Los
análisis de impacto con criterios de género de los Programa de Ajuste
Estructural (PAES) que el Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial impusieron a muchos países y que contemplaban recortes en
los gastos sociales, revelan que las mujeres fueron afectadas en
mayor medida que los hombres. Asimismo arrojan que la promoción
de exportaciones conlleva a una feminización de los empleos, particularmente
en las zonas francas donde la mayoría de los empleos son ocupados
por mujeres, violándose sus derechos laborales.
La Organización Mundial del Comercio
(OMC) tiene un papel central en la reglamentación del comercio internacional.
Al ser recortadas las atribuciones de la comisión de Naciones Unidas
para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) a asesoría técnica, análisis
y búsqueda de consensos, la OMC es la única instancia mundial que
decide sobre política y reglamentación comercial. A pesar de que
las negociaciones de la OMC abarcan - como en el caso de los PAES
-, todos los campos de la economía, no existe a la fecha ningún
estudio que analice la política y los tratados de la OMC en cuanto
a su impacto, de forma diferenciada, por género.
La OMC se propone elevar el nivel de
vida, mejorar los ingresos y contribuir al pleno empleo en una forma
ambientalmente sustentable. Dado que el 70% de las personas pobres
son mujeres, una evaluación de la liberalización comercial sobre
sus vidas permitiría establecer un indicador importante para valorar
el cumplimiento de las metas que la OMC se ha propuesto. Una investigación
que diferencie los impactos por género sería muy importante antes
de seguir trabajando en la misma dirección.
Los reglamentos de la OMC parten de
la hipótesis que el libre comercio genera el mayor provecho económico
y social. Al mismo tiempo presuponen que la producción y distribución
de mercancías deben ser dejadas globalmente al mercado y no a los
gobiernos. Con la reducción de barreras comerciales (como aranceles,
tarifas, cuotas de importación, subsidios, etc.) se pretende llegar
a un comercio justo sin que empresas locales tengan preferencias
frente a ofertantes extranjeros/as. Sin embargo, crecimiento económico
e incremento del comercio no aseguran, de ninguna manera, una repartición
equitativa de los beneficios. Los indicadores macroeconómicos, como
el Producto per cápita, no permiten conclusiones sobre la mejora
o no del nivel de vida de la gente. UNCTAD calculó que la liberalización
y globalización comercial no sólo amplía la diferencia entre países
ricos y pobres, sino también al interior de los países.
Liberalización
sin análisis de género
El uso predominante de teorías macroeconómicas neoliberales que
la OMC hace para fundamentar su planteamiento, es deficitario en
cuanto al análisis de la distribución de ventajas y desventajas.
La instancia de dicha organización que supervisa las políticas comerciales
(acuerdo TPRM por sus siglas en inglés), limita su información a
datos macroeconómicos y políticas gubernamentales sin considerar
el impacto de las reformas comerciales para trabajadores/as, consumidores/as,
pobres y medio ambiente.
Particularmente, en las mesas de negociación
que debaten y deciden la implementación de tratados y convenios
de cara a la observancia y arbitraje del comercio, no se tiene en
cuenta la múltiple carga de las mujeres y sus necesidades específicas.
Simplemente se supone que la política comercial y las reglamentaciones
de la OMC no causan ningún impacto específico en términos de género
y, en consecuencia, tampoco hay diferencias en cuanto a su impacto
entre mujeres y hombres. Se puede afirmar por lo tanto, que la OMC
no toma en cuenta aspectos de género, lo cuál puede afectar negativamente
a las mujeres en términos sociales y económicos, particularmente
en situaciones de marginalidad y pobreza.
La participación de mujeres en las
estructuras de decisión de la OMC es bastante limitada, aun cuando
la encargada por parte de Estados Unidos es una mujer y la tendencia
de mujeres integrantes en las delegaciones nacionales es creciente.
Pero han sido contadas las mujeres que presiden comités de la OMC
en los últimos años y de los/as 159 miembros seleccionados/as para
formar parte de los paneles de solución de disputas, únicamente
12 son mujeres. Además, el incremento de la presencia numérica de
mujeres en los procesos de toma de decisión no constituye ninguna
garantía para la inclusión de aspectos de género a la política comercial.
Las mujeres son marginadas de diferentes
formas. Llevan la carga principal en el trabajo reproductivo y no
participan en forma equitativa en la propiedad de patrimonio. La
posibilidad de las mujeres para empleos remunerados como trabajadoras,
empleadas o empresarias, se ve limitada frecuentemente por deficiencias
en calificación y dificultad para la movilización y el acceso a
capital. Es por ello, que las mujeres son mayoría en actividades
que no requieren de calificación elevada, como por ejemplo la agricultura
o el sector informal. Evaluar por lo tanto, el impacto de la liberalización
de comercio en estos sectores es altamente relevante para determinar
si consolida las actuales formas de producción con desventaja genérica
o si mejora el acceso para las mujeres a empleos calificados.
