Empezó
a conocer el mundo árabe cuando, en la Facultad de Letras,
eligió estudiar el idioma del islam y se encontró con un profesor
que le sedujo: Emilio García Gómez. Luego, a los 23 años,
se fue a vivir a Egipto y descubrió que la realidad, que hasta
entonces sólo había leído en los libros, le fascinaba. Desde
entonces, este catedrático del departamento de Estudios Árabes
e Islámicos y Estudios Orientales de la Universidad Autónoma
de Madrid, que ha sido profesor en El Cairo y en Sevilla,
ha dedicado su vida a comprender la cultura árabe. Es autor
de casi veinte libros. Algunos son recopilaciones literarias,
como Introducción a la literatura árabe moderna y Poesía
árabe actual; otros son ensayos: Europa islámica, Pensando
en la historia de los árabes y El reto del islam,
entre ellos. Hace años que es un arabista de renombre internacional,
pero a los 68 años reconoce que ya está más cansado que fascinado.
“Uno se cansa física e intelectualmente. El esfuerzo que uno
desarrolla es mayor que la compensación que encuentra, y que
las respuestas…”. Se queja de que ser arabista en Occidente
otorga un marchamo de descalificación intelectual, lo que
se une a la convicción de que saber de lo suyo es muy difícil,
cuesta tiempo y esfuerzo. “Y hay algunos”, dice, “que pasan
por conocedores del tema con unos conocimientos de urgencia.
Para saber del mundo árabe hay que dominar la lengua. Pero
la inmensa mayoría de los supuestos arabistas no la conocen…
En fin, son cuestiones académicas…”.
¿…
Pero que indican una cierta actitud peyorativa hacia lo árabe?
Sin duda. Hay un menosprecio, un rencor, pero
si lo denuncias, corres el riesgo de que te llamen quejica,
o de que te envíen amenazas, como me sucede a mí. Sí, por
parte de gente situada en el tradicionalismo hispánico. No
es de ahora, me sucede hace mucho tiempo…
Algunos
han visto en ‘El choque de civilizaciones’, el libro de Samuel
Huntington, una profecía de lo que hoy ocurre en el mundo.
He visto que en 1980 usted ya hablaba de un resurgir del islamismo,
y entre otras cosas decía que en el plano ideológico, el islam
se presentaba de nuevo como una auténtica religión de masas.
Mi pregunta es qué relación hay entre lo que usted decía entonces
y lo ocurrido en Nueva York. Y si desde ese punto de vista,
la acción terrorista le ha parecido dentro de una lógica.
Hay una clara relación. Hoy el islam es una fuerza colectiva
que está en la calle con más intensidad que en los años sesenta
y setenta. Ha recuperado el espacio de la calle. Pero el islamismo
es un fenómeno complicadísimo y prefiero hablar de islamismos,
en plural, para introducir un matiz de diferenciación entre
las muchas corrientes y tendencias que hay hoy en día. Los
movimientos islamistas actuales aparecen a partir de mediados
de los años sesenta, y en gran medida surgen y se desarrollan,
y es una tesis que no suele gustar en Occidente, con el colapso
de los movimientos nacionalistas.
¿Después
de Nasser?
Exacto. Es una verdad histórica que el colapso del panarabismo,
que fue el nacionalismo más integrador y extendido, y en menor
medida el de los distintos nacionalismos locales en los países
árabes, es contemporáneo del resurgimiento de los movimientos
islamistas. Algunos dirán que fue una coincidencia; yo no
lo creo. En gran parte, y esto empieza a documentarse ahora,
en el surgimiento y el desarrollo de los movimientos islamistas
participaron –no diré de una manera activa, pero sí tolerando
y propiciándolos en algunos aspectos, y siendo comprensivos
en otros– las potencias occidentales, y en especial Estados
Unidos. Es algo que no se puede negar. ¿Qué ha ocurrido? Hablando
a la pata la llana, que la criada les ha salido respondona.
Esos movimientos islamistas se han ido fragmentando, escindiendo,
y han comenzado a actuar según su propia dinámica. Deberíamos
reflexionar a partir de la tesis que le decía, y que supone
que el colapso del nacionalismo árabe, que fue una ideología
combatidísima, llevó al resurgimiento de los grupos islamistas.
Por terminar con un enemigo, se creó otro que ha salido mucho
más indisciplinado y menos controlable. Pero sucede que sólo
algunos tenemos la costumbre de interpretar las cosas desde
dentro… A menudo, los políticos se plantean los problemas
exteriores desde dentro de su propia realidad, no desde la
realidad del otro. Y hay errores, a veces los más graves,
que son ocasionados por la mera ignorancia.
Pero,
dígame, la tarde que vio cómo se desplomaban las Torres Gemelas
de Nueva York, ¿se sorprendió?
Me pareció una salvajada, una barbaridad; pero no me sorprendió
en absoluto… Porque eso o algo parecido podía suceder…
¿Quiere
decir que la gente que conoce por dentro el mundo árabe sabía
que podía ocurrir algo terrible?
Yo sabía que en el mundo árabe, en los círculos más populares
y en los círculos de poder no oficial, la capacidad de soportar
estaba llegando a su límite.
