EL DESMONTAJE DE LA PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO CELESTIAL
COMENZADA EN 1844
Una doctrina tan falsa prevalecer no podrá,
la doctrina de la Biblia con ella acabará.
Capítulo primero
LA PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO CELESTIAL
COMENZADA EN 1844 FRENTE A LA BIBLIA
1) Guillermo Miller y sus seguidores, entre los cuales estaba la que después sería la profetisa del Adventismo, creían que la purificación del santuario, a la cual alude Daniel 8:14 (según ciertas traducciones, 142/380), era la purificación de la Tierra en el momento de la segunda venida de Cristo, la cual ellos anunciaron, por cuarta vez, para el día 22 de octubre de 1844. Cuando llegó esta fecha y no vino Cristo, no sabían a qué se refería esa "purificación del santuario":
"Se creía que el santuario era la tierra y su purificación la venida de Cristo." (1/128).
"En ese cálculo, todo era claro y armonioso, menos la circunstancia de que en 1844 no se veía acontecimiento alguno que correspondiese a la purificación del santuario." (2/462).
2) La profetisa cuenta que entonces investigaron en la Biblia y vieron que la Tierra no era el santuario; pero también encontraron, en ella, la explicación de todo lo relativo al tema del santuario:
"En sus investigaciones vieron que en las Sagradas Escrituras no hay prueba alguna en apoyo de la creencia general de que la tierra es el santuario; pero encontraron en la Biblia una explicación completa de la cuestión del santuario, su naturaleza, su situación y sus servicios; [...]." (2/463).
3) Según la misma "escritora", la purificación del santuario indicada en Daniel 8:14 se refiere a la purificación del santuario celestial, del cual era una sombra el tabernáculo construido por Moisés; por tanto, en 1844, empezó la purificación del santuario del cielo; ella lo dice así:
"Las Escrituras contestan con claridad a la pregunta: ¿Qué es el santuario? La palabra ‘santuario’, tal cual la usa la Biblia, se refiere en primer lugar, al tabernáculo que construyó Moisés, como figura o imagen de las cosas celestiales; y, en segundo lugar, al ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo, hacia el cual señalaba el santuario terrenal. Muerto Cristo, terminó el ritual típico. El ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo es el santuario del nuevo pacto. Y como la profecía de Daniel 8:14 se cumple en esta dispensación, el santuario al cual se refiere debe ser el santuario del nuevo pacto. Cuando terminaron los 2.300 días, en 1844, hacía muchos siglos que no había santuario en la tierra. De manera que la profecía: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario,’ se refiere indudablemente al santuario que está en el cielo." (2/469-470).
4) La misma autora, haciendo un paralelo con el servicio que se realizaba en el santuario terrenal, explica en qué consiste la purificación del santuario celestial, que, según el Adventismo, empezó en 1844:
"Pero queda la pregunta más importante por contestar: ¿Qué es la purificación del santuario? [...].
"El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar santísimo, para purificar el santuario. [...]
"El servicio del sacerdote durante el año en el primer departamento del santuario, ‘adentro del velo’ que formaba la entrada y separaba el lugar santo del atrio exterior, representa la obra y el servicio a que dio principio Cristo al ascender al cielo. [...]
"Este ministerio siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba el perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del santuario.
"[...]. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado (el santuario), así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto una obra de investigación – una obra de juicio. Esta obra debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo, [...].
"Así que los que andaban en la luz de la palabra profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de los 2.300 días, en 1844, Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial para cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida." (2/470-475).
5) Por consiguiente, siempre según la profetisa del Adventismo, Cristo desarrolló su ministerio en el lugar santo del santuario celestial desde su ascensión hasta 1844; entonces pasó desde el lugar santo al lugar santísimo del santuario celestial, donde estaba su Padre; en aquel momento empezó "el juicio investigador", para averiguar quiénes, de entre los creyentes, permanecieron fieles hasta el fin de su vida; si éste fue el caso, se les borran los pecados y quedan destinados para la vida eterna, de lo contrario quedan destinados a la condenación. Veamos, según la profetisa, cómo escudriña, Dios, la vida de cada creyente para enterarse de lo que cada uno ha hecho o dejado de hacer; y a toda esa inquisición es a lo que ella llama "el juicio investigador", para expiar y borrar los pecados de los que permanecieron fieles; en eso consiste "la purificación del santuario", porque éste es purificado de los pecados de los creyentes que permanecieron fieles hasta el final de sus vidas; cuando ese juicio investigador termine y en él se borren los pecados de los creyentes, Cristo vendrá:
"Acompañado por ángeles celestiales, nuestro gran Sumo Sacerdote entra en el lugar santísimo, y allí, en la presencia de Dios, da principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten tener derecho a ella.
"[...].
"La obra de cada uno pasa bajo la mirada de Dios, y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad ya de infidelidad. Frente a cada nombre, en los libros del cielo, aparecen, con terrible exactitud, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos perdidos, las oportunidades despreciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel anotador.
"A medida que los libros de memoria se van abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinadas por él. Empezando con los que vivieron los primeros en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva, y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y otros rechazados. [...]
"La obra del juicio investigador y el acto de borrar los pecados deben realizarse antes del segundo advenimiento del Señor. Pero el apóstol Pedro dice terminantemente que los pecados de los creyentes serán borrados ‘cuando vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo.’ (Hechos 3:19,20.) Cuando el juicio investigador haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada cual según sus obras." (2/534-539).
6) Toda esta doctrina (o creencia) fundamental (para el Adventismo) de la purificación del santuario celestial, consistente en un "juicio investigador", comenzado en 1844, para purificar dicho santuario borrando los pecados de los creyentes (y que ese juicio tiene que terminar antes de la segunda venida de Cristo), desde el punto de vista de la enseñanza del Nuevo Testamento no es nada más que un galimatías embrollesco y antibíblico. Veamos esto por partes:
a) El texto empleado por la profetisa, al final de la última cita, dice según ella:
"[...] los pecados de los creyentes serán borrados ‘cuando vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo.’ (Hechos 3:19,20)." (2/539).
b) Pero la Biblia dice esto:
"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; [...]." (Hechos 3:19,20).
c) Los acontecimientos, en este texto, siguen este orden:
1º) "arepentíos y convertíos": esta expresión es la oración principal de la frase.
2º) "para que sean borrados vuestros pecados;" esto es una oración final, que indica que el hecho de borrar los pecados tiene lugar cuando se realiza lo dicho en la oración principal, que es cuando uno se arrepiente y se convierte; por tanto, ya se borraban los pecados cuando los creyentes se arrepentían y se convertían en los tiempos de los apóstoles, sin que tuvieran que esperar a que llegara el año 1844.
3º) Todo eso daría como consecuencia lo que dice la segunda oración final: la llegada de tiempos de refrigerio de la presencia del Señor, lo cual sucede después de lo indicado en la oración principal y en la primera final.
4º) Por último, Dios enviaría a Jesucristo; es decir, llegaría la segunda venida.
d) La profetisa invierte los hechos reseñados en este texto bíblico; lo hace así:
a) En primer lugar vienen los tiempos del refrigerio.
b) Entonces se borran los pecados a los creyentes.
c) La segunda venida.
e) Se ve que la profetisa ha escamoteado, en ese texto bíblico, la causa del borramiento de los pecados de los creyentes, que está expresada en el punto 1º; que es el arrepentimiento y la conversión; por medio de este galimatías traslada el borramiento de los pecados a otro momento distinto al que dice el texto bíblico, que es el momento cuando el creyente se arrepiente y se convierte; porque, para la profetisa, los pecados de los creyentes no pueden ser borrados nada más que durante ese inventado "juicio investigador" comenzado en 1844; así, ella contradice la enseñanza de la Biblia.
