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por João Pedro Stedile /
publicado en La Vanguardia
Los
grandes especialistas norteamericanos nunca ocultarán a nadie su vocación imperial. Desde que ganaron una batalla contra el imperio inglés, procedieron a actuar con los mismos mecanismos de dominación para explotar a otros pueblos y otros territorios y mantuvieron sus niveles de beneficios y de acumulación de riqueza. Se ha ido aplicando gradualmente la doctrina Monroe, con escasas variantes relativas a la correlación de fuerzas entre el país y la esfera internacional. Actualmente nos hallamos ante una variante de la doctrina Monroe de "América para los americanos" o, mejor dicho, para las empresas multinacionales norteamericanas. La economía estadounidense se enfrenta a una grave crisis. Los analistas internacionales discrepan -poco- sobre su intensidad y profundidad, no sobre su naturaleza.
Ante esta situación, las grandes empresas norteamericanas (no más de dos centenares) y el Gobierno de Bush decidieron acelerar el control ejercido sobre todo el continente americano, de Alaska a la Patagonia, como forma de incrementar sus negocios, de aumentar sus beneficios y de salir así de la crisis más rápidamente. Este ámbito de dominio se denomina Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que mejor podría llamarse "área de libre circulación del capital norteamericano".
Se trata, en realidad y de forma notoria, de una gran estrategia de recolo- nización de todos los países del sur a fin de que las empresas multinacionales norteamericanas dispongan de total libertad y puedan aumentar sus tasas de beneficio y competir en mejores condiciones con sus rivales de Europa y de Asia. A este fin, el proceso de aplicación de este plan se inicia en 1994. Pero de cualquier forma, el Pentágono ha destacado más de 700 altos funcionarios destinados a esta misión. Se han creado, además, nueve grupos de trabajo permanente, de carácter intergubernamental, para precisar cómo será esta recolonización. Ninguna entidad o institución de la sociedad civil o de los parlamentos tuvo acceso a los debates y acuerdos.
Los aspectos relativos al comercio se reducen en todo caso a una de las cuestiones de interés. El resto se halla relacionado con la agricultura, el territorio, los servicios, las inversiones, el sector público, las tecnologías y las patentes, la moneda, la autonomía relativa de los estados del país. Y, por último, un Tribunal Internacional especial para dirimir problemas entre empresas o entre empresas y estados, que ya funciona en Nueva York, extensible a ALCA. Este tribunal aplicaría todo el ordenamiento jurídico internacional y sometería a los países y las empresas nacionales a los dictámenes emanados de la influencia norteamericana como ya sucede con los casos problemáticos relativos al Tratado de Libre Comercio de la región norte, como México o Canadá. En los sectores más prósperos según las áreas de actuación de las empresas, el Gobierno americano intenta imponer su voluntad y establecer reglas que incluso no se aprueban por parte de la OMC. Puede ponerse también el ejemplo de la garantía de beneficio seguro para sus inversiones, propuesta derrotada en el seno del Acuerdo Multilateral y de Ahorro (AMI) y que ahora impone en el ALCA.
Si se aplica el plan ALCA, los países latinoamericanos perderán el control de sus riquezas naturales, de su biodiversidad, de su política económica. Perderá incluso el control de sus monedas, dada la presión para
dolarizar nuestras economías. Nos convertiremos en neocolonias, seremos explotados para que se mantengan las altas tasas de beneficio, el actual modelo de consumo y el poder político del imperio del norte.
Existe, asimismo, en relación con el plan del ALCA, una ofensiva geopolítica que significa un aumento de la presencia de fuerzas militares norteamericanas para controlar los países del sur. En este sentido, se aplica el plan Puebla-Panamá para América Central, el plan Colombia para la región andina y el plan Dignidad para la región de Bolivia-Perú. Merced a estas operaciones, Estados Unidos aumentará en gran medida su presencia militar con la instalación de nuevas bases. Hay ya tropas norteamericanas en Paraguay, en Bolivia, en Ecuador y en Colombia (aunque de manera disimulada). Se han reactivado las bases de Vieques (Puerto Rico), Curaçao y Aruba en el Caribe a fin de asegurarse Venezuela. Sólo faltaban Brasil y Argentina. En el caso de Brasil, existe un acuerdo de abril del 2000 por el cual se cede la base aérea de Alcántara, en la puerta de entrada este de la Amazonia brasileña, en el estado de Maranhão. En el caso de Argentina, la opción adoptada ha sido las operaciones militares conjuntas, como las que ahora se han anunciado en la provincia de Misiones.
Éste es el plan del imperio. No obstante, todo imperio genera sus contradicciones y ninguno de ellos ha sido eterno, mal que le pese a la voluntad del señor Bush. Frente a esta ofensiva, se está constituyendo en toda América Latina un gran frente continental de movimientos sociales, populares, sindicales y de partidos políticos contra el ALCA. Desde septiembre del 2002 hasta abril del 2003, en casi todos los países se realizan y realizarán consultas populares, además de manifestaciones y debates. Este mes, momento de la reunión ministerial de Quito, se producirán manifestaciones en todo el continente. Aumenta la conciencia, la indignación y la rebelión contra el imperio. Se advierten, en muchos países, signos de resurgimiento de movimiento de masas, como en Argentina, Bolivia y Ecuador. Aquí, en Brasil, las elecciones presidenciales derrotarán a los aliados de Estados Unidos y estamos seguros de que se abrirá en los próximos años una nueva etapa de ofensiva popular en nuestro continente. Y, si los compañeros ibéricos me permiten parafrasear a la célebre Pasionaria, ¡aquí no pasarán!
João Pedro Stedile, dirigente del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) de Brasil y miembro de la coordinadora de la campaña nacional contra el ALCA
Traducción: José María Puig de la Bellacasa
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