Instituto Bíblico Admirable

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Cátedra: Epístolas I

 

EPÍSTOLAS

Nombre dado a 21 libros del NT. Las epístolas más antiguas son anteriores a los Evangelios. Pablo escribió las cartas a los Tesalonicenses por el año 50 de nuestra era.

Las epístolas son mensajes escritos por los apóstoles, y son dirigidas:

(a) a iglesias concretas, tratando cuestiones de doctrina y de práctica;

(b) a individuos, aunque exponiendo temas de gran importancia;

(c) a todos los creyentes en general, no a una sola persona o iglesia.

A excepción de la dirigida a los hebreos y la 1ª de Juan, las epístolas, siguiendo la costumbre de la época, van encabezadas por el nombre o título del autor, a continuación de lo cual va el del destinatario, individuo o iglesia, y los saludos.

Las epístolas se dividen en tres grupos, pero esta clasificación no tiene un valor absoluto y no excluye de ninguna manera un modo de clasificación diferente.

(a) Epístolas paulinas.

Las primeras 13 cartas empiezan con la afirmación de que el remitente es el mismo Pablo por sí solo o ayudado por colaboradores suyos tales como Sóstenes (1 Co. 1:1), Timoteo (2 Co. 1:1; Fil. 1:1; Col. 1:1; Flm 1), o Silvano y Timoteo juntos (1 Ts 1:1; 2 Ts. 1:1). Por lo general Pablo empleaba un secretario que escribía a su dictado (Ro. 16:22). El apóstol pone el saludo de su propia mano lo que dice que sirve como testimonio de autenticidad de cada carta (1 Co. 16:21; Col. 4:18; 2 Ts. 3:17). La epístola a los Gálatas es la excepción a esta regla, ya que toda ella fue escrita de la misma mano del apóstol (. 6:11).

(b) Epístolas pastorales.

Dentro del grupo de las epístolas paulinas figuran tres cartas llamadas Pastorales: las dos epístolas a Timoteo y la dirigida a Tito. Sus destinatarios son las personas cuyo nombre llevan; estas cartas dan instrucciones con respecto a la organización y administración de las iglesias; indican también la manera de resolver los problemas individuales de los miembros de la Iglesia.

(c) Epístolas Universales.

Cinco epístolas tienen una audiencia general: la de Santiago, las dos de Pedro, la 1ª de Juan y la de Judas. Pero la Iglesia primitiva designaba con el término de católicas 7 epístolas: las 5 ya mencionadas más arriba, más la 2ª y 3ª de Juan (Eusebio, Hist Ecle. 2:23), aunque estas dos últimas iban dirigidas a sendos individuos. El término «católico» se empleaba en su primigenio sentido de «universal», denotando una circular dirigida a todas las congregaciones. La «señora elegida» y el anciano Gayo, destinatarios de la 2ª y 3ª epístolas de Juan, posiblemente representen a la Iglesia en su conjunto.

La forma epistolar no era un mero recurso literario elegido por lo adecuado que podía ser para una exposición doctrinal. La mayor parte de las epístolas fueron redactadas al modo de las cartas ordinarias; emanan de circunstancias personales y de la iniciativa del autor (cp. Filemón y 2ª Juan). Fueron escritas para dar respuesta a cartas, o, en base a informes llegados del exterior, para resolver problemas de ciertas iglesias (1 Co. 1:11; 2 Co. 7:5-7; 1 Ts. 3:5, 6). Pero son adecuadas para todas las que se hallen en circunstancias análogas. Pablo pedía que ciertas de sus cartas fueran leídas por otras personas además del destinatario cuyo nombre llevaban (Col. 4:16). Los apóstoles declaraban que sus epístolas son la misma Palabra de Dios (1 Ts. 2:13; 1 P. 1:12). Desde el inicio de la era cristiana, fueron elevadas a la misma posición que los otros escritos sagrados. En el año 68 d.C. Pedro afirmaba que las epístolas de Pablo formaban parte de las Escrituras (2 P. 3:15-16); y, en el año 115, Policarpo cita al mismo tiempo los Salmos y la epístola a los Efesios como igualmente pertenecientes a las Sagradas Escrituras. (Véase CANON).

Los títulos de las epístolas no figuraban en la redacción original; se añadieron más tarde; no aparecen en los primeros manuscritos mss. y no forman parte del texto inspirado. La mayor parte de estos títulos proceden del primer versículo. El de la epístola a los Hebreos, sin embargo, procede de su tenor, por cuanto su carácter muestra que estaba especialmente dirigida a los cristianos procedentes del judaísmo.

ROMANOS (Epístola)

La primera de las epístolas de Pablo en el NT, es cronológicamente la sexta, habiendo sido redactada en Corinto. Ello se desprende de los saludos (Ro. 16:23, cfr. 1 Co. 1:14; 2 Ti. 4:20) y de que la epístola fue muy probablemente llevada a Roma por Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea (Ro. 16:1), uno de los puertos de Corinto (Hch. 18:18). Si es así, el apóstol redactó esta epístola en la época de su paso por Grecia (Hch. 20:2, 3) en el invierno del año 57-58 d.C. Pablo hacía tiempo que anhelaba ir a Roma (Ro. 1:10-12; 15:23). Habiendo acabado su misión en Oriente (v. 23), deseaba detenerse en Roma en su proyectado viaje a España (Ro. 15:28). Pero el apóstol deseaba ir antes a Jerusalén para llevar los dones de las iglesias de los gentiles (Ro. 15:25, 26). No sabiendo lo que sería de él en el curso de este peligroso viaje (Ro. 15:30-32; Hch. 20:22), Pablo enviaba esta carta a Roma, donde tenía muchos amigos (cfr. Ro. 16). Apóstol a los gentiles, se consideró responsable de la iglesia en Roma (Ro. 15:15, 16), aun cuando todavía no la había podido visitar.

El tema de esta epístola, una de las más sistemáticas de las escritas por Pablo, le fue inspirado por las controversias que había tenido que sustentar, y por la necesidad de definir el Evangelio que predicaba entre los gentiles. Esta carta, de una gran importancia, trata de una manera detallada la cuestión de la salvación. ¿Por qué esta exposición tan detallada se dirige precisamente a los cristianos de Roma? Indudablemente debido a que el apóstol, consciente de la importancia del testimonio dado en la capital del Imperio, quiere fortalecer la fe de los cristianos, y prevenirlos contra el error.

En tanto que la Epístola a los Gálatas constituye la carta magna de la libertad cristiana, la Epístola a los Romanos expone los principios fundamentales de la fe.

Contexto Histórico

ROMA

(a) Historia.

Según la tradición, Roma fue fundada en el año 753 a.C. por Rómulo, que vino a ser su primer rey. La primera fase de su existencia fue la de una monarquía. Hubo siete reyes sucesivos hasta la proclamación de la república en el año 510 a.C., provocada por la tiranía de Tarquino el soberbio. Sin embargo, hasta la instauración de la república, la historia de Roma se mueve en un marco de leyenda mezclada con un fondo histórico en el que es difícil desentrañar la ficción de la realidad. La historia de los dos primeros siglos de la república es asimismo oscura. El gobierno estaba dirigido por los patricios. Para entonces, la población de Roma estaba compuesta por una mezcla de latinos, sabinos y etruscos. La clase patricia, que detentaba el poder, era ganadera y terrateniente, en tanto que la plebe estaba compuesta de granjeros, artesanos y comerciantes. Se crearon tensiones, en las que los plebeyos demandaban una igualdad jurídica; de estas tensiones se llegó a una serie de reformas, en las que los plebeyos contaban con un tribuno propio. Más tarde, hacia el año 450-420 a.C., se logró la codificación de las leyes romanas con la promulgación de las Doce Tablas. A partir de entonces se crea una estratificación social no basada en el linaje, sino en la posesión de medios económicos. Se llegó así lentamente a la situación en que todo ciudadano (una minoría de la población, formada en su mayor parte por esclavos) tenía derecho a voto. Fue bajo la república que Roma extendió su dominio por toda Italia (entre los años 496 a 270 a.C.). Posteriormente, la república se vio enfrentada con Cartago, que antes había sido fiel aliada en la defensa de sus intereses comunes. El enfrentamiento contra Cartago recibe el nombre de las (tres) Guerras Púnicas. En el intervalo correspondiente a las dos primeras guerras púnicas, Roma conoció un período de paulatina expansión, marcada por algunos reveses (las victorias de Aníbal, escenario de la guerra en la misma Italia, Roma misma amenazada). Sin embargo, el final de la segunda guerra púnica vio a Roma dueña de unos territorios muy amplios, que comprendían, por el año 201, Sicilia, Córcega, Cerdeña, y toda la España mediterránea. A partir del año 200 a.C. empezó a intervenir intensamente en los asuntos de oriente. En el año 190 a.C. Antíoco el Grande, rey de Siria y padre del infame Antíoco Epifanes, fue derrotado por los romanos en Magnesia. A partir de ello, Roma asumía el protectorado de varias ciudades de Asia Menor (cfr. 1 Mac. 8:1-10). Hacia el año 100 a.C. poseían ya casi toda España, el sur de Francia, toda la península de Italia incluyendo la parte alpina, Dalmacia, Grecia, la zona occidental de Asia Menor, y Creta.

En el año 63 a.C., Pompeyo se apoderó de Judea, después de haber eliminado el poder de los Seléucidas, reduciendo a Siria a la condición de provincia romana. Judea, aunque hecha tributaria, conservó durante un cierto tiempo un gobierno autónomo. (Véanse JUDEA, HISTORIA BÍBLICA, c, d(I) y HERODES.)

En Roma, las rivalidades políticas abocaron a una serie de luchas intestinas que, sin embargo, no detuvieron sus campañas exteriores. El enfrentamiento entre Mario y Sila no detuvo las victoriosas campañas contra Mitrídates IV, rey del Ponto Euxino, ni el comienzo de la ocupación de las Galias, del archipiélago Balear, y muchas otras campañas.

Después de la derrota de Mario, Sila fue nombrado dictador (82 a. C.), pero se vio forzado a abandonar el poder ante la ineptitud del sistema de gobierno que él propugnaba (79 a.C.). Al cabo de varios años de disturbios y luchas intestinas de las que no se libraban ni provincias tan apartadas como España, en el año 60 a.C. se formaba el triunvirato de César, Pompeyo y Craso. Deshecho éste por mutuas suspicacias, César destrozaba el ejército de Pompeyo en Lérida, en España. Habiendo muerto Craso en su lucha contra los partos, César consiguió un poder incontestado. Sin embargo, caía asesinado el año 44 a.C. en pleno Senado. Se desencadenó una nueva guerra civil. Antonio, Octavio y Lépido formaron un nuevo triunvirato, que acabó con la imposición de la supremacía de Octavio en el año 31 a.C. El nuevo dueño de la situación se hizo proclamar emperador y asumió el título de Augusto. El Señor Jesucristo nació durante su reinado, y fue crucificado bajo el de Tiberio (véase JESUCRISTO). El martirio de Jacobo, hermano de Juan, tuvo lugar bajo Claudio (Hch. 11:28; 12:1, 2). Por lo que respecta a Pablo, apeló a Nerón (Hch. 25:11). La destrucción de Jerusalén profetizada por el Señor (Mt. 24; Mr. 13; Lc. 19:41-44; 21:5-36) tuvo lugar en el año 70 d.C. bajo el reinado de Vespasiano y bajo el mando del general Tito, que sería el siguiente emperador (véase CÉSAR)

Los limites del imperio en la época de Augusto eran el Rin, el Danubio, el Éufrates, el desierto de África, el Atlántico, y el mar del Norte. Bajo Claudio se conquistó una parte de Gran Bretaña. Trajano llevó el poderío romano más allá del Éufrates; el imperio romano llegó a englobar la práctica totalidad del mundo civilizado conocido.

Posteriormente, con el paso de los siglos, el imperio romano empezó a mostrar señales de decadencia. Los excesos y la corrupción interior, así como los ataques constantes de los enemigos del exterior, fueron fraguando su ruina. El último soberano del imperio en su integridad fue Teodosio (379-395 d.C.). Sus dos hijos reinaron cada uno sobre una parte del imperio, que quedó dividido en el Imperio de Occidente y el Imperio de Oriente, y que ya jamás volvieron a reunirse. El Imperio de Occidente se desintegró, y Roma cayó bajo los embates de los bárbaros germánicos en el año 476. Uno de sus caudillos, Odoacro, se proclamó rey de Italia. El Imperio de Oriente, o Bizancio, resistió aún mucho tiempo, hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el año 1453.

