Las Bienaventuranzas
Por Alfredo Rodríguez D.T
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El Señor Jesucristo dio este
mensaje en el llamado sermón del monte. La Biblia dice que Jesús viendo a la
multitud, subió al monte, y sentándose, vinieron a él, los discípulos.
El Señor subió al monte para que su
voz se expandiera y la multitud pudiera
oír su mensaje, también para que la gente pudiera verlo, puesto que él no
tenía los medios audiovisuales y
electrónicos que poseemos actualmente. Y también para que se cumpliera la
escritura: ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres
nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica
salvación, del que dice a Sión: Tu Dios reina! Isaías 52: 7
El Señor quiere vernos en el monte, para que los demás vean nuestras
buenas obras, y que podamos llevar el evangelio a los perdidos.
Cristo nos trajo las buenas nuevas de salvación, el evangelio de la paz,
las alegres nuevas. Todo el que oye su
palabra y cree en Jesucristo tiene vida eterna y encuentra la
felicidad. La felicidad tratan de conseguirlas los hombres en las mujeres, el licor , los bailes, los vicios, los placeres, pero en
Jesucristo está la felicidad; bienaventurado significa feliz, pero tiene un
significado mayor: el gozo del creyente en el reino de Dios
¿Cómo se alcanza esta felicidad?. El señor
Jesucristo dio nueve bienaventuranzas, las cuales se encuentran en el libro de
Mateo capítulo cinco; en Lucas 6: 20-23, el escritor menciona solo cuatro de
las que habló Mateo.
“Bienaventurado los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de
Dios”
Pobre de espíritu significa humilde, sumiso, obediente, fiel. La persona
soberbia no es pobre de espíritu y nunca llegará a ser bienaventurado, puesto
que no hay paz en su corazón, sino rencor, odio, deseo de venganza, ira.
Siempre está preocupado porque tiene enemigos, y por lo tanto, no es feliz. La
felicidad puede obtenerla siendo pobre de espíritu. Si guardamos los
mandamientos de Dios somos bienaventurados, puesto que somos felices, no solo
en esta tierra, sino en el reino de
Dios. Amén
“Bienaventurado los que lloran, porque ellos recibirán consolación”
Muchas personas lloran por algún
acontecimiento aciago que haya ocurrido en su vida, o una desilusión sentimental, o alguna ofensa
recibida, pero Cristo promete consolar al que llora. Afligíos,
lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza, dijo el apóstol Santiago. Sant. 4:
9 Debemos pedirle a Dios que nuestra
oración sea en el espíritu y con lloro. La conversión se consigue con ayuno, lloro y lamento. Joel
2: 13, 28. Llorar delante de Dios es un
acto de humildad y fidelidad a Dios, el cual mueve su mano y concede las
peticiones de su corazón.
“Bienaventurado los mansos, porque ellos recibirán la tierra por
heredad”
Las bienaventuranzas son explicadas en el mismo discurso pronunciados
por Jesucristo. Él dijo que no resistiéramos al que es malo, al que te obligue
a ir una milla, ve con él dos. Amen a sus enemigos, Bendigan a los que te maldicen, hagan bien a los que
les aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen. Todo esto
significa mansedumbre. ¿Y siendo manso se consigue la felicidad? Si se
consigue, ya que el manso no pelea, no tiene enemigos, ni cuentas pendientes
con nadie. Muchos los han matado por
resistirse a un atraco, o pelear con alguien que les haya ofendido. La
violencia no se recomienda; inclusive, en los políticos actuales, la mayoría
apela a la diplomacia, negociaciones, y acuerdos antes de emprender acciones
violentas.
Tenemos una promesa del Señor Jesucristo; los mansos heredarán la
tierra; tendrás tu finca, tu casa o tu heredad, y en el siglo venidero,
los nuevos cielos y la nueva tierra, en los cuales, morará la
justicia. En este mundo actual impera la maldad, los robos, hurtos,
violaciones, solo la mansedumbre nos librará de las enemistades, pleitos y
contiendas; y si a pesar de ser mansos, padecemos persecución, bienaventurados
somos, y seremos librados de toda acción
perversa y el Señor nos preservará para su reino celestial. Gloria a Dios.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos
serán saciados”
Los justos son los que heredarán
el reino de Dios. Los que hacen justicia, son los que hacen el bien y se
abstienen del mal. Pablo dijo que los injustos no heredarán el reino de Dios;
ni los fornicarios, ni los idólatras o adoradores de imágenes u objetos, ni los
adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones,
ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores,
heredarán el reino de Dios. Entiéndase por afeminados, los que tienen
costumbres o hábitos de de mujeres, tales como usar zarcillos, ponerse mechitas
en el pelo, usar el pelo largo como mujer. Los hermanos no imiten las
costumbres del mundo. Amado, no imites lo malo sino lo bueno. Esta ordenanza es
recíproca en la mujer. Si los afeminados no entran al reino de Dios, tampoco
las mujeres con costumbres de hombres entrarán al reino de los cielos. Una
lesbiana se reconoce porque usa pantalón de hombre, camisa de hombre, pelo
corto, chaquetas o sacos de hombre. La hermana sea femenina, use ropa de mujer.
