CAPÍTULO VI

CAPITULO VI

 

GENARO HELGUERO DUEÑO DE LA BREA Y PARIÑAS

 

 

 

Ø      Primeras noticias sobre el petróleo.

Ø      Juan Genaro Helguero dueño de la Brea y Pariñas.

Ø      Los 13 herederos de Diego Lama.

Ø      Faustino Piaggio inicia la explotación del petróleo.

Ø      Genaro Helguero consolida la propiedad de la Brea y Pariñas.

Ø      ¿Era Fowks dependiente de Helguero?

Ø      La gran venta.

Ø      Triste situación de quien fuera rica propietaria.

Ø      Importante papel de Máncora en la Guerra con Chile.

 

Primeras noticias del Petróleo

ARRIBA

Don José de Lama murió el año 1850 en su fundo La Capilla cerca de Sullana, dejando su inmensa fortuna a sus dos hijos legítimos y a su esposa.

Por propia voluntad fue enterrado en Piura, dividiendo a Máncora en tres secciones.

Doña Luisa Farfán de los Godos como esposa, recibió toda la Hacienda Pariñas, su hijo Diego recibió Máncora y su hija Josefa, la hacienda La Brea.

Doña Josefa Lama Farfán de los Godos vivió con su madre hasta la muerte de ésta el año de 1857 y entonces doña Josefa acrecentó su heredad recibiendo la hacienda Pariñas.

Doña Josefa siempre permaneció soltera, convirtiéndose en amante de su pariente  Juan Genaro  Helguero. Vivía  apartada de todos en una casa  hacienda próxima a Amotape, habiéndose  dedicado a la bebida en los  últimos años  de su vida.

Don Diego Lama Farfán de los Godos, el otro hijo de don José; fue un tremendo mujeriego llegando a tener 13 hijos.

A la muerte de don José Lama, las extensas haciendas eran ganaderas y sólo pequeñas áreas cercanas a las quebradas  se  dedicaban  a la  agricultura.

La mina de Brea, no era por entonces muy rentable. La sustancia que se lograba extraer o sea la brea, reemplazaba a la grasa de ballena, que estaba escaseando, y se utilizaba para alumbrar con mecheros.

Parece sin embargo que un sexto sentido había hecho que don José Lama, pusiera tanto interés en la mina  de brea.

Por entonces, se principió a utilizar en Estados Unidos con mucho éxito para fines de alumbrado, un combustible líquido llamado kerosen o kerosene que se lograba por destilación, de una sustancia que afloraba del suelo y se llamaba petróleo o aceite de piedra.

En 1859 un minero norteamericano llamado Edwin Drake, utilizó por primera vez un barreno para reforzar un pozo, y mediante una tubería de metal hizo aflorar el petróleo en gran cantidad.

A partir de entonces, cundió en Estados Unidos una fiebre de perforaciones y tanto el petróleo como el kerosen  tuvieron  gran  demanda.

El maravilloso combustible, es decir el kerosene llegó a Lima en 1861 y bien pronto su uso se generalizó.

Don Diego Lama comprendió de inmediato que en las tierras heredadas de su padre existía una fabulosa riqueza, iniciando de inmediato labores de exploración petrolífera. Para tal fin, contrató a varios geólogo logrando informes favorables.

La primera empresa para explorar el petróleo peruano fue formada por Diego Lama y el cónsul inglés en Paita, Mr. Rudens.

Los socios contaban también con un informe favorable del investigador don Antonio Raimondi.

La sociedad contrató los servicios del ingeniero francés Ferrier, el que en la playa de Zorritos procedió abrir zanjas, extrayendo cierta cantidad de petróleo, de las que se enviaron muestras a Estados Unidos e Inglaterra para ser analizadas habiendo  sido  los  resultados  altamente  satisfactorios.

Alentados por los resultados, el 2 de noviembre de 1863 dan inicio en Zorritos  a la perforación del Pozo 4, el primero en América del Sur y el 26 del mismo mes, y cuando la broca sólo había penetrado 25 metros, brotó el petróleo.

Los dos empresarios se asociaron en 1864 con el norteamericano Larkin, que representaba a un grupo de capitalistas de Estados Unidos y se formó la Peruvian Petróleo Company, que aportó el dinero suficiente para adquirir modernos equipos de perforación iniciando la producción en apreciable escala. Se perforaron 4 pozos más y se continuó laborando normalmente hasta 1869. La empresa puso su campamento en Máncora y una oficina en Paita. Todo eso ocurría en la llamada hacienda Máncora de don Diego Lama que  arrendó a la Peruvian  Petroleum Company,  parte de sus tierras  por 10.000  libras peruanas.

Poco antes de 1882, murió Don diego sin testamento y dejando como herederos a 13 hijos tenidos en diversas madres. Con la muerte de don Diego, la Peruvian Petroleum Company entró en crisis por desacuerdos entre los socios  Rudens  y Larkín, y por no poder entenderse con los 13 herederos.

En 1960, el Dr Héctor Lama Lama, aseguraba en el diario “La Industria” de Piura, que su bisabuelo don Diego, recibió las 10 mil libras peruanas, no en efectivo sino en acciones  de  la Peruvian  Petroleum Company.

