El Cardenal Mendoza
El Cardenal Mendoza
Iñigo Lopez de Mendoza. Retrato de Jorge Ingles.

1428. Pedro González de Mendoza nace el 3 de mayo en la villa de Guadalajara.

Es el quinto hijo del Marqués de Santillana y de Catalina Suárez de Figueroa.

Su niñez y adolescencia transcurre en Guadalajara.

1442. Con 16 años de edad, marcha a Toledo, donde su tío Gutierre Alvárez de Toledo es el Arzobispo Primado de dicha ciudad.

Sus estudios versarán en Latín, Historia y Retórica.

1445. Tras la muerte de su tío, regresa a Guadalajara.

1446. Se traslada al centro del saber en la España de éste momento: la Universidad de Salamanca, doctorándose en Derecho Civil y Derecho Eclesiástico.

Catalina Suarez. Capilla en Buitrago. Colección Duque del Infantado.

1452. Con 24 años, la influencia de su poderosa familia consigue que entre de capellán en la corte de Juan II, donde se le

"quería y amaba con grande estremo a don Pedro González de Mendoza,
y este, al soberano, e començó a seruir en la capilla real
".

1453. Muere degollado en Valladolid, el anterior favorito del rey, don Alvaro de Luna, quien no era precisamente santo de las devociones de su familia.

1454. En mayo, el monarca solicita al Papa para el de Mendoza, los Obispados de Calahorra y de Santo Domingo de la Calzada.

Poco después, el rey muere.

Los Mendoza se traslada a Segovia para ofrecer su lealtad al nuevo monarca.

Pedro González de Mendoza. Óleo anónimo del siglo XV.

Estando en Segovia, llega la Bula Papal concediendo a Pedro González de Mendoza el Obispado solicitado por Juan II. A dicha consagración asiste el nuevo soberano.

El nuevo prelado se convierte en inseparable del rey, a lo largo de sus recorridos por toda Castilla.

1456. El obispo Mendoza se traslada hasta Palencia para acompañar a Enrique IV, concertando el matrimonio de don Beltrán de la Cueva con su sobrina Beatriz de Ribera.

El matrimonio no llega a fructificar debido a la negativa de la hermana del Obispo, Maria de Mendoza.

1457. Llega la Bula de la Cruzada, otorgada por Calixto III, que había sido defendida por don Pedro.

En estos tiempos suele pasar frecuentes temporadas con su padre, al que admira.

1458. El 25 de marzo, muere su padre, el Marqués de Santillana, pasando título y mayorazgo a favor de su hermano mayor, Diego Hurtado de Mendoza, al cual no soporta el rey Enrique IV.

1459. Acusa a la familia Mendoza de conspiración y, por sorpresa, se apodera de la ciudad de Guadalajara y su alcázar. La familia mendocina en pleno, incluído Pedro González debe trasladarse a Hita.

1460. Quizás para aplacar la furia real, la familia consiente en casar a Maria de Mendoza, hija de Diego Hurtado, con don Beltrán de la Cueva, favorito del rey, celebrándose grandes fastos en Guadalajara, que pasa de ser considerada villa a ciudad, por los buenos oficios ante el rey del Obispo de Calahorra.

Las tensiones vuelven con la otorgación por parte del rey del titulo de Maestre de Santiago a don Beltrán de la Cueva.

Pedro González es un hombre de 32 años, gozando de

"gentil persona y de buen rostro y de graçioso donayre
y muy buen compuesto y ataviado en ella
".

Don Francisco Layna Serrano le retrata así en su "Historia de Guadalajara y sus Mendozas en los siglos XV y XVI":

Beltrán de la Cueva. Cuadro de Mariano Carbó en el Ayuntamiento de Ubeda.

El Cardenal Mendoza. Grabado de la Biblioteca Nacional. Madrid.

"Fue Pedro González de Mendoza de estatura mediana, más bien delgado pero de fuerte complexión, pues harto mostró su resistencia corporal en la ajetreada vida que llevara años y más años cabalgando continuadamente de una a otra parte del reino; proporcionada disposición de los miembros, gentil presencia y airoso talle...era su rostro de muy buenas formas, gracioso, apacible y muy bien puesto; pelo castaño tirando a negro, suave y no muy abundoso que pronto dejó yerma la mayor parte del cráneo, haciendo así más espaciosa la ya ancha y bien curvada frente limitada por noble entrecejo cobijador de ojos grandes y expresivos cuya mirada afectuosa y acogedora solía tornarse altiva e hiriente cuando la cólera podía más que el freno de la voluntad; la nariz de fino diseño, algo aguileña; a la boca pequeña, bien delineada, con labios carnosos y sensuales, dábala extraordinaria expresión la sonrisa leve, casi imperceptible pero constante, sonrisa amable casi siempre mas en ocasiones enigmática o burlona concertándose con la mirada y la palabra cuya suave modulación daba singular encanto a la charla del cardenal"

Grabado del Cardenal Mendoza de 1791.
Grabado que representa al Cardenal Mendoza.

