Capítulo XI

CAPITULO XI

 

EL LAUDO ARBITRAL

 

 

 

Ø      El Laudo Arbitral de 1922.

Ø      El Laudo y la Soberanía Nacional.

Ø      El incremento de la producción  petrolífera

Ø      La llegada del maestro Pallete.

Ø      La IPC compra los yacimientos.

Ø      Sucesos diversos.- Las lluvias de 1925. 

 

 

El Laudo Arbitral de 1922.

ARRIBA

El gobierno del presidente Leguía no tuvo en cuenta la sugerencia que en 1918  había  dado  la Cámara  de Senadores para que el arbitro  fuera el Tribunal de la Haya.

Actuando con toda celeridad,  lo remitió a París.

El 21 de abril del mismo año de 1922 se reunieron en París los tres jueces que iban a actuar como árbitros. Como presidente del Tribunal de Arbitraje actuaba  el Dr. Fritz Ostertag, que era presidente de la Corte Federal de la Confederación Suiza. Como juez representante  del Perú se  había nombrado al Dr. José Varela y Orbegoso y como juez representante de la Gran Bretaña Sir Robert Laird  Borden. También estaba presente otro representante del gobierno inglés Mr. Christofer C. Robinson y el abogado Sr. Montagu Piesse. Como no se había incorporado el Dr. Enrique C. Vélez que era el otro representante del gobierno del Perú, se convocó a una nueva reunión para el 24.

En el citado día los Drs. Vélez y Laird  Borden en representación de los dos gobiernos manifestaron que de común acuerdo habían resuelto no presentar memorias, alegatos y otros documentos que podían alargar el proceso con su estudio y que más bien el 2 de marzo de 1922 habían llegado a un Acuerdo de Arreglo, el mismo que fue leído.

Por la tarde se volvió a reunir el Tribunal y se dio el laudo en base al protocolo del  27 de  agosto  de  1921  y  el  Acuerdo  de  Arbitraje.

En el Laudo se transcriben íntegramente los dos documentos. A continuación  viene el  pronunciamiento  del  Tribunal en  la  siguiente  forma:

“ Y visto que, después de la ejecución de dicho Acuerdo de Arbitraje de los dos gobiernos, han convenido en que la desinteligencia surgida sobre la propiedad minera “ La Brea y Pariñas” que está sometida a este Tribunal, puede ser arreglada equitativamente conforme a los términos contenidos en un acuerdo entre ellos (llamado a continuación el Acuerdo de Arreglo) firmado en Lima el 2 de marzo de 1922,  dicho  acuerdo  conteniendo, en concepto de ambos gobiernos,  la  solución  equitativa  y  justa  de  dicha  desinteligencia.”

“ Y visto que por sus agentes debidamente nombrados de conformidad con el artículo 2° del Acuerdo de Arbitraje los dos dichos gobiernos, según el artículo 10° del acuerdo del Arbitraje y la cláusula última del Acuerdo de Arreglo, han presentado el Acuerdo de Arreglo a este Tribunal y han pedido la incorporación  del  mismo  en  su  laudo.”

“ Ahora por lo tanto:

“ Este Tribunal, en ejecución de los poderes y autoridad  que le confiere el Acuerdo de Arbitraje y el Artículo 10° del mismo, ha tomado en consideración dicho  acuerdo de Arreglo, que es redactado en las palabras  y cifras siguientes, es decir ....”

A continuación se transcribe literalmente el Acuerdo de Arreglo que se transforma de esa forma en el famoso Laudo de la Brea y Pariñas.

Terminada la transcripción, sigue la redacción de la última parte del laudo en la forma que sigue:

“Y este Tribunal en conformidad, en ejecución de los dichos poderes y autoridad, lauda, juzga y decide que los términos, estipulaciones y condiciones contenidas en dicho Acuerdo de Arreglo, son y han de ser obligatorias para las dos dichas altas partes contratantes como solución  y conclusión completa, permanente y definitiva de la controversia a que el Acuerdo de Arbitraje se refiere, y este Tribunal incorpora por las presentes el dicho Acuerdo en esta Laudo  y  hace  público  por  las  presentes,  su  Laudo  en conformidad ”. 

Actuando siempre con celeridad, el gobierno del presidente  Leguía  el 4 de mayo del mismo año, procedió a cumplir con las estipulaciones del Laudo y anuló las resoluciones supremas del 31 de marzo de 1911, de 15 de marzo de 1915 y del 22 del mayo de 1922, suprimiendo  todas  las  referencias que podrían existir en el Padrón de Minas. A continuación la IPC cumplió con entregar al gobierno la suma de un millón de dólares. Esto sin duda era lo que más  interesaba  al presidente Leguía. La suma ingresó a la Cuenta General de la República de 1922, la misma que fue aprobada en 1923 por la Cámara de Senadores y Diputados.

