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Mujeres: perdedoras de la liberalización del comercio

por Myriam Vande Stichelle      /   publicado en Fundación Heinrich Böll

Los análisis de impacto con criterios de género de los Programa de Ajuste Estructural (PAES) que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial impusieron a muchos países y que contemplaban recortes en los gastos sociales, revelan que las mujeres fueron afectadas en mayor medida que los hombres. Asimismo arrojan que la promoción de exportaciones conlleva a una feminización de los empleos, particularmente en las zonas francas donde la mayoría de los empleos son ocupados por mujeres, violándose sus derechos laborales.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene un papel central en la reglamentación del comercio internacional. Al ser recortadas las atribuciones de la comisión de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) a asesoría técnica, análisis y búsqueda de consensos, la OMC es la única instancia mundial que decide sobre política y reglamentación comercial. A pesar de que las negociaciones de la OMC abarcan - como en el caso de los PAES -, todos los campos de la economía, no existe a la fecha ningún estudio que analice la política y los tratados de la OMC en cuanto a su impacto, de forma diferenciada, por género.

La OMC se propone elevar el nivel de vida, mejorar los ingresos y contribuir al pleno empleo en una forma ambientalmente sustentable. Dado que el 70% de las personas pobres son mujeres, una evaluación de la liberalización comercial sobre sus vidas permitiría establecer un indicador importante para valorar el cumplimiento de las metas que la OMC se ha propuesto. Una investigación que diferencie los impactos por género sería muy importante antes de seguir trabajando en la misma dirección.

Los reglamentos de la OMC parten de la hipótesis que el libre comercio genera el mayor provecho económico y social. Al mismo tiempo presuponen que la producción y distribución de mercancías deben ser dejadas globalmente al mercado y no a los gobiernos. Con la reducción de barreras comerciales (como aranceles, tarifas, cuotas de importación, subsidios, etc.) se pretende llegar a un comercio justo sin que empresas locales tengan preferencias frente a ofertantes extranjeros/as. Sin embargo, crecimiento económico e incremento del comercio no aseguran, de ninguna manera, una repartición equitativa de los beneficios. Los indicadores macroeconómicos, como el Producto per cápita, no permiten conclusiones sobre la mejora o no del nivel de vida de la gente. UNCTAD calculó que la liberalización y globalización comercial no sólo amplía la diferencia entre países ricos y pobres, sino también al interior de los países.

Liberalización sin análisis de género
El uso predominante de teorías macroeconómicas neoliberales que la OMC hace para fundamentar su planteamiento, es deficitario en cuanto al análisis de la distribución de ventajas y desventajas. La instancia de dicha organización que supervisa las políticas comerciales (acuerdo TPRM por sus siglas en inglés), limita su información a datos macroeconómicos y políticas gubernamentales sin considerar el impacto de las reformas comerciales para trabajadores/as, consumidores/as, pobres y medio ambiente.

Particularmente, en las mesas de negociación que debaten y deciden la implementación de tratados y convenios de cara a la observancia y arbitraje del comercio, no se tiene en cuenta la múltiple carga de las mujeres y sus necesidades específicas. Simplemente se supone que la política comercial y las reglamentaciones de la OMC no causan ningún impacto específico en términos de género y, en consecuencia, tampoco hay diferencias en cuanto a su impacto entre mujeres y hombres. Se puede afirmar por lo tanto, que la OMC no toma en cuenta aspectos de género, lo cuál puede afectar negativamente a las mujeres en términos sociales y económicos, particularmente en situaciones de marginalidad y pobreza.

La participación de mujeres en las estructuras de decisión de la OMC es bastante limitada, aun cuando la encargada por parte de Estados Unidos es una mujer y la tendencia de mujeres integrantes en las delegaciones nacionales es creciente. Pero han sido contadas las mujeres que presiden comités de la OMC en los últimos años y de los/as 159 miembros seleccionados/as para formar parte de los paneles de solución de disputas, únicamente 12 son mujeres. Además, el incremento de la presencia numérica de mujeres en los procesos de toma de decisión no constituye ninguna garantía para la inclusión de aspectos de género a la política comercial.

Las mujeres son marginadas de diferentes formas. Llevan la carga principal en el trabajo reproductivo y no participan en forma equitativa en la propiedad de patrimonio. La posibilidad de las mujeres para empleos remunerados como trabajadoras, empleadas o empresarias, se ve limitada frecuentemente por deficiencias en calificación y dificultad para la movilización y el acceso a capital. Es por ello, que las mujeres son mayoría en actividades que no requieren de calificación elevada, como por ejemplo la agricultura o el sector informal. Evaluar por lo tanto, el impacto de la liberalización de comercio en estos sectores es altamente relevante para determinar si consolida las actuales formas de producción con desventaja genérica o si mejora el acceso para las mujeres a empleos calificados.

