Hace
doce años, un barcucho que pronto conquistaría una triste fama,
el Khian Sea, abandonó las aguas territoriales de Estados
Unidos y comenzó a dar vueltas por los océanos buscando un país
dispuesto a aceptar su cargamento: 14.000 toneladas de ceniza tóxica
de incinerador
Primero fue a Bahamas, luego a la República Dominicana, Honduras,
Bermuda, Guinea Bissau, y las Antillas Holandesas. Por todas partes, la gente
se reunió a protestar contra su llegada. Nadie quería que se tiraran en su país
los millones de kilos de ceniza del incinerador municipal de Filadelfia.
Desesperada por descargar, la tripulación del barco mentía sobre su cargamento,
esperando encontrar un gobierno ignorante que lo aceptara. Algunas veces
identificaban la ceniza como "material de construcción," otras veces
decían que era relleno para la construcción de carreteras, y si no bastaba que
eran "desechos enlodados." Pero los expertos en ecología les ganaban
generalmente la delantera, notificando a los receptores; nadie aceptaba la
carga. Eso es, hasta que llegó a Haití. Allí, el dictador respaldado por
EE.UU., Baby Doc Duvalier, extendió un permiso para el
"fertilizante," y 4000 toneladas de la ceniza fueron descargadas en
la playa de la localidad de Gonaïves.
No tardó mucho para que la protesta pública obligara a los
funcionarios haitianos a comprender repentinamente que no estaban recibiendo
fertilizante. Anularon el permiso de importación y ordenaron que los residuos
fueran devueltos al barco. Pero el Khian Sea se escapó durante la noche,
dejando miles de toneladas de ceniza tóxica en la playa.
Durante otros dos años el Khian Sea jadeó de un país a otro
tratando de librarse de las restantes 10 mil toneladas de ceniza de Filadelfia.
La tripulación hasta recubrió con pintura el nombre del barco. Sin embargo, no
pudieron engatusar a nadie para que aceptara su cargamento tóxico. Un miembro
de la tripulación testimonió más tarde que finalmente vertieron los residuos en
el Océano Índico. El grupo activista ecológico Greenpeace, presionó al gobierno
de EE.UU. para que analizara el "fertilizante." La Agencia de
Protección del Medio Ambiente de EE.UU. y Greenpeace comprobaron que contenía
1800 libras de arsénico, 4300 libras de cadmio, y 435 mil libras de plomo,
dioxina, y otros productos tóxicos. Pero nadie quiso limpiarlo.
El costo de la limpieza en Gonaïves había sido estimado en unos 300
mil dólares. Pero el abogado de Filadelfia Ed Rendell -en aquel entonces
alcalde de esa ciudad y ahora presidente del Comité Nacional del Partido
Demócrata -rehusó contribuir los fondos, a pesar del superávit de 130 millones
de dólares en el presupuesto de Filadelfia. Joseph Paolino & Sons, que
habían contratado a Amalgamated Shipping (propietarios de la barcaza de
desechos Khian Sea) para que transportara la ceniza de residuo, también
se negó.
En julio de 1992, el Departamento de Justicia de EE.UU. -presionado
por grupos ecologistas en todo el mundo- presentó finalmente acusaciones contra
dos comerciantes con residuos que habían embarcado y descargado las 14 mil
toneladas de ceniza de incinerador de Filadelfia. Acusaciones similares se
presentaron contra tres individuos y cuatro corporaciones que habían exportado
ilegalmente 3000 toneladas de residuos peligrosos a Bangladesh y Australia,
declarados también como fertilizantes. Pero ninguno de los comerciantes de
residuos fue acusado de tirar su cargamento tóxico en alta mar, ni por
declararlo falsamente como fertilizante y abandonarlo en las playas de Haití,
Bangladesh, y Australia. Fueron acusados de mentir a un jurado de acusación.
¿Por qué? Porque la ley estadounidense protege a los comerciantes, no
a los receptores de residuos tóxicos -y la Organización Mundial de Comercio
trata de imponer internacionalmente semejantes leyes. En los últimos años, gran
parte de los residuos de los países industrializados han sido exportados
abiertamente, descritos como "material reciclado." Son promocionados
como "combustible" para incineradores que generan energía en los
países pobres. "Una vez que un residuo es calificado de
"reciclable" queda exento de la ley de residuos tóxicos de EE.UU. y
puede ser comprado y vendido como se quiera, como si fuera un helado. Escorias,
sedimentos, e incluso polvos captados en filtros de control de polución, son
ensacados y embarcados al exterior,·" escribe Peter Montague en Rachel´s
Weekly. "Estos desechos pueden contener importantes cantidades de
metales valiosos, como zinc, pero también pueden contener y contienen
cantidades importantes de subproductos tóxicos tales como cadmio, plomo y
dioxina. La laguna legal vía "reciclado" en la ley de residuos
tóxicos de EE.UU. es suficientemente grande para permitir que pase una barcaza,
y muchas barcazas la pasan flotando sin que nadie las cuente."