El Laudo y la Soberanía Nacional.

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El presidente Leguía estaba destinado a gobernar el país durante ocho años más pues se hizo reelegir por dos veces.

Durante ese tiempo, los diarios y políticos de la oposición se ocuparon con mucha frecuencia del Laudo de la Brea y Pariñas, del que se decía violaba la soberanía nacional, pero  ni Leguía,  ni la IPC hicieron caso a tales  protestas.

Como lo hemos dicho, el laudo se basó en dos documentos suscritos entre los representantes del Perú y la Gran Bretaña. Eran el Protocolo del 27 de agosto de 1921 y el Acuerdo de Arbitraje del 2 de marzo de 1922.

Las razones de ilegalidad y de nulidad, así como de violación de la soberanía nacional que alegaban los opositores al Laudo, eran:

- Que se había hecho una excepción a favor de la IPC, otorgando a la empresa una serie de privilegios de los que no gozaban las otras empresas petroleras.

- La Ley de Minería 4452 vigente en esa fecha, sólo permitía que una empresa pudiera tener un máximo de 60 pertenencias explotables y la IPC tenía 41.614.

- La misma Ley de Minería disponía que las empresas explotadoras de petróleo debían poner a disposición del Estado o de particulares peruanos, el 25% de sus acciones, pero  el  Laudo le aseguraba disfrutar a la IPC del 100% del accionariado.

- Desde Enero de 1922 y por 50 años, es decir hasta 1972 se fijaba por concepto de canon, 30 soles anuales por pertenencia en explotación y S/. 1.00 por pertenencia no explotada. Al  cabo  de  unos  pocos años, las otras compañías mineras y petroleras  se sometieron  a  los diversos reajustes que hizo el Gobierno Peruano, pero la IPC siguió pagando invariablemente el mismo canon. Eso dio origen a que en 1930 cuando terminaba el régimen  de Leguía, los montos que pagaba la Compañía eran insignificantes por desvalorización  del  sol.

- La Ley de Minería 4452 sólo autorizaba  plazos de 20 años  en los contratos de explotación y no de 50 años.

- EL Laudo establecía que en el futuro no se afectaría a la empresa por ningún impuesto, salvo el de exportación. Este, no se podía aumentar durante 20 años al que regía en 1922. Es decir que el Perú renunciaba durante 50 años al derecho soberano de crear impuestos y se avasallaba al Congreso que era el único que podía otorgar exoneraciones tributarias.

- Se había desnaturalizado y  excedido de la autorización que había dado la Ley 3016, la cual autorizaba al Ejecutivo a someter el problema al fallo a  un arbitraje internacional, más no para entrar en tratos directos con el gobierno  inglés, pues eso nunca lo había querido hacer el presidente Pardo, pero Leguía dando una interpretación antojadiza a la Ley 3016 inició tales tratos y como resultado de eso se firmó un protocolo y un acuerdo de arbitraje, los que no fueron sometidos a  la aprobación del Poder  Legislativo.

Fueron esas las razones,  para que desde 1931 y hasta 1968, se dijera que el Laudo  era  nulo y que  afectaba  a  la  soberanía  nacional.

Como hemos dicho, durante el Gobierno de Leguía no se volvió a tocar el asunto en las esferas oficiales. Fue recién en 1931 cuando derrocado el presidente Leguía  y estando en el poder la junta de Gobierno  del Dr. Samanez Ocampo, su ministro de Relaciones Exteriores Alberto Ulloa, presentó un informe el 15 de Setiembre de 1931 donde  dejaba sentado que tanto el protocolo de 1921 como el acuerdo de arbitraje de 1922 eran nulos y por lo tanto también  abarcaba esa nulidad al laudo que se había basado en ellos. Agregaba Ulloa que el laudo  era  susceptible  de  nulidad,  por que siendo el Perú y la Gran Bretaña signatarios del Tribunal  Internacional de Justicia de la Haya, los Estatutos de  ese Tribunal consideraba la posibilidad de revisión de los acuerdos  internacionales  en  el  plazo  no  mayor  de 10  años.

En 1923 el diputado Mac-Cord platearía en su Cámara se hiciera una interpelación al ministro de Relaciones Exteriores, por el asunto de la Brea y Pariñas,  el  pedido  fue  rechazado  por  la  amplia  mayoría  legista.

