por IV Seminario "Los partidos y una nueva sociedad"
/ publicado en Partido del Trabajo
PONENCIA: Presentes por el Socialismo, COLOMBIA
PRIMERA PARTE
La crisis económica internacional del capitalismo que se oficializó en los inicios de la década del setenta fue una crisis clásica de sobreproducción en baja de la tasa de ganancia [1], que llevó a los capitalistas a reducir el costo del trabajo en beneficio de la acumulación privada. Este objetivo se consiguió en la arena de la lucha de clases, lo cual obliga a la siguiente caracterización, el neoliberalismo pudo imponerse, desde mediados de la década del setenta, como proyecto de contra-reforma política y social sobre la base de una derrota de los trabajadores y las poblaciones a escala internacional durante la década de los años ochenta. Las manifestaciones de esta derrota pueden resumirse a manera de síntesis y según las realidades sociales que se expresaban en la geopolítica de la "guerra fría", así :
En los países desarrollados: la instauración del post-fordismo [2], como nueva forma de regulación del trabajo, la cual significó la recuperación por parte del capital del mando sobre el trabajo en las empresas, el control total sobre los movimientos de los asalariados durante el proceso productivo en todos los espacios de la fábrica. Para ello, los capitalistas debieron derrotar la incidencia de los sindicatos nacionales y locales, en la toma de decisiones empresariales, en particular, al "mutualismo", o la negociación en cada fábrica mediante indemnizaciones laborales del desplazamiento de trabajadores por efecto de las transformaciones tecnológicas. Este fue el primer paso hacia el desconocimiento posterior del peso del sindicalismo en la definición de políticas públicas y el inicio del desmonte del "Estado de Bienestar". En el terreno de la economía esta discusión asumirá la forma de disputa en contra del keynesianismo y de la expansión de los presupuestos públicos que lo acompañaba.
En los llamados países del "tercer mundo", se constató un cambio político significativo que favorece a la hegemonía militar americana. Si durante la década del 70 se había experimentado una ola radical tercermundista que cubrió aproximadamente 14 países, para citar los mas relevantes, Afganistán e Irán en el centro de Asia; Etiopía y Zimbabwe en Africa, así como las cuatro colonias portuguesas y en centroamérica Nicaragua, Granada y El Salvador, los años 80 serán la otra cara de la moneda ; la política guerrerista de Reagan produjo efectos en esa zona del planeta. Khomeini después de liquidar las formas organizativas autónomas de los trabajadores que habían acompañado la insurrección en contra del Sha fracasará en su intento de generalizar su proyecto político fundamentalista; en la guerra civil Afgana se imponen las fuerzas de derecha logrando el retiro soviético; los conflictos en Africa fueron controlados mediante chantaje militares y diplomáticos de los imperios americano y europeo. Había quedado en evidencia que la estrategia nacionalista de las burguesías dependientes se encontraba de nuevo en una encrucijada. Pero no solo la de las burguesías dependientes, sino igualmente la propia estrategia anticapitalista. Es el momento de la invasión a Granada, del colapso electoral sandinista y de la aceptación por parte del F.M.L.N. de que era inevitable la negociación ante la imposibilidad de tomar el poder en Salvador. Estas dificultades políticas se combinarán en el caso de latinoamérica con la encrucijada del modelo de sustitución de importaciones ; efectivamente, la recesión generalizada de 1973 dejó sin demanda en el comercio mundial a las exportaciones de la región precisamente en el período en que gobiernos y empresarios habían iniciado una cruzada de reconversión tecnológica hacia las áreas de bienes transables. El endeudamiento generalizado (acentuado en los países de mayor desarrollo económico de la región, caso Argentina, Brasil y Méjico) fue el final inevitable de este colapso. La deuda en la década del ochenta fue el factor clave, en manos de las agencias internacionales de crédito controladas por el capital transnacional[3], para la imposición de los "planes de ajuste a la demanda" que han aumentado de manera considerable la pobreza y del modelo de desregulación neoliberal actualmente en crisis.
