CAPÍTULO V

CAPÍTULO V

 

JOSÉ LAMA Y LAS TIERRAS DE MÁNCORA Y PARIÑAS

 

 

 

Ø      José Lama adquiere Máncora y Pariñas

Ø      Máncora y negritos durante la etapa de la emancipación

Ø      La guarnición de Negritos detiene a Sánchez Navarrete

Ø      Lama no pagaba los arriendos

Ø      Quintana compra la mina de Brea

Ø      Máncora, gran hacienda ganadera

Ø      Lama busca la amistad de Gamarra

Ø      Lama adquiere la mina de Brea

Ø      La venta de Máncora fue por 20,000 pesos

 

 

José Lama adquiere Máncora y Pariñas.

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Al finalizar el siglo llegaba a Piura procedente de Trujillo don José Lama Sedamanos, que bien pronto se relacionó con las mejores familias de Piura, contrayendo  matrimonio con doña Luisa Farfán de los Godos y Ramos, que era una rica heredera. Doña Luisa era hija de don Diego Farfán de los Godos y de Doña Josefa Ramos y Castillo, de la que heredó la HaciendaLa Capilla”, cuyos predios se extendían hasta el poblado de “La Punta”. Abuelos de doña Luisa fueron don Pedro Martín Ramos y doña Mariana del Castillo. Esta última a su vez fue hermana de los presbíteros Silvestre y Diego y de don Miguel Serafín, antecesores de Grau, y propietarios de las haciendas de Tambogrande, Huangalá, Somate, y otras.

Como en 1783 el obispo de Trujillo había creado en La Punta una reducción, su población creció enormemente, en forma tal que en 1813 tenía nada menos que 3.659 habitantes, lo cual le daba derecho a tener un cabildo elegido por votación popular de acuerdo a lo dispuesto por las democráticas Cortes de Cádiz.

Don José de Lama que administraba los bienes de su esposa, se opuso, pero el cabildo de todos modos se instaló en 1814. Precisamente en esos momentos en la lejana España ocurrían suceso de gran trascendencia, al retornar Fernando VII al trono, disolver las cortes de Cádiz y dejar sin efecto la constitución democrática y los cabildos elegidos por voto popular. Fue entonces que don José Lama reinició sus pugnas con los habitantes de La Punta.

Pero la ambición de don José Lama no tenía límites y fue así como buscó la forma de apropiarse de las extensas haciendas Máncora y Pariñas de propiedad  del hospital Santa Ana de Piura, administrado por las Madres de Belén.

Veamos lo que al respecto apareció en el diario “La Industria” de Piura el año de 1960. El 14 de abril de ese año, bajo el título a 8 columnas de “La Brea y Pariñas, reclamará la Beneficencia”, se hace un largo historial, por parte del Dr. Carlos León Monzón, por entonces presidente de esta institución, de la forma como la Beneficencia o lo que es lo mismo el hospital llamado después de Belén, perdió las haciendas mencionadas. Dice  La Industria”: “Por el año 1815 los indicados fundos (Máncora y Pariñas) se pusieron en pie brillante despertando la codicia de los hombres, hasta lograr de los conductores, que se otorgase a favor de don José Lama un contrato enfitéutico del dominio útil de la hacienda Máncora por un período de 150 años”. Más adelante dice: “Consumado este atropello contra los pobres enfermos del convento- hospital, don José Lama y su esposa, al recibir el fundo Máncora, con mucha astucia al otorgar la fianza y recibo de inventario, incluyeron también los bienes y capitales del fundo Pariñas, como fácilmente se puede comprobar por la escritura pública del 13 de diciembre de 1815 ya referida”.

Lo peor de todo esto, es que el hospital no se benefició en su economía con el pago de las anualidades del contrato, pues don José Lama entró rápidamente en mora como se verá más adelante.

Cuando fenecía el poder colonial en Piura, los dos más grandes terratenientes eran don José Lama y el marqués de Salinas don Francisco Javier de Fernández de Paredes.

 

Máncora y Negritos durante la etapa Emancipadora.

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Al terminar el siglo XVIII, y con el mismo las últimas etapas del sistema colonial, en lo que ahora es la provincia de Talara no existía ninguna población de importancia. Sólo Máncora y Negritos, tenían alguna significación, ya que el resto eran poblados muy pequeños donde vivían cuantas decenas de familias.