7) Hay otro texto bíblico que la profetisa ni siquiera usa en la obra donde expone su doctrina sobre su invento del "juicio investigador". Este texto dice así:
"Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, [...]." (2 Timoteo 4:1).
8) Evidentemente la "manifestación" de Cristo es su aparición en el momento de su segunda venida, y, antes de ese momento, no habrá sido juzgado ningún muerto ni ningún vivo, justo lo contrario de lo que dice la profetisa del Adventismo; a saber, que Cristo no vendrá hasta que termine de juzgar a los muertos y a los vivos creyentes. Por consiguiente, este texto bíblico tira por tierra el cuento de ese "juicio investigador" inexistente.
9) Por otra parte, el montaje del Adventismo sobre la "purificación del santuario celestial" mediante la expiación y el borramiento de los pecados de los creyentes, hallados fieles en ese "juicio investigador", comenzado en 1844, tropieza con una dificultad bíblica insuperable. Veamos:
a) La profetisa dice que Cristo, desde su ascensión, estuvo en el lugar santo del santuario celestial hasta 1844; entonces entró en el lugar santísimo, donde estaba su Padre, para realizar ante él dicho "juicio investigador":
"El servicio del sacerdote durante el año en el primer departamento del santuario [...] representa la obra y el servicio a que dio principio Cristo al ascender al cielo. [...]
"Este ministerio siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado el profeta Daniel, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del santuario.
"[...]. Acompañado por los ángeles, nuestro gran Sumo Sacerdote entra en el lugar santísimo, y allí, en presencia de Dios, da principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten tener derecho a ella." (2/473-474, 534).
b) Por consiguiente, hasta 1844, Cristo estuvo en el lugar santo, mientras que su Padre estaba en el lugar santísimo. Por fin, según la profetisa, en 1844, Cristo entró en el lugar santísimo donde estaba su Padre. Esta teoría que dice que Cristo no se juntó con su Padre hasta 1844, es contraria a la Biblia, que en más de una ocasión dice que Cristo está junto con su Padre desde que ascendió al cielo; he aquí dos citas bíblicas (de entre otras que dicen igual):
"Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, [...]. (Hechos 7:55).
"[...], buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios." (Colosenses 3:1).
10) Por tanto, estos textos bíblicos demuestran que es imposible que Cristo no estuviera con su Padre hasta 1844; como consecuencia, la enseñanza de la profetisa resulta falsa, y la teoría de su "purificación del santuario" y su "juicio investigador", comenzados en 1844, no son nada más que una fantástica quimera.
11) Ahora bien, el Adventismo no se rinde, y, como lo que dice su profetisa, para él, está inspirado por Dios (véase el Apéndice 4), ésta se encarga de solucionar esa dificultad, para convertir esa quimera en una verdad, asegurando que Dios tiene dos tronos: un trono en el lugar santo, donde estuvo sentado con Cristo desde que éste ascendió al cielo hasta el momento en que pasó a sentarse, en 1844, en su otro trono situado en el lugar santísimo; así que, en esa fecha de 1844, el Padre cambió de lugar, y, a continuación, Jesús hizo lo mismo; así se volvieron a juntar los dos en el lugar santísimo; no es que ella se haya imaginado todo esto, sino que, con toda seriedad, afirma que lo vio en una de sus visiones; he aquí sus palabras:
"Vi un trono, y sobre él se sentaban el Padre y el Hijo. Me fijé en el rostro de Jesús y admiré su hermosa persona. No pude contemplar la persona del Padre, pues le cubría una nube de gloria. [...]
"Vi al Padre levantarse del trono, y en un carro de llamas entró en el lugar santísimo, al interior del velo, y se sentó ("en el gran trono blanco", 3/38). Entonces Jesús se levantó del trono, y la mayoría de los que estaban posternados se levantó con él. [...]
"Después de eso, un carro de nubes, cuyas ruedas eran como llamas de fuego, llegó rodeado de ángeles, adonde estaba Jesús. Él entró en el carro y fue llevado al lugar santísimo, donde el Padre estaba sentado. Allí contemplé a Jesús, el gran Sumo sacerdote, de pie delante del Padre." (3/54-55).
12) Evidentemente, en ningún lugar de la Biblia se enseña que Dios tenga dos tronos; por lo que esta enseñanza sólo es fruto de esta pretendida visión, la cual no es nada más que una gran patraña; porque, mediante ella, la profetisa contradice totalmente lo que dice la Biblia; en efecto, la profetisa afirma que, cuando Jesús pasó al lugar santísimo en 1844 fue para realizar allí la obra que estaba simbolizada por lo que hacía el Sumo Sacerdote judío una vez al año entrando en el lugar santísimo del santuario terrenal, para purificarlo de los pecados:
"Una vez al año, en el gran día de las expiaciones, el sacerdote (sic, era el Sumo Sacerdote) entraba en el lugar santísimo para purificar el santuario. [...]
"[...]. Como en el servicio típico había una obra de expiación al final del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la purificación del santuario." (2/471, 474).
13) En efecto, esta teoría de la profetisa contradice lo que enseña la Biblia, afirmando que lo que hacía "el sumo sacerdote [...] cada año con sangre ajena." Cristo lo hizo "una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo [...]" (Hebreos 9:25-26).
14) Por tanto, la obra simbólica que realizaba el Sumo sacerdote una vez cada año entrando en el lugar santísimo, ya la había realizado Cristo en la realidad, cuando se escribió la epístola a los Hebreos en el siglo I; por consiguiente, es antibíblica la doctrina que enseña que Cristo empezó esa obra en 1844, como quiere el Adventismo con su profetisa a la cabeza; por esto, esta profetisa no emplea este pasaje de Hebreos 9:25-26 al hacer el paralelo entre lo que hacía el Sumo Sacerdote una vez cada año simbolizando lo que hizo Cristo una sola vez en el siglo I; ella no emplea este pasaje bíblico en sus obras, a pesar de que es el texto específico de la Biblia donde se habla de ese paralelo, porque la profetisa quiere que lo que la Biblia dice que Cristo dejó terminado en el siglo I, comenzara a hacerlo en 1844. Los comentaristas del Adventismo, en su Comentario Bíblico, rehuyen explicar el significado del paralelo entre las expresiones "cada año" y "una vez para siempre" de Hebreos 9:25-26 (7/tomo 7, p. 472). Por algo será.
15) Por otra parte, eso de que Dios tenga dos tronos en el cielo: uno en el lugar santo y otro en el lugar santísimo y que, en 1844, se cambiara de uno a otro, es totalmente antibíblico, pues en toda la Biblia sólo se habla del trono de Dios (en singular), no de los tronos de Dios (véase Salmo 11:4; 45:6; 47:8; 89:14; Mateo 23:22; etc.). Por tanto, esa pretendida purificación del santuario, comenzada en 1844, cuando Dios pasó de un trono a otro, sólo se apoya en visiones fantásticas y antibíblicas de la profetisa del Adventismo; en la Biblia, como queda demostrado, no existe esa enseñanza de la profetisa, y ella lo sabía; por eso no empleó el pasaje de Hebreos 9:25-26, porque, en él, no cabe esa doctrina del Adventismo.
Capítulo II
LA PALABRA "PURIFICADO" DE DANIEL 8:14
1) Si nos fijamos atentamente en lo que dice el Adventismo referente a Guillermo Miller, observaremos que la base de su predicación, anunciando la segunda venida de Jesús para los años 1843-1844, era la palabra "purificado", de Daniel 8:14; estas son sus palabras:
"La profecía de Daniel 8:14 : ‘Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana y el santuario será purificado’, inquietaba a Miller. [...] Su error consistió en interpretar el santuario como la tierra, [...], y que su purificación sería la destrucción de la tierra por fuego." (1/131).
