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Amargo balance de un año en Afganistán

por Luis Sepúlveda   /   publicado en El Periódico

La desoladora experiencia de los soldados alemanes en suelo afgano frente a la prepotencia de EEUU alienta el rechazo a intervenir en Irak.

Los soldados obedecen y callan, reza la canallesca monserga militar que, aunque cueste creerlo, todavía encuentra adeptos. Ha pasado un año desde que el intelectual tejano que preside Estados Unidos declarara la guerra a los talibanes, a la población afgana y a dos familias pastunes que tuvieron la arrogancia de celebrar una boda sin permiso de la autoridad ocupante, y que terminó con los restos de los novios, padrinos e invitados diseminados en un radio de un kilómetro. Esos pastores afganos eran parte del eje del mal que amenaza, según Bush, "a la libertad", "a nuestro sistema de vida", conceptos que de tanto ser repetidos por un minusválido moral han perdido todo su valor y toda su trascendencia.

Europa mandó soldados a combatir el eje del mal sobre el árido suelo afgano, y ahora al intelectual tejano se han sumado portentos del viejo continente; Aznar y Berlusconi amparados por mayorías absolutas que definitivamente lesionan el limpio juego democrático, y Tony Blair, cuya ineficacia política debía encontrar una salida urgente de cara a la galería. Estos cuatro hombres de Estado a su manera, porque entienden el rol de mandatarios bajo el lema de el Estado soy yo, se aprestan a mandar soldados europeos a Irak.

Los soldados callan, pero a veces hablan, y es lo que ha hecho un grupo de oficiales de las fuerzas de élite alemanas, en un balance más que desolador acerca de la presencia y participación europea en Afganistán. Aprovechando un curso rápido de perfeccionamiento en el desierto de Arizona destinado a familiarizarlos con el entorno iraquí, estos soldados han manifestado sus temores de encontrarse en un callejón sin salida y en el que deberán permanecer como blanco de la ira que siempre provocan las fuerzas ocupantes, porque son los europeos los que dan la cara frente a los errores de cálculo de los pilotos norteamericanos que ya han segado muchas, demasiadas vidas de civiles o partes no involucradas.

Según los oficiales alemanes, es absolutamente falso que exista un mando internacional, con participación de todos los países que enviaron tropas. Son únicamente los norteamericanos los que dan las órdenes y deciden los objetivos que atacar, sin la mínima consulta a las fuerzas europeas que están en tierra caliente, en el hipotético frente, y que, por ejemplo, advirtieron a los bombarderos norteamericanos que uno de los edificios calificados como cuarteles de Al Qaeda era en realidad un enclave aliado, ocupado por soldados holandeses. Bombardearon y cinco soldados holandeses cayeron bajo fuego amigo. No hubo disculpas ni explicaciones, no hubo ni habrá ninguna investigación al respecto.

Un oficial alemán se pregunta: "Me topo con una humilde mujer, una anciana que teme por sus dos cabras y sus seis gallinas, a los dos días el mando americano informa que esa anciana es 'proveedora de suministros de Al Qaeda'. Mi formación de soldado me indica que debo iniciar una investigación, pero el mando americano ordena un dog and pony show y desde un helicóptero ametrallan a la anciana, las cabras y las gallinas. Los norteamericanos están convencidos de que ésta es su guerra santa. Junto a ellos podemos olvidar toda nuestra seria formación".

Los oficiales alemanes dicen que Afganistán ya ha sido limpiado de posibles terroristas de Al Qaeda, y saben que junto a las otras fuerzas europeas deberán permanecer ahí hasta que el mando norteamericano decida algo, y lo ven improbable, puesto que el árido suelo afgano y la miseria de sus habitantes es hoy un coto privado de los pilotos norteamericanos. Otro oficial señala: "Provoca náuseas escuchar a los pilotos de la US Air Force mientras se pavonean de la exactitud de sus bombardeos, de sus detectores de calor que acusan presencia humana en los objetivos, sin que ninguno de ellos se pregunte quiénes eran los que emanaban ese calor humano que guió las bombas".

Estas declaraciones de soldados que hablaron aumenta la negativa alemana a participar en la aventura bélica contra Irak. El que quiera puede consultar la prensa alemana de las últimas dos semanas. Ojalá que en España alguien se preocupe por saber qué piensan los europeos que viven al otro lado de los Pirineos.

Luis Sepúlveda es escritor.

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