festin de cuervos


Festín de Cuervos (A Feast for Crows)

Libro 4

Canción de Hielo y Fuego

¡SPOILERS! 


Faro de la Ciudadela de Antigua

Reseña del Libro

El Prólogo inicia con los novicios de la Ciudadela de Antigua: Pate y Alleras el Esfinge, y Leo Tyrell. Allegras es el mas listo; para Leo Tyrell el estudio es sólo un pasatiempo y Pate es estúpido y ladrón. Comentan que en las habitaciones del archimaestre Marwyn, El Mago, arde una vela de cristal de vidriagón o obsidiana, procedente de Valyria. Había cuatro, una verde y tres negras. La vela de cristal representaba la verdad y el aprendizaje y significa que se están despertando poderes antiguos.
Pate se encuentra con un Alquimista y le entrega una vieja llave de hierro negro que le había robado al archimaestre. Cuando se la da al desconocido y muerde la moneda de oro que recibió a cambio, sintió que el corazón le martilleaba en el pecho. Pate trató de pedir ayuda, pero también le falló la voz.


Euron, Ojo de Cuervo; Aeron Pelomojado y Victarion Greyjoy

En las Islas de Hierro, a Aeron Greyjoy "Pelomojado", el sacerdote del Dios Ahogado, le informan que Euron, Ojo de Cuervo, se ha sentado en el Trono de Piedramar y exige el castillo y la corona en su condición del mayor de los hermanos de Balon. Ha enviado cuervos para exigir a los capitanes y los reyes de todas las islas que acudan a Pyke, se arrodillen ante él y le rindan homenaje como rey legítimo.
Aeron Pelomojado da la orden de que todos los capitanes vayan al Viejo Wyk para celebrar una asamblea de sucesión. Pero Euron los gana para su causa con el fruto del saqueo en medio centenar de tierras lejanas y es declarado rey. Esa noche, Asha Greyjoy, la hermana de Theon, se esfuma con su tripulación. Su tío Lector esta furioso. Por orden del rey Euron, Victarion Greyjoy había atacado a los Tyrell y eso significaba que todo el poder del Dominio se les vendrá encima. Luego había ordenado a Victarion cruzar le Mar Angosto y traerle a su futura esposa: Daenerys Targaryen. Victarion acepta. "Sí, iré a la Bahía de los Esclavos, buscaré a la dragona y la traeré. Pero no será para ti. Me robaste a mi esposa y la mancillaste, así que me quedaré con la tuya. La mujer más bella del mundo será para mí."


Doran Martell, Arianne y las Serpientes de Arena

En los Jardines de Agua, el príncipe Doran Martell de Dorne se enfrenta a una difícil situación. Su heredera, la princesa Arianne, y las tres Serpientes de Arena, hijas bastardas del difunto príncipe Oberyn Martell, piden venganza y conspiran para provocar una guerra con los Lannister, proclamando a Myrcella Baratheon la reina y heredera legítima de los Siete Reinos. El príncipe Doran decide ir a Lanza del Sol, acompañado por Areo Hotah, su fiel Capitán de los Guardias.
Doran Martell ordena poner bajo custodia a las Serpientes de Arena. Areo Hotah pregunta sobre Sarella. El príncipe responde que no puede hacer nada con Sarella, excepto rezar para que tenga más sentido común que sus hermanas. -Dejadla con su... juego-.
Tiene intenciones de regresar a los Jardines del Agua y llevarse a la princesa Myrcella Baratheon.
Pero Arianne, sus primas y aliados deciden secuestrarla. Sin embargo alguien los traiciona. Myrcella es gravemente herida. El tajo le abrió la mejilla hasta el hueso y le cortó la oreja derecha. Consiguieron salvarle la vida, pero no la cara.
El príncipe Doran le cuenta a su hija Arianne que ella estaba prometida desde que era una niña, pero su prometido había muerto por un caldero de oro fundido.
-A tu hermano Quentyn le espera un camino más duro. Ha emprendido un viaje largo y peligroso. Ha ido a traernos lo que más desea nuestro corazón. -Justicia. -El príncipe Doran apretó el dragón de ónice con los dedos hinchados y gotosos, y susurró: -Fuego y sangre-.

El recuerdo de la profecía todavía le erizaba el vello a Cersei, y eso que había transcurrido toda una vida. «Reina serás -le había prometido la anciana bruja, con los labios todavía húmedos, rojos, brillantes-, hasta que llegue otra más joven y más bella para derribarte y apoderarse de todo lo que amas.» Después de la muerte de su primogénito, Cersei bebe demasiado y tiene pesadillas sobre que Tyrion viene a asesinarla junto con sus hijos.
Después de la muerte de su padre Cersei se vuelve paranoica. Ve enemigos y conspiraciones en todas partes. Desconfía de su primo Lancel y de los Tyrell. Ordena asesinar al Septón Supremo, que había sido elegido por Tyrion. Concede el título de lord al hechicero Qyburn y lo sitúa en el Consejo en reemplazo de Varys. Qyburn realiza oscuros experimentos con Gregor "La Montaña" Clegane en las mazmorras del castillo.
Cersei decide nombrar a su tío Kevan como Mano del Rey. El acepta, con la condición de que lo nombre regente además de Mano, y Cersei se vaya a Roca Casterly.
Cersei sintió que la rabia la ahogaba. -Traidor, pensó. -¿Cuánto le habría pagado Mace Tyrell?

