CAPÍTULO IX

CAPITULO IX

 

APARECE LA I.P.C.

 

 

 

Ø      La primera huelga petrolera.

Ø      Decreto Supremo del 31 de marzo de 1911.

Ø      No eran 10 las pertenencias sino 41.614.

Ø      Aparece la IPC.

Ø      Reclamaciones de la Gran Bretaña y Estados Unidos.

Ø      Sangrienta huelga de 1917.

Ø      Fundan escuela fiscalizada de varones.

Ø      La fiebre amarilla.

Ø      Las memorias de Jochamowitz.

 

 

La primera huelga petrolera.

ARRIBA

A fines de 1912 y principios de 1913, estallaron en Lima y Callao gran número  de  huelgas, las que fueron punto de partida para que en  otros lugares del Perú se produjeran también paralizaciones  laborales.

Gobernaba por entonces el presidente Guillermo Billingurst, el cual no obstante su popularidad se veía impotente para controlar el movimiento ya generalizado de protestas laborales. No sólo se pagaban bajos salarios y las condiciones de trabajo eran duras, sino  que  no  había  posibilidad  de  trato.

El Gobierno con fecha 24 de enero de 1913 expidió un decreto supremo reglamentando las huelgas. De acuerdo a este dispositivo, los trabajadores por voto secreto debían de nombrar tres de ellos para que los representasen ante el patrono, los que discutirían las demandas y en caso de  no  llegarse a  un acuerdo, las partes elegirían un comité arbitral. Las paralizaciones sólo se decidirían por el acuerdo mayoritario de los trabajadores expresado en voto secreto, que se confirmaría cada cuatro días. No se podía ir a una huelga sin cumplir los requisitos anteriores, en caso contrario caerían bajo las disposiciones del código penal como delincuentes comunes. No se podían hacer  marchas  públicas, salvo  que  la  autoridad  política  las  autorizase.

Talara era en ese tiempo un campamento laboral donde se encontraban la refinería, las oficinas de la London y la vivienda del personal extranjero, en un extremo, completamente aislados y con vigilancia permanente. Era Punta Arenas, de donde no se cambiaron cuando la London arrendó los yacimientos a la International Petroleum y .

Los trabajadores vivían en Negritos, donde la población había crecido grandemente.

Ni en Talara ni en Negritos habían prácticamente autoridades peruanas. El alcalde era generalmente un funcionario de la London, y la municipalidad era un ente totalmente burocrático, donde aparte de expedir partidas de nacimiento y de defunción, y otras  minucias, no hacia nada pues los servicios públicos como agua, limpieza, alumbrado, eran dados  por  la empresa.

La población que había crecido y era católica, no tenía ni siquiera un sacerdote. Gracias al celo evangélico del padre Eloy Nunura Cornejo, se podía oír misa los domingos. El padre Nunura era natural de Olmos, de casi dos metros de altura y con tremendo vozarrón, pero provisto de mucha emoción social. Cuando eso pasaba, tenía 34 años de edad, pero en 1913 fue cambiado a Castilla en donde  permaneció  hasta  su  muerte.

El diputado Alfonso Benavides Correa en 1960 cuando volvió al tapete el caso de la Brea y Pariñas, decía que en 1913 en Talara y Negritos, no habían autoridades peruanas y quien disponían el régimen de vida de las poblaciones eran  los  llamados  gerente de pueblo de nacionalidad  inglesa. A partir de las 11 de la noche nadie podía transitar por las calles y las luces de las casas debían ser apagadas. No existía la inviolabilidad de domicilio y los llamados visitadores especiales, podían ingresar en ellos en cualquier hora. El comercio se hacía a través de bodegas controladas por la empresa. No había asistencia médica  ni para los accidentados por razones de trabajo y las inasistencias por ese  motivo  no  se pagaban.

En mayo de 1913 los trabajadores nombraron a sus representantes para tratar con la empresa, pero no fueron recibidos. Entonces  se  decretó  la  huelga. 