Agregaba el Dr Lama; que después don Diego arrendó a la London Petroleum y por 400.000 dólares y por 60 años la mayor parte de las tierras de Máncora. En eso hubo un error del Dr. Lama pues la London entra en escena muchos años después de la muerte de don Diego.

Mientras tanto, en la Hacienda La Brea de propiedad de doña Josefa Lama, también se habían hecho exploraciones y algunas perforaciones con bastante éxito.

 Así mismo; doña Dolores Díaz, otra heredera de don Diego, estimaba en el mismo año 1960, que los bonos que recibieron los 13 herederos , se cotizaban en 10 millones de soles, pero lo cierto es que tales bonos ya habían perdido en 1960 su valor. De  todos  modos, eso era lo que querían rescatar los bisnietos.

 

Juan Genaro Helguero  y Genaro Helguero dueños de Brea  y Pariñas

ARRIBA

El año  1960 se revivió en Piura el asunto de la propiedad de la haciendas Máncora, La Brea y Pariñas. El diario “La Industria” se ocupó ampliamente del asunto por varias semanas. Entre otras cosas se publicaron las declaraciones de la señorita María Luisa Lama Díaz, una de las descendientes de don Diego Lama y por entonces de avanzada edad. Decía doña María Luisa: “La herencia de la Brea y Pariñas por parte de don Juan Genaro Helguero Lama y sus 6 hijos, resulta sospechosa, ya que la cedente, su tía Josefa, murió de un momento a otro como consecuencia de un derrame cerebral y por lo tanto es difícil creer que haya tenido tiempo de hacer un testamento en el que aparecen como herederos varios de sus servidores y su pariente Juan Genaro Helguero”. 

En otras declaraciones, doña Luisa aseguraba que Helguero mantenía a su tía alejada de todo el mundo, casi secuestrada en una zona aislada y que doña Josefa se había dedicado a la bebida hasta su muerte en agosto 1872.

Es por lo tanto a partir de 1872 que Helguero empieza a figurar en lo que podríamos llamar la historia del petróleo peruano.

Genaro uno de los 6 hijos de don Juan Genaro que también había resultado heredero, logró comprar las otras acciones o participaciones y de esa forma en muy breve tiempo, consolidó en su sola persona, casi todo lo que había sido la enorme heredad de la Brea y Pariñas, de que  las que había sido dueña doña Josefa Lama. Por lo tanto el nuevo propietario era Genaro Helguero.

Cuando eso pasaba, el 28 de abril de 1873, se daba una Ley sobre el régimen de pertenencias para las minas de carbón y de petróleo. Se denominaba pertenencia, a la unidad de extensión minera, fijándose en 40,000 m2 cada pertenencia. Se mandó igualmente que todos los dueños de minas presentaran sus títulos o comprobantes al Tribunal de Minería de Lima, para su revalidación, dándose un plazo de cuatro meses contados a partir de la promulgación de la Ley, es decir que ese plazo vencía el 28 de agosto de 1873. Pasado ese plazo, todo título no revalidado se consideraría nulo y sin valor, cualquiera que fuera su origen.

Más tarde, en 1877 el Gobierno estableció como canon minero, la suma de S/. 15.00 por cada pertenencia.

Don Genaro, fue omiso; es decir no acató ninguna de las dos leyes pues ni revalidó los títulos de la mina de brea, ni pagó canon, con lo cual desde el punto de vista legal había perdido la propiedad de dicha mina.

Si bien es cierto que junto con las extensas haciendas de la Brea y Pariñas, lo que había recibido por compra también era la mina de brea y no de petróleo; no podía hacer como que ignoraba la existencia de los importantes  yacimientos de petróleo dentro de lo que ahora era su propiedad, pues ya se habían perforado varios pozos.

 

Los 13 herederos de Diego Lama.

ARRIBA

Cuando don Diego Lama Farfán de los Godos murió en 1882, la gran hacienda Máncora quedó como un bien indiviso de propiedad de los 13 hijos reconocidos tenidos en 6 mujeres

Todavía subsistía la Peruvian Petroleum Company, cuyos otros socios eran el inglés Rudens y el socio capitalista norteamericano Larkin. Como entenderse con tanta gente y en especial con los esposos de las herederas era difícil, la sociedad terminó por entrar en inactividad. Se tomó otra Compañía, la Peruana de Refinar Petróleo.

El Dr. Rafael León fue nombrado para que hiciera el reparto de la Hacienda en 13 secciones de igual valor. Eso dio origen a como era lógico que las secciones fueran de diferente extensión.

En 1882, ya muchos de los herederos habían vendido sus acciones y derechos de tal manera que cuando se hizo la división y participación, los lotes adjudicados tenían otros propietarios.

Los 13 propietarios fueron los siguientes:

Don Pedro Sandoval que había comprado las acciones y derechos de doña Dolores María Lama Saavedra de Reyes casada con don Nicanor Reyes. La tumba de don Pedro se encuentra a la entrada del cementerio de Sullana. En vida había sido el mayordomo de todas las haciendas de don José Lama Sedamanos y se aseguraba que era su hijo  y que tenía el apellido de la madre.

El Dr. Eguiguren era poseedor de las acciones compradas a Dolores Andrea Lama Mauricio, casada con don Lucas Barreto Franco.

El súbdito italiano José Figallo Tassara, compró a Juana Lama Otoya, casada con don José Cardó Granell.