 

A. Análisis:

Después de la mención de los destinatarios y de los saludos (Ro. 1:1-7), y de la expresión de su gran interés por los cristianos en Roma (Ro. 1:8-15), el apóstol indica cuál es la esencia de su Evangelio y el tema de la epístola: «El evangelio... es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree... en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe» (Ro. 1:16, 17).

Pablo expone acto seguido la universalidad del pecado y la necesidad de la gracia para la justificación (Ro. 1:18-3:20). Declara, de entrada, que los gentiles se hallan bajo el imperio del pecado, y bajo condenación (Ro. 1:18-32). Los judíos son igualmente culpables ante Dios (Ro. 2). Después Pablo refuta la objeción de que ello equivale a la pérdida de los privilegios de Israel. A ello responde que el privilegio de los judíos consiste en ser depositarios de la revelación, pero que sus propias Escrituras los declaran pecadores (Ro. 3:1-19). Lo que hace la Ley es dar pie a la transgresión, por cuanto el hombre es pecador, y no se sujeta a la Ley de Dios (véase LEY); la culpa de pecado es universal (Ro. 3:20).

Sin embargo, Dios justifica a todo creyente, a causa de la obra redentora llevada a cabo por Cristo (Ro. 3:21-30). El apóstol demuestra este extremo apoyándose en el AT (Ro. 3:31-4:25) y demuestra que la salvación por medio de la fe es la base de la experiencia cristiana (Ro. 5:1-11). Haciendo un paralelo entre Adán y Cristo, establece que Dios ha actuado en base a los mismos principios, tanto en lo que respecta a la vieja como a la nueva humanidad (Ro. 5:12-21).

Pablo refuta acto seguido tres objeciones relativas a la doctrina de la salvación recibida exclusivamente por la fe, en virtud del sacrificio de Cristo por nosotros.

(a) La doctrina de la salvación por la fe no incita a los creyentes a pecar, por cuanto la fe en Cristo implica la unión con el Salvador, lo que eleva al creyente a una nueva vida con una nueva naturaleza moral (Ro. 6:1-14).

(b) La doctrina de la liberación del yugo de la Ley no dispensa al creyente de una actuación moral; lo que sucede es que la Ley ya no es más el principio de su actuación. Sus motivos derivan del hecho de que se ha consagrado totalmente a Dios para hacer Su voluntad en el contexto de una vida nueva (Ro. 6:15-7:6).

(c) Se pretendía también que Pablo implicaba que la Ley era algo malo. A esto el apóstol replica que de lo que se trata es que la Ley no puede salvar, no que sea mala. El hombre es pecador e incapaz de observarla; de ahí precisamente su necesidad de salvación, por cuanto la Ley, ejerciendo su ministerio, lo condena y mata (Ro. 7:7-25).

Habiendo refutado estas objeciones, Pablo demuestra (Ro. 8) que la obra redentora de Cristo provee a la renovación espiritual, a la santificación completa, y al definitivo triunfo de aquellos que están en Cristo y que, escogidos y llamados por Dios, tienen parte en la manifestación total de Su amor. Habiendo definido la doctrina evangélica de la salvación, el apóstol la aplica al caso de Israel, el pueblo elegido, que en tanto que nación no la ha aceptado. El apóstol explica que la promesa de salvación nunca había sido dada de una manera global a todo el pueblo judío, sino solamente a los «escogidos», la verdadera descendencia de Abraham, escogida por Dios (Ro. 9:1-13). Pablo cita el AT para apoyar la doctrina de la elección soberana del Señor (Ro. 9:14-29; véase ELECCIÓN). Añade que el rechazamiento de parte de los judíos proviene de que rechazan sus propias Escrituras con respecto a la salvación (Ro. 9:30-10:21). Sin embargo, Israel no está totalmente rechazado, porque el «resto» prometido, los judíos elegidos, sí han creído (Ro. 11:1-10). Llegará finalmente el momento en que la nación judía como tal se convertirá y aceptará al Redentor, su Mesías, como lo hacen los creyentes surgidos de la gentilidad (Ro. 11:11-36).

El final de la epístola contiene exhortaciones a poner en práctica los principios cristianos (Ro. 12), a cumplir los deberes cívicos y sociales (Ro. 13), a vivir en el amor y la unidad (Ro. 13:1-15:13). La epístola concluye con mensajes personales y saludos (Ro. 15:14-16:27).

B. Estructura de la epístola a los romanos.

Hay dos hipótesis principales acerca de su composición original, pero que tienen un mero interés literario, careciendo de toda importancia doctrinal.

(a) Siendo que la epístola tenía que circular, habría sido abreviada con la omisión de referencias locales (p. ej., los términos «en Roma», Ro. 1:7), y suprimiendo los capítulos. 15 y 16, pero sin tocar las secciones doctrinales y exhortatorias prácticas. En apoyo de esta hipótesis se aduce que la doxología de Ro. 16:25-27 figura en algunos mss. al final del cap. 14, o simultáneamente al final del cap. 14 y del 16. Se argumenta también que Tertuliano, Ireneo y Cipriano no citan ningún pasaje de los caps. 15 y 16, de los que Marción tampoco hace mención alguna. Sin embargo, el carácter circunstancial de estos capítulos explica de sobra estas omisiones. La teoría de la abreviación solamente se basa, entonces, en la presencia de la doxología al final del cap. 14 en algunos mss. Éste es un argumento muy débil, y tanto más cuanto que ninguno de los mss. que existen en la actualidad presenta la epístola abreviada en modo alguno.

(b) La segunda hipótesis supone que el cap. 16 no formaba parte de la epístola en un principio, sino que se trataba de una carta separada para recomendar a Febe a la iglesia en Éfeso. Se aduce, y con razón, que el cap. 15 forma una unidad con el 14, siendo su secuela acerca del espíritu de sacrificio de que tienen que hacer gala los fuertes en bien de los débiles. Por otra parte, el cap. 15 acaba en su v. 33 con alguna bendición análoga a la que presentan algunas de las otras epístolas de Pablo (2 Co. 13:11; 1 Ts; 5:23; 2 Ts. 3:16; Fil. 4:9), formando una conclusión natural. Entonces, el cap. 16 sería un suplemento. A ello se puede responder que:

(A) Hay ocasiones en que los saludos siguen a una doxología, o una bendición, e incluso un amén (Fil. 4:20; 2 Ts. 3:16; cfr. 2 Ti. 4:18).

(B) El cap. 16 forma parte de la epístola en todos los mss. conocidos.

(C) La presencia de Priscila y Aquila en Roma se explica fácilmente. Viajaban mucho; se hallaban en Roma cuando los judíos fueron echados de la ciudad por un decreto imperial. La pareja estuvo alrededor de un año y medio en Corinto, y acompañó a Pablo a Éfeso. Este matrimonio se dedicó a expandir el cristianismo en esta ciudad, en la que estuvieron, al menos, hasta que Pablo volvió de Jerusalén. Es posible que fueran a Roma para preparar la llegada de Pablo (Hch. 19:21).

(D) Es posible que Epeneto, «las primicias de Asia» (Ro. 16:5), convertidas en la provincia de Asia, hubiera ido a Roma. En efecto, cristianos, judíos y gentiles acudían desde todos los lugares a la ciudad imperial. Epafras de Colosa, Aquila del Ponto, y Herodes el tetrarca, todos ellos acudieron a la capital.

(E) Está demostrado que los cristianos saludados en el cap. 16 tenían nombres que eran corrientes en Roma.

(F) El hecho de que los saludos son dirigidos a numerosas personas no implica que todas ellas, sin excepción, fueran conocidas personalmente del apóstol. Es indudable que Aquila, Priscila y otros corresponsales le habían mencionado en sus cartas a estos cristianos firmes y celosos.

C. AUTENTICIDAD.

La autenticidad de esta epístola jamás ha sido seriamente cuestionada. Se reconoce en ella el carácter y genio de Pablo, que le calificaban para redactar la exposición más completa y sistemática de las verdades de la salvación. Se encuentran alusiones o citas de esta carta en los escritos de Clemente de Roma, Ignacio, Justino Mártir, Policarpo, Hipólito, Marción, en el Canon de Muratori, las versiones Vetus Latina y Siríaca. Desde la época de Ireneo, la epístola está reconocida universalmente como paulina y canónica. Las pruebas internas son igualmente poderosas. El autor afirma ser Pablo (Ro. 1:1); lo que afirma de sí mismo sólo se puede aplicar al gran apóstol de los gentiles (Ro. 11:13; 15:15-20). El estilo, la argumentación y la doctrina son patentemente de Pablo.

No es sorprendente que la Epístola a los Romanos haya jugado un papel tan importante en la historia de la Iglesia. Su influencia fue inmensa en Agustín de Hipona, en los Reformadores, y cada vez que ha habido un despertamiento genuinamente bíblico esta epístola ha sido un centro pivotal.

Bibliografía:

Brockhaus, R.: «Romanos» (Ed. «Las Buenas Nuevas», Montebello, Calif., 1970);

Juan Calvino: «Epístola a los Romanos» (S. L. C., Grand Rapids, 1977);

 

 

 

CORINTIOS (1ª Epístola)

La 1ª Epístola de Pablo a los Corintios fue escrita durante la prolongada estancia del apóstol en Éfeso (Ef. 16:8, 9, 19; Hch. 19), probablemente en el año 54 o 55 d.C. (algunos dicen el 57).

Pablo estaba muy preocupado por el estado de la iglesia de Corinto, que él había fundado hacía unos años. Les había escrito ya una vez para ponerlos en guardia contra la inmoralidad a su alrededor, y contra su influencia en la iglesia (1 Co. 5:9-10). Esta carta no ha llegado hasta nosotros. Posteriormente, recibió una delegación de corintios (1 Co. 16:17) y, por otra parte, informes acerca de las divisiones que desgarraban la iglesia (1 Co. 1:11). También, la carta fue escrita con el propósito de responder a preguntas que se hacían los corintios en cuanto al matrimonio, juzgar  un caso de inmoralidad, y explicarles cómo se hacía la santa cena, y aclararle lo de la resurrección de los muertos. Antes había enviado a Timoteo a Corinto por Macedonia (1 Co. 4:17; 16:10), pero las últimas noticias le hicieron escribir esta epístola de inmediato. Ciertos exegetas creen que el mismo Pablo fue a Corinto, después de Éfeso, haciendo una breve visita, no relatada, a fin de imponer disciplina en la iglesia; ello lo deducen de 2 Co. 12:14; 13:1, en base a lo que él dice de ir a ellos «una tercera vez», en tanto que Hechos solamente nos habla de su primera visita. Según unos, esta visita hubiera sido anterior a la redacción de 1 Corintios; otros autores, sin embargo, la sitúan después.

(A) Autor.

La atribución de esta carta a Pablo está abundantemente atestiguada después del primer siglo. Clemente de Roma, la Didaché, Ignacio, Policarpo, Hermas, Justino Mártir, dan todos ellos testimonio de su autenticidad; Ireneo la cita más de 60 veces; Clemente de Alejandría, 130; Tertuliano, alrededor de 400 veces. El Canon de Muratori sitúa 1 Corintios en el encabezamiento de las epístolas de Pablo. Una buena cantidad de pruebas internas confirman que el apóstol es ciertamente el autor (cp. 1 Co. 1:1; 3:4, 6, 22; 16:21).

Toda la epístola se corresponde con el relato de Hechos y con lo que conocemos de una parte de la iglesia y de la ciudad de Corinto, y por otra de la vida y de las enseñanzas de Pablo.

(B) Importancia.

1ª Corintios tiene una gran importancia. Expone de una manera ordenada las cuestiones prácticas con respecto a la vida de la iglesia, y los puntos de doctrina que preocupaban a los fieles. La epístola está redactada con gran esmero; presenta argumentos irresistibles con respecto a la enseñanza, y resuelve con gran sabiduría los problemas morales y eclesiásticos; derrama mucha luz sobre el estado de las iglesias establecidas entre los paganos.

(C) Contenido.

Después de los saludos (1 Co. 1:1-9), se abordan las siguientes cuestiones:

(I) Las divisiones dentro de la Iglesia (1 Co. 1:10-4:21). Habían surgido facciones, que pretendían seguir a ciertos maestros, e indudablemente reflejaban ciertas tendencias teológicas particulares. Pablo menciona a los que son de Pablo, a los de Cefas, a los de Apolos, etc.; tomando indudablemente estos nombres a guisa de ejemplo, para no nombrar directamente a nadie. Pablo les declara que en realidad tenían todos que depender del Cristo crucificado. Les recuerda la autoridad inspirada con la que el Evangelio les fue anunciado al principio; y después muestra el papel secundario de cada predicador del Evangelio, incluso si se trata de un apóstol: no se debe hacer de nadie un cabeza de facción, sino buscar glorificar a Dios al nombrarse únicamente del nombre de Cristo.

