ONCE FRUTOS DE LA ORACIÓN POR LOS ENFERMOS
Cuando se menciona hoy el ministerio de curación corporal como elemento valioso
e integral de la pastoral se ponen los gritos en el cielo.
Por experiencia personal sé que si uno trabaja
pastoralmente en este campo se expone a incomprensiones, críticas y burlas.
Pero tengo que afirmar también que este ministerio le acerca a uno a sus
hermanos de una manera especial y es fuente de compensaciones insospechadas. Lo
único que lamento es haber descubierto tan tarde la importancia y la riqueza de
este ministerio al que Jesús dedicó tanto tiempo y con tanto amor. Muchas de
las prevenciones que se tienen contra este ministerio se deben a falta de buena
información.
Se tiene, por ejemplo, la idea errónea
de que curación y milagro son casi sinónimos. Por eso llaman milagreros a
quienes ejercen este ministerio. Sin embargo, se trata de cosas muy distintas,
pues aunque una curación pueda ser milagrosa, esto será la excepción. San Pablo
distingue en la enumeración que hace de los carismas entre curaciones y
milagros (1 Cor 12,9). La misma distinción encontramos en Hechos 4,30.
Otros creen que ejercer el ministerio
de sanidad corporal es propio de santos. Olvidan que el ejercicio de cualquier
carisma puede darse en personas que estén en pecado, y que lo que muestra la
santidad de una persona es el amor con que ejerza los carismas. Judas y Caifás
ejercieron carismas, a pesar de lo que eran, y nosotros los cristianos podemos
estar en pecado y consagrar válidamente en virtud del carisma que recibimos el
día de nuestra Ordenación.
Otros toman una posición muy cómoda
para no ejercer el carisma de sanidad y es la de afirmar que para eso están los
médicos y las medicinas modernas. Pero cuántas personas carecen por pobreza de
estos recursos, y cuántas enfermedades son incurables. La oración por curación
no excluye ni la visita al médico ni el uso de medicamentos, quien pueda
disponer de estos recursos debe hacerlo; pero en estos casos no sobra la oración,
pues ésta puede ayudar para que el médico acierte mejor el diagnóstico y en la
formulación de la droga mejor y para que ésta obre con mayor eficacia. (La
lectura del capítulo 38 del Eclesiástico da mucha luz sobre este punto).
Tampoco hay que esperar resultados
inmediatos cuando se ora por un enfermo. A nosotros nos toca solamente orar y
dejar al Señor el resultado. Generalmente la salud se recupera mediante un
proceso que puede ser muy largo pero que es muy útil para que el enfermo vaya
conociendo mejor al Señor y vaya mejorando sus relaciones con Dios.
Otros Cristianos dicen que para este
fin tenemos el Sacramento de la Unción de los enfermos y que lo demás sobra; no
tienen en cuenta que la Renovación Carismática Católica da gran importancia a
este sacramento. Además, hay muchos casos de enfermedad que no permiten la
administración del Sacramento pero sí el Ministerio de Sanidad por la Oración.
FRUTOS DEL MINISTERIO
DE SANACIÓN
1- Experiencia del
Amor de Cristo
El gran valor pastoral de este ministerio
de sanidad consiste en la experiencia que reciben los enfermos del amor de
Cristo que aparece de manera concreta en su compasión por los que sufren.
Cuando uno ora al Señor por un enfermo y con él, siempre hay una manifestación
de paz y alegría en él, aunque no se dé ningún cambio aparente en el estado de
su salud.
Con este ministerio la gente comprende
mejor la realidad de un Jesús vivo que es el mismo siempre y que ahora hace por
ministerio de la Iglesia todo lo que aparece en el Evangelio.
Muchos que han oído decir
frecuentemente que "Dios es amor", sienten por primera vez la
realidad de ese amor paternal cuando alguien implora de Él la salud para uno de
sus hijos y éste la obtiene, sea de una manera total o al menos parcial.
