CAPITULO III

CAPITULO III

 

LOS TALLANES TALAREÑOS

 

 

 

Ø      Los Tallanes de Talara.

Ø      La Cacica de Pariñas.

Ø      Talara bajo el Imperio Incaico.

Ø      Talara en los Tiempos de Huáscar y Atahualpa.

Ø      La Rebelión de los curacas.

Ø      El repartimiento de Pariñas.

 

 

Los Tallanes de Talara:

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Tanto Pariñas, que indudablemente fue el núcleo de un importante centro poblado como todas las demás pequeñas aldeas que se encontraban desperdigadas en todo el territorio que ahora es la provincia de Talara, pertenecieron a la etnia Tallán.

A orillas del mar, pero sobretodo en el curso de las quebradas Sicchez, Honda y Hualtacal, existían pequeños poblados. Sobretodo al nor-este de Lobitos, en lo que ahora es el tablazo y al costado izquierdo de la carretera Panamericana que va a Tumbes, se formó una aldea de cierta importancia.

Pero fue sin duda el de Parina hoy Pariñas, el más importante curacazgo de toda la región, en los años previos a la llegada de los españoles.

Para algunos historiadores, interpretando al cronista padre Lizárraga, los confines de la influencia del Curacazgo de Pariñas, avanzaban hasta Amotape en donde había otro poderoso curaca.

Sin embargo no faltan los que suponen a Parina y Amoctaje hoy Amotape, como un solo curacazgo. Para esto debemos repetir la cita que el historiador piurano Juan Paz Velázquez hace del padre Lizárraga cuando dice: “Pasando la costa adelante y metiéndose un poco la tierra adelante, por ser la costa muy brava, llevamos veinte leguas andadas poco más o menos, al gran río Motape, donde hay un pueblo de este nombre. Quien antiguamente gobernaba esta provincia, que por pocas leguas se extiende, eran las mujeres, a quienes los nuestros llaman Capullanas por el vestido que traen  y traían a manera de capuces con que se cubren desde la garganta hasta los pies”

 

La Cacica de Pariñas

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El acceso de las mujeres al gobierno de las tribus, y de los curacazgos se encontraban muy afianzado en la costa peruana, incluso en la costa colombiana y ecuatoriana, pero la historia las ha vinculado más con el departamento de Piura, porque no solo en este territorio fueron más numerosas, sino que de una u otra forma las capullanas existieron hasta bien entrado el coloniaje.

No se ha podido establecer en que circunstancias llegaban las capullanas al poder ni tampoco cuales eran las tareas que en el gobierno desempeñaban. Como es bien sabido, la principal ocupación de los tallanes era la agricultura, y las tareas de siembra y de cosecha que  daban motivo a grandes fiestas presididas por los curacas en cuya oportunidad comían y bebían en abundancia. Otra de sus ocupaciones era la guerra, si es que guerra podía llamarse los pequeños pero algunas veces sangrientos enfrentamientos que tenían con otros curacas de la región, sin llegar a imponerse uno sobre los demás. La existencia de ceramios Vicús y tallanes donde se representaban a guerreros con escudos, macanas y lanzas prueba que cuando menos antes de ser subyugados por los Incas, tenían un comportamiento muy belicoso.

Por lo tanto, las capullanas solo tendrían labores administrativas, que serían muy simples y reducidas, casi como las de un hogar.

No hay noticias de mujeres guerreras en la región, lo que haría suponer que esa tarea era exclusiva de los hombres.

 El término capullana fue puesto por los españoles, en base al traje que llevaban esas señoras que todos los cronistas dicen eran de muy buen rostro. El traje era una túnica larga, de tela un tanto transparente que las cubría, si eso podía decirse del cuello hasta los pies.

Los incas las llamaron Sapullanas, o Sallapullas o Sallapullanas, también Tallaponas.