(II) El deber de ejercer y de hacer observar la disciplina eclesiástica (1 Co. 5; 6), sobre todo en los casos de los pecados de inmoralidad: la iglesia de Corinto toleraba en su seno un ejemplo humillante.

(III) Instrucciones con respecto al matrimonio y al divorcio (1 Co. 7).

(IV) La libertad cristiana y las restricciones voluntarias en cuanto a los alimentos sacrificados a los ídolos (1 Co. 8-11:1). Pablo había renunciado libremente a sus privilegios para conseguir ganar el mayor número posible de almas (1 Co. 9). La libertad no debe transformarse en licencia, ya que todo debe ser hecho para la gloria de Dios (1 Co. 10-11:1).

(V) Advertencias contra ciertos abusos en el culto público, y el comportamiento de las mujeres en base a la posición relativa de Dios, Cristo, el varón, y la mujer (1 Co. 11:2-34), y en cuanto a la manera de celebrar la Cena del Señor.

(VI) Instrucciones con respecto a la apreciación, el ejercicio, y la disciplina en la utilización de los dones espirituales, y el valor supremo del amor (1 Co. 12-14).

(VII) Instrucción tocante a la doctrina de la resurrección de los muertos, acerca de la cual había algunos inclinados a la duda (1 Co. 15).

(VIII) Forma de actuar en cuanto a las colectas hechas para los cristianos de Judea, y conclusión a propósito de los viajes del apóstol y de sus circunstancias personales (1 Co. 16).

Contexto Histórico

CORINTO

Ciudad sobre el canal que divide el istmo del mismo nombre, en la divisoria entre el Peloponeso y la Hélade.

Era la capital de la provincia de Acaya.

Pablo visitó la ciudad fundada por Julio César un siglo después de la caída de una Corinto anterior en la misma localidad.

Era un gran centro de tráfico comercial en la ruta de Roma hacia Oriente. Era también rica y muy inmoral, tanto que para designar la manera licenciosa de vivir de sus habitantes, se acuñó el término «corintizar».

En su primera visita Pablo se detuvo allí dieciocho meses (52-53 d.C.), y desde allí escribió las dos epístolas a los Tesalonicenses.

Allí creció una iglesia, a la que Pablo escribió sus dos epístolas a los Corintios. Volvió a visitar Corinto en el año 58 d.C., permaneciendo allí tres meses (Hch. 20:2, 3), escribiendo entonces la Epístola a los Romanos. Los judíos tramaron un complot contra su vida, y dejó entonces la ciudad (Hch. 18:1, 11; 19:1; 1 Co. 1:2; 2 Co. 1:1, 23; 2 Ti. 4:20).

En tiempos de Pablo tenía de 700.000 a 800.000 habitantes, de los que 400.000 eran esclavos.

2 Carta  a los Corintios

 La 2ª Epístola a los Corintios fue redactada en Macedonia (2 Co. 2:13; 7:5; 9:2, 4), poco después que Pablo hubiera salido de Éfeso (Hch. 20:1), quizás el mismo año en que fue redactada 1ª Corintios, o en otoño del año siguiente.

Timoteo volvía a estar con el apóstol (2 Co. 1:1). Tito y otro cristiano habían vuelto después de haber sido enviados de Éfeso a Corinto (2 Co. 2:13; 7:6, 7, 13, 14, 15; 12:18) con instrucciones para que la iglesia tomara en el acto medidas disciplinarias contra un hombre culpable, probablemente de incesto (1 Co. 5:1). Este hombre había desafiado públicamente la autoridad del apóstol, obstinándose en su pecado, y comprometiendo el equilibrio de la iglesia. Tito tenía que reunirse con Pablo en Troas; no habiéndole encontrado allí, el apóstol se inquietó sumamente, y partió hacia Macedonia. Tito le dio en Macedonia las nuevas de que los Corintios habían actuado firmemente en cuanto al culpable, quien había reconocido humildemente su pecado. El apóstol escribió entonces la epístola que Tito, acompañado de otros dos discípulos (2 Co. 8:16-24), llevó a Corinto. Esta epístola revela el tormento del apóstol a la idea de que los corintios pudieran mostrársele desleales; lleva la impronta de la terrible tensión a que estuvo sometido debido a los peligros espirituales que les acosaban.

(A) Contenido.

Esta epístola tiene tres secciones esenciales:

(I) En los capítulos 1 al 7 Pablo da homenaje a la bondad de Dios que le ha librado de la prueba (2 Co. 1:1-14); rechaza la acusación de Iigereza (2 Co. 1:15-2:4); ordena a los corintios que no sobrepasen los límites de la disciplina ejercida contra el culpable (2 Co. 2:5-11), después describe el ministerio que le ha sido encomendado: este es un ministerio espiritual (2 Co. 3); sincero (2 Co. 4:1-6); acompañado de sufrimientos (2 Co. 4:7-18), pero también de esperanza (2 Co. 5:1-10). Inspirado por el mismo Cristo (2 Co. 5:11-17), es un ministerio esencialmente de reconciliación (2 Co. 5:18-6:2). Pablo resume lo que ha significado para él este ministerio (2 Co. 6:3-10), y sobre esta base apelaba a los corintios (2 Co. 6:11-18). El apóstol se alienta y se goza (2 Co. 6) por cuanto los corintios han reconocido lo bien fundado de su ministerio.

(II) En los caps. 8-9, Pablo habla de la colecta organizada en favor de los cristianos de Judea, y desarrolla el tema de la liberalidad.

(III) Caps. 10-12: Pablo defiende de nuevo, de una manera conmovedora pero firme, la autoridad de su apostolado. Termina volviendo a poner en guardia a los corintios contra sus pecados habituales, y declara que, durante su próxima visita, no los va a tratar con miramiento alguno si persisten en su anterior manera de conducirse.

(B) Autenticidad.

La autenticidad de 2ª Corintios está abundantemente demostrada por su propio contenido. Son evidentes los elementos esenciales de la teología y de la escatología de Pablo. El apóstol defiende su apostolado, y subraya el carácter glorioso del ministerio cristiano. Más que en otra cualquier ocasión da rienda suelta a su corazón, explicando las razones de su conducta en difíciles circunstancias de debilidad física y de persecución por parte de los legalistas judaizantes. Nadie hubiera podido inventar una serie tan completa de circunstancias con tantas evidencias de veracidad.

La 2ª Epístola a los Corintios se difundió menos rápidamente que la 1ª. No es mencionada por Clemente de Roma, al final del siglo I. En cambio, sí es mencionada por Policarpo (hacia el año 115) y por Marción (140); figura en el Canon de Muratori (hacia el año 170). También está confirmada por Ireneo, Teófilo, Atenágoras, Tertuliano y Clemente de Alejandría.

Ciertos exegetas han sugerido que los capítulos 10-13 representan una sección extraída de una carta anterior, de un tono más severo que lo que indica el comienzo de 2ª Corintios. Pero esta suposición no tiene el apoyo de la más mínima prueba interna, y no se halla ni rastro de tal hecho en la historia del texto del Nuevo Testamento.

El arrepentimiento de toda la iglesia e incluso del culpable (2 Co. 2:3-11; 7:8-12) parece haber sido el resultado de la intervención de Pablo en 1 Co. 3-6. Por otra parte, el apóstol no menciona en 10-13 ningún caso concreto de disciplina que tenga que ser llevado a cabo.

GÁLATAS (Epístola)

Carta dirigida por Pablo a las iglesias de Galacia (. 1:2).

(a) Destinatarios y fecha:

Está bien establecido que el autor de esta carta es el apóstol Pablo, no poniéndose en duda su unidad. En cambio, aparecen problemas acerca de los destinatarios, de la ocasión y fecha de la epístola. Sobre este extremo hay dos teorías.

(A) Si por Galacia (véase) se entiende toda la provincia romana de este nombre englobando las iglesias fundadas por Pablo durante su primer viaje misionero en el año 47 d.C. (Hch. 13:14), esta epístola hubiera sido redactada antes del Concilio de Jerusalén (Hch. 15). Este Concilio trataba precisamente el problema de la circuncisión, y es digno de señalar que Pablo no hace alusión en esta carta a una tal confirmación de su posición (cp. Hch. 16:4). Es tan sólo después de esta conferencia que se habla en Hechos de un viaje al norte de Galacia (Hch. 16:6). Según esta hipótesis, la epístola a los Gálatas sería la más antigua de las cartas de Pablo.

(B) Si se entiende por Galacia tan sólo el distrito propiamente gálata, que no fue evangelizado hasta el segundo viaje de Pablo, la epístola no hubiera podido ser escrita antes de la visita del apóstol Pablo a Éfeso; Hechos 18:23 mencionaría su segunda visita a esta región (cp. . 4:13). Por otra parte, las alusiones a la acogida que recibe Pablo, y la omisión del nombre de Bernabé (. 4:13-20) no parecen concordar con lo que sabemos del primer viaje (en el que Bernabé tomó parte). La semejanza de la epístola a los Gálatas con la de Romanos ha dado ocasión a sostener que las dos fueron redactadas en la misma época, hacia el año 56 o 57 d.C.

Contexto Histórico

GALACIA

Distrito central del Asia Menor, limitada al norte por Bitinia, Paflagonia y el Ponto, al este por el Ponto y Capadocia, al sur por Capadocia, Licaonia y Frigia, y al oeste por Frigia y Bitinia. Actualmente estas regiones se hallan en el país de Turquía.

El nombre de Galacia proviene de que algunas tribus galas, que habían invadido Macedonia y Grecia (278-277 a.C.), penetraron en el Asia Menor. Como recompensa de servicios rendidos en guerra, Nicodemo, rey de Bitinia, otorgó a estos galos un territorio que recibió el nombre de ellos. Los griegos dieron a estos ocupantes el nombre de «galatai».

Pesinonte, Ancira y Tavium eran las principales ciudades de Galacia, cuyos límites variaron en diferentes épocas históricas, según los azares de las guerras.

En el año 189 a.C., los romanos sometieron a los gálatas, que sin embargo mantuvieron su autogobierno. Los vencedores dieron su favor a estos valiosos aliados.

Bajo Amintas, su último rey, el territorio se expandió mucho hacia el sur, de manera que incluía parte de Frigia, Pisidia, Licaonia e Isauria. Después de la muerte de Amintas (25 a.C.), este territorio expandido se convirtió en la provincia romana de Galacia.

En el año 7 a.C. se añadió al norte el territorio de Paflagonia, y una parte del Ponto; después del año 63 d.C., Galacia sufrió otros cambios territoriales. Aquí se presenta entonces el problema de saber si el nombre de Galacia en el NT (Hch. 16:6; 18:23; . 1:2) se refiere a la provincia romana, o al primitivo territorio de Galacia. En el primer caso, Pablo la habría evangelizado en su primer viaje misionero (Hch. 13; 14), en compañía de Bernabé.

(b) Contenido.

Esta carta fue ocasionada por las intrigas de ciertos maestros judaizantes, que se enfrentaban a la autoridad de Pablo, enseñando que era necesario observar la ley de Moisés. Estos judaizantes afirmaban que Pablo, por cuanto no era uno de los doce, no había recibido directamente el conocimiento del Evangelio. Estos adversarios aparentemente acusaban a Pablo de inconsecuencia, por cuanto predicaba a los gentiles que no tenían que observar la ley, en tanto que los judíos convertidos lo seguían haciendo, e incluso él mismo ocasionalmente (Hch. 21:20-26). Pablo les advertía que estaban siguiendo un evangelio diferente, ya que en el concilio de Jerusalén se determinó que los gentiles no están obligados a guardar la ley. Y les dijo que si ellos o un ángel predicaba un evangelio distinto al que le fue anunciado, es maldito. Por otra parte, atacaban abiertamente las enseñanzas del apóstol, persuadiendo a sus conversos a que asumieran las prescripciones judaicas. Así, se ponía en juego la esencia misma del Evangelio. Movido por una intensa emoción, Pablo escribió la epístola usando enérgicos argumentos. La epístola a los Gálatas es la carta magna de la libertad cristiana.

