Tomado de: Lucas 10:25-37; Santiago 5:7-20

Verdad: Hay suficiente base bíblica para que los creyentes pidan y reciban sanidad de parte de Dios.

Texto Aureo: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Juan 14:12.

 

El pueblo de Israel aprendió desde muy temprano que Jehová Dios era su sanador. En efecto, uno de los nombres más expresivos de la naturaleza de Dios hacia su pueblo es Jehovárofeca, "Jehová tu sanador". (Lea Exodo 15:26, donde El se presenta diciendo: "Yo soy Jehová tu sanador.") Cuando el salmista David enumeraba todos los beneficios que había recibido de Dios dijo que El es quien sana toda dolencia, o sea, toda enfermedad (Salmo 103:3).

Durante su ministerio en la tierra, Jesús bendijo a todos los que se acercaron a El con fe impartiéndoles el perdón y la sanidad de Dios. Así vemos que su ministerio como Salvador está muy relacionado en el Nuevo Testamento con su obra como Sanador. En el Calvario cumplió lo que anunciaba el capítulo 53 de Isaías de que El llevaría las enfermedades y sufriría por los dolores de su pueblo. Junto con esa declaración se prometía que El sería herido por las rebeliones y molido por los pecados de los que creyeran en su nombre. Explicando un poco más este ministerio de Cristo, el profeta declara: "Por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53:4, 5).

 

¿Está alguno enfermo?

Santiago 5:13, 14

A. La ayuda divina

Pregunta: ¿A quién se dirige Santiago en su carta?

Santiago dirigió su epístola a las doce tribus de Israel que se encontraban dispersas entre las naciones. Pero realmente su mensaje era específicamente para los cristianos de su día. Nosotros nos sentimos incluidos entre los primeros lectores de Santiago porque nos suceden las mismas cosas que a ellos. Santiago, el hermano del Señor fue pastor de la iglesia de Jerusalén y conocía muy bien la situación de los cristianos que se habían dispersado por distintos lugares, así como los que estaban más cerca de su tierra, Judea. Una de las notas características del cristianismo en todas partes es el sufrimiento. Los cristianos sufren por causas naturales, como también a consecuencia de guerras, cambios políticos y religiosos, y especialmente por la constante oposición al evangelio y la persecución proveniente de las fuerzas del mal contra la Iglesia de Jesucristo.

Enseñanza práctica

La manera en que reaccionemos a las aflicciones — incluyendo entre ellas las enfermedades — determinará el grado de madurez y la estabilidad de nuestro carácter cristiano. Lo primero que tenemos que aprender es que si nos llega aflicción de alguna naturaleza no seremos los primeros creyentes en sufrirla. Algunos de los más grandes y nobles cristianos de la historia han sufrido mucho más. Lo que debemos hacer es reconocer cada problema como una oportunidad más para que Dios manifieste su gracia y nos ayude. El verdadero temple y valor de un soldado sólo se puede probar en el fragor de la batalla. Con el creyente sucede exactamente lo mismo. Jamás debemos amedrentarnos ni murmurar diciendo: "¿Por qué tengo que ser yo?" Nuestra fe se acrecienta cada vez que nos enfrentamos a una dificultad y la vencemos. Por otra parte, el experimentar aflicciones produce en nosotros más amor y simpatía por los afligidos y necesitados. En cambio, cuando nos va siempre bien, no nos conmueve la situación de nuestros prójimos: somos insensibles al dolor ajeno.

Pregunta: ¿Qué debe hacer el cristiano cuando está confrontando dificultades?

Los israelitas en el desierto murmuraron contra Dios y criticaron a sus líderes cuando se vieron rodeados de problemas. Pero lo mejor que el creyente puede hacer es dirigirse a Dios en oración para plantearle su situación con confianza y franqueza. La Biblia nos exhorta a persistir en la oración. La paciencia, la fe y la confianza en el Señor nos ayudarán a comportarnos con valor y cordura en medio de las aflicciones.

Santiago también indica que la voluntad de Dios es que nuestras dificultades desaparezcan y haya gozo en nuestro corazón. Pero no debemos olvidarnos de Dios cuando las cosas marchen bien. Cuando eso suceda será el momento de dedicar un tiempo para alabar al Señor con salmos, cánticos y alabanzas alegres, hasta con acompañamiento musical. Dios merece ser adorado. Este tipo de devoción también puede aplicarse a nuestro hogar o en forma personal a la alabanza constante de nuestro corazón mientras trabajamos o desarrollamos nuestras actividades.

Pregunta: ¿Cuáles serán los resultados de una vida así?

Hay gente que se enferma sólo de pensar en la posibilidad de enfermarse. Muchos paranoicos acaban en un hospital a consecuencia de sus temores. Pero Cristo promete ayudar y dar victoria a los que oran.