Hasta entonces la IPC sólo era arrendataria de los yacimientos de la Brea y Pariñas, pues los propietarios eran los sucesores de Keswick. Como ya el terreno había sido preparado, muy pronto la empresa se convertiría en propietaria  de  los  yacimientos.

Incremento  de  la  producción  petrolífera.

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Cuando la IPC se hizo cargo de la explotación de los yacimientos petrolíferos  de  Brea  y  Pariñas, la  producción  era  en realidad  insignificante.

 A partir de entonces, se intensificó grandemente  la  producción  no  solo de crudos sino de productores refinados ya que instalaron una refinería más moderna.

El incremento por quinquenios, se puede apreciar por los montos de exportación, pues no solo se atendían  las necesidades internas, sino que aun quedaba un apreciable margen por exportar. Las cifras son las siguientes:

 

1914    100.000   gls. Crudo,  y           643.000  Bls. refinados; exportados

1919    978.000   gls. Crudo , y           948.000  Bls. Refinados; exportados

1924    2'939.000   Bls. Crudo,  y  2'002.000  Bls. refinados  exportados

Estas cifras están dadas en barriles de 42 galones americanos cada uno.

Como se puede apreciar, los propietarios de los yacimientos  los Keswick, con el 25%  del valor de  la producción que les pagaba la IPC, obtenían más que el Perú.

Como la IPC tenía planes para continuar incrementando la producción, se vio en la necesidad  de  plantearle a  los  herederos de Keswick  la compra  de  los yacimiento. La  venta se hizo por 75 mil libras esterlinas que en ese tiempo era suma fabulosa.

Por eso la IPC incrementó la producción y en 1934 exportaba nueve millones de barriles de petróleo crudo y 4.877.000 de galones de productos refinados.

 

La llegada del Maestro Pallete.

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En 1923 llegó a Paita su tierra natal, el profesor Arturo Pallete Rodríguez. Había nacido en el mencionado puerto el 24 de abril de 1889 y sus padres don Baltasar Pallete y doña Rodríguez de Pallete que eran gente adinerada, decidieron dar a su hijo  una  esmerada educación. El  joven tenía inclinación por la enseñanza, de  tal manera que en Alemania, en la universidad de Bonn estudió pedagogía. Allí logró su formación profesional, bajo los rígidos moldes prusianos de disciplina, orden, respeto, urbanidad y aseo personal. También aprendió en Bonn, que era un famoso centro musical, a amar la música selecta. En Alemania estudió no sólo el idioma de ese país, sino también el inglés y  el  francés.

Por ese tiempo  la  IPC  tenía  funcionando  varias  escuelas  fiscalizadas, de tal modo que contrató los servicios del joven profesional, para que las reorganizara, asumiendo la dirección de la escuela de varones 1 que funcionaba  en  la  calle  6.

Los sistemas educativos de Pallete, causaron sensación en Piura, pues apartándose  de  los  moldes que el ministerio de Instrucción, que era como se le llamaba en esa época, había impuesto para todo el país, dispuso Pallete que la primaria en Talara lugar de darse en 3 años se diera en 6 años. Exigió en el alumnado una rigurosa puntualidad, el corte de pelo al estilo prusiano, y un escrupuloso, aseo personal que lo controlaba al iniciar las clases. Fue igualmente muy exigente en las normas de cortesía y de urbanidad, fundó una biblioteca y creó una banda militar cuyos ensayos por las calles de Talara presenciaba. Para los talareños de la época, el maestro Pallete era un poco loco, por que  les resultaba novedoso e inusual todo lo que hacía, pero pronto se vieron  los  buenos  frutos  de  la s disciplinas  que  había  impuesto.

Pallete falleció en Talara en marzo de 1938, cuando todavía se podía esperar mucho de él. Talara  ha  honrado  su memoria.

 

La  IPC  compra  los  yacimientos.

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Con el laudo, se  habían  terminado los problemas legales que existían entre el Estado Peruano y los arrendatarios de los yacimientos de la Brea y Pariñas, así como  con los propietarios. Al menos eso se creía en esa época. Por otra parte la IPC no podía seguir haciendo inversiones para explotación y producción, por que el 25%  de  lo  producido  se  lo  llevaban  los  Keswick.

Resolvió entonces  la  IPC comprar los yacimientos y eso ese realizó el 28 de febrero de 1924 cuando la London Pacific y los Keswick transfirieron  la propiedad  a la IPC de acuerdo al contrato de venta realizado en Londres, ante el notario público John Alfred Donninson, con la firma legalizada del Cónsul del Perú en Londres, Oscar Víctor Salomón. Era este, hermano del canciller peruano Alberto Salomón Osorio que había conducido todo el proceso del laudo.