Después del banquete de la boda del rey Tommen, Cersei decide quemar la Torre de Mano.
Que todo Desembarco del Rey vea las llamas. «Ahora, todos están ardiendo, junto con sus tramas, intrigas y traiciones. Este es mi día. Es mi castillo, es mi reino.»
Ofrece una cuantiosa recompensa por la cabeza de Tyrion. Le presentan varias cabezas cortadas y putrefactas, pero ninguna es del Enano. Y el príncipe Doran Martell reclama la cabeza de Gregor Clegane. Embelesada con el joven y atractivo Aurane Mares, lo designa como su consejero naval, a pesar de las objeciones del Consejo. Decide retrasar el pago de las deudas a la Sagrada Fe y al Banco de Hierro de Braavos, a pesar de las objeciones del Consejo. Wyman Manderly de Puerto Blanco exige que le sea devuelto su heredero. Si está muerto, tendrá que enviarle una cabeza. "Si una cabeza había bastado para aplacar a un príncipe de Dorne, sin duda también lo será para un norteño gordo vestido con pieles de foca". Ante la mención de Lady Sansa Stark, responde que no se ha olvidado de la pequeña loba.
-Tendría que haberla encerrado en las celdas negras, por ser hija de un traidor, y lo que hice fue abrirle las puertas de mi casa. Compartió mis habitaciones y mi chimenea, jugó con mis hijos, la alimenté, la vestí, traté de que fuera un poco menos ignorante en lo que respecta a las cosas del mundo, y ¿cómo pagó mi bondad? Ayudando a matar a mi hijo. Cuando encontremos al Gnomo, encontraremos también a Lady Sansa. No está muerta... Pero os aseguro que antes de que acabe con ella, suplicará por la muerte-.

Ha surgido otro problema en el Muro. Los hermanos de la Guardia de la Noche han elegido Lord Comandante al hijo bastardo de Ned Stark. El Consejo propone declarar a Jon Nieve rebelde y traidor. Qyburn sugiere una solución: enviar a un centenar de hombres al Muro. En apariencia para que vistan el negro, pero en realidad...
-Para que aparten del mando a Jon Nieve -terminó Cersei, encantada. «Si el bastardo ha salido a su padre, no sospechará nada. Puede que hasta me dé las gracias antes de que le hundan el cuchillo entre las costillas». Así hay que enfrentarse al enemigo: con un puñal, no con una declaración.-

Pero no todo son rosas y halagos. Se presenta su hermano Jaime y le pregunta si está borracha o es idiota. Ella se enfurece, estaba harta de que Jaime le llevara la contraria. Cuando Tywin Lannister hablaba, todos obedecían. «Tengo que librarme de él cuanto antes.» Decide enviar a Jaime a conquistar Aguasdulces, el castillo de los Tully.

Otro problema a resolver: el Septón Supremo se niega a bendecir al Rey Tomen hasta que la corona cumpla con las deudas. El Septón opina sobre la negligencia del ejército del rey en cuestiones de seguridad y protección del reino. Ella replica que "los gorriones" tienen en su poder hachas y garrotes; que se defiendan solos. El sacerdote le dice que las leyes prohíben ejercer la Fe Militante. Ella le responde que las leyes se pueden derogar, si La Fe perdonara la deuda de la corona de novecientos mil dragones. El Septón Supremo accede. La deuda será perdonada, y el rey Tommen tendrá su bendición.

Ser Loras Tyrell se ofrece para invadir Rocadragón. Nadie había hecho un regalo tan hermoso a Cersei desde que Sansa Stark acudió a ella para contarle los planes de su padre, Lord Eddard.
Además, planea asesinar al ex mercenario Bronn, ahora Lord Bronn de Aguasgrises, con la ayuda de los suegros: Lord Stokeworth y esposa, pero estos fracasan. Bronn asesina al señor y ordena a la esposa a marcharse de Stokeworth, o la entregará a sus soldados. La hija ruega la protección de la reina. Cersei la envía con Qyburn, quien la encierra en las celdas negras. No podía permitir que aquella mujer fuera por los Siete Reinos revelando secretos peligrosos.

También trama quitar a Margaery de su real camino. Convoca a Ser Osney Kettleblack y le propone seducir a la joven reina, a cambio de un título de lord. Margaery debía morir, pero las pruebas tenían que ser abrumadoras. Acusa a maestre Pycelle de conspirar con la joven reina. Pycelle declara que proporciona a Margaery el té de luna. Cersei dice que el rey ha sido traicionado: Margaery tiene un amante. Eso es alta traición, y el castigo es la muerte, pero necesitaba pruebas. Hace arrestar a un bardo, lo entrega a Qyburn para que lo torture y confiese haberse acostado con Margaery. Le dice a Osney Kettleblack que debe confesarle al Septón Supremo que se había acostado con Margaery y sus primas.