Doña Dolores Díaz León, compró a su pariente Josefa Lama Varillas las acciones de ésta. Doña Josefa estaba casada con don Atabaliba Arellano. Doña Dolores se hizo representar en la reunión convocada por el abogado Dr. Rafael León,  por don Daniel Franco, vecino de Sullana.

Doña Aurora Lama Saavedra, casada con don Pedro Merino Vinces.

Don Alegría Lama Saavedra.

Don José Lama Arismendi, abuelo de “Sofocleto”.

Don José Andrés Lama Guerrero.

Don Pedro Rafael Lama Otoya.

Don Belisario Daniel Lama Roa.

Don Gumercindo Lama Saavedra.

Don Diego Lama Otoya.

Don Victorino Lama Roa.

La mayoría de los herederos y de los nuevos propietarios eran vecinos de Sullana lugar donde lograron mucha figuración en diversas actividades. Pero casi ninguno se percató de las inmensas riquezas que habían heredado, que como la lámpara maravillosa de Aladino, puso a su disposición tan fabulosa fortuna. Los maridos de las ricas herederas, prefirieron vender irresponsablemente las acciones y derechos por un plato de lentejas. Años más tarde se les vería exhibir su pobreza por las calles de Sullana.

Los otros, que no vendieron, tampoco pudieron sacar provecho de lo que tenían. Por eso el escritor paiteño Sofocleto, juzgaba duramente a su abuelo y lo calificaba del más grande “cojudo” de la historia en uno de sus libros.

La protocalización de la división  y partición se hizo ante el notario público de Piura don Isidoro Bustamante el 14 de marzo de 1882.

El Dr. Héctor Lama Lama, aseguraría años más tarde, en 1960, que cuando en 1882 los trece herederos hicieron la división y partición de las tierras heredadas , quedaron  en condición de indivisas, las secciones llamadas Rica Playa y Cazaderos en Tumbes, así como Collonitas en el tablazo de cabo Blanco, que fueron después concesiones de la Compañía Petrolera Lobitos, antes llamada Lobitos Oil Field .

Doña María Luisa Lama Díaz, otra de las descendientes de Diego Lama Farfán de los Godos, también  manifestaría en ese mismo año de 1960, que esas secciones y otras más, no estuvieron nunca comprendidas en las sucesivas ventas y transferencias que habían hecho los 13 herederos.

Estas secciones indivisas, fueron motivo de un reclamo judicial en 1960 por los Lama.

Las 13 secciones, se encontraban atadas por el contrato que había celebrado don Diego Lama como socio de la Peruvian Petroleum  Company,  a la que había entregado sólo para explotación como parte de sus aportes.

Faustino Piaggio inicia explotación del Petróleo.

Las acciones y derechos dentro de la empresa que antes tenía Diego Lama, ahora las tenían 13 propietarios. Esto precipitó las cosas en 1883 en plena guerra con Chile y la empresa entró en liquidación. Muchas acciones fueron adquiridas por la Compañía Peruana de Refinar Petróleo que se formó y que tenía como principal accionista al empresario norteamericano Henry Smith.

Como hemos dicho antes, la hacienda Máncora limitada por el norte con los llamados corrales de Tumbes, hoy distrito de Corrales y con la hacienda Plateros. Eso incluía por lo tanto toda la zona de Zorritos en donde había gran actividad de extracción petrolífera en 1882.

El Capitán Henry Smith, compró a los herederos de Diego Lama que eran propietarios de la Sección Zorritos, sus acciones y derechos y se convirtió en propietario. Fue entonces el único propietario de los yacimientos de Zorritos, haciendo construir una pequeña refinería en las proximidades del río Tumbes en donde refinaba kerosene que en barriles de madera enviaba a Lima utilizando el pequeño vapor “Máncora”.

El año 1890 se hundió “El Máncora” con un cargamento de petróleo, lo que causó un serio quebranto financiero en Smith. Uno de los socios de la empresa formada por Smith para explotar el petróleo era la firma “Basso Hermanos y Piaggio” que al mismo tiempo era la principal acreedora de la Compañía Peruana de Refinar Petróleo, la que con el naufragio del “Máncora” se endeudó más con la empresa de Piaggio. Poco tiempo después muere Henry Smith y la “Busso Hermanos y Piaggio” se convierte en la única propietaria de los yacimientos de Zorritos.

¿Quién era don Faustino Piaggio?

ARRIBA

Era un italiano natural de Génova, que había llegado al Perú en 1862 cuando sólo tenía 18 años. Al desembocar en el Callao no tenía un solo centavo, pero llegaba lleno de entusiasmo con el deseo de hacer fortuna. Muchos extranjeros hicieron lo mismo y al igual que Piaggio lo lograron.

Obtuvo pronto trabajo como empleado de mostrador en una tienda de abarrotes durante ocho años mostrando honradez y laboriosidad. Sol más sol, fue juntando un pequeño capital y en 1871, se asoció con otros italianos, los Hermanos Basso. Tres años más tarde, se casa con Rosa Basso hermana de sus socio y socia también.

El otro Basso, Eduardo le transfiere las acciones y  derechos que tenía en la empresa “Basso Hermanos y Piaggio” por 68.000 soles con facilidades de pago, dentro de la transferencia se contaban también los yacimientos de Zorritos que valían 25.200 soles.