B. Los ancianos de la iglesia

Pregunta: ¿Condena Santiago a los creyentes enfermos?

Santiago no acusa a los enfermos de la congregación, ni sugiere que las enfermedades sean causadas por un pecado o que el estar enfermos sea indicio de que estén fuera de la voluntad de Dios. En el ejercicio anterior se hizo una lista de las causas naturales de las enfermedades. Los que piensan que siempre una enfermedad es señal de castigo divino se parecen a los malos amigos de Job (Job 16:2). Estos acusaban a Job de estar enfermo como resultado de alguna maldad oculta, pero Dios reprendió esta equivocación (Job 42:7).

Jesús reconoció que el pecado que hay en el mundo es el resultado de las malignas actividades de Satanás (Lucas 13:16). Algunas veces hay personas que sufren enfermedades como consecuencia directa de algún pecado cometido (Juan 5:14). Pero Cristo les dijo claramente a sus discípulos que eso no siempre es así (Juan 9:2,3). En algunas ocasiones Jesús resolvió primero el problema del pecado en los enfermos antes de sananos de sus enfermedades (Mateo 9:2). Pero al leer los evangelios nos damos cuenta de que casos así hubo muy pocos.

Pregunta: ¿Es necesario que la persona esté muy grave para que llame a los ancianos de la iglesia a fin de que la unjan y oren?

Es cierto que la palabra griega que se traduce aquí como "enfermo" se usa en otros pasajes para denotar gravedad, como en Lucas 7:2 y Juan 4:46. En estos casos tanto el siervo del centurión como el hijo del cortesano estaban a punto de morir. El propósito de estos pasajes es demostrar que nunca es tarde para la intervención del Señor. Pero realmente, el significado corriente de ese término se aplica también a personas débiles, afligidas por distintos tipos de enfermedades y hasta débiles en el aspecto espiritual, o sea, faltos de fe o atemorizados (Romanos 14:1, 2; 2 Corintios 11:29). El mismo vocablo se usó, incluso, para referirse a la escasez económica en Hechos 20:34, 35.

La sanidad divina es una doctrina fundamental de muchas denominaciones cristianas. El movimiento pentecostal de hoy día tuvo su origen en un avivamiento que le dio gran importancia a la sanidad divina.

Enseñanza práctica

Cada vez que alguien es sanado de alguna enfermedad es un testimonio más de que Jesús vive hoy. El vino a este mundo a dar su vida para salvarnos del pecado. Existen enfermedades en el mundo debido a que hay pecado en este. El poder del Señor para sanar a los enfermos es una prueba más de que El tiene la facultad de salvar a los seres humanos del pecado y de sus consecuencias.

Pregunta: ¿Cuál debe ser la actitud del pastor ante este tipo de casos?

Es común en nuestras iglesias que los pastores llamen a los enfermos y a todos los que necesiten cualquier tipo de ayuda del Señor y los unjan con aceite al orar por ellos. La Palabra de Dios apoya este ministerio. Cualquiera que sea la enfermedad, la debilidad o el estado de desaliento en que se encuentre una persona, si eso le sirve de obstáculo en su vida, es la oportunidad para que llame a los ancianos a fin de que oren por ella.

Los ancianos son los representantes de la iglesia local en todo asunto oficial y también ministerial. En tal virtud, estos varones están capacitados para ungir a los enfermos y necesitados y orar por ellos. El verbo plural "oren" denota una oración unida. Esta práctica era muy común en la Iglesia primitiva, como se ve en el libro de los Hechos.

También se debe aclarar aquí que muchas veces el término "anciano" se usó en el Nuevo Testamento para referirse al "pastor". Pero en la Epístola de Santiago no es así, porque él estaba escribiendo a los judíos cristianos. En la cultura judía se llamaba anciano a una persona de madurez, experiencia, sabiduría y responsabilidad. Este parece ser el sentido que se le da al término en 1 Timoteo 5:1, 2. También vemos que el Señor usó a diáconos como Felipe para el ministerio de sanidad (Hechos 8:5-7). Con el mismo fin utilizó también a un creyente sin ningún cargo oficial (Hechos 9:12-18). La sanidad divina puede reconocerse como una parte esencial del ministerio de todo creyente (Marcos 6:13; 9:38, 39; 16:15-18). Además notamos que esta bendición está incluida entre los dones del Espíritu que sirven para edificar el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:7-9). Por lo tanto, no es un error incluir a todos los oficiales y líderes de cierta madurez entre los "ancianos" para que participen en el ministerio de sanidad en la iglesia.

C. El ungimiento de los enfermos

Pregunta: ¿Qué lugar ocupa aquí el aceite?

