Hoy en día, la cuarta parte de
la población se expone a la inseguridad alimentaria y 800 millones
de personas padecen hambre crónica. Sin embargo, algunas políticas
promueven más que otras no sólo la seguridad, sino también la diversidad
y la autosuficiencia alimentaria para todos. Unas decisiones que
comprometen el futuro de nuestras civilizaciones.
¿Qué
es la seguridad alimentaria? La respuesta del Banco Mundial sería
"la posibilidad de que todas las personas puedan conseguir, en todo
momento, comida suficiente para llevar una vida activa y sana".
La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) iría
mucho más lejos: "se entiende por seguridad alimentaria que la comida
esté siempre disponible, que todas la personas puedan conseguirla
en cantidad, calidad y variedad adecuadas desde un punto de vista
nutricional y aceptada dentro de cierta cultura".
El hambre no
es un problema técnico
Esta última definición, algo utópica, pone en tela de juicio que
un país, incluso rico y socialmente ejemplar, pueda garantizar a
sus ciudadanos una "seguridad alimentaria" total. Sin embargo, algunas
decisiones políticas la fomentan más que otras.
Aunque la inmensa mayoría de las víctimas
del hambre se encuentren en los países llamados del tercer mundo,
también las hay cuando falta protección social en los países llamados
desarrollados. Prueba de ello es la existencia de organizaciones
caritativas, como los "Restaurantes del corazón" en Francia [1]
y otras comparables en los demás países europeos.
En nuestros días, el hambre no es un
problema técnico y ni siquiera, salvo algunas excepciones, un problema
de escasez absoluta de alimentos. La seguridad alimentaria depende
más bien de la distribución de tierras e ingresos. El Banco Mundial
y la FAO tienen razón al insistir sobre la noción de accesibilidad.
Incluso en los países más pobres y más castigados por crisis alimentarias,
no se dan muchas víctimas de hambre en las esferas de los negocios,
del ejército o de los altos funcionarios...
Las desigualdades han aumentado en
estos últimos quince años, tanto entre el norte y el sur como dentro
de cada país, limitando cada vez más el acceso a la comida. Todos
los índices hacen temer que en el próximo siglo las disparidades
económicas sigan creciendo de forma más exacerbada.
Los informes sobre desarrollo humano
del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), así como
los informes sobre comercio y desarrollo de la Conferencia de Naciones
Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) demuestran regularmente
que la mundialización enriquece a los ricos y empobrece a los pobres,
ya se trate de regiones, países o individuos.
Las cosechas mundiales de cereales
han aumentado en más de un 40% desde 1980, acercándose hoy al récord
de 2.000 millones de toneladas, y sin embargo, el porvenir alimentario
del planeta no es muy halagüeño. Demasiados países han descuidado
a sus agricultores, capaces de cultivar productos para el autoabastecimiento.
Al contrario, los programas de ajuste
estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial
les han llevado, u obligado, a desarrollar el cultivo de productos
para la exportación. A causa de esto, deben recurrir a los mercados
cerealistas mundiales, en los que se comercializa apenas el 5% de
las cosechas.
Mientras que un país autosuficiente
en cereales no tiene nada que temer, el que depende de las importaciones
expone a su población a graves peligros. Cualquier fluctuación del
nivel de existencias mundiales de cereales puede hacer que los precios
se pongan por las nubes y que millones de personas no puedan acceder
al gran mercado alimentario mundial.
Otra sombra en el horizonte: por mucho
que las cosechas batan records, la tasa de crecimiento de la población
[2] sobrepasa por ahora la tasa de crecimiento de las cosechas.
Así pues, no resulta sorprendente que el hambre crónica siga siendo
la realidad cotidiana de al menos 800 millones de seres humanos.
Son millones también los que no comen lo suficiente como para llevar
una "vida activa y sana". La inseguridad alimentaria afecta al menos
a la cuarta parte de la población mundial.
Una cuestión
de medios
En este contexto, preguntarse si "el mundo" podrá alimentar a una
población de X miles de millones de personas en el futuro es una
pregunta casi sin sentido. "El mundo" es capaz de alimentar a 6.000,
8.000, 10.000 millones de personas con tal de que se pague el precio
tanto financiero como político. Todo depende también de lo que se
entienda por "alimentar". ¿Se trata de proporcionar una ración calórica
de base, con una pequeña dosis de proteínas vegetales, o de una
cocina variada y rica en carnes (es decir en calorías concentradas)?
De todas formas, los que pueden acaparan
las calorías disponibles. La mejora de la renta nacional se acompaña
siempre, estadísticamente, de un aumento del consumo de carne. Si
cada habitante del planeta Tierra tuviera un régimen cárnico, habría
que triplicar la producción en el próximo siglo.
¿Qué debe hacerse? En los años 60-70,
se proclamaba que la "Revolución Verde" [3] solucionaría todos los
problemas alimentarios y acabaría con el hambre. Este sistema de
cultivo, que requiere equipamientos costosos, y a menudo importados
del extranjero en el caso de los países en vías de desarrollo -irrigación,
abonos químicos, herbicidas, pesticidas, semillas industriales,
tractores-, no convenía a los campesinos pobres. Sin recursos, muchos
de ellos se marcharon a las ciudades. Esta "revolución" ha acabado
además con la biodiversidad, con los peces de los arrozales, ha
salinizado los suelos, contaminado los ríos cuyas aguas eran potables,
etc.