En lo administrativo, religioso y militar, toda esa zona dependía de Amotape  que por esa  época sí  tenía cierta  importancia.

En Amotape existía desde 1770 un escuadrón de dragones que se mantuvo hasta los días en que Piura proclamó su independencia.

Casi como puestos de vigilancia, y dependiendo de Amotape existía en Máncora y en Negritos pequeños puestos militares integrados por unos cuantos individuos de tropa. Estos eran suficientes para mantener la tranquilidad en esos lugares.

Cuando la agitación revolucionaria e independentista llegó hasta Piura, en los pequeños poblados de la hoy provincia de Talara la vida transcurrió sin alteraciones. Sus habitantes casi no estaban enterados de los sucesos que ocurrían en el resto del virreinato y del mundo, y solo se dedicaban a la pesca o aprovechaban como agricultores pequeños, la poca agua que en verano corría por las quebradas. Eso les daba lo indispensable para vivir y quizá algún  poco más para comercializar y tener así los medios de poder hacer otras adquisiciones.

Era don José Lama, el propietario de toda la hoy provincia de Talara, el poder que tenía le permitía intervenir  en la vida social y política de Piura.

 

Guarnición de Negritos detiene a Sánchez Navarrete.

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El 17 de marzo de  1821, los hermanos Andrés y Victoriano Cárcamo, paiteños que eran tripulantes del pailebot español “Sacramento”, lo capturaron a la altura de Negritos, con la ayuda de otros marineros.

El barco había salido del Callao rumbo al norte, pero no podía hacer escala en Paita por que desde enero el puerto había declarado la Independencia.

En  el pailebot iban 25 pasajeros, entre ellos el teniente Agustín Sánchez Navarrete que era portador de importantes pliegos del virrey a las autoridades de Panamá, pues Sánchez debía ver la forma  que llegasen a destino.

Producida la captura del barco, se decidió que varios pasajeros cuyo destino era Paita o Piura, desembarcasen. Un total de 7 personas desembarcaron en Negritos, siendo el teniente Sánchez Navarrete, de inmediato detenido por soldados del puesto patriota de Negritos, y llevado a Piura donde fue entregado al comandante militar del partido que era el mayor Félix Olazábal, el día 18 de marzo.

De esa forma Olazábal pudo enterarse en forma muy anticipada de la rebelión y captura que los hermanos Cárcamo habían hecho para la causa patriota.

Los Cárcamo, con el “Sacramento” recién en la noche del 21 de marzo llegaron a las proximidades de Paita y avisaron al comandante militar del puerto don Francisco Frías Adrianzén de todos los sucesos y que el barco estaba a la disposición de las autoridades patriotas. Es decir que Olazábal supo de la captura antes que Frías. Por eso no fue de llamar la atención que el mayor Olazábal se presentase en  Paita el día 23 en  la mañana muy temprano, cuando aún Frías no había tenido tiempo de avisarle.

Olazábal era un militar argentino muy joven pues sólo tenía 24 años pero era todo un veterano de la independencia de Argentina y Chile. En cambio Frías contaba ya con 56 años y  ostentaba el grado de capitán. Tenía un hijo sirviendo en el ejército en Piura y otro con Torre Tagle en Trujillo.

Junto con Sánchez Navarrete que era paiteño, desembarcaron en Negritos a varias mujeres con sus hijos y servidores, por lo tanto en 1821 Negritos ya existía como caleta.

 

Lama no pagaba los arriendos.

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El 15 de octubre de 1825 los regidores del cabildo de Piura denunciaron la deficiente  atención  que se daba a los enfermos del hospital de Belén y que incluso se negaba en muchas oportunidades a recibirlos. Agregaban que en una visita que habían efectuado encontraron a ocho enfermos hospitalizados varones y en la sala de mujeres a dos; que habían manifestado estar regularmente atendidos en cuanto a alimentación y atención médica. Pero  esas declaraciones las prestaron ante el padre vice-presidente del hospital fray Francisco de la Natividad.

Llamó la atención que el servicio no fuera mejor en el hospital,  por que se suponía que percibía buena renta por el arrendamiento de varias propiedades, sobre todo de sus ricas haciendas de Máncora  y Pariñas, donde Lama había creado una próspera ganadería.