¿Exportaciones como oportunidad?
La Organización de Naciones Unidas UNIFEM afirma en un estudio (Joekes y Weston, 1994) que la relación entre comercio e industria es el elemento central que determina la composición genérica de la fuerza laboral. En el esquema de sustitución de importaciones, eran escasas las posibilidades de las mujeres para encontrar trabajo en la naciente industria pesada e intensa en capital. La actual dominación de la política orientada a las exportaciones, genera un incremento de la demanda para mano de obra femenina, por ejemplo en la industria textilera.

Pero este mayor acceso a empleos no implica al mismo tiempo mayor equidad de género y conlleva en todo caso profundos cambios para las mujeres tanto en el sector formal como en el informal. Si bien quedan preguntas abiertas, es evidente que la liberalización comercial y la producción para la exportación implican mayor competencia y por ende presión para reducir los costos de producción en el nivel local, lo cual frecuentemente restringe los derechos económicos y sociales. En las zonas francas, la débil posición social de las mujeres es aprovechada a fin de evitar la organización sindical y la negociación salarial colectiva. Las mujeres se ven obligadas a aguantar condiciones laborales explotadoras, irrespeto a sus derechos sociales y reproductivos (p.e. en el caso de embarazos) y el acoso sexual. A mayor competencia global, mayor incremento de la falta de garantías mínimas, tal como en el caso de la subcontratación individual para realizar trabajo en casa.

Trabajo reproductivo invisible
Una deficiencia fundamental de la teoría internacional de comercio es que no toma en cuenta el trabajo reproductivo que realizan mayoritariamente las mujeres. Actividades tan esenciales para una sociedad, como la crianza y educación de niñas/os y el trabajo en el ámbito familiar y comunitario, están contenidos en esta categoría.

De esta forma, las mujeres apoyan y desarrollan el capital humano de la economía, y por ende la actividad de la misma. Visto de otra manera implica que la competencia mercantil no asegura la disponibilidad de suficientes recursos para la reproducción. Pero también permite deducir que, las mujeres por sus compromisos reproductivos, no están en capacidad de competir con los hombres en el mercado laboral en los mismos términos. Cambios en la política comercial pueden afectar la capacidad de las mujeres de realizar trabajo reproductivo. Por ejemplo, la importación de "comida chatarra" a bajo precio y comercializada con métodos modernos, mina la posibilidad de las mujeres de producir y comercializar comida casera, si bien más saludable, pero con un envoltorio menos ostentoso. El mercado es incapaz de coordinar la dinámica de si mismo y de las actividades de subsistencia, ambos de alta relevancia para la sobrevivencia.

Tampoco cambios de precios toman en cuenta el trabajo reproductivo. El sector productivo puede ahorrar costos con resultados aparentemente positivos, pero que en realidad constituyen un traslado hacia el ámbito reproductivo. Si una empresa de exportación, para ahorrar costos, decide no implementar medidas para mejorar la circulación del aire y reducir el estruendo las de máquinas, pone en peligro simplemente la salud de sus trabajadoras. Dado que el cuido de personas enfermas es parte del ámbito reproductivo, la carga laboral femenina se incrementa.

El impacto de la globalización en las productoras agrícolas de las Filipinas, Asia
Basado en Teresita Oliveros, "El impacto de la liberalización de comercio en las pequeñas productoras agrícolas en las Filipinas", revista Third World Resurgence No. 86, 1997
En el marco de su plan de desarrollo a mediano plazo, el gobierno de las Filipinas planteó la disminución del área cultivada con maíz y arroz en más de 4 millones de manzanas. Esto equivale a una reducción en un 65% y es consecuencia de la apertura de las fronteras en cumplimiento de las exigencias de la OMC. Los resultados fueron fatales.

A seis meses de su ingreso a la OMC, se produce en las Filipinas una crisis de abastecimiento de arroz que primero duplica, y luego triplica los precios. Esto estaba obligando a gran cantidad de personas a limitar su alimentación y justificó la apertura total de la frontera para importaciones de arroz. Posteriormente se conoció que dicha crisis nunca existió, sino que fue orquestada por el gobierno.

La asociación de productoras rurales AMIHAN estima en 750,000 las familias productores/as afectados/as, mujeres en su mayoría. El gobierno, por su parte, les recomendó cultivar productos de exportación como flores y hortalizas en vez de productos de autoconsumo. Esta situación se repite en el caso de las papas. Al abrir el mercado local para papas cortadas en forma mecanizada e importadas desde los EEUU, los precios han caído en un 50% con consecuencias fatales para pequeños/as productores/as.