Hoy en día, una nueva generación de
"tecnocreyentes" nos anuncia con el mismo fervor que el futuro pertenece
a los Organismos Genéticamente Modificados (OGM), que alimentarán
milagrosamente al mundo. A estas personas, no les preocupa en absoluto
que el control de estas semillas esté en manos de algunas empresas
transnacionales, nada filantrópicas.
Los OGM podrían además provocar desastres
ecológicos aún más graves que los que produjo la Revolución Verde.
Ciertas semillas de OGM están programadas para destilar poco a poco
un herbicida; otras resisten a los herbicidas utilizados por el
agricultor. Pero la agricultura es una actividad compleja. Las características
introducidas en los OGM pueden comunicarse a otras plantas o interferir
con microorganismos del suelo, y crear superpredadores o malas hierbas
superresistentes por selección natural.
Las consecuencias de la mundialización
acentúan la inseguridad alimentaria en un ámbito totalmente diferente.
Las crisis financieras de esta década han transtornado numerosos
"mercados emergentes", arruinado a miles de pequeñas y medianas
empresas locales, creado un paro masivo y provocado alzas de precios
de productos de primera necesidad. A causa de esto, han vuelto a
aparecer graves problemas alimentarios, sobre todo en México, Rusia
e Indonesia.
La multifuncionalidad
de la agricultura
El tratamiento que dará la Organización Mundial del Comercio (OMC),
durante las negociaciones de Seattle de diciembre de 1999 [4], al
controvertido tema de la agricultura también tendrá un gran impacto
[5]. Pocas cuestiones levantan tantas pasiones y enfrentamientos.
Por un lado se encuentran los que consideran que los productos alimenticios
deben tratarse como los demás. Para estos países y sus empresas,
el modelo del futuro alimentario del planeta es un enorme supermercado
global en el que cada uno venderá lo que produce mejor y más barato
que su vecino, y comprará todo lo demás, según el principio sacrosanto
de la ventaja comparativa. Es la postura de Estados Unidos y del
"Grupo de Cairns" (Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile,
Indonesia, Nueva Zelanda, Paraguay, Tailandia...), que combate el
principio de las ayudas que proporciona la Unión Europea a su agricultura.
Frente a ellos, los países europeos
-entre ellos Francia-, Japón y algunos países del sur rehúsan poner
en el mismo plano productos agrícolas e industriales. Insisten en
el carácter particular de la agricultura: su "multifuncionalidad"
que preserva la diversidad biológica, protege el medio ambiente,
hace vivir a los pueblos y a las pequeñas ciudades, y frena el éxodo
rural masivo. Esta agricultura también permite al consumidor estar
más cerca del productor, en vez de comprar productos alimenticios
en el supermercado mundial.
Este enfrentamiento entre países en
la OMC es mucho más que una pelea comercial; es también la elección
de un tipo de civilización. Los pequeños agricultores y las granjas
familiares, ya sean del norte o del sur, no podrán resistir frente
a la competencia de los grandes productores cerealistas con grandes
capitales que podrán invertir fácilmente en todos los mercados del
mundo vendiendo por debajo de los costes de producción de los agricultores
locales. Cuando todos los agricultores se hayan arruinado y marchado
a la ciudad, no habrá ninguna garantía de que los precios de las
importaciones no suban, agravando la inseguridad alimentaria.
Para nosotros, que tenemos la suerte
de poder comer hasta hartarnos, la agricutura artesana y las pequeñas
explotaciones agrícolas preservan también la diversidad y la variedad
de nuestra comida. ¿Cómo vivir en un mundo que se precipita hacia
la uniformidad alimentaria? El día en el que todo el mundo dependa
del supermercado mundial, ya no habrá seguridad alimentaria ni placer
gastronómico.
Susan George - Investigadora y escritora
Presidenta del Observatorio de la Mundialización en París y vicepresidenta
de ATTAC6 en Francia
Nacida en Estados Unidos, Susan
George es ciudadana francesa desde 1994. Ha escrito varias obras
sobre las relaciones norte-sur, sobre todo en los ámbitos de la
agricultura y la deuda.
1. Los Restaurantes
del corazón, creados ante una situación de urgencia en 1985 por
el cómico Coluche, distribuyeron aquel invierno 8,5 millones de
comidas. En 1999, más de 30.000 voluntarios han distribuido más
de 60 millones de comidas a más de medio millón de personas con
dificultades, durante los tres meses de invierno.
2. Véase el artículo de Jean-Claude Chesnais en este número.
3. Modo de desarrollo agrícola, basado en la utilización de variedades
de alto rendimiento, la irrigación y las innovaciones tecnológicas.
Se lanzó en 1966-67, sobre todo en India, donde, gracias a una política
de reservas y un sistema de distribución popular eficaz, permitió
erradicar la escasez de víveres que se producía a gran escala desde
hacía veinte años.
4. Véase el artículo de Béatrice Marre en este número.
5. Cuando se redactó este artículo, la Conferencia aún no había
comenzado.
6. El Observatorio de la Mundialización, creado en 1996, reúne a
un grupo de unos quince economistas, investigadores, periodistas,
responsables sindicales y asociativos, "que se han comprometido
a seguir, de forma crítica, la mundialización".
La Asociación a favor
de un impuesto sobre las transacciones financieras para ayudar a
los ciudadanos (ATTAC), creado en 1998 en Francia y que ha dado
lugar a una red internacional, se define como un movimiento internacional
a favor del control democrático de los mercados financieros y sus
instituciones.
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