En los países del denominado "socialismo real". El giro hacia el capitalismo de la burocracia soviética y sus gobiernos satélites y la confirmación de la debilidad política y social de la clase obrera de esos países para impedirlo. Los hechos que terminan por desnudar la crisis del modelo burocrático de la URSS en la década del ochenta, solo pueden explicarse en el contexto de una ausencia de democracia socialista. Resumiendo podríamos decir que son ellos:
La caída continua en las tasas de crecimiento del PIB con relación a USA; esto se venía constatando desde Andropov. A la base de la explicación de este fenómeno estaba la imposibilidad de transformar la producción extensiva en producción intensiva; esta transformación requería el darle prioridad a los problemas de la calidad sobre la cantidad, al cálculo exacto de los costos, lo cual solo podía realizarse con democracia cotidiana de masas, con una gran transparencia en los mecanismos de las decisiones económicas. El capitalismo, bajo otros parámetros y otra legitimidad logró ese cometido convirtiéndolo en una de sus prioridades a partir de los setenta, con la reestructuración neoliberal de las empresas.
La imposibilidad en esas condiciones de mantener al tiempo la modernización económica, la carrera armamentista y la ayuda externa puntual en los conflictos regionales, conforme a los intereses de la burocracia gobernante. Esto confirmaba al mismo tiempo el fracaso de una política diplomática sustentada en los intereses materiales de la burocracia, la cual asumió la forma de un "socialismo nacional", que debía derrotar al capitalismo mediante el "ejemplo económico", mediante un gran desarrollo interno, subordinando su actuación internacional a este objetivo.
El fracaso de las políticas sociales, constatado en los fenómenos de marginalidad social que empezaron a salir a la superficie con la llegada de Gorvachov, cuando se reconoció la existencia de 60 millones de pobres, alcoholismo y prostitución; a ello se sumó el deterioro de la prestación de los servicios públicos, especialmente en la salud, lo cual reflejaba la incapacidad de mejorar los niveles de vida de la población, deslegitimando a una burocracia que justificaba recurrentemente la negación de los derechos de expresión política con resultados económicos y derechos sociales.
El problema nacional. Desde el período estalinista la U.R.S.S. preservó la tradición histórica centralista del despotismo ruso sobre las nacionalidades restantes, negándoles sus derechos culturales elementales, lengua, escritura y religión, y colocándolos en condiciones sociales desventajosas. Este es el telón de fondo de la fractura final de la U.R.S.S., de su fragmentación en "repúblicas autónomas" y de guerras nacionales como en le caso de Chechenia, la cual ha conocido en los últimos meses episodios de barbarie inusitada por parte de los ejércitos rusos "justificada" en un discurso xenófono y en el contexto de la transición negociada de Yeltsin a Puttin.
La articulación del nuevo capitalismo ruso a la globalización neoliberal lo condenó a desempeñar un papel precario en el "nuevo orden internacional"; el control de las multinacionales sobre la producción y la riqueza mundial, resultado de la inevitable centralización de la inversión, condenó a Rusia a integrarse a los circuitos económicos internacionales a la manera "tercer mundista", con un tipo de acumulación "lumpesca" en la cual, los anteriores y nuevos funcionarios de la élite burocrática ("nomenclatura"), se transformaron en "grupos industriales-financieros" sobre la base del saqueo a los presupuestos públicos y de la apropiación particular de los activos del Estado y de las empresas exportadoras. [4] La degradación física y moral de las poblaciones completa este cuadro de reconversión capitalista.