A la reina Margaery se la acusa de adulterio y alta traición. Cersei va a ver a Septón Supremo y ambos deciden que La Fe debe encargarse del juicio. Ella intenta regresar al castillo, llevándose a Osney Kettleblack, con el pretexto de que sea interrogado por su Consejo. El Septón Supremo se niega y la conduce a una celda. Allí, Osney Kettleblack colgaba del techo, de un par de cadenas de hierro. Lo habían azotado.
-Osney Kettleblack es culpable de traición y asesinato, y el precio de la traición es la muerte.
-La Fe no puede condenar a muerte a nadie, sea cual sea el delito.
-Es curioso que digáis eso, Alteza, porque ahora quiere hacernos creer que nunca tocó a Margaery Tyrell. ¿No es así, Ser Osney?
Osney Kettleblack abrió los ojos. Al ver a la Reina ante él, se pasó la lengua por los labios hinchados.
-El Muro-dijo-. Me prometisteis el Muro.
-Está loco-dijo Cersei-. Lo habéis hecho enloquecer.
-Ser Osney Kettleblack -preguntó el Septón Supremo con voz firme-, ¿tuvisteis relación carnal con la Reina?
-Sí. -Con esta. Esta es la reina a la que me follé, la que me envió a matar al viejo Septón Supremo.
Cersei dio media vuelta y echó a correr. Pero la aguardaban las mujeres, más septas y también hermanas silenciosas.-¡Soy la reina! -les gritó al tiempo que retrocedía-. ¡Os haré decapitar, os cortaré la cabeza a todas!
En vez de obedecer, la atraparon y la arrastraron mientras pataleaba por las escaleras de la torre. Dentro de la celda, tres hermanas silenciosas la sujetaron, mientras una septa la desnudaba. Gritó, pataleó y aulló ante la puerta y ante la ventana hasta que tuvo la garganta en carne viva. Nadie acudió en su rescate. Sólo recibió la visita de Qyburn. Este le informa que la van a juzgar por asesinato, alta traición y fornicación, al igual que a Margaery. El Gran Maestre Pycelle gobierna el reino. Han enviado un cuervo para invitar a su tío Kevan a volver de inmediato a la corte y asumir la regencia. Mace Tyrell ha interrumpido el asedio de Bastión de Tormentas y viene hacia la ciudad con un ejército. Cersei se siente perdida. Envía un mensaje a Jaime.

Ser Jaime Lannister piensa que es responsable de la muerte de su padre. Fue Tyrion quien soltó la saeta de la ballesta, pero él soltó a Tyrion, amenazando a Varys de muerte.
Las palabras de su hermano habían calado hondo en su mente. -Eres un pobre idiota tullido. Cersei es una zorra mentirosa. Ha estado follando con Lancel y con Osmund Kettleblack y, por lo que yo sé, puede que se tire hasta al Chico Luna. Y yo soy el monstruo que todos dicen. Sí, maté al canalla de tu hijo-.

Jaime observa a Cersei, y lo que ve no le agrada. Su querida hermana cometía todas las sandeces imaginables; bebía demasiado y parecía pensar que la mitad de la corte estaba formada por inútiles o traidores. Cersei le pide que sea la Mano de Tommen, pero Jaime se niega y se enfurece al ver el modo en que Cersei trata al pequeño Tommen, reprendiéndolo y humillándolo constantemente. También está preocupado por su tío Kevan. «Sabe lo nuestro. Y lo de Tommen y Myrcella. Y Cersei sabe que lo sabe.» Ser Kevan era un Lannister, pero si los hijos mataban a los padres, ¿qué le impedía a una sobrina ordenar el asesinato de un tío? A su hermana le gustaba creerse una especie de Lord Tywin con tetas, pero estaba en un error. Su padre había sido despiadado e implacable como un glaciar, mientras que Cersei era toda fuego valyrio, más aún cuando le llevaban la contraria. «Por el camino que llevas, los cuervos celebrarán un festín con nosotros, querida hermana. Kevan debería ser la Mano de Tommen. Si mi hermana no se da cuenta, es porque se ha vuelto idiota.» Cersei se empeña en capturar a Brynden Tully, el Pez Negro. Una parte de él se alegraría de dejar atrás Desembarco del Rey. No le gustaban en absoluto los lameculos y los bufones que rodeaban a Cersei.

En Darry, el castillo de su primo Lancel Lannister, le comentan sobre una mujer encapuchada. Los campesinos dicen que está al mando de los bandidos. Lancel le confiesa haber matado al rey Robert. -.. y luego te follaste a la Reina, -le espeta Jaime.-¿Veis aquella ventana, Ser? Allí durmió el rey Robert cuando volvíamos de Invernalia. La hija de Ned Stark había huido después de que su loba atacara a Joff. Mi hermana quería que le cortaran una mano a la niña. Robert le dijo que era cruel y que estaba loca. Pasada la medianoche, Cersei me hizo llamar. La poseí en la cama de Raymun Darry. Mientras me la follaba, Cersei gritaba «¡La quiero!». Pensé que se refería a mi polla, pero lo que quería era a la pequeña Stark, mutilada o muerta-.