2) Exactamente igual veremos si prestamos una especial atención a lo que dice la profetisa del Adventismo. En efecto, observamos que la palabra "purificación", extraída de Daniel 8:14, y referida a la segunda venida de Cristo, para realizar esa purificación (de la tierra, como ellos decían), era el "santo y seña de su fe"; así lo dice ella:
"El pasaje bíblico que más que ninguno había sido el fundamento y el pilar central de la fe adventista era la declaración: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario.’ (Daniel 8:14, V. M.) Estas palabras habían sido familiares para todos los que creían en la próxima venida del Señor. La profecía que encerraban era repetida como santo y seña de su fe por miles de bocas. [...] los adventistas creían entonces que la tierra, o alguna parte de ella, era el santuario. Entendían que la purificación del santuario era la purificación de la tierra por medio del fuego del último y supremo día, y que ello se verificaría en el segundo advenimiento. De ahí que concluyeran que Cristo volvería a la tierra en 1844." (2/461).
3) Por consiguiente, cuando Cristo no vino en la fecha que ellos esperaban, no veían a qué correspondía la purificación del santuario:
"Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra de Dios no podía fallar; su interpretación de la profecía debía estar pues errada; ¿pero dónde estaba el error? [...].
"En ese cálculo, todo era claro y armonioso, menos la circunstancia de que en 1844 no se veía acontecimiento alguno que correspondiese a la purificación del santuario." (2/461-462).
4) Vemos que, para el Adventismo, en 1844, algo se tenía que purificar; pero no veían a qué se refería dicha purificación. Después, como ya sabemos, transfirieron esa purificación de la Tierra, al santuario celestial. Por consiguiente, si la palabra "PURIFICADO" no hubiera estado en el texto de Daniel 8:14, Guillermo Miller no habría podido hacer ningún cálculo para averiguar la fecha de la PURIFICACIÓN de la Tierra mediante la segunda venida de Cristo; pero lo sorprendente e inaudito es que los mismos comentaristas del Adventismo afirman que la palabra "PURIFICADO", de Daniel 8:14, NO ESTÁ EN EL TEXTO HEBREO de ese pasaje de Daniel; así lo dicen ellos:
"Será purificado. Del hebreo tsadaq, ‘ser justo’, ‘ser recto’. La forma nifal, nitsdaq, sólo aparece aquí, lo que puede sugerir que se deba dar a este término un significado especial. Los lexicógrafos y traductores sugieren varios significados, tales como ‘ser puesto en rectitud’, o ‘ser puesto en una condición correcta’, ‘ser rectificado’, ‘ser declarado recto’, ‘ser justificado’, o ‘ser vindicado’. La traducción ‘será purificado’ es la forma en que aparece en la LXX que aquí usa la forma verbal katharisthesetai. No se sabe si los traductores de la LXX dieron un significado adaptado al vocablo hebreo nitsdaq o tradujeron manuscritos que tenían otra palabra hebrea, quizá tahar, que significa ‘estar limpio’, ‘limpiar’. La Vulgata usa la forma mundabitur, que también significa ‘limpiado’." (7/tomo 4, pp. 870-871).
5) Analicemos las afirmaciones que se hacen en esta cita:
a) Se dice que, en el texto hebreo, se halla la palabra "nitsdaq", que es "la forma nifal" del verbo "tsadaq", del cual dan los seis significados (o acepciones) que ponemos a continuación:
1º) "ser puesto en rectitud",
2º) "ser puesto en una condición correcta",
3º) "ser rectificado",
4º) "ser declarado recto",
5º) "ser justificado" y
6º) "ser vindicado".
b) Por consiguiente, la expresión "SERÁ PURIFICADO" no está en el texto hebreo de Daniel 8:14, sino que esta expresión es la traducción del texto griego de la Septuaginta (o de los LXX), que "usa la forma verbal katharisthesethai", que significa exactamente "será purificado".
c) También se dice, en esa cita, que "la Vulgata usa la forma mundabitur, que también significa ‘limpiado’.". Pero esto no es cierto, sino que se ve aquí un intento de despistar al lector escamoteando la realidad, para que nadie pueda relacionar la palabra "limpiado" con la expresión "será purificado" de Daniel 8:14, de la traducción que ellos usan en su Comentario, que es la que está en el número 5 de la Bibliografía. En efecto, la forma "mundabitur", de la Vulgata, es la 3ª persona del singular, del futuro imperfecto de indicativo, en voz pasiva, del verbo "mundo", de la primera conjugación, cuya traducción, en las dos acepciones que da el siguiente diccionario (18/312), es:
*) "será limpiado" (que no es igual que "limpiado", como dicen los mencionados comentaristas).
*) "será purificado" (que es lo que no quieren ver esos mismos comentaristas).
6) Ahora tenemos la secuencia completa, de esta manera:
1º) En el texto hebreo, están las seis acepciones indicadas; pero NO ESTÁ la expresión "será purificado".
2º) En la Septuaginta, SÍ ESTÁ, en Daniel 8:14, la expresión: "será purificado".
3º) En la Vulgata, TAMBIÉN ESTÁ, en Daniel 8:14: la expresión: "será purificado".
4º) En la versión Reina/Valera, IGUALMENTE ESTÁ la expresión: "será purificado".
5º) En la versión inglesa, usada por Guillermo Miller, TAMBIÉN ESTABA la expresión: "será purificado" (esto lo sabemos porque así lo dicen el Adventismo y su profetisa, puntos 1 y 2 del presente capítulo).
7) Por tanto, como el texto hebreo no dice "será purificado", la evidencia manifiesta que los LXX, en lugar de traducir por una de esas seis acepciones (u otra parecida) la palabra "nitsdaq", tradujeron "será purificado"; después, a partir de los LXX, tradujo la misma expresión la Vulgata, y, de ésta versión, pasó a la traducción usada por Miller, y a la Reina/Valera y a otras lenguas, como se puede ver en las versiones indicadas en la Bibliografía con los números (19/866), (20/888), (21/710).
8) No obstante, ahora hay algunas traducciones al español que emplean expresiones parecidas a esas seis acepciones del término hebreo que hemos indicado más arriba (punto 5, a); por ejemplo:
"[...] será reivindicado el santuario" (22/1216).
"[...] el santuario será restaurado" (23/751).
9) Es evidente que, según el contexto histórico, una de estas dos últimas traducciones (u otra parecida) es la correcta; porque, cuando se escribió la profecía de Daniel 8:14, el Santuario de Jerusalén estaba destruido, y lo primero que tenía que suceder, a ese Santuario, era que fuera RESTAURADO, y la Historia demuestra y confirma que eso es lo que sucedió, cuando se reconstruyó y se dedicó, según se explica en Esdras 6:14-18. Por tanto, con esta restauración del Santuario de Jerusalén y de su culto, se cumplió lo profetizado en Daniel 8:14, según la traducción indicada en último lugar, que dice: "el santuario será RESTAURADO" (23/751); también está esto contenido en una de las seis acepciones indicadas más arriba (punto 5, a, 2º).
