“Un Libro desconocido”
Primero
sonreí al escuchar este relato, pero después me quedé pensativo: se trataba de
un hombre que quería comprar una Biblia en una librería. La vendedora, ante su
computadora, no entendía bien el pedido del cliente y le preguntó: -¡La Biblia!
¿Sabe usted el nombre del autor?
Me doy
cuenta de que así es; para muchos la Biblia es un libro desconocido. Sabemos
que a esto se debe una parte del mal que impera en nuestros días: anarquía,
inmoralidad, criminalidad creciente. Lo triste es que muchas personas, aun las
inteligentes, no lo ven.
Pero en
el ámbito personal, la falta de conocimientos bíblicos también se ve
claramente. Muchos buscan orientación y sentido a su vida donde no se
encuentra: en el arte, en religiones orientales, en la ciencia o pseudociencia
(la que tiene aspecto de ciencia). Sin embargo la Biblia, el libro de los
derechos de Dios, se puede obtener casi en todas las librerías. En ella el que
busca halla las decisivas respuestas a las preguntas vitales.
Ese fue
el caso de una joven enfermera que siempre había tenido ganas de leer la
Biblia. Cierta vez vio este libro como oferta especial junto a la caja de una
librería y lo compró. Cuanto más leía, más preguntas se hacía
sobre cosas en las cuales nunca había pensado. Dios permitió que esta joven
encontrara a alguien que le ayudó a encontrar el camino hacia Jesucristo. Hoy
la Biblia es su libro más preciado.
“Recibisteis
la palabra de Dios… no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la
palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.” (1ª Tesalonicenses
2:13)