Después de la introducción (. 1:1-10), en la que el apóstol habla de la complacencia de los gálatas hacia los falsos maestros, afirma vigorosamente la inspiración divina de la buena nueva que ha proclamado, defendiendo su autoridad apostólica (. 1:1-2). Cristo se la ha conferido directamente. El apóstol no depende de los hombres. Muestra asimismo que la iglesia de Jerusalén y los doce habían admitido su apostolado (. 2:1-10). En cuanto a su enseñanza, ésta no había variado nunca (. 2:11-21), ni siquiera cuando Pedro, en Antioquía, parecía oponerse con su comportamiento.

En el cap. 3 Pablo defiende la doctrina de la justificación por la sola fe, experiencia que los mismos gálatas habían tenido (. 3:1-5); se refiere a las Escrituras para demostrar que éste fue el camino que había seguido el mismo Abraham para alcanzar la salvación (. 3:6-9). Pablo destaca asimismo algunas verdades escriturales con respecto a la ley: por cuanto demanda una obediencia perfecta como condición de salvación, la ley solamente arroja maldición y castigo (. 3:10-12). Cristo, hecho maldición en nuestro lugar, nos ha liberado de la maldición ( 3:13, 14). Dios había ratificado el pacto de salvación por la fe celebrado con Abraham y su descendencia. Por ello, la ley, venida posteriormente, no podía anular el pacto hecho anteriormente (. 3:15-18); la ley tenía como objeto ser una disciplina temporal, obligando a los hombres a que se dieran cuenta de que el pecado es transgresión a los mandamientos de Dios (. 3:19, 20). La ley, así, hizo el papel de pedagogo, para conducir a los pecadores a Cristo (. 3:21-24).

En el cap. 4, el apóstol da a sus lectores razones adicionales para mostrar la genuinidad de su Evangelio: la adopción y herencia del hijo de Dios (. 4:1-11); el afecto de los gálatas hacia Pablo (. 4:12-20); el paralelismo que presenta la historia de Agar, Sara, y los hijos de ellas, con el pacto de Sinaí y el pacto de la gracia (. 4:21-31).

De . 5:1-6:10 el apóstol ilustra la doctrina de la libertad acerca de la ley: exhorta a los gálatas a que salvaguarden esta libertad, y a practicar «la ley de Cristo», que es la del amor y de la ayuda mútua.

El pasaje de . 6:11-18, que Pablo probablemente escribió de su puño y letra, es la conclusión; recapitula allí la esencia de su enseñanza.

(c) Importancia de la epístola a los Gálatas:

(1) A causa de los detalles que ofrece sobre la vida del apóstol. La concordancia que presenta con el relato que se halla en Hechos de la vida de Pablo y de su relación con la iglesia ha sido fuertemente combatida, pero puede ser totalmente demostrada. Véase PABLO para las menciones cronológicas de la visita de Pablo a Jerusalén después de su conversión (. 1:18, 19; Hch. 9:26-29), y la conferencia de Jerusalén (. 2:2-10; Hch. 15).

(2) La epístola demuestra además que los doce estaban de acuerdo con Pablo, quedando para él la comisión de evangelizar a los gentiles.

(3) Con mayor concisión que la epístola a los Romanos, que es más detallada y menos vehemente, y por medio de ejemplos particulares, la epístola a los Gálatas da el mismo plan de salvación y la misma estimación de la dispensación hebrea. Todos los hombres, por lo que respecta a la Ley, se hallan bajo condenación como transgresores; por ello es imposible la salvación por las obras de la ley. Solamente Cristo puede salvar, por cuanto Él, por su muerte, ha dado satisfacción a las exigencias de la ley con respecto a aquellos que creen. La ley no fue nunca destinada a salvar, sino a ser un tutor o pedagogo (que entre los griegos era un esclavo que llevaba los niños a la escuela) para llevarnos a Cristo. Ahora ya no estamos bajo este pedagogo. Es por la fe que fue salvado Abraham, es por la fe, y solamente por la fe, que venimos a ser hijos de Abraham, participantes de la bendición, y herederos de la promesa. El judaísmo, como método de salvación, constituye una interpretación errónea del AT. La distinción entre judíos y gentiles ha quedado abolida. La proclamación de estas verdades pone de manifiesto que el cristianismo es una fe de alcance universal, y no una secta del judaísmo.

Los primeros escritores cristianos se sirvieron mucho de esta epístola a los Gálatas; durante la primera mitad del siglo II la usó Policarpo en la epístola a Diognetes; en la segunda mitad del mismo siglo, Justino Mártir, obispo de Sardis, y después Ireneo, Clemente de Alejandría, y Tertuliano, que la mencionan expresamente en sus citas. Figura en la versión Vetus Latina, y en el fragmento de Muratori.

Bibliografía:

E. F. Harrison: «Galatians», en The Wycliffe Bible Commentary (Moody Press, Chicago, Illinois, 1962);

M. Lutero: «Commentary on Galatians» (Kregel Pub., Grand Rapids, Michigan, 1979);

EFESIOS (Epístola )

Pablo la redactó estando preso (Ef. 3:1; 4:1; 6:20), probablemente en Roma, el año 62 de nuestra era. Unos pocos comentaristas sitúan la redacción de esta epístola en la época del cautiverio en Cesarea (Hch. 24:27), pero en este caso no cuadraría que el apóstol escribiera en la misma época a los filipenses (Fil. 2:23-24) y a Filemón (Flm. 22) que esperaba ser dejado pronto en libertad. Esta esperanza no se hubiera dado en Cesarea, donde había apelado a César. Por otra parte, tenía una libertad suficiente para predicar el Evangelio (Hch. 28:30; Ef. 6:19-20; Col. 4:3-4), y el pretorio, así como la casa de César de que habla, se hallan evidentemente en Roma (Fil. 1:13; 4:22). Finalmente, la frase «soy embajador» (Ef. 6:20) puede sugerir su presencia en la capital imperial.

(a) DESTINATARIOS.

La epístola está dirigida «a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso». Algunos mss. muy antiguos omiten la palabra «en Éfeso», p. ej., los dos principales del NT, el Códice Sinaítico y el Códice Vaticano, así como el papiro de Chester Beatty, de inicios del siglo III, el ms. más antiguo que se posee de las epístolas de Pablo. ¿Quiénes eran entonces los verdaderos destinatarios de la epístola? La explicación más plausible es que se trata de una carta circular enviada a todas las iglesias de la Provincia de Asia; Éfeso era la principal ciudad, quedando así su nombre en ella. La ausencia de alusiones a una situación concreta y a dificultades locales parece confirmar esta opinión. Se trata, en suma, de un tratado de doctrina y de moral, bajo la forma de epístola.

Contexto Histórico

ÉFESO

Ciudad de Lidia, en la costa occidental de Asia Menor, a mitad de camino entre Mileto al sur y Esmirna al norte.

Efeso estaba situada en la encrucijada de caminos comerciales naturales, sobre la arteria principal que iba de Roma a Oriente.

Poseía el célebre templo de Artemisa (Diana), que representaba a una diosa madre cuyo torso estaba totalmente cubierto de pechos.

En el siglo II a.C. los jonios de raza griega se apoderaron de la ciudad. Efeso vino a ser una de las 12 ciudades de la confederación jónica, y posteriormente la capital.

Hacia el año 555 a.C., Creso, rey de Lidia, cuya capital era Sardis, tomó Efeso, pero poco después cayó bajo el yugo persa. Bajo Alejandro Magno vino a formar parte del imperio greco-macedónico.

En el año 190 a.C. los romanos, al vencer a Antíoco el Grande en Magnesia, le arrebataron Efeso, dándola a Eumeno II, rey de Pérgamo.

A la muerte de Atalo III, rey de Pérgamo, en el año 133 a.C., Efeso volvió a manos romanas, que hicieron de ella la capital de la provincia romana de Asia.

Tiberio la reconstruyó después del terremoto sufrido en el año 29 d.C.

Numerosos judíos que poseían el título de ciudadanos romanos residían en Éfeso, manteniendo allí una sinagoga (Hch. 18:19; 19:17; Ant. 14:10, 11 y 13).

Al finalizar su segundo viaje misionero, Pablo, de camino hacia Jerusalén, hizo una breve visita a Efeso, y predicó en su sinagoga. Dejó a Aquila y a Priscila en esta ciudad, para que ellos prosiguieran con la obra (Hch. 18:18-21).

En la época de su tercer viaje, Pablo estuvo trabajando en Éfeso por lo menos 2 años y 3 meses. Dejó la ciudad después del motín provocado por Demetrio, el platero fabricante de templecilIos de plata de Diana, que vio disminuir sus beneficios debido a la predicación del apóstol (Hch. 19; cp. 1 Co. 15:32; 16:8; 2 Ti. 1:1-18). Pablo dejó a Timoteo en Éfeso, a fin de que impidiera que la iglesia quedara corrompida por las falsas doctrinas (1 Ti. 1:3). Más tarde, no pudiendo pasar por Efeso al volver de Europa, Pablo llamó a los ancianos de Éfeso a Mileto (Hch. 20:15, 16, 17). Tíquico, portador de la epístola a los Efesios, fue después enviado a Éfeso (Ef. 1:1; 6:21; 2 Ti. 4:12).

La iglesia de Éfeso es una de las 7 iglesias de Asia a las que se dirigieron las cartas del Apocalipsis de Juan (Ap. 1:11; 2:1-7).

Según la tradición, el apóstol Juan pasó los últimos años de su vida en Efeso.

En la actualidad, el mar se ha retirado de la ciudad debido a depósitos aluviales del río Caístro, que desembocaba junto a ella. Sólo quedan ruinas de lo que fuera una gran ciudad.

(b) COMPARACIÓN con la epístola a los Colosenses.

Al igual que la carta a los Colosenses, la remitida a los Efesios fue enviada por medio de Tíquico (Ef. 6:21; Col. 4:7-8). La analogía de lenguaje y de pensamiento revela que las dos epístolas fueron redactadas en la misma época. Compárese, p. ej.:

Ef. 1:1, 2 con Col. 1:1, 2

Ef. 1:3, 20; 2:6; 3:10; 6:12 con Col. 1:5; 3:1-3

Ef. 1:6, 7 con Col. 1:13-14

Ef. 1:9; 3:9; 6:19 con Col. 1:26; 2:2; 4:3

Ef. 1:10 con Col. 1:10, 25.

Ef. 1:11 con Col. 1:12

Ef. 1:17 con Col. 1:10

Ef. 1:19, 20 con Col. 2:12

Ef. 1:20 con Col. 3:1

Ef. 1:22 con Col. 1:18

Ef. 1:23 con Col. 2:9

Ef. 4:22-24 con Col. 3:8-10

Ef. 4:32 con Col. 3:13

Este paralelismo llega a tal punto que, según Lewis, de los 155 versículos de Efesios, se hallan 78, con más o menos modificaciones («International Standart Bible Encyclopaedia», p. 959). Es evidente que el apóstol redactó estas dos epístolas bajo la presión de las mismas circunstancias. La epístola a los Efesios parece haber sido escrita inmediatamente después de la de Colosenses, siendo de mayor alcance que la anterior.

(c) AUTENTICIDAD.

La autenticidad y paternidad paulina de esta epístola queda abundantemente constatada por pruebas internas y externas.

Clemente de Roma, Ignacio, Policarpo, Hermas, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Ireneo e Hipólito dan testimonio de que había sido reconocida y utilizada ya muy tempranamente de una manera constante. Incluso se puede afirmar que es indudablemente la carta más citada de los escritores de los primeros siglos. Figura en la lista de Marción y en el fragmento de Muratori (170 d.C.).

Las pruebas internas son igualmente decisivas. El autor menciona dos veces su nombre (Ef. 1:1; 3:1). La distribución de los temas es paulino, empezando por la doctrina (Ef. 1-3) y acabando por la temática práctica, fruto de la doctrina (Ef. 4-6). La forma de expresarse es totalmente de Pablo. Es esta epístola la que marca la cumbre de la enseñanza del apóstol.

(d) TEMA.

El tema principal de la epístola a los Colosenses es la preeminencia de la persona y de la obra de Cristo; el de Efesios, los privilegios y responsabilidad de la Iglesia, que reúne «en Cristo» a todos los redimidos del Nuevo Testamento.

La epístola a los Efesios resume, por así decirlo, toda la anterior enseñanza de Pablo; desarrolla el maravilloso plan que Dios ha puesto en marcha al enviar a su Hijo, la liberación de sus elegidos, la redención que debe manifestar al universo entero las riquezas de su gracia. Exponiendo la salvación por la fe, el llamamiento a los gentiles, la divinidad de Jesús, su obra perfectamente consumada, la santificación, la plenitud y la victoria concedidas a los santos, la epístola a los Efesios constituye un completo tratado teológico.