10) Ahora resta aclarar por qué, en la Septuginta, tradujeron, en Daniel 8:14: "el santuario será PURIFICADO", ¿de dónde sacaron la palabra PURIFICADO, que no está en el texto hebreo de Daniel 8:14? Los comentaristas del Adventismo no hacen nada más que suposiciones sobre esa traducción; por lo que no podemos conocer si es que no lo saben o es que no lo quieren decir, porque no les interesa aclarar por qué los LXX tradujeron PURIFICADO en Daniel 8:14; pero la Historia nos aclara este asunto perfectamente; veamos los hechos que tuvieron lugar para que los judíos pusieran la palabra PURIFICADO en Daniel 8:14 en la LXX:
a) El rey Antioco IV Epífanes, en el siglo II a. C., conquistó el territorio de Israel y profanó y saqueó el Templo de Jerusalén:
"Antioco IV, hijo menor de Antioco III y de Laodicea, sucedió a su hermano Seleuco IV en 175 (a. C.). [...] Antioco visitó Jerusalén en el 169 e insistió en entrar en el lugar santísimo, de donde se llevó algunos de los utensilios de oro y de plata. Presiones ejercidas por Egipto lo convencieron de la necesidad de helenizar Palestina, y las medidas adoptadas contra la antigua religión dieron por resultado la cesación de los sacrificios en el templo y la construcción de un altar griego en el lugar del altar viejo el 25 de diciembre de 167. La revuelta dirigida por Matatías de la casa de Asmón y sus cinco hijos condujo a la consagración del templo sólo tres años después. Antíoco, quien en monedas correspondientes a los últimos años de su reinado se hizo llamar (Theos) Epífanes, ‘(dios) manifestado’, murió en campaña en Media en el 146 (a. C.)." (24/75).
b) El libro 1º de los Macabeos lo cuenta así (fechándolo con la Era de los Seleucidas):
"Antíoco ocupó las ciudades fuertes de Egipto y se alzó con los despojos del país. El año ciento cuarenta y tres, después de vencer a Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén con un poderoso ejército. Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos sus accesorios, la mesa de la proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada del Templo. Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos tesoros ocultos pudo encontrar. Tomándolo todo, partió para su país después de derramar mucha sangre y de proferir palabras de extrema insolencia. En todo el país se alzó un gran duelo por Israel." (1 Macabeos 1:19-25), (22/547).
11) Por fin, los Macabeos vencieron al ejército de Antíoco IV Epífanes y recuperaron su territorio. En cuanto les fue posible, limpiaron el Templo, reconstruyeron el altar de los holocaustos y consagraron el Templo a Dios:
"Judas y sus hermanos se dijeron: ‘Nuestros enemigos están vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a celebrar su dedicación.’ [...]
"Judas dio orden a sus hombres de combatir a los de la Ciudadela hasta terminar la purificación del Lugar Santo. Luego eligió sacerdotes irrepochables, fieles a la Ley, que purificaron el Lugar Santo y llevaron las piedras contaminadas a un lugar inmundo." (1Macabeos 4:36, 41-43), (22/554).
12) Por otra parte, debemos considerar que la Septuaginta fue traducida del hebreo al griego en un período que abarca desde el año 250 a. C. hasta el año 100 a. C., aproximadamente:
"Versión de los Setenta Intérpretes o Alejandrina. [...] Tolomeo Filadelfo (285-247) pidió a Eleazar, sumo sacerdote de los judíos, que le enviara hombres doctos en ambas lenguas hebrea y griega para la traducción de la Ley; [...]. Los prolijos estudios llevados a cabo por numerosos críticos acerca de nuestro texto inducen a formular las siguientes conclusiones: 1ª el Pentateuco de los Setenta fue traducido en Alejandría en tiempo de Tolomeo Filadelfo (285-247 a. de Jesucristo), probablemente hacia el año 250 a. de J. C.; 2ª los demás libros fueron siendo sucesivamente traducidos por diferentes autores, y 3ª hacia el año 130 antes de J. C. la mayor parte de los libros (si no ya todos) estaban traducidos, de suerte que con toda probabilidad puede señalarse como tiempo término máximo de la traducción llamada de los Setenta hacia el año 100 a. de J. C. [...]." (14/tomo 68, p. 67).
13) Por consiguiente, cuando los LXX tradujeron del hebreo al griego el Pentateuco, faltaba mucho tiempo para que Judas Macabeo purificara lo que había profanado Antíoco IV; pero, cuando se tradujo el libro del profeta Daniel al griego de los LXX, cerca del año 100 a. C., la purificación macabea ya estaba en el pasado; porque debemos tener en cuenta estos dos hechos:
a) El libro del profeta Daniel ocupa el lugar cuarto (empezando por el final) en el AT hebreo de los judíos (28/1190-1215), mientras que, en los LXX, ocupa exactamente el último lugar (29/870-941). Por tanto, el libro del profeta Daniel fue traducido al final de ese período de tiempo que duró la traducción de los LXX, es decir, después de haber tenido lugar los hechos de Antíoco IV y de los Macabeos.
b) Precisamente, el libro 1º de los Macabeos fue introducido entre los libros del AT en la versión de los LXX:
"La versión griega del primer libro de los Macabeos fue inserta en la de los Setenta y se conserva en el Códice Alejandrino y en el Sinaítico y también en el Véneto, [...]." (14/tomo 31, p. 1122).
14) Teniendo en cuenta todos esos hechos, vemos que la restauración del Santuario de Jerusalén profetizada en Daniel 8:14, y realizada en el siglo VI a. C., según Esdras 6:15-18, fue atribuida a la purificación realizada por Judas Macabeo en el Siglo II a. C.; pero, para hacer este cambio en la profecía de Daniel 8:14, fue necesario cambiar el texto de ese pasaje. En efecto, el texto hebreo dice: "[...] el santuario será restaurado", lo que significa que el Santuario de Jerusalén, destruido por Nabucodonosor, según 2 Reyes 25:8-10, en el año 586 a. C., sería restaurado, como así sucedió; pero, para aplicar esa profecía a la purificación llevada a cabo por Judas Macabeo, había que modificar el texto de Daniel 8:14, porque Judas Macabeo no reconstruyó o restauró el Santuario como hicieron los Judíos en el siglo VI a. C., según se dice en Esdras 6:15-18, sino que Judas Macabeo purificó el "Lugar Santo"; por esto, donde se decía en hebreo "el santuario será RESTAURADO", se dijo en griego "el santuario será PURIFICADO"; de esta manera, la profecía de Daniel 8:14 quedó atribuida a la obra de Judas Macabeo; Flavio Josefo así lo dice, afirmando que la desolación del Templo realizada por Antíoco, que dio lugar a la purificación realizada por Judas Macabeo, había sido profetizada "por Daniel cuatrocientos años antes"; éstas son sus palabras:
"Después de haber vencido tantas veces a los generales de Antíoco, Judas convocó una asamblea. Dijo que convenía, después de haber obtenido tantas victorias, subir a Jerusalén para purificar el Templo y ofrecer los sacrificios acostumbrados. […]
"Ordenó a algunos de sus soldados que atacaran a los que estaban en la fortaleza, mientras él purificaba el Templo. Después de purificarlo con sumo cuidado, colocó vasos nuevos, el candelabro, una mesa, todo de oro; de nuevo suspendió velos en las puertas y puso a éstas en su lugar. […]
"[...]. La desolación del Templo se realizó de acuerdo con lo predicho por Daniel cuatrocientos años antes; […]." (26/libro XII, cap. VII, 6).
15) Esa purificación llevada acabo por Judas Macabeo dio lugar a la institución de la fiesta de "La dedicación del Templo":
"La fiesta de la dedicación del Templo […] llamada en 1 Macabeos 4:52-59 'la dedicación del altar', y por Fosefo (Antigüedades, XXII, 7:7) 'la Fiestas de las Luces', era otra fiesta popular gozosa. Fue instituida por Judas Macabeo en 164 a. C. cuando, después de ser recobrada la independencia judía del dominio greco-sirio, el Templo de Jerusalén fue solemnemente purificado, el viejo altar contaminado quitado, sus piedras puestas en un lusar reparado del monte del Templo, y restaurado el culto del Señor. La fiesta comenzaba el 25 de Quisleu (Diciembre), y duraba ocho días." (32/355) y (143/81-89).
16) Los judíos celebran todavía esta fiesta con el nombre de JANUKÁ:
"El 22 de diciembre (del 2000) comienza la celebración de la Fiesta de Januká que recuerda durante ocho días la purificación del Templo por los macabeos." (144/8).