¿Cómo puede ser
un fertilizante la ceniza tóxica?
Cada año, miles de toneladas de residuos "reciclados" de
EE.UU., declarados engañosamente como "fertilizante," son diseminadas
en haciendas, playas, y desiertos en Bangladesh, Haití, Somalia, Brasil, y
docenas de otros países. La administración Clinton ha continuado la iniciativa
de George Bush [padre] al permitir a las corporaciones estadounidenses que mezclen
cenizas de incineradores y otros residuos conteniendo altas concentraciones de
plomo, cadmio, y mercurio con productos agroquímicos. Esto se vende a agencias
y gobiernos que no lo sospechan, o que no se preocupan, en todo el mundo.
Estos productos químicos peligrosos son considerados
"inertes," ya que no juegan un papel activo como
"fertilizante" -aunque son muy activos causando cáncer y otras
enfermedades. Bajo la ley de EE.UU., los ingredientes denominados
"inertes" no necesitan ser etiquetados o declarados al comprador.
El uso creativo de los términos "reciclado" e
"inerte" encuentra también una creciente aplicación en productos para
uso local. Por ejemplo, "ingredientes inertes" no declarados,
incluyendo productos químicos conocidos como carcinogénicos, pueden ser
mezclados con los insecticidas malatión y piretroides pulverizados en
cantidades masivas sobre la población y el medio ambiente de New York City en
el otoño de 1999. Algunos de estos "ingredientes inertes,"
propelentes y sinergistas, tales como el conocido carcinógeno Butóxido de
Piperonilo (PBO), aumentan la toxicidad de la neblina letal sobre los
mosquitos. Pero también aumentan dramáticamente los peligros para la gente y el
medio ambiente. Otros ingredientes, tales como los destilados de petróleo que
se encuentran en la mayor parte de los pesticidas pulverizados, impactan el
hígado y el sistema inmunológico. Los numerosos efectos a largo plazo sobre la
salud de los pesticidas (y sus ingredientes "inertes" y
"reciclados") sobre la gente y los ecosistemas ya están resultando
severos.
La administración Clinton tomó medidas enérgicas contra los refugiados
que huían de los escuadrones de la muerte en Haití en 1993, encarcelando a
muchos de ellos, de los que se decía que eran portadores del virus VIH, en un
campo de concentración en la base naval de EE.UU. en Guantánamo, Cuba, y
devolviendo a muchos a los torturadores y al medio ambiente tóxico del que
habían escapado. El tema del "fertilizante" tóxico volvió al tapete.
Un activista dijo: "En lugar de repatriar a los refugiados haitianos a
Haití, el gobierno de EE.UU. debiera repatriar los residuos tóxicos a su propio
país."
Haití, después de todo, ha sido un vertedero favorito para los
productores corporativos de residuos. La devastación ecológica causada por el
vertido de productos tóxicos en Haití (y en otras partes) ha generado una
crisis sanitaria igualmente devastadora, que es exacerbada por el traslado
forzoso de sus tierras de miles de trabajadores agrícolas por orden del Fondo
Monetario Internacional. Las tierras son luego confiscadas y entregadas a las
corporaciones multinacionales agropecuarias, que realizan el monocultivo de
algodón y café genéticamente manipulados, y productos de lujo para la
exportación, haciendo que los alimentos naturales sean mucho más difíciles de
conseguir.
Algunos de los campesinos desposeídos son absorbidos por centros de
explotación -eufemísticamente llamados "zonas empresariales" y más
adecuadamente llamados "campos de trabajo forzado," subcontratados
por corporaciones como Disney, Sears, Kathy Lee, y Wal-Mart. Allí, dejan de
tener validez hasta los pocos controles ecológicos que rigen en el resto del
país, aumentando dramáticamente el nivel de enfermos por cáncer y tuberculosis.