El capítulo 1 expone la obra divina consumada en favor de la Iglesia, constituida según los designios eternos del soberano Dios (Ef. 1:3-6); la obra de Cristo llevó a cabo estos designios (Ef. 1:7-12), que han quedado confirmados mediante el sello del Espíritu Santo (Ef. 1:13, 14). Pablo ora para que los efesios puedan comprender cuál es la grandiosa esperanza que ilumina la vocación cristiana, de la cual el Salvador resucitado y glorificado es a la vez las primicias y la garantía (Ef. 1:15-23).

El capítulo 2 presenta el lado humano de la experiencia de la salvación: una gracia inmerecida libera a los elegidos del pecado y de la condenación (Ef. 2:1-10). Unidos por Cristo, judíos y gentiles forman un templo espiritual (Ef. 2:11-22).

En el capitulo 3 el apóstol afirma su propia posición en el seno de la Iglesia: él es el revelador del misterio divino (Ef. 3:1-13); ora a fin de que los convertidos lleguen a conocer por la fe lo que Dios les ha preparado, y sean llenados por el Espíritu en toda su plenitud (Ef. 3:14-21).

Los capítulos 4 a 6 son una exhortación a caminar en todas las circunstancias de la vida presente de una manera digna de su sublime llamamiento. Para empezar se debe conservar la unidad del Espíritu (Ef. 4:1-3) sobre una base séptuple claramente definida (Ef. 4:6); esta unidad comporta la diversidad de los dones y de los ministerios, así como la coordinación y el crecimiento conjunto de todos los miembros del cuerpo de Cristo (Ef. 4:7-16). Pablo aborda a continuación el tema de la santificación práctica en el dominio de las acciones, de las palabras y de los sentimientos, sobre el plan positivo y negativo,

en la vida personal (Ef. 4:17-5:19),

comunitaria (Ef. 4:19-21),

conyugal (Ef. 4:22-33),

familiar (Ef. 6:1-4) y

social (Ef. 6:5-9).

Finalmente el apóstol muestra que la lucha contra el enemigo conduce a la victoria gracias a toda la armadura de Dios, a la Palabra y a la oración (Ef. 6:10-24).

Se debe señalar la enseñanza extraordinariamente precisa de esta epístola acerca del Espíritu Santo:

Él sella a aquel que cree en Cristo (Ef. 1:13-14);

Él es quien alumbra acerca de la maravillosa salvación de Dios (Ef. 1:17-19);

Él mora en el templo constituido por la Iglesia (Ef. 2:22),

así como en el cuerpo del creyente individual, a quien fortalece y llena más allá de toda medida (Ef. 3:16-21; 1 Co. 6:19); no hay más que un Espíritu, el cual forma y mantiene la verdadera unidad (Ef. 4:3-4); todo pecado le contrista (Ef. 4:30) y debe ser confesado y perdonado (1 Jn. 1:7-9); la voluntad formal de Dios es que el Espíritu nos llene día a día: ello es posible mediante la fe y la obediencia (Ef. 5:18; 3:16, 19; Jn. 7:37-39).

Antes de escribir la epístola a los Efesios, Pablo había visto nacer en el mundo una comunidad espiritual nueva, hecha de razas diversas. Había enseñado que esta comunidad, la Iglesia, es el cuerpo de Cristo, y había insistido acerca de la importancia de la armonía entre sus miembros (Ro. 12:4-8; 1 Co. 12:12-30; Col. 1:18; 2:19). Escribiendo ahora a las iglesias de la provincia de Asia, cuyos miembros, de las razas más diversas, estaban elaborando teorías que tendían a atribuir a Cristo un lugar sólo secundario, el apóstol proclama la preeminencia de Cristo, cabeza suprema de la Iglesia (Ef. 1:22, 23), «de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor» (Ef. 4:16; cp. Ef. 2:11-22). Esta posición central del Señor queda más magníficamente expresada mediante la constante repetición de las expresiones «en Cristo», «en Él» (26 veces), y «en el Señor» (5 veces). Como lo dice en otro lugar el apóstol Pablo: «Vosotros estáis completos en él» (Col. 2:10).

La epístola de Pablo a los Romanos, dirigida del oriente a los cristianos de occidente, indica, de una manera completa, el camino de la salvación. La epístola a los Efesios, enviada de occidente a los cristianos de oriente, expone perfectamente todo el plan eterno de Dios.

 

FILIPENSES (Epístola)

Esta carta se dirigía a la iglesia más antigua de Europa, y la redactó el apóstol Pablo desde su cautiverio (Fil. 1:7, 13, 14, 17).

Pablo se halla bajo la vigilancia de la guardia pretoriana (Fil. 1:13); transmite los saludos de los santos pertenecientes a la casa del César (Fil. 4:22).

En la localidad en la que está Pablo hay numerosos cristianos que propagan la nueva fe (Fil. 1:14-18). Estas alusiones, y el tono de toda la epístola, hacen ver que el apóstol escribía durante su primer encarcelamiento en Roma (véase PABLO). La fecha más probable es hacia el final de este período, el año 61 o 62. Son diversos los hechos que parecen confirmarlo:

(a) El apóstol ha estado ya viviendo un cierto tiempo en el lugar desde donde escribe, Roma con toda seguridad (Fil. 1:12 ss),

(b) Está esperando su liberación (Fil. 1:25; 2:23, 24),

(c) Los filipenses le habían enviado un don (Fil. 4:10) por medio de Epafrodito (Fil. 2:25) que había caído enfermo en Roma (Fil. 4:10). Los filipenses habían llegado a conocer esto y se habían inquietado por él (Fil. 2:26). Así, hacía ya tiempo que Pablo había llegado a la capital.

La carta había sido escrita como acuse de recibo del don de los filipenses. El apóstol había ya aceptado muchas veces la liberalidad de ellos, en contra de su costumbre (Fil. 4:15). Aprovecha esta ocasión para dar noticias suyas a los filipenses y para ponerlos en guardia contra los errores.

Esta epístola constituye el mensaje de un pastor a su grey; a diferencia de otros casos, esta epístola no tenía como motivo una crisis en el seno de la iglesia. Abundante en enseñanzas espirituales, arroja mucha luz sobre la situación y el estado de ánimo de Pablo en Roma. Epafrodito estaba ya restablecido e iba a ser el portador de la carta a Filipos (Fil. 2:25, 30).

Contexto Histórico

FILIPOS

Ciudad de Tracia, en la Macedonia oriental. Anteriormente «Krenides»,

Filipo II, el padre de Alejandro Magno, la conquistó, fortificándola y dándole su nombre (356 a.C.).

Fue la primera ciudad de Europa visitada por Pablo (52 d.C.). Su predicación tuvo como resultado la conversión de Lidia y de otros. Al echar de una joven un espíritu de pitón se ocasionó un tumulto; Pablo y Silas fueron azotados y echados a la cárcel, esto llevó a la conversión del carcelero (Hch. 16:12-40).

Pablo volvió a visitar esta ciudad poco después (Hch. 20:6).

Filipos se hallaba en el interior, a unos 16 Km. al noroeste de Neápolis. Una cadena de montes separaba ambas ciudades; para ir de una a otra se tenía que pasar por un puerto de montaña de 487 m. por encima del nivel del mar.

Al principio, Filipos ocupaba una pequeña eminencia en medio de la llanura. La ciudad se llama hoy Kavalla, y todo lo que queda de la ciudad antigua es una gran cantidad de ruinas.

 

Filipos, ciudad de la antigua Macedonia, situada cerca de la costa del mar Egeo, próxima a la actual Cavalla, en Grecia. En un principio se llamó Crenidas, pero en honor a Filipo II de Macedonia, quien la conquistó en el 355 a.C., recibió su nombre. Filipo la amplió y fortificó gracias a los beneficios de las minas de oro de la región. La ciudad de Filipos es famosa por la batalla que se libró allí en el año 42 a.C., en la que el ejército de Marco Antonio y Octavio, más tarde el emperador Augusto, derrotó al ejército republicano bajo el mando de los conspiradores Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. El apóstol san Pablo fundó la primera iglesia cristiana de Europa en Filipos y más tarde dirigió una de sus epístolas a esta comunidad. La excavación sistemática del emplazamiento desde la década de 1940, han revelado una serie impresionante de monumentos romanos y bizantinos, que incluyen un teatro, un foro, calles, baños, un palacio episcopal y varias basílicas.

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(a) Contenido:

(A) Introducción (Fil. 1:1, 2).

(B) Pablo agradece a los filipenses, asegurándoles de su afecto, de sus oraciones para el avance de ellos en la santificación (Fil. 1:3-11). Afirma que su encarcelamiento contribuye al progreso del Evangelio; se goza en que Cristo sea predicado, a pesar de la oposición que tiene que sufrir; desearía mejor partir para estar con Cristo, pero sabe que será preservado, para serles aún más útil; los exhorta a que permanezcan en la fe (Fil. 1:12-30).

(C) Apelación a la unión espiritual, basada en la abnegación y en el amor, en seguimiento del ejemplo de Cristo, que debería incitarles a llevar a cabo su servicio hasta el fin (Fil. 2:1-18).

(D) Pablo espera poder enviarles a Timoteo, y dirigirse él mismo a Filipos; mientras tanto, delega a Epafrodito (Fil. 2:19-30).

(E) Exhortación a seguir gozosamente la peregrinación terrestre, en sometimiento a Cristo, sin perder de vista el galardón celestial, según el ejemplo del apóstol. Pone a los filipenses en guardia frente a los judaizantes (Fil. 3).

(F) Recomendaciones finales a ciertas personas y a toda la iglesia. El tema es el gozo, la serenidad de ánimo, la santidad (Fil. 4:1-9).

(G) Última alusión al gozo que le había venido por el don y el afecto de los filipenses. Últimos saludos (Fil. 4:10-23).

(b) Autenticidad y unidad.

Esta epístola es indiscutiblemente de Pablo; el contenido, tono, estilo, los detalles personales, dan testimonio de ello. Hay además numerosos testimonios externos. Clemente de Roma (90 d.C.) conocía la epístola e Ignacio (110 d.C.) la cita. Por el brusco cambio de tono a partir de Fil. 3:2, ha habido sugerencias de que este pasaje hubiera podido formar parte de otra carta de Pablo. Sin embargo, la epístola no pretende ser una exposición didáctica. Las transiciones bruscas y las introducciones de temas nuevos se hallan corrientemente en las cartas de carácter personal, como lo es ésta. (Véase EPÍSTOLAS.)

(c) Mensaje espiritual.

Es de gran riqueza, y tan sólo se pueden mencionar aquí dos temas particularmente relevantes.

(A) Uno de ellos es el del gozo (Fil. 1:5). Puede gozarse en medio de todas las circunstancias (Fil. 1:18), y se goza en el gozo de los demás (Fil. 1:25). Su gozo perfecto es ver el amor y la unidad de los creyentes (Fil. 2:2). La misma perspectiva del martirio le lleva a gozarse y a pedir a los filipenses que se gocen y regocijen con él (Fil. 2:17, 18). El siervo de Dios tiene un gozo y una corona permanentes: las almas de aquellos a los que ha llevado a la salvación (Fil. 4:1). Pablo no puede dejar de insistir en ello: «Otra vez digo: ¡Regocijaos!» (Fil. 3:1; 4:4).

(B) El otro tema es el de «lo mejor» que debemos discernir (Fil. 1:10). ¿Qué es lo mejor? El testimonio fiel rendido a Cristo en la cárcel es mejor que la misma libertad en sí (Fil. 1:12-14). La muerte es más excelente que la vida, por cuanto «es estar con Cristo» (Fil. 1:21-23). Seguir al Señor en Su anonadamiento es el camino de la mayor gloria (Fil. 2:5-11). Todo lo que es bueno desde el punto de vista de los valores meramente humanos viene a ser como basura en comparación con «la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús» (Fil. 3:4-8). La humillación, la escasez, la angustia, la abundancia, no son nada; lo excelente es estar satisfecho y fortalecido en Cristo (Fil. 3:11-14). Dios mismo, nuestra plenitud, suplirá a todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en Cristo Jesús (Fil. 3:19).

 

COLOSENSES

Epístola del apóstol Pablo, preso (Col. 4:3, 10, 18), escrita probablemente el año 62 d.C., durante su primer cautiverio de 2 años en Roma (Hch. 28:30, 31).

Ciertos historiadores piensan que esta epístola fue escrita en Cesarea (Hch. 23:35; 24:27).