Mucha gente ha perdido sus terrenos en zonas fértiles que se están convirtiendo en zonas residenciales, industriales y turísticas. Encuestas realizadas entre mujeres campesinas desplazadas arrojaron que, hoy en día, ganan su sustento con trabajos irregulares y mal pagadas en restaurantes y bares como lavanderas y empleadas domésticas.

Sobre el mismo caso, Oxfam-Solidaridad de Bélgica en su documento "Desafíos de una nueva ronda de negociaciones comerciales internacionales ¿Un comercio para el desarrollo?", plantea que: "Las reglas del derecho comercial internacional codificados en la OMC introducen un poder de "policía": la amenaza de represalias comerciales cuando los programas de ajuste estructural no son lo suficientemente aplicados. Es lo que hacen los Estados Unidos desde 1994 al amenazando al gobierno filipino de deponer un recurso ante la OMC a partir del momento que fuera instituida en 1995: Los Estados Unidos consideraban que "la carta magna filipina de los pequeños campesinos (previendo de no importar productos alimenticios cuando estos son disponibles localmente en cantidad suficiente) representa una distorsión comercial" (Courrier de la Planète, no. 22, abril-mayo 1994)." Para concluir que, "el empobrecimiento a veces puede ser más rápido, visible y brutal como consecuencia del acuerdo de la OMC sobre la agricultura. La puesta en práctica de los acuerdos agrícolas de la OMC ha llevado a las autoridades filipinas a liberalizar su régimen de importación para los principales productos agrícolas: el arroz y el maíz. Según la OCDE, el precio de las exportaciones norteamericanas de maíz, subvencionadas indirectamente, debería ser 20% menor que el precio filipino antes del año 2000, y la diferencia llegaría al 39% en 2004 bajo el efecto de la baja progresiva de los aranceles. Lo que significa una baja en los ingresos de las familias de productores/as de maíz respectivamente de 15 y 30% ... Según Oxfam UK y otras fuentes, no menos de medio millón de personas dependientes de la producción de maíz en la isla de Mindanao podrán perder sus medios para cubrir sus necesidades básicas. "Silenciosamente, sin hacer ruido, el ´mercado libre´ está desplazando a las comunidades y está destruyendo sus medios de existencia con una eficiencia tan grande como la de una guerra civil" concluyó un estudio de Oxfam UK".

Liberalización del comercio y su impacto en las mujeres de Ghana, Africa
Del estudio "Comercio y OMC: El estudio de caso Ghana" de Myriam Vander Stichele
En Ghana, el comercio local es tradicionalmente dominio de las mujeres. Ellas venden los productos agrícolas propios y de los hombres y muchos otros productos, tales como ropa y tela tradicional en los mercados locales. Las "Reinas de mercados" representan a grupos de comerciantes hacia otros grupos e instituciones y ayudan a resolver problemas internos. Su papel se extiende hasta la responsabilidad de los ritos de entierro, si un miembro del grupo fallece. Esta estructura permite esquemas de ayuda mutua para créditos y en caso de enfermedades y otros problemas.

Aparte de su rol productivo, la mujer ocupa gran parte del día para el trabajo reproductivo. Sin ninguna participación del hombre se encarga de la casa, incluyendo el acarreo de agua y leña. Dado que el hombre no se siente responsable de contribuir para los gastos de la casa, estos corren en gran parte a cuenta de las mujeres. Según investigaciones, las mujeres trabajan por lo menos un 20% más que los hombres.

A partir de 1983, Ghana inició la apertura de su economía en el marco del programa de ajuste estructural acordado con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La disminución de los aranceles de importación conllevó a mayor cantidad de bienes importados que tienden a desplazar productos locales, lo que junto al creciente desempleo, lleva a más hombres a ocuparse en el comercio, desplazando a las mujeres y las "reinas de mercados" de su tradicional dominio y control sobre una parte de la economía.

En la economía internacionalizada, la cantidad de mujeres que logra ubicarse en el comercio internacional, más allá de la región, es mínima y la mayoría de ellas pertenecen a la clase alta. Un grupo mayor de mujeres más pobres realiza comercio transfronterizo a nivel regional. Tendencialmente todas estas mujeres juegan un papel en la importación de artículos baratos de consumo como ropa, juguetes, telas e implementos para la cocina. Mientras tanto, la importación de bienes de mayor valor y la producción y exportación de oro, madera, cacao y otros productos agrícolas, están mayoritariamente en manos de los hombres.

Esta desventaja creciente es producto de la menor capacidad financiera y de menos acceso a capital y conocimientos. Dado sus compromisos familiares, las mujeres no pueden ausentarse por períodos prolongados de sus hogares, si bien su preocupación por la casa permite viajar a los hombres. A esto se suman obstáculos y amenazas en los trayectos de viajes, por ejemplo en las aduanas.

Myriam Vander Stichele (politóloga, integrante de la red "Mujeres y Desarrollo" - WIDE)

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