¿Exportaciones
como oportunidad?
La Organización de Naciones Unidas UNIFEM afirma en un estudio (Joekes
y Weston, 1994) que la relación entre comercio e industria es el
elemento central que determina la composición genérica de la fuerza
laboral. En el esquema de sustitución de importaciones, eran escasas
las posibilidades de las mujeres para encontrar trabajo en la naciente
industria pesada e intensa en capital. La actual dominación de la
política orientada a las exportaciones, genera un incremento de
la demanda para mano de obra femenina, por ejemplo en la industria
textilera.
Pero este mayor acceso a empleos no
implica al mismo tiempo mayor equidad de género y conlleva en todo
caso profundos cambios para las mujeres tanto en el sector formal
como en el informal. Si bien quedan preguntas abiertas, es evidente
que la liberalización comercial y la producción para la exportación
implican mayor competencia y por ende presión para reducir los costos
de producción en el nivel local, lo cual frecuentemente restringe
los derechos económicos y sociales. En las zonas francas, la débil
posición social de las mujeres es aprovechada a fin de evitar la
organización sindical y la negociación salarial colectiva. Las mujeres
se ven obligadas a aguantar condiciones laborales explotadoras,
irrespeto a sus derechos sociales y reproductivos (p.e. en el caso
de embarazos) y el acoso sexual. A mayor competencia global, mayor
incremento de la falta de garantías mínimas, tal como en el caso
de la subcontratación individual para realizar trabajo en casa.
Trabajo
reproductivo invisible
Una deficiencia fundamental de la teoría internacional de comercio
es que no toma en cuenta el trabajo reproductivo que realizan mayoritariamente
las mujeres. Actividades tan esenciales para una sociedad, como
la crianza y educación de niñas/os y el trabajo en el ámbito familiar
y comunitario, están contenidos en esta categoría.
De esta forma, las mujeres apoyan y
desarrollan el capital humano de la economía, y por ende la actividad
de la misma. Visto de otra manera implica que la competencia mercantil
no asegura la disponibilidad de suficientes recursos para la reproducción.
Pero también permite deducir que, las mujeres por sus compromisos
reproductivos, no están en capacidad de competir con los hombres
en el mercado laboral en los mismos términos. Cambios en la política
comercial pueden afectar la capacidad de las mujeres de realizar
trabajo reproductivo. Por ejemplo, la importación de "comida chatarra"
a bajo precio y comercializada con métodos modernos, mina la posibilidad
de las mujeres de producir y comercializar comida casera, si bien
más saludable, pero con un envoltorio menos ostentoso. El mercado
es incapaz de coordinar la dinámica de si mismo y de las actividades
de subsistencia, ambos de alta relevancia para la sobrevivencia.
Tampoco cambios de precios toman en
cuenta el trabajo reproductivo. El sector productivo puede ahorrar
costos con resultados aparentemente positivos, pero que en realidad
constituyen un traslado hacia el ámbito reproductivo. Si una empresa
de exportación, para ahorrar costos, decide no implementar medidas
para mejorar la circulación del aire y reducir el estruendo las
de máquinas, pone en peligro simplemente la salud de sus trabajadoras.
Dado que el cuido de personas enfermas es parte del ámbito reproductivo,
la carga laboral femenina se incrementa.
El impacto de la globalización en las
productoras agrícolas de las Filipinas, Asia
Basado en Teresita Oliveros, "El impacto de la liberalización
de comercio en las pequeñas productoras agrícolas en las Filipinas",
revista Third World Resurgence No. 86, 1997
En el marco de su plan de desarrollo a mediano plazo, el gobierno
de las Filipinas planteó la disminución del área cultivada con maíz
y arroz en más de 4 millones de manzanas. Esto equivale a una reducción
en un 65% y es consecuencia de la apertura de las fronteras en cumplimiento
de las exigencias de la OMC. Los resultados fueron fatales.
A seis meses de su ingreso a la OMC,
se produce en las Filipinas una crisis de abastecimiento de arroz
que primero duplica, y luego triplica los precios. Esto estaba obligando
a gran cantidad de personas a limitar su alimentación y justificó
la apertura total de la frontera para importaciones de arroz. Posteriormente
se conoció que dicha crisis nunca existió, sino que fue orquestada
por el gobierno.
La asociación de productoras rurales
AMIHAN estima en 750,000 las familias productores/as afectados/as,
mujeres en su mayoría. El gobierno, por su parte, les recomendó
cultivar productos de exportación como flores y hortalizas en vez
de productos de autoconsumo. Esta situación se repite en el caso
de las papas. Al abrir el mercado local para papas cortadas en forma
mecanizada e importadas desde los EEUU, los precios han caído en
un 50% con consecuencias fatales para pequeños/as productores/as.
Mucha gente ha perdido sus terrenos
en zonas fértiles que se están convirtiendo en zonas residenciales,
industriales y turísticas. Encuestas realizadas entre mujeres campesinas
desplazadas arrojaron que, hoy en día, ganan su sustento con trabajos
irregulares y mal pagadas en restaurantes y bares como lavanderas
y empleadas domésticas.