Los trabajadores hicieron manifestaciones por las calles y la empresa se quejó ante el prefecto Jorge Robinson, de Piura que envió fuerzas de la policía, las que tuvieron sangrientos encuentros con los trabajadores como consecuencia  de lo cual resultó muerto el dirigente obrero Martín Chumo y otros  más  resultaron  heridos.

Ante el giro que tomaban las cosas, la London se decidió a pactar. El jornal diario se incrementó en 20 centavos más. Se pagaría a los obreros accidentados por causas de trabajo, sus salarios normales mientras estuvieran curándose  y se les brindaría asistencia médica y medicamentos. También las esposas, padres e hijos de los trabajadores tendrían asistencia médica. Se respetaría la jornada  de 8 horas y los sobre-tiempos serían pagados. Se admitiría el libre comercio en Talara y en Negritos. Se dispondría el reingreso de los obreros despedidos con motivo de la  huelga y durante seis meses no habrían despidos.

Pero al poco tiempo, La London despidió a 60 trabajadores de Negritos, lo cual dio motivo a que en junio se reiniciara la  huelga. En apoyo a los trabajadores de Talara y Negritos, los trabajadores portuarios dispusieron paralizaciones en varios puertos y se boicoteó a la Casa Duncan Fox, representante de la London, prohibiendo que las mercaderías que exportaban fueran despachadas. Gran cantidad de fardos de algodón se almacenaban en Paita con riesgo de deterioro y con incremento de los costos. Eso dio origen a determinadas  presiones  sobre la London, la  que cedió.

Siguiendo el ejemplo de sus colegas de Talara, los trabajadores petroleros Lobitos y Lagunitos también plantearon demandas a la empresa Lobitos Oil Field , la  que inicialmente intentó resistir, pero ante  los resultados favorables  obtenidos  por  los  trabajadores  de  Talara,  se  decidieron a pactar.

El Decreto Supremo del 31 de marzo de 1911.

ARRIBA

En 1905, el Ministerio de Fomento había nombrado una comisión para que estudiase los yacimientos de petróleo en las provincias de Tumbes y Paita en el departamento de Piura. En el ministerio había llamado la atención que la London sólo pagase  por 10 pertenencias, mientras otros yacimientos  menores lo hacían por mucho más. Por dos décadas había existido ese régimen tributario que favorecía enormemente  a  la London.

Uno de los integrantes de la mencionada comisión era el joven ingeniero de minas, Ricardo Deustua, de  solo 23 años que se  había titulado el año anterior. Padre de este profesional era don Alejandro Deustua uno de los filósofos más notables  que  ha  tenido  el  Perú.

A partir de entonces, Ricardo Deustua logró amplios conocimientos sobre los problemas de petróleo del Perú. Esto fue motivo para que la Sociedad Geográfica de Lima,  lo  invitase  en 1911 para que diese una conferencia sobre el petróleo.

La conferencia causó sensación, pues Deustua denunció a la London de estar defraudando al Estado Peruano, al pagar sumas ínfimas por concepto de tributos, por una cantidad notoriamente inferior a las pertenencias que en realidad existían. Deustua no podía precisar cual era el número real de tales pertenencias, por que para eso se tenía que ir al propio terreno a efectuar mediciones.

EL Ministerio de Fomento se vio precisado a actuar y el 31 de marzo de 1911 se dio un Decreto Supremo disponiendo la re-mesura de los yacimientos de la Brea y Pariñas. El decreto estaba firmado por el presidente Augusto Leguía que ya estaba en los últimos meses de su gobierno. El plazo que se daba para determinar el número de pertenencias  era  de  90  días.

En 1912, Deustua publicó un mapa sobre las concesiones petrolíferas, donde con gran facilidad se apreciaba, no solo lo que representaban 10 pertenencias, sino también como la Brea de simple mina de brea, se había convertido en los vastos yacimientos de la Brea y Pariñas. El mapa causó sensación.