La neumonía y otras enfermedades oportunistas ("oportunistas" en el
sentido de que aprovechan los sistemas inmunes destruidos por la destrucción
generalizada de la ecología) continúan causando estragos en Haití. Uno de los
primeros pasos tomados por la junta militar en ese país después de su golpe en
septiembre de 1991, fue terminar todos los programas de tratamientos del SIDA y
de atención médica gratuita que habían sido establecidos durante el breve
gobierno de Aristide. Como consecuencia de la devastación ecológica, los
cierres de clínicas y la exposición a toxinas en los alimentos, el aire y el
agua, las mujeres refugiadas de Haití que viven ahora en EE.UU. muestran un
nivel mucho más elevado de cáncer cervical que el resto de la población.
En Nicaragua, una proposición de importar residuos peligrosos y ceniza
de incinerador de Filadelfia generó una tormenta de protestas de todos los
sectores de la población nicaragüense, aunque no se informó al respecto en la
prensa de EE.UU. El partido revolucionario sandinista, que llegó al poder en 1979
y que fuera derrotado diez años más tarde en medio de una intensa guerra
contrarrevolucionaria auspiciada por EE.UU., dirigió la oposición en el
congreso nicaragüense. El único apoyo a la propuesta provino de Steadman
Fahoth, un dirigente contra de los indios misquitos, discípulo del evangelista
fascista Sun Myung Moon que, después de la derrota del gobierno sandinista, fue
recompensado por el nuevo gobierno colocándolo a cargo de "problemas
ecológicos" en la región atlántica del país. La Asociación Nicaragüense de
Biólogos y Ecologistas objetó que las fuertes lluvias en la Costa Atlántica
causarían que los componentes letales de la ceniza penetraran el ecosistema
acuático y causarían severos daños al nivel freático, a la flora y la fauna,
así como a la vida humana.
"La lluvia arrastra los metales pesados, como el mercurio, el
níquel y el arsénico dentro del suelo, llevándolos a ríos, charcos, arroyos, el
océano y los lagos. Allí, los peces, los caracoles, los langostinos, etc. se
contaminarían... [así como] la fauna que luego es comida por los pájaros y
otros animales, así como por los seres humanos.
"De esta manera los compuestos químicos son transferidos de los
animales pequeños a los seres humanos y se acumulan en el tejido muscular.
"Las fuentes de agua subterráneas también se contaminarían, al
absorberse el agua a través del suelo. De esta manera los productos químicos
llegan al nivel freático y a los pozos y a otras fuentes utilizadas por la
gente y por comunidades enteras.
"Las plantas también se contaminarían absorbiendo el agua y por
ello todas las cosechas destinadas al consumo humano.
"Finalmente, el viento llevaría la ceniza a distancias
considerables, alcanzando incluso pueblos y comunidades distantes. Sus
habitantes la absorberían por sus sistemas respiratorios. También se
envenenaría a animales domésticos." Confrontada con una amplia
resistencia, la importación de residuos peligrosos fue rechazada por el
momento.
La oposición mundial al vertido de productos tóxicos está despertando
a la ciudadanía en Estados Unidos, donde la prolongada oposición local al
vertido e incineración de residuos tóxicos se está convirtiendo en una
resistencia total. Comenzando con el horror de la filtración tóxica en el
irónicamente llamado Canal del Amor a principios de los años 80 en el norte del
estado de Nueva York, los gobiernos locales han sido obligados por residentes
iracundos a ilegalizar el entierro, por parte de las corporaciones, de residuos
o cenizas de incinerador conteniendo metales pesados en vertederos (muchos de
los cuales ya están casi llenos al máximo en todo caso, y continúan envenenando
el suelo y el agua subterránea.) Pero la legislación federal aún se queda muy
atrás. Como hemos visto, la ceniza tóxica se quedó abandonada durante 12 años
en las playas de Bangladesh y Haití, envenenando el medio ambiente y volándose
con el viento.
Ahora, más de una década después del acontecimiento, ha habido lo que
parece ser algo de justicia. Grupos ecologistas y por la justicia social han
obligado finalmente al gobierno y a los empresarios de EE.UU. a que reciban de
vuelta los residuos que vertieron en la playa de Gonaïves.