Algunos comentaristas sugieren que en casos de esta naturaleza se hacía uso del aceite de oliva con fines medicinales o curativos. Pero esa explicación queda fuera de lugar en este pasaje de Santiago, ya que aquí se recomienda el ungimiento no sólo para enfermedades estrictamente físicas sino también aliviar al creyente en sus sufrimientos de carácter emocional, espiritual y hasta económico. Hay que recalcar también que se usaba otra palabra griega para referirse a la unción para el ministerio (la que se usa en Hechos 4:27; 10:38). En estos pasajes aparece el mismo término que se usó con relación al ungimiento de los pies de Jesús. Pero, incluso en este caso la unción tuvo un significado simbólico que anunciaba la muerte y sepultura del Señor. Por otra parte hay que recordar que el aceite de oliva es un símbolo del Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando David fue ungido con aceite, el Espíritu de Dios se derramó sobre él (1 Samuel 16:13).

Una razón más por la que se usaba aceite en las oraciones por los enfermos pudo haber sido el deseo de alentar la fe de ellos. Jesús también hizo uso de elementos de apoyo para la fe de los enfermos que sanó. Sabía que no era cosa fácil demostrar fe, por lo tanto buscó la manera de ayudar a los que pedían sanidad. Nosotros también estamos en la posibilidad de echar mano de algunos recursos para ayudar a nuestros hermanos en el nombre del Señor.

II. La oración de fe

Santiago 5:15-18

A. El Señor sana

Pregunta: ¿Qué entendemos por "oración de fe"?

"La oración de fe" de la que habla Santiago, la que es capaz de salvar al enfermo, es simplemente esa oración que se hace con una fe viva y decidida en el Señor. Cristo es nuestro Médico divino quien responde al clamor de fe del justo (el creyente, el que hace la voluntad de Dios). No se habla aquí de la justicia del hombre sino de la que es nuestra por la obra de justificación realizada por Jesús en nosotros. Los que hemos creído en El hemos sido lavados en su sangre y hechos nuevas criaturas en El. De manera que "la oración eficaz del justo", la que "puede mucho", sólo es posible por intermedio de Jesucristo.

B. El Señor perdona

Pregunta: ¿Por qué se habla aquí del perdón de pecados?

Es cierto, como lo señalamos anteriormente, que la Biblia enseña que no todas las enfermedades son el resultado directo de la comisión de un pecado. Sin embargo indica que en general la enfermedad, la ruina y el temor que ha invadido a la raza humana son el resultado del pecado en el mundo. Una joven, por ejemplo, empezó a sufrir de úlceras porque actuó contra sus principios y engañó a su jefe con alteraciones en la contabilidad. En los hospitales hay numerosos casos de esta naturaleza. Pero según esta promesa de Santiago, el mismo Dios que sana al enfermo puede también perdonar sus pecados.

Pregunta: ¿Qué razón hay para que confesemos nuestros pecados o faltas unos a otros?

Si hemos pecado contra nuestros hermanos en la fe, de ninguna manera podremos hacer esa oración eficaz que da como respuesta la sanidad de los enfermos. Para que la oración pueda mucho los que la hacen tienen que ser "justos". Nuestras oraciones se ven estorbadas cuando se ha roto la comunión entre nuestros hermanos a causa de faltas, errores o pecados.

Enseñanza práctica

La confesión de pecados no sólo es un elemento esencial para la sanidad divina sino también es básica para experimentar un avivamiento espiritual. De los tres factores esenciales para el avivamiento, mencionados por R. A. Torrey el primero es la confesión de las faltas delante de Dios y también las cometidas contra los hermanos.

La confesión de pecados es un requisito indispensable para crecer y progresar en el Señor. "El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia" (Proverbios 28:13).

Pregunta: ¿Cuál es el resultado de las faltas contra los hermanos?

De acuerdo con la ley de Moisés, las faltas cometidas en prejuicio del prójimo dañan tanto la comunión con Dios como el pecado que se comete directamente contra el Señor. La ofrenda por el pecado incluía la restitución hasta donde fuera posible. Ya no estamos bajo la ley, pero este principio todavía sigue vigente. No podemos estar bien con Dios y mal con el prójimo. De modo que sólo tendremos libertad para orar por los enfermos cuando nos confesemos nuestras faltas unos a otros total, espontánea y francamente. Esta confesión será una prueba evidente de que el Espíritu Santo está obrando en nosotros.

Pregunta: ¿Qué importancia tiene aquí el ejemplo de ellos?