William Kewick, Herederos que eran propietarios de los yacimientos, pues la London sólo era arrendataria, se encontraban viviendo plácidamente en Londres disfrutando de las rentas que les producían los ricos y lejanos yacimientos que no conocían. Al saber d el decreto se alarmaron,  nombrando  a la casa  Duncan Fox para que los representasen. Esta firma inglesa también representaba  a  la London.

La casa Duncan Fox de inmediato presentó un recurso de oposición. El decreto supremo otorgado en 1880 a favor de Genaro Helguero el anterior propietario, aprobando las 10 pertenencias, era en criterio de la Duncan Fox  definitivo e irrevocable. Este pleito, fatalmente  iba a demorar  varias  décadas  y convertirse  en  problema  nacional.

El reclamo siguió un trámite administrativo en el Ministerio de Fomento, que terminó por pronunciarse contra los argumentos de la Duncan Fox. Fue entonces llevado el caso al Poder Judicial y el Fiscal de la Nación Dr. José Antonio de Lavalle y Pardo, en su dictamen de fecha 3 de julio de 1912 rebatía los argumentos de la empresa.

La Duncan Fox y la London no se dan por vencidas y el 13 de abril de 1913 apelan, siendo visto el caso en las altas esferas del gobierno cuya Junta era presidida por el coronel Oscar R. Benavides nombrado por el Congreso en lugar del  presidente  Billinghurst que  había  sido  depuesto.

La apelación concluyó con la resolución suprema del 25 de abril de 1914 que declaró infundada la reclamación, y se ordenó que se llevase a cabo la nueva medición de los campos de la Brea y Pariñas. En la misma resolución se nombraban a los jóvenes ingenieros Héctor Boza  y Alberto Jochamovitz para efectuarla.

Jochamowitz tenía 32 años, y era ingeniero de minas desde 1902 y hasta 1912 había estado estudiando en la Escuela de Bellas Artes de París, siguiendo su vocación de pintor. Con el correr de los años ambos llegarían a ser ministros de Fomento. Boza sería también senador y presidente de su Cámara convirtiéndose en político muy influyente en tiempos del gobierno de Prado. Por  su  parte  Jochamowitz  triunfaría  como  pintor  en  Francia.

No  eran  10  las  pertenencias  sino  41.614.

ARRIBA

Los dos ingenieros, se trasladaron de inmediato al departamento de Piura para cumplir con la labor de re-mesura. La empresa ordenó a todos sus servidores  de  los  yacimientos de Brea y Pariñas, que  boicoteasen la labor de los dos profesionales. Grande fue  la sorpresa de los ingenieros peruanos cuando los primeros días de faena en el ardiente desierto del tablazo talareño, se acercaron primero a una y luego a otra ramadita, para solicitar agua y comida a los moradores y se les negó con evasivas. Por lo tanto, resolvieron llevar diariamente el agua, los  alimentos  y  todo  lo  que  pudieran  necesitar.

Se pudo establecer que los yacimientos cubrían la enorme extensión de 1.664 km2 y en  ellos  habían  nada menos que 41.614 pertenencias de 40.000 m2 cada una.

¡La empresa sólo había pagado por 10 pertenencias durante 23 años !.

Los resultados conmovieron no sólo a  las esferas del Gobierno, sino al país entero creándose un clima contrario a la empresa. Los  dos ingeniero saltaron de la noche a la mañana a los primeros planos de la actualidad y nunca después  fueron puestos en duda los cálculos que hicieron, en torno a lo cual se inició la lucha  reivindicatoria  de  los  yacimientos  de  la  Brea  y  Pariñas.

La Duncan Fox había dejado por entonces  de  representar  a  la London, y en su lugar había sido nombrada la Casa Milne que tenía también una oficina comercial en la ciudad de Piura y una agencia en Paita.