Hablamos mucho en teoría del amor de
Dios, pero nos da miedo hablar de su experiencia. Y ¿cómo vamos a predicar con
fuerza el amor de Dios si no hacemos nada para que un enfermo lo palpe?
Lo que hallo más interesante en el
Ministerio de Sanación es este aspecto pastoral del encuentro real de los
enfermos con el poder y el amor del Señor. Más aún, si no fuera por este
aspecto, yo no hallaría mucha razón de ser en esta tarea. Mientras no se
descubra este aspecto, que es primordial, no se comprenderá ni se valorará
debidamente la oración por la curación de los enfermos.
Cuando leemos el Santo Evangelio, vemos
cómo un endemoniado, una vez liberado por Jesús, quiere acompañarlo (Mc 5, 18).
Como la suegra de Pedro, una vez curada de su calentura, inmediatamente se pone
a servir a Jesús (Mc 1,30). Era la reacción lógica de quienes habían
experimentado la caridad del Señor y querían corresponder a ella con
demostraciones concretas de gratitud..
2- Anestesia divina
Así llama un autor el fruto de la
oración en algunos enfermos. No se curan, pero desaparecen o disminuyen los
dolores. Estas personas reciben un gran alivio con la oración que se hace por
su curación, y pueden alabar mucho al Señor y desempeñar sus deberes o parte de
ellos.
La fuente de la sanación es el amor.
Cuando nos acercamos con compasión verdadera a un enfermo él siente esa
corriente de amor del Señor en su ser y los dolores disminuyen o desaparecen.
Las madres saben esto por intuición y por eso con sus caricias quitan tantos
dolores del cuerpo de sus pequeños enfermos.
3- Que el médico
descubra la causa de la enfermedad y acierte en el tratamiento
No pocas veces esa es la respuesta de
la oración que se hace por un enfermo. El Señor es el autor del hombre, de la Ciencia
y de las medicinas. Cuando Él lo quiere, da su respuesta a través de estos
medios naturales que deben ser tenidos por todos en alto aprecio.
Recuerdo el caso de una señorita que
había estado sometida a minuciosos exámenes y a largo tratamientos sin curarse
de unos cólicos muy fuertes. Al día siguiente de una oración por su salud, se
hizo tomar una nueva radiografía ordenada por el especialista y éste al
estudiarla descubrió inmediatamente la causa de la dolencia y dijo que nunca
había visto una radiografía tan bien tomada. Casualidad dirán algunos.
Respuesta amorosa del Señor decimos quienes creemos en su amor y en su
Providencia adorable y paternal.
Parecido resultado de la oración es a
veces el que un paciente ha rechazado una intervención quirúrgica por miedo y
con distintas excusas, reciba el valor necesario para someterse a ella y ésta
tenga pleno éxito.
4- Discernir que en
algún caso lo prioritario es una sanación interior, no corporal
Puesto que más del 80% de las enfermedades
son psicosomáticas, hay que buscar ante todo, la sanación interior de la causa
que origina la dolencia corporal. Para conocer esto en casos especiales se
necesita más claridad y ésta es el fruto de la oración.
En el ejercicio de este Ministerio
aparece a cada paso la acción maravillosa del Espíritu de verdad que conduce
sabiamente a quienes confían sobre todo en su luz y en su amor.
Con el carisma del discernimiento se
consigue en determinados momentos la claridad que, de manera distinta, no habría
aparecido.
Sobra advertir que en estos casos habrá
que orar primero por la sanación interior y dejar la física para el segundo
lugar.
También aparecerá a veces que hay en el
enfermo resentimientos profundos y falta de perdón y que a causa de esto no es
escuchada su oración por la curación. Con esta visión se procede entonces a
pedir al Señor su amor para con él poder perdonar y suprimir así el obstáculo.