Que existió antes de la conquista una capullana en Pariñas, no hay la menor duda. Lo que no todos aceptan es que la señora de Pariñas haya sido la protagonista del episodio ocurrido después que Pizarro en un barquichuelo, salió de la isla de la Gorgona (2do viaje) y navegó por la costa peruana hasta la desembocadura del río Santa. Cuentan que una capullana, invitó a Pizarro a desembarcar para agasajarlo cuando este estaba recorriendo la costa y que el conquistador ofreció atender la invitación al retorno. En efecto, cuando Pizarro al llegar a Santa dio marcha atrás, aceptó la invitación de la capullana, que dicen se llamaba Susy Cunti, siendo espléndidamente agasajados, pero el español Pedro Halcón se enamoró en forma tan repentina y profunda de la bella señora, que se negó a reembarcarse y tuvo que ser encadenado por sus compañeros y llevado a bordo.Para algunos historiadores, Susy Cunti fue capullana de Eten.

Para el historiador y político don Germán Leguía y Martines, Susy Cunti fue la capullana de Pariñas, la que además regaló a Pizarro dos indios jóvenes que fueron Martín y Felipe, conocidos en la historia como Martinillo y Felipillo.

Lo cierto es que Pizarro no sólo tuvo trato con las capullanas de Sechura o de Eten, sino también con la capullana de Parina o Pariñas.

Cuando Pizarro en su segundo viaje exploró el suelo piurano y se dirigió al sur paso frente a Pariñas y allí la capullana lo invitó a desembarcar, cosa que el conquistador pospuso para su retorno.

Mas bien Pizarro quedo contrariado por haber perdido su espada en el mar de ese lugar

Al retorno, la capullana le devolvió la espada que había sido rescatada por expertos buceadores tallanes

Pizarrro agradecido, aceptó la invitación que le renovaba la capullana y desembarcó con varios de sus hombres

Mendiburo al referirse a la biografía de Pedro Halcón, que él llama Alcón, asegura que la invitación que Pizarro aceptó, fue de una capullana de las costas de Trujillo.

El padre Vargas en “Historia General del Perú”, dice que Pizarro en su segundo viaje después de pasar por Paita y punta Aguja, llegaron el 14 de setiembre a un paraje que llamaron Santa Cruz, por que en ese día se celebra la Exaltación de la Cruz, y fue allí donde recibió la invitación de la capullana para que desembarcase, lo que aceptó al retorno de Santa. El padre Vargas expresa igualmente, que fue en el viaje de retorno al llegar una vez más a Tumbes donde recogieron a Felipillo y Martinillo.

Hay que señalar sin embargo que ya está completamente aclarado que Martín, le fue obsequiado a Pizarro por el curaca de Poechos cuando ya la conquista se había iniciado. En cuanto a Felipillo, hay diversas versiones sobre su origen, pues unos lo suponen tumbesino, otros lo creen tallán de la costa, pero la mayoría considera que fue del norte de Poechos, es decir Huancavilca.

 El historiador cataquense fallecido en 1994, Jacobo Cruz dice que la voz Pariñas, proviene de la expresión tallán Paric-Añac, que significa caverna.

 

Talara bajo el Imperio Incaico

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Dice el cronista Garcilaso de la Vega, que estando el Inca Huayna Capac en Chimu, envió mensajeros al norte pidiendo la rendición de los curacas de los valles de Zaña, Colque (Collique), Cintu, Tucmi (Túcume), Sayanca (Jayanca), Mutupi (Motupe), Puchiu (Poechos) y Sullana y que en la Conquista se gastaron dos años, pero que la mayor parte del tiempo se ocupó en cultivar los valles  y sacar acequias de riego, y no en sujetarlos, por que los demás se dieron de buena gana.

Posiblemente dada la enorme superioridad del ejército incaico, la operación militar fue corta, pero sangrienta. No hay duda que los tallanes tanto del Alto Piura como del Chira opusieron resistencia al Inca, pero éste los aplastó con su gran poder dejando por siempre un mal recuerdo entre los tallanes.

Cuando Pizarro llegó a Pabur en su marcha a Cajamarca, el curaca de ese lugar le hizo conocer que el Cuzco Viejo, que era como se llamaba a Huayna Capac, había arrasado a sus pueblos y matado mucha gente.