La Milne re-emprendió la lucha legal y reclamó contra la validez de la resolución suprema de 25 de abril de 1914 dado por la Junta de Gobierno que presidía el coronel Oscar Benavides. Afirmaba que Antonio Quintana había comprado la mina en 1826 y que de acuerdo a esa transacción se encontraba exento de toda tributación.

Por entonces Keswick hacía poco que había muerto y fueron sus herederos los que se habían convertido en los dueños de  los  ricos  yacimientos y heredado  también los problemas legales. La empresa había estado pagando sólo 300 soles por canon anual, y  en caso de haber tenido que abonar tributos por 41.614 pertenencias, hubiera tenido que cancelar S/. 1'248.420 por año, y así en el curso de 23 años.  Se  trataba por lo  tanto de una cantidad  fantástica. Sin  embargo  con  el ánimo de no ser injustos, tendríamos que decir que el canon solo debía de  aplicarse  a las pertenencias en explotación, que eran mucho menos, En  mérito  a la verdad, el pago de un millón doscientos mil soles en impuestos, era exagerado y hubiera superado mucho  a  las  utilidades que  tenía  anualmente  la  empresa.

El ingeniero Deustua decía que en  1914  la London estaba operando sobre 1.000 pertenencias y había perforado 700 pozos. Eso hacía suponer que en realidad  el  canon  a  pagar  debió  ser de  30.000 soles anuales, pero las cosas no se plantearon  así  en  ese  tiempo.

El 15 de marzo de 1915, el gobierno del general Benavides aprobó con resolución suprema la re-mesura hecha y ordenó la división de la mina en 41.614 pertenencias regulares, así como a que se pagasen los impuestos correspondientes.

El 24 de abril de 1915, los herederos  de Keswick, resolvieron convertir el asunto  en  problema  internacional  y  presentaron  queja ante Su Majestad Jorge V rey de Inglaterra y emperador de la India y Gran Bretaña, el estado  más poderoso de la tierra en esa época. El Ministro de S.M. instruyó al embajador inglés en Lima Ernest Rennie; el que presentó reclamo ante el gobierno peruano de respaldo a sus súbditos los Keswick. Pedía nada menos que la nulidad de los decretos supremos de 31 de marzo de 1911 y los de 15 de marzo y 22 de mayo de 1915. También el embajador norteamericano concurrió de modo personal donde el canciller Solón Polo haciendo el mismo pedido a favor de la Standard Oil y de la International Petroleum , nueva explotadora de  los  yacimientos. ¡Es decir que el imperialismo se hizo presente !

Los dos embajadores planteaban que el asunto fuera visto por el Poder Judicial. Con resolución suprema del 22 de mayo de 1915 se desestimó la reconsideración y en su parte considerativa, negaba que el asunto fuera de competencia del Poder Judicial. Se ratificaba la R.S. del 15 de marzo de ese año y la remesura  de 41.614 pertenencias  regulares. O sea que el Gobierno del Perú  no cedió a la presión externa.

Estaba el gobierno transitorio de Benavides llegando a su fin. En 1915 se celebraron elecciones políticas y resultó elegido como presidente de la República el Dr. José Pardo que asumió el poder el 19 de agosto de 1919.

Aparece la International Petroleum y .

ARRIBA

La London, cuyos principales accionistas eran los herederos de Keswick transfirieron los derechos de arrendamiento a la empresa norteamericana,  International Petroleum y subsidiaria de la Standard Oil que era la empresa petrolera más importante del mundo, cuya sede se encontraba sin embargo en Canadá en la ciudad de Montreal, para evitar los efectos de la Ley anti-trust  que  se  había  dado  en  Estados  Unidos.

Los Keswick en virtud del contrato de arrendamiento debían de percibir anualmente el 25 % de la producción bruta, lo que sin duda alguna fue un fabuloso negocio. Ellos por otra parte; quedaban siempre siendo dueños de las haciendas  la Brea  y  Pariñas  y  de  los  yacimientos  de  petróleo.

Con eso, el problema internacional se agudizaba, por que ahora Estados Unidos por intermedio de su embajador en Lima, también entabló reclamo respaldando a la IPC.

