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La escasa calidad del trabajo en España

por Vicenç Navarro   /   publicado en El Periódico

Las condiciones que definen la vida laboral de los españoles, con contratos precarios o fijos, son peores que en el promedio de la UE.

Una de las percepciones más generalizadas en la cultura política y mediática del país que contribuyen a reforzar la imagen de que España va bien es la de que España es muy exitosa en producir empleo. Así, durante el debate sobre el Estado de la Nación, vimos al presidente del Gobierno enfatizar la creación de empleo como el elemento más importante y exitoso de su política social. Los datos empíricos parecerían confirmar esta percepción. Según el último informe de la OCDE (Employment at Glance, 2002), la tasa de producción de empleo en España durante el año 2001 fue de un 3,7%, la más alta de los países de la UE, cuyo promedio fue de un 1,3%.

Ahora bien, en esta percepción se olvidan varios hechos. Uno es que el porcentaje de la población que trabaja en España es muy bajo. Sólo el 58% de los adultos trabajan, comparado con el 64% como promedio en la UE. De ahí que el potencial de crecimiento en la población empleada es mucho mayor que en países que ya tienen altas tasas de población empleada.

Así vemos cómo el otro país de la OCDE cuyo empleo también ha crecido mucho es México (4,6% en el 2000), que también tiene un bajo porcentaje de población adulta empleada. Por el contrario, en países como Suecia, donde el porcentaje de población adulta empleada es ya muy alto (74%), la tasa de crecimiento de empleo es lógicamente menor (2,0%). De ahí que, sin desmerecer la gran importancia y urgencia de tener tasas de creación de empleo elevadas, este hecho es menos un indicador de nuestro adelanto que un indicador de nuestro retraso; nos señala lo mucho que nos queda por hacer.

La otra realidad que también se ignora en esta euforia sobre la creación de empleo es la escasa calidad del empleo creado. Según el citado informe de la OCDE, España tiene uno de los mercados laborales más deteriorados de la UE, teniendo la tasa de precariedad más elevada. El 34% de las mujeres y el 30% de los hombres que trabajan tienen contratos precarios (comparado con el promedio de los países desarrollados de la OCDE, 12,2% y 10,5% respectivamente). Y tal porcentaje entre la gente joven alcanza un extraordinario 67% (un 25% en la OCDE).

Estas elevadas tasas de precariedad son conocidas. Pero lo que no se conoce ni se comenta en los medios de información es que las condiciones de trabajo de los trabajos precarios en España son mucho peores que las de los precarios del resto de países de la UE. Y lo mismo ocurre, por cierto, con las condiciones de los trabajadores con contratos fijos. Según el mismo informe, nada menos que el 55% de trabajadores en precario y el 50% de trabajadores con contrato fijo expresan trabajar en condiciones de trabajo que no son satisfactorias, porcentajes muy por encima del promedio de la UE, (el 40% y 37% respectivamente). Es más, un 60% de los trabajadores se quejan también de la rutina y monotonía de su trabajo; y un 57% de trabajadores fijos y un 68% de trabajadores en precario se quejan de falta de autonomía y capacidad de influir en su trabajo, cifras que contrastan con las del resto de la UE, donde los promedios son mucho más bajos (40%, 45% y 50% respectivamente).

Lo que estos datos muestran es una dura realidad; las condiciones de trabajo que definen en gran manera la calidad de vida del trabajador son peores en España que en el promedio de la UE. Y otro dato desconocido hasta ahora es que mientras la calidad del trabajo en precario es, en general en España, peor que la del fijo, la calidad de trabajo para la mitad de contratos fijos tampoco es satisfactoria.

Esta realidad debería ser tenida en cuenta en las políticas de empleo, pues una visión excesivamente optimista por parte de algunos promotores de la Nueva Economía y defensores de la Sociedad del Conocimiento asume erróneamente que el trabajo rutinario está siendo desplazado por un trabajo que ofrece grandes posibilidades de creatividad y ello gracias a las nuevas tecnologías. Ésta no es la realidad para la mayoría de gente que trabaja en nuestro país, que expresan trabajar en situaciones insatisfactorias, en trabajo rutinario y monótono, con escasa autonomía y escasa capacidad de influir en su propio trabajo. De ahí que el gran reto en el mercado de trabajo español no sea sólo incrementar las cualificaciones del trabajador, sino también cambiar la naturaleza del trabajo para hacerlo más placentero, menos monótono, con mayor capacidad de creatividad en el puesto de trabajo y con mayor participación del trabajador en el diseño de su trabajo, medidas que, en general, reciben escasa atención entre nuestros gobernantes.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas (UPF).

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