Muchas veces pensamos de los grandes hombres de Dios como si fueran seres distintos de nosotros. Pero la Biblia dice claramente que Elías era un hombre sujeto a las mismas pasiones que las nuestras. Una persona con la misma constitución, las mismas experiencias, dificultades y circunstancias que muchos de nosotros tenemos. Sin embargo, cuando este profeta oraba a Dios, sus oraciones eran contestadas de inmediato. Eso quiere decir que podemos aprender de él muchas cosas que pueden ser de ayuda a nuestra fe para que nuestras oraciones también sean eficaces.

1. Elías oró fervientemente. El profeta oró en serio y con decisión firme. No se limitó a ese tipo de oración débil y sin sentido que uno hace muchas veces en medio de las ocupaciones diarias. La suya fue una oración esforzada. El dejó a un lado todas las demás cosas y puso toda su atención en lo que pedía a Dios.

2. El era un hombre recto delante de Dios. Es cierto que poseía las mismas debilidades, dificultades, y los mismos sentimientos que tenemos. nosotros, pero creía y confiaba en Dios, y era fiel y obediente a su Palabra (1 Reyes 18:36).

3. Fue constante en la oración. No desmayo al ver que no llovía en el momento en que empezó a orar (1 Reyes 18:44-46).

4. Su objetivo principal era que ese pueblo idólatra e infiel volviera a depositar su fe y su confianza en el Dios de Israel.

III. Nuestra responsabilidad

Lucas 10:30-37

A. Tener compasión de los enfermos

De acuerdo con las enseñanzas de Jesús, los cristianos debemos hacer algo más que orar por los enfermos. En Mateo 25:36, 40 El elogia a los que visitan a los enfermos. Por supuesto, esta visita se refiere a ayudarlos, cuidar de ellos y procurar su bienestar.

Los bandidos que atacaron a este transeúnte en ese peligroso sendero a Jericó lo despojaron de todo. No contentos con el botín lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, probablemente en la cuneta.

Pregunta: ¿Por qué ni el sacerdote ni el levita lo ayudaron?

Es muy probable que estos religiosos tuvieran miedo de que los ladrones anduvieran todavía merodeando por allí y pudieran atacarlos también a ellos. O quizá creían en la errónea suposición de los amigos de Job: que aquel hombre merecía el castigo que había recibido. Lo más probable es que no tenían deseos de verse implicados en una cosa de esta naturaleza. Otra explicación a la actitud de ellos es que Jesús dijo que el samaritano "fue movido a misericordia". Esto da a entender que los dos caminantes anteriores no la tuvieron.

El samaritano era miembro de un grupo minoritario. Pero él no permitió que ni su raza, ni sus diferencias sociales, ni los prejuicios religiosos le impidieran ayudar al infortunado. No le hizo ni una pregunta ni le presentó excusas. Ni siquiera se preguntó si el herido merecía ser ayudado. Se sintió conmovido por la condición en que este se encontraba. Lleno de amor y compasión, no vio más que la necesidad y la oportunidad de ayudar.

B. Cuidar de ellos con amor

Pregunta: ¿Cómo podemos calificar la acción del samaritano al ayudar al menesteroso?

1. Fue una acción inmediata. No lo pensó dos veces. Procedió a la acción en el mismo momento.

2. Fue práctico. Antes de vendar las heridas del pobre hombre, el samaritano procedió a lavarlas con una mezcla de aceite y vino. Notemos que si Jesús hubiera estado en contra del uso de medicinas habría aprovechado este incidente para referirse a ello. Pero en lugar de criticar este hecho lo alabo.

3. No fue egoísta. Al hacerse cargo del herido y ponerlo sobre su cabalgadura, este hombre atrasó su viaje. Es probable que haya perdido algún negocio por demorarse. Además se expuso a ser otra víctima de los ladrones, si éstos todavía hubieran estado escondidos por allí.

4. Realizó una labor cuidadosa y duradera. Llevó al hombre a un lugar donde pudiera ser curado y él mismo cuidó de él. Al salir del mesón el siguiente día, dejó más dinero para que siguieran cuidando al desconocido. Este samaritano no dejó nada por hacer.

Enseñanza práctica

Pregunta: ¿Qué significa tener misericordia de alguien?

La misericordia o compasión es un sentimiento que demanda las dos cosas siguientes:

1. Debemos estar conscientes de la necesidad de la otra persona. Eso significa derribar nuestras barreras de indiferencia y ser más observadores y cuidadosos con lo que pasa a nuestro derredor. El Espíritu Santo puede hacernos sentir las necesidades de otros.

2. Debemos actuar de inmediato para aliviar las necesidades de nuestro prójimo. No basta estar conscientes de los sufrimientos ajenos. El sacerdote y el levita se enteraron de la condición de este hombre pero no quisieron hacer nada por él.

Porciones de E. dominical -Editorial Vida.