17) Por consiguiente, los traductores de la Septuaginta, en lugar de hacer una traducción del texto de Daniel 8:14, hicieron una corrupción de ese texto, al cambiar la palabra "RESTAURADO" por "PURIFICADO", lo que también constituye una adaptación del texto de Daniel 8:14 a un asunto que no le correspondía.
18) Ahora ya tenemos todos los pasos dados hasta llegar a Guillermo Miller: los traductores de la Septuaginta corrompieron el texto de Daniel 8:14; desde la Septuaginta pasó esa corrupción a la Vulgata; desde aquí pasó a la Biblia usada por Guillermo Miller, y éste construyó sobre esta corrupción nada menos que la fecha de la segunda venida de Cristo, mediante unos cálculos tramoyescos y tramposos, como queda demostrado.
19) Después, sobre todo ese fundamento corrupto textualmente de Guillermo Miller, el Adventismo edificó su doctrina fundamental y peculiar de su "juicio investigador", alegando que la fecha de 1844 era correcta, que el error sólo estaba en la interpretación del acontecimiento; pero esto no es cierto, porque el mismo Guillermo Miller, en 1845, confesó, y por escrito, que él se había equivocado en la fecha; estas son sus palabras:
" ‘Que yo he cometido una equivocación en la fecha, lo confieso libremente; y no tengo deseos de defender mi proceder más allá de que he actuado por motivos puros, […]. Mis equivocaciones y errores Dios, confío, los perdonará ...’. Wm. Miller’s Apology and Defence (Boston, 1845), pp. 33, 34. Esta es una confesión humilde y honesta, verdaderamente rara entre los autoproclamados profetas a través de los siglos." (30/201, nota 26).
20) Vemos que Guillermo Miller no dice que la equivocación estaba en el acontecimiento, sino que estaba en la fecha, en contra de la profetisa del Adventismo, que afirma que la fecha era buena; pero que el acontecimiento estaba equivocado. Por tanto, el Adventismo retuvo la fecha de 1844, y cambió el acontecimiento fallido; es decir, la fábula terrenal de que Cristo iba a venir en 1844, fue cambiada por la fábula celestial del "juicio investigador" comenzado en esa fecha en el cielo; allí, donde nadie puede ir físicamente a comprobar que eso es otro error como esa primera fábula; pero, por medio de la Teología, demostraremos que ese "juicio investigador" no existe ni puede existir en ninguna parte y, además, perjudica la obra de Cristo; esto es lo que vamos a demostrar en el capítulo siguiente.
21) Por tanto, está claro que, por la errónea traducción de la sola palabra "PURIFICADO" de Daniel 8:14, apareció el millerismo, que dio lugar al Adventismo y al Jehovismo. Si Guillermo Miller no hubiera encontrado en ese texto de Daniel la palabra "PURIFICADO", nunca habría podido hacer cálculos para buscar la fecha de la "purificación de la tierra", y, en consecuencia, nunca habrían aparecido el Adventismo ni el Jehovismo.
Capítulo III
LA DOCTRINA ADVENTISTA DE LA PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO
DESTRUYE LA OBRA DE LA RECONCILIACIÓN HECHA POR CRISTO
A) La purificación del Santuario israelita según el Adventismo.
1) La profetisa del Adventismo explica la obra que realizaban los sacerdotes y el sumo sacerdote en el Santuario israelita; éstas son sus palabras:
"El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar santísimo, para purificar el santuario. Día tras día el pecador arrepentido llevaba su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y poniendo la mano sobre la cabeza de la víctima, confesaba sus pecados, transfiriéndolos así figurativamente de sí mismo a la víctima inocente. Luego se mataba el animal. […] La sangre, que representaba la vida comprometida del pecador, cuya culpa cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al lugar santo y la salpicaba ante el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había transgredido. Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido figurativamente, por intermedio de la sangre, al santuario. […]
"[…]. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima (un macho cabrío) ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfación a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del pueblo.
"Tal era el servicio que se efectuaba como ‘mera representación y sombra de las cosas celestiales.’ […]." (2/470-473).
2) Vemos que la obra que realizaba, una vez al año, el sumo sacerdote, era lo que se llamaba "la purificación del santuario"; porque, mediante esa obra el santuario quedaba purificado de los pecados acumulados en él a lo largo del año mediante la obra llevada a cabo diariamente por los sacerdotes. Ahora bien, según la misma profetisa del Adventismo, cuando Cristo ascendió al cielo, empezó a realizar la obra simbolizada por la función diaria de los sacerdotes; pero, en 1844, comenzó a efectuar la obra simbolizada por la función que, una vez al año, realizaba el sumo sacerdote; por lo cual, lo mismo que aquél entraba en el lugar santísimo para llevar a cabo la purificación del santuario terrenal, Cristo también entró en el lugar santísimo del santuario celestial, en dicha fecha, para purificar el santuario, limpiándolo de los pecados de los creyentes; para descubrir esos pecados realiza el "juicio investigador"; una vez conocidos los pecados, los borra expiándolos con su sangre; así el santuario celestial quedará purificado cuando acabe ese juicio, y entonces tendrá lugar la segunda venida de Cristo; así lo dice la profetisa:
"[…]. Y lo que se hacía típicamente en el santuario terrenal, se hace en la realidad en el santuario celestial. […]
"El servicio del sacerdote durante el año en el primer departamento del santuario […] representa la obra y el servicio a que dio principio Cristo al ascender al cielo. […]
"Este ministerio siguió efectuándose durante dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo, ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días. […]
"[…]. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quienes son los que por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto una obra de investigación – una obra de juicio. […]
"[…]. Esta tarea de examinar los caracteres y determinar los que están preparados para el reino de Dios es la del juicio investigador, la obra final que se lleva a cabo en el santuario celestial.
"[…]. Así que cuando Cristo entró en el lugar santísimo para consumar la obra final de la expiación, cesó su ministerio en el primer departamento. Pero cuando terminó el servicio que se realizaba en el primer departamento, se inició el ministerio en el segundo departamento. Cuando en el servicio típico el sumo sacerdote salía del lugar santo el día de la expiación, se presentaba ante Dios, para ofrecer la sangre de la víctima ofrecida por el pecado de todos los israelitas que se arrepentían verdaderamente. Así también Cristo sólo había terminado una parte de su obra como intercesor nuestro para empezar otra, y sigue aún ofreciendo su sangre ante el Padre a favor de los pecadores." (2/473-474, 481-482).
3) Observamos que, según la profetisa, el día de las expiaciones se realizaba la purificación del santuario terrenal mediante dos obras:
a) Se efectuaba el sacrificio de un macho cabrío.
b) Con la sangre de ese animal, se realizaba la purificación del santuario.
4) Ahora bien, el Adventismo, con su profetisa a la cabeza, no quiere ver (o tener en cuenta) que, a continuación de esas dos obras, se realizaba una tercera obra, que era la principal, y que, para llegar a ella, se realizaban las otras dos obras preliminares indicadas. Esta tercera obra era la RECONCILIACIÓN.
5) El Adventismo se ha quedado atascado en el segundo escalón, lo cual anula o destruye la obra del tercer escalón, que era la que culminaba toda la obra de la purificación del santuario israelita en el día de la expiación o purificación del santuario. Esto lleva, al Adventismo, a la destrucción de la obra de Cristo, simbolizada por el tercer escalón; lo veremos a continuación.
B) La purificación del santuario israelita según la Biblia.
1) Presentamos, en primer lugar, un esquema del santuario portable que construyó Moisés; así como de cada una de sus partes, indicando los textos bíblicos donde se habla de cada una de estas cosas
1.- Santuario (Éxodo 25:8).