5- Liberación de un
hábito nocivo
Muchas enfermedades pulmonares,
gástricas, bronquiales, etc,,, son el resultado del exceso en el uso del
cigarrillo, el alcohol, la droga, etc...
Las personas son prisioneras de esos
hábitos y se sienten incapaces de dejarlos. Será inútil orar por la sanación de
tales enfermedades mientras subsista la causa de ellas.
La oración en estos casos tiene que
buscar, ante todo, la liberación de esa adicción o de ese hábito. Y se consigue
cuando se ora con fe y perseverancia y cuando el enfermo añade a la oración
humilde el deseo sincero de corregirse y toma para ello las medidas que estén a
su alcance. Quizás no nos hemos detenido a reflexionar sobre la necesidad y
sobre las posibilidades de esta clase de oración.
Quienes tienen experiencia en esta
clase de oración pueden aportar experiencias admirables. Lo que sucede es que frente
a nuestra voluntad débil e inconstante tenemos el poder del Espíritu, pero
contamos muy poco con él. Su acción quiere llegar a todas las áreas de nuestra
persona y una de las más importantes es la de nuestra voluntad tan debilitada
por el pecado y por los malos hábitos. Aprendamos a iniciar muchas de nuestras
oraciones con el lenguaje de la Iglesia: "Señor, fuerza de los que en ti
esperan...".
6- Visión para
organizar mejor la vida y tener así mejor salud
La causa de malestares y aún
enfermedades en muchos es la falta de organización y orden en el
desenvolvimiento de sus ocupaciones y de la debida distribución del tiempo. Aún
muchos apóstoles sucumben pronto agobiados por el trabajo debido a esta
circunstancia.
Hay personas que se encuentran en situaciones
más difíciles y que exigen de ellas un trabajo agobiador. Otras se entregan sin
necesidad a un activismo exagerado, expresión a veces de situaciones
psicológicas anormales. Unos creen falsamente que a Dios le agrada únicamente
el trabajo y que el descanso es, al menos, imperfecto.
Otros son incapaces de decir no y se
entregan al servicio hasta quedar extenuados e incapacitados durante un tiempo
para continuar ayudando a los demás con su ministerio. No pocos creen que
tienen que llevar sobre sus hombros todo el peso de la humanidad y pronto caen
sin fuerzas.
La oración, la docilidad al Espíritu
que muchas veces nos habla a través de personas y de acontecimientos, pueden
darnos la luz oportuna para distribuir mejor el tiempo, para actuar de esta o
de aquella manera y para proceder en cada circunstancia como el Señor quiere
que lo hagamos.
Somos seres racionales y el Señor
quiere que obremos como tales. Él nos da su luz para ver con claridad: si se la
pedimos con humildad y con confianza de hijos.
7- Solución de un
problema que influye en nuestra salud
Las preocupaciones y los problemas
cuando son graves y persistentes nos ponen tensos y terminan por afectar
nuestra salud. Mientras no encontremos la solución adecuada o mientras no
obtengamos la paz y la fuerza del Señor para llevar la cruz con tranquilidad,
no sanaremos físicamente, sino que el mal crecerá.
La oración consigue esta gracia y nos
sana indirectamente. Aprendemos cuando oramos a "lanzar nuestras
preocupaciones en el Corazón amorosísimo del Señor y Él nos reconforta".
Entendemos entonces el valor de la palabra de Dios cuando nos dice:
"Encomienda tu camino al Señor, confía en Él y Él actuará" (Salmo
36).
"Confiad al Señor todas vuestras
preocupaciones, pues Él cuida de vosotros" (1 Pe 5,7)
"Por eso os digo: no andéis
preocupados por vuestra vida" (Mt 6,25).
Cuando la oración por sanación consiga
la paz, la confianza en el Señor y la seguridad en su amor, entonces vendrá la
recuperación corporal como resultado necesario.
