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Supongo
que todos nos preguntamos porque el sol sale de día y la Luna
de noche. En este relato se cuenta una bonita historia de amor.
La
Princesa Luna cada vez se sentía más triste y aburrida. Nada
la hacía reír y su corte de estrellas no sabían que hacer o
decir para que no se sintiera tan abatida.
-
¿Pero que te ocurre, por que no nos lo dices?- Le pregunto la
Constelación de Orión.
-
Ay, no lo sé- respondía Luna y se sumía en un profundo
silencio.
-
Quieres que te haga un té, que te prepare unos bizcochitos-
-
No, no si no tengo ganas de nada.
Solo
quiero estar sola.-
Cuando
al fin se quedo sola se tendió en su cama y se puso a llorar
desconsoladamente.
Tenía
tantas ganas de conocer el amor y nadie la entendía. Pero es
que no había nadie en todo el reino que la hiciera feliz.
-
Así no podemos seguir, todos sabemos lo que le ocurre a la
Princesa, hay que buscar algún príncipe para que nuestro reino
pueda seguir adelante. Ella es el futuro y necesitamos a algún
príncipe apuesto para que reine junto a Luna.-
-
La única solución en enviar mensajeros a todos los reinos del
universo. Y no solo como hemos estado haciendo hasta ahora que
solo buscábamos en reinos colindantes.-
Así
lo hicieron y las grandes estrellas partieron en un viaje hacia
lo desconocido en busca de ese príncipe.
Pasado
un año empezaron a llegar los mensajeros con los príncipes que
habían encontrado y conforme llegaban iban siendo recibidos en
audiencia por el rey y la reina.
La
princesa desde otra sala observaba a los príncipes y cada vez
su disgusto era mayor ya que ninguno le convencía lo más
mínimo y eran rechazados.
Cuando
ya había perdido todo interés, entró un príncipe rubio que
resplandecía toda la sala, la princesa se quedó impresionado
al verle y se enamoró al instante.
Entonces
puso todo el interés en ver que hablaba con sus padres:
-Majestad,
me llamo Sol y vengo de un pequeño sistema Solar, donde doy luz
a nueve planetas.
-
Bienvenido, y es una pena que hayas venido de tan lejos, pero es
que buscamos algún príncipe de alta alcurnia. ¿Y vos que le
podríais ofrecer a mi pequeña?
-
Yo lo único que le puedo ofrecer es amor y el abrazo cálido de
mis rayos. Además tendrá el cariño de mi principal planeta.
-
¿Y sois el único que dais calor a ese sistema?
-
Si, Majestad yo soy la única estrella que ilumina mi reino.
-
Papá, Mamá, puedo hablar.
-
¿Qué queréis hija?
-
Creo que ya he elegido a mi príncipe.
Elijo
a Sol.
-
Pero, es un reino muy pequeño.
No
serás feliz.
-
Y tu que sabes, Papá. Creo que seré feliz a su lado. Por favor
presentádmelo.
Los
reyes pese a su opinión contraria así lo hicieron. Y
estuvieron hablando durante mucho tiempo y con el tiempo se
fueron conociendo más y más hasta fijar la fecha de la boda.
-
Tienes que pensarte bien si quieres estar conmigo. Yo sé que te
quiero. Pero en mi reino debes trabajar duro. Es muy pequeño y
todo el trabajo lo hago yo. Yo ilumino a cada uno de los
planetas de mi reino y tu tendrás que hacerlo por la noche a
uno de ellos.
-
No te preocupes por mí. Quiero estar a tu lado y resplandecer
cada noche con tu luz para que los habitantes de ese planeta tan
bello del cual me hablas me vea y pueda guiar a los viajeros que
caminen a esas horas.
Así
lo hicieron y después de la boda se trasladaron al Sistema
solar y desde entonces el Sol ilumina de día y la Luna refleja
la luz de Sol por la noche.
Son
muy felices con el paso de los tiempos aunque solo se ven unas
pocas horas al amanecer cuando ambos se cruzan en el camino.
Allí se miran y en sus ojos se ven todo el amor que se
profesan.

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