En la Corte, conoce a doña Mencia de Lemos, mujer

"hermosísima y de gentil persona, y graciosa y avisada de gran brío",

dama de honor de la reina Isabel de Portugal. El flechazo es inmediato. La hace instalar en el Castillo de Manzanares, donde la dedica el siguiente poema:

Dama, mi muy gran querer
Apócase mi bivir La vida mía se apoca,
en tanto grado me toca, por amar demasiado,
esto causa mi querer que no me puedo valer:
no me aprovecha el seruir que en tanto grado me toca
mi bivir por se apoca. ni me aprovecha el cuidado;
vóyme del todo a perder.

Dos años después nace en Guadalajara el primer fruto de ese amor: don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, el futuro primer Marqués de Cenete y Conde del Cid.

1462. En febrero nace en Madrid la princesa Juana.

En marzo se celebra el bautizo en Madrid. Los Mendoza se convierten en el más sólido pilar del rey, incluso acompañándole en dicho evento.

Se entra en un período de grandes conspiraciones en Castilla por parte de los nobles contra la autoridad real.

1467. Recibe del rey las "tercias" de Guadalajara.

Se celebra la Batalla de Olmedo.

Las tropas mendocinas junto a las del bando real derrotan a las del Marqués de Villena.

Ese mismo año recibe el Obispado de Sigüenza, diócesis mucho más rica que la de Calahorra.

Escudo de armas de la familia Mendoza.
Castillo de Manzanares el Real (MADRID)

Recibe además la Abadía de la Iglesia Colegial de Valladolid, que vacó por muerte del dominico Fray Juan de Torquemada.

Doña Mencia de Lemos, que vive en el Castillo de Manzanares, dá a luz a su segundo hijo, Diego Hurtado de Mendoza, futuro Conde de Melito.

1469. Obtiene el Castillo de Jadraque por permuta con Alonso Carrillo de Acuña a cambio de su villa y Castillo de Maqueda.

Pedro González de Mendoza acompaña a Enrique IV a Andalucía para someter la revuelta.

Por indicaciones reales, sus fortificaciones fronterizas con el Reino de Aragón son puestas en guardia.

El objetivo es impedir la entrada en Castilla del príncipe Fernando. Pero éste, disfrazado de mulero, burla la vigilancia.

El 19 de octubre, contrae matrimonio con la infanta Isabel en Valladolid.

Su firme lealtad al monarca es recompensada con la Abadía de San Zoilo (Carrión de los Condes) por gracia del pontífice Paulo II.

1471. Muere el Papa.

Sixto IV, su sucesor envia al cardenal don Rodrigo de Borja para:

"sossegar las diferençias"

entre el monarca y su hermana Isabel.

El Obispo de Sigüenza le recibe en su Palacio de Guadalajara, ejerciendo de anfitrión y recorriendo con él las extensas llanuras castellanas.

Retrato anónimo de Isabel y Fernando. Madrigal de las Altas Torres (AVILA).
El Papa Sixto IV.

1473. La gran amistad que une a los dos hombres, hace que Rodrigo de Borja le hable tan bien al Papa de don Pedro, que éste, el 7 de marzo le nombra Cardenal, con el título de "Santa María in Dominica", al que luego añadirá el de "San Jorge", y posteriormente el de "La Santa Cruz".

A finales de marzo, el bonete de Cardenal llega a Guadalajara.

Enrique IV ordena

"que se intitulase"

Cardenal de España, título que se convirtió en "Gran Cardenal de España", como se le conocerá en adelante a don Pedro González de Mendoza.

Este mismo año, y a instancias de Enrique IV ante Sixto IV, se produce su nombramiento como Arzobispo de Sevilla.

Los Mendoza siempre habían sido partidarios y guardianes de los derechos sucesorios de la princesa Juana, pero a partir del año 1473, se posicionarán en el bando de la futura reina Isabel, siendo piezas clave en la ascensión al trono de ésta.

1474. Enrique IV fallece, abandonado de todos, y posiblemente envenenado, en Madrid.

Nombra a Pedro González albacea testamentario y disponiendo que

"se hiziesse de doña Ioana lo que él ordenasse".

Gracias al afecto y la lealtad de Los Mendoza encabezados como grupo familiar por don Pedro González, el rey Enrique IV encuentra un lecho para morir, un entierro digno y un mausoleo en el Monasterio de Guadalupe donde una lápida al menos cubriera sus restos y explicara brevemente su vida (1).

Inmediatamente se desplaza a Segovia, encontrándose en ella el día de la proclamación de Isabel como Reina de Castilla.

