| Garp tendía a despreciar, por
encima de
todos, a los psiquiatras, esos
peligrosos simplificadores, esos ladrones de la complejidad de las
personas. Para Garp, los psiquiatras eran el despreciable final de
todos los incapaces de despejar sus propios embrollos. El psiquiatra aborda el embrollo sin el respeto que merece el mismo embrollo. El objetivo del psiquiatra consistía en despejar la mente; Garp opinaba que habitualmente esto se lograba (cuando se lograba) descartando todas las cosas embrolladas. Garp sabía la forma más sencilla de despejar la mente: La cuestión consiste en servirse del embrollo, en hacer que las cosas embrolladas trabajen en favor de la propia persona. Estaba convencido de que la psiquiatría lo simplificaba excesivamente todo. (El mundo según Garp. John Irving.)
Según algunos psicoanalistas, la elección profesional de las
personas estaba determinada por oscuros y ocultos deseos.
El cirujano que sanaba a las personas era, en el subconsciente, un sádico que encontraba una evasión en el bisturí. El devoto asistente social, la caritativa dama miembro de alguna asociación, trataban subconscientemente de eliminar su neurótico sentimiento de inferioridad ganándose la subordinación de los demás y alcanzando así una sensación de superioridad. El mismo psicoanalista, escuchando al paciente mentalmente enfermo tendido en el sofá, era en algún profundo escondrijo de su propio ego un voyeur y nada más. (Los 7 minutos.
Irving
Wallace)
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![]() -¿Lo has leído?- Preguntó Lumley. Carol negó con la cabeza. -Es muy interesante. Creo que la referencia de Dickens sobre Caperucita Roja se encuentra aquí. Bettelheim dice que los monstruos imaginarios, como los que usted crea, ejercen un efecto crucial sobre el desarrollo infantil. Ayudan a los niños a sobrellevar sus temores, y los preparan para aceptar lo que podríamos llamar el lado oscuro de la naturaleza humana..., la cólera, el odio y la violencia. (En el corazón del bosque. Nicholas Condé.)
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Se puso a pensar que, si bien se miraba,
los calendarios eran obra
humana y por
lo tanto arbitrarios y sujetos a error. Si no se hubiesen inventado los
calendarios ni los relojes y las personas no se hubiesen puesto a
contar las idas y venidas de la luna, nadie sabría con certeza
su edad, con el resultado de que todos serían siempre
jóvenes. ¿Cómo era posible que de la noche a la
mañana una se volviese vieja? Ello se debía a lo
engañoso del sistema empleado para medir el tiempo.
(La isla de las 3 sirenas. Irving Wallace.)
Pero a Claudia le encantaba hablar con él de cine. Ernest insistía en que
las películas no eran una forma de arte sino una
regresión a las prehistóricas pinturas rupestres
descubiertas en las cuevas. Las películas carecían de
lenguaje, y puesto que el avance de la especie humana dependía
del lenguaje y el cine no lo utilizaba, se trataba simplemente de un
arte menor de carácter regresivo.
- O sea que la pintura no es un arte - dijo Claudia-, Bach y Beethoven no son arte, Miguel Angel no es arte. Todo eso que estás diciendo es un puro disparate. (El último don. Mario Puzo.)
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En general, la música
es terrible.
¿Qué es? No lo comprendo. ¿Qué es la
música? ¿Qué efecto produce? ¿Y
porqué actúa de ese modo? Dicen que eleva las almas.
¡Es absurdo! ¡Es mentira! Ejerce una gran influencia (me
refiero a mí mismo), pero no eleva el alma en modo alguno. No
hace que el alma se eleve ni descienda, sino que la irrita.
¿Cómo explicarle esto? La música me obliga a
olvidar mi existencia, mi situación real; me transforma. Bajo su
influencia me parece sentir lo que no siento, entender lo que no soy en
realidad. Creo que la música actúa como el bostezo o la
risa; no tiene uno ganas de dormir, pero bosteza al ver bostezar a
otro; no tiene uno por qué reirse, pero ríe al oír
la risa de otros. La música provoca en mí el estado de
ánimo que tenía el compositor al escribirla. Mi alma se
confunde con la suya, y nuestro estado de ánimo se transforma;
pero ignoro por qué me ocurre esto.
Es preciso, después de oír la música, hacer lo que le ha inspirado a uno. Por el contrario, no puede dejar de ser perjudicial provocar un sentimiento (que no corresponde con el lugar ni con el tiempo) que no pueda manifestarse. Al menos en lo que a mí respecta, esa sonata me subyagó terriblemente. (Sonata a Kreutzer. Leon Tolstoi. )
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