 Parece, en base a Col. 1:7, que Epafras había fundado esta iglesia, o que, al menos, ayudó a establecerla; pudo haberse fundado mientras que el apóstol Pablo trabajaba en Éfeso (Hch. 19:10). Epafras fue a reunirse con el apóstol Pablo (Col. 1:7), y las nuevas que le dio hicieron que escribiera esta carta. Tíquico fue el mensajero que la llevó (Col. 4:7, 8); Pablo le confió también la carta destinada a Éfeso (Ef. 6:21), redactada en la misma época. Onésimo, que acompañó a Tíquico, llevaba la carta dirigida a un habitante de Colosas, Filemón, de quien Onésimo había sido esclavo. Arquipo, mencionado en Flm. 2 y en Col. 4:17, era probablemente hijo de Filemón.

Los saludos (Col. 4:10-17) muestran que si Pablo no había trabajado personalmente en Colosas, sus amigos habían estado activos y le habían dado a conocer bien a ciertos colosenses. Filemón era uno de sus convertidos (Flm. 19); es posible que hubiera sido convertido en la ciudad de Éfeso.

Los informes de Epafras le revelaron al apóstol que unos falsos maestros orientaban a los colosenses hacia el ritualismo, al ascetismo, y hacia las vanas especulaciones filosóficas. Estos falsos maestros eran judíos (Col. 2:11,16). Se distinguían por su ascetismo (Col. 2:16, 20-23), (No manejes, ni gustes, ni aun toques) que posiblemente recibieran de la secta judía de los esenios. Profesaban además una filosofía mística (Col. 2:8) que aparentemente se envanecía de un conocimiento trascendente de las cosas divinas (Col. 2:18). Incluso habían introducido el culto a los ángeles (Col. 2:18), lo que atentaba a la todo-suficiencia y supremacía de Cristo. Estos seductores diferían de los judaizantes a los que se opuso Pablo en la Epístola a los Gálatas. Representaban una nueva forma de error y parece que fueron, en ciertos respectos, los precursores de los gnósticos. Unían al ritualismo la tendencia a la teosofía característica del pensamiento oriental, y estos dos errores demandaban, para el apóstol, una refutación inmediata.

Contexto Histórico

COLOSAS

Ciudad sobre el río Lico en Frigia, Asia Menor (Col. 1:2).

Parece que Pablo no había todavía visitado la ciudad cuando escribió su carta a la iglesia allí (cp. Col. 1:7; 2:1); pero puede que lo hiciera después en sus viajes, o desde Éfeso. Esperaba poder visitarlos pronto (Flm. 22), porque allí vivían Filemón y Onésimo (Col. 4:9).

Colosas había sido una ciudad importante, y vio su decadencia con el surgimiento de Hierápolis y Laodicea

 

La Epístola a los Colosenses se divide en 4 partes:

(a) Introducción y acción de gracias (Col. 1:1-8);

(b) sección doctrinal (Col. 1:9-3:4);

(c) exhortaciones prácticas (Col. 3:5-4:6);

(d) saludos finales (Col. 4:7-18).

La parte doctrinal es sumamente importante; Pablo empieza con una oración para que aumente en los colosenses el conocimiento de la voluntad de Dios de cara a una vida santa y fructífera. A continuación describe magistralmente la preeminencia de Cristo, imagen del Dios invisible, Señor supremo del universo, y cabeza de la Iglesia. A renglón seguido, en el capítulo 2, confrontando a los propagadores del error, el apóstol presenta la evidencia de la plenitud que los creyentes tienen en Cristo, habiendo triunfado definitivamente sobre todos sus enemigos espirituales. Afirma a los cristianos que solamente la unión con Cristo, mediante el bautismo del Espíritu Santo y la fe, les permitirá experimentar el hecho de la plena salvación. En respuesta a las pretensiones del ascetismo, les exhorta a la práctica de una vida conforme a las exigencias de la moral y del orden social. El tema de esta epístola está esencialmente centrado en Cristo. Pablo reafirma la doctrina de la salvación enseñada en las cartas precedentes, pero desarrolla de una manera más completa la primacía de la persona de Cristo, y la total suficiencia de Su obra. La forma y el fondo de la Epístola a los Efesios y la de los Colosenses dan evidencia de numerosos puntos en común, aunque sus diferencias sean también notables. La Epístola a los Efesios, redactada en la misma época que la de a los Colosenses, presenta con mayor amplitud el mensaje del apóstol.

TESALONICENSES (1 ª Epístola)

Es la más antigua de las epístolas del apóstol Pablo, que estaba con Silvano (Silas) y Timoteo cuando la dirigió a la iglesia en Tesalónica. Pablo había fundado esta iglesia en el curso de su viaje misionero. Los judíos, irritados, echaron al apóstol de Tesalónica; entonces, él se dirigió desde allí a Berea, y a continuación a Atenas (véase PABLO). La epístola contiene alusiones a los incidentes en Tesalónica (1 Ts. 2). Afirma también que Timoteo fue enviado por Pablo desde Atenas a Tesalónica para alentar a los cristianos perseguidos (1 Ts. 3:13). Timoteo dio noticias a Pablo de la firmeza que tenían. En Hch. 18:5 se nos dice que Silas y Timoteo se reunieron con el apóstol en Corinto, desde donde escribió la primera a los Tesalonicenses, probablemente en el año 50 ó 51 d.C. Las alusiones de la epístola a las experiencias de Pablo en Tesalónica, la preocupación de los tesalonicenses acerca de sus hermanos que habían muerto, así como el carácter práctico de la epístola, confirman esta fecha.

Contexto Histórico

TESALÓNICA

Ciudad situada sobre el golfo que en la antigüedad se llamaba Termaico, y en la actualidad golfo de Salónica. Al principio, la ciudad se llamaba Therme o Therma, fuente caliente. Cesandro, uno de los sucesores de Alejandro Magno, hizo de ella su capital, y la llamó Tesalónica, en honor de Thessalonike, su mujer, hermana de Alejandro. Los romanos dividieron Macedonia en cuatro distritos, e hicieron a Tesalónica la capital del segundo. La ciudad, que vino a ser ciudad libre en el año 42 a.C., era un centro militar y comercial en la vía Ignaciana. Sus magistrados recibían en gr. el nombre de politarcas (jefes de la ciudad); este término gr. de Hch. 17:6 queda confirmado por una inscripción sobre el arco de Tesalónica. Pablo predicó en la sinagoga. Sus convertidos formaron una iglesia (Hch. 17:1-13; cfr. Fil. 4:16) a la que el apóstol dirigió dos cartas. Aristarco y Segundo, compañeros de Pablo eran tesalonicenses (Hch. 20:4; 27:2). En la actualidad la ciudad se llama Salónica aunque oficialmente se le ha devuelto el nombre de Tesalónica.

Salónica o Tesalónica (en griego, Tessaloníki), ciudad portuaria del noreste de Grecia, una de las más pobladas del país y el principal puerto y centro comercial de la Macedonia griega. Capital del departamento homónimo, está ubicada en el extremo septentrional del golfo de Salónica. La industria es la principal actividad de la ciudad, que cuenta con fundiciones de hierro, astilleros (construcción naval), fábricas textiles y molinos de harina. El comercio de exportación se sustenta en los minerales y el tabaco. Es la sede de la Universidad Aristotélica de Salónica (1925).

En el siglo I d.C. el apóstol Pablo predicó a los tesalonicenses en esta ciudad, que en aquellos tiempos era parte de la provincia romana de Macedonia. En el siglo X la ocuparon los sarracenos y en el XII los normandos. En el siglo XIII pasó a formar parte del Imperio bizantino, de cuya etapa conserva magníficas muestras, entre las que destacan los mosaicos de algunas edificaciones religiosas como las iglesias de Santa Sofía y de San Jorge. Fue una posesión turca entre 1430 y 1912, fecha en la que fue conquistada por los griegos. Jorge I de Grecia fue asesinado en Salónica en 1913. En el transcurso de la II Guerra Mundial fue ocupada por los alemanes. Sus monumentos paleocristianos y bizantinos fueron declarados Patrimonio cultural de la Humanidad en 1988. Población (2001), 363.987 habitantes

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(A) Circunstancias motivadoras de la epístola:

(1) Tendencia de los tesalonicenses a descuidar el trabajo cotidiano, posiblemente con el argumento de que, si el Señor iba a venir pronto, no valía la pena llevar a cabo los deberes habituales para la subsistencia. Debilidad en el plano moral.

(2) Perplejidad acerca de los que habían muerto. Los tesalonicenses temían que éstos no tuvieran parte ya en el glorioso reinado que Cristo iba a establecer en Su venida.

(3) Problemas en el ejercicio de los dones espirituales, particularmente la profecía.

(B) Análisis de la epístola.

(1) El apóstol rinde homenaje al fervor, paciencia e influencia de los cristianos en Tesalónica (1 Ts. 1).

(2) Les recuerda que él ha actuado con perfecta rectitud con respecto a ellos y que no ha sido carga para nadie. Alaba la valentía de ellos en medio de las persecuciones (1 Ts. 2).

(3) Gozo de Pablo al saber las buenas nuevas que Timoteo le trae de Tesalónica (1 Ts. 3).

(4) Instrucciones particulares (1 Ts. 4:1-5:24):

(a) Necesidad de la pureza (1 Ts. 4:3-8).

(b) Exhortación al amor fraternal y al trabajo (1 Ts. 4:9-12).

(c) Cuando el Señor venga, los creyentes ya muertos resucitarán en primer lugar; los creyentes vivientes serán luego transformados, y todos juntos serán arrebatados al encuentro del Señor en el aire (1 Ts. 4:13, 18; cfr. 1 Co. 15:51-53).

(d) Necesidad de velar y ser sobrios (1 Ts. 5:1-11).

(e) El apóstol recomienda el respeto hacia los hermanos conductores de la grey, el bien hacer, el ejercicio de los dones espirituales, la práctica de todas las virtudes cristianas (1 Ts. 5:12-24).

(5) Despedida (1 Ts. 5:25-28). Esta epístola revela de una manera notable los problemas afrontados por una iglesia formada de recientes conversos, surgidos, en su mayor parte, del paganismo; muestra asimismo la grandeza y sabiduría del apóstol.

2 ª Epístola

(B) Origen. Pablo la escribió en Corinto, al igual que la primera, y pocos meses después de ella, probablemente en el año 51. El apóstol estaba nuevamente acompañado por Silvano (Silas) y Timoteo (2 Ts. 1:1). Esta carta es, especialmente, una advertencia en contra de ideas erróneas en cuanto a la Segunda Venida del Señor (2 Ts. 2). Nuevamente, Pablo les recomienda reprender y señalar a los holgazanes (2 Ts. 3:6-12). En la primera epístola se expone la relación de la Segunda Venida con los creyentes; la segunda revela lo que les sucederá a los pecadores (2 Ts. 1:5-10). Después Pablo ruega a los tesalonicenses que no se dejen llevar por el pensamiento de que «el día del Señor ha llegado» (2 Ts. 2:2). A este respecto, se debe señalar la desafortunada y errónea traducción que ha exhibido la Reina-Valera en este pasaje, incluyendo la revisión 1960, y que ha sido felizmente corregida en la revisión 1977. En efecto, la errónea traducción, «no os dejéis mover fácilmente... en el sentido de que el día del Señor está cerca»:

(A) hace injusticia al texto gr., por cuanto lo que se intima aquí es a resistir las erróneas enseñanzas de que «el día del Señor está cerca». Tales enseñanzas angustiaban a los cristianos, que pensaban por ello que estaban viviendo los días de la retribución divina sobre la tierra , la gran tribulación.

(B) Hace injusticia a la enseñanza del NT de la inminencia de la venida del Señor, que debe ser la esperanza real y constante de cada generación de cristianos. (cfr. W. E. Vine: «Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento», Clíe, Terrassa, 1984, vol. 1, p. 32, bajo artículo ACERCAR, CERCA, CERCANO, b, 3, nota [21). Se debe recordar, y Pablo lo recuerda a los tesalonicenses, que la Parusía o SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, debe ir precedida por la apostasía, predicha por el mismo Señor (cfr. Mt. 24:9-12) y por Pablo (Hch. 20:29, 30; Ro. 16:17-20; 2 Co. 11:13-45; 1 Ti. 4:1), y por la manifestación del Inicuo,es decir, del anticristo. (2 Ts. 2:3, 4; Dn. 7:25; 11:36; 1 Jn. 2:18). El Señor lo destruirá cuando vuelva en gloria. Pablo recuerda a los tesalonicenses que él ya les decía todas estas cosas cuando estaba con ellos (2 Ts. 2:5).

.

(b) Plan de Segunda Tesalonicenses.