Enrique IV. Libro de Estampas de los Reyes. Alcázar de Segovia.
Grabado del siglo XIX de Juana la Beltraneja. Museo Municipal de Madrid

1475. El día 2 de enero es jurado Fernando como rey, en presencia de su esposa y del Cardenal Mendoza, iniciándose un período de estrecha colaboración desde entonces con los Reyes Católicos.

1476. Cambia el bonete por la coraza y comanda el ejército que el 1 de marzo pone sitio a la ciudad de Toro, en lucha contra las huestes de Juana la Beltraneja.

El 15 de junio, Isabel la Católica legitimiza a sus dos hijos.

La Reina de Castilla los denominará cariñosamente como

"los bellos pecados del Cardenal".

1477. Es nombrado Abad de Fecamp en Normandía.

El 14 de mayo se encuentra en Trujillo acompañando a la reina Isabel, poco antes de que ésta consiga rendir la plaza sin llegarse a conflicto armado alguno.

En julio la comitiva parte desde Cáceres con destino Sevilla.

1478. Recibe

En administración perpetúa..

el Obispado de Osma, y además la Abadía de Santa María de Moreruela.

Sixto IV le autoriza para que pueda testar en favor de sus dos hijos.

Una de sus facetas quizás menos conocidas, sea la de la creación y puesta en marcha del Santo Oficio de la Inquisición, por encargo especial de los Reyes Católicos.

Estando en su archidiócesis de Sevilla con motivo de celebrar el Sexto Concilio Hispalense, se produce el 30 de junio el nacimiento del infante Juan, siendo bautizado por el Gran Cardenal con gran pompa y boato.

Estatua del Cardenal Mendoza en Guadalajara.

Isabel la Católica por Federico Madrazo

1482. El 1 de julio muere el Arzobispo de Toledo, Alonso Carrillo de Acuña.

Era habitual entonces que el titular de una diócesis eligiera a su sucesor antes de morir o de trasladarse de sede, siempre con la aprobación de los reyes.

La reina Isabel hace llamar al Gran Cardenal, sentándose en una silla que está dispuesta siempre al efecto y que es conocida como "La Silla del Cardenal".

La reina, según todos los cronistas le espeta:

"Cardenal, el arzobispo don Alonso Carrillo de Acuña os ha legado la silla de Toledo;
paréceme que debéis sentaros en ella, que tan vuestra es como ésta
",

señalando aquella en la que está sentado. Finalmente, Pedro González alcanza el Arzobispado de Toledo, renunciando a todas las diócesis que ya posee, excepto la de Sigüenza.

1482. El 13 de noviembre el Cardenal Mendoza hace su entrada en Toledo, acompañado de la reina para tomar posesión de su arzobispado.

1485. Se encuentra en Córdoba, acompañando al rey Fernando.

1486. Recibe la verdadera legitimación de sus hijos de manos del pontífice Inocencio III.

1487. La reina Isabel lo confirma el 3 y 12 de mayo.

Los Reyes Católicos otorgan al Gran Cardenal la competencia de instituir Mayorazgos en favor de sus hijos. En el documento se cita a un tercer hijo del Cardenal, don Juan de Mendoza, hijo de la vallisoletana Inés de Tovar, nacido años después.

1490. Recibe el Señorío de La Calahorra de manos de Isabel y Fernando, en pago a sus servicios prestados en el desarrollo de la conquista del reino nazarí. Inmediatamente lo dona en la persona de su hijo, Rodrigo de Vivar y Mendoza, quien se convierte de esta forma en el I Marqués de Zenete.

Rodeado de Obispos. Ayuntamiento de Siguenza. Obra de Juan de Segovia.
Sepulcro del Cardenal Mendoza, en la Catedral de Toledo

Alonso de Quintanilla facilita que Cristóbal Colón y el Gran Cardenal se conozcan, y éste a su vez se encarga de que Colón plantee su proyecto a los Reyes Católicos.

1492. Entra en Granada, acompañado de su sobrino el Conde de Tendilla, y coloca el pendón castellano en la mismísima Alhambra.

1493. Al regreso del primer viaje de Colón, Pedro González introduce a Cristóbal Colón en la nobleza.

1494. La salud del Cardenal Mendoza se debilita.

Comienza a sentir fuertes dolores en la zona lumbar, que se traduce en un progresivo enflaquecimiento, falta de fuerzas y de apetito (síntomas de cáncer renal), que terminará postrándole en el lecho.

1495. El fatal desenlace se produce el 11 de enero en su Palacio de Guadalajara.

Su cadáver, acompañado por los Reyes Católicos, es trasladado en angarillas hasta la Catedral de Toledo, recorrido que dura cuatro días.

 
(1). Todos los gastos del entierro, así como los porteadores que llevaron el cadáver del rey al Monasterio de Guadalupe fueron costeados por don Pedro González de Mendoza.
 
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Última actualización 15/11/2010