De esa forma Faustino Piaggio se convirtió en propietario único de los yacimientos y refinería de Zorritos. El territorio de estos yacimientos comprendía las secciones llamadas “Sechurita” y “Malpaso”. No contento con eso, Piaggio compró a otros herederos Lama, la zona de  Bocapán. Es decir que Piaggio era propietario de varios lotes y otros tenía en arrendamiento.

Así empezó a funcionar la empresa petrolera de Piaggio, que sus herederos tuvieron hasta 1939 cuando el gobierno la compró.

Los yacimientos de Zorritos, fueron la base de la fortuna de los Piaggio. También el año 1883. Otra empresa petrolera principió a actuar en Los Órganos. Se trataba de la Compañía  Petrolera Thorne.

Helguero consolida propiedad de Brea y Pariñas.

ARRIBA

Como hemos visto antes, don Genaro Helguero fue omiso a la revalidación de los títulos de la mina de brea, tal como lo mandaba la Ley de 1873 y tampoco empezó a pagar en 1877 el canon por cada pertenencia.

Durante más de 10 años Helguero había permanecido con un aparente poco interés por las riquezas de la Brea y Pariñas de su propiedad, pero tenía el pleno convencimiento que en esas tierras al igual que en la hacienda Máncora también habían ricos yacimientos de petróleo.

Fue recién en 1885 que Helguero empezó a regularizar sus títulos cuando empresarios extranjeros mostraron gran interés por los yacimientos de la Brea y Pariñas, pero querían todo saneado y Helguero sólo poseía los títulos de una pequeña mina de brea. Aun esos títulos habían caducado por que no los había revalidado en 1872. En resumen, Helguero ya no era propietario de la superficie de las extensas haciendas de la Brea y Pariñas, y tampoco del subsuelo de la mina de brea de solo tres hectáreas, pues  esos títulos ya no tenían valor legal.

Don Genaro tenía mucho que hacer por delante. Ante todo había que gestionar la regularización de la revalidación de sus títulos de propiedad y para eso debía ante todo pagar el canon petrolífero que debía desde el 12 de enero de

1877, es decir 9 años y Helguero deseaba ahorrarse ese pago. El otro gran proyecto que tenía  era que la pequeña mina de brea de 3 hectáreas se convirtiese en yacimientos de petróleo que abarcasen  toda la extensión de sus haciendas de la Brea y Pariñas.

El 12 de enero de 1886  terminada la guerra, Helguero solicitó al juez de Paita  Dr. Hernández que le diera posesión judicial de la propiedad del suelo y de los minerales del subsuelo, de la “Brea y Pariñas”.

De esa forma, a golpe y porrazo buscaba Helgero convertirse de poseedor de una mina de brea de 3 hectáreas, a la de propietario de “los minerales” que se encerraran en toda la enorme extensión de las haciendas Brea y Pariñas.

Era Helguero un personaje muy influyente y con gran poder político. Por entonces postulaba como diputado por las filas del general Cáceres y todo hacía suponer que ganaría.

Al juez Hernández no le  quedó más recurso que acceder a lo que solicitaba Helguero, que en junio del mismo año lograba su elección como diputado. En  la misma elección también por las filas de Cáceres resultó elegido José Lama Arizmendiz como diputado por Paita.

De esa forma, Helguero tuvo los títulos de posesionario de los yacimientos de la Brea y Pariñas.

El segundo paso a dar era en Lima, pero ya Helguero era diputado y eso aseguraba que las puertas se le seguirían abriendo. Fue así como el 12 de octubre de 1887 con la documentación que le otorgó el juez de Paita solicita al gobierno que se le reconociera como propietario único y absoluto, tanto  del suelo como del subsuelo de las haciendas La Brea y Pariñas.

De ese modo, Helguero iba a pasar de simple posesionario a propietario absoluto del suelo y del subsuelo de una extensión tan grande como la de algún estado europeo. Por otra parte, al pedir que se le reconociera como propietario único avasallaba con los derechos e intereses de otros pequeños propietarios, a los que doña Josefa Lama por su condición de ex-servidores, les había dejado pequeños lotes de terreno.

Pero no solo eso, la ambición de don Genaro no tenía límite y se sentía alentado por el gran poder político que tenía. Pidió también que esas tierras se declarasen al margen de las leyes y ordenanzas de 1873 que disponía la revalidación de todos los derechos de propiedad de las minas y la de 1877 que establecía un canon anual a pagar por pertenencia. Lo cierto era que Helguero había perdido su derecho de propiedad por ser omiso a la Ley de 1873; pero ahora buscaba un privilegio y una excepción. Para justificar su pedido se remontaba a la fecha en que el estado transfirió a Quintana en 1826 una mina de brea y luego saltándose a la garrocha a don José de Lama, a doña Luisa Farfán de los Godos de Lama y a doña Josefa Lama Farfán de los Godos, se limitaba a decir y por transferencias sucesivas hasta llegar al peticionario Genaro Helguero.

Helguero no reparaba en que la mina que compró Quintana era de brea y no de petróleo y  que sólo se circunscribía a los alrededores de cerro Prieto, es decir no más de tres hectáreas y que ahora deseaba se transformase en un enorme terreno de miles de hectáreas.