El proceso de traslado llegó a ocurrir sólo gracias a la presión
constante de activistas ecológicos en EE.UU. y Haití. Tomó casi un año y
requirió la cooperación extensiva de muchas entidades. Y también necesitó un
buen poco de suerte. ¿Se recuerdan de Paolino & Sons, Inc. ? Fue la empresa
que había sido subcontratada por la Ciudad de Filadelfia para que transportara
sus residuos, y que por su parte alquiló el Khian Sea. Años más tarde,
Louis D. Paolino, el ex jefe de la compañía, trató de conseguir lucrativos
contratos de transporte de residuos de la Ciudad de Nueva York, a través de su
nueva compañía, Eastern Environmental Services -adquirida entretanto por
Waste Management, Inc. , que maneja gran parte del extremadamente
lucrativo negocio de la basura de Nueva York. Antes de otorgar nuevos contratos
o aprobar la adquisición corporativa, la Comisión de Residuos Industriales de
Nueva York, la entidad que regula la eliminación de residuos comerciales en la
Ciudad de Nueva York, "obtuvo" el acuerdo de Paolino, Waste
Management Inc., y la Ciudad de Filadelfia, de "contribuir"
económicamente al traslado de la ceniza en Haití -el precio por obtener más
negocios en la Ciudad de Nueva York.
El gobierno de Haití -que había reemplazado al régimen militar años
antes- supervisó los esfuerzos, y -por una extraña casualidad- también aceptó
financiar una parte del traslado. Un equipo de trabajadores en Gonaïves trabajó
largas horas bajo el sol ardiente durante cinco meses para asegurarse de que el
material era tratado correctamente y que abandonaba Haití en su totalidad. El
Departamento de Agricultura de EE.UU. controló el tratamiento. Fue completado a
fines de marzo de 2000.
El Departamento de Agricultura de EE.UU. desarrolló y supervisó el
protocolo del tratamiento de la ceniza, y certificó que no se corría peligro al
depositarlo en un vertedero en EE.UU. La Comisión de Residuos Industriales de
Nueva York gerenció la contribución económica estadounidense y las
negociaciones de búsqueda de un vertedero. (No se ha informado aún sobre los
montos contribuidos por las diversas agencias estadounidenses.)
Finalmente, el 5 de abril de 2000, la ceniza partió de Gonaïves. Fue
descargada en su momento en EE.UU. 17 días más tarde y está siendo almacenada
provisoriamente, esperando su traslado a un sitio de almacenamiento permanente
en un área de Waste Management. Doce años después que comenzara su
viaje, el residuo ha sido "repatriado."
En el Frente Interior
Mientras el comercio en residuos tóxicos hace que la situación en el
exterior sea terrible, es apenas mejor dentro del país. Las vías acuáticas
interiores en EE.UU. están peligrosamente contaminadas con residuos
industriales. La Agencia de Protección del Medio Ambiente dice que un 40 por
ciento de las vías acuáticas de la nación están demasiado contaminadas para
nadar o pescar. El mercurio es una de las numerosas toxinas presentes en los
residuos industriales embarcados al extranjero para ser incinerados o
enterrados, que ahora vuelven a contaminar nuestras aguas. Es un veneno mortal
con efectos brutales sobre el sistema nervioso, incluso en concentraciones muy bajas.
El envenenamiento con mercurio causa sordera, pérdida de los sentidos del
olfato y del gusto, úlceras, deterioro mental, daño a los riñones y la muerte.
En 1994, el estado de Nueva Jersey publicó un aviso sanitario advirtiendo a los
residentes que no comieran lubina, bagre o lucio en 15 localidades en el
estado, debido a la contaminación con mercurio.
La gobernadora de New Jersey, Christine Todd Whitman, como sus colegas
en Nueva York y otras partes, ha menospreciado repetidamente los informes sobre
altos niveles de mercurio y de otras toxinas en las vías acuáticas del estado.
En realidad, fue sólo gracias a la protesta pública ante el intento del
Departamento de Protección de la Energía de New Jersey de elevar el estándar de
limpieza de cromo de 75 partes por millón a un nivel enorme de 56 mil partes
por millón -que hubiera redefinido todos los 150 sitios contaminados con cromo
en Jersey City como "limpios," sin ningún cambio- lo que obligó a la
administración Whitman a echar marcha atrás sobre ese tema en particular.
De 56 lagos, represas, y arroyos examinados en Nueva Jersey, 32
contenían elevados niveles de mercurio en los peces. Las cantidades
descubiertas se encontraban entre 1 parte por millón y 8,9 ppm -más elevadas
que cualquier nivel jamás detectado por la Agencia de Protección del Medio
Ambiente de EE.UU. y extremadamente peligrosas para el consumo humano.