En los Grupos de Oración encuentran
muchos la solución de diversos problemas que los tienen agobiados y enfermos,
pues la oración unánime de varios tiene una fuerza especial delante del Señor y
consigue más de lo que creemos.
8- Mejoría
progresiva
En muchos casos, principalmente cuando
se trata de enfermedades graves o crónicas, el fruto de la oración no es la
curación total e inmediata, sino el comienzo de una recuperación que avanzará
en la medida en que perseveremos en la oración. Esta mejoría, más o menos
apreciable, es la primera respuesta del señor y encierra una invitación a
perseverar en la oración.
La paciencia y la fidelidad en la
oración son necesarios en este ministerio de curación. Quienes deseen conseguir
efectos inmediatos y extraordinarios sufrirán muy pronto una gran decepción.
Debemos creer en el amor y en el poder
del Señor, pero también en su sabiduría que conoce qué es lo que más conviene a
su gloria y a la persona por quien oramos. Él es el señor y nosotros somos sus
siervos.
Entre las causas que explican el lento
proceso de la curación que aparece frecuentemente está nuestra debilidad y
limitación como instrumentos del Señor. Esto debemos admitirlo con humildad,
pero sin angustia. Podemos estrechar nuestra unión con Jesús y recibir más
poder de su Espíritu, así nuestro ministerio tendrá más eficacia.
9- Curación
inmediata y total
En este ministerio de sanación
encontramos casos verdaderamente admirables y aún extraordinarios. El Señor
obra a veces a través de nosotros de una manera especial, sea por la gran fe
del enfermo, sea por la mucha oración que se ha efectuado, o porque en un caso
particular quiere demostrar de manera más patente su amor y su poder infinitos.
Cuando empezamos a orar por un enfermo,
nunca sabemos qué le acontecerá. Este ministerio está lleno de misterios y
también de sorpresas. Estamos viendo cómo actualmente aparecen curaciones
inmediatas de graves enfermedades como cáncer, leucemia, soplos cardíacos,
asmas, etc...
Esto aparece muy claro para quien tiene
fe en el poder y en el amor del Señor y está convencido de que Él es el Amo de
la vida y de la muerte y que "se le ha dado todo el poder en el cielo y en
la tierra" (Mat 28, 18)
Al orar por los enfermos entreguémonos
con humildad y confianza a la acción del Espíritu y dejemos que Él actúe en
cada caso como quiera. A nosotros nos corresponde solamente orar. El resultado
depende del Señor. Suyo es el Reino, suyo el poder y la gloria.
10- Fortalecimiento mental y físico
Fruto también del ministerio de oración
por sanación es recibir más salud mental y corporal, lo mismo que la
conservación de la misma. En la oración que recita el sacerdote antes de
comulgar pide que el cuerpo y la sangre de Cristo que va a recibir le sirvan de
"defensa para el alma y el cuerpo" y se conviertan en remedio de
salvación.
Agnes Sanford, en su libro Healing
Light aconseja que nos pongamos en oración y le pidamos al Señor que su vida
recorra cada parte de nuestro organismo, la reanime, la fortalezca y la sane si
está enferma. Esta súplica estará acompañada de una visualización de la acción
del Señor en cada parte del cuerpo y de una profunda acción de gracias por el
amor infinito que nos tiene.
Nuestra oración tiene que pedir, antes
de todo, la santificación y el crecimiento espiritual, pero debe incluir
también nuestra fortaleza y salud corporales que constituyen también un gran
bien y deben ser tenidas en alta estima.
11- Apresurar el
descanso de la muerte
Más de una vez al orar por un enfermo
que está penando mucho, el resultado es que éste muere pronto y con gran paz.
¿No es éste un fruto maravilloso del ministerio de sanación? ¿No constituye un
gran beneficio para quienes tienen que asistirlo?
Nunca sabemos cuál va a ser la
respuesta del Señor a nuestra oración. De lo que sí estamos seguros es de que
la única oración que se pierde es la que no se hace.