Deuteronomio 22: 5 dice “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre
vestirá ropa de mujer, porque es abominación para con Jehová tu Dios,
cualquiera que esto hace”
Somos bienaventurados si tenemos hambre y sed de justicia, si realmente
anhelamos a buscar a Dios de todo corazón. Si pensamos tres o más veces, para ir a la iglesia, pagar una
deuda, o ir al cuarto a orar, no tenemos
hambre y sed de justicia. Lo que tenemos, es apatía, desgano, y la frialdad
invade al creyente. Anhele la justicia, dar al prójimo lo que le corresponde;
el que emplea a alguien para un trabajo, páguele completo; pague lo justo. Ay
del que edifica su casa sin justicia, y sus salas sin equidad, sirviéndose de
su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo. Jeremías 22: 13.
Muchos cristianos se roban el cable de televisión, la luz y otros servicios.
Haga justicia, y será saciado, esto es, el Señor le proveerá para sus
necesidades y para pagar sus gastos. David dijo que el no vio justo
desamparado, ni su simiente que mendigue pan. Gloria sea a Dios.
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia”
La misericordia debe estar en el creyente, el que tiene misericordia
tiene amor. Jesús habló del caso de
un samaritano que se compadeció de un
hombre que estaba herido y tirado en la calle y él lo socorrió. Esto se llama
misericordia, tener compasión con el necesitado, con el prójimo. La persona que
le cierra su corazón al que pide una ayuda
le falta amor, misericordia. Recuerde que Jesucristo dijo que con la vara con que tu
mides os volverán a medir. Hay cristianos que no solo tienen dureza en sus corazones, sino que hasta predican y
pregonan la impiedad, que es lo
contrario de la misericordia. Por ejemplo, escuché a un pastor que
mencionaba a una mujer que estaba
pidiendo una ayuda , y él no se la dio porque si
estaba pidiendo, era porque tenía algún pecado, y una maldición en su vida.
Dios permitió que haya gente pobre para probar a los ricos, al estado y a los
cristianos si realmente van a tener misericordia con ellos. Los apóstoles le
dijeron al apóstol Pablo que se acordara
de los pobres, y él con diligencia procuró obedecer este mandato. Gálatas 2:
10
“Bienaventurados los de limpio de corazón, porque ellos verán a Dios”
Únicamente los de limpio corazón verán a Dios. Cristo dijo que del
corazón salen los malos pensamientos, los hurtos, las blasfemias, las
fornicaciones, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la
soberbia, la maledicencia o difamación, la insensatez. Todas estas maldades,
del corazón salen, y contaminan al hombre. Marcos 7: 21-23. Es necesario, por
lo tanto, que limpiemos nuestro corazón, orando en todo tiempo, y reprendiendo
cualquier mal pensamiento que ponga el enemigo, porque solamente así, veremos a
Dios. En Proverbios 12: 2 dice que el bueno alcanzará el favor de
Jehová, mas el condenará al hombre de malos pensamientos.
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de
Dios”
Cristo es el primer pacificador del
cristianismo, puesto que él fue el que reconcilió, o sea, pacificó a la
humanidad hacia Dios. Nos reconcilió, hizo las paces por medio de si mismo, de
su muerte y resurrección; ahora no somos
enemigos y extraños de Dios, sino que
ahora somas parte de su familia. Alabado sea Dios.
El Señor quiere que nosotros seamos también pacificadores, que
exhortemos al que esté enemistado, aconsejemos al hermano o a la hermana que se
esté divorciando para que se reconcilie con su cónyuge. Hermano, no se deje
usar por el enemigo, no incite a alguien
a divorciarse, recuerde que existe el perdón; no ocasiones divisiones, ni
contiendas o enemistades, sea pacifista. Recuerde que los pacificadores son los
que realmente son los hijos de Dios.
“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos”
Pablo dijo que el que quiera vivir piadosamente en Cristo, padecerá
persecución; si haces lo bueno, sufres y padeces por causa de otro eres
bienaventurado; en cambio, si la persona está sufriendo por causa de algún
delito o pecado que hubo cometido, no es ninguna gloria. El cristiano es bienaventurado
si por causa de Cristo es vituperado, y lo persiguen y digan toda clase de mal
en contra de él, mintiendo. Si lo que dicen es verdad, lo que tiene que hacer
es arrepentirse, para que no de mal testimonio. Cuando el cristiano sea
probado, déle la gloria a Dios; si su familia. o
amistades lo rechazan por ser cristiano evangélico, glorifique a Dios por ello.
Este servidor cuando recibió a Cristo, la mujer
lo dejó y se divorció de él. Actualmente es evangélica y líder de la
iglesia. Si perseveramos en Cristo, obtenemos la victoria. Y esta es la
victoria que ha vencido el mundo, nuestra fe.
No debemos olvidarnos que en muchos países existe persecución hacia los
cristianos, como por ejemplo, en China, Sudán, los países árabes. Allí muchos
cristianos son encarcelados y hasta muertos; ellos son bienaventurados porque
su galardón es grande en los cielos.
La palabra de Dios cambia al creyente, nosotros somos limpios por la
palabra que hemos oído de Cristo. Él nos
exige ser pobres en espíritu, llorar en su presencia, ser mansos, tener hambre
y sed de justicia, tener misericordia hacia nuestro prójimo, tener nuestro
corazón limpio, ser un pacificador, padecer persecución dignamente para poder
entrar al reino de los cielos.
Dios le bendiga,
Dr. Alfredo Rodríguez
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