2.- Atrio (Éxodo 27:9-19; 38:9-20; 40:8).
3.- Tabernáculo (Éxodo 26:1-30; 36:8-38).
4.- Lugar santísimo (Éxodo 26:33).
5.- Lugar santo ( Ib.).
6.- Arca del testimonio con el propiciatorio (Éxodo 25:10-22; 26:33-34; 37:1-9).
7.- Altar del incienso (Éxodo 30:1-6; 37:25-28).
8.- Mesa para el pan de la proposición (Éxodo 25:23-30; 26:35; 37:10-16).
9.- Candelabro de oro (Éxodo 25:31-40; 26:35; 37:17-24).
10.- Fuente de bronce (Éxodo 30:17-21; 40:7).
11.- Altar de los holocaustos (Éxodo 38:1-8; 40:6).
12.- Velo de separación entre el lugar santo y el lugar santísimo (Éxodo 26:31-33).
13.- Velo para la puerta del tabernáculo (Éxodo 26:36-37; 36:37).
14.- Cortina para la puerta del atrio (Éxodo 27:16; 40:8). 2) En tiempos de Cristo, todo ese esquema del Santuario era diferente. El tabernáculo era lo que se llamaba el Santuario; el atrio era llamado atrio de los sacerdotes; en torno a éste, estaba el atrio de Israel; a continuación de la parte oriental de éste, se hallaba el atrio de las mujeres; y, en torno a estos dos últimos atrios, estaba el atrio de los gentiles; entre unos atrios y otros, y rodeando todos, había una multitud de columnatas y diversos edificios; el conjunto de todas estas instalaciones era lo que constituía el Templo; al cual ya no se accedía a través de una cortina, como en tiempos de Moisés se entraba al atrio; sino que había una serie de puertas; una de ellas, situada en la parte oriental, llamada la Hermosa, fue escenario de un célebre milagro realizado por el apóstol Pedro (Hechos 3:1-10). Por otra parte, tampoco había un velo en la entrada del lugar santo, sino una puerta; por lo que, desaparecida la cortina de acceso al atrio y el velo de entrada al Lugar Santo, sólo quedaba, en el Templo, el velo que hacía separación entre el Lugar Santo y el Lugar Santísimo; pero este velo era doble; es decir, se trataba de dos telas gruesas que pendían una junto a la otra:
"El Santuario en sí estaba en una terraza más elevada que el Patio (o atrio) de los sacerdotes. Doce escalones llevaban a su pórtico, que se extendía más allá y a cada lado (norte y sur). […] El Pórtico estaba adornado por presentes votivos y conspicuos; entre ellos había una parra de oro enorme. Una puerta de dos niveles se abría hacia el Santuario mismo, que se dividía en dos partes a su vez. El Lugar Santo tenía el Candelabro de oro (sur), la Mesa de los panes de la proposición (norte) y el altar de incienso, entre ellos. Un doble velo de tela gruesa y pesada cerraba la entrada al Lugar Santísimo, que en el segundo Templo estaba vacío; no había en él nada más que un pedazo de roca, llamada la Ebhen Shethiyah, o Piedra del Fundamento, […]. Pero todo esto no da idea adecuada de la inmensidad de los edificios del Templo. Porque alrededor del Santuario y de cada uno de los patios había varias cámaras y cobertizos que servían propósitos distintos relacionados con los servicios del Templo." (31/tomo 1, p. 288).
3) Al parecer, ese doble velo era considerado como uno solo, pues, cuando se rompió en el momento de la muerte de Cristo, sólo se hace referencia al velo (Mateo 27:51). Es posible que el hecho de ser el velo doble fuera con el fin de tener mayor seguridad de que nadie pudiera mirar al interior del Lugar Santísimo con sólo retirar o doblar el extremo junto a una pared; porque, como el velo estaba extendido en dirección Norte-Sur, da la impresión que el primer velo estaba fijado a la pared del Norte, mientras que el segundo velo estaba fijado a la pared del Sur; de esa forma, aunque alguien doblara el extremo que estaba suelto del primer velo, no podía ver el interior del Lugar Santísimo, porque se encontraba con el segundo velo, que, en ese extremo, estaba fijado a la pared. Por esta causa, debía ser que, cuando el sumo sacerdote iba a entrar en el Lugar Santísimo, pasaba al interior del primer velo por el lado de la pared del sur; después marchaba entre los dos velos, y, por junto a la pared del norte, pasaba al otro lado del segundo velo, y así accedía al interior del Lugar Santísimo. Los rabinos, que hablan de estos dos velos, explican ese recorrido que hacía el sumo sacerdote, para entrar en el Lugar Santísimo:
"Los rabinos hablan de dos velos, y dicen que el sumo sacerdote entraba por el borde del sur del primer velo, y luego caminaba hasta que llegaba al borde del norte del segundo velo, por donde entraba en el lugar santísimo." (32/69, nota 29).
4) Los servicios diarios en el Santuario eran así:
a) Cuando un israelita pecaba, debía ofrecer el sacrificio de un animal para obtener el perdón de su pecado.
b) El pecador llevaba el animal al Tabernáculo y confesaba su pecado poniendo la mano sobre la cabeza del animal; después lo degollaba; así, simbólicamente, el pecado iba a parar a la sangre del animal.
c) Un sacerdote llevaba la sangre en un recipiente y, con ella, rociaba unas veces sobre el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo, luego untaba con esa sangre en las esquinas del altar del incienso; y echaba el resto de la sangre al pie del altar de los holocaustos; simbólicamente, el pecado que iba en esa sangre, quedaba en esos mismos lugares donde había ido a parar la sangre del mencionado animal; no se hacía siempre ese mismo recorrido con la sangre; todo dependía del rango de la persona que ofrecía el sacrificio; pero, de todas formas, a lo largo del año, simbólicamente quedaban llenos de pecados: el lugar santísimo (hacía el cual se había rociado sangre), el lugar santo (en cuyo altar se había untado sangre), así como el atrio; porque su altar también había sido untado con sangre y, en el suelo, junto al mismo, se había echado sangre; por lo que todo el Santuario estaba lleno de los pecados que habían llegado a todos esos sitios en la sangre de esos mencionados sacrificios (Levítico 4:1-7, 13-18, 22-25, 27-30).
d) Por consiguiente, era necesario purificar el Santuario de todos esos pecados que, simbólicamente, se habían ido acumulando día tras día a lo largo de un año.
5) El servicio anual para purificar el Santuario seguía este programa:
a) Una vez al año, el día 10 del mes séptimo (hacia primeros de octubre), era la fiesta de la expiación, para purificar el Santuario de los pecados acumulados a lo largo de un año (Levítico 23:27).
b) El sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, donde se manifestaba la presencia de Dios (Levítico 16:2).
c) Primero, el sumo sacerdote, mediante el sacrificio de un becerro, se reconciliaba con Dios, junto con su familia (Levítico 16:6, 11-14).
d) A continuación se echaba suertes sobre dos machos cabríos: uno para Dios, y el otro para Azazel (el Diablo), (Levítico 23:7-8).
e) El macho cabrío que caía en suerte a Dios, se ofrecía en expiación, el otro quedaba vivo (Levítico 16:9-10).
f) Una vez sacrificado dicho macho cabrío, el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo con la sangre de este animal y, rociándola, simbólicamente limpiaba los pecados del lugar santísimo, del lugar santo y de todos los sitios donde se habían ido acumulando los pecados a lo largo de un año (Levítico 16:15-19).
g) Todos esos pecados que el sumo sacerdote limpiaba de esos lugares, simbólicamente pasaban a él; por tanto, a continuación confesaba todos esos pecados sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel; entonces los pecados pasaban a ese macho cabrío; éste, cargado con todos esos pecados, era abandonado lejos del Santuario, el cual, de esta manera, quedaba limpio de los pecados una vez cada año (Levítico 16:20-22, 29-34).