Pero siempre han habido  jueces probos. El Fiscal de la Nación don Manuel María Gálvez, opinó  que no se podían reconocer derechos sobre minas, distintos a los que señalaban las leyes y que la transacción y adjudicación de la mina de brea que el Estado hizo a Quintana en 1826, estaban perfectamente encuadrada en las leyes de minería vigentes en 1826.

Al finalizar expresaba su opinión de que se reconociera a Helguero como propietario de la mina  La Brea, con la extensión fijaba en sus títulos, es decir tres hectáreas y que así se le inscribiera en los padrones como propietario.

Helguero había tratado que se entendiese como una sola denominación cuando hablaba de la hacienda de La Brea y de la mina de brea, como si fuera un todo indisoluble; y todavía más: cuando hablaba de la hacienda La Brea, también involucraba a la hacienda Pariñas.

EL trámite de la gestión del Helguero aunque rápido, le fue algo desfavorable. El 29 de octubre del mismo año, se expide una Resolución en la que el gobierno reconoce a Helguero como dueño de la mina “La Brea”, con la extensión indicada en los títulos, debiendo abonar en forma provisional por solo tres pertenencias irregulares, mientras se hacia la mesura correspondiente.

De acuerdo a Ley habían pertenencias regulares e irregulares, las pertenencias regulares, eran cuadrados de hasta 200 x 200 metros lo que daba 40.000 m2 o lo que es lo mismo 4 hectáreas.

Las pertenencias irregulares, no tenían extensión fija.

Las activas gestiones de don Genaro permitieron que en la Resolución del 29 de octubre de 1887 que aparentemente recogía lo opinado por el Fiscal de la Nación, se hablase de tres pertenencias irregulares. Eso le iba a ser suficiente a Helguero para actuar. Sin embargo, logró que el 22 de diciembre se diera otra resolución suprema reconociéndolo como dueño absoluto y el único que podía explotar los yacimientos.

Nuevamente el asunto retorna a Paita donde el Juez Hernández, para que, dando cumplimiento a lo dispuesto por la Resolución del 29 de octubre, procediera hacer la medición o mesura de las antedichas tres pertenencias irregulares.

El 10 de enero de 1888 se efectuó la diligencia de mesura. Asistieron el escribano Modesto Ramos y como perito Eduardo Fowks que se aseguraba era empleado de la firma comercial Helguero. Naturalmente también don Genaro se hizo presente.

Helguero presionó para que como área de la concesión minera se comprendiera a toda la Hacienda la Brea, haciendo consignar en el acta que se levantó, que los límites de tal hacienda eran por el norte Quebrada Honda, por el sur los barrancos de “Amotape”, por el este el Cerro Prieto y por el oeste el océano Pacífico. Es decir que comprendía desde Punta Capullanas, incluyendo caleta Malacas, Talara y Negritos.

Para esa enorme extensión, se consideró como mesura definitiva la cantidad de 10 pertenencias irregulares, con lo cual resultaba que cada pertenencia tenía una enorme extensión y no 40.000 m2 también, en forma muy intencionada, don Genaro hizo consignar en el Acta: “Encontrándose uno que otro pozo de petróleo en actual explotación, tanto en el sitio llamado -La Brea- como a orillas del Mar en el denominado Negritos”. Por entonces la caleta de Talara no tenía mayor significación.

En los debates que por la llamada Cuestión de la Brea y Pariñas se suscitaron en 1915 se aseguraba que tanto Hernández como Fowks eran empleados de Helguero. De acuerdo al informe emitido por el perito, la extensión del fundo La Brea era de 1.300 km2 es decir 1.300 millones de m2 lo que significaba que cada pertenencia irregular tenía un promedio de 130 km2 lo que era inconcebible.  

En 1915 cuando se hizo una nueva medición, se encontró que el número de pertenencias no eran 10 sino  ¡41,614 !.

Con el acta de la diligencia de mesura, Helguero viajó de inmediato a Lima y actuando con gran rapidez, logró que el 28 de enero del mismo año de 1888,  se expidiera resolución suprema, aprobando la mesura, y se disponía que se inscribiese así en  el Padrón de Minas.

La celeridad con que actuó la administración pública, siempre tan lerda, da la medida de que en todo tiempo, en el Perú los poderosos lo consiguen todo y pronto, no importando que se atropelle la ley, la justicia y la razón.

Así, de la noche a la mañana, don Genaro Helguero, se vio dueño de una tierra fabulosamente rica que al igual que los actuales jeques árabes, lo iban a permitir ser enormemente adinerado, todo en base a lo que había sido propiedad de doña Josefa Lama Farfán de los Godos. De esa forma, fueron a dar a manos extrañas, buena parte de la fortuna que logró amasar don José Lama Sedamanos que se vio precisado a usar todos los medios, sin importarle la naturaleza de ellos.

Los capitalistas ingleses estaban esperando que Helguero regularizara la situación de la Brea y Pariñas, para proceder a la compra.

Desde meses atrás se habían realizado reuniones y se había llegado hasta tratar el precio de venta.

Fue así como el 3 de febrero de 1888, es decir a solo 5 días de la inscripción en el Padrón  de minas, se realizó la fabulosa venta, en Lima ante el notario Ramón Valdivia.

 

 

¿Era Fowks dependiente de Helguero?

ARRIBA

Muchas veces se ha tratado de negar la relación de dependencia del perito Eduardo Fowks con Helguero. En la actualidad eso no se hubiera podido hacer y el peritaje hubiera resultado nulo.