Nueva Jersey tiene el segundo nivel de incidencia de cáncer de mama y
el mayor porcentaje de mortalidad de cáncer en general, de todos los estados en
el país. La respuesta de la Gobernadora Whitman fue eliminar 250 empleos en el
Departamento de Protección del Medio Ambiente.
Un estudio similar por el Departamento de Salud de Nueva York (en
1994) encontró un aumento de un 62 por ciento en los casos de cáncer de mama
entre las mujeres que vivían dentro de una media milla de industrias de
productos químicos, petróleo y caucho.
Las corporaciones con oficinas centrales en Nueva Jersey y otras
partes han seguido hace tiempo el ejemplo de la Gobernadora Whitman y sus
predecesores ante su aceptación de altos niveles de mercurio y otros
contaminantes en las vías acuáticas del estado. Borden Chemicals and
Plastics, Calgon Carbon Inc., y American Cyanamid -con oficinas
centrales en Nueva Jersey, esta última la empresa matriz de Old Spice, Pierre
Cardin, y el shampoo Breck- son inmensos productores de residuos de
mercurio. Si bien existen leyes que limitan el vertido de residuos peligrosos
en EE.UU. -aunque no se implementen- es otra cosa cuando se trata de numerosos
otros países que están desesperados por desarrollarse de cualquier manera. De
manera que esas compañías embarcaron 10.000 barriles de residuos de mercurio a
la instalación de "reciclado" Thor de American Cyanamid en
África del Sur a mediados de los años 80. El gobierno de EE.UU. miró hacia otro
lado mientras American Cyanamid vertía más de 120 mil libras de mercurio
y otros residuos tóxicos producidos en Nueva Jersey en los ríos sudafricanos,
amenazando drásticamente el agua potable y la agricultura y matando a cientos
de personas río abajo.
Producción Industrial
y Residuos Tóxicos
La misma intersección de destrucción ecológica, pobreza forzada,
guerra de contrainsurgencia, corrupción y brutalidad política, y
el vertido de residuos tóxicos provenientes del extranjero, asola
a los países pobres en todo el mundo. Están implicados no sólo los
Republicanos, sino que también sus colegas Demócratas. En Bangladesh,
por ejemplo, ocurrió una explosión en una instalación de perforación
petrolera de la compañía estadounidense, Occidental Petroleum.
Occidental -en la que el [ex] vicepresidente Al Gore posee numerosas
acciones- ha estado operando igualmente en Colombia, y los manifestantes
han criticado severamente al vicepresidente por la destrucción de
los U´wa allí. En la explosión en Bangladesh, 20 millas cuadradas
de la zona fueron quemadas totalmente, fundidas, y se destruyeron
totalmente las comunicaciones. Jardines arbolados fueron incinerados.
Cientos de personas murieron, incluyendo a trabajadores de Occidental.
Veinte por ciento de Bangladesh fue aislado durante seis meses del
resto del país a causa de esa explosión, y el gas continuó filtrándose
al medio ambiente sin control alguno.
Accidentes industriales y agrícolas ocurren rutinariamente, aunque pocos
con la horrible intensidad de la liberación por Union Carbide de una
inmensa nube de gases tóxicos de su planta en Bhopal en India en 1984, que mató
a 10.000 personas en unas pocas horas. (Union Carbide también posee el
triste récord de desastres industriales sobre suelo estadounidense,
contaminando hasta la muerte a 2000 trabajadores con silicosis durante la
construcción del túnel Hawks Nest en West Virginia en los años 30.) Más de
10.000 trabajadores mueren directamente cada año en EE.UU. como resultado de
accidentes laborales, para no hablar de los cientos de miles de trabajadores
lisiados u obreros textiles o del carbón con neumoconiosis, enfisemas, y otras
enfermedades con peligro de muerte. Y eso sin contar los cánceres a largo plazo
y las enfermedades al sistema inmunológico causadas por la vida en un medio
ambiente degradado.
¿Qué pasa con el proceso industrial propiamente tal? ¿Puede haber
extracción, digamos, de petróleo sin envenenar a toda una región (y la
represión política que es la consecuencia necesaria), como ha pasado con los
ogoni en Nigeria, los mayas de Chiapas, o los navajos/dineh y hopis de la Gran
Montaña, Arizona?
¿Y qué pasa con los productos producidos? Todos los productos se
vuelven residuos en algún momento. ¿Cómo se dispone de ellos?
