Comunión con otros hermanos

 

El nuevo testamento no conoce un cristianismo al estilo de Robinson-Crusoe.

 

Ciertamente el amor fraternal nos identifica como discípulos de Jesucristo (Juan 13:35)

Los hechos de los apóstoles describen claramente que la esencia del ser cristiano es pertenecer a la iglesia (Hechos 2:41-47).

La comunión con hermanos en la fe contribuye al crecimiento espiritual, ya que nos provee de consuelo, ánimo, exhortación, guía y protección.

Para que nuestra fe no se marchite necesitamos la comunión regular con otros cristianos.

Sucede como con una brasa, que solamente puede cumplir con su función de arder y dar calor si está junto a otras brasas. Apenas la retiramos y la aislamos de las demás brasas se apagará y ya de nada servirá.

Aceptemos este hermoso regalo de la hermandad sirviéndonos unos a otros con los dones que hemos recibido 1Pedro 4:10).

Más allá recordemos lo que nos manda la Biblia Hebreos 10:25).