En realidad, la International Petroleum y había nacido como empresa de origen  canadiense y en 1914 fue incorporada como subsidiaria de la Imperial Oil Company para posteriormente convertirse en subsidiaria de Standard Oil de New Jersey.

La producción de los yacimientos de la Brea y Pariñas en 1915 llegaba a 180 mil toneladas anuales al precio de S/.20.00 la tonelada, daba un valor bruto de S/. 3'600.000.00 de los cuales el 25% pasaba a poder de los Keswick. En los años que siguieron; la producción fue aumentando y los herederos recibiendo cada  año  más  por los  arrendamientos.

La Standar Oil había sido fundada por un audaz empresario joven llamado John Rockefeller, que pronto alcanzó gran expansión. No sólo se ocupaba de refinar petróleo, sino que en 1872 era la empresa que prácticamente monopolizaba el transporte del petróleo en Estados Unidos. Compró a continuación varias refinerías cerca de Nueva York, Filadelfia y Pittsburgo. Nuevos socios capitalistas ingresaron a la Standard dándole mayor potencia, los cuales viendo la expansión de la compañía resolvieron en 1882, crear una asociación o cadena de compañías que en total sumaron 40. La Standard fue eliminado a la competencia ya sea adquiriendo sus negocios o haciéndolos cerrar. El gran trust formado creyó conveniente que en cada estado de los Estados Unidos se formase una Standard Oil , como  entidad  independiente  pero ligadas entre sí. Aparecieron empresas de ese género en los estado de Nueva York, New Jersey, Kentucky, Indiana, Kansas, Nebraska y California.

Pero no sólo en el campo del petróleo se había formado tan gigantesco trust, sino también en otras actividades industriales dado el crecimiento y desarrollo industrial que se estaba operando en el gran país del norte. Esto dio origen a que en las esferas del gobierno de EE UU. surgiera cierta inquietud ante los monopolios que  se estaban formando; que no solo tenían gran poder económico sino también político. En 1890 el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley anti trust o “Sherman Anti Trust Law”, la que disponía la disolución  de  todos  los  trust  existentes.

El 2 de marzo de 1892 el Estado de Ohio, ganó un juicio anti-trust a la Standard Oil que operaba en ese Estado.

La  Standard Oil de Nueva Jersey se había convertido en una de las empresas más poderosas de la cadena. En 1900 el gobierno federal de Estados Unidos demandó a esta empresa como violadora de la ley anti-trust. La  poderosa compañía  pudo  litigar durante 5 años y por fin el 15 de mayo de 1911 la Corte Suprema de los Estados Unidos, dispuso que la citada compañía no podía ejercer control sobre 33 empresas subsidiarias. Se tuvo que disolver la cadena y las 33 subsidiarias se tuvieron que transformar en compañías  independientes.

Con todo, la Jersey Stándar Oil, siguió siendo una poderosa empresa y  bien pronto se convirtió en una poderosa transnacional, iniciando actividades en Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú.

Reclamaciones de Gran Bretaña y Estados Unidos.

ARRIBA

El Embajador inglés no se dio por vencido a pesar del ultimo decreto supremo dado por el presidente Benavides y tan pronto subió al gobierno don José Pardo, volvió a intervenir en defensa  de  los Keswick que seguían siendo los  propietarios  de  los  yacimientos,  pues  la  IPC  sólo era explotadora.

El embajador cambió de táctica. Planteó una fórmula transnacional de acuerdo a la cual se aceptarían las 41.614 pertenencias, pero a partir del 1° de enero de 1915  y sólo se pagaría por 50 años, 30 soles por cada pertenencia en explotación  y 75 centavos  por  cada  una  de  las  restantes  no  explotadas.

El gobierno del Dr. Pardo encontró razonable la propuesta, sobre todo por que había la promesa de  un préstamo  que se le haría por S/. 3' 000.000 en caso de  ser  aprobada  la  propuesta.