Ser Brynden "El Pez Negro" y Lord Edmure Tully

Su primo le comenta que en los Gemelos, se dedicaban a erigir un patíbulo, amenazando con ejecutar a Edmure Tully, si el castillo no se rinde. El Pez Negro no hace ni caso de la pantomima. En el castillo, tiene a los Westerling. Una es Jeyne, la reina del Joven Lobo. Y Roslin Frey, la esposa de Lord Edmure está embarazada. Jaime opina que cuando haya nacido el hijo de Edmure, Lord Walder Frey ya no lo necesitará. Jaime decide parlamentar con Ser Brynden Tully, y percibe que el Pez Negro no le tiene el menor respeto. Se detuvo a un paso de Ser Brynden e inclinó la cabeza para saludarlo.
-Matarreyes -dijo Tully.-Supongo que habéis vuelto para cumplir el juramento que hicisteis ante mi sobrina. Creo recordar que le prometisteis a Catelyn que le devolveríais a sus hijas a cambio de vuestra libertad. Pero no veo a las niñas. ¿Dónde están?
-No las tengo.
Los ojos de Tully eran pura piedra bajo las cejas pobladas.
-No os falta valor, Matarreyes. Pero negociar con perjuros es como construir en arenas movedizas. Cat debería haber sabido que no se podía confiar en chusma como vos.
«En quien confió fue en Tyrion. El Gnomo la engañó a ella también.» -Vuestro Joven Lobo ha muerto.
-Asesinado en una trasgresión de las sagradas leyes de la hospitalidad.
-Fue cosa de los Frey, no mía.
-Llamadlo como queráis. Apesta a Tywin Lannister.
Era algo que Jaime no podía negar. Pero logra convencer al hermano, Lord Edmure a rendirse. -Vos sois el legítimo señor de la Casa Tully, no él. Vuestro tío hará lo que digáis. El destino de Aguasdulces está en vuestras manos. Puede que vuestra esposa dé a luz antes. Supongo que querréis conocer a vuestro hijo. Os lo enviaré en cuanto nazca. Con una catapulta.-
Y Aguasdulces se rinde. Pero Ser Brynden, el Pez Negro, logra escapar.

Se presentan Lady Westerling y su hija. «Menos mal que no ha desaparecido la niña también.» Jeyne Westerling había sido la reina de Robb Stark, la muchacha que tan cara le había costado. Le pregunta si está esperando un hijo. Su madre, Lady Sybell, responde que no. -Ya me aseguré de eso, como me pidió vuestro señor padre-.
Jaime asintió. Tywin Lannister no era alguien que pasara por alto detalles así.
-La Casa Westerling ha recibido el perdón, y vuestro hermano Rolph ha sido nombrado señor de Castamere. ¿Qué más queréis de nosotros?
-Vuestro señor padre me prometió buenos matrimonios para Jeyne y para su hermana pequeña. Señores o herederos, me lo juró, nada de segundones ni caballeros de una casa cualquiera.
-Esos matrimonios se celebrarán -le aseguró Jaime.
Jaime da la orden de vigilar a la esposa del Joven Lobo, ya que era el doble de peligrosa que Edmure si llegara a escapar.

En los Gemelos fue mal recibido. Los Frey lo acusan de la muerte de una docena de ellos, a los que Jaime envió al castillo por estar ebrios. Le informan que fueron capturados y ahorcados por Dondarrion, y la Corazón de Piedra. Jaime medita sobre que los bandidos se estaban volviendo cada vez más osados. Es casi como si supieran que volvían a Los Gemelos. También le informan sobre una manada de cientos de lobos que salieron de la oscuridad y los destrozaron. La jefa de la manada era una loba de tamaño monstruoso. Por la descripción, casi parecía una loba huargo. Jaime piensa: ¿Sería posible que la loba huargo fuera la misma que atacó a Joffrey?

Y Jaime habla con un bardo con una lira de mala calidad.
-¿Cómo te llamas?
-Tom de Sietecauces. Pero todo el mundo me llama Tom Siete.

Recibe la carta de Cersei. «Vuelve ahora mismo. Ayúdame. Sálvame. Te necesito como no te había necesitado jamás. Te quiero. Te quiero. Te quiero. Vuelve ahora mismo.» Jaime decide no responder y arroja la carta al fuego.

Brienne de Tarth sigue en su misión de encontrar a Sansa en todos los pueblos y aldeas en el camino hacia el Valle Oscuro. Le había prometido a Lady Catelyn que le devolvería a sus hijas. «Daré con ella, mi señora -le juró Brienne a la sombra de Lady Catelyn-. Nunca la dejaré de buscar. Si hace falta sacrificaré mi vida, sacrificaré mi honor, sacrificaré todos mis sueños, pero la encontraré.»
Brienne se une a unos caballeros errantes que también buscan a Sansa, por una buena bolsa de oro que ha ofrecido Lord Varys. Brienne había hablado con la doncella de Sansa, que le había contado cómo Lady Sansa le había suplicado que le perdonara la vida al bufón Ser Dontos. «Seguro que la ayudó a escapar, decidió Brienne. Si encuentro a Ser Dontos, encontraré a Sansa.» Luego, unos vagabundos le dicen haber visto a la niña Stark con el Perro Clegane, dirigiéndose a Aguasdulces. La buscan Lord Beric Dondarrion y también la otra banda, encabezada por la mujer, Corazón de Piedra.
Brienne, Podrick Payne (el valiente escudero que salvó la vida de Tyrion en la batalla de Aguasnegras) y sus acompañantes llegan al Tridente. Un Hermano Mayor le dice que ella había entendido mal. -Seguís al lobo que no es, mi señora. Eddard Stark tenía dos hijas. La que se llevó Sandor Clegane era la otra, la pequeña.
-¿Arya Stark? -Brienne se quedó mirándolo boquiabierta, atónita-. ¿Estáis seguro? ¿La hermana de Lady Sansa sigue viva?


