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Tribuna de Oradores

El derecho a contarlo

por Joseph Stiglitz y Roumeen Islam   /   publicado en Reforma

Hace unos 400 años, Francis Bacon escribió que el conocimiento es poder. Hoy observamos cómo esa máxima se manifiesta de muchas maneras en las esferas políticas y económicas tanto en los países ricos como en los pobres.

En el gobierno, un alto nivel de secretismo con frecuencia les permite a aquellos que ejercen la autoridad guardar con recelo sus conocimientos para aumentar su poder, perjudicando la capacidad de la gente de participar de manera significativa en el proceso político. A puertas cerradas, cunde la corrupción. Asimismo, en el sector privado se permite que magnates corporativos corruptos mantengan desinformados a los accionistas y se llenen los bolsillos.

Si bien hoy la mayoría de los países hablan del valor de la transparencia y de un gobierno abierto, algunos han ido más lejos al adoptar medidas drásticas para promover esa transparencia, reconociendo que los ciudadanos tienen el derecho básico a la información y al debate público. Sin embargo, aún son demasiados los que retienen información y restringen a los medios de comunicación que intentan mantener al público informado.

Un libro publicado por el Banco Mundial esta semana sobre medios de comunicación y desarrollo afirma que esto debe cambiar. Sostiene que el acceso a la información constituye un componente fundamental dentro de una estrategia de desarrollo exitosa. Si somos serios en nuestro propósito de reducir la pobreza global, debemos liberar el acceso a la información y mejorar su calidad. Una prensa libre e independiente puede dejar al descubierto la corrupción del gobierno y del sector corporativo, dar voz a los ciudadanos para que sean escuchados, ayudar a construir consensos sobre la necesidad de cambio, y posibilitar que los mercados funcionen mejor al proveer información económica confiable. Con la libre expresión y una prensa libre no sólo disminuyen las probabilidades de que el gobierno cometa abusos de poder, sino que también aumentan las posibilidades de que las necesidades sociales básicas de la gente sean satisfechas. De este modo, una prensa libre reduce la pobreza, incluyendo sus peores consecuencias -desnutrición o, peor, hambruna- e incentiva el desarrollo económico.

En muchos países, una prensa libre e independiente, que proporciona información confiable, está siendo reconocida, cada vez más, como un aporte a la existencia de gobiernos más responsables y mercados más eficientes. Cualquiera que tenga dudas sobre el poder y la importancia de la información sólo necesita observar cómo ha crecido la proporción de la fuerza laboral en las áreas de recolección, procesamiento y difusión de la información.

Pese a esta revolución en la industria informática, quienes están en el gobierno a menudo monopolizan la información, así como los directivos de las corporaciones con frecuencia les retienen a los accionistas información acerca de los mercados de la firma, sus perspectivas y tecnología. Cuando presentan información al público, a menudo utilizan marcos estimativos que conducen a error. Ejemplos recientes en el sector privado incluyen el tratamiento de opciones en la compra de acciones; y en el sector público, el uso engañoso de ventanas presupuestarias de 10 años. Sin embargo, trabajos previos del Banco Mundial y de otras instituciones han revelado que los medios de comunicación pueden desempeñar un importante papel fiscalizador que reduce la brecha de conocimientos. Y esto resulta cierto no sólo para los "grandes temas" que afectan el accionar general del público y del sector privado, sino también en áreas más específicas. Por ejemplo, el exigir que las compañías informen de sus niveles de contaminación a través de los medios puede ser una vía eficaz para la reducción de los niveles de contaminación.

La pregunta clave para aquellos que toman las decisiones es qué medidas debieran adoptarse para establecer y mantener una prensa libre e independiente. Los gobiernos pueden contribuir a ampliar la cobertura de los medios fomentando la competencia, reduciendo las restricciones para el ingreso de nuevos medios, fijando un marco regulador equilibrado, y estimulando y participando a través de fórmulas innovadoras para llegar a la gente. Demasiado a menudo en el proceso de privatización no se ha prestado suficiente atención a la importancia de mantener diversidad de perspectivas. La sustitución de medios controlados por el Estado por medios controlados por uno o dos oligarcas no ha devuelto la confianza en los medios ni ha fortalecido a las democracias nacientes. La fijación de un marco legal que asegure no sólo la libertad de prensa, el "derecho a decir", sino el concomitante "derecho a saber", a través de leyes que protejan la libertad de información, también resulta fundamental. Finalmente, parte de una exitosa estrategia destinada al desarrollo democrático debe concentrarse en mejorar las capacidades para un reporteo independiente e informado a través de la creación de escuelas de periodismo y otros programas para la capacitación de periodistas.

Pero los medios son, en esencia, un negocio y su supervivencia depende del ambiente económico general, que puede ser inestable, especialmente en países pobres que no cuentan con un sector privado vigoroso que coloque anuncios en los medios. Sin embargo, hay señales esperanzadoras. Existen países -de México a Argentina y de Albania a Zambia- que están intentando encontrar mecanismos para desarrollar incentivos, políticas, sistemas educacionales y habilidades técnicas que les permitan aprovechar los enormes cambios que se han producido con la veloz dispersión de las comunicaciones y las tecnologías de información.

Naturalmente hay excepciones al deseo de revelar información al público, que se centran principalmente en cuestiones relativas a la privacidad, confidencialidad y seguridad nacional. Pero el argumento de que los debates públicos podrían socavar la autoridad de las instituciones públicas es uno de los más corrosivos de los procesos democráticos. Por el contrario, nosotros sostendríamos que si los gobiernos se relacionaran en forma honesta con la ciudadanía, la confianza en el gobierno y en las instituciones públicas aumentaría y no bajaría.

Una mayor apertura no es sólo parte esencial de una buena gestión de gobierno, sino que también posee un valor intrínseco. Los ciudadanos tienen el derecho básico a saber. Si el pueblo de cualquier país quiere y trabaja por un gobierno y una economía más transparentes y eficientes, entonces debe luchar por la libertad de quienes difunden la información. Debe luchar por el derecho a saber y contar las cosas como son.

Joseph Stiglitz es Premio Nobel en Economía y profesor de la Universidad de Columbia; y Roumeen Islam es gerente en el Instituto del Banco Mundial y editora del libro "The Right to Tell - The Role of Mass Media in Economic Development" (El derecho a contarlo: el rol de los medios de comunicación masiva en el desarrollo económico).

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