El gobierno por intermedio del Ministerio de Fomento, elaboró un ante proyecto de resolución legislativa, que el ministro del ramo don Belisario Sousa, presentó  a  la Cámara  de  Senadores  el  7  de  diciembre  de  1915.

Recién en la legislatura ordinaria  de  1916  se vio el proyecto en la Cámara de Senadores.

En la Cámara de Senadores se produjeron en 1916 y 1917 ardorosos y dilatados debates. Defendieron con largas exposiciones el punto de vista del gobierno coincidente  con  los  de la propuesta del Embajador inglés, el senador Aurelio Sousa, por Cajamarca, miembro del Partido Democrático. Por el Partido Civil apoyando el proyecto,  intervinieron los senadores de Loreto Francisco Lanatta, de Junín  Manuel  Vicente Villarán, por Ica Alfredo Pimentel,  Juan Durand  por el partido Liberal y Arturo Osores, senador por Cajamarca miembro del Partido Constitucional que había sido integrante de la junta de gobierno del general Benavides.

Fueron contrarios los senadores Mariano H. Cornejo, Carlos Paz Soldán, Antonio Miró Quesada, Alberto Franco Echandía senador por Piura. Uno de los principales puntos que la oposición no aceptaba era que se hiciera borrón y cuenta nueva por los impuestos dejados de pagar desde 1888 hasta 1914.

Como la legislatura ordinaria de 1916 no fuera suficiente para culminar el debate se tuvo que recurrir a una legislatura extraordinaria en 1917, en que al ser sometido a votación el proyecto, fue aprobado con sólo 15 votos en contra.

El 15 de noviembre de 1917, el senador por Junín Manuel Vicente Villarán habló por varias horas, para fundamentar su voto a favor de la IPC y de los herederos de Keswick. Hay que reconocer  que,  sin duda alguna, Villarán era uno de los oradores más elocuentes de esa legislatura.   

En marzo de 1960, cuando el problema de los yacimientos petrolíferos se volvió a agitar, la IPC publicó el discurso completo de Villarán y también de Osores en un opúsculo titulado “La cuestión de la Brea y Pariñas”.

También en abril de 1960, en Piura, el Dr. Manuel Ato Cueva, miembro del directorio de la Beneficencia Pública, decía en “la Industria”, que en el siglo anterior, los 13 herederos de don Diego Lama, habían dado amplio poder al Dr. Luis Villarán (padre de Manuel) para que los defendieran, para lo cual le entregaron valiosos documentos, que años más tarde el hijo de Villarán los utilizó para defender a la parte contraria o sea a la IPC.

Pasó entonces el proyecto aprobado a la Cámara de Diputados.

Huelga de 1916 en Negritos.

Desde los primeros meses del año 1916 los obreros petroleros habían presentado demandas de mejoras salariales y laborales sin que la empresa mostrase  ninguna  intención  de  discutir.

El 27 de mayo estalló la huelga en Negritos que de inmediato se propagó a Talara.

Como ocurría siempre, desde Piura se enviaron fuerzas policiales, las que tuvieron  varios encuentros con los huelguistas, pero fue el 31 de mayo cuando se produjo en Talara el más grave de esos choques resultando muertos dos obreros y 7 heridos. La gravedad de los hechos obligó al gobierno a enviar al crucero  “Lima”,  que desembarcó marinería en Talara. Después de varios días de tensión la calma retornó cuando la empresa se mostró más asequible, pero como posteriormente la IPC se negó a cumplir ciertos puntos pactados, nuevamente se produjo una paralización, retornando el 18 de octubre, los obreros al trabajo.

Sangrienta huelga de 1917.