La hegemonía política neoliberal resultado de esta correlación de fuerzas entre las clases a favor del capital a escala internacional se expresa en hegemonía ideológica. El "pensamiento único" pro-mercado en la interpretación de los fenómenos políticos y sociales que esconde el nivel más alto de concentración de la riqueza en la historia de la humanidad, la extensión de los métodos empresariales (post-fordismo) de regulación del trabajo al conjunto de la sociedad, la inclusión de las condiciones de "producción y reproducción de los asalariados" en la esfera del mercado y la dictadura de la eficiencia-tiempo sobre todas las actividades humandas-cotidianas solo pudo conseguirse en este escenario de imposiciones políticas, de redefiniciones de poder a favor del capital. Lo que apareció como un triunfo económico, como derrota del keynesianismo o de la planificación centralizada socialista, fue un triunfo político de la burguesía a escala internacional; el discurso del mercado esconde la eliminación de derechos sociales, la reducción dramática en la calidad de vida de las poblaciones y, en el caso ruso, la liquidación de un Estado, que aunque deformado burocráticamente era el resultado de la revolución de 1917, de una revolución obrera triunfante. Solamente cuando los trabajadores y los oprimidos a escala internacional, vuelvan a obtener confianza en su capacidad de lucha y construyan organizaciones políticas alternativas de masas, se confirmará la fragilidad mentirosa de la retórica neoliberal y se recuperarán la utopías solidarias.
La financiarización de la economía internacional:
El final de la paridad-dólar en el comercio internacional, oficializada a finales de 1971 por el entonces Presidente americano Richard Nixon, significó un giro en el sistema financiero el cual no tan solo marca el inicio de la hegemonía del capital financiero y de la "autonomización" de lo financiero sobre lo productivo ("financiarización"), sino que significa, ante todo, la privatización de la liquidez internacional, un cambio en las formas jurídicas de la acumulación y la circulación del capital en favor de los grupos privados transnacionales. Los grupos financieros son organizaciones capitalistas a gran escala que combinan el negocio empresarial con el comercial y el financiero. [5] El capitalismo de finales de siglo "se encuentra estructurado en torno a estos grupos" [6] y la desregulación del dólar les permitió asumir el control directo de la liquidez internacional, del movimiento de la forma "capital dinero", desplazando a los Estados nacionales en la toma de decisiones políticas y económicas. La destrucción del capital social- estatal y la "mercantilización " de los bienes públicos que la acompañó deben explicarse en esta perspectiva. [7]. Este control toma la forma de transacción privada de las divisas y los títulos gubernamentales en los mercados de capitales, en dónde el negocio de estos activos se ha convertido en el segmento más importante de dicho mercado, aproximadamente el 25% de los activos financieros mundiales según datos del FMI en 1994. [8]
La crisis económica internacional de 1973, cerró las exportaciones de la región y colocó en una encrucijada el modelo de sustitución de importaciones. La declaratoria de insolvencia de los países de la región, a comienzos de los años ochenta, inició una serie de negociaciones (plan Brady y demás) entre gobiernos y agentes financieros privados, estos últimos con el aval del Fondo Monetario Internacional. Estas negociaciones significaron una transferencia considerable de capitales hacia los centros financieros. [9]
Esta quiebra financiera regional, llevó a los operadores-crédito transnacionales a cambiar el área geográfica de sus inversiones, en momentos en que la prolongación del déficit fiscal americano le abrió nuevas posibilidades a sus negocios, vía endeudamientos públicos. [10] Es el momento (1982), en el cual los presupuestos de los países desarrollados empezaron a financiarse por la banca extranjera; entonces, se produjo otro giro en las finanzas internacionales, un ascenso en espiral de la especulación financiera. A partir de allí se puede hablar con propiedad de la globalización financiera. La tendencia al endeudamiento estatal actualmente se sigue confirmando [11] y los "planes de ajuste fiscal" con reducciones considerables en los rubros que pagan la calidad de vida de las poblaciones expresan las exigencias de estos endeudamientos. El límite en la aplicación de los mismos es social y no económico, depende de la capacidad de respuesta de "los de abajo"; la huelga de los trabajadores estatales franceses en Diciembre-95 es un ejemplo de lo que venimos anotando. Para citar otros más reciente, la derrota parcial que las movilizaciones de los estudiantes argentinos le infringieron al plan gubernamental de austeridad educativo el año anterior y la movilización indígena en Ecuador que terminó derrocando el gobierno de Mahuad en un país en que cerca del 80% del presupuesto debe pagar deuda.
