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Tribuna de Oradores
Magdalena, una ciudad asfixiada por el petróleo
por Liliana Moreno
/ publicado en Clarín
El derrame de petróleo en 1999 frente a sus costas condenó a la ciudad de Magdalena a la postergación. Una historia de juicios cruzados entre la municipalidad, los vecinos y la petrolera Shell no logran destrabar su futuro.
La "bienvenida" a las playas de Magdalena es casi una invitación a seguir de largo. "Sr. turista usted está entrando en una zona declarada de desastre ambiental y ecológico. Ley provincial 12.298 y decreto municipal 40/99", advierte un cartel. Un desastre que dejó a la ciudad en penumbras cuando el miniturismo se vislumbraba como un salvavidas de la alicaída actividad agropecuaria, el núcleo económico del distrito. Un derrame de petróleo ocurrido en 1999 sobre sus costas pintó de negro el río y el futuro que hoy se dirime en los tribunales mientras Magdalena pelea contra la postergación.
Magdalena está a 120 kilómetros al sur de la Capital, aunque parecen más después de toparse con su silencio de siesta y su vasto entorno rural. En la ciudad viven alrededor de 9.600 almas. Buena parte de ellas el 18 de diciembre del 98 marchó con espíritu de festejo para inaugurar el camino nuevo a los balnearios que dan al Río de la Plata. Era el punto de partida de un proyecto de desarrollo de miniturismo que alentaba el despegue de producciones locales, como la miel y los quesos de campo. Después vendrían, de la mano de inversores privados, la construcción de un puerto deportivo, cabañas, restaurantes, hoteles...
El 15 de enero del 99 el buque Sea Paraná, de bandera alemana, embistió al barco Estrella Pampeana de la petrolera Shell y 5.300.000 litros de hidrocarburos se derramaron sobre el río. Dos días después la mancha impactó en las costas de Magdalena hasta cubrir 30 kilómetros a lo largo e infiltrarse por arroyos y humedales. El sueño había terminado. De esto dio cuenta una nube de periodistas que durante días colmó la capacidad de la ciudad.
Hoy, juicios varios el municipio contra Shell, 500 vecinos contra Shell, Shell contra el propietario del Sea Paraná avanzan con lentitud mientras la ciudad suma pequeños desastres a aquél gigantesco del 99. "Cuando las autoridades de Shell informaron que las tareas de limpieza de la zona habían terminado, les creímos. Después comprobamos el engaño e iniciamos el juicio", dice el intendente de Magdalena, Juan Sibetti. El presidente del Consejo Deliberante, Gabriel Cappelletti, agrega: "Confiamos en las tareas que proponía Shell porque no se le puede pedir a un municipio rural que esté listo para enfrentar una catástrofe ecológica". En Magdalena dicen que el "tema Shell" es de los pocos en los que el radical Sibetti y el peronista Cappelletti no tienen "ni un sí ni un no", como en la entrevista con Zona.
Casi puede decirse lo mismo de la comunidad. Quinientos vecinos demandan a Shell por un resarcimiento particular y la reparación del daño ambiental. El dueño del restaurante "La Esquina", José Bincaz, encabeza el reclamo: "Durante el año mis clientes eran la gente que venía de pesca y en el verano las familias que elegían los balnearios", cuando llegaban siete mil turistas por fin de semana. "Ya no vienen más. Quién va a traer a su familia a un lugar contaminado. Hasta nosotros perdimos el río que era parte de nuestras vidas." El derrame dejó a la ciudad con sus playas clausuradas, sin turistas, sin hoteles, sin pesca y sin el oficio de junquero, del que vivían 80 familias.
Carlos Tidoni hizo carrera en el junco. Empezó cortando hasta que tuvo 12 junqueros a cargo. "Rendía. Yo siempre andaba con billetes encima", recuerda. Sus mejores clientes eran quinteros que usan el junco para atar verduras. "Era el mejor del Río de la Plata. El del Tigre cuando se seca se quiebra." Los que quedan están manchados, mala señal para los compradores.
Una recorrida por la Playa Nueva basta para comprobar que los juncos ya no están en pie y comparten su agonía con ceibos mutilados y sauces criollos con las raíces al aire. "Aquí Shell montó el centro de operaciones para los ''trabajos de limpieza''. Hizo poco y su intervención fue negativa: provocó la destrucción de muchos árboles que causó un lavado total de la costa.", dice Alejandro Meitin, de la organización socioambiental "Ala Plástica", clave en el viraje de las autoridades en reconocer "el engaño de Shell". Su colega, Marcelo Miranda, define: "Este es un ecosistema único en la provincia: todas las selvas del norte del país llegan hasta aquí."
En su peritaje la Secretaría de Política Ambiental sostuvo que "la limpieza efectuada ha sido deficiente" y calculó "el total del pasivo ambiental, daños y remediación en $ 96.511.697", mientras la Municipalidad reclama 180 millones. En sus oficinas de Capital el gerente de Asuntos Legales de Shell, Jorge Jurado, defendió las tareas "recomendadas por expertos" como la International Tanker Owners Pollution Federation y la Universidad de Mar del Plata (UNMP) quienes, aclaró, no aconsejaron la bioremediación (intervenir en ayuda de la naturaleza) por el perfil de la zona. "Con las crecientes del río se lavan los microorganismos agregados y el uso de nutrientes, resultando totalmente ineficaces". Un paper en sus manos resume las conclusiones de la UNMP, "después de tres años de monitoreo", que indican que todos los parámetros en la avifauna, la vegetación y el control de hidrocarburos en sedimentos y agua son normales.
Mientras las causas civiles siguen su curso lento, la sala III de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata acaba de dictar un fallo en el que sostiene que los hidrocarburos derramados no son una sustancia sino residuos peligrosos. Una cuestión semántica de aparente inocencia dice el abogado de la Municipalidad de Magdalena, Daniel Silva pero de consecuencias nada despreciables. "Porque los residuos peligrosos están sometidos a un estricto control y sujetos a un régimen de responsabilidad por daño mucho más grave que las sustancias". Según Silva, hasta este fallo las petroleras sostuvieron que los residuos son el resultado de una operación fabril y así se han opuesto con éxito a las demandas. "Los hidrocarburos derramados agrega son normalmente recogidos y dispuestos como si fueran residuos, basura, y eso hizo Shell". Jurado fundamenta sus diferencias con el fallo en que "la ley de residuos peligrosos no se aplica a las operaciones de los buques y, además, porque el hidrocarburo mezclado con agua es una sustancia, en todo caso una sustancia peligrosa porque tiene aptitud para contaminar, pero no un residuo".
El fallo tensó al máximo a las partes. Magdalena pidió el procesamiento penal del ex presidente de Shell, Jorge Brea, y del actual, David Beer. Y Silva dispara una sospecha: "Es llamativo que justo cuando se está por dictar la sentencia civil un miembro de la Corte Suprema pide los expedientes por un tema de competencia. Es decir, sacarle la causa a un juez federal de La Plata para dárselo a otro juez federal de Capital." Para Jurado "la ley de la navegación establece que la sentencia que se dicte en el juicio de abordaje que le sigue Shell al Sea Paraná hace cosa juzgada al resto de los reclamos del mismo incidente. Entonces tiene que haber una sentencia única y debe ser en este juicio."
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