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Las intervenciones diplomáticas de los Embajadores de Gran Bretaña y de Estados Unidos ante el gobierno de don José Pardo, habían trascendido y en la opinión pública se consideró eso como una odiosa interferencia en los asuntos internos del país. Por otra parte, los ardorosos debates de la Cámara de Senadores habían sido objeto de amplia difusión por la prensa nacional y el diario “El Comercio” se mostró decididamente contrario a las empresas extranjeras. Había pues un estado general de ánimo contrario a la IPC que iniciaba  la  explotación  de  los  yacimientos  petroleros.

Mientras tanto, los obreros petroleros de las diversas compañías explotadoras se ponían en contacto y resolvieron actuar en forma conjunta y coordinada  al  plantear  sus  reclamos.

Fue así como  los  obreros de Lobitos  y de Talara - Negritos, presentaron en forma simultánea pliegos aparte pero semejantes a sus respectivas empresas desde el mes de abril de 1917 solicitando entre otras cosas el incremento de sus salarios en un 30%.

Inicialmente las empresas se negaron a tener todo trato con los obreros desacatando de esa forma las disposiciones legales contenidas en el decreto supremo del 24 de enero de 1913. Los obreros respondieron con un paro preventivo que fue acatado por los trabajadores, lo cual alarmó a las compañías explotadoras.

Se entró en tratos y cuando parecía que las cosas se iban a superar, la IPC en octubre de 1917 se negó a aceptar las principales reclamaciones. Los  obreros declararon  entonces  una  huelga  general  e  indefinida.

La empresa para evitar la paralización, contrató obreros rompe  huelgas y el prefecto de Piura don Emilio de Tena, envió las fuerzas policiales que le habían sido solicitadas para mantener el orden y garantizar el trabajo de los rompe- huelgas.

Al finalizar la primera semana de huelga, los obreros huelguistas se reunieron en asamblea para designar una comisión que debía viajar a Piura a exponer al prefecto el problema.

Al salir estos obreros huelguistas de la asamblea, se encontraron  con los rompe huelgas que estaban frente a la caja de la compañía, cobrando su salario semanal.

En ese tiempo no se llamaba “amarillos” a los rompe- huelgas. Se produjo un intercambio de insultos entre ambos grupos y luego se fueron a los hechos saliendo varios contusos por que la policía tuvo que intervenir. A consecuencia de esos sucesos, la  situación  se puso muy tensa y los obreros en huelga se fueron agrupando por diversos  sitios  de  la  ciudad de Talara y la policía cargaba contra ellos.

Los obreros ya en mayor número enfrentaron a la policía que hizo uso de sus armas de fuego. Uno de los primeros en caer fue el dirigente José María Benites lo cual enfureció a los huelguistas, produciéndose nuevos enfrentamientos. Los muertos en ese día y los que siguieron, llegaron nada menos que a 11 siendo todos  obreros y los heridos 15. Se hizo en esos momentos y después  una  gran redada de dirigentes,  los que fueron remitidos a la  cárcel  de  Piura.

Todo el mes de noviembre la huelga continuó y la situación en toda la zona petrolera era de gran tensión. Recién a mediados de diciembre la normalidad laboral se restableció.

Los sucesos de Talara, Negritos y Lobitos tuvieron gran repercusión nacional y en las cámaras, sobre todo en Diputados la IPC fue objeto de furibundos ataques.

En la legislatura de 1918, el tema de la cuestión de la Brea y Pariñas y de  las sangrientas huelgas, fue lo que predominó en los debates. En la opinión pública también había un acentuado consenso en  favor de los trabajadores y contra  la  IPC.

El congreso, tras agitados debates aprobó el 22 de noviembre  de 1918 la Ley 2847 que disponía el corte de juicio  de  los  obreros apresados hacia un año y se disponía su inmediata libertad.

Fundan escuela fiscalizada de Varones

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En  medio de tantos sucesos  dramáticos y luctuosos,  hubo algo  positivo: la creación de la escuela fiscalizada 1 de varones el 6 de agosto de 1917. Desde 1911 existía una escuelita particular que conducía doña Hermelinda de Arías.