Gendry

En la Posada de la Encrucijada Brienne oye martillazos de una forja y ve un chico que se parecía a Renly. «Tiene los ojos y el pelo de Renly, pero no su constitución, a diferencia de su hermano Robert, que tenía una fuerza legendaria.» Brienne le pregunta por su nombre, su madre y padre. El muchacho le responde que se llama Gendry, es huérfano y no conoció a su padre.
-Eres bastardo.
Se lo tomó como un insulto. -Soy caballero. Esta será mi espada cuando la acabe.
-Tienes el pelo negro y los ojos azules, y naciste a la sombra de la Fortaleza Roja. ¿Nadie te ha hecho nunca ningún comentario sobre tu cara?
-¿Qué le pasa a mi cara? No es tan fea como la vuestra.
-Supongo que verías al rey Robert en Desembarco del Rey.
-A veces. Era un gordo borracho, pero mejor rey que sus hijos.
«No son sus hijos. Stannis decía la verdad aquel día que se reunió con Renly. Joffrey y Tommen no eran hijos de Robert. En cambio, este muchacho...»
-Escúchame -empezó Brienne. Entonces ve llegar a unos jinetes. Brienne desenvainó Guardajuramentos. -Gendry -dijo en voz baja-, te van a hacer falta la espada y la armadura. Estos no son tus amigos. No son amigos de nadie. 
Brienne
sale malherida en la lucha con el demente Mordedor, cuando una espada lo atraviesa.

Lady Corazón de Piedra
Lady Corazón de Piedra

Despierta varias horas después en una cueva y ve al sacerdote rojo Thoros de Myr. -Mi señora, no dudo que haya algún lugar de los Siete Reinos donde queden restos de piedad y misericordia, pero no está aquí. Esto es una cueva, no un templo. La señora os manda buscar.
Al otro lado de la cueva, en un saliente de roca, había una mesa de caballetes. Detrás estaba sentada una mujer vestida completamente de gris, con capa y capucha. Tenía en las manos una corona, una diadema de bronce con espadas de hierro. La contemplaba y pasaba los dedos por las hojas para comprobar el filo. Sus ojos centelleaban bajo la capucha.
Brienne sintió que un escalofrío le recorría la espalda. Corazón de Piedra.
-Mi señora, aquí la tenéis. La puta del Matarreyes.
Otro bandido llevaba Guardajuramentos en la mano. Sacó la espada de la vaina y la puso ante Lady Corazón de Piedra. La mujer de gris se fijó en la empuñadura: una cabeza dorada de león, con ojos de rubí que refulgían como dos estrellas rojas. Thoros de Myr se sacó de la manga un pergamino, con el sello del rey que decía que su portador es enviado suyo. Lady Corazón de Piedra dejó la espada a un lado y leyó la carta.
-Me dieron esa espada para un buen propósito -explicó Brienne-. Ser Jaime le hizo un juramento a Catelyn Stark. Le prometió a Lady Catelyn devolverle a sus hijas, pero cuando llegó a Desembarco del Rey ya habían desaparecido. Jaime me envió en busca de Lady Sansa...
-¿Y qué habríais hecho de haberla encontrado? -preguntó el joven norteño.
-Protegerla. Llevarla a algún lugar seguro.
-¿Por ejemplo? -El hombretón se echó a reír-. ¿Las mazmorras de Cersei?
-No.
-Negadlo cuanto queráis. ¿O queréis hacernos creer que los Lannister regalan espadas de oro y rubíes a sus enemigos? ¿Que el Matarreyes quería que le ocultarais a la niña a su propia hermana melliza?
La mujer de gris se puso la mano bajo la mandíbula y se agarró el cuello. El sonido parecía proceder de su garganta; era en parte graznido, en parte resuello, en parte estertor moribundo.
-Ha preguntado por el nombre de vuestra espada -dijo el joven norteño.
-Guardajuramentos.
La mujer de gris se llevó la mano a la barbilla y siseó. Sus ojos eran dos pozos rojos que ardían en las sombras. Volvió a hablar.
-Dice que se llama Rompejuramentos. Que se forjó para el asesinato y la traición. Dice que se llama Falsa Amiga. Igual que vos.
-¿Con quién he sido falsa?
-Con ella -replicó el norteño-. ¿O ha olvidado que juró servirla?
La Doncella de Tarth sólo había jurado servir a una mujer. -No es posible -dijo-. Está muerta.
Lady Corazón de Piedra se quitó la capucha y se desató la bufanda de lana gris que le cubría el rostro. Tenía manchas verdes y grises en la frente, y también las marcas marrones de la putrefacción. La carne del rostro le colgaba en jirones desde los ojos hasta la mandíbula. Algunas desgarraduras estaban cubiertas de costras; otras dejaban el cráneo a la vista.
-¿Lady Catelyn? -Se le llenaron los ojos de lágrimas-. Dijeron que habíais muerto.
-Y así fue -aseguró Thoros de Myr-. Los Frey le rebanaron el cuello de oreja a oreja. Cuando la encontramos junto al río llevaba tres días muerta. Fue Lord Beric Dondarrion quien puso los labios en los suyos, y la llama de la vida salió de él para entrar en ella. Dice que tenéis que demostrar vuestra fidelidad. Con vuestra espada. Pues mi señora quiere que guardéis el juramento que vos le hicisteis a ella.
-¿Qué quiere que haga?
-Quiere a su hijo vivo, y si no, a los hombres que lo mataron -dijo el hombretón-. Quiere dar de comer a los cuervos, como hicieron ellos en la Boda Roja. Quiere Freys y Boltons. Esos se los proporcionaremos nosotros, tantos como desee. De vos sólo quiere a Jaime Lannister.
-Lady Catelyn... Os juro que no es quien fue. Me envió a buscar a Sansa para protegerla; no pudo tomar parte en la Boda Roja.
Los dedos de Lady Catelyn se clavaron más profundamente en el cuello. Las palabras salieron a borbotones, rotas y ahogadas, un río frío como el hielo.
-Dice que tenéis que elegir. Coged la espada y matad al Matarreyes, o seréis ahorcada por traidora. La espada o la soga, dice. Elegid, dice. Elegid.
Se hizo un largo silencio. Al final, Lady Corazón de Piedra habló otra vez. En aquélla ocasión, Brienne la entendió. Solamente fue una palabra. -Ahorcadlos -graznó.
Brienne sintió cómo el cáñamo se le hundía en la piel y la obligaba a levantar la barbilla. Aspiró a la desesperada mientras la soga la estrangulaba. No había sentido nunca un dolor tan intenso. Gritó una palabra.