Por  la venta, los  Keswick recibieron 75.000 libras esterlinas. La escritura de compra- venta hecha en Inglaterra fue inscrita en el Registro de Propiedad Inmueble de Piura en abril de 1924 como Asiento 6, fojas 171, tomo 19.

La inscripción en los Registros Públicos pudo hacerse debido a que el gobierno peruano había dado su conformidad a la venta con resolución suprema del 3 de abril.

Faltaba el último trámite que era la inscripción en el Registro de Minería. Esto se hizo el 1° de mayo por intermedio de Eduardo Pombo, representante de la IPC.

A partir de entonces la IPC figuró como propietaria de las 41.614 pertenencias de los yacimientos de la Brea y Pariñas.

Cuando al comandante piurano Luis M. Sánchez Cerro, derrocó a Leguía y subió  al poder en 1930, uno de los primeros actos de su mandato fue dar a Pombo 70 horas de plazo  para abandonar  el país  como  extranjero  indeseable.

 

Sucesos  Diversos- . Lluvias  de  1925.

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Los ingleses de la London, introdujeron el fútbol en Talara, para lo cual formaron  entre  su  personal  extranjero  dos  equipos. 

Ese deporte era una novedad para los obreros talareños, pero poco a poco también los trabajadores peruanos  fueron formando equipos, organizando instituciones deportivas,   y competencias.

En 1924  habían  ya  varios clubes de fútbol, por cuyo motivo  el  28 de julio de 1924 se  fundó  la  Liga  de  Fútbol  de  Talara.

El verano de 1924 se presentó con intensas lluvias. Eran precursoras de otras mucho más fuertes que se producirían el año siguiente.

Toda la región de los asientos petroleros era un desierto completamente seco,  constituido por  un tablazo  cortado por algunas pocas quebradas  que sólo tenían agua en algunos veranos por las lluvias que se producían en los Cerros de Amotape y La Brea, donde nacían esas quebradas.

En 1925 desde enero se iniciaron intensas lluvias en toda la costa peruana y con  más  fuerza  en  todo Piura y en  la provincia  litoral de Tumbes.

Era el Fenómeno de El Niño, que en esos años se conocía simplemente como Corriente del Niño.

Las operaciones de extracción quedaron paralizadas entre enero y marzo y las comunicaciones entre los campamentos, poblaciones y resto del departamento se cortaron, o eran muy difíciles.

Las quebradas de Máncora y Pariñas bajaron con gran fuerza y se desbordaron  anegando  los pequeños  poblados que habían en sus cercanías. Ante esa situación, los sacerdotes de la congregación Redentorista que acababan de llegar del Ecuador y se habían establecido en Casitas, prestaron servicios  invalorables  a  los  damnificados.

Desde Trujillo hasta Tumbes, una plaga de grillo invadió toda la costa. Aparecían  por  la  noche atraídos  por  cualquier  foco  luminoso.

Los gerentes  de las empresas extranjeras cuidaron  que el abastecimiento alimenticio de las poblaciones no se interrumpiese  y extremaron  las medidas de salubridad y prevención con lo que se evitaron  epidemias. Por entonces en El Alto y en Talara  funcionaban  hospitales.

En 1925 y a pesar de las lluvias se terminó el tendido del ferrocarril que durante 30 años  funcionó entre El Alto y Lobitos. Con este medio de transporte se facilitó grandemente el envío del petróleo hasta la refinería de Lobitos y los trabajadores dejaron de utilizar acémilas.

Cuando  años  más tarde empezaron a circular entre los dos puntos autos y  camiones y otros vehículos, el F.C. continuó subsistiendo por que se trataba  de un medio de transporte más apropiado para el traslado de los barriles de petróleo.

El año 1926 las lluvias se volvieron a repetir, pero con menor intensidad, por  lo cual los daños  fueron  relativamente  de poca  monta.

La IPC inició el asfaltado de sus carretera s de Talara a diversos lugares de extracción. Fueron  las  primeras  asfaltadas   en  el  departamento de Piura..

El  14 de mayo de 1928 se produce un fuerte sismo en Chachapoyas y a pesar de la distancia, se sintió con notable intensidad en Huancabamba, Máncora  y Tumbes.

El  sacerdote español Evaristo Pérez, reemplaza como Párroco de Talara al sacerdote también español Luis Alonso que fue el primer párroco de Talara. Los fieles  tenían  ya  un bonito  templo que años mas tarde se quemó.  En 1929 el P. Jesús  Santos  García  reemplazó  al  P.  Pérez.