El cabildo nombró a los cuatro regidores denunciantes para que constituidos en comisión, supervisaran el hospital durante un año.

La comisión al revisar los libros de ingresos, comprobó que varios inquilinos de predios estaban adeudando numerosas cuotas, y que nada menos que don José Lama estaba adeudando muchas anualidades. También un señor Farfán de los Godos (pariente de Lama) que ocupaba una casa vivienda en la ciudad de Piura.

Lama fue notificado por el cabildo, pero a pesar de eso no pagó, lo que obligó a una nueva notificación más enérgica y conminativa.

El cabildo de Piura ejercía el patronato del hospital, de acuerdo al acta de fundación del convento de San Francisco, de fecha 29 de julio de 1677 y del acta de entrega del hospital a fray Rodrigo de la Cruz el 27 de octubre de 1678.

 

Quintana compra la mina de Brea.

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Durante los últimos tiempos de la colonia se había establecido el estanco de la brea, pero el Estado mediante adjudicación permitía su explotación por particulares. 

Al promulgarse el 12 de noviembre de 1823 por Torre Tagle la que fue segunda y fugaz constitución, en su artículo 155° suprimió los estancos en todo el país, es decir que se terminaba con el monopolio del Estado sobre ellos.

El jueves 8 de setiembre de 1825 el Libertador Bolívar, expide un decreto según el cual establece que las minas abandonadas, o derrumbadas de antiguos poseedores y las que antes eran denunciables, eran de propiedad del Estado. Luego dispone que tales minas se arrienden o vendan en remate público por cuenta del gobierno adjudicándose su valor a los acreedores que tuviera el Estado, en pago y cancelación de los créditos que hubieran sido debidamente calificados. Es decir, se hizo lo que  ahora  se  llama  privatización.

Fue en virtud de esa disposición legal que el gobierno vendió el 28 de setiembre de 1826 por escritura pública suscrita en Lima ante el notario Julián  de Cubillas, la mina de Brea ubicada en cerro Prieto, conocida como  mina de Amotape, con lo cual el Estado cancelaba una acreencia de 4.964 pesos que tenía con don José Antonio de Quintana.

La adjudicación se refería a una mina de Brea y no mina La Brea que es muy diferente. Por otra parte era concretamente para explotar brea y no para ningún otro producto que estuviera en el subsuelo como más tarde sería el petróleo. El escribir mina de Brea en lugar de mina de brea, daría origen a un problema de mas de 100 años con  repercusión  nacional.

La mencionada mina estaba dentro de la hacienda Pariñas que era conducida por don José Lama, el que claro está no era dueño del subsuelo.

Los dueños posteriores de la mina pretendieron y lograron que el área pequeña que tenía  se ampliara extraordinariamente como mina de la Brea. En la escritura de adjudicación sólo se hablaba de "mina de Brea ubicada en el cerro Prieto” es decir circunscrita a él, pero los posteriores dueños recurrieron a viejos documentos como cuando en 1709 se dio en explotación a Urdapileta. Eso significaba casi toda la actual provincia de Talara, lo que en modo alguno estaba en relación con la deuda de 4.964 pesos que tenía con  Quintana.

Pero hay que aclarar que no fue Quintana, sino los posteriores dueños, es decir Lama, Helguero y las compañías extranjeras, las que hicieron que la pequeña mina de brea se convirtiera por arte de magia, en una enorme extensión de terreno con la fantástica  riqueza  petrolífera.

Fue el error de poner “mina de Brea” en lugar de “mina de brea”, es decir escribir la letra B con mayúscula, lo que fue aprovechado y creó todo el problema posterior.

El decreto de venta decía: “Visto, se adjudica a don Juan de Quintana la mina de Brea  cito en cerro Prieto, en el departamento de la Libertad ... conocida como la mina de Amotape, perteneciente al Estado”.

 

Lama adquiere la mina de Brea.

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Don José de Lama en 1827,  no perdió tiempo. De inmediato tomó contacto con Juan Antonio de Quintana y le compraba la mina de brea. En realidad, Quintana era su testaferro.

El 14 de marzo de 1827 por escritura pública otorgada ante el notario Manuel Núñez se cierra la operación que dice: “Sírvase Ud. extender en  su Registro de Escrituras Públicas, una de traspaso que (Juan Antonio de Quintana) hago de la mina de la Brea de Amotape, sita en Cerro Prieto, que fue propiedad  de la República y ahora mía, a don Mateo de Lama, vecino de esta ciudad, como apoderado y representante de su hermano entero don José de Lama, vecino de Piura, por la misma cantidad de 6.247 pesos en que me fue adjudicada por el Supremo Gobierno en pago de un crédito por igual suma”.