Sam y Elí rumbo a Antigua

Samwell Tarly está encerrado en los sótanos del Castillo Negro, leyendo los viejos pergaminos sobre los Otros. Con un montón de libros y pergaminos bajo el brazo izquierdo y la vela en la mano derecha, Sam echó a andar por el laberinto de túneles que los hermanos denominaban gusaneras. Jon había ordenado que los constructores trabajaran día y noche en una nueva escalera en zigzag para ir al encuentro de los restos de la vieja. Una de las primeras cosas que había hecho Jon Nieve como Lord Comandante fue instituir prácticas diarias de tiro con arco para toda la guarnición, mayordomos y cocineros incluidos. Según él, la Guardia les había estado dando demasiada importancia a las espadas y demasiado poca a los arcos. Jon Nieve se había establecido en las modestas habitaciones de Donal Noye, detrás de la armería. Sam ve salir a Elí, con los ojos húmedos de lágrimas. Pero Jon lo estaba esperando.

Jon Nieve le pregunta que ha descubierto sobre los
Otros.
Sam le cuenta que ha encontrado alusiones al vidriagón. Durante la Era de los Héroes, los hijos del bosque le entregaban a la Guardia de la Noche un centenar de puñales de obsidiana al año. La mayoría de los relatos coincide en que los Otros llegaban con el frío. A veces aparecen durante las ventiscas y se derriten cuando se despeja el cielo. Se esconden de la luz del sol y salen de noche. Según algunas narraciones, cabalgan a lomos de animales muertos: osos, huargos, mamuts, caballos y arañas de hielo gigantes. A los hombres que mueren combatiendo a los Otros hay que quemarlos; de lo contrario se levantarán y serán sus esclavos.
-Todo eso ya lo sabemos. La cuestión es saber cómo los podemos combatir.
-Según los relatos, la armadura de los Otros es resistente a casi cualquier arma normal -siguió Sam-. Llevan espadas tan frías que hacen trizas el acero. Pero el fuego los detiene, y son vulnerables a la obsidiana, y el acerodragón
-¿Acerodragón? ¿Acero valyrio?
-Eso mismo pensé yo.
-Así que si consigo convencer a los señores de los Siete Reinos de que nos entreguen sus espadas valyrias, habremos salvado el mundo. ¿Has averiguado quiénes son los Otros, de dónde vienen, qué quieren?
-Aún no, mi señor, pero puede que no haya leído los libros relevantes.
Jon tenía voz de tristeza, cuando le informa a Sam que debe irse con Elí y maestre Aemon a Antigua, ya que teme que su vida correrá peligro.
Stannis sabe quién es Aemon si la mujer roja exige sangre de rey para sus hechizos. Sam palidece. En aquel momento se enfrentaba a Lord Nieve, que tenía los ojos grises y duros como el hielo. -Mentiste, conspiraste e intrigaste para que me eligieran Lord Comandante. Ahora me vas a obedecer.

En la penosa travesía por mar, el maestre Aemon relata cómo llegó al Muro, siendo muy joven, junto a
Brynden Ríos, que llegó a Lord Comandante.
-¿Cuervo de Sangre? - pregunta el bardo. -Conozco una canción sobre él. Se titula «Mil ojos, y uno más».
Bordean la isla de Skagos. En algunas canciones se decía que los skaggs eran caníbales. El maestre Aemon se debilita cada día. Elí lloraba todo el tiempo. Maestre Aemon le dice la verdad a Sam. -Es una madre que llora por su hijo. Este bebé no es suyo, sino de Dalla.
-No. No, no es posible. Jon jamás...
-Jon jamás haría algo así. Lord Nieve lo hizo. A veces no hay opción buena, Sam, sólo una menos dolorosa que las otras. Intercambió los bebes para proteger al príncipe, para alejarlo de los fuegos de
Lady Melisandre y de su dios rojo.
En la habitación gélida en la posada de Braavos, Sam y Elí ven agonizar al
maestre Aemon. Este le pide un último favor: averiguar todo lo que pueda de los dragones.
Sam es interceptado por dos jaques que lo intimidan, pero es salvado por una chiquilla flaca, con el pelo enmarañado y sucio. Un cuchillo apareció de repente en la mano izquierda de la niña, una hoja tan flaca como ella. Cuando le agradece y le pregunta quien es, ella responde: -Nadie. Pero puedes llamarme Gata. -¿Quién eres tú?
-Samwell de la Casa Tarly.