También es muy posible que los curacas del Bajo Chira, sobre todo el de Amotape cuyo territorio se extendía hasta el sur de la actual provincia de Talara, opusieran también resistencia que igualmente fue reducida prontamente por las armas, lo que habría motivado un profundo resentimiento de los curacas de Amotape al Cuzco y su adhesión a la causa de Atahualpa.

Los Incas, mejoraron las técnicas de cultivo en toda la región y por lo tanto también en Talara, en donde se aprovecharon las aguas ya escasas que todavía discurrían por las quebradas sobre todo en épocas de verano, construyendo una serie de obras de ingeniería hidráulica.

También llamó la atención de los  conquistadores incas, la existencia de la brea que afloraba del suelo talareño y a lo que los habitantes de la región daban un significado religioso, pues la utilizaban en sus ritos, se pintaban el rostro con ella y se alumbraban en determinadas circunstancias con hachones impregnados de ese material que producía abundante humo.

Pudieron los incas apreciar que la brea al contacto con el ambiente y mezclada con arcilla tendía a solidificarse por cuyo motivo, utilizaron ese material que los tallanes llamaban copé, para impregnar los caminos que construyeron en la región, siendo por lo tanto estas las primeras vías que tuvieron un sistema de asfaltado.

Los Incas no aceptaban el matriarcado como forma de gobierno, pero lo toleraba y respetaba en los pueblos conquistados que lo tenían. Quizá eso favorecería la pacificación de sus extensos estados, y como a los tallanes les prohibieron tener armas, hubo durante el corto período de sojuzgamiento incaico, paz y prosperidad.

Por lo tanto, las capullanas de Pariñas y de otros lugares de la región tallán siguieron existiendo bajo el régimen del imperio.

El cronista Pedro Cieza de León que llegó al Perú en 1548, es decir 16 años después de la fundación de San Miguel del “Valle de la Solana” que antiguamente fue muy poblado y había en él edificios y depósitos. Luego expresa “... se llega a Poechos que está sobre el río también llamado Poechos, aunque algunos le llaman Maicabilca, por que por bajo del valle estaba un príncipe o señor llamado de este nombre, este valle fue en extremo muy poblado y cierto debió ser mucha la gente de él, según lo dan a entender los edificios grandes y muchos de los cuales aunque están gastados, debe haber sido verdad lo que de él cuentan y la mucha estimación en que los reyes incas lo tuvieron, pues en este valle tenían  sus palacios reales y otros aposentos y depósitos; con el tiempo y guerras se había todo consumido en tal manera que no se crea lo que se afirma, otra cosa que las muchas y muy grandes sepulturas de los muertos, y ver que siendo vivos, eran por ellos sembrados y cultivados tantos campos como en el valle están”.

Por el relato de Cieza de León, se puede apreciar que la Solana y más todavía Poechos fueron importantes poblaciones, habiendo construido en esta última los incas, palacios, depósitos y aposentos, así como la fortaleza en la que más tarde se alojó Pizarro.

La construcción de una fortaleza de acuerdo al criterio de los Incas supone la existencia de una guarnición. Por lo tanto Poechos fue en tiempo del Imperio, la sede de una gobernación, donde el Inca tenía un representante cuya autoridad se extendía en todo el valle del Chira, incluyendo la actual provincia de Talara, dejando  siempre cierta autonomía a los curacas tallanes.

Cieza admite que no sólo el tiempo y la incuria, sino las guerras habían despoblado la región que antes había sido densamente poblada.

 

Talara en tiempos de Huáscar y Atahualpa.

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Las más grandes batallas en la lucha fraticida, se llevaron a cabo en la sierra norte, que abarcaba el sur del Ecuador y  el norte del Perú. La región de los guayacundos y de los Huancapampas se vio trastornada por el  paso de los ejércitos tanto huascaristas como atahualpistas, ya en plan de ataque, o de retroceso. Las dos grandes provincias serranas eran aliadas del Inca Huáscar y en esos lugares habían fortalezas y guarniciones. De hecho en ellas se produjeron sangrientos encuentros y Atahualpa llevó a cabo muy duras represalias.

