner
a disposición del capital las tierras indígenas que, además
de ser ricas en dignidad e historia, también lo son en petróleo
y uranio.
El resultado previsible de estos proyectos
sera, entre otros, la fragmentación de México (separando al sureste
del resto del país). Además, y ya que de guerras hablamos,
los proyectos tienen implicaciones contrainsurgentes. Forman parte
de una pinza para liquidar al rebeldía antineoliberal que explotó
en 1994. En medio quedan los indígenas rebeldes del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
(Ya en el tema de indígenas
rebeldes conviene un paréntesis: los zopatistas piensan que, en
México (ojo, en México) la recuperación y defensa de la soberania
nacional es parte de una revolución antineoliberal. Paradójicamente,
el EZLN es acusado de pretender la fragmentación de la nación mexicana.
La realidad es que los únicos que han hablado de separatismo son
los empresarios del Estado de Tabasco (rico en petróleo) y los diputados
fecderales chiapanecos que pertenecen al PRI. Los zapatistas piensan
que es necesaria la defensa del Estado nacional frente a la globalización,
y que los intentos de partir a México en pedazos vienen del grupo
gobernante y no de las justas demandas de autonomía para
los pueblos indios. El EZLN, y lo mejor del movimiento indígena
nacional, no quieren que los pueblos indios se separen de México,
sino ser reconocidos como parte del país con sus especificidades.
No sólo eso; quieren un México con democracia, libertad y justicia.
Las paradojas siguen porque, mientras el EZLN lucha por la defensa
de la soberanía nacional, el Ejército Federal Mexicano lucha
contra esa defensa y defiende a un gobierno que ha destruido ya
las bases materiales de la soberanía nacional y ha entregado
el país, no sólo al gran capital extranjero, también
al narcotráfico).
Pero no sólo en las montañas del sureste
mexicano se resiste y se lucha contra el neoliberalismo. En otras
partes de México, en América Latina, en Estados Unidos y Canadá,
en la Europa del Tratado de Maastricht, en Africa, en Asia y en
Oceania, las bolsas de resistencia se multiplican. Cada una de ellas
tiene su propia historia, sus diferencias, sus igualdades, sus demandas,
sus luchas, sus logros. Si la humanidad tiene todavía esperanzas
de supervivencia, de ser mejor, esas esperanzas están en las bolsas
que forman los excluidos, los sobrantes, los desechables.
Hay, a no dudarlo, más piezas del rompecabezas
neoliberal. Por ejemplo: los medios de comunicación, la cultura,
la polución, las pandemias. Aqui sólo hemos querido mostrarle el
trazo de 7 de ellas. Estas 7 bastan para que usted, después de dibujarlas,
colorearlas y recortarlas, se dé cuenta de que es imposible armarlas
juntas. Y este es el problema del mundo que la globalización ha
pretendido rearmar: las piezas no encajan. Por esto, y por otras
razones que no vienen al espacio de este texto, es necesario hacer
un mundo nuevo. Un mundo donde quepan muchos mundos, donde quepan
todos los mundos...
SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS.
Ejército Zapatista de Liberación Nacional. (Desde las montañas del
Sureste Mexicano) México, Junio 1997.
P.D. QUE CUENTA SUEÑOS QUE EL AMOR
ANIDA
Reposa la mar a mi lado. Comparte desde hace tiempo angustias,
incertidumbres y no pocos sueños, pero ahora duerme conmigo la caliente
noche de la selva. Yo miro su frigo agitado en el sueño y me maravillo
de nuevo al encontrarla a ella como es ley: tibia, fresca y a mi
lado. La asfixia me saca del lecho y toma mi mano y la pluma para
traer al Viejo Antonio hoy, como hace años...
He pedido al Viejo Antonio que me
acompañe en una exploración río abajo. No llevamos más que un poco
de pozol para comer. Durante horas seguimos el caprichoso cauce
y el hambre y el calor aprietan. Toda la tarde la pasamos tras una
piara de jabalíes. Casi anochece cuando le damos alcance, pero un
enorme censo (puerco de monte) se desprende del grupo y nos ataca.
Yo saco a relucir todos mis conocimientos militares, dejo tirada
mi arma y me trepo al árbol más cercano. El Viejo Antonio queda
inerme ante el ataque, pero en lugar de correr, se pone tras una
maraña de bejacos. El gigantesco jabalí arremete de frente y con
toda su fuerza, pero queda atrapado entre las lianas y las espinas.
Antes de que pueda librarse, el Viejo Antonio levanta su vieja chimba
y, de un tiro en la cabeza, resuelve la cena de ese día.
Ya en la madrugada, cuando he terminado
de limpiar mi moderno fusil automático (un M-16, calibre 5.56 mm,
con un selector de cadencia y alcance efectivo de 460 metros, además
de mira telescópica, bipié y cargador de "drum" con 90 tiros), escribo
en mi diario de campaña y, omitiendo todo lo sucedido, sólo anoto:
"Topamos puerco y A. mató una pieza. Altura 350 ms. No llovió".
Mientras esperamos que se cueza la carne, le cuento al Viejo Antonio
que la parte que me toca servirá para las fiestas que se preparan
en el campamento. "¿Fiestas?", me pregunta mientras atiza el fuego.
"Sí ", le digo, "No importa el mes, siempre hay algo que celebrar".
Después sigo con lo que yo supuse era una brillante disertación
sobre el calendario histórico y las celebraciones zopatistas. En
silencio escacha el Viejo Antonio y, suponiendo que no le interesa,
me acomodo para dormir. Entre sueños miro al Viejo Antonio tomar
mi cuaderno y escribir algo. En la mañana, repartimos la carne después
del desayuno y cada uno toma su camino. Ya en nuestro campamento,
reporto al mando y le muestro la bitácora para que sepa lo ocurrido.
"Esta no es tu letra", me dice mientras me muestra la hoja del cuaderno.
Ahí, al final de lo que yo anoté ese día, el Viejo Antonio había
escrito con letras grandes:
"Si no puedes tener la razón y
la fuerza, escoge siempre la razón y deja que el enemigo tenga la
fuerza. En muchos combates puede la fuerza obtener la victoria,
pero en la lucha toda sólo la razón vence. El poderoso nunca podrá
sacar razón de su fuerza, pero nosotros siempre podremos obtener
fuerza de la razón".
Y más abajo, con letra may pequeña:
"Felices fiestas".
Ni para qué decirlo, se me quitó
el hambre. Las fiestas, como siempre, estuvieron bien alegres. "La
del mono colorado" estaba todavía, felizmente, muy lejos
del "hit parade" de los zapatistas...
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