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Tribuna de Oradores
El ALCA nao tem caroo
por Telma Luzzani
/ publicado en Clarín
En
un gesto sin precedentes, Brasil acaba de abrir una brecha democrática en los secretos del ALCA. ¿Quién conoce la letra chica del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas? Sus cláusulas y pormenores (aunque comprometen la vida de 800 millones de personas de Tierra del Fuego a Alaska) circulan con sigilo entre un reducido núcleo de funcionarios de Economía, tecnócratas y líderes de poderosas multinacionales. Brasil abrió ahora las compuertas del debate al electorado. En un plebiscito informal en el que participaron 10 millones de brasileños, 98 por ciento dijo que "no" al proyecto de integración comercial enunciado por George Bush padre durante su mandato, instalado por Bill Clinton en la Cumbre de Miami (1994) y enmarcado en la fecha precisa del 2005, durante la cumbre de Québec (2001) en la que participó el presidente George W. Bush.
A un mes de las elecciones presidenciales, las tres preguntas del referendum (¿Deberá Brasil integrar el ALCA?; ¿Deberá retirarse de las negociaciones? y ¿Deberá ceder la base militar de Alcántara a EE.UU.?) terminaron siendo una carga pesada para el candidato del Partido de los Trabajadores, Inacio Lula da Silva.
La discusión es vital para una América latina que se debate entre las asfixiantes presiones de Estados Unidos para aceptar el ALCA y su propia memoria que le señala, como una herida viva, que la apertura comercial de la década del 90 sólo dejó mayor desocupación y pobreza.
Pero Lula, en proceso de reconversión autoimpuesta para acceder al gobierno, actuó con extrema prudencia. El PT primero aceptó la iniciativa pero poco después, y a pesar de las críticas recibidas en los sectores izquierdistas, anunció que no adheriría al plebiscito. Lula, que arrancó fuertes aplausos a los militares al decir que con el ALCA, tal como está hoy, EE.UU. no busca la "integración sino la anexión" del resto del continente, no participó.
No es difícil ver que detrás de esto se esconde el temor de echar por la borda el rotundo primer lugar que le dan las encuestas (42%, contra 17% del segundo, el oficialista José Serra). Lula no quiere ser el arquitecto de su cuarta derrota electoral. Con tres fracasos en la espalda, en la campaña 2002, el candidato petista enterró paulatinamente la imagen de revolucionario y un plebiscito no será la punta que destruya el fino encaje que ha tejido en los últimos tiempos con banqueros, empresarios y élites brasileñas. No es porque estos sectores apoyen al ALCA. Por el contrario, la desconfianza sobre los resultados finales que el acuerdo puede acarrear a Brasil y a la región recorre todos los sectores: trabajadores y empresarios; gobierno, Iglesia e intelectuales.
Todos saben que esas cláusulas redactadas en jerga económica tendrán mañana efectos precisos sobre personas concretas y que una apertura errática e indiscriminada pueden ser más chicos fuera de la escuela; más enfermos o indigentes por falta de trabajo y más familias quebradas por la inmigración forzosa.
Helio Jaguaribe, politólogo brasileño y profesor en Harvard, lo dijo claramente: se debe terminar con la fantasía de que EE.UU. va a venir a abrir fábricas en Argentina o Brasil como los hizo con México. Con el ALCA, se busca eliminar tarifas y barreras aduaneras para que los productos norteamericanos tengan libre acceso al mercado. EE.UU. está agotando su capacidad de compra de bienes durables. La gente tiene varias heladeras, televisores y no hay más espacio en la clase media norteamericana para absorber la producción y en Sudamérica hay un mercado amplio, asegura.
Para que el futuro gobierno no se haga el distraído, el resultado del plebiscito fue remitido a los líderes de Senadores y Diputados; al Supremo Tribunal Federal y al secretario general de la Presidencia. También recibió una copia la embajadora norteamericana en Brasilia, Donna Hrinak, quien respondió con cortesía.
El universo de consulta fue amplio. Organizado por la Conferencia Nacional de Obispos y 60 organismos sindicales y sociales brasileños, el referendum consultó a 10.149.542 personas en 3.895 de los 5.000 municipios que tiene Brasil. Las respuestas fueron demoledoras: 9.979.964 brasileños no aceptaron el ALCA contra el 1% (113.643 personas) que quieren que Brasil integre el bloque. El 96%, 9,7 millones de votantes quieren que el gobierno se retire inmediatamente de las negociaciones del ALCA y 10 millones (el 99%) opina que el gobierno no debe ceder el uso de la base de Alcántara a los Estados Unidos.
La contundencia de estos resultados no dejará de pesar sobre el próximo presidente. El mayor interrogante es si Lula podrá sostener sus promesas de candidato o si mutarán como su imagen de revolucionario. Si mantiene su propuesta de hoy en la que Argentina y el Mercosur ocupan un rol primordial un horizonte nuevo puede despuntar en América latina. Su plan busca armar un proyecto a largo plazo e impulsar, en el futuro próximo, un Mercosur al estilo europeo con una política agraria común y un parlamento regional con voto directo. Se podría esperar también, como en Europa, que en temas capitales, no sean los legisladores quienes decidan sino el electorado a través de un referendum.
Esto en Brasil. Mientras en Washington el secretario de Comercio, Robert Zoellick, trabaja semana tras semana en el futuro ALCA, el resto de los gobiernos de América latina sólo miran sus propias desdichas.
Sería útil para América latina recordar el consejo del Premio Nobel, Joseph Stiglitz. El ALCA será un poderoso movimiento económico (10.000 billones de dólares de Producto Bruto, es decir el 40% del PB mundial, y más del 20% del comercio global) y social en uno de los continentes más desiguales del planeta: a poco kilómetros conviven el país más poderoso de la Tierra (casi 30.000 dólares de PBI per cápita) y Haití con un PBI 20 veces menor y en la lista de los más pobres del mundo según las Naciones Unidas. Dice Stiglitz: "La sociedad civil debe exigir que se le digan cuáles son todas las alternativas para poder elegir lo que le convenga a la mayoría. No se puede dejar todo a los expertos porque ellos ven el mundo desde su perspectiva y esto no siempre coincide con lo mejor para la mayoría".
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