Muchos productos -herbicidas y pesticidas contaminantes, y
"fertilizantes" embarcados al extranjero para plantaciones del agro
comercio, por ejemplo, -son fabricados en EE.UU. pero se prohíbe su uso aquí
debido a los fuertes movimientos de la clase obrera por la salud y la
seguridad. Son venenosos para el medio ambiente así como para la salud humana.
Tome Butachlor, un herbicida fabricado por Monsanto (marcas: Machete,
Lambast), que provoca tanto riesgos agudos como crónicos para la salud y que
puede contaminar los suministros de agua. Aunque es fabricado en Muscatine,
Iowa (donde la fábrica vierte directamente al río Mississippi 265 mil libras de
productos químicos peligrosos al año), su fabricante, Monsanto, nunca
obtuvo una tolerancia de residuo alimenticio para butachlor. La compañía no
recibió un permiso para la distribución del tóxico herbicida en los EE.UU.
debida a "problemas respecto a la ecología, los residuos, los peces, la
flora y la fauna, y la toxicología," según la Agencia de Protección del
Medio Ambiente. Monsanto, sin embargo, puede, según las leyes de EE.UU.,
continuar fabricando el herbicida allí mientras no lo venda dentro de las
fronteras del país. Así que Monsanto lo vende en ultramar, donde docenas
de países en América Latina, Asia, y África utilizan butachlor sobre todo en
los arrozales.
En la actualidad, casi todas las importaciones de arroz de EE.UU. han
sido tratadas en ultramar con butachlor. La sustancia, prohibida en EE.UU.,
termina envenenando no sólo a los pobres en otros países, sino también a
aquellos que comen arroz aquí, en EE.UU.
Otro ejemplo, entre miles: Los tampones producidos en EE.UU. pero cuya
venta está prohibida aquí porque causan el síndrome del choque tóxico, una
enfermedad mortal. Aunque el producto ha sido retirado del mercado local, las
compañías estadounidenses vendieron por millones los mismos tampones en África,
y Sur y Centroamérica durante la década del 80, aunque los riesgos mortales
eran conocidos.
Ninguno de estos son ejemplos aislados que puedan ser considerados
equivocaciones, errores de política, o incluso ·" excesos
desafortunados" del proceso de producción capitalista. La revista
financiera de Wall Street, Barron´s, resumió brevemente: "en la
generación de la energía nuclear, los peligros creados por el hombre parecen
inevitables, pero la bancarrota nos parece un riesgo innecesario."
Contemplemos el reciente brote de contaminación con arsénico en
Inglaterra y en Bangladesh. Durante los últimos dos años, Bangladesh y otros
cuatro países, han estado recibiendo, en nombre de la ayuda, postes eléctricos
estadounidenses -postes tratados cada uno con 2,5 libras de arsénico.
El arsénico de un poste, si está fijo en un sitio, puede contaminar
2,3 millas cuadradas. La necesidad que tienen los países de la OCED
(Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, un grupo de 29
potencias ricas e industriales, tales como Europa, Japón, Rusia, EE.UU. y
Canadá) de encontrar nuevos sitios donde depositar los residuos de la
producción industrial es una de las fuerzas menospreciadas que promueven los
programas de ajuste estructural del FMI y el Banco Mundial.
Agencias tales como la Organización Mundial de Comercio, el Banco
Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Agencia de Desarrollo
Internacional de EE.UU., que pretenden ayudar a las naciones a subsanar sus
lastres de deudas y asistirles para salvar el medio ambiente, en realidad
ayudan a mantener a los países en una deuda perpetua a costa del medio
ambiente. Las "inversiones" del FMI y el Banco Mundial, combinadas
son sus programas de austeridad neoliberales y la privatización (conocidos como
"ajustes estructurales"), constituyen una faceta importante del Nuevo
Orden Mundial, destruyendo en última instancia las sociedades cooperativas no
capitalistas que han existido durante milenios en algunos sitios, y forzando la
privatización de los sectores de propiedad pública. Esas agencias condenan cada
vez más áreas del mundo a la condición de vertederos de residuos, a la
extracción de recursos naturales y a erigir centros comerciales de hormigón
armado.
MITCHEL COHEN organiza junto con los Verdes de Brooklyn y el Partido
Verde del Estado de Nueva York, el Colectivo Red Balloon, y la Red de Acción
Directa para Liberar a Mumia Abu Jamal y Leonard Peltier
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