El profesor Félix Suyón en “Ensayo monográfico de Talara” se ocupa de eso. Su  primer director fue don Leandro Ramírez, un educador de gran experiencia pues antes  había sido profesor de primaria en el colegio San Miguel de Piura. El local donde funcionó esta escuela había sido  antes oficina de Correos y Telégrafos.

Don Leandro sirvió muchos años en Talara, ganándose el aprecio general. Años más tarde se trasladó a Máncora en donde también sirvió en la docencia. Cuenta el profesor Suyón que el maestro Ramírez, falleció trágicamente en un accidente en la fatídica cuesta de Santa Lucía, cuando el vehículo que ocupaba se incendió.

Hay que reconocer que  la IPC dotó  a la escuela de mobiliario  importado de muy buena calidad, proporcionando a los alumnos útiles. Los maestros de la IPC, recibían  mejor  remuneración  que  la que  se  pagaba a  los  del  Estado.

En 1923 la empresa construyó para la escuela un amplio y moderno local propio.

 

La fiebre amarilla.

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La fiebre amarilla o vómito negro, apareció en casi todos los valles de la costa al iniciarse el año 1918. EL mal se transmitía por un mosquito o zancudo llamado  stegomia fasciata. Todo el departamento de Piura, en su parte costera se vio amagado por el mal. En la zona de Talara los casos se produjeron con mayor incidencia en Máncora. El grado de mortalidad era verdaderamente aterrador, pues  mas  de  la  mitad  de  los  enfermos  morían.

 La Fundación Rockefeller envió a Lima al Dr. Henry Hanson que había combatido a la fiebre tifoidea en África. Estaba en Piura de alcalde el Señor José Hope, súbdito inglés, y alto funcionario de la casa Duncan Fox. El Sr. Hope pidió que viniese a Piura el Dr. Hanson y lo logró. Al mes, el científico fue atacado por el mal y al reponerse siguió luchando. Fue entonces que llegó al departamento  el  sabio  japonés Dr. Ideyo Noguchi con el Dr. Israel Kringler y cuando ya estaban controlando el mal hizo su reparación la bubónica. La IPC implantó en Talara y anexos una serie de medidas profilácticas de tal modo que ambas dolencias se presentaron sólo en muy contados casos, que fueron controlados.

Las memorias de Jochamowitz

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En 1931 el ingeniero Alberto Jochamowitz imprimía en la editorial Torres Aguirre un folleto que titulaba “Mi vida profesional”. Allí hay un capítulo titulado “La Brea y Pariñas” en cual entre otras cosas decía lo siguiente: 

“En  mayo  de 1914 fuimos  nombrados  Héctor Boza y yo, para  la mesura de la concesión petrolífera de  “La Brea y Pariñas” en el departamento de Piura. La proposición no entrañaba en sí ningún problema topográfico especial, era una  simple  mesura, pero  al constituirnos en el terreno, nos dimos cuenta de que nos encontrábamos frente a un caso de ardua realización. En efecto, al comunicar personalmente al gerente de la compañía London and Pacific Petroleum, la misión oficial que nos traía, tuvo la insensatez de negarnos el agua, con la esperanza de hacernos fracasar en la expedición. Dicha compañía no tenía interés que se conociera el área exacta de la hacienda La Brea y Pariñas, que sólo abonaban al Estado la contribución de minas correspondiente a 10 pertenencias de 40.000 m2 cada una. En efecto, no les faltaba razón, pues nuestra mesura arrojaba 41.614 pertenencias, ni una más ni una menos. Pero antes de llegar a esta conclusión nos encontramos frente a este postulado; en toda la extensión de esa hacienda solo había agua potable en Negritos en donde se producía por destilación. Cada gota de agua, es como una gota de mi sangre, nos dijo mister Sullivan y tengo que reservarla exclusivamente para mi gente. Además había dado orden de que no se dejase ingresar en el territorio de la hacienda.

Esta era la especial comprensión de la hospitalidad de un extranjero a nacionales, más con el agravante de pretender frustrar una disposición gubernativa.”