Sam se había vestido de negro para recitar la plegaria fúnebre. En Braavos había llegado a creer que Aemon podía recuperarse. Cuando le habló de los dragones, el anciano casi volvió a ser el de siempre. Elí le dijo a Sam que la mujer roja habría quemado vivo al maestre. Quería sangre de rey para sus hogueras.
Val lo sabía, y Lord Nieve también. Por eso le hicieron llevarse al bebé de Dalla. Sam y Elí se convierten en amantes. Un marinero le dice que el amor no tiene nada de vergonzoso, y si los septones dicen que sí, es que los Siete dioses son unos demonios.

La última parte del viaje era la más peligrosa. Se dirigían a Sonido Susurrante en el
Rejo al otro lado de Poniente, donde los hombres de hierro saqueaban y se preparaban para atacar Antigua. La nave empezó a tropezar con cadáveres que flotaban a la deriva. «Si Desembarco del Rey pierde Antigua y el Rejo, todo el reino se hará trizas», pensó Sam. Su casa, Colina Cuervo, era próxima a Antigua y él ya no estaba seguro de llevar allí a Elí y al bebe. El capitán accede a que Elí se quede a bordo hasta que el vuelva.

En la Ciudadela, Sam pide hablar con el Senescal, pero se le acerca Alleras, un novicio.
-¿Qué trae a la Guardia de la Noche a la Ciudadela?
Sam le dice su nombre y que lo envía el maestre Aemon Targaryen. El Lord Comandante Nieve lo envió lejos para salvarle la vida.
Alleras lo escucha con atención y le pide que lo acompañe a ver al archimaestre Marwyn. La única luz de la estancia procedía de una vela alta y negra situada en el centro de la habitación. Había algo de extraño en ella. La llama no parpadeaba.
-¿Obsidiana?
-Llámalo vidriagón. -Arde, pero no se consume. Toda la hechicería valyria tenía sus raíces en la sangre o en el fuego. Con una de estas velas de cristal, los hechiceros del Feudo Franco podían ver a través de montañas, mares y desiertos.- Le pide a Sam que le cuente todo.
-El maestre Aemon creía que la profecía se ha cumplido en
Daenerys Targaryen. En ella, no en Stannis, ni en el príncipe Rhaegar, ni en el principito al que estamparon contra una pared.
-Nacido de la sal y el humo, bajo una estrella sangrante. Ya conozco la profecía.
Marwyn, el Mago, decide ir a ver a Daenerys, antes de que los Archimaestres envíen a su propio hombre y le recomienda a Sam no contarles nada; solo que ha venido a forjarse una cadena de maestre. Sam observa a otro chico pálido y blando, que tenía algo que no le gustaba, y cuyo nombre era Pate.


Arya Srark

Arya Stark llega en la galera a la ciudad oriental de Braavos. Algunos miembros de la tripulación la llamaban Salina, porque había subido a bordo en Salinas. Divisan al Titán de Braavos, un gigante de piedra alto como una montaña. «Todos los hombres mueren.» Eso era lo que significaban las palabras que Jaqen H'ghar le había enseñado cuando le dio la moneda de hierro.
En la isla se encontró ante un par puertas de madera tallada, de diez codos de altura. La puerta de la izquierda era de arciano blanco; la derecha, de ébano brillante. En cierto modo le recordaban al árbol corazón del bosque de dioses de Invernalia. Están cerradas a cal y canto. Mostró la moneda. Valar morghulis. Las puertas se abrieron.
Aparece una niña pálida con una túnica negra por el lado derecho y blanca por el izquierdo. -Aquí estás a salvo. Esto es la Casa de Blanco y Negro del Dios de Muchos Rostros.
Llega un sacerdote y le pide que diga su nombre verdadero.
-Arya. Soy Arya de la Casa Stark.
-Esa eres, pero en la Casa de Blanco y Negro no hay lugar para Arya de la Casa Stark.
-Por favor -suplicó-. No tengo adonde ir.
-¿Temes a la muerte?
Se mordisqueó el labio.
-No.
-Veamos. -El sacerdote se bajó la capucha. Bajo ella no había ningún rostro, sólo un cráneo amarillento con unas tiras de piel todavía aferradas a las mejillas y un gusano blanco que se retorcía en una órbita ocular-. Dame un beso, niña -graznó con una voz tan seca y áspera como el cloqueo de la muerte. 
«¿Se cree que me asusta?» El cráneo amarillo se derritió y, de repente, el anciano de aspecto más bondadoso que había visto jamás la miraba con una sonrisa. -¿Me enseñarás a cambiar de cara?
Todas las noches, antes de quedarse dormida, murmuraba la plegaria contra la almohada.
-Ser Gregor, Dunsen, Raff el Dulce, Ser Ilyn, Ser Meryn, la reina Cersei. También habría susurrado los nombres de los Frey del Cruce, de haberlos conocido. «Algún día sabré cómo se llaman -se dijo-, y los mataré a todos.»
-Niña, ¿qué son esos nombres que susurras por las noches?
-Son personas a las que odio. Quiero que mueran.
-¿Por eso has acudido a nosotros? ¿Para aprender nuestras artes y poder matar a esos hombres que odias?
-Puede.
-¿Quién eres? -le preguntaba todos los días.
-Nadie -respondía ella.
-Mientes, Arya de la Casa Stark.