La globalización financiera al generalizar el crédito en diversos operadores acabó con los costos de la intermediación bancaria, [12] obligando a una reestructuración organizativa de los grupos financieros en favor del negocio-crédito. Aparecieron las redes de firmas inter-grupos, las cuales permiten un control sobre las diversas formas de funcionamiento del capital (industria, comercio y crédito) con técnicas de transferencia de fondos entre matriz y filiales inaccesibles para cualquier observador externo. La gestión centralizada de las tesorerías articula el conjunto del grupo [13]; de esta manera se traslada el grueso de las ganancias del capital, cualesquiera sea el área de inversión a la esfera de lo financiero. [14] Esta es otra característica de la globalización neoliberal que explica el por qué se acentúa la precarización del trabajo, una vez rotos los pactos corporativos anteriores. La acumulación de capital en su fase neoliberal, combina la obtención de plusvalía relativa con la de plusvalía absoluta. Así, mientras los capitales con mayor composición orgánica de capital han llegado a la era de la "revolución sistémica", de la reconversión de los procesos productivos mediante ordenadores y tecnología de punta aumentando la productividad promedio hasta un punto en que el desempleo solo podría contrarestarse con una merma en la jornada de ocho horas diarias sin reducción de los salarios, la flexibilización laboral, las condiciones salariales de los migrantes, de las mujeres y los niños, o el de los maquiladores en el "tercer mundo", posibilitan una explotación extensiva del trabajo.
Este conjunto de fenómenos explican la denominada crisis de la política, la ausencia de plataformas doctrinarias en los partidos y la transformación de los procesos electorales en asunto de "marketing" de opinión deben explicarse en el contexto de un cambio en el sentido del ejercicio político. El debilitamiento del Estado-nación en la toma de decisiones condena a los gobiernos a aceptar políticas públicas diseñadas por organismos internacionales controlados de manera corporativa por el capital multinacional. Pero, aquí lo que está cuestionado es algo más de fondo, la globalización neoliberal - soberanía... Lo que se encuentra cuestionado es el propio concepto de soberanía nacional, fundamento político de los Estados modernos. Ello en cuanto a:
Espacio de la toma de decisiones, por cuanto la globalización neoliberal ha centralizado las definiciones de políticas públicas en los organismos transnacionales (OMC, Banco Mundial, F.M.I.,) controlados de manera corporativa por las grandes corporaciones transnacionales, creando un nuevo derecho transnacional, cuyo poder disciplinante se impone por el control privado del dinero, los secretos sobre las innovaciones tecnológicas (patentizados en la (OMC) y el chantaje militar directo o indirecto de U.S.A., potencia imperial que posterior al final de la guerra fría, monopoliza la producción de armamentos de punta y controla los organismos multilaterales y regionales de decisión bélica.
Espacio de consolidación de los poderes públicos y, en particular, de una burocracia administrativa que garantizaba el funcionamiento de "la racionalidad administrativa impersonal" (Weber) y mediaba en las relaciones entre ciudadanos y funcionamiento gubernamental cotidiano. La globalización neoliberal, al tiempo que fracturó las burguesías internas entre las que lograron articularse a la acumulación transnacional y las que no lo lograron, fracturó igualmente la anterior "burocracia administrativa" en favor de una tecnocracia asociada a los centros de decisión internacional. Ello toma la forma, en el ejercicio del poder político, de un fortalecimiento aún mayor del presidencialismo. Esta "dictadura civil" operó sin contra-hegemonías en las reelecciones presidenciales de Menen y Cardozo y años atrás durante el gobierno Gaviria que cerró el Congreso convocando una Asamblea Constituyente presidencialista y en el primer período de Fujimori quien igualmente cerró el Congreso iniciando negociaciones directas con los poderes regionales, para citar ejemplos relevantes. El actual gobierno de Pastrana modificó más de un centenar de leyes con la complicidad de un Congreso subordinado, pretextando las prioridades presidenciales del plan de desarrollo económico. Las reformas constitucionales neoliberales achatan la capacidad de decisión, de los organismos de elección popular (parlamentos y asambleas regionales), bajo la premisa falsa de que representatividad política es sinónimo de corrupción.