Antes del año 1886, Helguero había autorizado a Fowks  así como a los ciudadanos inlgeses Mulloy y Thorndike, para que hicieran explotaciones y perforasen pozos en las tierras de la Brea y Pariñas. Eso convenía a los intereses de Helguero, por que servía para demostrar que en esos lugares había petróleo y eso fue lo que al final de cuentas despertó el interés de los empresarios ingleses.

Los tres personajes empezaron a cavar pozos y registraron esas pertenencias a su nombre pero como concesionarios de  Helguero.

Helguero en todo paso que daba trataba de no dejar ningún cabo suelto y por eso había logrado que en la resolución suprema del 22 de diciembre de 1887 a la que ya nos hemos referido, se dejará bien en claro que era el dueño absoluto y el único que podía explotar los yacimientos. Así se cortaba la pretensión que pudieran tener Fowks y sus otros compañeros.

Toda pretensión legal que hubieran intentado habría quedado como una causa perdida por cuyo motivo se contentaron con participar, aunque en pequeña parte, del gran banquete como lo veremos adelante.

La Gran Venta.

ARRIBA

Los ingleses  interesados en la Brea y Pariñas estaban representados en el Perú por don Herber Wilkin Tweddle. Se vendió la hacienda  Brea Pariñas  y las minas que allí habían, es decir el suelo y el subsuelo, pagándose por todo ello la enorme suma de 18.000 libras esterlinas.

Esta venta fue aprobada más tarde por el gobierno, poniéndose de manifiesto una vez más la gran influencia de Helguero.

Para que se tenga una idea de lo fantástico de esa operación, en 1917 el senador Aurelio Sousa por Cajamarca en el curso de los debates que suscitó la Cuestión de la Brea y Pariñas, afirmó que el monto pagado en libras esterlinas, equivalía en la época a 150.000 soles peruanos. Toda una inmensa fortuna.

Tres años antes, es decir en 1885 el Presupuesto Nacional de Obras Públicas llegaba a S/.69.713. El presupuesto del Ramo de Justicia era de 110.292 soles y en diciembre de ese año, el gobierno que sucedió a Iglesias, como no tenía un solo centavo en la Caja Fiscal, se vio precisado a efectuar un préstamo interno por 94.000 soles. Eran sin duda los tiempos de la post-guerra, cuando el país estaba destruido y en falencia y luego vendría una acentuada inflación que en los tres años que siguieron, es decir en 1888 desvalorizó al sol, pero de todos modos la suma era fantástica.

Para cortar de raíz cualquier reclamo, justo y legal o ficticio que pudiera hacer Fowks, fue gratificado generosamente por Helguero y también por el nuevo propietario. De igual manera Mulloy y Thorndike renunciaron a todo derecho por una buena suma que recibieron de Tweddle.

Fowks que había sido servidor y hombre de confianza de Helguero, se acomodó muy bien, no solo favoreciendo la transacción entre su patrón Helguero con el empresario inglés, cuando actuó como perito; sino que pronto se convirtió en hombre de confianza de Tweddle a cuyo servicio se puso.

Fue pues en condición de apoderado del nuevo propietario, que el mismo Fowks solicitó al gobierno, se borrase del Registro de Minería, las inscripciones que  habían a su favor.

Como culminación del pedido de Fowks se expidió la siguiente Resolución Supremma:

Lima, 15 de mayo de 1888.

Visto el Expediente remitido por el Juez de Primera Instancia de Paita, encargado de la diputación  de Minería, e iniciado Tweddle,  sucesor  de don Genaro Helguero, en la propiedad y dominio de las minas por don Eduardo Fowks como apoderado del señor Herbert Wilkin Colquhoun de petróleo del fundo “La Brea” o Amotape del referido asiento, y por el que solicita que estando comprendidas las minas que en asiento aparecen como denunciables, en el reconocimiento  hecho a favor del antecesor del referido Twddle; se disponga su supresión en el  próximo, dejando sólo las empadronadas a nombre de los señores Mulloy, y Thorndike, y atendiendo a que el pedido de Tweddle es una consecuencia de la Suprema Resolución de 22 de diciembre del año próximo pasado, y que de oficio debe de ejecutarse esa supresión por la sección del ramo, al reformarse el Padrón que próximamente se  publique; de acuerdo con lo informado, por la misma; se declara, que han dejado de ser denunciables, las minas de petróleo que en esa condición se registran en el padrón vigente en el asiento de Paita, debiendo en consecuencia ser suprimidas en el próximo que se publique. Regístrese, Aspillaga.

 

Triste Situación de la que fue rica propietaria.

ARRIBA

Como sabemos, el auténtico propietario de los fabulosos yacimientos de la Brea y Pariñas, había sido el hospital y convento de Belén el mismo que era administrado por la Sociedad de Beneficencia Pública de Piura..

Cuando el Gobierno en forma abusiva vendió en 1831 a José Lama, tales tierras sin haberlas previamente expropiado, se otorgó a manera de compensación al convento  hospital una renta perpetua de 2.700 pesos.

Esta suma se estuvo recibiendo en cuotas mensuales traducidas en soles, hasta el año 1884. También se entregaba a la Beneficencia, otros réditos por la hacienda Monte de los Padres que también le había pertenecido.