6) Hasta aquí tenemos las dos primeras obras, de las tres de que constaba el servicio de ese día 10 del séptimo mes. En efecto:
a) La primera obra era el SACRIFICIO del macho cabrío.
b) La segunda obra consistía en que, mediante la sangre de ese sacrificio, se obtenía la PURIFICACIÓN de los pecados.
c) La tercera obra era la RECONCILIACIÓN, que se conseguía como resultado de la purificación que quitaba los pecados del Santuario, que estaban haciendo separación entre Dios y los creyentes israelitas (Isaías 59:2; Levítico 23:26-28).
7) En realidad, lo importante era esta tercera obra, para cuya consecución se realizaban las dos primeras.
C) El simbolismo de la purificación del Santuario fue cumplido con la muerte de Cristo.
1) Todo el simbolismo del Santuario israelita constaba de cuatro partes: los sacerdotes, sus sacrificios, los sumos sacerdotes, sus sacrificios, y Cristo puso fin a todo esto:
a) Los sacerdotes eran un símbolo del sacerdocio de Cristo; por tanto, ellos terminaron, para Dios, cuando Cristo llegó a ser sacerdote (Hebreos 7:20-25).
b) Los sacrificios, que, como en una cadena de cuerpos de animales, los sacerdotes venían ofreciendo desde los tiempos de Moisés (excepto mientras el exilio en Babilonia), los cuales eran un símbolo del sacrificio de Cristo; por esto, cuando éste murió, el sacrificio de su cuerpo fue el último eslabón de esa cadena (Hebreos 10:1-14).
c) Los sumos sacerdotes eran un símbolo de Cristo, en quien ese símbolo terminó (Hebreos 6:17-20; 8:1-3).
d) El sacrificio del macho cabrío que el sumo sacerdote ofrecía una vez cada año, para purificar los pecados del Santuario, era un símbolo del sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre, el cual puso fin al pecado (Hebreos 9:23-26; Daniel 9:24).
2) La purificación del Santuario que el sumo sacerdote realizaba simbólicamente en el lugar santísimo, donde se manifestaba la presencia de Dios (Éxodo 25:21-22), una vez cada año, el día 10 del séptimo mes, fue realizada por Cristo en la realidad ante su Padre cuando resucitó. En efecto, Cristo cumplió en la realidad las tres obras que se realizaban el día de la expiación, a saber: sacrificio, purificación y reconciliación.
a) SACRIFICIO: Cristo, lo mismo que aquel macho cabrío simbólico que se ofrecía cada año, fue sacrificado, en la realidad, para acabar, de una vez por todas, con los pecados de todos los hombres de todos los tiempos:
"El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (Juan 1:29).
"Y él (Jesucristo) es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo." (1 Juan 2:2).
"[…], se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos 9:26).
b) PURIFICACIÓN: igual que el sumo sacerdote se presentaba ante la presencia de Dios en el lugar santísimo con la sangre del macho cabrío para expiar (o purificar) los pecados del Santuario, también Cristo se presentó ante Dios en el cielo cuando resucitó (Juan 20:1-18):
"Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así: pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos 9: 23-26).
*) La expresión "... una vez para siempre ..." se contrapone a la expresión "... cada año ...".
*) Y la expresión "... por el sacrificio de sí mismo ..." se contrapone a la expresión "... con sangre ajena.".
*) En consecuencia, lo que repetía el sumo sacerdote una vez cada año, lo hizo Cristo solamente una vez para siempre; y lo que hacía el sumo sacerdote en esas ocasiones con la sangre del macho cabrío (sangre ajena), lo hizo Cristo, en esa única vez, con la sangre de su propio sacrificio.
*) También dice el texto de esta cita que Cristo entró en el cielo, para presentarse ante Dios, y "... se presentó ... por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." Este hecho de presentarse ante Dios en el cielo es la realidad que estaba simbolizada por el sumo sacerdote cuando entraba con la sangre del macho cabrío al lugar santísimo ante la presencia de Dios. En la realidad, Jesús se presento ante su Padre en el cielo en el mismo día que resucitó, según lo explica el apóstol Juan (Juan 20:1-18). Así se cumplió lo que estaba anunciado por el profeta Daniel, que vio cómo Jesús llegó ante su Padre en el cielo (Daniel 7:13-14); entonces también se cumplió lo anunciado por Daniel: que el Mesías, dentro del período de las 70 semanas, entre otras cosas, iba a "... poner fin al pecado,...", haciendo "... cesar el sacrificio y la ofrenda." (Daniel 9:24, 27).
*) Se ve claro que el hecho de presentarse Jesús ante su Padre, en el día de su resurrección, corresponde al momento indicado en Daniel 7:13-14, porque Jesús, hasta el momento de su muerte, sólo era un siervo, que no podía hacer nada por sí mismo (Filipenses 2:5-8; Juan 5:19); pero, en el momento de ascender al cielo, dijo que le había sido dado todo el poder en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18), y, como recibió ese poder en el cielo ante su Padre, según Daniel 7:13-14, tiene que haberse presentado allí Jesús, para recibirlo, en algún momento entre la hora de su muerte y la hora de su ascensión, y el momento de esa presentación ante su Padre fue en el día de su resurrección, como lo afirmó él mismo en Juan 20:17; en ese día y en ese momento realizó Jesús la purificación de los pecados.
*) Por consiguiente, y sin ninguna discusión posible, cuando Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección ya había hecho la purificación de los pecados, como queda afirmado de forma concluyente en el texto bíblico de Hebreos 1:3:
"[…], habiendo efectuado (Jesús) la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas." (33/747).
*) Como se ve, la purificación de los pecados es anterior a la ascensión.
*) La profetisa del Adventismo ignora este texto en la obra donde trata este tema (2/755), y, a sus seguidores, no les gusta que, en Hebreos 1:3, se use la palabra clave "PURIFICACIÓN", a juzgar por lo que hizo el pastor adventista C. P. B., quien, al hacer una traducción del francés al español, de un texto donde se hablaba de Hebreos 1:3, para un artículo sobre este tema, lo tradujo de esta forma (veamos primero el texto francés):
"[…] qui (le Christ), après avoir accompli la purification des péchés, s’est assis à la droite de Dieu." (34/508).
Traducción (del pastor C. P. B.):
"[…] quien (Cristo), después de haber hecho la purgación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de Dios." (35/15).
*) Este pastor sabe perfectamente francés; por lo que el hecho de cambiar la palabra "PURIFICACIÓN" por "PURGACIÓN" (que, aunque sea parecida, no es igual, ni está en el texto francés) es evidente que lo hace, porque el Adventismo no puede digerir que Cristo hiciera la "PURIFICACIÓN DE LOS PECADOS" y la dejara TERMINADA el mismo día que resucitó; porque su profetisa (como ya hemos visto más arriba) dice que Cristo NO empezó a hacer esa purificación HASTA el día 22 de octubre de 1844, y continúa todavía haciéndola; y los comentaristas del Adventismo lo confirman, para que sus comentarios coincidan con las enseñanzas de su profetisa (véase el Apéndice 4); éstas son las palabras de ellos sobre Hebreos 1:3:
"[…]. Esta última purificación, también hecha posible mediante la cruz, aún se lleva a cabo, y continuará hasta cuando sea posible salvar la última persona." (7/tomo 7, p. 412).
*) Por tanto, está claro que la doctrina del Adventismo sobre la purificación del Santuario, que, según afirman esos comentaristas, se está llevando a cabo en el "juicio investigador" desde 1844, es una doctrina siniestra para la obra salvadora de Cristo.