Clinton
estuvo hasta el último momento tratando de que se llegara
a un acuerdo entre palestinos e israelíes, también como si
se temiera algo… Y en cambio, Bush…
Clinton sabía, como cualquiera, que el tiempo para iniciar
posibles soluciones en Oriente Próximo y, sobre todo, en la
cuestión palestina, no es infinito… Él conocía esa realidad,
del mismo modo que la Administración americana sabe que si
la zona del Golfo posee la impresionante riqueza que todos
conocemos, hay otro lugar por explotar y que es igualmente
rico. Hablo de la zona del Caspio, de las repúblicas ex soviéticas.
¿Usted
piensa que esa riqueza es lo que está detrás de todo?
Sí. No soy un politólogo, pero hay realidades que todo el
mundo puede ver. Tengo que reconocer una cosa, y es que los
hechos que se produjeron en 1990 y 1991, es decir, la invasión
de Kuwait y la segunda guerra del Golfo, me impactaron terriblemente.
Y me obligaron a replantearme mi reflexión sobre el mundo
árabe. Me obligaron a hacerme preguntas.
¿Cuáles?
Por ejemplo, que el mundo árabe, a finales del siglo XX, pasa
por una situación muy parecida a la que atravesó a comienzos
de ese siglo. Es decir, es un mundo que en términos genéricos
pasa de la colonización a la neocolonización; un mundo que,
si a principios del siglo XX tuvo que plantearse la exigencia,
el reto y el desafío de conformarse, resulta que a finales
de ese siglo se está planteando otra vez lo mismo.
¿Tal
vez ahora debe conformarse con menos?
Seguramente. Tengo la sensación de que el siglo XX es un siglo
perdido para el mundo árabe. Y eso es terrible… Después de
esa segunda guerra del Golfo, pensé que había que hacer un
arabismo que fuera más allá de lo erudito. Fue una experiencia
terrible para mí, que llevó a la necesidad de buscar respuestas
intelectuales. Quiero tener respuestas a lo que ha sido este
siglo XX para el mundo árabe, que ha sido casi estéril, inútil.
Es la pregunta que me hago.
Ahora
asistimos al momento álgido de la crisis. ¿Qué piensa que
puede pasar?
Que el mundo árabe se agriete aún más. El mundo árabe es un
conjunto, pero más en potencia que en acto, más en aspiración
que en realidad. En lo material, el mundo árabe no forma un
conjunto pleno, mientras que sí lo forma en lo espiritual.
Ahora corre el riesgo de agrietarse, de que se abran fosas
que sólo se insinuaban. Hay un gravísimo riesgo de que aumente
la grieta entre el Magreb y Oriente Próximo, y un serio riesgo
de que toda la zona del Golfo se distancie de esa zona para
mirar al Índico. Hay un serio riesgo de que aumentando las
divergencias materiales y reduciendo las convergencias espirituales,
el fraccionamiento sea mayor. Y esos problemas no afectarán
sólo al mundo árabe…
En
ese escenario, ¿cuál sería el papel que jugaría el terrorismo;
tal vez habría más…?
Yo suscribo que hay que acabar con toda clase de terrorismo.
Pero digo también que, al mismo tiempo que se encuentran fórmulas
para acabar con el terrorismo, hay que encontrarlas para acabar
con la miseria y todo tipo de injusticias sociales. Habilitar
fórmulas para evitar que una ínfima minoría de gente viva
espléndidamente a costa de una enorme mayoría que padece los
índices mayores de miseria. Las dos cosas deben hacerse al
mismo tiempo.
Pero
la sociedad árabe, vista en su conjunto, es uno de los mundos
donde esas diferencias entre ricos y pobres son mayores…
Sí… Y le diré que ha sido mi propia experiencia del mundo
árabe, que conocí a comienzos de los años cincuenta, ese mundo
que va desde Marruecos hasta Irak, lo que me ha convencido
de que las diferencias internas sociales y económicas y culturales
que existían en la mayoría de los países árabes durante los
años cincuenta y sesenta, eran menores que ahora. Me temo
que el mundo árabe en la actualidad carece de proyecto de
futuro. De lo que podríamos llamar movilizadores de la acción.
Y eso bien que se nota… Posiblemente, en el momento actual,
el mundo árabe tiene menos mecanismos de respuesta de los
que tenía en los años cincuenta y sesenta.
¿Ése
es un buen caldo de cultivo para el crecimiento del fundamentalismo?
Sin duda. Como ha dicho el único premio Nobel de Literatura
del mundo árabe, Naguib Mahfuz, con los fundamentalismos no
se terminará hasta que no se termine con la miseria.
Y el
momento actual, ¿en qué medida el conflicto árabe-israelí
ha actuado como detonante del atentado terrorista del día
11 de septiembre?
Es que ese conflicto es la cuestión más espinosa.
¿Y la más humillante?
También la más humillante. No es la más antigua, pero sí tiene
suficiente antigüedad, y es la más enconada, la más dura en
todos los órdenes.
Israel
no ha cumplido las resoluciones que le ha impuesto la ONU
con respecto a ese conflicto, nadie le ha obligado a hacerlo.