Cuerpos menores del ejército triunfante de Atahualpa, se dirigieron a la zona tallán y tal como lo señala Cieza de León, se produjeron sangrientos encuentros con la guarnición Inca de Poechos, en donde el antiguo gobernador huascarista fue reemplazado por el capitán Mizabilca, con mando militar sobre todo el valle del Chira, y también las localidades de Pariñas, quebrada Honda y Máncora.

Pero Atahualpa no se podía distraer mucho en la costa tallán, pues tenía todo su empeño en destruir los ejércitos de Huáscar en la sierra.

Hay que suponer, que le bastaría que de buena gana o a regañadientes todos los curacas se le sometieron. Algunos como el de Amotape y posiblemente el de Pariñas se convirtieron en una especie de aliados menores. Otros como  los de Tangarará, Marcavelica y Chira, mantuvieron su secreta adhesión a Huáscar, que se patentizó más cuando llegó Pizarro.

Pero por encima de las rencillas de los dos hermanos, los tallanes lo que más amaban era su libertad y su autonomía.

Parece que los encuentros bélicos barrió en el territorio tallán con el sistema del matriarcado o de las cacicas capullanas. Posiblemente las mujeres no eran personas aptas para asuntos de guerra. Eso explica por que en solo menos de cuatro años que mediaron entre el paso de Pizarro por la costa tallán en 1528, hasta su arribo a Poechos, fueron suficientes para que los conquistadores no encontrasen ninguna cacica, por que ningún cronista se refiere a ellas desde la batalla de Tumbes hasta la prisión del Inca.

Tampoco los cronistas se han referido a la importante aldea que existió en tiempos pre-incaicos al N.O. de Lobitos que parece ya había desaparecido mucho tiempo antes.

 

La Rebelión de los Curacas.

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A fines de Mayo de 1532, Pizarro llegaba a Poechos procedentes de Tumbes y se alojaba en la fortaleza incaica existente en ese lugar.

Desde este lugar envió grupos exploradores por el valle, llegando hasta Paita y Colán.

Uno de esos grupos al llegar a la región del curaca Amotape, pasó a la otra margen donde había un adoratorio o huaca y los españoles llevados por su ambición empezaron a depredarla, sin tener en consideración que para los tallanes era un lugar sagrado por que allí estaban enterrados curacas y gente principal. Enfurecidos los indios, los atacaron y los españoles tuvieron que refugiarse en un templete que había en el mismo lugar y resistir. No se ha podido establecer si los sitiados enviaron mensajes a Pizarro o si éste supo los sucesos de otra forma, pero el hecho concreto fue que acudió con más fuerzas y desbarató a los indios.

Estos sucesos ocurrieron en el lugar donde ahora está la población de La Huaca y el historiador Rubén Vargas Ugarte en “Historia general del Perú”, supone que esto pasó después de la conspiración y ajusticiamiento de los curacas y jefes militares de Amotape.

Pero los hechos que acabamos de relatar ocurrieron antes de que Hernando Pizarro retornase de Tumbes a Poechos; y la conspiración de los curacas fue cuando el hermano de don Francisco, ya había llegado a tal lugar.

Parece que más bien fueron los sucesos de La Huaca los que movieron a los curacas tallanes a buscar la forma de liberarse de los españoles, por que habían llegado a la conclusión de que no eran dioses, sino hombres que disponían de gran poder pero que dado su poco número podían ser destruidos.

El que tomó la iniciativa fue el curaca de Amotape, pues Maizabilca el gobernador que Atahualpa tenía en Poechos era en realidad una especie de prisionero de los españoles.

La gran asamblea de curacas tallanes que se convocaba en casos muy especiales, se debió reunir en Amotape y a ella no solo han debido concurrir los curacas de la cuenca del Chira como los de Paita, Colán, Tangarará, La Chira y Marcavelica sino también los de Pariñas y Máncora.

En el complot todos los curacas se unieron contra el enemigo común, sin tener en cuenta que unos se inclinaban por Huáscar y otros por Atahualpa.

