¡CÓMO SABÍAS RESPONDER... Y CÓMO RESPONDES HOY!

 

“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los  postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8:2-11).

Conoces La Ley, ¡y cómo Te gozas en ella!, de ahí Tu Sabiduría, Tu Ternura, Tu Humanidad. ¡Cómo conoces La Justicia de Dios y lo que Te deleita ... y cómo Te gozas con Él (Dios) desde el principio!

Y cuando vino a esta Tierra: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lucas 19:10). “A BUSCAR Y A SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO”, a eso vino, porque conoce a Su Padre, al Creador de toda criatura, que puso alma, corazón, armazón y vida en cada una de ellas con sumo cuidado y sabiduría de Su Mano, perfeccionada con Su Pensamiento Personificador, con Su Espíritu Creador, Santo y Perfecto. Y Él era Testigo de cómo la miraba, la contemplaba y la observaba hasta su último pensar; y dio al hombre una compañera porque comprobó que no era bueno que estuviera solo: “Y dijo Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18); “le haré ayuda idónea para él” ¡qué cuidado tuvo de las cosas y Su ternura no tiene igual!

Viéndolo Él (Jesús) todo desde el principio, Él mismo vino a buscar y a salvar lo que se había perdido; porque conoce que de Los Estatutos del Dios Vivo nadie se puede burlar: Su Única Justicia para toda la humanidad.

Había llegado el hombre a tal abandono de sí mismo, que Él dio Su Vida, con conciencia, cuando clamó a Dios al crucificarlo los hombres: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34).

¡Cómo nos conoce!, ¡cómo Le conoce! Porque Él sabía lo que cargaba sobre Él para que Su Padre, Justo y Perfecto, tenga Misericordia de nosotros a través de Él.

Él se donó a mismo por Amor a Dios , por Amor a las criaturas que Él formó; para que todo pecado, para que toda falta, para que todo abandono de sí mismo viera que tenía un solo Camino, una sola Verdad, una sola Vida que estaba a punto de derramar. Así lo hizo, cargando todo mal, triunfando en Su grito: CONSUMADO ES” (Juan 19:30). Holocausto Puro derramó hasta el final, como una Víctima sin igual: “no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:2-5).

En Él no se encontró pecado ni falta que culpar: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2ª Corintios 5:21). Y a Dios agradó: “Porque el que me envió (dijo Jesús), conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada.” (Juan 8:29).

¡Hasta dónde llegó su Amor!, que amontonó Su Ira (la de Dios) en Él , por causa de los demás, que como Abogado nuestro rogó por nuestro bienestar para darnos la paz que sólo dentro de nuestro corazón puede estar. Y Él sabía el modo de llegar hasta nuestro consuelo final, como un tesoro que no tiene igual. Esa paz de ojos abiertos y de sonidos atentos que se mueven en la corriente que desciende hasta su final; que empieza un resurgir sin acabamiento letal. Él sabía lo que se había perdido y lo vino a buscar, los suyos no le conocieron, ni siquiera el principal. Él vino a salvar lo que se había perdido porque sabía su final, pero Él traía el consuelo que faltaba, al final por fin llegó y La Palabra (La Biblia) se cumplió: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16).

Ya sabe el hombre que no puede cambiar, lo sabe ¡porque lo intenta!, y no lo puede remediar. No lo dice pero le consume no poderlo realizar, pero he ahí que todavía le falta comprobar que hay un Dios que todavía escucha su lamento hoy.

Aprovecha hoy que estás a tiempo; que un Dios Tierno y Amoroso, hasta el final, otorgó a su Hijo para que a través de Él y de sus obras, viéramos que su humanidad revestida en Él vino a nuestro conocimiento para postrarnos ante Él en nuestra íntima soledad.

Él, “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53), aborrecido, injuriado, azotado, rechazado, crucificado, muerto y resucitado, ¡VIVO!, atento y perceptivo está, esperando que el hombre descargue su peso. Aquel peso que Él ya se llevó por ti y por mí para que nos acerquemos a Él, porque Él no miente y lo llevó todo a su acatamiento.

 

¡ENTÉRATE!, que hoy puedes caer delante de Él en cualquier rincón, Él escucha siempre y recoge todo lo que sembró.

 

Dile ahora, ahí donde te encuentras: “SEÑOR JESÚS, NO PUEDO MÁS, ME OPRIME EL CORAZÓN VER TANTA HUMILLACIÓN, MAS LA MÍA ME DESTROZA EL CORAZÓN Y AUNQUE LA DISIMULE, AFLORA GOLPEÁNDOME HASTA LA CONFUSIÓN. ¡AYÚDAME JESÚS! ¡TÚ QUE VIVES! ¡ESCUCHA MI CLAMOR, MI DOLOR!, MIS LÁGRIMAS FLUYEN HASTA EL QUEMAZÓN, YO NO PUEDO MÁS. PUEDE TÚ EN MÍ, ¡OH, JESÚS!, RECONOZCO MI IMPOTENCIA Y MI PECADO SE APODERA DE MÍ SIN PODERLO REMEDIAR. ¡PERDÓNAME!, ¡ENTRA DENTRO DE MI CORAZÓN, LÍMPIAME CON TU SANGRE, LÍBRAME DE TODA ATADURA, DE TODA MALDICIÓN, DE TODA OPRESIÓN! PORQUE DE TI ESTÁ ESCRITO QUE ERES FIEL A TU PALABRA Y QUE “tu Palabra es verdad” (Juan 17:17) Y TAMBIÉN QUE “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). DAME ENTENDIMIENTO Y SABIDURÍA Y QUE SE APODERE DE MÍ TU HUMANIDAD PARA QUE OTROS VEAN QUE HOY HACES DEL HOMBRE DELEITES REALES QUE SE PUEDEN ALCANZAR, OH MI JESÚS, QUE: ¡VIVO ESTÁS! GRACIAS TE DOY POR HABERME ESCUCHADO, POR HABERME PERDONADO. GRACIAS PORQUE SÉ QUE A PARTIR DE ESTE MOMENTO YA NO ESTARÉ MÁS SOLO, GRACIAS A TI POR TODO. AMÉN.”

 

 

E. D. Bruñó Ibáñez

D. L. Z-36-07