Hoy, la época de Clinton parece dorada en comparación con
la posterior. Bush, hasta ahora, lo que dijo fue que no quería
tener nada que ver con el conflicto, que los contendientes
hallaran entre ellos una solución.
Ningún presidente norteamericano diría eso en serio. Lo dice
para engañar y tener las manos más libres para actuar cuando
surjan incidentes como el de ahora. Yo quisiera decir, aunque
al mundo occidental no le resulta grato, que la creación del
Estado de Israel fue un soberano error político. No quiero
entrar en otras cuestiones, si es injusto o no lo es, hablo
simplemente en términos políticos. Y ese error, como ocurre
siempre en política, acaba pagándose. Solucionarlo es muy
difícil y requiere dos requisitos ineludibles: el fin de la
ocupación militar israelí en Palestina y la creación de un
Estado palestino.
Podría
pensarse que la amistad con Israel les está costando muy cara
a los americanos; las autoridades de ese país son las únicas
que no atienden sus consejos; al menos, eso parece en este
momento. ¿O no?
Estados Unidos también saca enormes beneficios, y no sólo
materiales y militares; por ejemplo, tiene una presencia militar
en la zona del Golfo que ahora aprovecha y piensa ampliar.
Lo dije a comienzos de los noventa, y parecía que hablaba
de ciencia-ficción, pero creo que la guerra del Golfo aún
no ha tenido final, y desde el punto de vista de estrategia
militar, ha sido un fracaso. Se formó una enorme coalición
para terminar con un régimen y una persona, y el régimen y
la persona siguen ahí.
Creo
haber leído que Arafat dijo algo respecto a la responsabilidad
de Sadam Hussein en el atentado contra Estados Unidos.
En todo caso, haría algún tipo de insinuación… Sadam Hussein
surge y empieza a adquirir categoría por tener la protección
de Estados Unidos. Es uno de esos personajes, igual que ocurre
con ciertos movimientos, que se propiciaron o toleraron y
que luego se volvieron en contra… Pienso que la política es
algo que se piensa, se calcula y se establece, y sus objetivos
no son precisamente a corto plazo. Y luego acontecen hechos
puntuales que seguramente encajan muy bien en lo que se pretende
lograr en el futuro. Lo que pasa es que nosotros no conocemos
esos planes y sólo podemos deducir cosas basándonos en datos
esparcidos… Siempre pensé que la guerra del Golfo era un paso
para otras cosas, una ocasión para propiciar otros acontecimientos.
¿Se
trataba de tener una cabeza de puente desde la que actuar
en la zona?
Sí. Hablo del dominio de espacios cada vez mayores en Asia
y África. Es conocida la conflictividad latente del cuerno
de África, frente de la península Arábiga; Somalia, Etiopía,
Sudán. Es una olla a presión…
Durante
los años que van de los sesenta hasta hoy, ¿hasta qué punto
han ido tomando el mando los fundamentalismos en los países
árabes?
Sí. Lo han hecho. Los regímenes oficiales, los Gobiernos de
los países, han tratado de no enfrentarse radicalmente a los
movimientos fundamentalistas y han buscado zonas de encuentro
y entendimiento con los fundamentalistas moderados. Quienes
asesinaron a Sadat en Egipto fueron fundamentalistas, y algo
parecido pasó en Túnez. Claro que los fundamentalistas son
muy diferentes. Los hay muy radicalizados, cuyo proyecto no
sólo es el de transformar la política mediante los presupuestos
islámicos, sino transformar profundamente la sociedad, islamizándola
a partir de lo que entienden por islam. En ese sentido no
quiero decir que la instrumentalización de esos grupos desde
instancias oficiales y gubernamentales es casi imposible.
Los
Gobiernos buscan contactos con los fundamentalistas, una entente.
Pero cuando Arafat pidió un alto el fuego a los radicales,
lo que dijeron los periódicos al día siguiente es que Hamás
y la Yihad Islámica se negaban a obedecer…
No está claro lo que dirán finalmente Hamás y el Yihad, que,
por cierto, es una palabra masculina en árabe. Nosotros decimos
la Yihad, en femenino, porque en Occidente pensamos que ese
término significa guerra santa, y la palabra guerra es femenina.
¿Y
el ‘yihad’ no es una guerra santa?
Ni mucho menos.
Bueno,
antes de seguir por ahí, volvamos con Arafat…, ya que lo que
ocurre en Palestina ha tenido tanto peso en el desarrollo
del ataque terrorista a Nueva York…
Está claro que Arafat, en estos años, ha tenido una pérdida
de liderazgo.
¿A
favor de los más radicales?
Una pérdida de liderazgo en contra de Arafat, lo que puede
querer decir que no es a favor de nadie en concreto, sino
que esa pérdida de poder se distribuye entre grupos islamistas
y algunos personajes políticos que son menos conocidos y que
en el futuro pueden representar una opción. Por parte del
Hamás y el Yihad, lo que sí está claro es que se oponen a
un movimiento de represalia por parte americana. Lo demás
no está tan claro.
Opina sobre este artículo
Arriba
Ir a la 2ª Parte