Sobre el mismo caso, Oxfam-Solidaridad
de Bélgica en su documento "Desafíos de una nueva ronda de negociaciones
comerciales internacionales ¿Un comercio para el desarrollo?", plantea
que: "Las reglas del derecho comercial internacional codificados
en la OMC introducen un poder de "policía": la amenaza de represalias
comerciales cuando los programas de ajuste estructural no son lo
suficientemente aplicados. Es lo que hacen los Estados Unidos desde
1994 al amenazando al gobierno filipino de deponer un recurso ante
la OMC a partir del momento que fuera instituida en 1995: Los Estados
Unidos consideraban que "la carta magna filipina de los pequeños
campesinos (previendo de no importar productos alimenticios cuando
estos son disponibles localmente en cantidad suficiente) representa
una distorsión comercial" (Courrier de la Planète, no. 22, abril-mayo
1994)." Para concluir que, "el empobrecimiento a veces puede ser
más rápido, visible y brutal como consecuencia del acuerdo de la
OMC sobre la agricultura. La puesta en práctica de los acuerdos
agrícolas de la OMC ha llevado a las autoridades filipinas a liberalizar
su régimen de importación para los principales productos agrícolas:
el arroz y el maíz. Según la OCDE, el precio de las exportaciones
norteamericanas de maíz, subvencionadas indirectamente, debería
ser 20% menor que el precio filipino antes del año 2000, y la diferencia
llegaría al 39% en 2004 bajo el efecto de la baja progresiva de
los aranceles. Lo que significa una baja en los ingresos de las
familias de productores/as de maíz respectivamente de 15 y 30% ...
Según Oxfam UK y otras fuentes, no menos de medio millón de personas
dependientes de la producción de maíz en la isla de Mindanao podrán
perder sus medios para cubrir sus necesidades básicas. "Silenciosamente,
sin hacer ruido, el ´mercado libre´ está desplazando a las comunidades
y está destruyendo sus medios de existencia con una eficiencia tan
grande como la de una guerra civil" concluyó un estudio de Oxfam
UK".
Liberalización del comercio y su impacto
en las mujeres de Ghana, Africa
Del estudio "Comercio y OMC: El estudio de caso Ghana" de Myriam
Vander Stichele
En Ghana, el comercio local es tradicionalmente dominio de las mujeres.
Ellas venden los productos agrícolas propios y de los hombres y
muchos otros productos, tales como ropa y tela tradicional en los
mercados locales. Las "Reinas de mercados" representan a grupos
de comerciantes hacia otros grupos e instituciones y ayudan a resolver
problemas internos. Su papel se extiende hasta la responsabilidad
de los ritos de entierro, si un miembro del grupo fallece. Esta
estructura permite esquemas de ayuda mutua para créditos y en caso
de enfermedades y otros problemas.
Aparte de su rol productivo, la mujer
ocupa gran parte del día para el trabajo reproductivo. Sin ninguna
participación del hombre se encarga de la casa, incluyendo el acarreo
de agua y leña. Dado que el hombre no se siente responsable de contribuir
para los gastos de la casa, estos corren en gran parte a cuenta
de las mujeres. Según investigaciones, las mujeres trabajan por
lo menos un 20% más que los hombres.
A partir de 1983, Ghana inició la apertura
de su economía en el marco del programa de ajuste estructural acordado
con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La disminución
de los aranceles de importación conllevó a mayor cantidad de bienes
importados que tienden a desplazar productos locales, lo que junto
al creciente desempleo, lleva a más hombres a ocuparse en el comercio,
desplazando a las mujeres y las "reinas de mercados" de su tradicional
dominio y control sobre una parte de la economía.
En la economía internacionalizada,
la cantidad de mujeres que logra ubicarse en el comercio internacional,
más allá de la región, es mínima y la mayoría de ellas pertenecen
a la clase alta. Un grupo mayor de mujeres más pobres realiza comercio
transfronterizo a nivel regional. Tendencialmente todas estas mujeres
juegan un papel en la importación de artículos baratos de consumo
como ropa, juguetes, telas e implementos para la cocina. Mientras
tanto, la importación de bienes de mayor valor y la producción y
exportación de oro, madera, cacao y otros productos agrícolas, están
mayoritariamente en manos de los hombres.
Esta desventaja creciente es producto
de la menor capacidad financiera y de menos acceso a capital y conocimientos.
Dado sus compromisos familiares, las mujeres no pueden ausentarse
por períodos prolongados de sus hogares, si bien su preocupación
por la casa permite viajar a los hombres. A esto se suman obstáculos
y amenazas en los trayectos de viajes, por ejemplo en las aduanas.
Myriam Vander Stichele (politóloga,
integrante de la red "Mujeres y Desarrollo" - WIDE)
Opina sobre este artículo
Arriba