(1) Acción de gracias por la entereza de la fe de estos nuevos convertidos. El Señor, en Su Segunda Venida, dará a todos una justa retribución (2 Ts. 1:1-12).

(2) Exhortación a no dejarse inducir a error en cuanto a la fecha de la venida del Señor a la tierra. Descripción de la apostasía y del hombre de pecado que precederán la venida del Señor (2 Ts. 2:1-12).

(3) Pablo se regocija de la elección y de la fidelidad de los tesalonicenses (2 Ts. 2:13-17).

(4) Últimas exhortaciones: la intercesión; necesidad de alejarse de aquellos que viven desordenadamente; el trabajo cotidiano; la autoridad del apóstol (2 Ts. 3). El apóstol había puesto a los tesalonicenses en guardia (2 Ts. 2:2) contra una carta pretendidamente suya; añade, al concluir, que todas sus cartas van provistas de su firma personal (2 Ts. 3:17).

 (C) Autenticidad.

Las pruebas externas e internas son muy fuertes.

La Primera Epístola está incluida en la Vetus Latina. Figura en el fragmento de Muratori. Ireneo la cita, atribuyéndola a Pablo y designándola como la primera epístola dirigida a la iglesia en Tesalónica. Clemente de Alejandría la cita igualmente y la atribuye a Pablo. Tertuliano la llama Epístola a los Tesalonicenses. «Las pruebas internas son igualmente convincentes. Las menciones personales son inexplicables si no son de Pablo. Las diferencias con el relato de Hechos indican la dualidad de autores, pero no pueden llevar a dudar de la autenticidad de la epístola. Por ella y por los testimonios de primera mano podemos llegar a conocer qué clase de hombre era Pablo y qué género de cartas escribía» (Manley: «Nouveau Manuel de la Bible», p. 377).

Con respecto a la Segunda Epístola, es mencionada por Marción, el fragmento de Muratori e Ireneo; además, parece que había sido conocida por Policarpo, Ignacio y Justino. Estaba ya universalmente aceptada en el año 200.

Bibliografía:

Hubbard, D.: «1 y 2 Tesalonicenses», en Comentario Bíblico Moody-Nuevo Testamento (Ed. Moody, Chicago, 1965);

Kelly, W.: «Lectures introductory to the study of the Epistles of Paul the Apostle» (Bible Truth Publishers, Oak Park, Illinois, reimpr. 1970);

TIMOTEO

= «que adora a Dios».

El apóstol Pablo llama a Timoteo «mi hijo amado y fiel en el Señor» (1 Co. 4:17) y «verdadero hijo en la fe» (1 Ti. 1:2), lo que indica que Pablo fue el instrumento en la conversión de Timoteo. Durante su primer viaje misionero, Pablo pasó a Listra, en Licaonia, donde llevó a Cristo a Eunice y a Loida, respectivamente la madre y la abuela de Timoteo. Éste fue también ganado a la fe cristiana en esta época. Su madre era judía, y su padre griego (Hch. 16:1). Timoteo, que había llegado a ser un cristiano activo, fue recomendado a Pablo por los hermanos de Listra y de Iconio, cuando el apóstol volvió a visitar Listra en el curso de su segundo viaje misionero (Hch. 16:2). Aunque ya en su infancia había recibido las enseñanzas del AT (2 Ti. 3:15), Timoteo no estaba circuncidado (Hch. 16:3). Unas profecías revelaron que estaba destinado a un servicio particular (1 Ti. 1:18; 4:14). Pablo y los ancianos le impusieron las manos y lo consagraron a la evangelización (1 Ti. 4:14; 2 Ti. 1:6). Para no ofender a los judíos, Pablo circuncidó a Timoteo. Ello fue una concesión a las ideas judías tradicionales, a causa de las circunstancias, por cuanto se podía alegar la ascendencia judía de Timoteo, pero no se implicaba con ello el abandono del principio de la libertad cristiana.

Timoteo acompañó a Pablo por Galacia, y después a Troas, Filipos, Tesalónica y Berea. En este último lugar se quedó con Silas mientras Pablo se dirigía a Atenas (Hch. 17:14). Timoteo llegó después a esta ciudad. En 1 Ts. 3:1-2 se ve que Pablo lo volvió a enviar de Atenas a Tesalónica. No parece que Silas llegara a Atenas. Finalmente, él y Timoteo se reunieron con Pablo en Corinto (Hch. 18:5; 1 Ts. 3:6), donde Timoteo se quedó a continuación durante un tiempo con Pablo (1 Ts. 1:1; 2 Ts. 1:1). Aunque el texto no lo dice, es probable que fuera con el apóstol en su viaje de vuelta. Timoteo es mencionado después en relación con el ministerio de Pablo en Éfeso. En 1 Co. 4:17, el autor nos confirma que, antes de escribir esta carta, había enviado a Timoteo a Corinto para reprimir abusos. Sin embargo, no sabemos si Timoteo ya había llegado en el momento de enviar la carta (1 Co. 16:10); en todo caso, parece que había llegado a Éfeso, porque, poco antes de abandonar esta ciudad, Pablo envió a Timoteo y Erasto a Macedonia (Hch. 19:22), donde el apóstol se reunió poco más tarde con su joven amigo (2 Co. 1:1). Se dirigieron los dos juntos a Corinto (Ro. 16:21). Timoteo figura entre los acompañantes de Pablo en su viaje de vuelta a Jerusalén, al término de su tercer viaje (Hch. 20:4). El texto no dice si Pablo subió a Jerusalén con su hijo espiritual. Tampoco se le menciona en relación con el encarcelamiento de Pablo en Cesarea ni con el viaje de Pablo a Roma. Pero su nombre es citado en las epístolas redactadas desde Roma (Fil. 1:1; 2:19-22; Col. 1:1; Flm. 1). Timoteo había seguido al apóstol hasta la misma capital, y compartía sus trabajos.

Cuando Pablo fue liberado, confió importantes misiones al joven Timoteo. La primera carta dirigida a él revela que el discípulo supervisaba la iglesia en Éfeso (1 Ti. 4:12). Allí tenía que refutar la falsa ciencia de ciertos doctores, nombrar cargos, organizar y disciplinar la iglesia como delegado de Pablo, que poco antes de morir le escribió una segunda epístola, considerada como su testamento espiritual. Faltándole poco para sufrir el martirio, Pablo esperaba la visita de su hijo espiritual (1 Ti. 4:9, 21). No sabemos si esta visita se llevó a cabo.

La única otra mención a Timoteo se halla en He. 13.23, donde se lee que Timoteo había sido encarcelado y liberado. Aceptando la paternidad paulina de Hebreos (véase HEBREOS [EPÍSTOLA A LOS]), este encarcelamiento de Timoteo debió producirse entre la liberación de Pablo y su segundo encarcelamiento. No se sabe nada de los años posteriores de Timoteo. Una antigua tradición afirma que siguió dirigiendo la iglesia en Éfeso, y que sufrió el martirio bajo Domiciano o Nerva.

nom, TIMOTEO (Epístolas)

tip, LIBR LINT

ver, PABLO, ANCIANOS, DIÁCONOS, OBISPOS

vet,

(a) Primera Epístola.

Fue escrita probablemente cuando Pablo hubo recobrado su libertad, después de su primer cautiverio en Roma (véase PABLO). El apóstol, que deseaba dirigirse a Macedonia, había encargado a Timoteo la dirección de la iglesia en Éfeso (1 Ti. 1:3). Numerosos exegetas suponen que Pablo redactó esta carta en Macedonia. Su fecha de redacción se sitúa probablemente en el año 64 o 65 d.C. La epístola trata de los problemas prácticos que Timoteo iba a afrontar en el ministerio, y le da instrucciones concretas de Pablo. Muestra el interés personal de Pablo por la marcha de la iglesia y por la misma persona de Timoteo.

(A) Análisis.

(I) Instrucciones acerca de la Iglesia, caps. 1 a 3: Puesta en guardia contra los falsos doctores (1 Ti. 1), la oración, el papel de la mujer en la Iglesia (1 Ti. 2), deberes de los obispos y diáconos (véanse ANCIANOS, DIÁCONOS, OBISPOS). Grandeza de la misión de la Iglesia, y profundidad del «misterio de la piedad» (1 Ti. 3).

(II) Consejos a Timoteo (1 Ti. 4-6): errores doctrinales y prácticas que debe evitar (1 Ti. 4); actitud de la Iglesia (1 Ti. 5:1-6:2). Exhortaciones finales, en particular bajo la forma de mensaje personal a Timoteo (1 Ti. 6:3-21).

(b) Segunda Epístola.

Data del segundo cautiverio de Pablo en Roma, poco antes de su muerte, que probablemente tuvo lugar en el año 66 o 67 d.C. Ésta es la última epístola escrita por el apóstol. Dice que está preso (2 Ti. 1:8, 16) y tratado como malhechor (2 Ti. 2:9). Está esperando sufrir el martirio (2 Ti. 4:6). Sus amigos lo habían abandonado (2 Ti. 1:15; 4:10-12) y sólo Lucas estaba con él (2 Ti. 4:11). Con todo, algunos cristianos romanos visitaban al preso (2 Ti. 4:21). En una primera comparecencia no había sido condenado (2 Ti. 4:16, 17), pero seguía detenido en un calabozo. Pablo presiente el fin de su carrera sobre la tierra, y escribe a Timoteo para exhortarle a perseverar en el ministerio, y le pide que acuda pronto a Roma.

(A) Análisis.

(1) Breve introducción: el preso expresa su deseo de volver a ver a Timoteo (2 Ti. 1:1-5). Lo exhorta a que se muestre valeroso en medio de las pruebas y penalidades (2 Ti. 1:6-12); a ser fiel en la fe a pesar de la oposición (2 Ti. 1:13-18).

(2) Timoteo debe defender con fuerza las verdades fundamentales del Evangelio, cuidar su vida espiritual, ser sufrido y puro, manteniéndose apartado de todo aquello que deshonre al Señor y de los vasos de deshonra, a fin de ser «instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra» (2 Ti. 2:19-22).

(3) Revelación acerca de la futura apostasía en el seno de la Iglesia (cfr. 2 Ti. 3:5). El apóstol recomienda a Timoteo que siga el ejemplo que él le ha dado, y que ponga en práctica en su vida la palabra de Dios, sabiendo que toda la Escritura es inspirada de Dios (2 Ti. 3).

(4) Última exhortación a predicar la palabra de Dios (2 Ti. 4:1-5). Ya inminente el martirio, Pablo expresa su gozo de haber cumplido con fidelidad su ministerio evangélico (2 Ti. 4:6-8). La epístola finaliza con unas instrucciones personales (2 Ti. 4:9-22).

(c) Autenticidad.

Las epístolas a Timoteo y la dirigida a Tito reciben el nombre de Epístolas Pastorales por tratar de una manera especial de la iglesia apostólica y del cuidado pastoral bajo la autoridad apostólica. En el curso de los últimos cien años han surgido críticos que han atacado la autenticidad de las Epístolas Pastorales. Algunos de ellos las han querido atribuir a algún autor desconocido del siglo II. Esta opinión ha sido refutada por eminentes biblistas. Las pruebas externas de la autenticidad de estas epístolas son muy numerosas. La iglesia primitiva y los Padres nunca las pusieron en tela de juicio. Son citadas o mencionadas en el siglo II por Ignacio, Policarpo, Ireneo, Tertuliano y Clemente de Alejandría. Ellos ya tenían conocimiento de la anterior circulación de estas epístolas, y no se les hubiera podido imponer una falsificación de su mismo siglo. Los argumentos que entran en la controversia son como sigue:

1. Desde el punto de vista cronológico, se ha planteado la cuestión de si se pueden hacer cuadrar los viajes mencionados aquí por Pablo con el relato de Hechos. Es precisamente a este propósito que las Epístolas Pastorales parecen dar apoyo a la opinión tradicional de que Pablo fue liberado después de su primer encarcelamiento en Roma (Hch. 28:30-31). Todavía debió ejercer la actividad misionera durante tres o cuatro años, lo que le pudo permitir ir a Creta con Tito (Tit. 1:5) y confiar a Timoteo el cuidado de la iglesia en Éfeso (1 Ti. 1:3). Es evidente que Pablo mismo no volvió personalmente a esta ciudad (cfr. Hch. 20:25). La penosa despedida mencionada en 2 Ti. 1:4 pudo tener lugar en Mileto (cfr. 2 Ti. 4:20). De allí el apóstol pasó por Troas (2 Ti. 4:13) para dirigirse a Macedonia, desde donde probablemente escribió 1ª Timoteo. Parece que también en este momento escribió su epístola a Tito, anunciándole su proyecto de pasar el invierno en Nicópolis (Tit. 3:12). Sin embargo, no pudo llevar a cabo su plan. Arrestado otra vez y llevado a Roma, escribió su segunda epístola a Timoteo desde su calabozo y poco antes de su muerte, pidiéndole que fuera a verlo con presteza (2 Ti. 4:9).

