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1
Pet Sounds
The Beach Boys, 1966

Un rayo blanco caído del cielo. Un disco que no merecemos: música de ángeles compuesta, cantada, arreglada y producida por el más bello de los derrotados, Brian Wilson, un loco. El primer y único oratorio que, sin dejar de ser rock, es ermita, santuario, caritas. Quien lo mancille, peca.

2
Blonde on blonde
Bob Dylan, 1966

Noche de ojos abiertos, nuevos sentimientos, nuevos ruidos, poblada de mujeres místicas y sangre rota. La declaración de amor más triste de la historia (“Sad eyed lady of the Lowlands”).

3
Revolver
The Beatles, 1966

Eran cuatro pero parecen uno, alquímicos y dorados. Las mejores guitarras y los primeros tránsitos sin alforjas. Lennon se encuentra a sí mismo en el viaje: “Tomorrow never knows”.

4
Music from Big Pink
The Band, 1968

Disco eje. Toda una generación entendió que la naturaleza es sagrada, que el pacto es con la tierra. Anti héroes, jugadores de billar, clientes de garito, los cinco músicos no tienen edad: cantan desde el musgo, el fango, de la historia que está en todos nosotros. Siempre estuvieron allí, trovadores, para rediminirnos de la mediocridad de nuestras almas.

5
Astral weeks
Van Morrison, 1968

Angry Van interioriza su rabia negra y busca el pathos, el satori, la iluminación, el tránsito arrebatado del amor de su musa, Jane Planet. Grabado en dos sesiones, porque aquello que arde no puede ser elaborado. Los músicos, no por azar, no proceden de la escena del rock, son jazzistas libres de prejuicios y modas.

6
The Basement Tapes
Bob Dylan and The Band, 1968 (grabación) – 1975 (edición)

El fundamento de “Music from Big Pink”: instintivo y rugoso, sin concesiones, una fiesta orbital en el único lugar posible, un sótano. La historia, toda, de la música popular, deshilada y cosida. La ropa gastada es la que sienta mejor.

7
Kind of blue
Miles Davis, 1959

Desde este disco, porque cuando has visitado el cielo eres humilde, Miles tocó siempre de espaldas al público y con la trompeta apuntando hacia el suelo, dejando que el dolor se hundiese como una sonda en los confines de magma. Aquí está el vértice.

8
Grievous angel
Gram Parsons, 1974

La pareja más bella (Gram + Emmylou Harris) para las canciones de ausencia más honda del country rock. Tequila, coyotes, arena, caricias de morfina, testamento. Gram murió a los pocos días de grabarlo. Emmylou aún sigue cantando para honrar la memoria del niño trágico.

 

9
The Sun collection
Elvis Presley, 1970
No es un disco como tal, pero merece serlo. Antología que recopila los singles primeros de Elvis, aún silvestre, hormonal, lúbrico e indecente. Nadie ha igualado esta cólera. Algunos han propuesto, con seriedad, que deberían canonizar a Elvis. Estoy de acuerdo.

10
The Band
The Band, 1969

Parecía tarea imposible sobreponerse a su debut, pero aquí está el segundo capítulo, épico, incandescente: música como un hilo de seda manchado por la mugre de la vida. Mandolinas, Hammond, piano, contrabajo... Bailemos polkas sin dejar de llorar.

11
Layla and other assorted love songs
Derek and The Dominos, 1970

El técnico desapego de Clapton, tan frío con demasiada frecuencia, se evapora para convertirse en desesperada urgencia en pos de la conquista de una mujer. Su empatía instrumental con Duane Allman deja sin aliento. De las guitarras de ambos brotan las lágrimas de los huérfanos de un hospicio.