[15] Y un elemento decisivo de estas reformas políticas, "dictadura civil" presidencial y tecnocracia transnacional asociadas, al intermediar con la sociedad invocan la democracia participativa. Así, en la medida en que se agudizan las políticas de ajuste el pacto participativo obliga a mayores compromisos sociales. El plan de desarrollo pastranista es ilustrativo al respecto: "La participación no será ya alrededor del reparto de unos recursos del gobierno central, sino en torno a la distribución de responsabilidades y a la consolidación de recursos locales para solucionar los problemas de las comunidades... [16]. Además, para estabilizar este tipo de participación se requiere recuperar la legitimidad institucional y nuevos consensos ciudadanos. En el mismo diseño pastranista el proceso de paz aparece como el escenario en el que se deben conseguir estas metas "eficientistas"; la paz se convierte en una necesidad imperiosa para estabilizar las políticas de ajuste, para que la sociedad produzca "capital social".[17] Democracia participativa y gobierno tecnocrático son dos caras de la misma moneda, piezas del modelo político diseñado por la globalización neoliberal en el tercer mundo. La descentralización política, administrativa y fiscal posibilitaron la readecuación de los espacios regionales al "ejercicio ciudadano" de este tipo de participación. Los procesos de paz en la región han sido concebidos bajo la misma lógica. Las negociaciones han terminado en reformas constitucionales que mejoran los procesos electorales nacionales y regionales, y los mecanismos de participación social. Igualmente mejoran los procedimientos de la administración judicial . Las exigencias sociales formuladas de manera previa en las mesas de negociaciones desaparecen cuando estos procesos se estabilizan; la correlación de fuerzas no le permite a las fuerzas democráticas cambiar la dinámica de los mismos. Estas transformaciones estatales hacen parte del mapa político del "nuevo orden internacional". Los sucesos en Haití-94 confirman esta hipótesis. En cumplimiento de la Resolución 940 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el ejército americano invadió Haití, justificando tal acción en el respeto al triunfo electoral de Aristide tres años atrás y en contra de la dictadura del general Cedras. Una vez oficializado el gobierno Aristide se realizan transformaciones constitucionales que incluyen como temas centrales: " La adopción de un régimen semiparlamentario que tiende a reducir el papel y las posibles distorsiones del presidencialismo al conferir amplios poderes al Congreso y al primer Ministro cuya función de jefe de gobierno introduce un factor de equilibrio en el seno del Ejecutivo y entre éste y el Legislativo; La no reelección Presidencial; La fijación de una rigurosa condicionalidad para la puesta en aplicación de cualquier enmienda constitucional, lo que neutraliza cualquier intento de manipulación del parlamento para modificar las reglas de la Carta Magna; la descentralización administrativa y municipal concebida en una visión global que facilite la modernización de la institución estatal y dispone de la participación de la sociedad civil en la gestión pública (subrayado nuestro) así como en el nombramiento de los jueces y en la Comisión electoral permanente..." [18] A nuestro entender, la constitución garantizó "lo fundamental" del nuevo régimen y los espacios participativos diluyeron la radicalidad explosiva de los movimientos sociales en los días de la dictadura. [19]
En cuanto a soberanía territorial como expresión de los espacios productivos y de los mercados internos: Las transformaciones en los procesos productivos terminaron por establecer una división espacial del trabajo, una nueva geografía industrial transnacional que posibilita empresas que realizan el procesamiento inicial de bienes en un espacio nacional y los terminados (maquilas) en otro; geografía de la asociación empresarial simultánea de regiones desiguales, "metrópolis con periferia", o regiones atrasadas y desarrolladas en la propia metrópoli o en la periferia; geografía del espacio único productivo que transgrede la espacialidad nacional convencional. Además, la "economía red" ha terminado por "desterritorializar" la producción de bienes y servicios. Esta nueva geografía no hubiera sido posible sin transformaciones en el mundo del trabajo; el paso del fordismo al post-fordismo significó el reconocimiento del capital a la "autorregulación del trabajo", el desmonte de la autoridad disciplinante externa al asalariado en la fábrica, la crisis de la centralidad de mando de los Estados - Nación. Reconocidas estas realidades, la conclusión inevitable es la de que los trabajadores solo pueden organizarse como clase en el escenario internacional, desde el plano elemental reivindicativo