Pizarro supo de la conspiración y capturó a una gran cantidad de indios a los que sometió a un juicio sumario y en forma muy rápida condenó a trece principales a la pena de muerte, por la hoguera como si fueran herejes. Algunos cronistas aseguran que la muerte se les aplicó con estrangulamiento o garrote, y los cadáveres fueron lanzados al fuego.

Entre los Curacas condenados estaba el de Amotape y gente principal de los curacazgos tallanes. Posiblemente el de Colán.

Pizarro perdonó la vida al curaca La Chira, pero lo confinó al valle de Catacaos con una gran cantidad de sus súbditos.

Otros grupos que fueron confinados en el Valle de Catacaos, fueron del mismo Amotape y de Marcavelica. De Pariñas fue llevado un numeroso contingente y también se envió gente de Poechos, sumándose a los que ya estaban allá desde los tiempos del ataque atahualpista a esa población del Alto Chira.

En el valle de Catacaos, el grupo Pariñas y los otros formaron parcialidades y no se mezclaron con los demás.

Como consecuencia de esa acción represiva, los campos de cultivo que existían en torno a las quebradas de Pariñas y Honda, vinieron a menos y el curacazgo entró en un periodo de decadencia.

 

El Repartimiento de Pariñas.

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Pizarro antes de partir a Cajamarca, repartió tierras y encomendó indios a los capitanes que se habían distinguido y quedaban en San Miguel. Casi todos los antiguos curacazgos quedaron reducidos a la simple condición de repartimientos. Es decir que de golpe, el antiguo régimen de tenencia de la tierra cambió, y surgieron nuevos dueños de ella. Pero no sólo eso. También se les dio mano de obra gratuita al encomendárseles indios, a los que supuestamente debían de proteger e instruir en la religión católica. Lo único que hicieron los encomenderos fue explotar a los indios a los que redujeron  a la casi condición de siervos como en el  fenecido feudalismo europeo.

Poechos, Tangarará, La Chira, Amotape y Pariñas se convirtieron en repartimientos.

También Catacaos, Pabur, Serrán, Sechura y Punta Aguja.

Paita, Colán y Marcavelica quedaron tan despoblados que resultaron muy pobres y quedaron por el momento vacantes.

Casi inmediatamente de la toma del Cuzco por los españoles, se produjeron las disputas entre Pizarro y Almagro que se convirtieron en sangrienta guerra civil y luego vino la rebelión de Gonzalo Pizarro contra el Virrey Blasco Núñez de Vela. En todos esos hechos tanto Piura, como Paita fueron escenario de acciones importantes, pero los pueblos de pescadores como Máncora, y otros se mantuvieron al margen, posiblemente por su distancia al valle del Chira y a las principales vías de comunicación.

Paita, curacazgo del jefe indio del mismo nombre, se convirtió por casi doscientos años de coloniaje en la principal puerta y puerto de entrada y salida del Virreynato.

La agricultura que los Mochicas, Chimús e incas habían logrado mantener con mucho esfuerzo en las proximidades de las quebradas, se perdió totalmente. Apenas había agua para beber.

La única actividad económica, fuera claro está de la pesca, era la extracción de la brea, que los españoles utilizaban para calafatear el casco de sus naves, para impedir el ingreso del agua.

La industria de extracción de perlas que había existido antes de la llegada de los españoles entre cabo Blanco y Máncora, también se paralizó.

El extinto escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, en su obra “Catac-Ccaosrecoje una versión del abogado Manuel Yarlequé, también cataquense del siglo pasado, y expresa que etimológicamente el vocablo tallán Paric-Anac significa caverna.

EL historiador Juan Paz Velásquez en “Piura en la conquista” I Volumen, al dar una relación de los curacas existentes en época de la Conquista, menciona al de “Pariña y el principal Máncora”.

Los tierras del curacazgo de Pariñas al quedar en estado de abandono fueron considerados pobres  y ningún capitán español las solicitó como repartimiento quedando por lo tanto sin adjudicar como propiedad real o realengas.