12
Band of gypsys
Jimi Hendrix, 1970

La única grabación en directo autorizada en vida por Jimi (su codiciosa familia ha sido mucho menos exigente: todo vale a cambio de la facturación necrofílica). Una vez desmembrado su grupo seminal, la Experience, más corsé que alas para la imaginación desbordada del mejor guitarrista de la historia, los nuevos compañeros (Billy Cox, Buddy Miles) le permiten olvidarse del circo –nada de dientes, nada de incendios- para concentrarse en las canciones. Jimi, con toda la pedalera posible (fuzz, wah-wah, univibe y octavia), toma el control y resplandece.

13
Blood on the tracks
Bob Dylan, 1974

Pese a la miseria del acabado (arreglos apresuados y melosos, producción ramplona, voz anulada), las canciones son suficiente milagro. Una colección, en ocasiones emotivamente auto indulgente, de reflexiones sobre lo irrevocable del desamor. Dylan, que negociaba su divorcio, canta con la garganta abrasada. “Tangled up in blue” y “You’re a big girl now” esclavizan como las manos de una novia.

 

14
The Chirpin’ Crikets
Buddy Holly and The Crickets, 1957

El único disco editado en vida por la gloria de Lubbock es un goce (melodías pegadizas cantadas dramáticamente con pícara inocencia: “That’ll be the day”, “Oh, Boy!”, “Not Fade Away”, “Maybe Baby”, “I'm Looking for Someone to Love”) y una dolorosa incógnita: ¿a qué terrenos hubiese llevado Buddy al rock de no haber subido en aquella maldita avioneta en 1959?

15
Cosmo’s Factory
Creedence Clearwater Revival, 1970

Sin disimulos: estrofa, estrofa, coro, puente, estrofa, coro. El mejor disco de rock puro desde Elvis hasta ahora. John Fogerty canta exaltado canciones indomables.

16
Live at the Harlem Square Club
Sam Cooke, 1963 (grabación) – 1985 (edición)
En un polvorín de Harlem, entre negros radicales que le acusaban de estar vendido a los blancos, Sam The Man se pone a hacer lo único que sabía, encandilar con su magnetismo y las soberbias canciones que componía . Los Panteras Negras terminaron bailando “Chain’ gang”, “Twistin’ the night away” y “Having a party” mientras compartían con Cooke, hijo de predicador, sensualidad y camisas sudadas. Histórico.

17
Pearl
Janis Joplin, 1970

Con mucho, el único disco de su errática carrera que hace justicia al poder de Joplin, que murió sin rematar las sesiones (
tardaron dos días en hallar el cadaver, nadie la echaba en falta, murió como vivió: en soledad). Dulce, amarga y furiosa, arropada por músicos, por una vez, dignos, habla (¿reza?, ¿se duele?, tal vez sea lo mismo) entre el clímax y el estertor. “Me and Bobby McGee” es digna de ser tallada en las nubes.

18
Every picture tells a story
Rod Stewart, 1971

Nunca entendí por qué se menosprecia a este cantante-compositor olvidándose de sus primeros años, cuando era exhalante, quebrado, sentimentalmente desnudo, sintetizador de las esencias del folk, el rock y el blues en discos tan poderosos y poéticos como éste, que siempre preferí con mucho a cualquiera de, digamos, Led Zeppelin. Una maleta llena de tesoros, desde “Maggie May”, una de las mejores canciones de todos los tiempos, hasta las revisiones dolorosas de “Reason to believe” (Tim Hardin) y “Tomorow is a long time” (Dylan).

19
Marquee Moon
Televison, 1977

Cuatro yonquis en uno de los más turbadores discos de guitarras de la historia. Sobre estructuras clásicas de blues, Tom Verlaine y Richard Lloyd trazan espirales de opio y muerte en paisajes urbanos a media luz. Lou Reed y todos sus discípulos deberían enrojecer de vergüenza.

20
The times they are a-changin’
Bob Dylan, 1964

Áspero, con una espada en llamas, el profeta amenaza con el purgatorio, anuncia plagas y desacredita a los infieles. Crudo como un matadero. Sin embargo, el mejor momento, es íntimo: “One too many mornings”, un lamento por la matemática inquebrantable del tiempo.