"La deuda mundial (comprendida la de empresas y gobiernos) ha rebasado los 33.100 billones de dólares, lo cual significa el 130% del PIB mundial y progresa a una tasa entre el 6% y 8% año, un poco más de cuatro veces el crecimiento del PIB mundial..." [20]. Esta "burbuja financiera" no ha transitado impune por las redes de la economía internacional. Ha facilitado la concentración de la riqueza, ha obligado a la reducción de la calidad de vida de las poblaciones por la vía de los ajustes fiscales. La "financiarización" presiona al capital hacia la obtención de plusvalía absoluta limitando la demanda en momentos en que la sociedad del capital camina hacia una crisis de sobreproducción.[21]
SEGUNDA PARTE
Hacia una caracterización del imperialismo en esta fase transnacional
La tesis fundamental de la lectura de la mundialización del capital, se podría sintetizar así. Se ha desregularizado el comercio mundial, eliminando las trabas que impedían la libre circulación de mercancías y los flujos del capital. Esto se ha realizado desde organizaciones multinacionales como la OMC y el FMI, que si bien representan a Estados, son directamente funcionales al capital privado. Esta apertura ha sido claramente aplicada a los países periféricos, aprovechando de las ventajas comparativas de sus altas tecnologías y acceso al capital financiero. Ha generado una transnacionalización de las operaciones de las empresas multinacionales, desterritorializando sus espacios de acumulación y desnacionalizando las relaciones de producción, Ha financiarizado la circulación ampliada del capital, desenvolviendo una explosión de capital especulativo y rentista, de lo cual son parte fundamental los fondos de inversiones privados que recorren el mundo en busca de las mejores y menos riesgozas tasas de interés.
Lo que Lenin había calificado como un desarrollo monopólico del capitalismo de estado, hoy convive con un capital transnacional que no reconoce nacionalidades ni fronteras para asegurar su tasa de retorno. Allí comienza a nacer una contradicción inédita en las relaciones interimperialistas, intercapitalistas y en la lucha de clases, que es en lo que queremos profundizar.
Lo opuesto a esta realidad han sido los discursos reduccionistas, incapaces de comprender los cambios sucedidos en el mundo, que resuelven todo con la denuncia a un imperialismo que ni definen ni precisan en sus nuevas formas, o que simplemente declaran inexistentes. Debe considerarse una irresponsabilidad el hablar de imperialismo en abstracto sin caracterizar los cambios internos económicos financieros y su expresión política y militar, o hacer de esos cambios una explicación de su fin como categoría económico, política, cultural y militar. En el caso del fundamentalismo marxista, son análisis que siguen buscando acomodar la realidad al discurso. Es más cómodo seguir creyendo que la clase obrera por si misma resolverá en una lucha revolucionaria esta contradicción, o que existen burguesías nacionales que se enfrentaran a los imperialismo y a las cuales acompañaremos o nos acompañarán, para luego superarlas sin que se den cuenta. Concluyen en que la defensa del Estado Nación keynessiano pasa a ser una consigna revolucionaria ya que impide la expansión del mercado transnacional y que el sujeto serán burguesías nacionales inexistentes o ya derrotadas.
En el caso de los intelectuales que viven en el primer mundo, responden a la inseguridad que perciben en las capas medias frente al peso global de la nueva fase del capital, lo que los lleva a declarar el fin de la lucha de clases y a aceptar la llamada globalización capitalista como una realidad con la cual hay que aprender a convivir. (Alain Touraine). Le entregan al mercado el reino por encima de las relaciones de producción, de capital-trabajo, confundiendo mercado con capital financiero transnacional y considerando que la lucha antimperialista será reemplaza por la lucha globalidad instrumental contra comunidad cultural.
Cual avestruz que esconde su cabeza, se ignora que el contexto de la globalización nos va demostrando que sólo un proyecto popular internacional e internacionalista, donde lo social condicione lo político, y lo de clase hegemonice a los viejos y nuevos movimientos sociales podrá liderar una confrontación radical al sistema y arrastrar tras de sí a los pocos sectores productivos que aún resistan desde las burguesías nacionales.