JEFTÉ.

Noveno juez de Israel (Jue. 12:7), hijo de Galaad y una concubina (Jue. 11:1). Rechazado por los hijos legítimos de Galaad, Jefté huyó a la tierra de Tob, donde reclutó una banda de mercenarios. Habiendo sido atacados por los amonitas, los israelitas fueron a pedirle que los comandara en la lucha. Jefté aceptó con la condición de que se le mantuviera como caudillo si derrotaba a Amón (Jue. 11:7-11); los israelitas ganaron la victoria.

Jefté, antes de marchar al campo de batalla, había hecho el voto de sacrificar al primero de su casa que saliera a recibirle al regresar (Jue. 11:30, 31). Grande fue su tristeza cuando su hija única salió a recibirle con panderos y danzas (Jue. 11:34). Hay diferencia de opiniones respecto de si Jefté realmente cumplió su voto o no, pero el relato bíblico parece indicar que sí lo cumplió. De igual manera, no es unánime la comprensión de la naturaleza del voto. Cuando su hija volvió después de haber «llorado su virginidad» por dos meses con sus compañeras, Jefté «hizo de ella conforme al voto que había hecho» (Jue. 11:39). Sin embargo, la Escritura no dice si Dios aprobó o no tal sacrificio. Por exhortaciones que tenemos en muchos lugares contra los sacrificios humanos podemos creer que lo desaprobó. No obstante, no lo impidió con un milagro, como ocurrió con Abraham, pues no era Dios quien lo había mandado, y quizá la misma hija se ofreció de buena fe en honor del Dios de quien ella tenía un concepto deficiente.

Los efrainitas amenazaron de muerte a Jefté. Éste los derrotó, y a los que procuraban escapar huyendo por los vados del Jordán, los de Galaad los identificaban obligándolos a pronunciar Shibolet, palabra cuya pronunciación correcta les resultaba casi imposible a los efrainitas (Jue. 12:1-6).

Jefté fue juez de Israel durante seis años, y fue sepultado «en una de las ciudades de Galaad» (Jue. 12:7).