“El Paraíso también era para él”

 

(Dios) “no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.”

“Él es quien perdona todas tus iniquidades”… (Salmo 103:10 y 3)

 

Marcelo, ex suboficial de la Legión extranjera y viejo luchador, terminaba sus días en un hogar de ancianos de un suburbio parisiense. Había decorado su habitación con algunos vestigios de su pasada grandeza.

 

A pesar de que era un hermético adversario contra cualquier religión, aceptaba –sin duda para pasar el tiempo- la visita regular de un creyente.

 

En cada encuentro éste le hablaba del amor de Dios quien dio a su Hijo para salvar a los hombres.

 

Un día Marcelo interrumpió a su visitante, diciéndole:

 

-Escuche, querido señor, todo lo que usted me dice es magnífico, lo reconozco, pero no es para mí. Hay algo que usted no sabe. Tengo sangre en las manos.

 

El creyente permaneció un rato silencioso. Luego abrió su Biblia y leyó: “Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos… mas éste ningún mal hizo… Jesús le dijo:… hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:39-43).

 

Entonces el viejo legionario se enderezó apoyándose en los brazos de su sillón y exclamó:

 

-¿Es posible? ¡Así que el paraíso también es para mí que hice tanto mal en mi vida!

 

El creyente juntó las manos y agradeció a Dios, oración a la que Marcelo agregó un ferviente amén. Jesús acababa de entrar en su vida.