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Leonardo
es un
chico
tímido.
Le
cuesta
establecer
conversación
con
gente
ajena.
Un
día
descubrió
que con
un trozo
de papel
y un
lápiz
podía
expresar
lo que
su alma
sentía.
Con
el
tiempo
el
lápiz y
papel
fueron
personajes
importante
en su
vida.
Para
Leonardo
eran tan
reales
que le
dio un
nombre a
su nuevo
amigo
como si
se
tratase
de una
persona.
Se
compro
un libro
virgen
sin
palabras
ni
letras.
Llamo
a este
libro
Tagi
(abreviación
de
Tagebuch
lo que
significa
diario)
Tagi
era un
amigo
paciente
y que le
escuchaba
muy
atentamente.
Con
Tagi
Leonardo
pudo
abrir su
corazón
que
estaba
ahogándose.
Le
contó
sobre el
amor que
nunca le
fue
correspondido.
Le
contó
de la
esperanza
que
abrigaba
en el
corazón
de que
un día
Jazmín
le
regalara
esos
momentos
de
cuales
siempre
soñaba.
A
Tagi le
iba
contando
todas
sus
ilusiones,
sus
anhelos,
sus
preocupaciones,
sus
alegrías,
sus
tristezas.
A
medida
que se
iba
llenando
el
libro,
Leonardo
apreciaba
mucho a
Tagi,
porque
llego a
ser su
alma
gemela.
Compartían
las
mismas
ilusiones,
los dos
pasaron
por
momentos
difíciles.
Cuando
leía a
Tagi era
como si
su alma
estuviera
reflejándose
en un
espejo.
A
través
de Tagi
pudo
llegar a
conocerse
mejor.
Fue
donde
Leonardo
se
confronto
por
primera
vez con
la
inspiración.
A
raíz de
esta,
Leonardo
empezó
a jugar
con las
palabras,
como lo
hace un
bebe con
sus
juguetes,
y a
expresar
su mundo
de tal
modo que
llegue
al
corazón
de todos
los
humanos.
Escribió
Poesías,
Cuentos....
Disfrutaba
de lo
que
decía
Tagi, y
a veces
los ojos
se le
ponían
húmedos
de leer
sus
propias
emociones.
Después
de
algún
tiempo
empezó
a perder
esta
inspiración.
No tenia
nada
emocionante
que
escribir.
Uno
de los
últimos
capítulos
de Tagi,
el de
haberse
enamorado
de su
mejor
amiga le
quedo
mal
sabor de
boca.
Desde
entonces
perdió
la
inspiración
y la
pasión
de
escribir,
porque
pensó
que no
valdría
la pena
mal
gastar
el
tiempo
de esa
manera.
Paso
mucho
tiempo,
hasta
que un
día
empezó
a
conversar
con una
Luna.
Una
Luna que
era la
reina de
todas
las
estrellas
que
conoce
este
universo.
Era
una Luna
diferente.
Aunque
estaba
lejos y
no la
podía
ver con
claridad
si
percibía
algo
maravilloso
que ella
daba.
Aunque
no era
sol le
dio luz
y calor
a su
alma
abatida
por la
rutina.
Esta
Luna
despertó
la
inspiración
de
Leonardo
que
estaba
dormida
y
perdida.
Fue
Luna
quien
despertó
la
pasión
de
volver a
escribir
diciéndole
lo mucho
que le
gustaba
sus
letras.
La
prueba
es este
relato
que
Leonardo
escribió
para
Lady
Lune,
dándole
las
gracias
por los
momentos
de
conversación
que con
ella
tuvo.
Este
es un
mensaje
que
Leonardo
aun
quiere
dar a
todas
las
personas:
"Todos
somos
personas
individuales
y
únicas
en este
mundo
singular
y creo
que
todos
tenemos
inspiración
para
disfrutar
de
nuestra
vida y
ser
felices
a tope,
sea
escribiendo,
leyendo,
saliendo
con los
amigos o
cualquier
otra
cosa.
"
¡Búscala
y no te
arrepentirás!
10.05.2001,
Carlos
El
corazón
azul del
océano |