*) En conclusión: los apóstoles enseñan que Jesús dejó terminada la purificación de los pecados en el siglo I (según Hebreos 1:3); pero el Adventismo afirma que esa purificación no comenzó hasta el siglo XIX y continúa todavía; por lo que esta enseñanza del Adventismo es otro evangelio, condenado por los apóstoles (según Gálatas 1:8-9). Además, en el nuevo pacto, los pecados perdonados por la fe en el sacrificio de Cristo son pasados "por alto" por Dios, y no se acuerda más de ellos (según Romanos 3:25 y Hebreos 10:16-17); por eso, no puede existir ese "juicio investigador", en el cual Dios examine esos pecados; pero estos tres textos bíblicos (Hebreos 1:3; Romanos 3:25 y Hebreos 10:16-17) no los usa la profetisa en sus obras (2/755-756), (36/558-560), (37/563-564).
c) RECONCILIACIÓN: Hemos visto que, en el día de la expiación, día 10 del séptimo mes, mediante la sangre del sacrificio del macho cabrío, se realizaba la purificación de los pecados de los creyentes, los cuales se habían acumulado en el Santuario a lo largo del último año, y que esa PURIFICACIÓN (o expiación) de los pecados se hacía para conseguir la RECONCILIACIÓN:
"Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová." (Levítico 16:29-30).
"A los diez de este mes séptimo será el día de la expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios." (Levítico 23:27-28).
*) Un autor cristiano (de origen judío) habla así de la RECONCILIACIÓN que se realizaba en el día de la expiación:
"'Día de la Expiación […]. Tenía lugar en el día décimo del mes séptimo[…]. El mes séptimo […] cerraba el ciclo festivo, siendo la fiesta de los tabernáculos, que comenzaba el día 15 de aquel mismo mes, la última del año. Pero […] antes de aquella gran fiesta de la cosecha y de acción de gracias, Israel debía, como nación, reconciliarse con Dios, porque sólo un pueblo en paz con Dios podía regocijarse delante de Él en la bendición con la que Él había coronado el año." (32/325).
*) De la misma forma como en el Santuario israelita, mediante la expiación (o purificación) de los pecados, se conseguía la RECONCILIACIÓN simbólica de los israelitas con Dios, también Cristo, en la realidad, mediante la purificación de los pecados (Hebreos 1:3), consiguió la reconciliación de los hombres con Dios:
"Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5:10).
*) Es evidente, según este texto bíblico, que, cuando el apóstol Pablo escribió esta cita, la RECONCILIACIÓN ya estaba hecha y terminada; y que, lo mismo que, en el Santuario israelita, se obtenía simbólicamente la reconciliación cuando, con la sangre del macho cabrío, se purificaban los pecados, así también, en la realidad, con la sangre del sacrificio de Cristo ("la muerte de su Hijo"), éste obtuvo la purificación de los pecados y la reconciliación con Dios.
*) Ahora bien, lo mismo que simbólicamente en el Santuario israelita no se podía obtener la reconciliación sin haber efectuado antes la purificación de los pecados, tampoco, en la realidad, Cristo podría haber obtenido la reconciliación sin haber terminado antes la purificación (Hebreos 1:3; Romanos 5: 10-11; Colosenses 1:21-22).
*) Por tanto, como el Adventismo enseña que Cristo aún no ha terminado la purificación de los pecados, es lógico que no quiera saber nada de la reconciliación, ya que, según él, ésta no puede tener lugar hasta después de terminarse la purificación que, según su profetisa, durará hasta la "Parusía", puesto que Cristo no vendrá hasta que termine el "juicio investigador"; por tanto, en la doctrina de la profetisa, nada se dice de la reconciliación simbólica, ni de la reconciliación en la realidad, efectuada por Cristo con su sacrificio. Veamos esto en el siguiente gráfico (en el cual, los dos recuadros del tercer escalón, rodeados con una línea de puntos, no existen en el peculiar Mensaje del Adventismo):
*) En conclusión: la profetisa no usa ninguno de los ocho textos bíblicos, en su obra donde trata el tema de la purificación del Santuario (2/461-475, 751-757), ni en otra de sus obras destinada a los que han de predicar el peculiar mensaje del Adventismo (37/561-565); porque dejó anclada la doctrina adventista sobre la "purificación del santuario" en el texto de Levítico 16:29-34, sin querer ver que este texto se complementa con el de Levítico 23:26-28, como se puede ver en las siguientes palabras de ella:
"[…] los símbolos que se refieren al segundo advenimiento deben cumplirse en el tiempo indicado por el ritual simbólico. Bajo el régimen mosaico, la purificación del santuario, o sea el gran día de la expiación, caía en el décimo día del séptimo mes judío (Levítico 16:29-34), cuando el sumo sacerdote, habiendo hecho expiación por todo Israel y habiendo quitado así sus pecados del santuario, salía a bendecir al pueblo. Así se creyó que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, aparecería para purificar la tierra por medio de la destrucción del pecado y de los pecadores, y para conceder la inmortalidad a su pueblo que le esperaba. El décimo día del séptimo mes, el gran día de la expiación, el tiempo de la purificación del santuario, el cual en el año 1844 caía en el 22 de octubre, fue considerado como el día de la venida del Señor. Esto estaba en consonancia con las pruebas ya presentadas, de que los 2.300 días terminarían en el otoño y la conclusión parecía irrebatible." (2/451).
*) Por tanto, como ya hemos visto, cuando falló la predicación de la venida de Cristo para 1844, dijeron que, en esa fecha, Jesús había empezado a purificar el santuario del cielo, por medio de realizar un "juicio investigador" para descubrir los pecados de los creyentes y expiarlos, y, cuando acabe ese juicio, vendrá Jesús; así lo enseña la profetisa:
"Solemnes son las escenas relacionadas con la obra final de la expiación. Incalculables son los intereses que ésta envuelve. El juicio se lleva ahora adelante en el santuario celestial. Esta obra se viene realizando desde hace muchos años. Pronto – nadie sabe cuándo – les tocará ser juzgados a los vivos. En la augusta presencia de Dios nuestras vidas deben ser pasadas en revista. […].
"Cuando quede concluida la obra del juicio investigador, quedará también decidida la suerte de todos para vida o para muerte. […]." (2/544-545).
"Cuando el juicio investigador haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada uno según sus obras." (2/539).
3) Así, la doctrina de la purificación del Santuario, según la enseña el Adventismo con su profetisa a la cabeza, ignora y destruye la doctrina de la reconciliación simbólica que se obtenía en el Santuario israelita el día de la expiación, mediante la purificación de los pecados; y, en consecuencia, también ignora y deja destruida la obra de la reconciliación efectuada por Cristo en la realidad (según Romanos 5:10), mediante la purificación de los pecados por su sacrificio en la cruz (según Hebreos 1:3).
4) Como la reconciliación no se podía obtener hasta quedar terminada la purificación de los pecados, y, como para el Adventismo esa purificación no ha concluido todavía, resulta que la reconciliación no existe en sus doctrinas, ni en los símbolos ni en la realidad.
5) Ahora bien, Dios encargó a los cristianos que predicaran el mensaje de la reconciliación:
"Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios." (2 Corintios 5:18-20).
6) Así, mientras los apóstoles predicaban (de parte de Dios) la reconciliación, el Adventismo predica (de parte de su profetisa) el "juicio investigador", y éste es su peculiar mensaje; pero este mensaje pertenece a un evangelio diferente al que predicaron los apóstoles y, por tanto, está condenado por la Palabra de Dios, como está claramente afirmado en Gálatas 1:8-9; en consecuencia, ese peculiar mensaje del Adventismo no es un mensaje cristiano, sino un mensaje falso, fundado en una errónea interpretación de Daniel 8:14, y esta falsa interpretación constituye la "razón de ser" del Adventismo (como se ve en la primera parte, capítulo V, punto 4).