Por el texto anterior se puede apreciar, que siguieron introduciéndose variaciones en la denominación de la mina, y ya  no  se  dice mina de Brea, sino mina “de la Brea”. Es decir que el sustantivo brea que antes servía para denominar a la sustancia betuminosa de la mina, ahora se convierte en nombre de la mina.. Agregar el artículo  determinativo  “la” cambió totalmente el sentido  de  las cosas.

Hay también una precisión en cuanto al monto de la acreencia de Quintana con el Estado, pues antes se dijo que la  acreencia era de sólo 4,964 pesos y ahora se  decía  6,247.

Posteriormente se seguirá con el juego de palabras  y entonces se hablará de la “Hacienda Mineral de La Brea”.

La realidad era que la mina sólo tenía una extensión de 3 hectáreas pero más tarde se convirtió en los ricos yacimientos de petróleo.

En 1915, cuando nuevamente se agitó el asunto y motivó enconados debates en el congreso, el gobierno dio el 22 de mayo de ese año, una resolución suprema desconociendo que la mina original hubiera abarcado las áreas de la Brea y Pariñas y sólo  la circunscribía a La Brea, y  aún  eso  era mucho  más de lo que  debió  ser.

Lama mediante el contrato enfitéutico que había celebrado con el  hospital de Belén, controlaba el uso del suelo de una enorme extensión. Pero  aún no era propietario,  del  subsuelo no obstante que los 150 años que le daba el contrato, le permitía el dominio  útil del suelo  hasta su cuarta generación.

Lo que en realidad quería Lama era convertirse en propietario absoluto, del suelo y del subsuelo, en una extensión que en Europa correspondía a muchos reinos. Al  fin  lo conseguiría,  poco tiempo después.

Por lo pronto, ya había empezado a ser también propietario  de  parte  del subsuelo. El tiempo haría el resto.

Lama era un hombre de muchas influencias. El  4 de enero de 1821 fue un buen colaborador de Jerónimo Seminario y Jaime en la Proclamación de la Independencia de Piura y resultó elegido alcalde de 2do voto en el primer Cabildo Independiente de Piura. Posteriormente se presentó como candidato al 1er Congreso Independiente pero no fue elegido, lo que en cambio sí logró el marqués de Salinas, Francisco Javier Fernández de Paredes, con quien tenía notoria enemistad.

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Máncora gran Hacienda Ganadera.

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El nuevo conductor de la hacienda Máncora, don José Lama supo aprovechar de los pastos naturales que había en el extenso fundo y bien pronto logró convertirse en propietario de ganado vacuno, caballar y mular.

Sus vinculaciones personales le permitieron ser uno de los principales proveedores del ejército  en  la región.

El año de 1828 fue de intensas lluvias, las cuales fueron excepcionales copiosas sobre todo, a mediados del mes de marzo, haciendo crecer grandemente a las quebradas que desembocan en el océano Pacífico. Tras de los daños que las lluvias e inundaciones siempre causan, quedó en toda la zona de Máncora y otros lugares próximos un manto verde de pasto, que permitió a Lama incrementar su capital ganadero.

Por entonces ya Bolívar no estaba en el Perú, se había suprimido la constitución vitalicia y convocado a un nuevo congreso que en abril de 1828 promulgaba una nueva constitución que de inmediato juró el presidente José de la Mar. Las autoridades de Piura, juraron esta constitución los días 25 y 26 de  mayo.

Mientras tanto los problemas entre Perú y Bolívar que regía la Gran Colombia se habían puesto muy tirantes y el 3 de  julio de 1828 el Libertador declaró  la  guerra  al  Perú.

El presidente La Mar actuó prontamente y el 23 de  setiembre  del mismo año, con la escuadra y numeroso ejército llegaban a Paita y sigue luego a Tambogrande donde se acantona por breve tiempo y prosigue rumbo a la frontera para ingresar al sur del Ecuador, país que era parte integrante de  la Gran  Colombia.