El año 1885 el Perú trataba de rehacerse de los estragos de la Guerra y se  encontraba postrado y en medio de la mayor pobreza. A causa de la penuria de la Caja Fiscal, se dejó de pagar las cuotas mensuales a la Beneficencia.

En  1885, había empezado Helguero a legalizar sus títulos y encontró todas las puertas abiertas, haciéndose los trámites con inusitada e inusual rapidez. Como culminación de todo eso, Helguero se convirtió pronto en un potentado.

La otra cara de la moneda era la Beneficencia y el hospital de Belén. El presidente de la Beneficencia don Juan Monesterio, el 24 de julio de 1885 se dirige al prefecto de Piura don Federico Moreno, planteándole la queja. Poniendo mucho interés, la autoridad departamental pide  una inmediata información a la Caja Fiscal de Piura. Esta responde  también pronto, que hasta 1884 se había venido abonando mensualmente a la Beneficencia de Piura las siguientes sumas:

Subsidio por tomín                                  S/.   91.50              

Por réditos de la Hacienda Máncora                146.10

Por capellán (capellanía)                                   16.00

Capellanía Monte de los Padres                          4.18 

Que hacen la suma de                        257.78

Termina diciendo el Tesorero Fiscal de Piura, que por orden del ministerio de Hacienda, dada en oficio de fecha  16 de julio de 1884, se declaró que no era de abono la mencionada suma.

Esto, era un  inaudito abuso del ministro de Hacienda del gobierno del general  Iglesias y así lo comprendió el prefecto Moreno que asumió la defensa de los derechos de la Beneficencia.

El 13 de agosto de 1885 el prefecto cursó un bien fundamento reclamo al ministro de Hacienda.

En Lima, las cosas anduvieron a paso de tortuga y los funcionarios se volvieron remolones para informar y contestar. Contrastaba eso con la actividad  que demostraban cuando se trataba de los recursos y pedidos de Helguero.

Cansado de esperar el prefecto, el 6 de octubre reitera el pedido al ministro de Hacienda y manda  otro pedido al ministerio de Justicia.

Mientras tanto, la pobreza de la Beneficencia era tal que habían  decidido cerrar el hospital por no poder mantenerlo, pues ni siquiera los comerciantes que alquilaban las tiendas de propiedad de la Beneficencia ubicadas frente a la  plaza de armas (hoy Hotel Los Portales, ex Turistas) cumplían con pagar los arriendos. Sólo la caridad pública permitía que siguiera el hospital abierto pero con servicios muy restringidos.

Llegó diciembre y no habían  respuesta de ninguno de los dos ministerios. El prefecto que también era miembro del directorio de la Beneficencia, volvió a escribir  al ministerio de Justicia los días 17 y 24.

Tuvo que llegar febrero de 1886, para que como culminación en el trámite del expediente se pusieran unas pocas líneas que terminaban del siguiente modo: “... y no permitiendo el estado de los fondos fiscales atender a estos pagos, resérvese este expediente del que se dará cuenta al Congreso en primera oportunidad”.

Después de mucho tiempo, la Beneficencia logró que le fueran reanudados los pagos. Nada hay que permita suponer que don Genaro Helguero; de la fabulosa suma que recibió, hubiera dado algo a la verdadera propietaria de las haciendas: la congregación de Belén.

 

Importante Papel de Máncora en la Guerra con Chile.

ARRIBA

Después del combate de Angamos y de la muerte de Grau, los chilenos quedaron dueños del mar y empezaron el bloqueo marítimo de todo el litoral.

En diciembre de 1879 el poderoso blindado chileno “Blanco Encalada” con el crucero  “Amazonas” se encontraba patrullando el litoral de Paita, Máncora y Tumbes pues intentaban apoderarse del barco peruano “La Limeña” que venía actuando en estas costas, para transportar armas al Callao.

Cuando finalizaba el año, fue nombrado como prefecto de Piura el Coronel Manuel Frías, de conocidas familias del departamento que reemplazaba al prefecto Manuel Cazorla.

El coronel Frías organizó la recepción de armas llegadas desde Panamá. A Máncora, donde se concentraban los envíos de armamento que de Europa se remitían al Perú.  

La escuadra chilena para evitar  el abastecimiento, no sólo bloqueaba el litoral peruano, sino que incursionaba hasta Panamá, capturando a los barcos que encontraba en la ruta y transportaban armas al Perú. Se tuvieron entonces que tomar precauciones extremas, con el fin de que esas armas y municiones pudieran llegar  al primer puerto peruano. Era imposible intentar llegar al  Callao, pues en la bahía se encontraba la mayor parte de la escuadra enemiga.

El 7 de julio de 1880, llegó a Máncora la goleta portuguesa “Guardiana”, que desde el puerto ecuatoriano de Esmeraldas, llegaba a remolque del barco inglés  “Bolivia” comandado por el  capitán Stedman. La “Guardiana” había  burlado a los chilenos que merodeaban por Panamá, pero a duras penas pudo llegar a las  costas de Ecuador, donde se refugió y desde donde llegó a remolque. El prefecto Frías  hizo desembarcar el cargamento de armas en Máncora y guardarlo hasta poder enviarlo a Supe, al norte de Lima, pues no se podía llegar al Callao.