El sacerdote le ordena deshacerse de sus pertenencias. Pero Arya se niega a botar su espada, Aguja. «Los dioses querían que la tuviera. Los dioses de su padre, los antiguos dioses del Norte. El Dios de Muchos Rostros se puede quedar con todo lo demás, pero con esto, no.» Esconde la espada debajo de una piedra.
Ha vuelto a soñar que era una loba. A veces, los sueños de lobo eran tan vívidos que oía los aullidos de sus hermanos al despertar. En los sueños de lobo era rápida y fuerte; daba caza a su presa con su manada.
El sacerdote la envía a la ciudad, donde ella vende los frutos del mar, con el nombre de la Gata de los canales. En una taberna, ve a un cuervo, que se había convertido en un pavo real. «Es de la Guardia de la Noche», pensó mientras lo oía cantar sobre una dama idiota que se tiraba de una torre idiota, porque el idiota de su príncipe había muerto. Lo siguió, cuando el hombre salió. Luego regresa al templo para ayudar a preparar las pócimas.
-Tres cosas que has aprendido.
No titubeó. -Dareon ha muerto, al que llamaban el bardo negro. En realidad era un desertor de la Guardia de la Noche. Le cortaron el cuello y lo tiraron a un canal, pero antes le quitaron las botas.
-¿Quién lo habrá hecho?
-Arya de la Casa Stark.
El sacerdote ordena servirle una copa de leche. A la mañana siguiente, cuando se despertó, estaba ciega.


Sansa Stark

En el Nido de Águilas Sansa está con Petyr Baelish, Meñique, quien la llama Alayne Piedra.
«Soy Sansa Stark, hija de Lord Eddard y Lady Catelyn, de la sangre de Invernalia.» Pero no lo dice. De no ser por Petyr Baelish, habría sido ella quien habría caído al vacío. Las cosas que había dicho su tía justo antes de caer seguían perturbando a Sansa. Petyr los denominaba delirios de su esposa loca. Y en ocasiones le parecía que el Lord Protector también era dos personas. Era Petyr, su protector, cariñoso, divertido y afable. Pero también era Meñique, que se acariciaba la barba con su sonrisa taimada al tiempo que hablaba al oído a la reina Cersei. Y Meñique no era su amigo. Meñique nunca había movido ni el meñique por ella. «Excepto cuando me sacó de allí. Lo hizo por mí. Meñique no era más que una máscara que se tenía que poner.» Sólo que a veces le costaba decidir dónde terminaba la máscara y dónde empezaba el hombre. Meñique y Lord Petyr eran muy parecidos. Tal vez debería huir de ambos, pero no tenía adónde ir. Sólo las mentiras la habían mantenido con vida en Desembarco del Rey. Si no hubiera mentido a Joffrey, su Guardia Real la habría matado a palizas.

Cuando la interrogan los señores del Valle, ella miente, confirmando la versión de Lord Petyr. El carcelero Mord hace ingresar al bardo, y Sansa ve que lo habían segado. El hombre se inca y suplica el perdón. Más tarde, Petyr la agarró por la muñeca.
-¿Has visto qué maravillas se pueden conseguir con mentiras y dorado del Rejo?
-¿Todo eran mentiras?
-Ganas me dan de decir que esto no es un juego, hija, pero lo es. El juego de tronos.

Meñique les ordena dejar el castillo, ante la proximidad del invierno. Sansa es la encargada de bajar, junto a su primo, Lord Arryn, por los serpenteantes y congelados senderos.
Luego Petyr le comenta: -No te imaginas la mitad de lo que está pasando en Desembarco del Rey. Cersei va de estupidez en estupidez, ayudada por su consejo de ciegos, sordos e imbéciles. Siempre supe que llevaría el reino a la ruina y se autodestruiría, pero no imaginaba que fuera a darse tanta prisa. La poca paz que nos dejaron los cinco reyes no sobrevivirá mucho tiempo a las tres reinas.
-¿Tres reinas?
Meñique le dice que le ha traído un contrato de matrimonio. Sansa le recuerda que esta casada.
-El Enano se casó con la hija de Ned Stark, no con la mía. Esto es sólo un compromiso. El matrimonio tendrá que esperar hasta que Cersei esté acabada y Sansa enviude. Lo único que tienes que hacer es conocer al muchacho y ganarte su aprobación. Es el heredero de Lady Waynwood. Eres la prometida de Harrold Hardyng, cariño.
-¿Harry el Heredero?
-Sí, es cierto, Harry es muy seductor cuando quiere. Pelo rubio y suave, ojos azul oscuro, hoyuelos cuando sonríe. Y, por lo que dicen, es muy galante.
-No es el heredero de Lady Waynwood -contestó Alayne, con los ojos abiertos como platos-. Es el heredero de Robert. Si Robert muriera...
Petyr arqueó una ceja. -Cuando muera nuestro pobre y valeroso Robalito, un niño tan enfermizo, Harry el Heredero se convertirá en Lord Harrold, Defensor del Valle y señor del Nido de Águilas. Y cuando se congreguen para celebrar su boda, y tú aparezcas con tu melena castaño rojiza, con una capa de doncella blanca y gris con el blasón del lobo huargo en la espalda, no habrá caballero en el Valle que no ponga su espada a tus pies para reconquistar lo que te corresponde por derecho de nacimiento. Así que esos son los regalos que te traigo, mi querida Sansa: Harry, el Nido de Águilas e Invernalia.




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