El ejército peruano ajustó un contrato con José Lama para que lo abasteciera de carne de ganado vacuno y también caballar y mular. Para poder ajustar estos tratos se  levantó a José Lama la sanción de confinamiento en Piura, que cumplía por sospechas relacionadas con asuntos políticos.

Para llevar el ganado desde Máncora hasta Tambogrande, se tenía que hacer un gran rodeo que demandaba mucho tiempo y las necesidades de carne  para los soldados eran de urgencia. Considerando Lama  según dijo; el interés nacional, metió a sus ganados por las tierras de Mallares de Francisco Javier Fernández de Paredes, como camino más corto, pero era el caso que también en Mallares habían pastizales y los animales en tránsito lo aprovechaban para su alimentación. Ante esta situación el marqués de Salinas, propietario de Mallares se opuso al paso del ganado y Lama se quejó ante La Mar. El 1° de noviembre el presidente en campaña notificaba al marqués de Salinas por intermedio del subprefecto de Piura para que no opusiera dificultades al paso del ganado y que  posteriormente  hiciera  sus  reclamaciones.

En 1826, Lama era propietario del subsuelo en la mina de brea y a la vez usufructuario  del suelo de las haciendas Máncora y Pariñas. A esta última  se  la llamaba  indistintamente hacienda La Brea.

La hacienda Máncora limitaba por el norte con los corrales de Tumbes (después se llamó, Corrales al sitio) y la hacienda Plateros. Por el este con las haciendas Zapayal, Cazaderos, Jaguay Negro, Pazul y Tangarará. Por el sur limitaba con la quebrada Pariñas y por el oeste con el Océano Pacífico.

La hacienda La Brea tenía como linderos, por el norte quebradas Honda y Pariñas por el sur las barracas de Amotape y el valle del Chira. Por el este las montañas de cerro Prieto y por el oeste  el océano Pacifíco.

En  total, mas  que  la actual  provincia de Talara.

Diego Lama, uno de los dos herederos de don José Lama, en 1870 ya conocía la importancia del petróleo y que las tierras de su propiedad  eran  ricas  en  ese  hidrocarburo.

 

Lama busca la amistad de Gamarra.

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El 31 de diciembre de 1828 llegó Gamarra con otro contingente de fuerzas y se  unió  en Ecuador a las fuerzas  de  La  Mar.

Luego se inició la campaña militar y se produjeron las acciones de Saraguro y Portete de Tarqui que no fueron favorables a las armas peruanas y por convenio  motivaron la retirada del Ejército Peruano del Ecuador. En abril estaba La Mar nuevamente en Piura dispuesto a continuar la  guerra  por Guayaquil que ocupaba el ejército peruano y  donde  triunfaban  nuestras armas

Para atender a las necesidades del ejército, en 1829 se solicitaron a personas pudientes de Piura préstamos. Don Francisco Távara prestó 2.000 pesos al comisariato de Guerra y don José Lama prestó 5.660 pesos que debían ser devueltos en Lima a García y Cía. que eran acreedores de Lama.

El 7 de junio el general  Gamarra depone al presidente La Mar y lo deporta asumiendo el poder. Durante el tiempo que Gamarra estuvo en Piura, fue frecuentado por don José Lama el que logró la amistad del caudillo militar, que le iba a producir con el tiempo muy buenos dividendos.

 

Lama adquiere propiedad de Hacienda Máncora.

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Después de la deposición y destierro de La Mar, se había convertido el general  Gamarra  en  el presidente y hombre  todo poderoso del Perú.

Don José Lama sacó muy buen provecho de eso. De inmediato inició gestiones en Palacio, para que se cambiase el contrato de arriendo enfitéutico que tenía de la hacienda Máncora, por otro de propiedad definitiva.

En agosto de 1831 llegó al cabildo de Piura una comunicación que aparentemente procedía de Lima, pero que podía establecerse había sido remitida desde Trujillo alertando a los cabildantes, de que se se estaba gestionando  ante el presidente Gamarra la compra de Máncora de parte de Lama. No obstante que la comunicación no tenía firma y era por tanto anónima, el cabildo de Piura encomendó al diputado Juan Antonio Távara Andrade, para que se opusiera a la venta, lo que creía lograr por que el parlamentario piurano era nada menos que presidente de la cámara de diputados.

Pero ya era tarde. En realidad Lama había andado muy rápido con Gamarra y desde  hacía  mas  de  un  año  se  había decidido  e l asunto.