Era propietario de la hacienda Máncora don Belisario Daniel Lama Roa, uno de los 13 herederos de don Diego Lama Farfán de los Godos.

Belisario Lama, prestó toda clase de facilidades para el desembarco y ocultamiento de las armas, pues se temía que los chilenos hicieran un desembarco y se  apoderasen de ellas.

El 6 de agosto del mismo año de 1880, llegó a remolque el barco “Enriqueta” que era arrastrado por el “Mendoza”. Desembarcó armas en Máncora y luego  siguió a Paita.

En  junio, había llegado a Paita “El Estrella” cuando los chilenos lo buscaban en Guayaquil y Tumbes.

El prefecto Frías logró comprometer la participación del marino español Gabino Artadi, para que un velero transportase las armas que se habían acumulado en Máncora y las llevará a Supe. Para el efecto se contó con el velero “José Romero” cuyo propietario era un español, de igual nombre que hacía mucho tiempo estaba radicado en Sullana y era amigo de Belisario Lama.

Fue difícil la operación de llevar las armas de la playa al velero en balsas, pero tan pronto se logró, partió el  velero raudamente en una ruta muy  retirada de la costa para evitar  encontrarse con  barcos  chilenos

Parece que Artadi  realizó uno o dos viajes más.

En enero de 1881, después de las batallas de San Juan y Miraflores, los chilenos se apoderaron  de Lima.

Para organizar mejor la defensa del territorio nacional, el almirante y general Lizardo Montero (ayabaquino) es nombrado jefe político y militar  del norte con sede en Cajamarca. Como prefecto de Piura es designado el comandante  Adolfo  Negrón  (en febrero de 1881).

A partir de ese momento, se abandona el abastecimiento de armas por mar, pues Cáceres había organizado la resistencia en la sierra central y  Montero  en el norte. Las armas hacen entonces una larga y penosa ruta terrestre. En piaras constituidas por una gran cantidad de mulas de propiedad de Belisario Lama,  el pesado cargamento salía de Máncora y llegaba a Olmos. De allí parte penetraba hacia Cajamarca y el resto iba al encuentro del heroico Cáceres. Nunca se ha descrito  la odisea, de lo  que pudo significar  este gran esfuerzo, callado y sin estridencias, donde los cargueros hacían enormes  sacrificios y muchos de ellos sólo recibían  la comida, pues no cobraban por  sus  servicios.

Los chilenos tenían espías informadores en todas partes y fue así como llegaron a saber el importante papel  que Belisario Lama había estado tomando en el envío de armas.

En setiembre de 1881 los chilenos llegan con poderosas fuerzas a Piura y a Sullana y el comandante Negrón con las fuerzas de Piura se vio precisado a retroceder hasta Frías.

Negrón había recibido importantes cargamentos de armas, que no había tenido tiempo de distribuir entre sus soldados, pues la mayor parte de ellas permanecían encajonadas. Los chilenos lograron apoderarse por desgracia, de parte de ese armamento.

El jefe chileno que ocupaba Sullana, inició la búsqueda de Belisario Lama, el cual se vio precisado a refugiarse en el domicilio del ciudadano español  José Cardó en cuyo hogar flameaba la bandera española.

Como don José Romero  también era buscado, optó este por refugiarse en un lugar lejano de la zona rural.

Lama llegó posteriormente a ser alcalde del municipio distrital de Sullana y también del municipio provincial.

Desde el 11 de junio de 1881, los chilenos se habían establecido en Paita en forma definitiva para administrar los cuantiosos recursos aduaneros de ese puerto y nombraron al chileno Emilio Valverde como subprefecto. A partir de entonces, los chilenos también pusieron  una pequeña guarnición  en Máncora para evitar que se efectuasen nuevos desembarcos de armas por ese lugar.

Censo de 1876.

En 1876, todo lo que ahora es la provincia de Talara, era parte integrante del distrito de Amotape.

En ese año, la provincia de Paita estaba constituida por los siguientes distritos: Paita, Sullana, Querecotillo, Amotape, La Huaca, Colán y el Arenal.

La provincia tenía 78 poblaciones, entre las que se contaban, dos ciudades (Paita y Sullana), villas, pueblos, aldeas, caseríos y haciendas.

La población de toda la provincia era de 21.025 habitantes.

El distrito de Amotape tenía 3.009 habitantes, de los cuales 1.343 correspondían a la capital que era el pueblo de Amotape.

En el distrito de Amotape habían 8 poblaciones, 2 caseríos y 5 haciendas.

El censo arrojó para los caseríos y haciendas, es decir la zona rural, lo siguiente:

Caserío Pampa de Tamarindo  714      habitantes

Hacienda Máncora                              151   

Hacienda Minera La Brea                        7

Caserío Pueblo Nuevo             164

Hacienda Talara                                    22

Hacienda Monte Abierto                    587

Hacienda Pariñas                                  21

Toral Zona Rural                             1.666       habitantes

Por esa época, no existía Negritos como población.

El antiguo distrito de Amotape, comprendía, el actual distrito de Amotape, todo lo que ahora es la provincia de Talara, y los actuales distritos de Tamarindo, Vichayal y Pueblo Nuevo.

Fue la explotación del petróleo, lo que años más tarde hicieron surgir una gran cantidad de ciudades campamento, algunas de las cuales desaparecieron, cuando los pozos se agotaron.