2. Desde el punto de vista lingüístico, se ha pretendido que el vocabulario de las Epístolas Pastorales difiere del de Pablo. Es un hecho que hay 96 términos nuevos en 1 Timoteo, 60 en 2 Timoteo, y 43 en Tito, o sea, dos veces más que en las otras epístolas de este apóstol. Pero ese argumento no puede ser en absoluto concluyente, ya que Pablo estaba escribiendo aquí acerca de temas particulares distintos en muchos aspectos de los de sus otras epístolas, y que demandaban un vocabulario parcialmente diferente; además, no se puede poner coto a una gran amplitud de variedad de estilo y expresión en diversas circunstancias de la vida de una persona, especialmente de la intensidad y del genio de Pablo. Además, ninguno de los términos empleados en estas epístolas demanda una fecha más tardía, y alrededor de la mitad de ellos se halla en la LXX. Finalmente, un imitador hubiera puesto cuidado en evitar estas divergencias.

3. La situación de la Iglesia que se describe en estas tres epístolas cuadraría mejor, dicen los críticos, con la del siglo II. Por ejemplo, los ministerios estarían demasiado estructurados para concordar con la época de Pablo. Sin embargo, esto es lo contrario a lo que hallamos en estos escritos. En el momento de la redacción de 1 Ti. 3:1-7 y de Tit. 1:5-9, los términos de obispo y anciano eran sinónimos (véanse ANCIANO, OBISPO), en tanto que en el siglo II los dos términos designaban cargos distintos (cfr. las cartas de Ignacio, hacia el año 110, véase OBISPO). Por otra parte, Pablo y Bernabé habían designado ancianos en cada iglesia durante el primer viaje misionero (Hch. 14:23), y en la iglesia en Filipos a la que Pablo dirigió su epístola había asimismo obispos y diáconos constituidos como tales (Fil. 1:1). Así, en las Pastorales no se halla rasgo alguno del «sacerdotalismo del siglo II». Es perfectamente natural que el apóstol, a punto de ir al martirio, se cuidara de dar instrucciones detalladas a Timoteo acerca de los problemas que debía afrontar, y que nos provee de inestimables principios en nuestra conducta en el seno de la Iglesia de Dios.

Bibliografía:

Calvino, J.: «Comentario a las Epístolas Pastorales de San Pablo» (T.E.L.L., Grand Rapids, 1968);

Dana, H. E.: «El Nuevo Testamento ante la Crítica» (Casa Bautista de Publicaciones, El Paso, 1965);

TITO (Epístola)

Contexto Histórico

Creta (isla) (en griego Kríti), isla al sureste de Grecia. Es la quinta más grande del mar Mediterráneo, y constituye una región de Grecia. La isla es oblonga y mide unos 260 km de este a oeste. La anchura varía entre 10 y 56 km, y el área es de 8.261 km².

Creta es una gran isla a casi mitad de camino entre Siria y Malta, y al sureste de Grecia. Se identifica con la Caftor del AT, de donde procedían los filisteos (Jer. 47:4; Am. 9:7). (Véase CAFTOR, FILISTEOS).

Los romanos conquistaron Creta entre el año 68 y 66 a.C. Muchos judíos se instalaron en ella (Hch. 2:11; cp. 1 Mac. 15:19-23, Gortina estaba en Creta).

El cristianismo se introdujo tempranamente en ella. Tito se quedó en Creta encargado por Pablo de poner las cosas en orden, y de neutralizar las enseñanzas de los judaizantes (Tit. 1:5, 10, 14).

Los cretenses fueron famosos arqueros, pero sus vicios les hicieron proverbialmente famosos, como dice Pablo, citando a Epiménides: «Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, glotones, ociosos» (Tit. 1:12).

Fecha: Probablemente redactada en el año 65, después de la primera cautividad de Pablo en Roma y de su puesta en libertad.

Tema de esta carta:  Instrucciones dadas por el apóstol Pablo a Tito, para que este corrigiera  lo deficiente, estableciera ancianos en las iglesias, y enseñara acerca del comportamiento que deben tener los  ancianos y miembros de la iglesia.

Estructura:

(a) Dirección, saludos, alusión a la grandeza del apostolado (Tit. 1:1-4).

(b) Instrucciones acerca de la elección de obispos (llamados asimismo ancianos o «presbíteros»; véanse ANCIANOS, OBISPOS). Conducta a seguir acerca de los falsos doctores (Tit. 1:5-16).

(c) Enseñanzas que Tito debía dar a diferentes clases de personas (Tit. 2).

(d) Deberes de los cristianos hacia las autoridades y la sociedad (Tit. 3:1-8).

(e) Puesta en guardia contra las falsas doctrinas (Tit. 3:9-11).

(f) Últimas recomendaciones. Bendición (Tit. 3:12-15).

Pensamiento central: Los que se llaman cristianos tienen que demostrar la realidad de su fe con buenas obras (Tit. 2:10-14).

Esta carta forma parte de las llamadas Epístolas Pastorales.

 

FILEMÓN

«afectuoso».

Amo de Onésimo y converso de Pablo (Flm. 19). Parece que vivía en la misma ciudad que Arquipo (Flm. 2), Colosas (Col. 4:17).

Pablo lo califica de «colaborador nuestro» (Flm. 1), y habla de su amor para con los santos (Flm. 5).

FILEMÓN (Epístola)

Se trata de una breve carta dirigida por Pablo y Timoteo a un rico de Colosas convertido a Cristo.

Su esclavo Onésimo había huido, llevándose consigo posiblemente algo de dinero robado (Flm. 18, 19). Llegado a Roma, Onésimo se convirtió por la predicación del apóstol Pablo (Flm. 10). El apóstol hubiera querido retenerlo para el servicio en la obra, pero no se sentía libre de hacerlo sin el consentimiento de Filemón (Flm. 13, 14). Además, es indudable que Pablo consideraba que Onésimo, convertido a Cristo, tenía que pedir el perdón de su amo. El apóstol deseaba vivamente que Filemón se reconciliara con Onésimo. Así, retorna al esclavo a su dueño, a quien le recomienda que lo reciba como a un hermano bien amado (Flm. 16). Hablando de su afecto hacia el joven converso (Flm. 10, 12), ofrece el reembolso a Filemón de lo que el esclavo le debe (Flm. 18, 19). Esta carta muestra cómo el apóstol usaba el tacto y la cortesía con sus hermanos en la fe; revela también la influencia del naciente cristianismo en las relaciones entre las personas de diferentes clases sociales.

La epístola a Filemón está saturada del espíritu de amor y de justicia que, gracias al Evangelio, se infiltraría en la sociedad. Provisto de esta letra, Onésimo acompañó a Tíquico, portador de la epístola destinada a la iglesia de Colosas (Col. 4:7-9) y de la epístola a la iglesia en Éfeso (Ef. 6:21, 22); fueron tres cartas redactadas en Roma en la misma época (probablemente el año 60 o 61).

La epístola a Filemón se halla en las versiones siríaca y la Vetus Latina; el fragmento de Muratori la menciona, lo mismo que el hereje Marción; Orígenes la cita como de Pablo, Eusebio la sitúa en el grupo de escritos nunca puestos en tela de juicio. Hay por ello una gran abundancia de pruebas de su autenticidad que, además, permiten afirmar la autenticidad de las cartas a los colosenses y a los tesalonicenses, por cuanto fueron redactadas al mismo tiempo que la de Filemón.

Bibliografía: www.hermano2.galeon.com

Biblioteca Encarta 2006-09-28

Biblia versión Casiodoro de Reina, 1960

 

Cuestionario:

Responda verdadero (V) o falso (F) o complete según el caso:

1.  Roma fue fundada en el año 753 A.C por Rómulo    _____V_____F

2.  La carta de los gálatas fue escrita, según los teólogos, en el año 54 o 55 D.C ____V______F

3.  Pablo tuvo que hablarles a los corintios como a carnales, como a niños en Cristo _____V______F

4.  Pablo dijo que era menos que el más pequeño de todos los santos, se los dijo a los efesios _____V_____F

5.  No manejes, ni gustes, ni aun toques, era una doctrina que tenían los colosenses ______V______F

6.  Pablo le dijo a los corintios, que el que predicara un evangelio diferente al que le anunciaron era anatema, maldito _______V_______F

7.  Pablo escribió las cartas a Timoteo estando en prisión ­­­­_______V_______F

8.  Efeso era una ciudad de Lidia, situada en la costa occidental de Asia Menor ______V______F

9.  Los corintios acostumbraban a bautizarse por los muertos  ______V_______F

10.  Filipos era una ciudad de la antigua Macedonia, actualmente en la región de Bulgaria _____V_____F

11.  En la segunda carta  a los corintios; Pablo defiende su ministerio, y les dice que las señales y milagros que  él hacía, eran señales de apóstol  ______V______F

12.  Las epístolas de Timoteo y Tito, son llamadas, epístolas pastorales _______V_______F

13.  Pablo les dijo a los tesalonicenses, que el que no quiera trabajar, tampoco coma ______V______F

14.  En la carta a los tesalonicenses, Pablo dijo  que la  venida de Cristo y la reunión de los santos con él, no ocurrirá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el anticristo ______V______F

15.  Aristarco y Segundo, compañeros de Pablo eran tesalonicenses ______V______F

16.  Pablo les decía a los corintios por qué se bautizaban por los muertos? ____V______F

17.  Las principales evidencias , de que Pablo fue liberado en el primer encarcelamiento en Roma son : __________________________________________________________________________________

18.  Los falsos maestros les enseñaban a los colosenses  acerca del culto a los ángeles y vanas filosofía; en cambio, los maestros judaizantes les enseñaban a los gálatas a guardar la ley ______V_______F

19. La ciudad de Colosas, se encontraba sobre el río Lico en Frigia, Asia Menor ______V______F

20.  Enésimo era un esclavo que jamás quiso volver con su amo Filemón ______V_______F

21.  Los romanos conquistaron Creta entre el año 68 y 66 a.C. Muchos judíos se instalaron en ella _____V_____F

22.  Luego todo Israel será salvo, en la venida de Jesucristo, se encuentra en la carta de 1 Corintios _____V_______F

23.  El apóstol san Pablo fundó la primera iglesia cristiana de Europa en Filipos _______V______F

24.  La última carta escrita por el apóstol Pablo fue la segunda carta de Timoteo ______V_______F

25.  En la ciudad de Efeso se encontraba la imagen de la gran diosa Diana _______V________F

26.  Los filipenses ayudaron varias veces al apóstol Pablo en sus necesidades _______V_______F

27.  Los títulos de las epístolas no figuraban en la redacción original; se añadieron más tarde; no aparecen en los primeros manuscritos  y no forman parte del texto inspirado ______V_______F

28.  Los términos de obispo y anciano eran sinónimos, palabras  con igual significado, en tanto que en el siglo II los dos términos designaban cargos distintos. _______V_______F

29.  Pablo le dijo a  Timoteo que se quedara en Creta para que no le enseñaren diferente doctrina _____V______F

30.  La abuela de Timoteo se llamaba Loida, y su madre Eunice _______V______F

31.  Es probable que Epafra fundara la iglesia de los colosesnses ______V______F

32.  Pablo hace una exposición en la carta de Romanos, una justificación por la fe de Jesucristo, y no por la sobras de la ley ______V_______F

33.  El enfrentamiento de Roma contra Cartago , se conoce con el nombre de Guerras Púnicas _______V______F

34.  Al igual que la carta a los Colosenses, la remitida a los Efesios fue enviada por medio de Tíquico _______V   _______F

35.  Pablo le decía a Timoteo, que obispo debe ser fiel retenedor de la palabra, tal como ha sido enseñada ________V_______F

36.  Timoteo acompañó a Pablo por Galacia, y después a Troas, Filipos, Tesalónica y Berea. ______V________F

37.  El  propósito de la 1ra carta a los corintios es: ____________________________________________________________________________________

38.  Preséntate  a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, se lo dijo Pablo a Timoteo ______V_______F

39.  Pablo fundó la iglesia de Roma, alrededor del año 62 D.C _____V______F

40.  Las doctrinas principales que están 1 Corintios son: Expulsión de los fornicarios no arrepentidos, los dones del Espíritu, la resurrección de los muertos, la preeminencia del amor _______V________F