En forma muy abusiva y reservada, pues no era el Estado,  el propietario de la hacienda Máncora ni se había cumplido con el requisito previo de la expropiación, Gamarra por decreto dispuso que se entregara en venta, el dominio  directo  de  la hacienda  Máncora  por 43.926 pesos.

Como era lógico suponer eso motivó protestas airadas del cabildo de Piura y de las religiosas del hospital de Belén. Para calmar a la opinión pública, el Estado acordó el  pago a perpetuidad, de una renta anual de 2.070  pesos, que  se estuvo pagando hasta la década del 50 del reciente siglo XX.  

En 1988, el Dr. Héctor Lama Lama, ya fallecido, informó al autor de esta historia que su antepasado se comprometió a entregar semanalmente un “camarico” al hospital de Belén. Lama cumplió casi hasta el momento de morir con este compromiso y el mayordomo del fundo “La Capilla” Pedro Sandoval, se presentaba religiosamente con un asno cargado de frutas, hortalizas y aves, al convento.

En realidad Sandoval era un hijo natural de Lama, pero tenía el apellido de la madre. A la  entrada del cementerio de Sullana se encontraba hasta 1980,  su tumba  en un cúmulo de adobe, y de acuerdo a ella murió el 29 de agosto de 1894.

El Dr. Héctor Lama, con mucho sentido del humor, decía que con el correr de los años las monjitas se olvidaron de la razón que movía a don José de Lama para el regalo del “camarico” y le pusieron el halagador sobre nombre de “El padre de los pobres”.

Lama falleció en 1850 en La Capilla y sus restos fueron trasladados a Piura y sepultados en el cementerio San Teodoro. En el Cuartel San Carlos, Nicho 14 reposan sus restos y en la modesta lápida dice que  fue “El padre de  los pobres”.

Hay un documento, en el que se menciona que el valor de la venta fue por  20.000 pesos de los que Lama había quedado debiendo 7.000.

 

La Venta de Máncora fue por 20 mil pesos.

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Un documento permite establecer que la venta fue en realidad, no por 43.926 pesos sino por 20.000 y que cuando llegó el anónimo al Cabildo de Piura alertando sobre las pretensiones de Lama, hacía ya casi un año se había cerrado la operación. El documento es el siguiente:

Casa de Gobierno de Lima a 23 de octubre de 1830.

Señor Ministro de Estado en el Despacho de Guerra.

Señor Ministro.

Con esta fecha digo al señor Prefecto del Departamento de la Libertad  lo  que sigue:

“Señor Prefecto. Habiendo puesto a disposición del Gobierno, don Juan José Vega Bazán a nombre de don José de Lama, una letra de trece mil pesos girada contra don Juan Távara del comercio de esta ciudad, cuyo pago ha sido aceptada por éste; cuatro mil pesos a los 15 días de la fecha, y el resto en fin del entrante noviembre; en reintegro a los veinte mil que debe de entregar por el valor del dominio directo de la hacienda Máncora y cuya cantidad se previno a V.S. en orden del 8 del corriente, dispusiese su cobro a la mayor brevedad; se ha  resuelto por Decreto de este día, que la referida orden del 8, solo se entiende por los siete mil pesos restantes.

Tengo el honor  de transcribir a V.S. para su gobierno y demás efectos.

Dios Guarde a V.S.

José María de Pando

José Lama era un hombre muy despierto y que desplegaba una gran actividad  lo que  lo llevó a iniciar toda clase de empresas.

Estaba dedicado en parte a la rentable industria del jabón, para lo cual adquirió la famosa casa-tina, al norte de lo que ahora es el templo de la Cruz donde López Albújar ubica el drama de  su  novela “Matalache”.

Como disponía de una gran cantidad  de mulas, Lama se dedicó al arrieraje. En 1831 fue  director del colegio del Carmen que antecedió a San Miguel y en marzo de 1837 asumió la dirección de la Beneficencia Pública de Piura,  pasando  a partir de entonces el hospital de Belén a ser controlado por esa institución  en  lugar del concejo provincial. De esa forma Lama  silenciaba todo reclamo  sobre  la  venta  de  Máncora.

La otra letra de 13.000 pesos no fue pagada a su vencimiento, por cuyo motivo el Estado apremió a Lama.